Bien, hola a todos una vez más.

Lamento mucho la tardanza de la actualización pero en estos momentos algunos problemas familiares me obligan a tener toda mi atención en otros lugares aparte de en fanfiction y en mis historias. Seguiré actualizando pero desde ya aviso que no no puedo prometer una actualización cada dos semanas, sino que lo iré haciendo cuando pueda, espero que podáis ser comprensivos al respecto :p

Quiero dar las gracias a los que dejasteis reviews en el anterior capítulo que sois:

Ana, kmylita, laabuela, sealiah, eva uchiha, anakaren, carol-cullen, zita, paky, adela, sandracullen, anrresweet, sereniti84, karina, ximena, marisol, isdina show, inmans, carmen, tina masen, maryroxy, margara, cristal butterfly92, brinacullen, scarlett rows, erill cullen, allysan, noms black, bella masen, alcatraces, n_n, karliwis, fati21, ljoo, anonimo=mary, patty, karime, another life, celtapotter, casullclare, piola, verito17, carmen, irethi, rocha, gabriela, jessica, je­_tatica, poli12, mariana, adela, patty, cullenobsession, mariana, Noemí potter,, lna, nuriamonfort, leyla, tatiana cullen, culdrak, patty, leyla, tere uzumaki, jessiica, mariana, patty, je­_tatica.

Vale… no puedo creerlo!!! Chicos sois estupendos… creo que no había recibido tantos reviews por un capítulo en toda mi vida en fanfiction!!! :DDD Venga, a ver si superamos este récord :p

Un especial saludo a los recién llegados a esta historia, gracias por pasaros por aquí y espero que me sigais leyendo durante mucho tiempo. Gracias!!

Y ahora sí, espero que os guste el capítulo, ¿de acuerdo? Nos vemos abajo, sed buenos!

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Vampiros y humanos conviven en un mismo mundo siendo conscientes los unos de la existencia de los otros. Pero cuando un vampiro se obsesiona con un humano, éste sólo tiene dos salidas: rendirse al vampiro o buscar un protector. Una vez cada doscientos años se produce un hecho insólito y un humano es reclamado para ser el consorte de tres vampiros poderosos. ¿Qué pasa entonces?

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Capítulo V. Probando besos

No pude moverme. Me quedé atontado mirando desde la puerta el cuerpo femenino acurrucado sobre un extremo de la cama, con las sábanas a la altura de la pequeña cintura, el cabello suelto flotando sobre sus hombros y extendido en parte sobre las almohadas blancas, sus labios entreabiertos y rojizos, sus mejillas rosadas, sus párpados cerrados, su respiración regular y su aliento cálido. Quizá eso era lo que más extrañaba de no ser humano; el cuerpo caliente de una mujer suave y dulce como Bella. Permanecí recostado contra el marco de la puerta con las manos en los bolsillos mientras la miraba acariciándola con los ojos, temiendo que se despertase al sentirse observada. Bella se movió y arrastró la almohada un poco con el movimiento; fruncí el ceño al ver el brillo plateado de su pequeña daga escondida de nuevo bajo la almohada. Deberíamos hablar con ella sobre eso. No necesitaba protección en casa, no con nosotros. Lo habíamos decidido, aunque algo me hacía pensar que Bella no iba a tomárselo tan bien como nosotros deseábamos que lo hiciese.

Era humana. Bella era humana. Había costumbres vampíricias que no conocía, costumbres, actitudes y cosas tan simple como la necesidad de proteger lo que era nuestro, la necesidad de protegerla a ella, de mantenerla a salvo y de procurar que tuviese todo lo que necesitaba. Ese era nuestro trabajo… Pero alguien como ella que había pasado los últimos cinco años de su vida perdiendo todo lo que había tenido y le había importado, sin acercarse demasiado a la gente, huyendo, protegiéndose por la noche ella sola…

Sonreí cuando se giró de nuevo y la sábana que la cubría se deslizó desde su cadera hacia un lado dejando al descubierto su cuerpo cubierto por una camiseta de tirantes que le llegaba a la altura de los muslos y dejaba al descubierto sus piernas. Unas piernas increíbles, por cierto. Ladeé la cabeza mientras las examinaba a conciencia. Esbeltas, bien torneadas, de un color crema suave y dulce; dejé de respirar unos segundos cuando la luz del sol entrando por la ventana bañó esas piernas perfectas con una luz suave que invitaba a acercar las manos y acariciarlas lentamente, sin prisas, disfrutando completamente de su tacto.

No era mi intención. Sólo había subido para preguntarle si necesitaba comprar algo porque Emmet iba a salir, sólo había subido para verla despertar, ser el primero en sonreírle y poder ver el velo del sueño aún patente en sus ojos cuando los abriera por primera vez en el día.

Me acerqué a la cama despacio y me senté en la orilla mientras la miraba. Sonreí cuando susurró algo ininteligible y antes de que me diese cuenta estaba extendiendo mi helada mano para despejar su frente de algunos mechones que la cubrían y al hacerlo, las yemas de los dedos acariciaron su piel; satén. La piel de Bella era tan suave como el satén y tan tentadora como el pecado.

Ella se movió y su brazo quedó a la vista. Fruncí el ceño al ver el moratón que se le había formado allí donde Víktor la había sujetado en la Cueva. Bella tenía la piel blanca y Víktor la había sujetado con demasiada fuerza. Acaricié el morado con suavidad mientras me juraba a mí mismo que Víktor pagaría por ese moratón. Bella había nacido para ser tratada con suavidad y dulzura no para sujetarla con tanta fuerza que saliesen morados de color púrpura en su cuerpo.

-….beso…

Fue un susurro tan débil que casi le pasó desapercibido. Pero la había escuchado. Lo había escuchado perfectamente. Enarqué las cejas y sonreí divertido mientras intentaba imaginar con qué estaba soñando que implicaba la palabra "beso". En el sueño Bella se humedeció los labios y sentí que algo se despertaba en mí al ver la humedad en su boca.

Me incliné hacia delante y con toda la suavidad que pude la besé. Dos segundos después, quizá porque estaba aún sumida en su sueño, ella me respondió al beso y juré por todo lo que he amado durante mi existencia que siempre recordaría ese preciso momento, ese minuto exacto en el que ella me devolvió el beso.

Fresa. Sus labios sabían a fresa. No al bálsamo labial de fresa que algunas chicas, vampiresas y humanas compraban en los centros comerciales, no al lápiz labial con sabor a fresa y definitivamente no al sabor de fresa que se queda en la boca cuando comes algo de ese sabor. Era completamente distinto. Sabían a fresa. Fresa auténtica; la fruta rojiza con semillas, dulce y ácida al mismo tiempo, jugosa y resbaladiza. Fresa. Simple y pura fresa.

Era distinto a todo lo que había probado alguna vez. Era dulzura, era suavidad, era sabor fresco, inocencia. Sus labios se movían con cierta torpeza bajo los míos, dejándose guiar, dejándose inducir y seducir, volviéndome loco por el deseo sin siquiera saberlo. Con suavidad coloqué mi mano sobre su cadera desnuda y la sentí dar un respingo involuntario; mantuve mi mano quieta a pesar de que deseaba acariciar su piel suave como el satén, mis labios se movieron despacio, dándole tiempo a que pensara si quería separarse de mí o si quería continuar allí. Por toda respuesta, en silencio salvo por lo que juzgué como un suave gemido, Bella abrió la boca dándome la invitación que necesitaba.

Subí mi mano desde su cadera hasta su cintura, colándola bajo la camiseta que llevaba y sentí la electricidad de su cuerpo hormigueándome todos y cada uno de mis nervios. Mordí su labio inferior con suavidad, lamiéndolo con deleite y ella acarició con timidez mi nuca mandándome un escalofrío por todo el cuerpo que me hizo sentir más vivo y humano de lo que jamás me había sentido. Introduje mi lengua dentro de su boca y tuve que refrenarme para no hacerlo más deprisa, más duro y más intenso… No quería asustarla, pero necesitaba sentir su sabor, necesitaba sentirla parte de mí, reclamar con un beso parte de su cuerpo. Lo necesitaba, la necesitaba.

Su lengua sabía a dulce y a fresco y la acaricié con la mía. Bella se asustó, lo noté. Pensé en enviar una onda de tranquilidad a su alrededor para que se relajara pero no lo hice; no quería que nuestro primer beso fuese fruto de mi poder vampírico, quería que fuera lo más natural y humano posible para ella, por ella. Acaricié su cintura con tranquilidad como si tuviésemos todo el tiempo del mundo, y en realidad lo teníamos… Después de aquel beso no pensaba dejar que Bella se alejara de mí en toda la eternidad. Noté como se relajaba y como sus manos volvían a acariciar mi nuca enredándose de forma ocasional en mi cabello. Sonreí dentro del beso cuando movió sus manos dirigiendo mi boca hacia la posición que ella deseaba; profundicé el beso y su lengua salió al encuentro de la mía, ambas bailando juntas, enredadas y ofreciendo un espectáculo tan antiguo como el mismo amor. La escuché jadear y me reprendí mentalmente por no haber recordado que ella sí necesitaba respirar.

Rompí el beso despacio, tranquilamente, desenredando mi lengua de la suya, saboreando su suavidad, lamiendo su labio inferior y mordisqueando el superior durante unos instantes antes de alzar el rostro, separándome de ella unos milímetros y mirándola con ternura.

Sonreí. Sus mejillas estaban sonrojadas y su pecho subía y bajaba con un ritmo irregular, rápido; sus jadeos por intentar recuperar el control de su respiración hicieron que los pantalones que llevaba los notara más estrechos que nunca sobre todo en mi entrepierna mientras mi mente intentaba apartar pensamientos de Bella jadeando de ese mismo modo, ronco, bajo y grave, con el cuerpo sudando y brillante atrapado debajo del mío.

Bella abrió sus ojos del color del chocolate y me miró confusa durante unos instantes antes de llevarse la mano a la boca para acariciarse los labios suavemente, preguntándose en silencio y confusa si había sido real o lo había imaginado. Me incliné una vez más sobre ella y la besé levemente en los labios.

-Buenos días… -le susurré.

-Buenos días –parpadeó-. ¿Has… ¿lo he… -carraspeó-. ¿Me has besado o lo he imaginado?

-Te he besado –le contesté con simpleza-. Lo siento, no debería haberlo hecho estando tú dormida pero no pude evitarlo –le sonreí-. Te pido disculpas por ello.

Bella negó con la cabeza.

-Electricidad –dijo entonces-. Ha sido como sentir electricidad… -sonrió con vergüenza al notar que seguía mirándola.

-Eso ha sido un buen beso.

Bella casi saltó de la cama al escuchar la risa contenida en las palabras de Emmet que nos miraba desde la jamba de la puerta con los brazos cruzados sobre su pecho haciendo que su ya de por si enorme cuerpo pareciese aún más voluminoso. Miré a Bella al notar que se estaba poniendo nerviosa y sonreí comprendiéndola.

-Cree que vas a enfadarte –siseé rápidamente para que ella no me entendiera pero Emmet me comprendiese perfectamente.

-¿Por qué habría de hacerlo?

-Porque te besó ayer y hoy la encuentras besándome –contesté como si fuera lo más obvio del mundo. Emmet sonrió y rodé los ojos-. No te burles de ella, Em –le advertí.

-Sólo voy a aliviar la tensión… -prometió Emmet-. Pero vamos a tener que enseñarle que no nos importa compartirla siempre que no nos rechace –añadió.

Me separé de Bella y la dejé sentarse en la cama arropada con la sábana mientras me incorporaba a su lado. Ella miraba a Emmet como si estuviese esperando que él le gritase o le dijera algo inapropiado… Era difícil para ella pero tendría que comprenderlo pronto; la queríamos. Los tres la queríamos y los tres sabíamos que todos necesitábamos estar con ella, acariciarla, mimarla, cuidarla y besarla… al menos de momento nos conformaríamos con eso ya que no queríamos asustarla.

-¿Quién besa mejor?

Bella pareció trastornada por la pregunta; yo sólo pude reír entre dientes.

-¿Qué?

-Bueno, supongo que ya que como aún no has besado a Edward, la cosa está entre Jasper y yo, así que, ¿quién besa mejor?

Por unos segundos creí que Bella iba a esconderse bajo las sábanas. Hubiese sido algo terrible, la verdad; como retroceder tres pasos después de haber dado uno. Debí de haber supuesto que esa, que hubiese sido la reacción normal de todas las mujeres, no lo sería de Bella; ella no podía ser como las demás, y me alegraba de que fuera así.

-El jurado aún está deliberando –contestó entre divertida y burlona con las mejillas completamente rojas por su propia broma.

Emmet soltó una gran carcajada y por toda respuesta la besé de nuevo en los labios, esta vez más calmadamente y tranquilo, un roce para recompensarla por su buena respuesta.

-Muy diplomática –la alabé-. Me va a costar no besarte así de ahora en adelante, así que será mejor que te acostumbres a ello –le prometí besándola en la frente.

-Tengo que arreglar el jeep así que Edward irá a hacer la compra –señaló con su pulgar por encima del hombro señalando las escaleras-. He pensado que tal vez te gustaría darle una lista o algo así.

Los ojos de Bella se abrieron brillando.

-¿Puedo ir con él? –preguntó entonces.

-Estoy seguro de que si se lo pides no se negará –le dije-. Pero sería mejor que te vistieras antes –añadí cuando vi que saltó de la cama para ir hacia la puerta-; nuestro autocontrol no es tan fuerte como crees.

Bella se miró a sí misma y se dio cuenta de cómo iba vestida; se sonrojó, sonrió y se metió en el cuarto de baño después de coger algo de ropa de su pequeña maleta. Fruncí el ceño.

-Hay que comprarle ropa –sentencié. Emmet alzó una ceja -. ¿Qué?

-¿Cuánto tiempo crees que tardará Alice en aparecer con un guardarropa nuevo para Bella?

Reí entre dientes mientras me levantaba de la cama después de tomar el puñal que ella había escondido bajo la almohada. Se lo lancé a Emmet que lo guardó en la cinturilla de su pantalón.

-Olvida la ropa, no la necesitará –señalé.

Emmet rió en voz baja y rodé los ojos. Sexual. Emmet parecía tener siempre pensamientos sexuales… aunque bien mirado… pensar en Bella desnuda todo el día dispuesta para cuando quisiéramos hacerle el amor en cualquier momento no era una mala idea. En absoluto.

______________________________ Edward ________________________________

La sala del piano estaba silenciosa, como me gustaba. Tanto Emmet como Jasper tenían prohibido el paso a esa habitación y los dos lo sabían y lo respetaban; el jardín trasero solía ser el reino de Jasper y el garaje el de Emmet, yo tenía la sala del piano. Deslicé los dedos por encima de unas cuantas teclas y fruncí el ceño parando para hacer una corrección en la partitura. Tenía le melodía en la cabeza pero era incapaz de ponerla sobre el papel tal y como la visionaba en mi mente; era realmente frustrante.

Y la culpa era de Bella. Bueno, no de Bella exactamente, pero en cierto modo sí lo era, de forma involuntaria por supuesto, pero lo era. Cada vez que intentaba escribir una nueva nota aparecía en mi mente su sonrisa, el color de sus ojos y sus mejillas sonrosadas y hacía imposible que me pudiese concentrar en nada más que no fuera el hecho de no ir a buscarla donde fuera que estuviese.

La escuché bajar las escaleras y mientras anotaba una nota en la partitura, sonreí. Los pasitos de Bella eran cortos y tímidos. No estaba nada mal escuchar unos pasos femeninos en una casa donde Emmet parecía tener la intención de destrozar el suelo cada vez que pisaba.

Ladeé la cabeza y apenas pude contener una risita cuando vi que se asomaba a la puerta con las mejillas rojas por la vergüenza al darse cuenta de que la estaba mirando como si acabara de descubrirla haciendo algo malo. Solté el lápiz con el que escribía las notas y ella sonrió a medias mientras se retorcía las manos firmemente entrelazadas entre sí.

-Yo… no quería interrumpir, lo siento –se disculpó.

Le sonreí y le hice un gesto con la cabeza para que pasara. Vacilante lo hizo y tuve que contenerme de no saltar sobre ella para darle un beso y joderla allí mismo, contra la pared. Estaba preciosa. Llevaba una falda vaquera larga hasta los tobillos y una camisa negra de mangas largas y cuello de barco que se ajustaba a su pecho y su cintura como una segunda piel; su cuello blanco estaba parcialmente cubierto por una bufanda fina de color azul y los pies estaban cubiertos por zapatillas deportivas negras. Simplemente preciosa. Me deslicé a un lado de la banqueta y le hice un gesto para que se sentara a mi lado; lo hizo.

-No tienes que disculparte Bella. De todos modos sólo estaba jugueteando un poco con las teclas –me encogí de hombros antes de apartar la partitura hacia un lado y cerrar la caperta-. ¿Te ha dicho Jasper que hagas una lista con lo que necesitas que te compre? –mis dedos empezaron a acariciar las teclas y una pieza de Chopin inundó la sala.

-Eh… sí –parpadeó mientras miraba mis manos moviéndose sobre el teclado blanco y negro y sonreí-. Lo haces muy bien… -susurró. La miré enarcando una ceja y riendo al darme cuenta de que no era consciente del doble juego de palabras que había hecho.

-Gracias, apenas tardé unas décadas en aprender –le guiñé el ojo y ella sonrió-. Bueno, ¿qué pasa?

-Me gustaría ir contigo si vas a salir de casa… -dijo con cierta timidez encantadora.

Dejé de tocar abruptamente. Mis manos golpeando varias teclas al mismo tiempo hicieron que un sonido estridente surgiera de ellas en la habitación. Bella dio un respingo a mi lado y me miró mordiéndose el labio como si fuese consciente de que había dicho algo malo pero sin saber qué había sido. Respiré profundamente y cerré los ojos unos segundos para evitar gruñir. Luego le hablé con toda la suavidad que pude.

-Preferiría que no lo hicieras –le contesté-. Estarás más segura si te quedas aquí.

-No sabía que estaba prisionera dentro de esta casa –dijo frunciendo el ceño.

-Y no lo estás –le contesté-. Sólo queremos protegerte… Bella, sé que es difícil para ti comprenderlo pero somos protectores, muy protectores; está en nuestra naturaleza ¿entiendes? –ella asintió-. Si te pasara algo no podríamos perdonárnoslo.

-Entonces, ¿no puedo salir de casa?

De casa. No había dicho "esta casa", había dicho "de casa". Nuestra casa. Nuestro hogar, un lugar en el que vivir en familia. Un lugar que ella consideraba suyo. Me gustó eso y me gustó el modo en que lo pronunció, como si saboreara la palabra. Fue entonces cuando me di cuenta de algo. Era la primera vez en cinco años que Bella tenía un lugar que podía llamar casa, hogar. Había pasado mucho tiempo yendo de un lugar a otro huyendo, escondiéndose y viajando con poco equipaje, lista y dispuesta para salir de donde fuera que se estuviese ocultando al más mínimo movimiento o rumor de que la estaban buscando. Había pasado cinco años en una prisión libre y ahora ellos pretendían mantenerla en una prisión más, sólo para protegerla claro, pero era una prisión más. Suspiré sabiendo que no iba a ser capaz de negarle nada a Bella y el hecho de saber que mis hermanos se sentían igual que yo respecto a la chica no me ayudaba en absoluto, no importaba lo que Emmet estuviese pensando en ese momento.

-De acuerdo, puedes venir conmigo –ella sonrió-. Pero harás lo que yo diga cuando yo lo diga –añadí preocupado.

-No sabía que fueras un dictador –bromeó.

Sonreí a medias; Bella tenía que comprender que aquello era peligroso.

-Cariño, hay más de cincuenta vampiros esperando a que estés sola para atraparte –vi como se estremecía pero no me disculpé por ello; quizá si estaba asustada fuese más consciente de lo que podría pasarla si no obedecía nuestras indicaciones mientras estuviese fuera de casa-. Puedes ir donde quieras pero al menos uno de nosotros tiene que ir contigo ¿entendido? –ella frunció el ceño cavilando aquello y sopesando la posibilidad de rebelarse ante su pérdida de independencia; agradecía a todo lo que fuese posible agradecer el hecho de que Emmet se hubiese ocupado de su vieja furgoneta o estaba convencido de que tendríamos que salir a buscarla en más de una ocasión-. Isabella, por favor, necesitamos saber que estás a salvo…

No sé qué fue. Quizá el tono suave en que se lo pedí, tal vez la voz incitante que utilicé o puede que fuese el hecho de que la había llamado por su nombre completo. No me importaba porque ella asintió con cierta suavidad que me hizo sonreír.

-De acuerdo… pero tendrás que dejarme sola unos minutos en la tienda –añadió.

-¿Por qué?

-…..

-Bella, no voy a…

-Higiene femenina –susurró la chica muerta de vergüenza y sin atreverse a mirarme a los ojos.

Me quedé paralizado durante unos minutos. Quizá era un vampiro y desde luego que pertenecía al sexo masculino, pero no era idiota y entendía perfectamente lo que quería decir Bella con eso. Si los vampiros pudiesen ruborizarse estaba seguro de que en aquellos momentos mis mejillas competirían con las suyas en lo que a tonos rojizos se refiere.

No había pensado en aquello. A juzgar por las imágenes que mis hermanos me estaban enviando inconscientemente, ellos también habían escuchado el susurro de Bella y definitivamente ellos tampoco habían pensado en aquello. Apreté los dientes sintiendo como el veneno de mis colmillos se clavaba en mi labio inferior hasta hacerme una pequeña herida. Si Bella ya resultaba atrayente de por sí, no quería ni siquiera pensar lo que sería para Jasper y Emmet estar cerca de ella cuando ella iniciara su ciclo menstrual; y mucho menos quería pensar en lo que podría pasar si yo estaba cerca de ella cuando su sangre oliese más fuerte de lo que ya lo hacía. Gemí internamente… podría devorarla… literalmente.

-¿Edward?

Suspiré sacudiendo la cabeza. Bella seguía avergonzada y sus grandes ojos de miraban como si estuviese esperando a que tomase una decisión. Le sonreí con suavidad y colocando mi mano en su mejilla hice que alzara el rostro para mirarla directamente. Seda. Su piel era tan suave que podía ser comparada a la seda… Azul. Me hubiese gustado decirle que estaba deseando desnudarla, recrearme en su cuerpo, en cada curva, en cada peca y en cada pequeña imperfección para luego vestirla únicamente con seda azul, dejarla sobre la cama y hacerle el amor todas las noches durante el resto de mi eternidad. Pero era demasiado pronto. Ni siquiera sabía si sería capaz de estar con ella unas horas controlándome a mí mismo para no atacarla por el olor de su sangre… ¿cómo diablos iba a poder besarla y mucho menos hacerle el amor?

-No vuelvas a avergonzarte de nada. Conmigo no, preciosa –le dije muy serio-. No hay nada que no puedas decirme o contarme ¿de acuerdo?

-De acuerdo… -la besé en la frente.

-Bien, vamos de compras.

Bella no dijo nada mientras caminábamos hacia el coche, tampoco dijo nada cuando la ayudé a subir excepto un suave "gracias" y tampoco dijo nada cuando al llegar al supermercado le dije que se quedara en el coche hasta que di la vuelta y la ayudé a bajar del vehículo entrelazando nuestras manos en una muestra de afecto público a pesar de que se sonrojó dulcemente; no abrió la boca mientras entrábamos en la tienda conmigo lanzando miradas de advertencias sobre los humanos que había allí y tampoco protestó cuando, en lugar de dejar que fuera a buscar sus artículos de higiene personal la acompañé y permanecí pegada a ella sabiendo que podría llegar un día en el que yo o mis hermanos tuviésemos que encargarnos de comprar esas cosas para ella. Por ese silencio fue por lo que seguramente me detuve en seco en mitad del pasillo de los refrigeradores, llevando en una mano una cesta con comida y de la otra mano a Bella, cuando la chica me habló.

-Edward, ¿por qué no me has besado todavía?

-¿Qué?

-Me has escuchado –dijo con el ceño fruncido-. Aún no me has besado, ¿por qué?

-Es… complicado… -contesté mientras empezaba a andar-. ¿Te gusta esto? –pregunté sosteniendo en el aire una caja de cereales.

-No, me gustan los de chocolate –contestó-. ¿Por qué es complicado? -solté esa caja y busqué una de cereales de chocolate, la alcé y ella asintió - ¿Piensas contestarme? –me miró fijamente-. ¿Por qué no me besas ahora y me contestas más tarde?

La miré unos instantes y me fijé en el sonrojo de sus mejillas. Hacer esa pregunta le había costado mucho más de lo que parecía estar dispuesta a admitir.

-No creo que sea el lugar ni el momento, Isabella –admití a regañadientes.

Sus ojos buscaron los míos y me maldije por ser tan idiota. Había sido demasiado brusco y Bella lo había notado. Sin decir nada tomó la caja de cereales, la dejó en la estantería y cogió otra marca diferente, la dejó en la cesta que yo llevaba y caminó hacia la caja.

Mientras pagaba me llamé idiota, cuando íbamos hacia el coche me llamé imbécil y mientras regresábamos a casa no dejé de llamarme estúpido. Bella no dijo ni una sola palabra.

_____________________________ Emmet __________________________________

Estaba enredando con el motor del jeep cuando escuché el suave rugido del volvo de Edward deteniéndose en la parte de fuera de la casa. Con una media sonrisa me limpié las manos en un trapo que en sus inicios había sido de un vivo color rojizo y salí a recibirles frunciendo el ceño al ver el modo en que Bella caminaba mirando al suelo sin dirigirle a Edward ni un solo vistazo.

-Eh, ¿buenas compras?

Bella se detuvo, me miró, asintió y entró en la casa. Me giré hacia mi hermano con ambas cejas enarcadas.

-Vale, ¿qué ha pasado?

-Nada –me contestó.

Había pasado algo. Edward había usado el tono de voz que tanto Jasper como yo odiábamos; ese tono de voz que significaba "dejadme en paz y meteos en vuestros asuntos" que tan bien conocíamos. Suspiré con pesadez y seguí mirándole esperando que me contestara. Edward debió de leerme el pensamiento porque se recostó contra la puerta mirándome.

-No la he besado –dijo de repente.

-¿Qué?

-Bella. Me ha pedido que la besara y no lo he hecho.

Parpadeé un par de veces y luego gruñí.

-¿Por qué diablos no? –Edward me miró pero ni siquiera le di la oportunidad de que me contestara-. ¿Te has vuelto estúpido o algo así?

-Algo así… -se presionó el puente de la nariz al contestarme-. Mira, ya me siento bastante estúpido por haberle hablado de forma brusca y haber hecho que se sienta mal ¿de acuerdo? Lo último que necesito ahora es que me des un sermón.

-Oh, eso puedo arreglarlo –le miré de forma indescriptible-. ¿Qué tal si en vez de un sermón te doy una paliza?

Gruñó. Hubiese seguido con las amenazas si hubiese pensado que servirían de algo pero reconocía ese gruñido. Lo había escuchado hacía mucho tiempo; era un gruñido bajo y ronco, defensivo y gutural… el gruñido de un animal herido, de un vampiro frustrado consigo mismo por no haber hecho lo que debía o precisamente por haber hecho lo que se necesitaba ser hecho.

-¿Qué diablos pasa, Edward?

-¿Dónde está Jasper?

-De caza –contesté frunciendo el ceño-. ¿Necesitas que esté presente para decirme qué pasa?

-Sí porque no quiero contarlo dos veces –respondió enfadado.

-Bien, pero no me gusta –solté el trapo sobre el coche y me dirigí hacia casa-. Voy a ver cómo está nuestra chica.

-Bien, pero no la confundas –me dijo. Enarqué una ceja interrogante-. Aún no se siente cómoda con esto de que los tres la queramos –explicó-, lo último que necesita es más besos confusos, ¿entendido?

-Oh, claro, supongo que por eso tú no la has besado.

Edward me miró de forma brusca y dura y durante unos instantes temí haberme equivocado completamente en mis conclusiones; pero luego su mirada volvió a ser fría e indiferente; la clase de mirada que dedicaba a todo el mundo cuando se encerraba en su burbuja particular en la que no dejaba entrar a nadie.

Encontré a Bella en la habitación de invitados; curioso ya que hasta entonces había estado usando el cuarto de Edward. Me miró cuando entré pero no dijo nada hasta que no me senté en la cama cerca de ella.

-¿Vienes a decirme que estás enfadado porque le pedí a Edward que me besara?

Reí. Tuve que reír. De todas las cosas que podría haber dicho… Bella siempre decía lo que menos pensaba que pudiera decir.

-No, no estoy enfadado por eso –contesté divertido-. Pero me gustaría que me dijeras qué ha pasado entre Edward y tú y por qué le has pedido que te besara… -silencio-… y me gustaría que me dijeras por qué se lo has pedido y cómo te has sentido al pedírselo… -más silencio-… después de todo, tienes que aprender a confiar en nosotr…

-¿Y por qué diablos voy a confiar en vosotros si vosotros no confiáis en mí? –protestó ella prácticamente gritando.

-¿De qué hablas, Bella?

-Ni siquiera me habéis contado por qué parece que Jasper siempre sabe lo que siento y cómo diablos lo hace para tranquilizarme incluso cuando no quiero tranquilizarme; y tampoco entiendo por qué siempre estáis haciendo referencia a que Edward no puede leerme la mente –frunció el ceño-. Eso sin tener en cuenta las veces en que parecéis comunicaros por telepatía o algo así cuando no estáis usando ese siseo que, la verdad es que es realmente molesto.

-Bella…

-Me pedís que confíe en vosotros, me estáis pidiendo que sea vuestra consorte –lanzó una carcajada histérica al aire-, más incluso, ¡me pedís que sea vuestra puta particular! –hice una mueca al escucharla llamarse eso a sí misma-. Pero no me contáis nada…

-Sólo queremos protegert…

-Vuelve a llamarte a ti misma eso y te daré tal zurra en el trasero que no podrás sentarte en un mes –garantizó Edward desde la puerta. Bella se sobresaltó tanto por su presencia en la habitación como por su amenaza-. No vuelvas a llamarte así, ¿entendido?

-Es lo que soy ¿no? –preguntó Bella. Chasqueé la lengua y miré a Edward.

-Esto es tu culpa –le dije.

-Lo sé –señaló la puerta con la cabeza-. Lárgate –me indicó. Bella me sujetó la mano con fuerza y Edward enarcó una ceja-. ¿Qué haces?

-Quiero que se quede –dijo ella-. Estás enfadado –afirmó. Edward no contestó-. Y me… asustan los vampiros enfadados…

El rostro de Edward se suavizó y apreté con suavidad la mano de Bella intentando encontrar ese medio justo para que se sintiese prometida pero sin llegar a romperle algún hueso.

-No estoy enfadado contigo –dijo Edward-. Estoy enfadado conmigo… -suspiró-. Emmet puede quedarse al otro lado de la puerta –sugirió-, pero necesito saber que puedes estar en una habitación conmigo sin tenerme miedo Bella… por favor.

Lo necesitaba. Era completamente cierto. Edward era de nosotros tres el que seguramente más necesitaba saber eso. Jasper hacía mucho tiempo que había asumido su papel entre los vampiros; era un descuartizador, un vampiro ávido de sangre, alimentado desde el inicio de su existencia con sangre humana y usado para entrenar a los vampiros jóvenes; todos le temían, todos le respetaban. Sabía que le tenían miedo y no le importaba. Yo por el contrario… me había enfrentado a pocos vampiros pero los pocos que habían sido no habían vivido más tiempo para contarlo. No necesitaba saber que los humanos no me tenían miedo; me daba igual que me tuvieran miedo o no, era algo que me era completamente indiferente.

Edward era distinto. Él se había visto obligado a matar a una chica para salvarla de la muerte. La había convertido en una vampiresa y había intentado cuidar de ella… pero cuando la chica había sido consciente de lo que había ocurrido había mirado a Edward con tanto terror en sus ojos que Edward se había apartado rápidamente como si lo hubiese quemado con su mirada. Quizá por eso era el menos sociable de los tres con los humanos; no le gustaba pensar ni sentir que los humanos le tenían miedo; no soportaba el pensar que alguien podía mirarle con aquellos mismos ojos aterrorizados… Solté la mano de Bella y Edward suspiró agradecido. Bella me miró.

-No te va a hacer daño –le aseguré a la chica que se mordía el labio inferior-. Estaré justo ahí si me necesitas, ¿de acuerdo?

-Bien…

Me incliné y la besé en la boca levemente pero con dureza.

-Bien –corroboré saliendo de la habitación.

_________________________________ Bella ________________________________

-Lo siento –fue lo primero que dijo cuando nos quedamos solos.

Ni siquiera le miré. Ya me sentía suficientemente avergonzada por haberle pedido en la tienda que me besara. Había… sido un acto impulsivo, algo que había dicho sin pensar, sólo… simplemente se había sentido correcto pedírselo en ese momento; había sido el momento de pedírselo.

-Bella… mírame –nunca había sido una cobarde y no pensaba empezar a serlo entonces; había estado cinco años arreglándomelas sola y no pensaba cambiar en aquellos momentos. Lo hice-. Cariño… siento no haberte besado y siento haber hecho que te sintieras mal, preciosa… pero no era el momento.

-¿Por qué no?

-Porque te deseo demasiado –me contestó.

-¿Qué?

No tenía sentido. ¿No me había besado porque me deseaba demasiado? Eso era tan estúpido como que alguien dijera que no comía chocolate porque le gustaba mucho el chocolate.

-No estoy hablando de deseo sexual Bella, que también, me refiero a que deseo tu sangre –me llevé una mano a mi cuello de forma inmediata en un acto reflejo; el miedo se reflejó en los ojos de Edward-… Nunca te haría daño…

-Lo sé, lo siento… -me disculpé-. Ha sido un acto reflejo… después de tantos meses huyendo de vampiros aprendes que es mejor prevenir… ¿A qué te referías exactamente?

-Es como tu caja de cereales de chocolate –dijo entonces-. Te gustan los cereales de chocolate pero si puedes elegir escoges una marca en particular ¿verdad?

-Cierto.

-A los vampiros nos pasa lo mismo… cada vampiro tiene… una marca preferida de chocolate… y es una droga para nosotros, nos llama, nos clama y casi siempre el monstruo consigue tomar lo que quiere –me miró con el ceño fruncido-. Tú eres mi marca de chocolate, cariño…

-¿Entonces…

-Exacto –dijo como si me hubiese leído el pensamiento y supiese lo que iba a decir a continuación-. Me da miedo desearte tanto porque cuando estoy contigo pierdo el control y si eso pasa, si en algún momento dado pierdo el autocontrol estando a tu lado… quizá no pueda resistir la tentación de tomarte para hundir mis dientes en tu garganta…

-Edward… sé que no vas a hacerme daño.

-¿Lo sabes?

-Sí.

Era algo que tenía tan claro como el agua. Ninguno de ellos me haría daño nunca; lo sabía; eso no hacía que me resultara más fácil dejar de asustarme desde luego, pero sabía que ninguno de los tres me dañaría jamás.

-Me alegro de que uno de los dos confíe en mi autocontrol –soltó una risita suave-. Supongo que ahora entenderás por qué no puedo besarte hasta que no tenga el suficiente autocontrol para saber que puedo acercarme a ti sin hacerte daño… y te aseguro que eso me está matando porque lo único que deseo es abrazarte, besarte y desnudarte poco a poco para poder empotrarte contra la pared y hundir mi pene en tu delicioso sexo… –añadió con una media sonrisa frustrada-. Lo siento, no debería haberte hablado de ese modo… Es sólo que cuando estoy contigo parece que sólo sé hablar de forma grosera.

Parpadeé siendo consciente de que mis mejillas habían adquirido un nuevo tono rojizo que seguramente no desaparecía durante días. Me limité a asentir sin estar segura de que mi voz pudiese salir de mi garganta y él sonrió.

-Bien, ahora vamos a aclarar otra cosa –dijo enarcando una ceja-. ¿De verdad te sientes como una puta por estar con nosotros?

Me encogí de hombros.

-No sé como sentirme –dije sinceramente-. Edward, nunca en mi vida he tenido un novio y de repente me siento atraída por tres chicos diferentes –abrió la boca para decir algo pero no le dejé-, no importa que seáis vampiros, seguís siendo chicos… Y no… no sé cómo debo sentirme al respecto y tampoco sé cómo os sentís vosotros con esto.

-¿Qué quieres decir?

Abrí los brazos y lo miré exasperada.

-¡Tú por ejemplo! Se supone que si me… deseas… deberías de estar enfadado porque Emmet y Jasper me han besado y sin embargo parece que no te importa en absoluto…

-Aún no lo entiendes ¿verdad preciosa? –me sonrió.

Se acercó a mí y tomó entre sus manos grandes las mías que desaparecieron en un manto de suavidad helada.

-Nosotros tres estamos unidos Bella… lo que siente uno lo sentimos todos –le miré incrédula-. Jasper es un empático.

-¿Es qué?

-Un empático. Es capaz de sentir las emociones de los demás y manipularlas a su antojo –sonrió con cierta culpabilidad-. Eso explica el hecho de que te sientas tranquila cuando él quiere…

-Espera, ¿esto tiene que ver con que siempre estés haciendo referencias a que no puedes leerme la mente?

-Algo así –le miré esperando una explicación en silencio-. Puedo leer las mentes de los demás –sonrió-, de todos excepto la tuya… Es interesante, nunca me había pasado con nadie –titubeó.

-¿Qué? –suspiró pesadamente antes de contestar.

-Ese es uno de los motivos por el que supimos que eras nuestra consorte. No puedo leerle la mente a nuestra pareja…

-¿Y Emmet?

-Él es… fuerte –le miré-. Extremadamente fuerte –añadió divertido-. Estoy seguro de que si se lo pides estará encantado de demostrarte hasta donde llega su fuerza. Lo que quería decir con todo esto es que estamos unidos… Cuando Emmet te besó, Jasper lo sintió, sintió la lujuria, su deseo… el tuyo… -carraspeó y me sonrojé-. Y sus pensamientos inundaron mi mente… Los tres estamos ligados contigo, tú eres nuestro centro Bella, eres nuestro todo… No deberías de sentirte mal por ser amada.

-Sois tres –insistí una vez más-. Eso es lo extraño Edward…

-Míralo así: serás amada tres veces más que cualquier otra mujer, humana o vampiresa.

A pesar de que no quería hacerlo, sonreí. Parecía raro pero Edward me calmaba. Fruncí el ceño cuando una idea se me pasó por la cabeza.

-¿Estás usando el tono de tu voz para engatusarme?

Edward tuvo la decencia de ruborizarse antes de asentir a medias.

-No soporto que pienses mal de ti misma… Quiero protegerte de todo lo que te haga daño y eso te incluye a ti –señaló-. Si te sirve de algo, lamento no haberte besado.

Asentí en silencio.

-Yo siento haberme disgustado por algo tan tonto… no comprendía que…

-Está bien. ¿Estamos bien? –preguntó con una media sonrisa que hizo que las piernas se volviesen de gelatina.

-Estamos bien… -me mordí el labio-. ¿Puedes quedarte un rato conmigo? –pregunté. Edward me miró de forma susceptible-. No voy a pedirte que me beses, sólo… me gusta que me abraces –afirmé segura de mis palabras-. Pero si es mucho para ti, no quiero que…

Sin ninguna otra palabra Edward me condujo hasta la maca y me tumbó sobre el colchón, rodeó el lecho y se tumbó a mi lado, me atrajo hacia él envolviéndome en su olor y su frío cuerpo y no pude evitar suspirar satisfecha por el contacto.

Sentía su aliento cálido en mi nuca y sus brazos rodeándome, protegiéndome, haciéndome sentir la persona más importante del mundo. Y me gustaba. Había disfrutado con el beso de Emmet y cuando Jasper me había besado había sido… wow… pero lo que había sentido con ellos dos era lo mismo que estaba sintiendo con Edward a pesar de que no le había besado todavía y aunque me asustaba terriblemente también me gustaba esa sensación. Edward era el equilibrio entre los dos. Emmet era impulsivo y demandante, sólo de pensar en lo exigente que sería con el sexo hacía que me sintiese cansada y satisfecha, Jasper era dulce y pacífico y parecía tener ese aura de amante entregado dispuesto a pasar horas únicamente sosteniéndote entre sus brazos. Edward era el equilibrio entre los dos. Era exigente e impulsivo, pero dulce y suave…

Sonreí al imaginar la comparación que acababa de hacer y no pude evitar decirlo en voz alta.

-Ámbar… -susurré entonces. Edward rió.

-¿Qué?

-Ámbar. Eres ámbar… Jasper es verde, Emmet rojo y tú ámbar…

-Así que soy ámbar… -sonrió y me abrazó con más fuerza como si temiese que pudiese escaparme en cualquier momento-. Estás divagando Isabella… -susurró suspirando.

-No divago… hablo… -susurré nuevamente-. Ámbar es bueno… es el equilibrio.

-Soy el equilibrio… -susurró él también-. ¿Por qué estamos susurrando?

-No sé por qué susurras tú, yo lo hago porque tengo la sensación de que si hablo más fuerte se romperá la magia…

Edward me abrazó más fuerte y sentí sus labios helados sobre mi nuca de una forma suave y tan leve que casi no lo sentí. Aún así, no me atreví a pedirle que me diese otro beso aunque me estaba muriendo por que volviera a hacerlo pero esta vez sobre mi boca. Mordiéndome el labio inferior le hice una caricia en sus manos gélidas. No dijo nada.

-¿Edward?

-¿Sí?

-Me gusta el ámbar –confesé tas unos segundos de incertidumbre.

Un par de segundos después noté como el pecho de Edward se contraía de forma rítmica y una suave risa ronca y dulce llegó a mis oídos.

-Bella, me vas a matar preciosa –suspiró pesadamente-. A mí me gustas tú… Nunca va a romperse la magia Bella –me dijo entonces-. Siempre seremos nosotros cuatro, no lo olvides cariño… -sonrió-. Jasper está de vuelta ¿lo notas? –asentí. Una ola de tranquilidad parecía haberme invadido repentinamente-. ¿Bella? –me giré a medias para encararlo-. Voy a… ¿puedo… qué difícil es esto….

-Edward, ¿qué pasa?

-Quiero besarte… ¿puedo? –asentí suponiendo que la onda de tranquilidad que parecía afectar a Edward en aquellos instantes procedía en gran medido de Jasper-. Estupendo… -susurró.

Cerré los ojos cuando acarició con los nudillos mi mejilla y sentí como ésta se calentaba bajo su tacto; era increíble el modo en que tanto él como Emmet y Jasper conseguían que me sonrojara a pesar de que hacía poco tiempo que nos conocíamos. Abrí los ojos cuando su mano me acarició los labios y ese fue el momento en que Edward decidió inclinar su rostro hacia mí y probar mis labios acariciándolos con el ápice de la lengua unos segundos antes de rozar su boca con la mía atrapando mi labio inferior entre los suyos. Se separó de mí y no pude evitar sonreír ante la mirada que me dedicó llena de preocupación.

-¿Estás bien?

-Perfecta… -susurré.

Me sonrojé cuando él sonrió abiertamente ante mi respuesta y volvió a besarme, esta vez un poco más intenso que la anterior. Me sentía completamente indefensa ante él, vulnerable y encantada… hechizada era una palabra que podía describir mi estado cuando estaba con cualquiera de mis tres vampiros… Dejé de pensar y cavilar cuando noté la lengua de Edward dentro de mi boca y gemí de placer al sentir sus manos enmarcando mi rostro de forma dulce. Moví mis labios bajo los suyos de forma inconsciente, sin pensar, dejándome llevar, de forma suave, tentativa, comprobando el terreno que estaba pisando midiendo sus reacciones temiendo que fuera demasiado para él. Pero no ocurrió nada.

Nada excepto magia.

Edward sabía cómo besarme y aunque yo era virgen y apenas había probado los besos durante toda mi vida, supe inmediatamente que había tenido mucha suerte al encontrarme a tres vampiros que supieran besarme como necesitaba ser besada en cada uno de los momentos de mi vida.

Edward se apartó de mí despacio, saboreando mis labios otra vez y depositando un par de besos superficiales sobre mi boca para terminar el beso. Le miré exhalando un suspiro de placer que le hizo reír. Su mano apartó el flequillo de mi frente y sus ojos de color dorado me sonrieron con lujuria, deseo y calor.

-Tan suave y dulce como había imaginado –suspiró apoyando su frente sobre la mía antes de besarme una vez más para después acomodarme en la cama y volver a abrazarme. No dije nada, no había nada que pudiese decir y pudiese resumir lo que había sentido por él con aquel beso. Equilibrio, definitivamente Edward era ámbar.

No recuerdo cuánto tiempo permanecimos allí tumbados sobre la cama, de lado, sus manos rodeándome, su pecho contra mi espalda, sus manos heladas entre las mías, y la sensación de tranquilidad envolviéndome sabiendo que estábamos compartiendo el mismo silencio y que ninguno de los dos parecía necesitar ni querer romper. Y me sentí cómoda, feliz y completa. Por primera vez en mi vida parecía haber encontrado un lugar al que llamar casa y personas, más o menos, que no me dejarían. Suspiré satisfecha. Se sentía bien, realmente bien.

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Vale chicos, no me mateis, prometí una escena subidita de tono en el capítulo VI y este es el v así que ya sabéis… el próximo… mmmm ¿quién será? Tendréis que esperar para verlo supongo :p

Espero que el capítulo haya sido de vuestro agrado. Vemos a una Bella que está empezando a confiar en ellos, por eso este capítulo es cortito pero importante. Han sido catorce páginas de word así que ya sabeis lo que espero ¿verdad? :D

Un beso para todos, espero leeros en el próximo capítulo, hasta entonces, sed felices!! Besitos para todos, nos leemos pronto!!