Hola a todos, que tal? :D

Bueno, vengo a dejaros otro capítulo del fic, que como ya sabéis, sigue lento y seguro, pero sigue siendo escrito. No voy a dejar de escribirlo; los que me conocéis y me seguís en otras historias ya lo sabéis, pero lo digo para tranquilizar a los nuevos: jamás dejo una historia a medias… Puedo tardar más o menos pero siempre llegaré al final de mis fics, ¿entendido?

Sigo con poco tiempo para poder escribir por problemas familiares pero todo va solucionándose poco a poco, gracias por vuestro apoyo y comprensión. A ver, pasemos lista: muchas gracias por sus reviews a:

Brinaculle, eva uchiha, sereniti84, patty, elena J. Mercier, celtapotter, tina masen, maryroxy, scarlett rows, inmans, karliwis, noms black, paky, laabuela, alcatraces, vico, n_n, Ljoo, roomii, mariana, akhane, tere uzumaki, maripassos, margara, anonimo=mary, adela, verito17, zita, valentina, sandracullen, karime, isis janet, cristal butterfly 92, anrresweet, bella masen, allysan, erill cullen, leyla (gracias por tu super review guapa!! Me encanta recibirlos tan largos :DD), carmen, anakaren, ximena, fati21, carol-cullen, patty, je_tatica, abita, piola, kmylita, hermimalfoy13, culdrack, nicole, patty, poly-uchiha, luuli_s, djlupits, verónica, tatiana cullen.

De verdad muchas gracias por vuestos mensajes y palabras.

Ahora sí, os dejo con el capítulo que espero que os guste… por cierto, quedáis advertidos de que hay una escena subidita de tono… ¡pero ahora no leais solo eso eh!! :p

Nos vemos abajo, disfrutad de la lectura!!

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Vampiros y humanos conviven en un mismo mundo siendo conscientes los unos de la existencia de los otros. Pero cuando un vampiro se obsesiona con un humano, éste sólo tiene dos salidas: rendirse al vampiro o buscar un protector. Una vez cada doscientos años se produce un hecho insólito y un humano es reclamado para ser el consorte de tres vampiros poderosos. ¿Qué pasa entonces?

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Capítulo VI. Aprendiendo a conocerse

Bella era increíble. Llevaba una semana viviendo con nosotros y aún no dejaba de sorprendernos. De momento habíamos aprendido que era una chica muy torpe, tanto que Jasper había bromeado acerca de poner su habitación en la primera planta de la casa para que no tuviera que estar subiendo y bajando escaleras continuamente. Sabíamos que le gustaba leer, sobretodo los clásicos, y que su libro favorito era Cumbres borrascosas, así que Edward había estado encantado de enseñarle la sala que teníamos como biblioteca y allí ambos podían pasarse las horas muertas. Habíamos aprendido de ella que se sonrojaba cuando estaba incómoda, se sentía avergonzada o tímida y nos encantaba el modo en que sus mejillas se teñían de ese rojo dulce y suave. Sabíamos que hablaba en sueños y divagaba cuando estaba nerviosa; le gustaba desayunar leche con cereales de chocolate y zumo de naranja y odiaba la carne roja con patatas fritas porque era demasiado colesterol para las arterias. Sabíamos que era malísima en deportes por su falta de coordinación, que se mordía las uñas, que sus ojos eran un libro abierto para sus emociones y que a pesar de que no era capaz de programar el vídeo para grabar nada era la única que podía presentar una firme batalla jugando contra mí a los videojuegos de la consola, ¡había roto mi récord de Infierno Sangriento! ¡Tres veces! Y a pesar de saber ya todo eso de ella aún teníamos la sensación de que apenas la conocíamos; era como si hubiésemos descubierto la punta de un iceberg y aún tuviésemos que mirar bajo la superficie del agua para descubrir todo lo interesante que ella tenía que ofrecernos.

Ella también había aprendido varias cosas de nosotros. Por ejemplo, sabía que cuando Edward tocaba el piano ella era la única que podía acercarse sin temer terminar con alguna herida física; sabía que Jasper era el único que conseguía que las plantas del jardín estuviesen verdes y perfectas y había descubierto que yo planeaba besarla a todas horas con el objetivo de que se acostumbrase a nuestras atenciones. De momento funcionaba.

Antes por las mañanas nos dedicaba una sonrisa de buenos días que nos derretía por completo y nos convertía en sus esclavos en la tierra del menor de sus deseos o sugerencias; ahora nos daba esa sonrisa justo antes de besarnos con suavidad sobre los labios o en la mejilla. Bella había aprendido que Jasper prefería tomarla de la mano a todas horas mientras que yo disfrutaba más abrazándola por completo, manteniéndola entre mis brazos de forma segura y haciendo que nuestros cuerpos estuviesen lo máximo en contacto posible y había descubierto que Edward se sentía satisfecho con besarla en cualquier momento que le apeteciese aunque eso significara que ella se sonrojase por completo.

Chasqueé la lengua. Aún no habíamos conseguido que dejase de sentirse culpable cuando al aceptar el beso de uno de nosotros otro pasara por allí casualmente y la viese… Era lo próximo que tenía en mi lista para trabajar con ella. Sonreí lascivamente al imaginar qué otro tipo de trabajos podría intentar hacer con ella para hacer que se sintiera más cómoda pero no creía que mi sugerencia de estar desnuda todo el día únicamente para nuestros ojos y para que ella se acostumbrase a que la mirábamos con deseo fuera bien recibida ni por Bella ni por Edward que cada vez parecía estar más frustrado y necesitaba del don de Jasper para ser capaz de besar a Bella sin temer que fuese a destrozarle la garganta. Tenía que admitir que eso era algo que, desde que nos lo había contado a Jasper y a mí, nos preocupaba.

-¿Qué estás haciendo?

Aparté los ojos del programa de televisión que estaba mirando en aquellos momentos y los centré en la figura de Bella que estaba en la puerta de la sala de estar con los brazos cruzados como si esperara algún tipo de invitación. Sonreí. También teníamos que mejorar eso.

-Ver la tele, ¿quieres mirarla conmigo? –Bella ladeó la cabeza como si lo estuviera sopesando-. Venga, no muerdo –bromeé haciéndola reír-, a menos que lo pidas –sus mejillas se tiñeron de rojo y no pude evitar reírme-. Venga, ven aquí.

Me eché hacia un lado del sofá aplastándome contra el respaldo y dejándole la parte delantera a ella. Ella se tumbó a mi lado en el sofá y sonreí cuando pasé una mano por su cintura para atraerla más hacia mí sin que protestara; esa era otra de las cosas que ella había aceptado: que necesitábamos tocarla continuamente para asegurarnos de que estaba bien y de que era real y si bien al principio se había mostrado reacia a ello, últimamente aceptaba nuestros roces de manos, nuestros besos y nuestras caricias o abrazos íntimos que duraban unos segundos más de lo estrictamente necesario.

-Eh, ¿qué pasa?

-Estoy aburrida, ¿podemos hacer algo?

-Tengo algunas sugerencias… -le dije en voz baja susurrando en su oído y sonriendo al notar como se estremecía-… ¿quieres que las discutamos? Te aseguro que no te aburrirás…

Por suerte para todos Bella también había empezado a entender nuestros distintos estados de ánimo y nuestros peculiares sentidos del humor. Me dio un codazo suave en el estómago y sonrió satisfecha cuando gemí fingiendo que me había hecho algo de daño.

-Me refiero a algo que se pueda hacer en público Emmet.

-Bueno, lo que tengo en mente también puede hacerse en público –protesté con una media sonrisa. Esta vez ella se giró y me enfrentó con el ceño fruncido. Reí suavemente-. ¿Qué?

-No tiene gracia –protestó a pesar de que las comisuras de sus labios se fruncieron hacia arriba tironeando en una sonrisa-. En serio, ¿podemos hacer algo?

-Lo que quieras –le aseguré-. Bella, no estás prisionera en esta casa, lo sabes ¿verdad?

Bella giró el rostro para mirarme con una ceja enarcada.

-Hace dos días mi furgoneta no arrancó cuando quise cambiarla de sitio…

-Eso fue el primer día –dije desechando con un gesto de la mano su protesta-. Temíamos que intentaras salir corriendo cuando te enterarás de… bueno, ya sabes.

-Estuve a punto de hacerlo –admitió.

-Pero no lo hiciste.

-No, no lo hice.

Acaricié su rostro y mi mano se deslizó hacia el cuello rodeándolo y apoyándose en su nuca donde permaneció masajeándola con toda la suavidad de la que era capaz; a veces tenía la sensación de que Bella era tan frágil que cualquier mínima presión de mis manos sobre ella podría romperla o peor, dañarla de forma que ella no volviese a confiar en estar a mi lado.

-¿Por qué no lo hiciste? –ella me miró -. No, de verdad, ¿por qué decidiste quedarte?

-No lo sé… Sólo… lo sentí. Sentí que estar con vosotros era lo correcto –se encogió de hombros y el movimiento hizo que se arrimara más a mí.

-Emmet ¿quieres dejarlo ya? –la voz de Jasper nos interrumpió desde el otro lado de la sala-. Si no dejas de pensar en lo que sea que estás pensando en estos momento voy a estallar –amenazó.

-¿A qué te refieres?

-Estoy abrumado de lujuria –siseó Jasper fríamente-. Demasiada y no puedo controlarla toda y al mismo tiempo mantener a Edward tranquilo para que pueda estar tan cerca de Bella sin que tenga miedo a hacerle daño, así que te agradecería que dejaras de pensar en nuestra chica desnuda, sudorosa y jadeante debajo de tu cuerpo; eso provoca muchísima lujuria.

-Dios… -susurró Bella enterrando el rostro en mi pecho.

Reí acariciando su espalda.

-No pasa nada preciosa –miré a Jasper-. Lo siento Jazz, pero esta vez no soy yo. Por supuesto que me gustaría estar pensando en eso a todas horas pero ahora mismo únicamente estoy hablando con Bella acerca de qué podemos hacer para que no se aburra –me encogí de hombros-. No soy yo quien lo está provocando –Jasper frunció el ceño-. ¿Qué?

-Edward está cazando –dijo ladeando la cabeza-. Si no es Edward, ni eres tú ni soy yo… -sus ojos se desviaron hacia Bella y sonrió ligeramente-. ¿Cariño? –Bella no alzó su rostro-. ¿Quieres contarme qué está pasando?

__________________________________ Bella _______________________________

Si alguno de los dos hablaba otra vez mis mejillas alcanzarían un color rojo jamás visto nunca antes por nadie. Estaba absolutamente avergonzada… Había olvidado completamente que Jasper era capaz de sentir las emociones de aquel modo y aunque no lo hubiese olvidado no habría podido hacer nada al respecto. Hormonas. Todo había sido cosa de las hormonas. Y esa fue precisamente la respuesta que se me escapó de los labios cuando Jasper hizo la pregunta.

Emmet se rió con suavidad y gemí involuntariamente. Debí haber supuesto que a pesar de tener el rostro encerrado contra su pecho los dos podían oírme con total claridad. Mientras el pecho de Emmet subía y bajaba a ritmo irregular por la risa, sentí las manos heladas de Jasper en mi espalda en una muda invitación para que les mirase. Suspiré y me dije a mí misma que no tenía nada de lo que avergonzarme, no con ellos, me aparté de Emmet y alcé la cara para mirarles. Ambos estaban riendo entre dientes, sonriéndome como si fuese lo más valioso de aquella sala.

-¿Hormonas? –preguntó Jasper divertido.

-Se me… alteran… cuando está a punto de bajarme el período… -confesé a media voz avergonzada por hablar con alguien de esas cosas-… puedo ponerme irritable, sensible, llorona y alterada…

-¿Y también caliente? –ofreció la voz de Emmet.

-¡Emmet! –le reprendió Jasper pero sin decir en ningún momento que eso era justo lo que estaba pensando.

-¿Qué? Eso es lo que has dicho cuando has entrado pensando que yo no podía dejar de pensar en poner mis manos sobre su cuerpo.

Abrí la boca dispuesta a defenderme de lo que fuera que Emmet había dicho pero no pude decir nada. Absolutamente nada. Porque los dos tenían razón.

-Sí, pero ahora además se está sintiendo avergonzada –contestó Jasper mirándome-. Perdona preciosa, es que hacía mucho tiempo que no teníamos problemas con… las hormonas femeninas.

Arqueé una ceja.

-Las vampiresas no tienen el período –contestó a mi pregunta silenciosa-. Y no hemos estado con ninguna humana el tiempo suficiente para aprender… eh…

-Vale, vale, lo entiendo –hice un gesto con la mano para que no continuase hablando. Aquella conversación me estaba avergonzando más de lo que una chica podría soportar. Miré a Jasper-. Lo siento, no quería alterarte pero no…

-Lo entiendo, no puedes controlar eso –Jasper se sentó en el suelo junto a mí y me besó en la frente-. No pasa nada. Sólo creía que era Emmet y estaba dispuesto a romperle el cuello si te estaba influenciando de algún modo –rió entre dientes ante la cara de ofensa que puso Emmet.

-¿Hay algo que podamos hacer por ti, cariño?

Miré a Emmet. Estaba demasiado cerca de mí. Su rostro apenas a unos centímetros y su cuerpo estaba aún pegado al mío. Respiré profundamente intentando calmarme y no decirle lo que podría hacer por mí en aquellos momentos, primero porque no habría forma humana de que se lo dijese sin morirme de vergüenza y segundo porque estaba segura de que no necesitaría repetirlo dos veces para que lo hiciera y lo último que necesitaba era que mi primera vez fuese en un sofá con ellos dos por muy tentadora que fuese la oferta.

-¿Algo que pueda controlar tus hormonas? –preguntó Jasper esta vez.

-Eh… es la primera vez que me pasa –dije entonces como si eso fuese algo realmente importante-. Así que no sé… -carraspeé-. Es la primera vez que me siento… así… -sonreí tontamente-. Y la culpa la tenéis vosotros, desde luego…

Por supuesto que la culpa la tenían ellos. Ellos eran los que eran tan atractivos como el mismo pecado; ellos eran los que tenían esos increíbles ojos dorados que me atraían y ellos eran los que me hacían sentirme totalmente especial. Eran ellos, sólo ellos así que ellos tenían toda la culpa de que yo estuviese así y que me sintiese de esa forma, totalmente necesitada de sus caricias, miradas y… y la mano de Emmet acariciando mi cuello no era precisamente lo que necesitaba para calmarme.

-Emmet… eso no va a ayudar a controlar mis hormonas precisamente –dije esperando que mi voz no hubiese sonado demasiado entrecortada.

-Me encanta que sea tan receptiva a nosotros –dijo Emmet riendo suavemente sin dejar de acariciar mi cuello mientras miraba a Jasper-. ¿No te encanta?

-Sí, hace que todo sea más dulce ¿verdad? –apoyó Jasper con una de sus manos recorriéndome el brazo desnudo.

-Parad ya… -les pedí en un momento de lucidez removiéndome hasta que me incorporé en el sofá haciendo que Emmet también se sentase-. Vais a hacer que me sonroje.

-¿Puedes sonrojarte aún más? –preguntó Emmet divertido-. Eso suena interesante. ¿Hasta donde puedes sonrojarte? –sonrió de forma libidinosa-. Espera, tengo otra mejor, ¿te sonrojas en otra parte del cuerpo además de en las mejillas?

Por suerte para mí, Jasper rió suavemente y me pasó un brazo por los hombros tirándome hacia él y provocando que escondiese mi cabeza en el hueco de su hombro.

-Déjala Emmet –sonrió-. Además, ya habrá tiempo de que lo descubramos por nosotros mismos –añadió haciéndome sonrojar más aún.

-Mmmm –Emmet ladeó la cabeza, se levantó del sofá y tiró de mí hasta hacer que yo también me pusiese de pie-. Es más divertido descubrirlo ahora… -cerré los ojos cuando sus dedos acariciaron con lentitud mi cuello-. Tu piel se calienta en el cuello cuando hago esto… -susurró moviendo los dedos despacio-… Me gusta tu camisa… -añadió bajando el escote de la camisa que tenía puesta y haciendo que contuviese el aliento cuando sus manos rozaron la parte superior de mis pechos-… es muy… flexible…

Estaba a punto de protestar cuando noté el cuerpo de Jasper dando calor a mi espalda. Ladeé el cuello y él me sonrió antes de besarme suavemente sobre la boca.

-Tus labios son rosas casi rojizos… -susurró levemente.

-Esto no… esto no me ayuda… -susurré.

-Shhhh… Yo creo que sí –contradijo Emmet besando mi cuello inclinándose para ello bastante-. Me gusta lo pequeña que eres… tamaño bolsillo –añadió riendo entre dientes.

-No soy…

Cuando noté que Jasper apartaba mi cabello hacia un lado haciéndolo caer sobre mi hombro para tener libre acceso a mi nuca donde dejó un suave beso, no pude continuar hablando; no quise continuar hablando. Estaba demasiado ocupada pensando en otras cosas. Noté los labios de Emmet sobre los míos cuando Jasper volvió a besarme en la nuca esta vez con los labios entreabiertos y acariciándome con el ápice de su lengua la piel enviándome escalofríos a cada nervio del cuerpo.

Las manos de Jasper se quedaron en mis caderas y la que Emmet no tenía en mi cuello se enredó en mi mano con mis dedos reteniéndome a su lado a pesar de que yo no tenía ninguna intención de escaparme de ellos aunque sabía que sería lo más sensato de hacer.

El gruñido hizo que nos separásemos, Jasper girando rápidamente para interponerse entre la puerta y yo y Emmet detrás de mí rodeándome con sus brazos como si estuviese en una jaula de acero en la que me sentí completamente protegida.

-Edward… -susurré al reconocer su cabello por encima del hombro de Jasper.

-¿Queréis que todos los vampiros telépatas de Seattle sepan exactamente en qué estáis pensando hacer con el cuerpo de nuestra chica? –bramó mirando a sus hermanos de forma amenazadora-. Porque juro que he intentado bloquearos pero me resulta completamente imposible de hacerlo dado que estáis enviando señales muy claras.

-Mierda…. –Emmet se separó de mí-. ¿Estás bien? –asentí mientras intentaba recuperar el ritmo normal de respiración.

-Lo sentimos Edward –dijo Jasper-. No pensamos que podrías… -suspiró-. No es excusa; pero creímos que nos bloquearías y que no te afectaría tanto.

-¿Afectarme? Si te refieres al hecho de que estoy deseando follarla ahora mismo, sí, me ha afectado –dijo ignorando mi cara roja-. Así que piensa en cómo ha podido afectar a los que no tienen tanto cuidado como yo –gruñó-. ¿En qué diablos estabais pensando?

-Sólo queríamos distraerla –se defendió Emmet. Luego me miró-. Dijiste que estabas aburrida –añadió con fingida inocencia haciendo que Edward rodase los ojos.

-Aburrida ¿eh? –asentí-. Bien, ¿quieres ir a correr? –preguntó con un brillo burlón en los ojos.

Fruncí el ceño y estaba a punto de protestar y decirle que no tenía ninguna gracia que se burlara de mi torpeza cuando Jasper sonrió y habló.

-Es una idea excelente, podemos enseñarle el claro –me besó suavemente en los labios-. Te encantará, correr es la segunda naturaleza de Edward, tienes que probarlo –aseguró.

-¿Tengo que probarlo?

-Sí, tienes que hacerlo –Emmet sonrió y también me besó con dureza brevemente y antes de que me diese cuenta de lo que estaba pasando, sus manos me habían cogido de la cintura con suavidad y me habían subido a la espalda de Edward que no parecía en absoluto notar mi peso-. Te encantará el claro, no corras mucho –añadió mirando a Edward que sonrió.

-Espera, ¿has dicho correr?

Edward me sujetó las piernas y me subió aún más moviéndome para sujetarme mejor. Di un pequeño grito porque no me lo esperaba y apenas tuve tiempo de reaccionar de forma instintiva y pasar mis brazos alrededor de su cuello cuando ya no estábamos en casa. Sentí que el estómago me daba un vuelco, cerré los ojos, sentí el viento en mi rostro y recé para no estrellarnos contra ningún árbol mientras escuchaba la risita de Edward como si supiese exactamente lo que estaba pensando.

Entendía por qué a Edward le gustaba tanto correr y es que a pesar de tener los ojos cerrados y la sensación de que iba a marearme, sólo había una palabra para describir como me sentí en aquellos momentos. Libertad.

________________________________ Edward ______________________________

Me detuve cuando llegamos al lugar que quería mostrarle a Bella. Me agaché ligeramente mientras soltaba sus piernas y cuando me di cuenta de que estaba sobre el suelo solté con una sonrisa sus brazos de alrededor de mi cuello. Me giré y me sentí un poco culpable al ver que estaba blanca como la cera.

-¿Estás bien? –le pregunté-. Lo siento, quizá no debería…

-¿Cómo diablos lo haces para no chocarte contra ningún árbol? –me preguntó mientras respiraba profundamente.

-Tengo buenos reflejos –bromeé-. ¿Estás segura de que estás bien? Estás un poco pálida…

-Estoy bien, sólo… un poco mareada –dijo titubeante.

-Deja que adivine –sonreí -. Has tenido los ojos abiertos.

-No me dijiste que no los cerrara –se defendió mientras se apoyaba contra un árbol-. Hace calor ¿verdad?

-No hace calor –impedí que se quitara la bufanda que Jasper había colocado alrededor de su cuello-. Estás en shock y no te dije que no los cerraras porque no lo creí necesario. Estate quieta, si te la quitas te congelarás –le dije al ver que volvía a hacer un gesto para quitarse la prenda del cuello.

-De todos modos los cerré –añadió-. Y aún así estoy mareada.

-Lo siento –dije sintiéndome culpable-. La próxima vez iré más despacio, ¿de acuerdo? –estiré las manos para tomarla por los hombros.

-¿Qué hacemos aquí? –preguntó mirando a su alrededor por primera vez respirando con cierta regularidad.

-Nada en particular; sólo necesitaba alejar de mi mente los pensamientos que Jasper y Emmet tenían de ti –le sonreí-. Este lugar es tan bueno como cualquier otro; me gusta venir aquí a estar solo de vez en cuando… -ella asintió como si comprendiera mi necesidad de soledad y el hecho de que fuera ahí en lugar de ir a cualquier otro sitio. Su respiración se había regularizado pero su pecho aún subía y bajaba con cierta rapidez-. ¿Estás segura de que estás bien?

-Sí –afirmó con una media sonrisa-. Estoy bien. ¿Por qué?

-Porque quiero que estés perfecta cuando haga esto.

No le di ningún aviso más. Me cerní sobre ella, la arrinconé con suavidad contra el tronco del árbol en el que había estado apoyada y la besé con fuerza y suavidad no queriendo hacerle daño pero tampoco queriendo dejarla escapar de mi lado nunca. En los días que Bella llevaba viviendo con nosotros, desde el primer beso que habíamos compartido, me había resultado muy difícil mantenerme alejado de ella.

Moví mis labios sobre los suyos y una de mis manos pellizcó su cintura; cuando ella abrió la boca para quejarse con un gemido ahogado yo aproveché para meter mi lengua dentro de su boca y buscar su propia lengua saboreándola como si fuera el más delicioso de los manjares que jamás había probado siendo humano. Y en realidad lo era.

Noté las manos de ella enlazándose en mi camisa y sonreí dentro del beso cambiando el ángulo para profundizarlo más no teniendo suficiente de ella y deseando poder estar lo bastante cerca para fundirnos en un solo ser sin saber donde terminaba uno y empezaba el otro. Bella jadeaba cuando me aparté de ella y le sonreí haciendo que me devolviese la sonrisa.

-No tienes ni idea de lo que Emmet y Jasper estaban pensando en hacer contigo, cariño… -susurré mientras le acariciaba la mejilla con los nudillos de la mano cerrada-. Sólo con saber lo que estaban pensando hacía que yo tuviese ganas de desnudarte y follarte hasta que pidieras más y más gimiendo y retorciéndote bajo mi cuerpo hasta que cayeras en la inconsciencia y olvidaras tu propio nombre…

-Edward…

-Shhh…. No digo que vaya a hacerlo pero créeme, me muero por hacerlo –expliqué con una risa trémula-. No sé si deseo más tu sangre o tu cuerpo… -la besé en la frente-. Pero lo que tengo claro es que te deseo a ti. Podría pasarme horas y horas cont….

Me detuve en medio de la oración. Víktor. Podía leer su mente; estaba cerca de casa, demasiado cerca si era capaz de leer sus pensamientos. Dos mentes más iban con él, dos vampiros desconocidos, uno de ellos parecía ser un neófito por su constante pensamiento a saborear la sangre que le habían prometido, el otro era un vampiro joven, cuarenta o cincuenta años tal vez, demasiado ambicioso para ser consciente de donde se había metido y demasiado estúpido para saber que estaba cavando su propia tumba si de verdad creía que íbamos a dejarles hacer lo que estaban planeando. Fruncí el ceño. ¿Qué diablos podía haberle prometido James a Víktor para que este se arriesgara tanto para venir a buscar a Bella a nuestra casa? No conseguía leerlo en su mente pero estaba seguro de que debía de ser algo realmente importante para que se arriesgara a que le arrancáramos la cabeza, literalmente.

La pequeña mano de Bella se posó en mi brazo atrayendo mi atención. Busqué sus ojos y leí la preocupación en ellos.

-¿Qué pasa?

-Problemas –dije simplemente-. Sé que te he dicho que la siguiente vez íbamos a ir más despacio pero tenemos que llegar a casa inmediatamente –le dije.

-¿Qué ocurre, Edward?

-Estoy leyendo la mente de Víktor y dos vampiros más cerca de casa –le expliqué suspirando.

-Está bien –me respondió con una media sonrisa. La miré enarcando una ceja-. ¿De verdad crees que me gusta la idea de que estén allí solos?

Tuve que contenerme para no reír.

-Bella, eres consciente de que tenemos mucha más fuerza que los humanos y que aunque estén solos pueden arreglárselas bien ¿verdad? En realidad cualquiera de ellos podría arreglárselas perfectamente solos…

-Lo sé, pero sólo soy una chica humana preocupada –me sonrió antes de besarme en la mejilla-. Esta vez cerraré los ojos con más fuerza –me prometió.

Sonreí prometiéndome a mí mismo que iría un poco más despacio, lo justo para que no se tambaleara cuando llegáramos a casa. Me agaché frente a ella dándole la espalda y ella se subió dando un ligero saltito. Coloqué las manos aferrándome a sus piernas y noté su olor envolviéndome con sensualidad.

-¿Preparada?

-Cuando quieras –dijo con la voz un poco temblorosa.

-Cierra los ojos cariño –le aconsejé-. Volvemos a casa.

Era plenamente consciente del cuerpecito que estaba acurrucado sobre mi espalda mientras corría; sus manos estaban entrelazadas sobre mi garganta con sus brazos rodeándome el cuello y su cálido aliento atravesaba las capas de ropa que llevaba hasta clavarse en mi espalda, allí donde estaba apoyada su boca. Sabía que debía de tener cuidado por ella pero al mismo tiempo sabía que tenía que llegar a casa lo antes posible.

Confiaba plenamente en mis hermanos para mantener una pelea y ganar, desde luego, los tres nos habíamos enfrentado a nuestros propios demonios y en el caso de Jasper y el mío propio, aún seguíamos haciéndolo. Pero esta vez no se trataba de algo unipersonal, se trataba de algo relacionado con Bella. Víktor la quería. Víktor había ido con la intención de hacerles llegar a un trato para llevársela. Esta vez era una batalla que los tres tenían que librar porque Bella era de los tres, pesara a quien pesara y aunque no todos fuesen a estar de acuerdo, Bella les pertenecía desde el mismo momento en que había nacido. Bella era suya y siempre lo sería incluso si ella hubiese decidido no permanecer con ellos no habría cambiado nada; ella hubiese seguido siendo suya. De los tres. Tenía que llegar pronto; si atajaba por el río…

-Vamos a tomar un atajo cariño, agárrate fuerte.

No me contestó. Sus brazos se aferraron con más fuerza y su cuerpo pareció querer pertenecer al mío por el modo en que se apretó contra mi espalda. Tomé eso como una respuesta afirmativa a que me había escuchado y sonreí. Corrí hacia el río y salté al llegar al borde, escuchando el leve jadeo de Bella detrás de mí al notar que estábamos en el aire; secretamente esperé que algún día pudiese abrir los ojos para poder mostrarle la belleza de la velocidad tal y como la veía mis ojos.

Me detuve en seco al llegar al jardín trasero. Emmet y Jasper estaban en el porche en actitudes defensivas. Frente a ellos, Víktor estaba flanqueado por dos vampiros que no había visto nunca. Era fácil saber quien era el neófito y quien no pues el primero se giró hacia nosotros con avidez en cuanto el olor de la sangre de Bella lo golpeó. Gruñí y clavé mis ojos en él amenazantes. Víktor estiró una mano para sujetarle, consciente de mi presencia.

Me incliné hacia abajo y dejé que Bella dejara sus pies en el suelo, luego caminé hacia mis hermanos que no dejaban de mirar a los tres vampiros que estaban allí y que parecían dispuestos a enfrentarse con nosotros. Bella no se separó de mí.

-¿Estás bien? –pregunté sobre mi hombro.

-Sí. ¿Qué…

-No pasa nada cariño –le dije antes de mirar a Víktor-. No va a pasar nada –le aseguré-. ¿Estáis bien?

-Perfectamente –contestó Emmet por los dos-. Parece ser que Víktor quiere…

-Ya sé lo que quiere –gruñí mirando al vampiro-. Pero no va a ser posible.

-Oh, vamos, Edward… Sólo es una humana…

Jasper apretó la mandíbula antes de gruñir. Bella se sobresaltó ligeramente por el tono gutural pero no se movió.

-Entra en casa –dije sin apartar mis ojos de Víktor. No la escuché moverse. Giré mis ojos hacia ella brevemente. Estaba paralizada-. Bella por favor, entra en casa.

-Edward… -dijo entonces. Miré al acompañante de Víktor que permanecía a unos metros de él con los ojos inyectados en sangre fijos en la figura de Bella, agazapado a medias, cerca de la puerta, donde podría llegar en un segundo de un salto.

Jasper y Emmett dieron un paso hacia el lado de la puerta para mantener el camino tranquilo para ella.

-Cariño, entra en casa ¿de acuerdo? –intentó esta vez Emmet -. Escuches lo que escuches no salgas ni mires por la ventana –añadió cuando los pasos de ella ya se movían hacia las escaleras de la entrada-. Ni siquiera lo pienses –se movió con rapidez para quedar frente a la puerta tan pronto vio como el neófito había hecho un gesto para dirigirse hacia allí en busca de Bella-. Me encantará romperte el cuello si mueves un solo músculo –amenazó con los ojos fijos en él.

-Yo que tú no lo intentaría –masculló Jasper casi como por descuido-. Eres joven pero lo suficientemente mayor para saber quién soy y cómo puedes terminar muerto si haces algo que me disguste ¿verdad?

Ladeé la cabeza para mirar al otro vampiro que apretó los puños a los lados de sus caderas tras las palabras de Jasper, indicando así que lo conocía perfectamente y que sabía que Jasper no amenazaba en vano. Nunca.

Miré a Víktor.

-Será mejor que te los lleves de aquí si quieres que sigan vivos –le dije-. Y tú podrías seguir ese mismo consejo ¿sabes?

-Donovan y Stephen –señaló al neófito y al otro vampiro con la cabeza- sólo siguen órdenes y estoy seguro de que no os opondréis a ello ¿verdad?

-Ponnos a prueba –comentó Emmet distraído moviéndose hacia la derecha ligeramente-. ¿Voy a tener que matarte para que dejes de moverte? –Donovan dejó de moverse.

-¿Qué es lo que has venido a buscar, Víktor?

-Sólo quiero a la humana –dijo calmadamente el vampiro-. Es… realmente apetitosa ¿verdad? A Donovan le ha gustado su sangre en cuanto la ha olido… -sonrió con lascivia haciendo que Jasper gruñera más bajo y grave si es que eso era posible.

-Te lo dijimos en La Cueva, Bella está con nosotros y no vamos a dejar que te la lleves –Jasper chasqueó la lengua-. Al menos estando vivo. ¿Quieres intentarlo? Por favor, alégrame el día e inténtalo…

Sus colmillos reflejaron la luz del sol cuando abrió la boca deliberadamente para enseñárselos a los tres vampiros que parecían estar sopesando sus oportunidades. Sonreí. Donovan sólo pensaba en Bella y eso lo hacía descuidado, Stephen parecía decidido más bien a pelear con Jasper y Víktor sólo pensaba en cómo salir de allí con la chica sin tener que pelear contra nosotros. Me guardé la sonrisa. Idiotas…

-Si eso era todo será mejor que os marchéis –les aconsejó Jasper.

-No sin la humana –rugió Donovan.

-Eh, cálmate –le urgió Víktor-. Podemos llegar a un acuerdo –dijo mirándome.

-No hay ningún acuerdo posible tratándose de Bella. Se queda.

-James la reclamó como suya –gruñó entonces Stephen.

-Nuestra reclamación es más antigua que la de James –dijo Jasper-, y estoy seguro de que sabéis que no hay forma de que dejemos que vaya con vosotros. Es nuestra consorte –añadió.

Emmet y yo le miramos. Era peligroso declararlo. Pero era la única baza que teníamos para salir de aquel encuentro sin llegar a intentar matarnos entre nosotros. Debió de funcionar porque los ojos de Víktor cambiaron de forma visible y casi pude escuchar los engranajes de su cabeza girando para intentar obtener beneficios de esa nueva información.

-Vaya… eso cambia las cosas… -sonrió-. Supongo que por eso James la quiere tanto ¿verdad?

-Ignoro como funciona la mente de James –dije-. Procuro no meterme en lodazales –sonreí tenso-. Ahora que lo sabes supongo que entenderás por qué no podemos dejar que te lleves a Bella ¿verdad?

-Supongo que sí… -suspiró pesadamente-. Esto ha sido una contrariedad –sonrió felonamente-. Le llevaré las nuevas noticias a James, estoy seguro de que esperará deseoso… vuestra reclamación sobre la humana –sonrió sin apartar los ojos de los míos. Gruñí -. Donovan, Stephen, vamos.

Permanecimos unos minutos mirándolos mientras se marchaban sin perder nuestra posición defensiva hasta que estuvimos completamente seguros de que no iban a volver repentinamente. Sus mentes se alejaron de la mía lo suficiente para saber que Bella no estaba en peligro, al menos por el momento.

________________________________ Jasper ________________________________

-Tendremos que hacer algo –dijo Emmet mirando hacia el lugar por donde se habían marchado.

-Ya sabes que tenemos que hacer –apuntó Edward gruñendo-. Y no me hace gracia.

-A mí tampoco pero es la mejor forma. Tenemos que hablar con James –señalé-. Una vez sepa que Bella es nuestra consorte su reclamación sobre ella quedará invalidada pero él tiene que saberlo.

-Si estoy en una misma habitación con él y se le ocurre pensar en Bella de alguna forma no podré contenerme –aseguró Edward mirándonos-. No podré hacerlo Jasper.

-Lo harás –le contesté-. Lo harás porque no querrás que Bella te vea matar a nadie aunque sea al maldito hijo de puta de James, ¿entendido? Tenemos que ir los tres Edward, si no, la reclamación no será válida.

-No lo será de ningún modo a no ser que Aro esté presente –señaló Emmet-. Y eso tampoco me hace gracia.

Resoplé.

-Tenemos que hacer las cosas bien. No podemos perder a Bella. En cuanto anunciemos que ella es nuestra consorte la mayoría de los vampiros dejaran de perseguirla aunque James haya ofrecido algo muy importante por ella –señaló-. Pero tenemos que hacerlo bien.

Edward asintió seriamente. Le comprendía perfectamente, a mí tampoco me hacía ninguna gracia tener que hacerlo pero sabía que tenía razón. Suspiró y se encaminó hacia la puerta mientras farfullaba algo sobre intentar no perder el control estando en la misma habitación que James. Sonreí sabiendo que los tres teníamos el mismo pensamiento.

Bella nos estaba esperando ansiosamente. Sus ojos nos recorrieron de arriba abajo queriendo asegurarse de que estábamos bien. No pude evitar sonreí y en un gesto humano que había olvidado hacía tiempo, abrí los brazos para que ella se refugiara.

-¿Estáis bien? –preguntó.

Casi reí. Los vampiros habían ido a buscarla a ella y nos preguntaba si nosotros estábamos bien… ¿había acaso alguien sobre la faz de la tierra que pudiese llegar a ser tan dulce como nuestra chica?

-Estamos bien –le aseguré besándola en la cima de la cabeza.

Emmet la arrancó de mis brazos y la sostuvo contra él alzándola del suelo mientras la besaba en los labios.

-Perfectamente –contestó mientras la dejaba en el suelo.

Edward fue quien la abrazó suavemente esta vez mientras le acariciaba la mejilla antes de besarla sobre la frente.

-Siempre que tú estés bien nosotros también –respondió él con una media sonrisa-. Tú estás bien ¿verdad?

-Estoy bien –nos sonrió y su calidez me envolvió por completo-. Ahora sí –añadió sin perder la sonrisa ni un solo momento.

-Estás llena de tierra –señaló Emmet divertido mirándola de arriba abajo mientras estiraba la mano para retirarle una ramita de árbol que estaba enganchada en su cabello.

-Culpable –dijo Edward alzando su mano cuando Bella lo fulminó con la mirada.

-Subiré a darme una ducha –informó ella.

-¿Puedo subir contigo?

Bella se sonrojó cuando Emmet la miró enarcando ambas cejas. Por suerte Bella ya había vivido con nosotros lo suficiente para saber que las bromas de Emmet a veces tenían que ser ignoradas. La chica se limitó a mover la cabeza de forma negativa mientras subía las escaleras de forma descuidada.

Miré las escaleras unos segundos antes de girarme para encarar a Emmet y Edward que me miraban con ojos recelosos. La necesitaba.

-Ni hablar –dijo Edward antes de que abriese la boca-. No está preparada y no quiero que la asustes.

-¿Qué piensas que voy a hacer? –dije en voz baja y grave-. ¿Acaso crees que voy a saltar sobre ella para joderla y violarla?

-No lo sé Jasper, ¿vas a hacerlo?

-Eh, chicos, tranquilos –intervino Emmet entonces-. Jasper no va a hacerle daño y Edward lo sabe.

-Necesito estar con ella –aseguré a los dos sin hablar con ninguno en concreto-. He estado a punto de matar a esos hijos de puta y no lo he hecho para que Bella no tuviese que verlo, pero necesito estar con ella o voy a explotar…

-Lo sé –me interrumpió Edward-, pero eso no hace que sea más fácil –sonreí a medias-. Si dice "no" es no, ¿entendido?

-Jamás haría algo que no quisiera hacer –repliqué.

-Bella es completamente inocente Jasper, no sabe absolutamente nada de sexo y lo sabes perfectamente –intervino Emmet entonces-. Puede que no quiera hacer nada pero que crea que no tiene la oportunidad de negarse, ¿me entiendes?

Asentí. Les entendía más que perfectamente. Sabía que iba a tener que ir despacio con Bella, muy despacio en realidad si no quería que se asustara. Miré a Edward y negó con la cabeza.

-Intentaré bloquearte pero procura no ser demasiado… intenso… -me pidió-. No me gustaría tener que salir de casa ahora que Víktor y sus amigos han aparecido por aquí.

-A mí tampoco me gustaría –confesó Emmet-. Sería divertido pero seguramente acabaría haciéndole daño a alguien y Bella pensaría que puedo hacerle daño a ella también.

Solté una risita y ambos me miraron.

-¿Qué es tan divertido?

-El hecho de que seamos tres vampiros de más de cien años, que siempre hemos hecho lo que hemos querido sin darle explicaciones a nadie y que ahora estemos discutiendo cómo hacer las cosas para no asustar ni herir a una mujer –contesté esbozando una sonrisa y haciendo que ellos también sonriesen mientras empezaba a subir las escaleras detrás de ella.

Bella apenas había tenido tiempo de hacer nada cuando irrumpí en la habitación después de tocar un par de veces ligeramente. Estaba descalza y vestida sólo con la blusa que le cubría los muslos de las piernas desnudas. Se giró a medias al escuchar entrar a alguien y las manos que tenía en el frente, sobre el pecho, sosteniendo una toalla azulada se relajaron al darse cuenta de que era yo.

Suspiré. No había ninguna forma posible de decírselo sin hacer que sonara mejor de lo que iba a sonar.

-Necesito tener algún tipo de contacto sexual íntimo contigo –dije a bocajarro.

-¿Qué? –la toalla calló al suelo con un sonido sedoso. Escuché la risa de Emmet desde el piso inferior y cerré la puerta como si de ese modo pudiera poner alguna barrera entre sus oídos y lo que iba a ocurrir allí dentro.

-He dicho…

-Sé lo que has dicho pero no… creí que no… bueno… -carraspeó-. Creí que habíais dicho que íbamos a esp… -sonreí ante su titubeo. Era deliciosamente sexy verla divagar mientras decía cosas superpuestas sin sentido alguno y sin darse tiempo a terminar una oración antes de empezar la siguiente. Me acerqué hasta el sillón donde había estado recostada con el libro antes de que yo llegase y me arrodillé a su lado, coloqué los brazos en los reposabrazos del sillón y me incliné hacia delante para besarla con suavidad y lentitud en la boca deleitándome con su sabor… podría besarla durante horas y no cansarme nunca de su sabor. Bella me miró fijamente cuando me separé de ella, sus mejillas arreboladas, sus ojos abiertos y velados y su boca entreabierta y ligeramente rojiza-. No estoy… no sé si estoy… -carraspeó-… No estoy preparada para…

-Bella, no voy a follarte –le dije haciendo que se ruborizara-. Pero necesito estar contigo de alguna forma íntima porque estoy a punto de explotar. Si te sientes más segura, Edward y Emmet están ahí y entrarán en cuando susurres sus nombres –señalé con la cabeza la ventana.

-No estoy diciento que no confíe en ti –dijo ella en un medio susurro-. Pero no sé que…

-No voy a hacer nada, no vamos a hacer nada –me corregí incluyendo a mis hermanos-, al menos no hasta que te sientas cómoda y quieras hacerlo –le aseguré.

-Entonces, ¿qué…

-Shhhh… sólo… sólo necesito darte placer… necesito sentir como tiemblas entre mis brazos y como te corres para mí Bella… por favor… necesito saber que sigues con nosotros… Necesito saber que sigues conmigo…

-Jasper… -empezó a protestar ella.

-Te prometo que no haré nada que te asuste y si es así sólo tienes que decírmelo ¿de acuerdo?

-Emmet y Edward…

-Lo saben –le aseguré-. Y lo entienden… Yo… te lo explicaré algún día pero ahora necesito hacer esto cariño… por favor… por favor preciosa, deja que te de placer… deja que te haga gemir y vibrar hasta que la habitación se llené con el olor del sexo… por favor, cariño… -apenas le di tiempo a asentir cuando ya había atravesado la habitación hasta estar junto a ella-. Tranquila… no voy a hacerte daño, preciosa –le aseguré.

Bella consiguió de algún modo sonreír a medias.

-Sé que no vas a hacerme daño –dijo confiada-. Los chicos no lo permitirían –esbocé una sonrisa-. Pero no puedo evitar sentirme…

-Sé como te sientes… -susurré colocando mis manos en sus caderas desnudas y caminando hacia delante obligándola a caminar conmigo en dirección a la cama al tiempo que bajaba la cremallera de la sudadera que llevaba y apartándola de sus hombros dejé que ella se cayera sobre la cama vestida con un conjunto de ropa interior blanco que hizo que me recordase mentalmente que ella no estaba preparada para aquello que yo moría por hacer… aún no. -… créeme cariño… sé exactamente cómo te sientes… empático, ¿recuerdas?

-Jasper…

Acaricié su cuello antes de inclinarme a besarlo, a besarla… parecía que me faltaban manos para tocarla y labios para amarla y quería, deseaba que cada pequeño rincón de su piel estuviese bajo mi propio cuerpo.

-Ahora mismo te sientes nerviosa… -le susurré besándole el hombro y apartando con mis labios el tirante de su sujetador deslizándolo suavemente-… ¿verdad?

-Nerviosa… -susurró ella asintiendo con la cabeza-... Jasper no… nunca he…

-Shhhhh –la calmé-. Lo sé… tranquila cariño, no hay razón para que estés nerviosa ¿de acuerdo? –me bastó echar una simple mirada a su sujetador para saber que el broche era delantero. Sonreí internamente y le acaricie el pecho por encima de la tela del sujetador-… ahora estás excitada… ¿verdad?

Bella asintió a medias, incapaz de decir nada coherente. Sonreí y maniobrando con la mano desabroché el sujetador. Bella contuvo el aliento cuando escuchó el "clik" en la habitación y sus párpados se abrieron para mirarme con los ojos abiertos como si fuese un cervatillo asustado por las luces de un coche. Le sonreí tranquilamente y jugueteé con el trozo de piel que había estado guardando entre sus pechos. Ella jadeó.

-Tranquila cariño… no pasa nada…

Notaba como sus nervios daban paso a la lujuria y a la excitación, dejando a un lado lo sensual para ser una mujer completamente sexual y carnal. Sin apartar los ojos de los suyos retiré el sujetador a ambos lados de sus pechos, primero la copa izquierda y luego la derecha aprovechando la oportunidad para acariciar la piel recién expuesta antes de mirarla siquiera. Sus mejillas estaban tan rojas como dos manzanas. Sin apartarme de ella demasiado deslicé los tirantes del sujetador por sus brazos y lancé la prenda a un lado de la cama.

Bella hizo un gesto mezcla de vergüenza y timidez mientras gemía protestota mientras levantaba las manos para cubrirse pero no se lo permití.

-No hay nada que tengas que cubrir estando con nosotros Bella… -le dije dulcemente-… ¿puedo seguir?- Bella titubeó unos segundos para finalmente asentir con la cabeza. La besé en la punta de la nariz-. Bien… iremos despacio…

Mis ojos se centraron entonces en sus pechos expuestos a la luz de la tarde. Piel cremosa, senos deliciosos y pezones erguidos que evidenciaban su excitación de forma ostentosa.

-Preciosa… -dije mientras inclinaba la cabeza para besar uno de sus pezones y succionarlo con suavidad. Sonreí cuando de forma inconsciente ella arqueó la espalda para ofrecerme un mejor acceso. Su pezón rosado se volvió duro y rojizo en mi boca mientras que mi otra mano, la que no estaba aguantando mi peso para no aplastarla, jugueteaba con su otro pecho-… eres simplemente perfecta…

Se sonrojó y sus ojos oscuros se volvieron casi negros con el velo del deseo reflejado en ellos. La sentía. Sentía su excitación, sentía su lujuria, su deseo y su necesidad de liberación. Pero aún no. Quería verla moverse bajo mí, quería escucharla gemir, pedir y jadear como sólo una mujer satisfecha podía hacerlo.

-Jasper… por favor…

Una película de sudor caliente envolvía su cuerpo femenino y delicado. Abandoné su pecho para deslizarme hacia abajo, besando su vientre plano, acariciando sus caderas, sus curvas, disfrutando del camino de seda que mis manos recorrían. Me detuve al llegar al borde de sus bragas y la miré interrogante. Deseaba más que nada descubrirla por completo, quitarle la última prenda de ropa que la protegía del calor de la habitación y que la expondría totalmente a mis ojos, a mi vista, a mis sentidos. Pero quería que ella me dejase hacerlo, deseaba que ella me lo pidiese, que ella lo desease tanto o más de lo que yo mismo lo deseaba.

-¿Puedo quitarte esto? –pregunté burlón mientras deslizaba el borde de sus bragas por las caderas sin llegar a quitarlas-. ¿Mmmm? -insistí al escuchar como gemía-. ¿Eso es un sí?

-Jasper… -cuando Bella arqueó las caderas en silencio supe que eso era definitivamente una afirmación y sonreí mientras deslizaba la prenda interior a través de sus piernas hacia abajo apartándolas cuando llegaron a sus finos tobillos-… Jasper… quema…

-Lo sé… se pasará pronto cariño –le aseguré-. Haré que pase y tocarás el cielo con las puntas de los dedos –le prometí. Mi mano derecha subió por su pantorrilla, acarició suavemente la rodilla y subió por su pierna y muslo, jugueteando, hasta que se deslizó hacia la cara interna del muslo donde dejé un beso antes de alzar la mirada para verla-. Ahí vamos, preciosa…

Con suavidad, con lentitud, con toda la cortesía que podía demostrar en un momento como aquel busqué con el dedo la entrada a su sexo que ya estaba humedecido y resbaladizo; sonreí y me introduje entre los pliegues sensibles de su carne sintiendo como mi propia polla se tensaba cuando ella jadeó ante la intrusión.

-¡Jasper!

-Shhhh –la calmé una vez más-… está bien cielo… no pasa nada… no voy a hacerte nada… sólo quiero que sientas placer… sólo eso…

Es curioso pero apenas recuerdo lo que ocurrió entre ese primer contacto y el momento en que explotó en mi mano con un sonoro grito. Sólo recuerdo sensaciones… el sudor de su cuerpo, sus gemidos, el modo en que movía sus caderas, su voz llamándome, el aliento de su boca cuando la besé, el tacto de su piel cremosa, la gloriosa vista de sus pezones erguidos clamando atención, el modo en que su vagina se contraía con mis dedos dentro succionándolos y apretándolos como si quisiera que se quedasen allí para siempre.

Lo supe. Lo noté. Lo sentí. El momento exacto en que Bella culminó. Mi boca que había estado ocupada entre sus labios, cuello y pezones la abandonó para poder alzar la cabeza y mirarla sin dejar un solo segundo de hacer entrar y salir mis dedos de su cuerpo, de su sexo, de su interior. Quería verla cuando lo hiciese. Quería sentir lo que ella sentía. El calor, el sudor, los escalofríos, la electricidad, todo… absolutamente todo. Mis dedos se movieron dentro de ella y Bella jadeó en sorpresa al sentir que se avecinaba una gran ola de placer.

-Vamos cariño… puedes hacerlo…

Sus manos se cerraron en dos fuertes puños agarrando parte de la colcha que quedó atrapada entre sus dedos. Sus piernas se abrieron más de forma instintiva y la vista de su sexo quedó más expuesta si es que eso era posible. Suavidad. La habitación se llenó de su olor embriagante y supe que podría quedarme así durante horas únicamente dándole placer y sintiéndola vibrar entre mis brazos.

-Jasper… no puedo… ¡oh, dios!

Sonreí.

-Eso es cariño… salta… yo te sujeto preciosa… -para afirmar mis palabras, mientras mis dedos seguían moviéndose con deleite dentro de los pliegues de su carne, sujeté con mi otra mano su cintura mientras besaba su pecho blanco y suave-… No temas Bella… estoy aquí…

-¡Jasper! –se contorsionó mientas la sujetaba- ¡Oh, Dios, sí por favor, sí!

-Eso es cariño… -sus ojos se volvieron vidriosos y perdió el ritmo de la respiración durante unos segundos mientras sentía su orgasmo, su primer orgasmo llegar-. Deja que suceda, Bella… Está bien, no pasa nada… sólo déjate llevar y deja que ocurra…

Mis dedos encontraron el ritmo que sus caderas marcaban y sus gemidos mientras se mordía el labio inferior me resultaron estimulantes y deseables.

-Jasper… quema… ¡Dios!…. que bueno… por favor, Jasper, por favor…

Lo noté. Noté y sentí el preciso momento en que ella explotó entre mis brazos con mis dedos hundidos dentro de su sexo. Noté el calambre que me apretó los dedos dentro de ella, el gemido ahogado de placer y satisfacción, el inicio de sus convulsiones, el modo en que gritó mi nombre se clavó en mi alma si es que los vampiros teníamos alma. La observé y la sentí. Sentí todo lo que ella sintió, compartí sus emociones en el preciso momento en que explotó bañando mis dedos con el jugo de su sexo, de su interior, de su misma esencia. Y la vi. Miré su precioso rostro, sus mejillas sonrojadas, los párpados entornados, la boca de labios llenos y rojizos abierta a medias mientras intentaba respirar gimiendo al tiempo que apretaba la colcha entre sus dedos hasta que los nudillos de sus manos se pusieron blancos como la misma cera.

Gritó. De su garganta salió el más delicioso grito de puro éxtasis que sólo pudo ser comparado por el jugo de su propia esencia que regaron mis dedos. La besé con fuerza porque necesitaba hacerlo y absorbí parte de su grito con placer para evitar gritar yo también, completamente convencido de que más adelante esa noche iba a tomarme una ducha de agua helada muy larga. Emmet y Edward me acompañarían, desde luego.

Rompí el beso a regañadientes sabiendo que ella necesitaba respirar y recordándome a mí mismo que debía de tratarla con suavidad, habían sido demasiadas primeras veces para ella… había sido la primera vez que la desnudaban, que la veían desnuda, que chupaban sus pezones y jugaban con sus pecho, la primera vez que alguien la había masturbado, la primera vez que había alcanzado un orgasmo y la primera vez que había compartido algo tan íntimo con alguien.

-¿Estás bien?

Las convulsiones de su orgasmo habían desaparecido pero su cuerpo aún se estremecía y se notaba sensible cuando rozaba su piel con la mía. Asintió y le sonreí besándola en la frente sudorosa.

-Gracias… -susurré -. Gracias pequeña… no sabes… sólo gracias…

No podía decirle nada más. No había palabras en el mundo suficientes para agradecerle que me hubiese dejado hacerle aquello, que me hubiese dejado compartir sus sentimientos y emociones, que me hubiese dejado ser espectador del clímax que la había desbordado y la había dejado con el cuerpo tan relajado que incluso sus ojos se cerraban a pesar de sus esfuerzos para mantenerlos abiertos.

Me levanté y caminé hacia el cuarto de baño, tomé una toalla humedecida y regresé a la habitación donde una medio adormilada y avergonzada Bella me miró con ojos abiertos. Le sonreí tranquilamente y fingiendo una indiferencia que ni yo ni mi polla sentíamos, pasé la prenda humedecida por su cuerpo deteniéndome en su sexo que limpié y acaricié con suavidad no queriendo ser demasiado brusco. Luego dejé la toalla en el suelo y abrazándola, me tumbé a su lado en la cama envolviendo su cuerpo desnudo con mi propio cuerpo para evitar que pasase frío. Bella buscó el frío de mi cuerpo incluso a través de la ropa y se apoyó en mí dejando su mejilla descansar sobre mi pecho, el brazo que la rodeaba y la acercaba a mí la envolvió colocando mi mano sobre la curva de su cadera y estremeciéndome al notar el peso de sus pechos llenos sobre mi cuerpo. Sonreí al escucharla hablar.

-Fue un placer… -susurró con una media sonrisa.

La besé en la cima de la cabeza.

-Duerme un poco… -susurré-… te sentará bien cariño…

La había sentido vibrar, gemir, contonearse, pedir y rogar. La había sentido estremecerse, jadear y contener el aliento. La había sentido lujuriosa y sensualmente femenina. Y en aquellos momentos, cuando estaba completamente relajada, su cuerpo laxo junto al mío, su respiración de nuevo regulada y su aliento cálido golpeándome con suavidad, en aquellos momentos en que estaba durmiendo… era cuando la notaba más cerca de lo que sabía que la encontraría jamás.

Aquella noche, Edward dejó que yo velase su sueño. Fue la mejor noche de mi existencia hasta el momento.

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Buffff!!!! Que alguien ponga el aire acondicionado por favor, que calor hace en la sala!!! …. Ehmmmm ¿qué tal ha estado? La primera escena… eh… calentita del fic… ¿bien, mal, mejor dejo los lemons a un lado y me concentro en algo romántico?

Vosotros diréis, como siempre :D

Espero que haya sido de vuestro agrado y no os cuento lo que me ha costado escribir estas dieciséis páginas porque ha sido bastante fácil hacerlo :DD

Un besito para todos, que tengáis un excelente fin de semana y no olvideis que pasaré lista en el próximo capitulo :D

Un besito para todos, sed felices, nos leemos pronto!!