PREPARANDOSE PARA LA FIESTA

-déjame preguntar-dijo el castaño mientras veía a la joven trepar un árbol-¿Cómo este ejercicio me va a ayudar a aprender español?- dijo con una sonrisa burlona al ver como la chic aparecía una maestra de la escalinata

-en cuanto suba se lo diré amo Terrence, además ya estudiamos un buen rato y aprende con mucha facilidad un rato de esparcimiento no le vendrá mal, venga, a menos que no pueda hacerlo- dijo la chica picando el orgullo del joven conde

-mocosa malcriada ahora veras- con verdadera facilidad el joven sube hasta la rama donde se encontraba b la joven pecosa

-cielos, no pensé que la realeza supiera hacer eso- dijo la chiquilla mientras el joven se sentaba a su lado

- ¿no se supone que aquí no existen títulos nobles?- sonrió con arrogancia el joven

-si tiene razón… mire por allá, a eso le llaman lago- dijo señalando un ojo de agua propiedad de la hacienda Grandchester

-entiendo, empezaremos por el panorama-dijo el chico

-¿Qué tiene que hacer hoy en la noche amo Terrence?- dijo la joven con inocencia

-no es propio que una señorita le pida una cita en la noche a un caballero –dijo con galantería el Ingles

-no sea pretencioso, si se lo digo es por su aprendizaje

-¿perdón?- pregunto el castaño

-me doy cuenta que usted no es precisamente del tipo de aristócratas que le gusta llevar una vida de modales y refinamiento-sonrió la pecosa

-¿pero como te atreves?- sonrió el castaño, la osadía de la chica lejos de molestarlo le divertía, nunca había conocido a una jovencita como ella y entre las altas sociedades dudaba mucho llegar a encontrar una joya tan franca y dulce

-a mi no me engaña, lo eh descubierto robando cigarrillos de su padre y bebiendo coñac furtivamente amo- sonrió la pecosa

-¿tanto te intereso que me espías?- dijo con burla el castaño mientras mostraba esa endemoniada sonrisa cautivadora que comenzaba a hacer estragos en la voluntad y mente de la joven rubia

-amo compórtese- dijo ella molesta girando su rostro para evitar que el aristócrata notara su visible sonrojo

-Terry- dijo el chico mirando las nubes que parecía poderse tocar con solo estirar la mano

-¿Cómo?- pregunto la pecosa

-solo Terry, nada de amo, señor o que me hables de usted- dijo el castaño con una calida sonrisa-no soy mas de dos años mayor a ti pequeña pecosa-dijo el chico tomando el mentón de la jovencita

-y yo soy candy, no pecas, ni pecosa ni Tarzán pecoso- recrimino la chica

-pero si te quedan a la maravilla- rió con ganas el castaño

-Terry!- grito con coraje la jovencita

-se oye muy bien de tus labios pecosa- sonrió el chico al escuchar a la jovencita llamarlo por su nombre

-no diga eso- dijo bajando la mirada

-se oye muy bien para un Tarzán pecoso- se burlo el aristócrata

-Terry!- dijo molesta haciendo una cara furiosa

-y cuando haces esa cara se te notan mas las pecas, ok, tengo una mejor, trepas árboles y estas pecosa serás una mona pecas

-¡pero que apodo tan feo!- dijo la chica con reclamo dispuesta a darle un golpe al chico pero su movimiento brusco la hizo perder el equilibrio, hubiese caído de lleno si el joven aristócrata la hubiese abrazado, la rubia sentía que el corazón se le salía del pecho, la cercanía con ese joven era demasiada, cualquiera que los viera podría mal interpretar las cosas, sus verdes ojos descubrieron los azul profundo de el combinado con unos destellos verdes místicos

-no debes hacer eso- dijo con voz suave el castaño sin soltar el abrazo sintiendo que una atmosfera agradable se desenvolvía entre ambos, el verde profundo de los ojos de esa chica se estaban volviendo envisiantes, se sentía perdido en esas esmeraldas, afortunadamente se dio cuenta de que estaba cayendo en un estupor por demás romántico y tentador, así que como siempre intento deshacer el momento embromando a la chica- no sabia que los monos también se cayeran de los árboles

-¡Terry!- dijo ella soltando el abrazo sintiéndose notablemente perturbada

-bueno mi bella maestra ¿con que continuamos?- pregunto con galantería el castaño

-creo… que será mejor dejar la lección para hoy en a noche- dijo ella sin tener el valor de verlo a la cara- ahí aprenderá mas

-¿mi siguiente lección son palabras de amor a la luz de la luna?- se burlo al notar el nerviosismo de la pecosa

-no seas pretencioso!- se molesto la pecosa- te esperare a las 8 en los establos de Huitz ¿ok?, ahora debo irme a la casa a hacer los deberes si no quiero que la señora se moleste-dijo ella dispuesta a bajar

-yo me quedare un momento mas aquí, tiene buena vista- dijo el castaño mirando los paisajes de la hacienda

-hasta mas tarde entonces Terry- dijo ella sonriendo

-hasta las 8- dicho esto y por un impulso el joven le da un beso en la mejilla a la pecosa

-…- la chica se baja lo más pronto posible del árbol con la cara roja como una manzana

-¿Qué me esta pasando?- se preguntaba interiormente el castaño-¿Qué es esto que esta creciendo en mi?, creo que me estoy enamorando… señorita pecas- sonrió de lado el chico mientras volteaba a ver el maravilloso escenario

Lakewood

-esta segura de esto Tía abuela?- pregunto Sara legan a la matriarca de la familia

-Desde que esa ladrona llego a nuestras vidas mis pequeños sobrinos se han convertido en unos rebeldes, sobre todo Anthony, el insiste en que ira a México a traer a esa delincuente, no puedo permitirlo- declaro la mujer

-pero… aun así, eso podría traernos problemas con los grandchester- dijo Sara con preocupación

-no pasaran anda, se les dará ordenes de solo atacar a la servidumbre, sobre todo que se lleven a esa mocosa, ella no tendrá problemas, después de todo es una ladrona como esos bandidos

-esta bien Tía Elroy, entonces le daré las ordenes al señor González- sin mas Sara se va de ese lugar teniendo no muy buen presentimiento de ese plan

Hacienda grandchester

-pero Madame, usted no debe ir a ese lugar, no es apropiado para usted- dijo Candy preocupada¿ como había sido tan tonta para mencionarle a la joven condesa sus planes de ir con el amo Terry a una fiesta de peones?

-pero yo quiero ir Candy, si mi hermano va entonces yo también puedo- dijo la chica cruzando los brazos y haciendo un puchero

-entiéndalo señorita, esas fiestas son muy diferentes a las que usted esta acostumbrada, no hay vals, no hay champagne, no hay gallardos caballeros ni mujeres pomposas y elegantes- dijo al pecosa preocupada en que su patrona siguiera con la idea

-entonces… debe ser muy divertido, yo me aburro mucho en esas fiestas y si dices que es todo lo contrario seguramente debe ser muy entretenido, por favor Dulce, déjame ir- suplico la joven

-pero madame…oh esta bien pero le advierto que tendré que prestarle uno de mis vestidos para que pase desapercibida- dijo la pecosa con resignación

-GRACIAS DULCE!-la joven condesa abraza a la pecosa con verdadera simpatía- Mamá nunca me deja divertirme en una fiesta

-su madre va a despellejarme viva si se entera de que la llevare

-no se enterara no te preocupes… oye Dulce, como pretendes llevar a mi hermano, no me digas que también piensas prestarle un vestido- pregunto la joven conteniendo una risa

-jajajaja, no para nada señorita, sin embargo pedro es de la misma edad que su hermano y tienen una complexión parecida así que el le prestara algo al amo Terrence- sonrió la pecosa

-me divertiré mucho ver a mi elegante hermano vestido como peón – rió la condesa

-si a esas vamos usted no saldrá muy bien librada madame, usted también vestirá como una sirvienta- dijo Candy recordándole a la señorita de la casa que le prestaría un vestido

- jijiji si tienes razón… ¿a que hora vienes por mi?....

En un lugar cerca de allí

-un favor especial para la señora Leegan ¿eh?... me importa un comino lo que esos riquillos quieran, pero nos han dado buena referencia de una hacienda bastante rica, parece que es de unos aristócratas Ingleses

-pues usted dirá mi sargento- dijo uno de esos hombres a un lado

-La revolución aun no termina, esos riquillos no nos van a quitar nuestras tierras, esto no lo hacemos por esos gringos azotados, vamos a demostrarles a esos extranjeros, que lo que hay en tierras Mexicanas, es de los mexicanos, prepárense, esta noche asaltaremos la hacienda de esos Ingleses- dijo el general con un brillo en la mirada que no era otra que la ambición y el poder, así como un infinito rencor hacia la clase aristocrática

-Sargento como le explicaremos nuestra partida al general villa- pregunto su allegado

- a ese, ni te preocupes por el, esta muy entretenido con el regalito que le mando el general zapata- dijo el hombre con petulancia- ni cuenta se va a dar de que nos fuimos, y se va a alegrar al ver el botín que le traeremos para la causa-sonrió con malicia aquel hombre mientras se imaginaba la riqueza que obtendría aquella tarde

Hacienda de Grandchester, caballerizas

-¿Qué hace ella aquí?- pregunto Terry al ver a su media hermana alado de Candy

-lo lamento amo Terrence pero insistió tanto en venir que no pude negarme- dijo la chica de pecas con angustia al ver la mirada molesta de su patrón

-regrésate ahora mismo- recrimino el castaño

-no me iré, vengo con Dulce no contigo

-bueno, bueno, por favor no discutan- dijo la chica de bucles rebeldes parando la discusión entre hermanos- Amo Terence, por favor déjela ir- dijo la rubia con pesar

-no me da buena espina, ¿Cómo se que no le dijiste nada a tu madre?- pregunto Terence con desconfianza

-por que mi madre jamás abría apoyado esto- dijo la chica mostrándole el vestido que llevaba en las manos

-¿para qué es eso?- pregunto sin entender

- pues para que pasen desapercibidos- dijo la pecosa con singular alegría- pedro tu caballerango también te manda esto- dijo mostrándole el típico pantalón y camisa de manta usados por los trabajadores

-no me voy a poner eso- dijo el castaño mirando la ropa

-¿Qué sucede?- dijo su hermanita con petulancia- ¿si no es ceda el bebe puede rozarse?- se bufo

-¡ya veras mocosa cara de cerdo!- dijo colérico el castaño

-¿Cómo me llamaste rufián, peligro para la sociedad?- se defendió la condesa

-tu pedazo de tocino mejor ….

-¡mejor dejan de pelear y se cambian o me voy sin ustedes- dijo la pecosa deteniendo la pelea- yo también debo cambiarme los veo en un unos minutos y espero que estén listos- dijo la pecosa con autoridad

-¿te vas?, pero no me ayudaras?- pregunto la condesa con angustia

-¿Qué pasa?, la bebe no sabe cambiarse de ropa?- pregunto Terry con burla

-¡cállate!- dijo la condesa molesta

-esta bien, entonces solo iré por mi ropa para cambiarme y regreso- dijo la pecosa saliendo de la caballeriza dejando a los medios hermanos solos, seria la primera vez que hicieran una travesura juntos

-sabes que el duque te castigara si sabe que harás esto

-no se compara con lo que se molestara mi mamá, pero no me importa, una vez en la vida quiero hacer lo que yo deseo, ser yo misma

-…- el castaño estaba sorprendido, jamás pensó que su hermana pensara igual que el, ¿el espíritu rebelde era herencia de su padre?

-ya estoy aquí-se escucho la voz de candy-vamos a cambiarnos acompáñeme madame- la rubia jala a la chica de cabellera negra grisácea para cambiarse, mientras que el joven castaño salía del lugar para permitirles a las damas cambiarse, unos minutos mas tarde candy salio con una falda larga color rosa con bordados a manos y una blusa blanca bordada también, su cabello había sido trenzado y decorado con listones de colores, realmente se veía muy bella con los trajes regionales de el país, Terry no podía quitarle la mirada de encima, lucia hermosa, las ropas Mexicanas le quedaban muy bien, gracias a las trenzas que estiraban su rizado cabello el joven aristócrata pudo darse cuenta que la chica tenia una cabellera muy larga a diferencia de lo que el pensaba, ya que las pesadas trenzas le llegaban hasta el pecho, que inconcientemente (o tal vez no tan inconciente), el joven aristócrata notaba que el cuerpo de la jovencita comenzaba a dejar notar, un rubor casi impredecible había aparecido en las mejillas del conde

-¿tan mal me veo?- pregunto apenada al ver la cara del aristócrata pensando que la mirada del joven era de desaprobación

-para nada pecosa- respondio el ingles- te vez… em…

-rara?, diferente, chistosa- la pecosa ya estaba acostumbrada a estar a la defensiva con aquel aristócrata

-la palabra es , hermosa- sonrió con calidez el conde para sorpresa y vergüenza de la pecosa

-gra…gracias- dijo ella sonrojándose notoriamente

-¡hey, hey!.- dijo la chica tras candy- y a mi no me vas a decir nada fumador empedernido?- pregunto la condesa tras la joven pecosa, la chica llevaba una falda amarilla adornada con algunos listones , la blusa también era de del mismo color y tenia bordados típicos así como listones , ella llevaba el cabello suelto con una flor natural en el cabello como adorno

-si, pareces piñata- dijo el joven

-¿Cómo?- no entendió la condesa ya que el joven había dicho aquello en español

-¡muy bien amo Terry!- dijo maravillada la chica al notar que el joven había dicho aquello en español

-me felicitas mi avance en mi Español o mi perfecta comparación?- pregunto con esa sonrisa descarada tan característica del conde

-no sea malo… pero bueno, ahora tu debes cambiarte- dijo la pecosa con su característica sonrisa

-esta bien… ahora vuelvo- sin mas el joven se introduce en la caballeriza

-es muy bonita la ropa de aquí Dulce, tan colorida y hacer estos bordados debe ser difícil

-lo es, por mas difícil es la vida que lleva esta gente Madame- declaro la pecosa

-¿Por qué lo dices?- pregunto la joven aristócrata

-bueno… es bien sabido el resentimiento que estas personas les tienen a los extranjeros y mas si son ricos

-¿Por qué abrían de odiarnos?- pregunto la joven

-bueno, la historia de este país es muy dolorosa, en el poco tiempo que llevo aquí eh conocido a muchas personas, hombres grandes que cuentan las historias de sus antepasados, antes de que llegara gente del viejo mundo, de su continente madame- explico la pecosa

-no te entiendo- dijo la joven con interés

-antes de la conquista de estas tierras, existía un imperio poderoso, reyes orgullosos a los que llamaban Huey Tlatoani, era como un rey en el antiguo mundo, la organización política era mas guerrera, hombres orgullosos y guerreros incansables, dispuestos a dar la vida por sus tierras sus familias y sus dioses

-¿sus dioses?, ¿herejes?-pregunto la chica

-justamente eso fue la causa de que destruyeran esas civilizaciones, este país había sido conquistado por la corona española, cuando los primeros conquistadores llegaron encontraron a los nativos… em… haciendo sacrificios humanos- declaro la pecosa para horror de la joven aristócrata-les sacaban el corazón y se los ofrecían a sus dioses-declaro

-¡que horror!- dijo la joven con susto

- a nuestro parecer si, pero le sorprenderá saber que muchos de esos sacrificios eran voluntarios

-¡ósea que se ofrecían voluntariamente?, ¿Por qué morir de una manera tan horrible?

-por amor – declaro el castaño saliendo de la caballeriza vestido con un pantalón color hueso de manta y una camisa del mismo material, a manera de cinturón llevaba una "faja" bordada color rojo- sabes creo que no me viene muy bien esta ropa- sin embargo Candy no pensaba lo mismo, el joven realmente se veía muy atractivo, sus ojos azulados verdosos contrastaban con el color de la prenda, los hacia resaltar aun mas, su cabellera larga y castaña lo había sujeto en una coleta y unos mechones rebeldes se escapaban

-eh… dulce… cierra la boca o te tragaras una mosca- se burlo la joven aristócrata al ver a su dama de compañía tan embobada con su hermano

-eh?... no diga eso amo Terry- dijo al pecosa con un sonroso en su rostro-se ve usted… muy bien, hasta parece un chico normal- sonrió

-¿Cómo que normal pecosa?, osease que siempre me veo raro?

-oh no, claro que no, es decir… que vestido así no parece tan inalcanzable-dijo la pecosa sonrojándose furiosamente- es decir yo …

-Dulce mejor cállate te estas hundiendo mas- rió la aristócrata al notar lo que la pecosa sentía Portu hermana- lo que Dulce quiere decir es que así pasas desapercibido entre la gente del pueblo, pareces uno mas

-bueno, se hace tarde- dijo el castaño ofreciendo sus brazos a las dos damas-¿nos vamos?

-claro- dijo candy con una sonrisa mientras tomaba el brazo del chico

-ándale, el patrón ahora si como Pancho villa- se dejo escuchar la voz de María quine iría con ellos

-María por favor!- dijo Juanita con un sonrojo

-¿Cómo Pancho villa?- pregunto la pecosa sin comprender

-si…- sonrió burlona su amiga.-con sus dos viejas a la orilla- sonrió al ver como la pecosa que era la única que había entendido se ponía colorada

-ay María!- negó con desaprobación Juanita

-jajajaja que ocurrencias- dijo el aristócrata sorprendiendo a Candy

-entendiste eso?- pregunto la pecosa

-si, y es tentador eso de dos – guiño el ojo- pero como una es mi hermana supongo que tu serás mi pareja esta noche

-ah…yo…- la pecosa solo atino a bajar la mirada apenada

-el carruaje esta listo my lord- dijo el caballerazo que le prestara la ropa a Terry llegando con una carreta

-¿nos iremos en esto?- pregunto incrédula la condesa

-¿no esperaba una carroza verdad?- pregunto la joven María

-por dios María, compórtate, es la patrona- reprendió juanita que a pesar de ser mas joven tenia un alto sentido del respeto

-y que?, hoy es una de las nuestras- sonrió la jovencita mirando a su patrona quien solo se limito a sonreír al considerarse por lo menos por esa noche parte de el resto

Mientras tanto en otro lugar

-así que los peones tendrán una fiesta… me agrada, abra muchas señoritas guapas- declaro un hombre

-Sargento, la verdad no me parece adecuado, el General Villa se va a enojar- declaro uno de los soldados

-este lugar no es para gallinas, lárgate si no eres lo suficientemente hombre para llevarlo a cabo, además cuando Francisco vea los tesoros y mujeres que le traeremos no dirá nada- sonrió el hombre- vamos por esos riquillos Ingleses, desearan jamás haber llegado a tierra Azteca….

Continuara…