Disclaimer: Ya saben, nade de esto me pertenece, sino a la genia de J.K. Rowling, exceptuando los personajes nuevos de Beauxbatons y Durmstrang.
Ahora si, sin quitarles más tiempo, que lo disfruten :) Dejen Reviews así me instan a seguir escribiendo que últimamente tengo poca inspiración para esta historia...
Capítulo 3: Los tres campeones
Un joven de ojos grises comenzaba a despabilarse. Abrió los ojos lentamente e intentó incorporarse. Un gran dolor en el pecho hizo que se volviera a acostar. Ya había descubierto dónde se encontraba, era difícil no darse cuenta, estaba en la enfermería. Empezó a recordar un duelo, una maldición lanzada y luego el firme suelo.
-Te despertaste al fin. La verdad que ya te tardabas mucho.- Escuchó cerca una voz ronca.
-Piérdete, Sirius.- Contestó desganado, volviendo a intentar incorporarse. Nuevamente no pudo.
-No trates de levantarte en vano, no podrás hasta mañana.
-¿Cómo sabes?
-Primero, soy tu hermano mayor, por más que no lo desee; segundo, estoy acostumbrado a estar aquí y de esta manera; por último, Madame Pomfey me lo dijo antes de ayer cuando probé de hacer lo mismo.
Regulus voltio la cabeza y se encontró con su hermano sentado, en la cama que le correspondía, mirando hacia un retrato, poco interesante, que estaba frente a él. El Black menor rió, haciendo que el moreno lo mirase.
-¿De qué rayos te ríes?- Preguntó de mala gana.
-De varias cosas.- Aún riendo.
-¿Por ejemplo…?- Bufando molesto.
-De que hacía rato estábamos posponiendo aquel duelo, y mira como terminamos.- Lo miró.- Ni yo, ni tu ha ganado y, ambos terminamos con heridas serias, inconscientes y en la enfermería.
-…- Sirius lo miró sin comprender y también rió.- Tienes razón, causa gracia. La próxima vez, si o si, uno verá caer al otro.
-Ten asegurado que quiero la revancha.- Mirándolo por el rabillo del ojo desafiante.
-Si, si. Como quieras. Siempre y cuando te recuperes.- Comentó en tono ¿preocupado?, lo que logró que su Regulus lo mire con asombro.- Porque ni loco te creas que me te daré la revancha sin que te mejores. No sería justo para ti, ni divertido para mí.
-De acuerdo, me parece bien.- Se acomodó entre las sabanas y suspiró.- ¿Hace cuánto que estamos aquí?
-Por lo que me dijo James, cerca de una semana.- Se quedo callado un momento.- Parece que hasta el director se preocupó por nosotros, ya que corrió la fecha del anuncio de los campeones, y porque estuvimos bastante graves…- También se recostó y cerró los ojos intentando dormir.
-Sirius…
-¿Mmh?- Contestó con un gruñido.
-¿Participarás del Torneo?
-Si, eché mi nombre al cáliz…-Con tono de fastidio.
-Ah, yo también.- Se quedó callado unos minutos.- Sirius…
-¿Qué?- Contestó más fastidiado aún.
-Este…-Se quedó callado.- Nada, nada…
Sirius lo giró la cabeza y lo observó, parecía que su pequeño hermano tenía, o quería, decirle algo que no se animaba. Se sonrió para si mismo. Ya sabía, al menos, que el su hermano se encontraba bien.
-Descansa, hermano.- Se dijeron ambos Black al mismo tiempo, después de varios años de no llamarse así, sin ser despectivo.
Dos semanas después, un moreno y un castaño abandonaban el primer piso, más específicamente, la enfermería. Fuera de allí, se encontraban los Merodeadores que faltaban, es decir, James, Remus y Peter. Al salir, ninguno de los dos Blacks se dirigió palabra alguna, y Sirius se acercó a sus amigos. James le palmeó la espalda, haciendo que el ojigris lo corriera a causa del dolor de las heridas.
-Vamos Sirius, apúrate que tenemos que bajar al Gran Salón urgentemente. Órdenes de Dumbledore.- Agregó ante la mirada de interrogación del susodicho.
-Vaya, ni dos horas me dan para respirar, salgo de la enfermería, luego de dos semanas, y ya hay que ir a la reunión de Dumbledore.
-Permíteme decirte, Canuto querido, que el directo tuvo que cambiar algunas fechas por el duelo con tu hermano.- Comentó, serio, Remus
-Ya, ya. Está bien, comprendí lo que me quisiste decir. Bajo calladito.
- Así me gusta que te comportes, Hocicos.- Bromeó divertido el castaño.
Los cuatro amigos se adentraron en el tumulto negro, celeste y rojo que había en el hall de entrada para poder entrar en el Gran Salón. A medida que los estudiantes entraban, se iban sentando en sus respectivas mesas. El salón estallaba en murmullos y las miradas expectativas estaban puestas en aquel cáliz de madera con fuego azul. El crepitar de esas llamas estaba inquieto. Los Merodeadores se sentaron a la mitad de la mesa de Gryfindor y, tres pares de ojos, unos color avellana, unos grises y unos miel, miraba el fondo del lugar, dónde se encontraban todo el plantel de profesores, y los tres directores. Las mesas se fueron llenando, y la gran puerta de roble se vio cerrada al entrar el último alumno al recinto. Dumbledore se paró frente al atril dorado, haciendo que todo el mundo se quede callado. El viejo director se aclaró la garganta, apuntó su garganta con la varita y prununció sonorus, haciendo que su voz se escuchase más fuerte y notable para todos.
- Alumnos, profesores, directores.- Comenzó su discurso.- Antes de comenzar con la selección de los tres campeones, debo pedir disculpas a todos ustedes por posponer esta fecha hasta el día de hoy. Como bien saben, y si no lo sabían se estan enterando, hubo un pequeño incidente entre dos alumnos de este colegio.- Su mirada azulina se posó en Sirius y Regulus, que se encogieron de hombros.- Pero ahora, sin más preámbulo, damos por comenzado la selección.- Albus Dumbledore se acercó al cáliz, el cuál inmediatamente escupió un pergamino.- El campeón de Durmstrang es...-Los alumnos de la casa mencionada miraban intensamente.- Helmud Kaschien.- Un grupo de búlgaros se echaron a gritar, mientras que el susodicho se acercaba a Dumbledore. Era un jóven de cabello rubio oscuro, con ojos color gris, espalda ancha. Caminaba con paso fuerte y firme, se acercó al director, le estrechó una mano y se encaminó al cuarto que le habían dicho que debía ir, desapareciendo por una puerta trasera que había al fondo del salón. El cáliz escupió un segundo pergamino- El campeón de Beauxbatons es...- Leyó el nombre.- Réjane Soeziré.- La chica se levantó entre los gritos de sus amigas. La joven, era la peliazul que Sirius había visto semanas atrás, la siguió con la mirada hasta que desapareció por la puerta del fondo.- Por último, el campeón de Hogwarts es...- El cáliz dio el último pergamino.- James Potter.
El susodicho no podía creerlo, tantos alumnos en Hogwarts para ser elegidos, y era él quien tenía la suerte de participar. Se levantó temeroso, a penas escuchando los gritos de sus compañeros de escuela, y los abucheos de los Slytherins. Se acercó al director, le estrechó la mano y se encaminó por aquella puerta. Entró a la antecámara y comenzó a observarla. Era un cuarto un poco más chico que un salón de clases normal, bastante oscura, con objetos extraños y poco visibles, una araña de oro colgaba con velas encendidas y, al fondo, bajo el un retrato, se encontraba una chimenea. En frente a ésta había tres sillones, dos de ellos ya ocupados. Se acercó a los sillones y se sentó en el que sobraba, fijando la vista en el crepitar de la chimenea. Luego de un rato, escucharon pasos que se acercaban. Automáticamente, los tres, se pusieron de pie mirando la puerta. Acababan de entrar Dumbledore, McGonagall, Juliette Crapaud y Grodwin Kovitch. Los dos primeros se acercaron al castaño, mientras que los otros directores a sus alumnos correspondientes.
- Muy bien Potter, lo felicito.-Le decía la profesota de Transformaciones mientras le palmeaba la espalda.
- Gracias profesora...
- Yo también lo felicito, Señor Potter. Debe de estar orgulloso ser Premio Anual y Campeón de Hogwarts en su último año.
- Muchas gracias profesor, y si, la verdad que estoy orgulloso.- Contestó satisfecho.
A las felicitaciones de Dumbledore y McGonagall, se le sumaron las de los otros dos directores. A James le incomodó bastante escuchar su nombre distorsionados por el hablar de éstos. Sin embargo, les dedicó una sonrisa y agradecimientos. Nuevamente los campeones se habían quedado solos. Cuando el castaño estaba dispuesto a marcharse también, sintió que una mano se posaba en su hombro. Al darse vuelta, se encontró con unos bellos ojos violetas.
- Felicidades James Potteg.- Escuchó decir a la joven.
- Felicidades a ti también...¿cuál es tu nombre?- Preguntó con sonrisa seductora, a pesar de ya conocer su nombre.
- Oh que mal educada he sido, disculpame. Mi nombge es Géjane Soezigé.
- Un gusto, Réjane.- Besándole la mejilla. Miró al muchacho de Bulgaria y se acercó a él extendiéndole la mano.- Mi nombre es Potter, James Potter.
- El mio es Helmud Kaschien.- Habló con voz ronca, estrechándole la mano.
- Felicidades Helmud.
- Felicidades a tí también Potterr.
- Bueno... creo que ya es hora de marcharme.- Revolviéndose el cabello.- Nos vemos, buenas noches.- Saludó de forma amigable, mientras los otros asentían ante el saludo.
James caminó por los pasillos de Hogwarts hasta el ala de Gryffindor, estaba todo muy tranquilo y silencioso. Pensó que Filch podría atraparlo, pero recordó que se había quedado en aquella antecámara a petición de Dumbledore. Entró a la sala común deseando que se encontrara como el resto del colegio, y por suerte así era, exceptuando que se encontraban Sirius, Remus y Peter para felicitarlo. Los cuatro Merodeadores se pusieron festejaron durante un buen rato, hasta que se fueron a dormir. Sólo estaba James, que se encontraba sentado en el sillón frente a la chimenea. Nuevamente se vio observando el crepitar del fuego. Escuchó pasos y desenfundó su varita como si fuera una espada. Por las escaleras de las chicas, una pelirroja bajaba.
- Ah... eras tu.- Dijo el castaño bajando la varita.
- ¿Me ibas a hechizar, Potter?
- A tí difícil poder hechizarte, dulzura.- Volviendo a sentarse despreocupadamente. Momentós después notó que la ojiverde se sentaba a su lado, lejos, pero con él. Sonrió para si mismo por su suerte.- ¿Por qué bajaste?
- Pensé que no había nadie... Y no podía dormir, así que vine a ver el fuego.
- No se que tiene el fuego...- Comentó aburrido mirando hacia la chimenea.
- ¿Que tiene de qué?- Preguntó sin comprender.
- Que todo el mundo lo mira, se queda hipnotisado... y no le veo nada de interesante, sin embargo, también me atrapa.- Dijo tras un suspiro y se levantó para marcharse.- Hasta mañana, Evans.
- Adiós, Potter.- Se viró para verlo.- Felicidades, por cierto.- Volviendo a mirar el fuego.
James subió por la escalera que conducía a los cuartos de los hombres con una sonrisa dibujada en su rostro. Estaba tan sumido en sus pensamientos, que trataban de una pelirroja ojos verdes, que se encontraba parado frente a la puerta de su cuarto hacía varios minutos. Observó la puerta se recordóque iba a ser el último año en verla. No tenía nada de diferente a las puertas normales de roble, excepto que tenía una placa color oro al metro cincuenta más o menos. En ella se podía leer: "Habitación de Black, Sirius; Lupin, Remus; Pettigrew, Peter; Potter, James. Golpear antes de entrar", eso era lo que decía la placa formal, sin embargo, había sido modificada. Además de decir eso, los cuatro Merodeadores le habían agregado: "Es en serio, golpeen al entrar o absténganse a las consecuencias, Atte. Los Merodeadores." Entró en la habitación, y sus amigos seguían despiertos y lo miraban de forma interrogatoria. Continuó sonriendo embobadamente, ensimismado, sin notar la presencia de ellos allí. Se quitó la corbata, la camisa, los zapatos, las medias y el pantalón del uniforme, lo sustituyó por un simple pantalón de joggin. Sirius, ya harto del silencio de su amigo, y de su cara de un completo idiota, rompió el frío silencio.
- Cornamenta...- Comenzó con un tono de voz medio.- ¿¡Nos podrías decir, por qué rayos tienes esa cara de estúpido en la cara!?-Gritando a los cuatro vientos.
- ¿Eh?- A penas dándose cuenta de lo que ocurría.
- Cornamenta...- Comenzó esta vez un castaño.- Lo que Canuto quiso decir, es que no encontramos razón para tu cara. Cuando te dejamos, estabas totalmente contento, si, pero no embobado. Y eso fue hace diez minutos. ¿Pordías decirnos, qué fue lo que te ocurrió?
- Ah... Hola chicos...- Sonriéndoles a sus amigos, quienes rodaron los ojos.- Y si, Lunático, ya me paso a explicar.- Recostándose en su cama, mientras ponía sus brazos detrás de su nuca.- Es que...
- ¿Es que, qué, Cornamenta? Ya me estas enloqueciendo, y sabes que no es bueno.- Masculló Canuto.
- De acuerdo, de acuerdo.- Sonrió satisfecho.- Es que me quede hablando con Evans.
- ¿Con Evans?.- Preguntó Peter asorado como sus compañeros de cuarto, viendo como el moreno de anteojos asentía.
- Pero... ¿cómo?. ¿Me estás diciendo que estubiste hablando con Lily de forma civilizada?-Preguntó el ojimiel.
- No fue una gran charla... Pero...
- Pero al menos no terminaste con cinco dedos marcados como la última vez.-Lo interrumpió el ojigris.
- ¡No, Canuto! Iba a decir que me felicitó por haber quedado como campeón.- Sonriendo ampliamente.
- Jajaja esa no es Lily, ¿qué poción le diste, James?- Rió Remus.
- Ninguna, Lunático. Cuando me estaba viniendo para la habitación, nos deseamos buenas noches.- Sus amigos lo miraron más sorprendidos aún.- y me felicitó. Así de simple.
- Vaya... eso no me lo esperaba de la pelirroja loca...
- Ni yo mi querido Canuto... Pero bueno, tarde o temprano tenía que caer a los encantos Potter, ¿no creen?
- Si claro, James. Como digas.- Contestaron los tres amigos, mientras todos se metían en sus camas, cerraban los doseles y se proponían dormir tranquila mente. Más que nada James que, a partir de mañana, tendría que estar más que concentrado en los É.X.T.A.S.I.S y el Torneo de los Tres Magos.
