Hola a todos otra vez!!

Lo sé, lo sé… mucho tiempo sin subir un capítulo, pero no me regañeis, ya avisé de que el espacio entre capitulo y capítulo sería amplio. El día solo tiene veinticuatro horas y aunque adoro escribir para vosotros y recibir vuestros mensajes, en estos momentos tengo otras prioridades así que os sigo pidiendo un poquito de paciencia.

Quiero dedicar este capítulo a una buena amiga de la realidad virtual SL que se llama Becca Oberts y que siempre está ahí para mí cuando la necesito, sin importar la hora que sea. Gracias guapísima!

Gracias a todos los que me dejasteis reviews en mi último capítulo, y me alegro de que no pasarais frío con la lectura :p Vamos a pasar lista:

Paky, piola, inmans, adela, carmen, marisol, verito17, karina, tutzy cullen, roomi, sereniti84, anonimo=mary, velourya, .stewart, verónica, alcatraces, brinacullen, noms black, carol-cullen, cristal butterfly 92, tulip petals, mariana, crish, trinity17, bella masen, laabuela, erill cullen, cullen-21-gladys, n _n, nicole cullen, isis janet, maripassos, margara, terra2012, allysan, leyla (gracias por tu super review, me encanta que sean tan largos :DD), fati21, isitha, Ljoo, maryroxy, vico, kmylita, je_tatica, verodelprado, anit, culdrak, akhane, m-way, sara, a.m.o.r.e., diana 09, Julieta C, Cerafin, bellisxx, fya, 9879glumi, helena, cleo, blume, ohnya, sepapii, poly-uchiha- vivi2002, , jenicullen, maxa, eira, leyla, mariana, patty, mimesis, gibellu, blume, ileidan, 7, LII, lana, je_tatica, susana, ??, a.d. cullen, verónica, mariana

Espero que el capítulo sea de vuestro agrado, un besito, nos leemos abajo!


Vampiros y humanos conviven en un mismo mundo siendo conscientes los unos de la existencia de los otros. Pero cuando un vampiro se obsesiona con un humano, éste sólo tiene dos salidas: rendirse al vampiro o buscar un protector. Una vez cada doscientos años se produce un hecho insólito y un humano es reclamado para ser el consorte de tres vampiros poderosos. ¿Qué pasa entonces?


Capítulo VII. Compartiendo el tiempo.

Bostecé por cuarta vez consecutiva mientras me miraba en el espejo empañado del cuarto de baño e intentaba mantener los ojos abiertos el tiempo suficiente para peinarme correctamente con una coleta alta. Entrecerré los ojos para mirar la hora del reloj. Las cuatro y media de la mañana. Estaba a punto de refunfuñar sobre estúpidos vampiros que quieren tener citas a horas intempestivas cuando me giré y vi el bote de champú nuevo sobre la repisa junto a la ducha que había usado; alguno de los chicos se había dado cuenta de que me había quedado sin él y cuando me había levantado hacía poco para ducharme me encontré con el bote de champú de fresas y flores esperándome. Un gesto muy dulce pero que sin embargo no compensaba el tener que levantarme tan temprano.

Suspiré mientras terminaba de vestirme y salía del cuarto de baño mientras pensaba que así había sido los últimos días. Los chicos no la dejaban ni un solo segundo a solas y cuando no estaba con uno estaba con otro… Formaba parte del plan al que ellos habían bautizado con el nombre de "conocernos mutuamente" y que había dado inicio la mañana siguiente de que Jasper me hubiese… bueno… cuando Jasper me había… Me enfadé conmigo misma al ser incapaz de decir esa palabra incluso estando sola y fulminé la cama como si ella tuviese la culpa de que Jasper me hubiese masturbado hacía tres noches haciendo que me corriese de placer, la misma cama en la que me había encontrado a los tres vampiros cuando después de haberme despertado sola sin rastro de Jasper a mi lado, y haberme metido en el baño a por una ducha rápida mientras intentaba no avergonzarme demasiado con lo que había pasado y con lo que me había dejado hacer, me esperaban con un desayuno.

(flashback)

Después de la ducha seguía sintiendo su tacto sobre mi piel, mis pezones seguían sensibles y se me humedecía el sexo cuando pensaba en lo que había ocurrido. Jasper no había estado en la cama cuando me había despertado y la sensación de angustia al creer que él pudiese pensar lo peor de mí seguía atenazando mi estómago incluso después de haber dejado que el agua caliente resbalara por mi cuerpo. Suspiré pesadamente mientras apoyaba la frente en la puerta aún cerrada del baño mientras me daba cuenta de que no era sólo lo que Jasper pensara de mí lo que me estaba reconcomiendo el estómago, sino también lo que podrían pensar Emmett y Edward. Ellos no habían estado en la habitación pero lo habían dejado claro; en cierto modo, estaban conectados… y yo no iba a saber cómo actuar con él ni con ninguno de los otros dos. ¿Debía darle las gracias o tal vez hacerme la modosita y hacerle prometer que no volvería a tocarme? No podía hacer eso porque lo cierto era que estaba deseando que me tocase otra vez y no sólo él, también quería sentir las manos y los labios de Edward sobre mi cuerpo y la lengua y las caricias de Emmett sobre mis pechos.

Me estremecí al imaginar lo que podría ser sentir a uno de ellos completamente dentro de mí. Era virgen pero no idiota ni estaba muerta así que tenía curiosidad por el sexo que nunca había experimentado… pero los tres chicos que tenía en algún lugar de aquella casa hacía que tuviese ganas de experimentarlo profundamente y en todas sus fases, de forma lenta y cautivadora hasta conocer todos los secretos del mundo sexual.

Tenía que enfrentarme a ellos. Suspiré mientras abría la puerta con el firme pensamiento de que al menos tenía tiempo de vestirme para poder enfrentarme a ellos a sus miradas de jueces antes de encontrarlos. Mi pensamiento se fue a pique cuando los vi allí. En la cama. En mi cama. Los tres.

Emmet estaba recostado en la cama con su ancha espalda apoyaba en el cabecero, los brazos cruzados tras la cabeza y las piernas extendidas en toda su longitud hasta que cruzaba los pies, descalzos, a la altura de los tobillos. En el otro extremo de la cama, dejando un hueco en medio, Edward estaba sentado con una pierna doblada bajo su trasero y la otra colgando por fuera del lecho hasta tocar el suelo. A los pies de la cama, tumbado a lo ancho y de medio lado mirando a sus hermanos, Jasper estaba con el ceño fruncido, una mueca bastante contraria a la que tenían sus hermanos que parecían estar debatiéndose si debían de parecer divertidos ante aquella situación o si debían de fruncir el ceño mientras sus ojos brillaban con algo que no supe reconocer. Tan pronto como entré en la habitación me encontré siendo el centro de atención de los tres que cambiaron sus expresiones por dulces y comprensivas sonrisas como si fuesen capaces de saber cómo me estaba sintiendo en aquel momento y al menos uno de ellos, lo sabía perfectamente.

-Ven aquí –insistió Emmet que era el que estaba más cerca de mí. Caminé hasta la cama despacio, descalza y completamente consciente de que mi pantalón corto y la vieja camiseta que usaba para dormir no cubría demasiado de mi cuerpo. Noté calor cuando sentí la mirada de Jasper recorriéndome como si de algún modo estuviese recordando lo que había ocurrido.

-Jasper, para –le ordenó Edward apretando los dientes-. Imágenes demasiado vívidas.

Me ruboricé al imaginarme qué diablos estaba viendo Edward en la mente de Jasper para tener que pedirle que dejase de pensar en ello-. ¿Estás bien?

-Sí… -susurré.

-¿Notas alguna molestia o…

Interrumpí a Emmet negando con la cabeza. Jasper resopló.

-Ya os dije que tuve cuidado –me miró-. No te hice daño ¿verdad?

Le miré. ¿Se había vuelto loco? Daño era lo último que me había hecho. Había hecho que explotase y que entendiese a qué se refería la gente con la expresión "tocar el cielo con la punta de los dedos". Le sonreí con vergüenza.

-No, no me hiciste daño… -corroboré.

Durante el siguiente segundo, consciente de que me estaba alejando de ellos apenas sin darme cuenta, Emmet estiró los brazos, me sujetó de la cintura y con la facilidad de quien levanta una mariposa, el vampiro me colocó en la cama, en medio de él y Edward y bajo la atenta mirada de Jasper que parecía estar decidido a saber si estaba dañada de alguna manera o permanecía tan entera como siempre. Le sonreí a medias.

-¿Tienes hambre? –ofreció Edward señalando la mesita de luz donde había una bandeja-. Te hemos traído el desayuno.

-No tengo apetito –dije. Los tres vampiros fruncieron el ceño.

-Deberías de comer más –dijo Edward.

-Vas a quedarte en los huesos –añadió Jasper.

-Y queremos que tengas suficiente energía cuando tú estés preparada para dejar que alguno de nosotros te foll… –se interrumpió ante el gruñido gutural de la garganta de Edward y Jasper-. Perdón, quería decir cuando estés preparada para mantener contacto físico con alguno de nosotros.

Tras esta declaración se produjo un silencio en el que ninguno dijo nada.

-Siento haber hecho lo que hice anoche –dijo Jasper entonces tras el incómodo silencio-. Necesitaba asegurarme de que estabas bien y necesitaba algo a lo que aferrarme para no volverme loco…

Parpadeé.

-Estuvo a punto de matar a Víktor –añadió Edward-. Si no hubieses aceptado que… bueno… que mantuviese cierto nivel de relaciones sexuales contigo seguramente habría acabado volviéndose loco y le habría matado –le miré sin comprender del todo-. Víktor estaba en la Cueva y si Jasper hubiese ido tras él para matarle…

-Los vampiros te habrían matado a ti por las reglas de la Cueva –miré a Jasper al hablar consciente de lo que había estado a punto de ocurrir-. Diablos… ¿por qué no me lo dijiste?

Jasper se encogió de hombros.

-No tuve la necesidad de hacerlo –me sonrió-. Fuiste generosa conmigo e hiciste que me sintiera mejor… No sé si te lo dije anoche pero gracias, cariño. Sólo de pensar lo que podría haber…

-No habrían podido contigo –farfulló Emmet frunciendo el ceño-, pero me alegro de que no tuvieses que comprobarlo.

-No pienses en ello –le recomendé a Jasper-. Acepté y eso es lo único que importa.

-No es cierto –replicó Edward-. Lo que importa es que aún nos tienes miedo –abrí la boca para replicar pero su ceja enarcada me indicó que si rebatía aquel punto que él sabía que era cierto, tenía cientos de argumentos para demostrarme que en aquel momento yo les estaba mintiendo completamente-. No a nosotros si no al modo en que podemos reaccionar si estás besando a uno y otro entra por la puerta o si uno quiere acariciarte y otro lo sabe.

-Bella –dijo entonces Jasper-, nosotros sabemos que no vamos a enfadarnos ni a gritarte ni mucho menos a hacer que te sientas violenta cuando pases un rato con alguno de nosotros, pero tú no lo sabes porque no nos conoces aún. Así que vamos a cambiar eso.

-¿Vamos a cambiar eso? –pregunté.

-Exacto –sonrió Emmet-. Vamos a conocernos –sentenció divertido-. Dividiremos el día en partes y pasarás un rato cada día con uno de nosotros hasta que nos conozcas de forma individual y aprendas a no tener miedo de nosotros ni de nuestras reacciones, ¿no te parece una excelente idea?

(fin flashback)

Así que así había sido. Pasaba parte del día con Edward, con Jasper y con Emmet por separado, a veces con los tres juntos pero unos minutos después de estar todos reunidos alguno anunciaba que era su tiempo y me raptaban literalmente de las manos de los otros dos. Había estado sentada en el sofá viendo simplemente como Edward componía en el piano sus canciones, jugando al ajedrez con Jasper o intentando que Emmet me explicara las reglas del fútbol americano unos minutos antes de enzarzarnos en un minipartido que siempre terminaba conmigo en el suelo siendo besada de alguna manera por él que me había hecho un placaje procurando rodearme con las manos y brazos para que no me hiciese daño al caer.

Y aunque eso me había parecido una estupidez en un principio empezaba a darme cuenta de que funcionaba. Ya no les tenía miedo; incluso me había atrevido a besar a Edward una mañana con un sorprendido Jasper sentado a escasos metros de nosotros y en otra ocasión me había sentado en el regazo de Emmet para ver la televisión en lugar de ocupar mi lugar en el sofá entre él y Edward. Les estaba conociendo, nos estábamos conociendo y cada segundo que pasaba con ellos me daba cuenta de lo fácil que sería amarles sin reprocharme a cada minuto mi deseo por los tres.

Tan pensativa estaba con todo ello que cuando estaba a mitad de las escaleras me tropecé y sabiendo que no había forma humana de parar la caída que seguramente me llevaría al hospital, cerré los ojos fuertemente. Pero no me caí. Me encontré con un par de brazos masculinos rodeando mi cintura con firmeza a media escaleras. Viento. Sonreí. Sólo Edward podía ser capaz de oler como el viento. Abrí los ojos a medias y me lo encontré sonriendo.

-Gracias –le sonreí apoyada en sus hombros. Edward me devolvió la sonrisa y cuando un brillo travieso apareció en sus ojos supongo que debería de haberme dado cuenta que estaba tramando algo. Cuando mis pies dejaron de tocar el suelo y me vi impulsada en sus brazos y contra su pecho mis manos se aferraron más a sus hombros haciéndole reír -¡Edward!

-No queremos tener más accidentes ¿verdad? –preguntó inocentemente mientras bajaba las escaleras conmigo en brazos.

-Puedo llegar al piso de abajo sin caerme, muchas gracias –le respondí ácida. Edward suspiró y rió entre dientes -¿Qué?

-Bella, cariño, acabas de afirmar que puedes bajar sin caerte y acabo de impedir que cayeras rodando, ¿crees que es muy lógico que defiendas tu gracilidad al andar?

-No me pasaría si cierto vampiro –lo fulminé con la mirada a pesar de que me estaba sonriendo de forma condescendiente- no me obligase a despertarme a estas horas ¡Seguro que las calles aún no están puestas!

Supongo que debió de notar que después de contestarle, mi cuerpo se había puesto rígido y tenso y que en realidad no estaba disfrutando con sus bromas y sonrisas porque se detuvo cuando llegó a la cocina y sentándome sobre la isleta de la sala colocó sus manos a ambos lados de mis piernas, apoyadas firmemente sobre la superficie antes de inclinarse sobre mi rostro para hablarme.

-Isabella Swan, eres torpe –afirmó. Abrí la boca para defenderme pero él se me adelantó-. Lo eres. Te tropiezas con las sillas, Jasper se pasa medio día recolocando las sillas y mesas para que no choques con ellas, Emmett se pasa las noches revisando espejos, vasos y platos para asegurarse de que no hay peligro de que cuando abras un armario algo te corte y yo no duermo porque me preocupa que puedas dar vueltas en la cama y termines en el suelo hiriéndote a ti misma.

-Bueno, siento ser tan molesta, no sabía que os daba tanto trabajo –comenté ácida.

-Bella…-Edward soltó un suspiro pesado-. No nos molestas en absoluto. Nos gusta que seas torpe –le miré incrédula-. Nos gusta tener que cuidarte, vigilar las esquinas de los armarios, que los espejos estén bien sujetos a las paredes, que la alfombrilla de la ducha sea antiresbalante y que tengas una alfombra sobre el suelo de baldosas cuando sales de la bañera; nos gusta reír entre dientes mientras recolocamos las sillas y nos gusta dormir en tu habitación, en tu cama, a tu lado para asegurarnos de que no vas a dar una vuelta tonta para terminar en el suelo y yo personalmente disfruto mucho teniendo que rescatarte de las escaleras –me besó en la frente con suavidad-. Así que no eres una molestia, preciosa. Nos gusta que seas torpe….

-¿De verdad? –me mordí el labio indecisa y él rió con suavidad.

-Oh, sí, te lo aseguro –me respondió divertido inclinándose hacia delante y besándome en los labios con tanta suavidad que apenas lo sentí-. Te doy mi palabra de vampiro –bromeó besándome de nuevo esta vez de forma más intensa y enviándome pequeñas corrientes eléctricas por todo el cuerpo y logrando que el vello de mi nuca se erizara.

-Brindaría por eso si pudiese beber alcohol –dijo la atronadora voz de Emmet entrando en la cocina-. Siempre he dicho que Edward debería de haber sido abogado, maneja muy bien las palabras ¿verdad? –añadió mirando a Jasper que entraba tras él riendo entre dientes.

-Verdad –palmeó a Edward en el hombro-. Lo siento, intenté contenerle pero ya sabes que disfruta molestando los momentos perfectos de los demás –reí ante la mueca de inocencia de Emmett como si acabasen de decir algo horrible sobre él-. Buenos días ¿dormiste bien? –preguntó besándome en la mejilla.

-Perfectamente –aseguré recibiendo su beso encantada un segundo antes de que Emmett me levantase de la encimera y me apretase contra él para besarme levemente en los labios a modo de saludo.

-¿Ves? Edward es vampiro de palabras, yo lo soy de acción –me guiñó un ojo antes de volver a dejarme sobre la encimera-. Ahora es toda tuya hermanito –sentenció.

-Por cierto ¿dónde vamos? –pregunté cruzando las piernas a la altura del tobillo y moviéndome rítmicamente como si fuese una niña pequeña.

-Es una sorpresa –me contestó Edward.

-Odio las sorpresas –dije de forma automática. Los tres vampiros se rieron y fruncí el ceño; ellos sabían perfectamente que las odiaba-. Ya lo sabes.

-Esta te gustará –me dijo dulcemente acariciándome la mejilla-. Te lo prometo.

Suspiré derrotada. Únicamente viendo su sonrisa y su mirada supe que no iba a tener corazón ni fuerza suficiente para decirle que no estaba tan segura de que me fuese a gustar algo que llevaba años sin gustarme. Asentí.

-Está bien, pero más vale que sea buena –añadí con falso tono de enfado.

Edward me sonrió, se inclinó y me besó en los labios con suavidad haciendo que me ruborizase y consiguiendo que Emmet y Jasper riesen. Bajé la cabeza avergonzada pero Edward me la sostuvo alta colocando sus elegantes dedos bajo mi barbilla.

-Nos gusta que te sonrojes –me dijo-. Es… dulce –añadió-… y fascinante –me besó de nuevo y ladeó la cabeza observándome-. Y hace que tus ojos brillen.

Antes de poder contestar a eso, Edward me besó para que me callase, me alzó de la encimera y, conmigo en brazos e ignorando las voces de Emmet y Jasper que divertidos me deseaban que pasase una buena mañana y que disfrutara de mi sorpresa, me sacó de casa. Yo tenía razón. Aún era de noche. Suspiré y me resigné mientras Edward me metía en su Volvo. Al menos podría intentar convencerle para que me dejase dormir hasta que llegásemos a nuestro destino, fuese cual fuese.

__________________________________ Edward ____________________________

Sabía que escucharla hablar en sueños era lo más cercano que iba a estar a poder entrar en su mente y saber sus pensamientos. Era fascinante el modo en que su voz susurraba palabras incoherentes e hilaba frases y oraciones sin sentido que me hacían sonreír. Se había quedado dormida después de estar plenamente convencida de que no iba a revelarle dónde íbamos. Estaba recostada en el asiento con las piernas encogidas y apoyadas en el extremo del mismo, con la cabeza ladeada hacia la ventana donde había colocado mi chaqueta para que no se hiciera daño en el brazo que estaba usando hasta ese momento de almohada, el cabello le caía sedoso y en bucles sobre los hombros, su respiración era regular y sus labios se movían de vez en cuando para revelar sonrisas somnolientas y suaves suspiros cuando no mencionaba en un susurro el nombre de alguno de nosotros. La miré unos segundos antes de decidirme si la despertaba o no y justo después de que susurrara mi nombre con una sonrisa en los labios decidí que podía darle unos minutos más de sueño.

No me extrañaba que Jasper no hubiese podido contener todo lo que había sentido cuando había estado con ella. Todo lo que Emmet y yo habíamos compartido había sido frustración sexual. Sólo eso. Pura y auténtica frustración sexual. Y aunque ambos habíamos intentado quedarnos en casa nos había resultado imposible. Los susurros de Bella eran demasiado audibles para nosotros y, particularmente, el hecho de que Jasper no hiciera más que enviarme sin darse cuenta escenas vívidas de todo lo que estaba haciendo con Bella, no me había ayudado demasiado. Lo habíamos sentido todo. Cada gemido, cada sensación, cada electrificación, cada caricia… todo. Y como si eso hubiese sido poca tortura yo además había tenido que verlo. Jasper había intentado bloquear su mente, yo había intentado bloquear mi mente pero no había habido remedio; las sensaciones habían sido demasiado intensas y tan vívidas que había sido como si hubiese estado en aquella habitación con ellos.

El resultado había sido que tanto Emmet como yo habíamos ido de caza, sin alejarnos demasiado de casa, sólo lo justo para poder intentar mantener nuestra cordura antes de que ambos nos rindiésemos ante la tentación de unirnos a lo que fuese que pasaba en aquella habitación y consiguiese hacer a Bella gemir de aquella forma. Y aunque nos habíamos abandonado a nuestros instintos más básicos, aunque habíamos estado cazando durante un par de horas, a pesar de los tres alces que Emmet había matado y devorado y los tres pumas que yo había disfrutado, a pesar de ello, cuando habíamos vuelto a casa seguíamos tan frustrados sexualmente como antes, deseosos de meternos en la cama con Bella y follarla hasta la inconsciencia.

Sacudí la cabeza para apartar esos pensamientos de mi mente. Bella no me necesitaba caliente, Bella me necesitaba firme y controlado. Ella no debía temerme y yo no deseaba que me temiese, en ningún sentido. Acaricié su rostro con suavidad y mis manos heladas debieron de contrastar con sus mejillas calientes porque se retorció un poco. Sonreí y la sacudí por el hombro mientras me inclinaba sobre ella, sorteando los obstáculos del coche, y la besaba en la frente.

-Bella, cariño, despierta…

Sus ojos marrones aún borrosos por el sueño me miraron fijamente y le sonreí para indicarle que todo estaba bien. Y así era. Había escaneado los alrededores y no había ningún tipo de peligro cerca de nosotros. Bella parpadeó y se estiró ligeramente antes de que yo pudiese besarla en los labios.

Sólo iba a ser un beso suave, inocente y superficial. Eso era lo que pretendía que fuese al menos. No lo conseguí. En cuanto probé sus labios rojizos y suaves no pude contenerme y atrapando su rostro con mis manos, ignoré el estremecimiento de ella ante mi contacto frío y profundicé el beso con gran placer mordiendo su labio inferior para que abriese la boca y cuando Bella lo hizo introduje mi lengua en su boca buscando la suya propia para acariciarla y sentirla dentro de mí. Bella era pura pasión.

Era virgen. Era pura. Era inocente. Pero era pura pasión. Instintiva. Hay mujeres que son así; acceden a las inhibiciones de su cuerpo y buscan su propio placer sin importarles demasiado lo que opinen de ellas. Bella era así, al menos a medias. De momento estábamos consiguiendo que aceptase que la lujuria que nosotros sentíamos por ella también era la que ella sentía por nosotros; aún estábamos trabajando en el aspecto de hacer que no se sintiera mal por ser deseada por tres vampiros y por desear ella misma a tres vampiros.

Si aquella era su habitual reacción a un beso, y eso era lo que parecía, estaba deseando saber cómo reaccionaría cuando estuviese desnuda en la cama, sobre sábanas de seda, con el cabello suelto y revuelto sobre la almohada, con su cuerpo cremoso sudando y corveando bajo el mío, sus pechos erguidos, sus pezones duros como guijarros y su sexo completamente húmedo y resbaladizo como el fondo de un lago. Gemí dentro del beso cuando noté que mi polla saltaba ante ese simple pensamiento y conté mentalmente hasta cien mientras rompía el beso despacio. Ella me miró confusa y le sonreí para indicarle que todo estaba bien.

-Hemos llegado a tu sorpresa –le dije.

-¿Hay algo más a parte de este beso? –preguntó medio dormida bromeando.

-Me encantas cuando estás recién despierta, aún no controlas completamente lo que dices y es muy refrescante la verdad –le contesté besándola en la punta de la nariz pequeña-. Espera hasta que te abra la puerta.

Salí del coche y lo rodeé abriéndolo para ella y ayudándola a salir sosteniendo su cintura cuando estuvo a punto de caerse. La miré divertido.

-Tengo las piernas dormidas –se defendió.

-No lo dudo –contesté risueño.

Ella me golpeó el pecho mientras giraba intentando saber donde estábamos. Sus ojos se abrieron como platos y su voz sonó incrédula cuando vio dónde había aparcado.

-¿Una librería? –preguntó Bella mirando el edificio-. ¡Una librería! –exclamó- ¿Has hecho que me levante a las cuatro de la mañana para traerme a una librería?

-No exactamente –coloqué mi mano en la parte baja de su espalda y la guíe hacia el callejón que había tras la librería-. Te he traído al mercadillo de libros de una librería.

Los diferentes puestos y paradetas ya habían sido colocadas a lo largo del callejón que conducía hacia una de las pequeñas plazas de allí. Había poca gente observando los puestos pero era algo habitual teniendo en cuenta la hora que era. Bella me miró interrogante.

-Una vez al mes se celebra este mercadillo de libros. Hay grandes ejemplares que jamás encontrarías en librerías y pensé que quizá te gustaría echar un vistazo. He visto como devoras los libros de nuestra biblioteca y pensé que tal vez podríamos encontrar algunos ejemplares para ampliarla y dado que tú eres la que lee tanto o más que yo, pensé que… -me interrumpí. Bella no había dicho nada. Se había quedado quieta mirando a su alrededor, observando las paradas y las diferentes personas que los regían mientras amontonaban libros y más libros sobre mesas expuestas y colocaban cartelitos anunciando descuentos, oportunidades o exclusivas. Suspiré; no era esa la reacción que había esperado-. En momentos así es cuando me gustaría poder leerte la mente –maldije mientras me insultaba mentalmente a mí mismo-. Podemos ir a otro sitio si no qu…

-¿Estás bromeando? –Bella se giró hacia mí con una gran sonrisa en el rostro que iluminaba sus ojos-. ¡Me encanta! –exclamó antes de ponerse de puntillas para rodearme el cuello con los brazos y darme un beso en la boca que hizo que me replanteara el permanecer allí o llevarla de vuelta al coche o a cualquier otro rincón donde fuese posible hacer lo que quería hacer con ella.

Pero antes de que tuviese tiempo de proponerle algo, Bella ya había desaparecido de mis brazos y corría entusiasmada a mirar la primera parada de libros con sus ojos ávidos de deseo, completamente abstraída del mundo que la rodeaba. La seguí con paso tranquilo, permaneciendo apartado de ella salvo en ocasiones contadas en las que sentía la necesidad de acariciarle el cuello, besarle la nuca o rozar mi mano con la suya, ocasiones que, desde luego, no hicieron que ella se sintiera menos inclinada a seguir mirando libros. La seguí. Patético. Un vampiro de más de cien años siguiendo a una humana sin otra intención que la de protegerla y ver como su sonrisa se ampliaba cada vez que describía un nuevo libro extravagante, raro o difícil de encontrar. No me importaba ser un vampiro patético si podía seguir viéndola sonreír de ese modo.

Mientras Bella estaba ocupada en uno de los puestos hablando con la mujer que lo dirigía y con quien parecía haber entablado una conversación más o menos amistosa, pude leer la mente de alguien. Mis ojos se giraron rápidamente para descubrir a un humano de unos cuarenta y cinco años, vestido ricamente contraje y corbata que no dejaba de sonreír y relamerse los labios mientras miraba lascivamente a Bella. Gruñí a medias mientras le miraba fijamente pero al parecer el hombre no había captado mi advertencia porque siguió mirando a Bella y no contento con eso, sus pensamientos se volvieron demasiado calientes mientras ladeaba la cabeza como si estuviese evaluando los hombros, espalda, trasero y piernas de Bella que permanecía ajena a ello. Cuando el estúpido humano tuvo pensamientos de follar a Bella allí mismo sobre una montaña de libros, además de asqueroso me pareció demasiado imaginativo así que caminé hacia él airadamente y en menos de un segundo lo tenía contra la pared sujetándolo por las solapas de su traje. Sus ojos se centraron en mí en lugar de en Bella y sonreí.

-Necesitarías mucho más que un montón de libros para que mi chica –enfaticé el posesivo-, quisiera tener algo contigo, bastardo –le gruñí-. Será mejor que te largues de aquí y que te mantengas alejado de ella incluso en tus pensamientos –le empujé contra la pared-. ¿He sido claro?

-Oh, Dios mío… -la escuché murmurar.

Giré mi atención hacia ella temiendo que me hubiese visto, dispuesto a pedirle disculpas por comportarme de aquella forma, en lugar de seguir escuchando los comentarios que aquel hombre estaba teniendo sobre ella. Sus labios estaban entreabiertos, sus ojos abiertos, y una expresión de incredulidad se dibujaba en su rostro. Solté al hombre y le miré sonriendo de forma amenazadora dejando que mis colmillos relucieran levemente. El humano tragó saliva como si fuera consciente de repente del hecho de quién era yo, de qué era yo. Pidió disculpas sin saber por qué y se marchó atropelladamente trastabillando con las piedras de la calle. Bella ni siquiera se había dado cuenta de lo que había estado a punto de provocar sin querer. Sacudí la cabeza con una media sonrisa y fui hasta ella rodeando su cintura con mis brazos y envolviéndola con suavidad tanto para asegurarme de que estaba bien como para que los demás humanos pudiesen estar seguros de que ella estaba conmigo y que destrozaría a cualquiera que intentara algo con ella.

-¿Qué es eso? –le pregunté asomando mi cabeza por encima de la suya.

-Una primera edición… -sostenía el libro casi con reverencia-. Es una primera edición de "Orgullo y prejuicio"… -sonreía como una niña antes de la mañana de Navidad-. No puedo creer que haya encontrado esto, ¿sabes qué es esto?

Reí entre dientes y la besé en la cabeza.

-Sí, sé lo que es –le contesté. Miré a la mujer que atendía el puesto y que parecía encantada con Bella-. ¿Cuánto cuesta?

-Doscientos setenta y cinco dólares –contestó ella. Bella se congeló. Noté como se tensaba y como gemía de forma imperceptible ante el precio.

-Nos lo llevamos –dije-. Y si tiene cualquier otra primera edición de Jane Austen me gustaría echarles un vistazo por favor.

Conté mentalmente hasta tres, la mujer se dirigió hacia una de las esquinas de la mesa y Bella se giró entre mis brazos para fulminarme con la mirada.

-No puedes gastar doscientos setenta y cinco dólares en un libro Edward.

-Sí puedo –la besé-. Vale mucho más y los dos lo sabemos.

-Yo no puedo pagar esa cantidad por un libro, por mucho que me guste –añadió mirando el libro que mantenía entre sus manos como si fuese un escudo entre mi pecho y su cuerpo.

-Yo lo voy a pagar –Bella abrió la boca-. Cariño, quiero agrandar la colección de la biblioteca y esta joya no puedo dejarla abandonaba aquí –dije fingiendo una excusa muy plausible.

El deseo de Bella por tener ese libro era tal que ni siquiera protestó. En lugar de eso, frunció el ceño un par de segundos; el tiempo en que tardó la mujer en regresar con cinco libros más en sus manos, dos de Austen, uno de Shakespeare y dos de Dickens. Todos ellos primeras ediciones. Luego su ceño se esfumó y una sonrisa adornó su rostro. Sonrisa que no perdió en toda la mañana y que siguió en su cara mientras conducíamos de regreso a casa, ella enfrascada ya en uno de los libros.

________________________________ Emmet _______________________________

Un par de chicas pasaron por nuestro lado y me miraron de forma coqueta haciendo batir sus pestañas y soltando risitas estúpidas para atraer mi atención; con caballerosidad les sonreí e incliné la cabeza para reconocer su presencia pero sus risas dejaron de escucharse para fulminar a Bella con la mirada al darse cuenta de que tenía mi mano entrelazada con la de ella. Entonces sus miradas cambiaron y fulminaron a Bella que se limitó a rodar los ojos de forma exasperada.

-Lo siento por eso –me disculpé mientras la guiaba al interior del local.

-No tienes la culpa. Además, al menos esta vez no han intentado bajarse la camiseta para que les echaras un buen vistazo a sus pechos –añadió con cierto tono amargo. La miré enarcando una ceja-. La camarera de ayer casi se come a Jasper con los ojos cuando aún no habíamos traspasado la puerta –añadió.

-¿No os cansáis? –preguntó Bella. La miré sin comprender-. Ser el centro de atención, las miradas, las sonrisas, los intentos de coqueteo… Ya sabes –hizo un ademán con las manos-, de esas cosas.

Pensé unos segundos en lo que acababa de decir y luego negué con la cabeza.

-Depende. A Edward le molesta bastante, la verdad. Pero a mí no me incomoda demasiado –me encogí de hombros-. Supongo que todo depende de tu actitud mientras eres humano. A mí me encanta ser el centro de atención y Edward en cambio si pudiese pasar desapercibido lo haría.

-Es imposible que Edward pase desapercibido –dijo Bella rodando los ojos-. Es demasiado atractivo para ello, incluso siendo humano estoy segura de que era imposible que pasara desapercibido- reí suavemente. Era increíble lo cerca que estaba Bella siempre de tener razón-. En realidad no creo que ninguno de vosotros tres hayáis pasado desapercibidos en toda vuestra vida –añadió.

-Creo que tienes razón –concluí.

Aún riendo, la guié a través de las diferentes máquinas de videojuegos hacia la sala trasera del local donde la luz era más suave y siete mesas de billar con el tapete de diferentes colores parecían ocuparlo todo. Bella me miró y enarcó una ceja.

-¿Billar? –preguntó-. ¿En serio crees que yo puedo jugar a esto sin matar a nadie en el intento?

No pude resistir. Solté su mano y rodeé su cintura con mi brazo atrayéndola a mi lado con una sonrisa que, si bien no podía competir con la de Edward, al menos era bastante atrayente.

-Lo que creo… -susurré junto a su oído-… es que es un lugar medianamente íntimo, con poca luz, en el que puedo tenerte inclinada sobre la mesa conmigo detrás de ti disfrutando del contacto de tu culo contra la erección que me estás provocando sin correr el peligro de que nadie grite "pervertido"-Su cuerpo se estremeció y sonreí inocentemente-. ¿Tienes frío, preciosa?

Bella me fulminó con la mirada pero no contestó. No hacía falta. Sus pezones erectos bajo la camiseta que llevaba era suficiente respuesta para mí.

-Voy a acabar sacándole un ojo a alguien –protestó ella cambiando de tema. Pese a su protesta, me siguió hasta una de las mesas.

-Estoy seguro de que si le sacas un ojo a alguien, agradecerá que al menos haya sido hecho por alguien tan bonito como tú. Sobre todo si es un chico.

Bella entrecerró los ojos y me miró.

-Me estás dando la razón como a los locos.

-Sí –asentí-. Pero eres una loca preciosa.

Fue instantáneo. Sus mejillas se ruborizaron furiosamente y yo me divertí ante esa imagen. Era divertido hacer que Bella se sonrojase; divertido y fácil; bastaban un par de caricias y algunas palabras bonitas para que nuestra chica se avergonzara. Era divertido. Le sonreí.

-Coge un taco –ella me miró y contuve una carcajada-. Uno de esos palos para golpear las bolas.

-Yo sí que voy a golpearte las bolas… -farfulló.

En un segundo estaba a su lado gruñendo de forma erótica junto a su oído.

-Ten cuidado cariño… tengo muy buen oído… Y no es precisamente golpear lo que quiero que hagas con mis bolas…

Bella abrió la boca, la cerró y la volvió a abrir para darse cuenta de que dijese lo que dijese en un intento por avergonzarme, yo sería capaz de darle la vuelta de forma que fuesen sus mejillas las que se ruborizaran completamente. Así que optó por fingir que no había hecho el último comentario, se apartó ligeramente de mí y cogiendo de forma torpe uno de los tacos se giró para mirarme.

-Bien, ¿y ahora qué? –preguntó desafiante tomando.

Moví la cabeza sin perder la sonrisa mientras preparaba las bolas y las dejaba bien situadas sobre la mesa. Luego rodeé la mesa y besé a Bella en el cuello inclinándome y sintiendo con cierta diversión como se estremecía. Sujeté el taco colocando mi mano encima de la suya, la giré de forma que enfrentara la mesa y colocando mi otra mano en su espalda la incliné hacia delante inclinándome yo con ella. Podía notar como su respiración se había acelerado y como su corazón bombeaba sangre de forma rítmica y más rápida de lo normal delatando así su excitación. Aparté el cabello hacia un lado dejando su cuello y nuca desnudos, coloqué el taco en la mesa y guíe sus manos para que lo sujetara bien, colocando las mías encima. Bella me miró girando el cuello y aproveché para besarla breve pero duramente en los labios. Me separé de ella unos milímetros y observé que había cerrado los ojos pero sus labios se mantenían entreabiertos. Sonriendo y sin poder ni querer evitarlo le di un suave azote en la cadera que hizo que Bella abriese los ojos. Le sonreí de forma socarrona y la giré para que se encarara a la mesa. Pegué mi pecho a su espalda y respiré profundamente junto a su oído disfrutando totalmente del escalofrío que la recorrió. Sostuve sus manos bajo las mías y evité que temblase.

-Emmet… -susurró.

Sonreí con satisfacción puramente masculina al escuchar como susurraba mi nombre.

-Concéntrate –le indiqué sonriendo con suavidad-. Desliza el taco entre tus dedos lentamente… -le dije mientras hacía ese mismo gesto-… y haz que la punta toque suave pero firmemente la bola blanca… -sentí como Bella respiraba profundamente antes de hacer eso mismo logrando que la bola blanca llegase hasta el triángulo multicolor que había sobre la mesa y tuve que contener una carcajada al ver como ella se incorporaba de golpe con gesto indignado.

-No se han movido –se giró frunciendo el ceño-. ¿Por qué no se han movido?

-Porque tienes que darle más fuerte –le dije -¿Por qué no probamos otra vez?

Bella me miró enarcando ambas cejas.

-¿Puedo hacerlo yo sola ahora? Creo que tenerte pegado a mi espalda me… me desconcentra… -me dijo ruborizándose.

Estiré mis manos y abarqué su cintura estrecha mientras la acercaba a mí. Me incliné lo suficiente para que mis labios estuviesen junto a su oído y le hablé en un susurro.

-Puedo pegarme a tu pecho cuando me lo digas…

Bella me golpeó el pecho en cuanto se dio cuenta de lo que le había dicho y reí entre dientes sin soltarla cuando sacudió su mano en el aire mientras murmuraba que no debería golpear a vampiros hechos de granito.

-En cuanto lleguemos a casa pagarás por esto… -me aseguró.

-Estoy deseando llegar a casa –le contesté risueño.

Bella farfulló algo acerca de vampiros pervertidos y de descanso en el sexo mientras se inclinaba de nuevo para intentar acertar a alguna bola. Reí entre dientes y entonces lo sentí. En la otra esquina del local, recostado contra la barra, vestido con ropas oscuras y los ojos fijos en nosotros. En un gesto instintivo me levanté de la posición en la que estaba, incorporé a Bella y le di un suave tirón para mantenerla a mi lado cubierta parcialmente por mi espalda. Lewis se acercó a nosotros y sentí la mano de Bella apretarse alrededor de un pedazo de tela de mi camisa, aún así, no se movió de mi lado.

-Cullen –asintió con la cabeza a modo de reconocimiento-. ¿Es ella?

-Sí –contesté. No había por qué mentir-. Pero si esperas que te la presente pierdes el tiempo –añadí haciendo que él sonriese a medias.

-Por supuesto, siempre habéis sido muy… celosos… Si yo tuviese una humana como esta tendría otras formas de pasar el tiempo divirtiéndome en lugar de traerla a locales de billar –dijo Lewis.

-En ese caso es una suerte de que sea nuestra y no tuya ¿no te parece?

Lewis sonrió a medias y sentí como Bella se tensaba al ver los dientes de Lewis brillar bajo la opaca luz de forma peligrosa y amenazadora.

-¿Sabes? No deberías de salir solo. Los accidentes… ocurren.

Apreté los dientes y mantuve mis ojos fijos en los suyos, sonriendo luego de forma despreocupada y desinteresada como si lo que me pudiese estar diciendo o el modo en que podía amenazarme no fuese nada más que una simple molestia y no algo que fuese a tomarme en serio.

-Eso he oído. Pero no te preocupes por nosotros, Edward puede estar en un segundo aquí si le llamo –me encogí de hombros fingiendo que no había notado su gesto de contrariedad-. Será mejor que dejes de mirarla –le advertí entonces-, no me gustaría que tuvieses un… accidente ¿no crees? Sería algo bastante desafortunado.

-Estoy deseando que James la reclame oficialmente –replicó entonces-. Él sí sabe compartir.

Gruñí amenazadoramente. Varios humanos se giraron y al reconocer lo que éramos se apartaron y apiñaron contra las paredes como si así pudiesen estar protegidos en caso de que dos vampiros se peleasen… ¡estúpidos ilusos idiotas! Lewis alzó las manos divertido y elegantemente inclinó la cabeza hacia Bella antes de dar media vuelta y salir de allí.

Me giré hacia Bella después de asegurarme de que no había más vampiros en el lugar, coloqué mis manos sobre sus hombros y busqué con mis ojos los suyos a pesar de que para ello tuve que inclinarme hacia delante por la diferencia de altura.

-¿Estás bien?

-Sí –asintió-. ¿Quién era?

-Lewis. Es peligroso. Si lo vuelves a ver alguna vez y estás sola quiero que marques nuestro número de teléfono. El de Edward –añadí-, es el que llegará antes a tu lado ¿entendido? –Bella asintió con los ojos aún fijos en la puerta-. Cariño, hablo en serio. Lewis es tan letal como Jasper y tan peligroso como James y Laurent juntos. No quiero ni siquiera pensar lo que podría ocurrirte si te topas con él ¿de acuerdo?

-Sí, lo entiendo –afirmó ella.

-Bien –miré a nuestro alrededor-. Lo siento cariño, será mejor que volvamos a casa –dije-. ¿Está bien?

-¿Bromeas? Es el único sitio en el que quiero estar ahora mismo.

Estaba temblando. A pesar de haber permanecido de pie de forma estoica, sin echarse hacia atrás y aguantando la mirada de Lewis, Bella estaba temblando. Maldije entre dientes antes de atraerla a mi lado rodeando sus hombros con mi brazo, consciente de que Bella parecía desaparecer prácticamente a mi lado. No le iba a pasar nada. No iba a permitirlo.

__________________________________ Alice _______________________________

Los nuevos vestidos de la próxima temporada de invierno eran horribles. Fruncí el ceño mientras miraba uno en particular, de color dorado brillante y tirantes que haría temblar incluso a la mujer más calurosa del mundo. ¿A quién se le ocurría diseñar un vestido de tirantes para pleno invierno? Pasé la hoja rápidamente antes de soltar un suspiro y lanzar la revista al suelo sobre un montón más que ya había ojeado.

Antes de estirar la mano para tomar otra, me quedé helada. Mis músculos se tensaron y supe sin verlo que mis ojos se habían vuelto del color de la noche. Temblor. Miedo. Edward gruñendo. Jasper con los ojos fríos e inertes, la mano de Emmet rompiendo el cuello de alguien. Gritos. Dolor.

Parpadeé cuando la sensación de frío me abandonó y respiré profundamente; algo innecesario pero que, a pesar de todo, me servía como si siguiese siendo humana.

-Carlisle, tenemos problemas –hablé en tono normal y tranquilo. Desde la cocina Carlisle me pidió que bajase.

Lo hice, completamente convencida de que pronto conocería a Bella.

_________________________________ Jasper _______________________________

Edward nos había asegurado que no había ninguna mente extraña cerca de casa y yo tampoco sentía nada excepto el deseo y la lujuria de mis hermanos, de Bella y la mía propia, así que el plan de permanecer la noche tranquilamente fuera de casa, en el jardín, parecía que iba a ser perfectamente aceptable. Me había costado mucho que Bella volviese a mirarme y ha hablar conmigo sin tartamudear ni hacer que su rostro se volviese del color de las amapolas después de lo que había ocurrido aquella noche. Era como si siempre quisiera estar con Emmet y Edward porque temiese que yo fuese a asaltarla en cualquier momento. No niego que eso era precisamente lo que me habría gustado hacerle pero sabía que hacerlo no iba a lograr que ella se sintiese menos intimidada por mí.

Bella se estremeció ligeramente y coloqué sobre sus hombros una manta delgada mientras fruncía el ceño.

-Tal vez no ha sido tan buena idea –dije a media voz-. Lo siento, debes de tener frío.

-Estoy bien –contestó con una media sonrisa-. No es la primera vez que duermo fuera ¿sabes?

Sonreía. Deduje que no se estaba refiriendo a los años que había estado huyendo de James y ahora que lo pensaba detenidamente, Bella apenas hacía referencia a esos años y cuando lo hacía, cambiaba de tema rápidamente. No. Por su sonrisa tenía que estar refiriéndose a antes de ello, a antes de que su pesadilla particular empezara.

-¿No lo es? –negó con la cabeza-. Cuéntame eso –pedí sonriendo.

-Cuando vivía con mi madre en Fénix hacíamos esto a menudo –sonrió con cierta tristeza-. Solíamos sacar las mantas y las almohadas a la pequeña terraza y acampábamos allí mirando las estrellas y respirando el olor a tierra y a calor…

-Lo echas de menos –no era una pregunta, era una afirmación y Bella me sonrió asintiendo.

-Seattle es muy diferente a Phoenix –admitió-. Aquí todo es verde, frío y húmedo. Arizona es calor, sol, viento caliente… -se distrajo mirándose las uñas de los pies desnudos sobre la manta que habíamos colocado en la hierba.

-Cariño –me miró-, sabes que nosotros iríamos dónde tú quisieses ir ¿verdad? –parpadeó un par de veces-. Sólo tienes que decirlo y estaremos allí antes de que te des cuenta, literalmente –añadió con una media sonrisa.

-Sería una crueldad por mi parte haceros eso –susurró mientras se acomodaba junto a mí tumbándose-. No estaríais cómodos en un lugar donde el sol parece brillar más horas de lo que la luna está en el cielo.

-Bella, estás equivocada. Se supone que somos nosotros quienes tenemos que cuidarte y quienes te mantenemos feliz, no al contrario.

Ella rió suavemente y su risa inundó mis sentidos como si fuese cristal tintineando.

-Pero yo quiero que vosotros también seáis felices y lo sois aquí, jamás podría pediros algo semejante –dijo de forma firme.

Suspiré. La conocíamos lo suficiente para saber que estaba hablando en serio y que no iba a cambiar de opinión.

-Deberías de pensar un poco más en ti misma en lugar de pensar tanto en los demás –le dije atrayéndola hacia mi cuerpo.

Bella se relajó contra mí exhalando un suspiro de placer mientras la rodeaba con mi brazo y mi mano se dejaba caer en la curva de su cadera como si perteneciese allí, no como si fuese una reclamación o una obligación de algo, sino simplemente porque parecía que era natural que estuviese allí.

-No sé pensar en mí sin pensar en los demás –confesó con una media sonrisa oculta tras un bostezo que me hizo reír entre dientes-. Lo siento –se disculpó.

-La culpa es nuestra –le acaricié la mejilla-. A veces olvidamos que eres humana y que tú sí necesitas dormir y descansar –masculló algo entre dientes que no entendí-. Te daremos un poco de tiempo también para ti… Estos últimos días han sido agotadores ¿verdad cielo?

Bella no contestó. Paz, tranquilidad. Sonreí cuando ladeé la cabeza y examiné su rostro sobre mi pecho. Bella estaba dormida. No me extrañaba. Acaricié su cabello de forma distraída y descuidada un par de segundos antes de que Emmet y Edward apareciesen y se quedasen tan embobados mirándola como me había quedado yo. Fue Emmet quien la recogió de mi lado y la acunó contra él para subirla a la habitación. Miré a Edward que permanecía con el ceño fruncido.

-¿Qué pasa?

-Alice ha llamado –me dijo intentando mostrarse despreocupado a pesar de que no parecía estarlo demasiado-. El viernes tendremos una reunión con James en La Cueva. Oficial.

Me tensé. Eso significaba que Aro estaría allí. Y sería él quien decidiese si James podía reclamar a Bella como su presa o no. Edward mantenía los puños firmemente cerrados alrededor de las caderas y la mirada dura y fría clavada en mí. Sus intenciones estaban más que claras: desafiaría a cualquiera que intentara apartar a Bella de nosotros y yo no podía estar más de acuerdo con él.

-¿Qué ha visto? –pregunté.

Me miró. Alice no se lo había dicho, pero los dos sabíamos que si no me había dicho nada y además tampoco había dejado que Edward viese nada en su mente, no podía significar nada bueno.

-La presencia de Aro nunca implica nada bueno –se escuchó la voz de Emmet en un susurro.

-Mataré a James con mis propias manos si Aro toma una mala decisión –dije firmemente. Edward me miró como si estuviese cuestionando mi afirmación. Asentí-. Bella se queda con nosotros Edward, es nuestra consorte, es nuestra y nadie va a quitarnos eso, ni siquiera Aro.

Edward me miró esperando que tuviese razón y yo también lo esperaba.


Bueno, pues esto es todo por hoy, que tal?

Espero que tengais un poquito de paciencia para que yo pueda subir los capítulos, vale? A ver, comentando cosas, tengo pensada ya la proxima escena de lemmon pero aún no estoy segura de quien va a protagonizarla, es difícil elegir entre nuestros tres chicos, ¿no os parece? Puedo decir que habrán algunos capítulos en los que querreis matarme, pero recordad que si lo haceis, no sabreis el final del fic :D

Ah, otra cosa, han sido catorce páginas de word, así que ya sabéis, aunque parece que no es necesario que os lo diga porque siempre me dejais mucho reviews, y eso es algo que me encanta, así que muchas gracias de verdad :D

Antes de que me olvide, algunos de vosotros me habeis preguntado que es eso de SL. Bueno, no sé si está permitido explicarlo por aquí, así que los que querais saber que es eso de la realidad virtual de SL mandadme un correo y os lo intentaré explicar, vale? Solo teneis que saber que a mí me gusta mucho y que paso bastante tiempo allí :p

Un beso para todos, espero veros en los reviews!! Un besito para todos, sed felices!! Nos leemos pronto :DDD