Una extraña aldea.

La naturaleza siempre le había ayudado a encontrar calma a su espíritu, reconocía en cada parte de ella le presencia de sus dioses, aquellos que siglos atrás decidieran retirarse a descansar para darle paso al dios cristiano, sin embargo, dejaron su esencia en esas partes de la naturaleza donde el misterio de la creación se hacia presente en la obscuridad de la noche, ella ya no le temía a ehecatl, dios del viento nocturno, sabia que su dios reposaba en esos tiempos esperando con paciencia el día en que el poderío de los antiguos dioses resurgiría, Malinalli, habiendo nacido entre ese grupo de nativos donde la sangre se conservaba pura y siendo descendiente directa de los últimos emperadores Mexicas había sido educada en el arte de la danza, la música la magia y por supuesto la guerra, pese a su condición de mujer, la joven había sido educada como una guerrera de magnificencia tal, que de aun existir los grandes clanes de guerreros ella seria sin mucho esfuerzo una campeona águila, su inteligencia, destreza y creación de estrategias era sorprendente, dichas cualidades habían logrado proteger a su pequeño grupo, sin embargo ahora los dioses le habían puesto una tarea que ella sentía traicionar a su gente, le pedía, no, prácticamente le exigían ayudar a los hombres que ella tanto odiaba al culparlos de la extinción de su pueblo, ¿Por qué los dioses le encomendaban esa tarea?

-no logro comprender- susurro en voz baja mientras los cascos de un caballo se oían a lo lejos- las bestias de los hombres del mar-junto a el sonido de los cascos los gritos de una mujer pidiendo auxilio lograban escucharse, ante eso la chica se esconde preparando su flecha hecha a base de madera y punta filosa de obsidiana

-¡déjeme ir, suélteme!-gritaba la chica con desesperación, el caballo estaba cerca y la joven tenso su arco cargándola con la flecha, esperando por quien venia en el camino en el mas absoluto silencio, como el lince que espera a atacar a su presa, ante sus ojos aparecía uno de esos falsos Mexicanos que decían luchar por sus tierras y el dorado de su maíz, cuando lo único que buscaban era el dorado del oro, Malinalli detestaba ese tipo de hombres, su sentido del honor era mancillado por esos pseudos descendientes de la raza de bronce, así que afinando su puntería, la primer flecha fue a dar al hombro del hombre que llevaba a Candy en sus brazos

-¿Qué?... maldición- dijo con dolor el hombre soltando a la chica haciéndola caer, la segunda flecha fue a dar a el brazo que aun sostenía las riendas del caballo haciéndolo caer del animal y haciendo que el caballo se detuviera unos cuantos pasos mas adelante, aprovechando eso la chica de origen Mexica camina con ese aire que solo el orgullo guerrero puede portar

-tenia que ser una de estas basuras… ¿cuantas veces les he advertido que no se introduzcan en las tierras de mis gentes?- dijo ella con solemnidad

-maldita zorra- grito el hombre buscando su arma para dispararle, pero el dolor que siente en sus brazos es mayor, la joven aprovecha eso para tomar su macahuitl y colocar el filo de su espada prehispánica en el cuello del hombre-no quiero asesinarte, seria una deshonra para mis dioses derramar tu sangre y ofrecérsela, así que por tu bien espero que ni se te ocurra sacar esa cosa que escupe fuego- declaro la chica mientras dejaba que el filo de las obsidianas cortara ligeramente la piel del hombre

-déjame ir… por favor, no me mates- declaro el hombre muerto de miedo, ya habían escuchado que una parte de los antiguos mexicas había sobrevivido por generaciones en esas áreas

-cobarde…-dicho eso la mujer levanta su macahuitl y golpea a lado de la cabeza del hombre provocando que este se desmayara por la impresión

-estará así por un buen rato- se mofo la mujer mientras se dirigía hacia donde candy estaba- cabello de sol…- dijo la mujer sorprendida por el cabello de la pecosa

-por favor… no.. no me hagas daño- dijo la pecosa con miedo tras presenciar la violencia de la chica

-ojos de prado- declaro la chica- eres extraña mujer- dijo la chica interesada en la pecosa- cálmate, no te are daño, si hubiera querido hacerlo te hubiera apuntado con mis flechas cuando venias con ese hombre… debes ser una de las tantas que han sido secuestradas por esos malditos- declaro la morena-vete a tu casa-dijo dándose media vuelta

-espera… gracias- dijo la pecosa realmente agradecida con la mujer

-si de verdad quieres agradecérmelo sal de estos territorios cuanto antes, no me gustaría tener que sacarte como a ese tipo- declaro la morena

-eh?... no… ya me voy- dijo la rubia con algo de miedo cuando los cascos de un nuevo caballo se escucho

-hay mas…- dijo molesta la morena preparándose para disparar una nueva flecha mientras la rubia se colocaba atrás de ella

-malditos traidores a nuestra raza-la chica tensa el arco y la flecha dispuesta a disparar a quien sea que se presentara

-¡Candy!- se escucho el grito del joven aristócrata buscando a la joven ojiverde

-¡Terry!, no, ¡no dispares detente!- la chica de cabellos rubios empuja los brazos de la morena desviando la flecha, sin embargo el tiro asusto el caballo haciendo que el conde cayera del mismo

-¡Terry!- grito la pecosa mientras corría a ver como estaba el joven-¡Terry!, Terry por favor, ¿Qué tienes?- la chica lo toma en sus brazos mas el joven estaba inconciente-dios mío Terry por favor responde- copiosas lagrimas corrían por el rostro de la pecosa- no Terry, Terry…mi amor abre los ojos- la chica lo abraza con mas fuerza al ver que el joven no abre los ojos

-si lo sigues zarandeando de esa manera lo vas a lastimar mas… déjame verlo- declaro la morena- es un golpe sin importancia, -de una pequeña maleta la mujer saca un liquido verde y lo coloca en donde el joven tenia el golpe-con esto no tendrá problemas internos mas adelante- dijo la mujer- sostén el trapo mientras yo saco otras cosas para esa herida-la pecosa hace caso y ve como la chica de cabello negro saca otros líquidos de diferentes colores- hay que saturar y desinfectar si no la fiebre podría ser peligrosa- la chica voltea hacia todos lados- ahí están- dicho eso la chica se dirige hacia un árbol mientras juntaba algunas cosas que la pecosa no pudo distinguir y las mete en una pequeña vasija, después regresa a lado de los dos extranjeros y comienza a limpiar la herida de Terry, después de desinfectar saca unos pequeños insectos que había juntado en el árbol haciendo que muerdan a Terry

-¡ah!- reacciono el castaño

-¡Terry!- la pecosa tenia lagrimas de felicidad

-pecosa… estas bien?- pregunto el castaño

-si, lo estoy, pero eres tu el que esta herido- dijo ella con lágrimas- por mi culpa

-no pecosa esto… ¡ah!- se quejo al sentir una nueva mordedura de los insectos

-¿Qué estas haciendo?- dijo alarmada la pecosa al ver lo que hacia la joven, hacia que los insectos picaran al joven y separaba la cabeza del cuerpo para que así se quedaran afianzadas a la piel del joven aristócrata

-tranquilízate, es para cerrar las heridas de tu novio y el veneno que tienen estos insectos sirve para quitar el dolor- declaro la morena mientras seguía con el procedimiento

-gracias- dijo la pecosa con una sonrisa

-ya te dije como me o agradezcas- declaro la morena

-¿novio?...suena bien- dijo el castaño con una sonrisa arrogante

-dios mío ¿ni por que estas herido dejas tu arrogancia?

-ya esta… eso le ayudara mientras llegan con sus médicos blancos… ahora largo- dijo la morena poniéndose de pie

-gracias- dijo el castaño mientras se ponía de pie con ayuda de Candy

-váyanse y jamás vuelvan a poner un pie en estas tierras o tendré que asesinarles- la chica se da media vuelta y comienza a alejarse

-¡Terry!- dijo la pecosa al ver como el chico comenzaba a perder fuerza y se desvanecía

-¿mm?... o rayos creo que me excedí con los insectos… cálmate solo perdió algo de fuerzas… supongo que tendré que darles asilo esta noche… solo espero que no den problemas… - la joven comienza a hacer el sonido de un ave y a ese sonido dos hombres igualmente morenos y fornidos aparece

-Malinalitzin- dijeron los dos hombres haciendo la señal de besar la tierra

-ayuden a los blancos- dijo en nahuatl- se quedaran con nosotros hasta que el hombre se recupere

-pero Malinalitzin- dijo uno de ellos con sorpresa

-nada de peros… son ordenes de nuestros dioses, yo tampoco lo entiendo, pero debo ayudar a estos extranjeros-declaro la orgullosa mujer dando la espalda a sus allegados

-como usted diga tlatoani Malinalitzin- dijo le chico que se había atrevido a refutar su decisión.

-andando- con todo el porte y orgullo de su raza y posición la joven de piel bronceada encabeza la caminata para llegar hasta donde su gente había estado resguardada por tanto tiempo, muchos de ellos se sorprendieron al ver hombres blancos en su tierra, y sobre todo con vida, sabían que la dirigente de su reducida aldea era sumamente estricta en ese sentido, cualquier hombre blanco que pisara sus tierras seria muerto, si embargo, de unos días a la fecha se le veía pensante y desconcertada, aparentemente los dioses le habían pedido algo con respecto a los hombres blancos, ella odiaba profundamente a los conquistadores y a todos aquellos que vinieran de las tierras del norte y del otro lado del océano, sin embargo era temerosa de la voluntad de sus dioses y si ellos ordenaran que se arrojara a un volcán activo, juraban por sus antepasados que ella lo aria- lleven a los hombres blancos a la choza de la tizitl- ordeno Coyolxauhqui en su idioma

-ella no los recibirá mi señora, sabe que odia tan profundamente a estos hombres como usted

-lo se, pero al igual que a mi, los dioses le han dado ordenes de ayudarlos, ella sabrá si desobedece a los dioses yo ya cumplí- dijo la mujer alejándose del grupo, sin mas los hombres condujeron a los visitantes hasta la choza de aquella mujer, candy caminaba con algo de miedo, aquellas personas les miraban con desconfianza, otras con curiosidad, podía notar en la mayor parte de ellos una piel bronceada cabellos largos y obscuros, ropas ligeras… muy ligeras para gusto de Candy, claro que ella había sido educada en una sociedad llena de pudor y restricciones donde estaban llenas de olanes que cubrían a las mujeres, para candy era sorprendente ver que incluso algunas niñas estaban prácticamente desnudas tan solo con una especie de bragas, por otro lado los nativos de la aldea parecían igualmente interesadas en aquella chica, ¿Cómo era posible que portara tanta tela?, ¿seria que era una princesa de un lugar misterioso?, tal vez era una diosa, se decían algunos pero solo miraron a su dirigente que trataba a aquella rubia como un ser humano normal, aunque llevara el sol en sus cabellos y los prados en sus ojos, por otra parte estaba ese otro hombre blanco, parecía herido, ellos sabían que su "Tlatoani" odiaba a esos hombre que venían mas allá de las fronteras de su aldea, entonces ¿Por qué los había traído?

-itzpapalotltzin- dijeron los tres hombres al entrar a la choza de la mujer, era una dama de aproximadamente 20 años cabello obscuro como la noche aunque su piel no era tan bronceada como la de los demas, tenia u porte altivo y orgulloso, una figura envidiable

-¿Por qué me han traido a estos seres tan desagradables- dijo en su lengua nativa

-Malinalitzin ordeno traerlos ante usted- dijo uno de los hombres mientras depositaban a Terry en un Petate en el suelo

-Jum- sonrio de medio lado la mujer-nuestra xiuhcoatl se esta convirtiendo en una frágil papalotl- dejenlos ahí pero no aseguro que no los sacrifique para los dioses- dijo la mujer con arrogancia y a su orden los dos hombres salen- no se que esta pasando con nuestra yaocihuatl debe ser por ordenes de los Dioses… no puedo creer que me pidan ayudarles… ¿Cuál es tu nombre niña de cabellos de sol?- pregunto la mujer en su lengua, sin embargo Candy se queda muda, los ojos negros de la mujer eran intimidantes, la pobre pecosa podía jurar que un universo inmenso se escondia en esos ojos tan negros como la noche- entiendo, no conoces mi lengua, supongo que tendré que hablarte como los cristianos…¿Cómo te llamas?- pregunto en español la mujer

-Ca…ca… Candy- dijo la chica con algo de temor

-¿candy?... que raro, no me gusta, te llamare Chalchihutlyolotl- dijo la mujer al encontrar su mirada con los ojos verdes de la rubia- mi nombre es itzapapalotl, pero te refreiras a mi como itzapapalotlzin, ¿entendiste Chalchihutlyolotl?

-¿Cómo?- se sorprendio la pecosa, ¿Qué pasaba en ese país que todos creían que le podían cambiar el nombre y bautizarla a su antojo, primero Dulce, después esta mujer que le puso un nombre por demás raro, ni siquiera podía pronunciarlo chalchi ¿Qué?, hasta ese mocoso engreído le decía señorita pecas… ¿señorita pecas?...-¡Terry!- dijo la chica corriendo a lado de el joven ingles-¿Terry?, ¿Terry estas bien?, abre tus ojos… Dios mío, tiene fiebre- dijo preocupada la pecosa

-tranquilízate Chalchihuitlyolotl-dijo la mujer con tranquilidad-Malinalitzin es una gran Tizitl, aprendió de mi- dijo con una sonrisa arrogante mientras tomaba varios frascos con líquidos de diferentes colores- se ve, que ese hombre blanco es fuerte, aun así, transmite su seguridad y arrogancia, esa arrogancia que solo portan los grandes señores de Anahuac, se parece a lo que los tonalpouhques cuentan como eran nuestros Tlatoanis-sonrió la mujer- debe ser un tlatoani de tus tierras

-¿Cómo?- dijo la chica sorprendida al ver que buen español que tenia la mujer, sin embargo la mezcla de algunas palabras en Nahuatl le dificultaban el entendimiento

-ayúdame a que beba esto, eso le bajara la fiebre- dijo la mujer mientras acercaba un liquido negro verdoso a los labios del castaño

-¿Qué es eso?- pregunto la chica con algo de preocupación

-¿quieres que tu novio se salve?, entonces no preguntes, no te gustara saberlo- dijo la mujer con una sonrisa

-¿Por qué cree que es mi novio?- dijo la chica sonrojada

-por que para nosotros los mexicas… es muy fácil ver cuando dos tonallis unidos de una manera inquebrantable- dijo la mujer mientras ayudaba a recostar nuevamente a Terry- vigílalo… si vez algún cambio toca ese caracol y vendré de inmediato… debo hablar con Malinalitzin-dijo la mujer con aire preocupado

-el Caracol?- dijo la chica al ver una pequeña concha

-si solo soplas en el y listo… nos vemos mas tarde- después de eso la mujer sale de su choza en busca de la joven princesa- Chalchiutlyolotl, es un nombre perfecto para ella-pensaba la mujer mientras se dirigía al pequeño templo que fungía como palacio para Coyolxauhqui- sus ojos verdes como el jade y refleja su corazón en ellos… es tan trasparente como su mirada… nunca creí que el mundo que deje atrás me siguiera hasta aquí, soy la mancha en esta aldea, aun así Malinalitzin jamás permitió que se me discriminara… dioses de mi madre… protejan la aldea por que la llegada del mundo externo solo puede representar la desgracia como para nuestros antepasados…¿Por qué nos han pedido les ayudemos?- se preguntaba la mujer mientras llegaba a la entrada del pequeño monumento

Mientras tanto en la choza

-Terry, tienes que abrir los ojos, por favor- dijo mientras pasaba una compresa con agua sobre su frente- recupérate-decía mientras acariciaba sus castaños cabellos

-Ca…Candy… Candy…- murmuraba entre sueños

-Terry… aquí estoy, aquí estoy- dijo ella tomando la mano del joven aristócrata- tranquilízate, estoy bien, estoy a tu lado- como si de un bálsamo se tratara las palabras de candy lo habían tranquilizado haciendo que su respiración se volviera mas tranquila- creo que la fiebre esta pasando, Terry, tienes que abrir los ojos pronto, recuperarte para que volvamos a la hacienda, este lugar me da mucho miedo –dijo la chiquilla

De regreso al templo…

-Coyolxauhqui…-dijo la mujer al estar frente a la dirigente de la aldea y hacer la señal de besar la tierra

-¿Cómo están los extranjeros?- pregunto sin inmutarse

-están bien, el hombre se recuperara pronto

-eso espero, los quiero fuera cuanto antes

-con todo respeto, eso no es posible

-¿Por qué no?- dijo la mujer

-tu lo sabes- contesto itzapapalotl

-…- la joven Tlatoani frunció el seño- no comprendo a los Dioses, ¿Por qué los quieren aquí?, cuando fueron sus antepasados los que trajeron desgracia a esta gente… es un peligro que permanezcan aquí, su sangre sucia podría manchar nuestro linaje- la mujer se llevo una mano a la boca dándose cuenta demasiado tarde de lo dicho-lo lamento itzapapalotl, no quise

-no te preocupes, sabes que soy una mancha en este lugar, es por ello que se me condeno al sacerdocio para que mi sangre impura no manche al resto de la aldea, el pecado de mi madre al tenerme me afecto, eso es todo

-tuviste la oportunidad de tener una vida allá afuera con los de la misma raza que tu padre

-un mundo de banalidades donde solo hay hipocresía, falsos seres arrepentidos de sus pecados y donde solo se busca arruinarse los unos a los otros?... no lo creo, aquí no tendré descendencia pero vivo feliz con mi gente…sin embargo

-sin embargo?- pregunto la Tlatoani

-esos chicos, la chica de ojos color jade y cabello de sol… Chalchihuitlyolotl…

-le has dado un nombre?- pregunto la mas joven

-tendrá que acostumbrarse, va a quedarse largo tiempo aquí-dijo la mujer con una sonrisa- se que ella es a la que los dioses enviaron a proteger

-yo también lo sospeche… los dioses no pueden dar unos ojos tan verdes como el jade sagrado a cualquiera

-ese hombre blanco esta unido a su tonalli

-también lo se, ¿será su caballero águila?- pregunto la mas joven mientras se sentaba en el trono

-puede ser, por ahora solo debemos protegerles por un tiempo hasta que los dioses den sus ordenes

- itzapapalotl … aun falta que encontremos al caballero con el cielo en los ojos y el sol en su cabello- dijo la mujer

-el ultimo guerrero jaguar, sabes lo que eso significa ¿no?

-al igual que mi señor Topiltzin… pronto tendré que emprender un largo viaje, mas alla de lo que jamas eh visto…

-cuando eso pase…

-tu te quedaras a cuidar de la aldea-dijo la mujer decidida

-yo debo ir contigo y lo sabes

-nadie mas que nosotras puede proteger la aldea

-al igual que Topiltzin Quetzalcoatl… daremos el juramento de volver…

-cihualcoatl apareció de nuevo, como cuando nuestro imperio fue destruido

-malas cosas están por pasar, pero buenas también, hay que creer en los dioses y en que protegerán a nuestras gentes- dijo Coyolxauhqui preocupada

-que así sea-dijo la mujer de ojos negros como la noche

-ahora ve a lado de esos hombres blancos- dijo la dirigente de la aldea

-con su permiso- sin mas la joven curandera se retira del lugar

Dos días mas tarde en la hacienda Grandchester…

-al fin llegue, espero que aun este el señor Garcia o alguno de los criados que conocieron a la familia…

-¿señorito Anthony?- dijo una de las sirvientas al reconocerlo

-¡María!, cuanto tiempo sin vernos- dijo el rubio con una sincera sonrisa

-señorito Anthony, ¿Qué hace usted aquí?, estas ya no son tierras de los Andrew- dijo la mujer algo sorprendida

-lo se pero…¿Qué sucedió aquí?- dijo preocupado

-oh señorito, la guerra civil que hay en el pais provoco esto, los revolucionarios vinieron a hacer de las suyas a la hacienda

-¿están todos bien?- pregunto Anthony de inmediato

-si, solo unos cuantos heridos pero…- dijo la mujer dudando un poco

-¿pero?...- pregunto impaciente el rubio

-se llevaron varias cosas de valor y raptaron a una jovencita de la servidumbre, la chica salvo a la señorita de la familia y a cambio se la llevaron a ella, el joven heredero se fue tras los bandidos para rescatar a la joven, pero no hemos tenido noticias de ellos en casi tres días, el amo Grandchester esta desesperado

-como se llamaba la jovencita que raptaron?- pregunto de inmediato Anthony

-Dulce- contesto la mujer, a lo que Anthony suspiro aliviado pensando en que no había sido su amada pecosa- es una chica de cabellos rubios y ojos verdes, acababa de llegar de su país, la había enviado su tía abuela a trabajar aquí- dijo la mujer

-¡Candy!- grito el rubio con desesperación- por favor María, préstenme un caballo tengo que salir a buscarla cuanto antes- declaro el rubio

-señor usted conocía a Dulce

-eh venido hasta aquí por ella María- dijo con desesperación

-amo Anthony… mejor será que se entreviste con la señora de la casa o con la señorita para que le prestemos un caballo, si se lo presto, seguro que la señora me azota y me corre- dijo la mujer sintiéndose fatal por negarle un favor al señorito que tan bueno había sido con ellos

-esta bien, por favor, entrevístame con ella cuanto antes

-sígame señorito Anthony- la mujer comienza a caminar seguido por el chico de cabellos rubios y ojos color cielo

-Candy… espérame… voy a rescatarte- con esa firme convicción Anthony se decide a salir en busca de la rubia pecosa

XD continuara!!!!

Ehecatl: dios del viento

Obsidiana: roca de uso común entre los Mexicas para la fabricación de armas y algunas joyas, el uso dependía del tipo de obsidiana que se tratara

macahuitl : espada Mexica constaba de un fuerte tronco y filosas navajas de obsidiana incrustadas, era el arma mas usada entre los mexicas.

Tizitl: medico mexica, curandero, brujo , XD el que curaba a los enfermos y heridos

Itzpapalotltzin: señora mariposa blanca

Xiuhcoatl: serpiente de fuego

Papalotl: mariposa

Yaocihuatl: mujer guerrera

Chalchihutlyolotl: corazón de jade

Tonalpouhques: eran los hombres que escribían el nombre de los mexicas en los códices de las aldeas, según su fecha de nacimiento marcaban su destino "tonalli" y en algunas ocasiones estos hombres también fungían como los narradores de la historia de los grandes pueblos

Topiltzin Quetzalcoatl: rey sacerdote, la leyenda este personaje es que siempre se le considero un hombre virtuoso, inteligente sustituyo el sacrificio humano por el sacrificio a otros animales e insectos, sin embargo esto levo a enfrentamientos con seguidores de Tezcatlipoca, Topilzin siempre fue un hombre de reputacion intachable, como sacerdote y emperador, sin embargo es engañado y emborrachado, haciendo que rompa su celibato con su propia hermana, esta conducta entristece a Topiltzin quien tras su vergonzoso comportamiento se va de viaje, jurando regresar a reclamar su reino un año 2 caña mismo que por desgracia coincidió con la llegada de Hernan Cortez a tierras mexicanas y por lo cual muchos de nuestros antepasados aseguraron que ese hombre era Topilzin quetzalcoatl.