¡Hola a todos! Aquí les traigo un nuevo capitulo, espero que les guste.
Mil gracias a mi adorable reviewer: Remula Black
YGO y todos sus personajes pertenecen a Kazuki Takahashi.
Capitulo 5
Servicio social.
Parecía ser un día perfectamente normal. El frio aire de la mañana se colaba por todas las ventanas mal cerradas de la habitación, forzando a los ocupantes a despertarse, aun cuando (claramente) no era lo que deseaban. 'Algo' cayó al suelo, desde la litera superior, con un suave 'pop'. Bakura gruñó.
Normalmente, Akefia no se levantaba hasta las 7 de la mañana, cuando sus hermanos 'pequeños' estaban a punto de salir hacia el colegio. El mayor no era precisamente lo que se llama una 'persona madrugadora' y generalmente, su malhumor no desaparecía hasta alrededor de las 10 0 11 de la mañana, hora en la que tomaba el autobús rumbo a la universidad.
Por lo tanto, parecía inverosímil que el chico estuviera ya despierto. Aquello, definitivamente, no pronosticaba nada bueno.
Akefia salió de la habitación, golpeándose contra las paredes y maldiciendo cada vez que lo hacía. Bakura permaneció tumbado sobre su propia cama, sin moverse siquiera, tratando de ignorar el frio de la madrugada y forzándose a si mismo a cerrar los ojos y dormir otros diez minutos.
A su lado, Ryou comenzó a desperezarse. Como un gatito, el menor estiró cada uno de los músculos de su espalda, durante un par de minutos al menos. Una vez que estuvo satisfecho, el chico se puso de pie, soltando una exclamación ahogada cuando sus pies hicieron contacto con el helado suelo. Segundos después, él también dejo el cuarto.
Una vez solo, el muchacho cerró los ojos. Considerando que Ryou pasaba HORAS en el baño, peinando su largo cabello y 'arreglándose', supuso que podía volver a dormir por unos veinte minutos. Eso, claro esta, si lograba conciliar el sueño.
Lo cual, ciertamente, nunca había sido un problema para Bakura Dieb.
Cuando el timbre sonó, casi una hora después, Ryou ya se encontraba de vuelta en la habitación, peinándose (Bakura lo había obligado a salir al cuarto a terminarse de arreglar, de lo contrario jamás sería capaz de bañarse) El chico sonrió, a sabiendas de quien se encontraba al otro lado de su puerta. Aun aplicándose un poco de crema para peinar en el cabello, el joven caminó por el vestíbulo y abrió la puerta principal.
Para su sorpresa, no era Mana quien se encontraba frente a él, sino un muy arreglado (y admitidamente atractivo) Mahado.
-Oh… Buenos días, Nakatomi-san- saludó el peliblanco, con la mayor cortesía posible.
-No hay necesidad de llamarme por mi apellido, Ryou- alegó el mayor, con una sonrisa- después de todo, nos conocemos de toda la vida, ¿no es verdad?
Claro. Cuando Ryou nació, Akefia tenía ya 6 años y desde luego, ya era amigo de Nakatomi Mahado, quien asistía al mismo jardín de infantes que él. Sin embargo, la eterna serenidad y seriedad en el rostro del moreno, siempre lograba intimidar al menor de los Dieb…
-Yo… umm… de acuerdo…
Mahado se rió afablemente y Ryou no pudo evitar pensar que Mana tenía buenas razones para haberse 'enamorado' del chico. Si los intereses del propio Ryou no estuvieran puestos ya en otro joven, sin duda alguna, Mahado sería una buena opción de 'amor platónico'.
Justo en ese momento, Akefia salió de la cocina, prácticamente devorando una manzana. El menor lo miró con curiosidad, preguntándose, por primera vez en el día, que hacía el mayor despierto tan temprano. Además, Akefia llevaba puestos unos pantalones negros de vestir, con una camisa del mismo color, lo cual era demasiado formal para él. Como si aquello fuera poco, había peinado su blanco cabello de una manera de lo más presentable y llevaba un largo y elegante abrigo rojo que reservaba para ocasiones muy especiales.
-¿Vas a algún lado, Ake?
El mayor gruño y Ryou sonrió. Su hermano mayor odiaba cualquier abreviatura de su nombre, pero aquella lo molestaba de la manera mas particular… su ex novia, Mai, solía llamarlo así.
Sin dirigirle una sola mirada, Akefia pasó a su lado, propinándole un leve empujón, antes de salir por la puerta aun entreabierta. Su amigo le ofreció una sonrisa de disculpa al otro chico antes de también desaparecer por las escaleras.
-Que extraño- murmuró Ryou para si, cerrando la puerta con delicadeza- esto no es algo que ves todos los días…
Contemplándose una vez más en el espejo, el menor de los Dieb notó que su uniforme estaba un poco arrugado. Al ver el reloj de pared, comprobó que no tenía tiempo para plancharlo y murmuró una maldición. ¡Justo en el día más importante…!
-Deja de agobiarte tanto por tu aspecto, Ryou-chan- murmuró Bakura, con una sonrisa sarcástica- si vas a conseguirte un novio, mas le vale que te quiera por quien eres y no por como luces.
El menor se sonrojo hasta alcanzar un tono jitomate y luego le lanzó una mirada asesina a su hermano. El otro solo sonrió más.
A decir verdad, Ryou no sabía porque ponía tanta atención a su apariencia. Akefia y Bakura eran de lo más descuidados y 'fachosos' que había en el mundo. Y aun así, ambos se las ingeniaban para lucir increíblemente 'hot'. Bueno, ciertamente eran atractivos y sin duda ese look 'no me importa lo que pienses' tenía cierto encanto…
-Esta bien, vámonos ya…- mascullo, malhumorado, saliendo del cuarto dando un portazo. El mayor lo siguió, sin dejar de sonreír maliciosamente.
Algo le decía que aquel no sería un día normal…
Mana estaba sentada en una banca junto a la parada del autobús, con un libro abierto sobre su regazo. Por la manera nerviosa en la que sus ojos se deslizaban sobre el papel al tiempo que la chica masticaba la tapa de su marcatextos, Ryou supuso que su amiga no había hecho la tarea de historia. Incapaz de contenerse, sonrió.
-Oh, Mana, Mana, ¿Qué vamos a hacer contigo? ¿Cuándo dejaras de flojear tanto?
-Es tu culpa, Ryou-chan- alego ella, sin levantar la vista- si ayer no me hubiera quedado tanto tiempo en tu casa…
-Mana, Susuki-sensei dejo esa tarea la semana pasada…
La chica hizo un puchero y continuó leyendo, causando la risa del joven. Bakura los miró sin mucho interés y luego dirigió su atención hacia la dirección de la que el camión debería venir. No había señales de él aun, pero sin duda no debía tardar.
-¡Oh, Bakura-chan!
La voz llego a sus oídos con un presagio. El aludido se dio la vuelta rápidamente, justo a tiempo para observar como Marik se arrojaba sobre él, con su usual sonrisa maniática. A su lado, su gemelo volteó los ojos.
-Quítatele de encima, Marik. Vas a aplastarlo.
En efecto, al caer sobre el peliblanco tan sorpresivamente, éste había perdido el equilibrio de tal suerte que ahora estaba tumbado sobre el suelo, con un sonriente Marik sobre él- Oh, vamos Malik-chan… ¡no seas tan celoso!
Una vez más, el menor de los rubios volteó los ojos. Bakura, quien ya se había recuperado de la sorpresa, se puso de pie, aventando a su 'atacante' lejos de él.
Marik continuó sonriendo de manera sicópata, mientras Ryou y Mana los observaban con cierta curiosidad- ¿Qué hacen aquí, Malik?- pregunto el chico finalmente- creí que ya no tomaban el autobús…
Sonrojándose, Malik respondió con una tímida sonrisa.- Ah… Ishizu nos castigo y nos quito las motocicletas…
Asumiendo que el sonrojo era producto de la vergüenza de haber sido castigados por la mayor de sus hermanas gemelas, Ryou le sonrió de manera alentadora. Aquello solo causo que el menor de los gemelos Ishtar se sonrojara aun más. Bakura y Marik se rieron.
En ese momento, el autobús llego, ahorrándole más vergüenzas al menor de los rubios. Los cinco amigos subieron al camión y ocuparon los lugares del fondo; pronto, comenzaron a platicar sobre tonterías y minutos después, el transporte escolar estaba lleno con sus escandalosas carcajadas.
Una vez más, el día comenzaba a pintar como uno muy normal…
Mahado miro con cierta compasión a su compañero. En cierta forma, entendía el disgusto del peliblanco pero también le parecía que estaba siendo melodramático. Después de todo, sino hacían su servicio social, jamás podrían titularse…
Aunque claro, aquello no era necesariamente lo que tenía molesto a Akefia. Quizás era la elección de Mahado acerca del servicio social que realizarían o el hecho de que Mai Kujaku también los acompañaría…
-No es por Mai, si es lo que estas pensando- alego el otro muchacho, como si pudiera leer sus pensamientos- no podría importarme menos. Por supuesto, hubiera preferido que invitaras a Ishizu a 'acompañarnos' en este ridículo 'servicio social' pero…- se encogió de hombros y el otro le sonrió. Aquello, sin duda, era verdad.
-¡Hola chicos! Perdón por tardar tanto…- una muy alegre rubia apareció de la nada, sonriéndoles entusiastamente. Mahado le devolvió la sonrisa, mientras que Akefia solo volteo los ojos.
El atuendo de Mai era de lo mas inusual; su acostumbrada minifalda había sido remplazada por unos pantalones de vestir beige y en lugar de un top utilizaba una blusa purpura. Su cabello, que normalmente flotaba alrededor de su rostro, estaba recogido en un chongo suelto.
A decir verdad, lucía bastante bonita. Distinta, pero guapa.
-Bueno, vámonos ya- sugirió ella, sintiendo un poco de tensión en el ambiente- no queremos llegar tarde a nuestro primer día de trabajo, ¿eh?
Por enésima ocasión en ese día, Akefia gruñó.
Ryou observaba por la ventana, aburrido ya por la clase de matemáticas. Aquella era la materia que mas odiaba (y que menos entendía) pero nunca ponía demasiada atención. Generalmente, Anzu terminaba explicándole todo el curso una noche antes del examen.
-Ryou-chan- murmuro Mana, llamando su atención y el joven se recargo contra el respaldo de su silla, para escuchar a la chica- ¿Qué piensas?
-Nada- respondió el peliblanco, encogiéndose de hombros- ¿tendría que estar pensando en algo?- bromeo, arqueando sus cejas aunque sabía que su interlocutora no alcanzaba a verlo.
-No, pero pensé que quizás estarías pensando en cierto castaño cuyo nombre no mencionare…
El otro se sonrojo de inmediato y Mana soltó una risita. Desde que la castaña se mudara al apartamento de arriba, los muchachos se habían hecho muy buenos e íntimos amigos, de modo que sabían TODO el uno del otro.
Incluyendo sus respectivos "amores platónicos"
-¿Y tu no?- contraataco el chico.
-No, generalmente solo pienso en él cuando no te estoy mirando a ti.
Otra vez, el joven se sonrojo. En el ultimo año de la Secundaria, Mana había estado "perdidamente enamorada" de él, de modo que lo seguía a sol y sombra. Finalmente, cuando Ryou le explico, de la manera más sutil que pudo, que no le interesaban las chicas, la castaña había cejado en sus intentos de conquistarlo.
Lo cual no implicaba que no lo molestara al respecto.
-¡Mana!
-¡Husna-san! ¡Dieb-san!- les llamo la atención la profesora- por favor, presten atención.
-Si sensei- respondieron ambos, a coro.
A su lado, Yugi y Anzu rieron.
Malik gruño, al sentir que alguien le tiraba del cabello. Volteo y observo a su mejor amigo con cierta rabia, pero de inmediato volteo los ojos al ver el puchero que el peliblanco le dirigía.
-¿Qué pasa?- alego el rubio, mirando de reojo al profesor, temeroso de que los reprendieran.
-Me aburro, Malik-chan- se quejo el otro y una vez más, el chico volteo los ojos- ¿Qué piensas?
-¿Qué pienso sobre que?
-No se; sobre algo. Mi hermano, por ejemplo.
Al instante, las mejillas del egipcio adquirieron una tonalidad rosada, que causaron la risa de su amigo. Se conocían de toda la vida y Bakura sabía a la perfección del "enamoramiento" que Malik sentía hacia el menor de los hermanos Dieb y el peliblanco no perdía oportunidad para molestarlo al respecto.
-Ah, tal parece que he hecho sonrojar a Malik-chan- se mofo el mayor, volviendo a tirar del cabello del rubio.
-¡Bakura!
-¡Isthar-san! ¡Dieb-san! ¡Guarden silencio!
-Si, sensei- respondieron a coro, luciendo como un par de chiquillos a quienes les han sorprendido haciendo algo que no deberían.
Lo cual, en cierta forma, era exactamente lo que había pasado.
Akefia, Mahado y Mai caminaban por los pasillos de la preparatoria, mirando a su alrededor con aburrimiento, curiosidad e interés respectivamente. El mayor gruñía de vez en cuando, mascullando algo entre dientes, causando risitas ahogadas de la rubia y haciendo que el otro joven volteara los ojos.
Una vez que llegaron a su destino, se detuvieron. Se hallaban frente a una puerta; sobre esta se encontraba un letrero en el que podía leerse 'Katoo N. Directora'
-¿Listos?- pregunto Mai, su mano sobre la perilla de la puerta. Cuando ambos chicos asintieron con la cabeza, ella abrió y los tres entraron en la dirección.
Katoo Naomi era la directora de la preparatoria Domino desde hacía diez años. Aunque ya algo entrada en años, aun podía apreciarse algo de su belleza de antaño. Tenía el cabello largo y negro azabache, con ojos del mismo tono y largas y pobladas pestañas. Toda ella era la imagen de fineza y clase e imponía respeto absoluto tanto a sus alumnos, como a sus compañeros de trabajo. Mai y Akefia, quienes habían pasado muchísimo tiempo en la dirección durante sus años en la preparatoria, no ponían evitar sentir ahora los mismo nervios que sintiesen años atrás cuando la mujer clavó sus negros ojos en ellos.
-Ah, Kujaku-san, Dieb-san y Nakatomi-san, ¡que agradable tenerlos de vuelta por aquí!- a pesar de su tono cordial, sus ojos tenían un brillo un tanto malévolo y los dos primeros aludidos pasaron saliva, nerviosos. Mahado se contento con seguir sonriendo- estuve mas que sorprendida al leer sus aplicaciones para realizar el servicio social en esta institución… bueno, no en su caso, Nakatomi-san…
-Mis amigos y yo- comenzó el moreno, educadamente- simplemente queríamos devolverle a esta escuela un poco de lo que nos dejo en nuestros años aquí… sin duda, considerando que…
El chico siguió hablando, pero Katoo no escuchaba ya. La verdad es que no había querido aceptar a aquellos chiquillos. Nakatomi era educado y sin duda sería un buen maestro y un ejemplo a seguir para los alumnos pero no podía decir lo mismo de los otros dos. Dieb era revoltoso por naturaleza y se veía constantemente involucrado en peleas; por otro lado, Kujaku pasaba demasiado tiempo coqueteando y arreglándose como para enseñar algo.
Pero aceptar a uno la forzaba aceptar a todos y la verdad es que no contaba con los suficientes profesores. Después de todo, era un común denominador en la gente de Domino el deseo de salir del pueblo y no volver jamás. Y cuando un maestro lo conseguía…
-Sus grupos han sido asignados ya- dijo ella, interrumpiendo el discurso de Mahado- Dieb estará en el laboratorio, ayudando a Kimura-sensei. Kujaku, usted estará en los salones de computo, con Taira-sensei. Y Nakatomi, usted estará con nuestra nueva sicóloga, Hatori-san. Pueden retirarse.
Su tono, naturalmente, no admitía replica. Así que, de la manera más silenciosa posible, los tres chicos dejaron la oficina.
El grupo 101 entró al laboratorio de la escuela, para su clase de química. Ryou fue de los últimos en entrar, con Mana colgándose de su brazo, mientras frente a ellos Anzu y Yugi conversaban alegremente. De pronto, sus dos amigos se detuvieron en seco, haciendo que el peliblanco y la castaña se estrellaran contra ellos.
-¿Qué sucede?- pregunto Ryou, con curiosidad.
-Dejen de observarme así, mocosos. Parece que hubieran visto un fantasma- alego una malhumorada voz, que el peliblanco identifico de inmediato.
-¿Akefia? ¿Qué haces aquí?
-Haciendo mi estúpido servicio social- protestó el mayor- todo es culpa de Mahado…
-¡¿Mahado-chan esta aquí?!
El grupo entero guardo silencio, ante el grito de sorpresa y alegría de Mana. El profesor Kimura la observo de reojo y lanzándoles una mirada asesina, envió a los cuatro amigos a sus lugares, sin oportunidad de que siguieran hablando con el mayor de los Dieb.
-¡Mahado-chan esta aquí! ¡Mahado-chan esta aquí!- sin embargo, nada, ni siquiera las miradas amenazadoras del profesor, lograron acallar el canturreo de una muy complacida y feliz Mana.
El grupo 303 entro en el laboratorio de cómputo, todos charlando y haciendo mucho escándalo, como siempre. Seto caminaba junto a los Ishtar, pero sin prestar atención a su plática. Detrás de él, caminaba Bakura, sumido al parecer en sus propios pensamientos y observándolo de manera intensa. El castaño no podía evitar sentirse nervioso (y halagado) por tanta atención, pero también se sentía intrigado. ¿Qué estaba planeando Bakura?
-¡Hey, Jonouchi, ten cuidado!- exclamo Marik de pronto, furioso. Al parecer, el rubio se había detenido súbitamente y el otro chico había chocado con él.
Sin embargo, el 'cachorro' no le presto atención. Estaba absolutamente concentrado en 'algo' dentro del salón de computación. Seto lo observo con curiosidad, preguntándose que llamaba tan poderosamente la atención del joven. A su lado, Atemu sonrió.
-¡MAI!- exclamó Jou de pronto y al parecer se arrojo sobre alguien. Kaiba frunció el ceño, preguntándose que diablos estaba ocurriendo. ¿Mai? ¿Sería la Mai que él estaba pensando? Pero eso no era posible…
-¡Hola corazón!- si, indudablemente, esa era la voz de la rubia- ¿Cómo te va?
-¡¿Qué haces aquí?!
-Oh, tu sabes… he venido a hacer mi servicio social. Mahado y Akefia también están aquí…
El muchacho gruñó y la chica se rió. Seto suspiró, frustrado. Genial, ahora el 'cachorro' tendría a su chica durante las siete horas de escuela…
Eso les dejaría tan poco tiempo para pelear…
La puerta producía un feo chirrido al ser abierta y Mahado no pudo reprimir un escalofrío. Jamás había estado en la oficina de la sicóloga de la escuela antes; considerando que era un estudiante extraordinario que sabía exactamente lo que quería y que jamás se metía en problemas, nunca había tenido la necesidad de recibir un poco de 'orientación'. Y ahora, sin embargo…
La muchacha sentada al otro lado del escritorio levanto la vista al escuchar la puerta. Tenía el cabello muy largo y castaño oscuro, con un flequillo despeinado que casi le cubría los ojos cafés. Le sonrió con dulzura y al joven le pareció una sonrisa de lo más tranquilizadora. Bueno, tal parecía que la nueva sicóloga de la preparatoria Domino era muy dulce…
-Hola- le saludó ella- ¿en que puedo ayudarte?
-Ah… ¿Hatori-san?
-Esa soy yo- sonrió aun mas, aunque aquello parecía humanamente imposible- ¿y quien eres tú? No me parece que seas uno de nuestros alumnos…
¿Acababa de conocerlo y ya lo tuteaba? ¡Que extraño! Pero en fin, él no iba a quejarse. Además, Hatori-sensei parecía una mujer de lo más agradable…
-Soy Nakatomi Mahado. Estoy aquí para realizar mi servicio social; Katoo-sensei me envió con usted como su ayudante…
-Ah, claro- rebusco entre un montón de papeles, sin dejar de sonreír. Finalmente, pareció encontrar el indicado- ¡Bingo! ¡Aquí esta! Nakatomi Mahado, estudiante de sociología en la Universidad de Domino. Séptimo semestre. Aha… si, muy impresionante…- prosiguió ella, hojeando su historial. El chico no pudo evitar sonrojarse un poco, sin saber muy bien porque- ¡bien, todo parece estar en orden!- su sonrisa disminuyo un poco, pero no desapareció- bueno, Mahado, me temo que este trabajo no es muy interesante por las mañanas… a mediodía los profesores comienzan a mandarme a los alumnos en torrentes, pero antes de eso… puro papeleo, me temo…
-Estoy aquí para ayudarla en lo que necesite, Hatori-sensei. Solo dígame que necesita y…
-¡Vaya, que servicial!- su sonrisa volvió con toda su intensidad- es muy amable de tu parte, Mahado, pero creo que el papeleo de aburrirá a horrores. Sino te molesta, preferiría que me ayudaras con algunos detalles de los talleres extracurriculares… tú sabes, asegurarte que los maestros cuenten con el material necesario, que los salones estén limpios… ese tipo de cosas…
-¡Claro, en seguida!- dijo él, poniéndose de pie.
-¡Oh, pero no es necesario que empieces ahora mismo! De hecho… creo que sería mejor que llegaras a eso de la una-una y media… ¿tienes clases?
-No, esta vez mis horarios quedaron por la tarde. Estoy disponible hasta las cuatro o cinco de la tarde, dependiendo del día…
-¡Excelente! Entonces, si llegarás todos los días a la una, podrías quedarte a ayudarme con mi taller… presiento que será un año un tanto… umm… complicado.
-¿Qué taller dirige, Hatori-san?
Una sonrisa enigmática ilumino el joven rostro de la sicóloga.- ¡Pues el club de teatro naturalmente, querido!
