¡Hola a todos! Aquí esta una actualización; espero que les guste.
Gracias a: Remula Black por su review.
Yugioh y todos sus personajes son propiedad de Kazuki Takahashi.
Capitulo 6
Revelaciones y malentendidos.
La puerta del auditorio se abrió de golpe y un muchacho entró. La escena parecía sacada de una típica película de adolescentes, justo cuando el 'galán' es introducido a la trama. El viento sopló (por imposible que parezca) despeinando el cabello y logrando un efecto bastante extraño (pero atractivo) con su chamarra. Curioso, en verdad curioso.
El auditorio estaba construido en forma de estadio, con las entradas por la parte de arriba. Seto permaneció de pie en el umbral, observando el escenario que desde esa altura parecía muy pequeño. Colocó las manos sobre sus caderas, evitando a toda costa que un puchero se formara en sus labios. Odiaba este castigo, pero estaba decidido a conservar su dignidad tan intacta como fuera posible.
-Fuera de mi camino, niño rico- gruñó alguien detrás de él y el castaño no pudo evitar una sonrisa sarcástica. Así que la chica del cachorro ya se había marchado… que bien. Miró del reojo al rubio y sin siquiera dirigirle la palabra, comenzó a bajar los escalones.
Quizás podría disfrutar su estadía en un club un poco…
Ryou soltó un suspiro ensoñador que provoco que Mahado y Mana dirigieran su atención a la entrada del lugar. Como siempre, los dos menores habían llegado temprano para el taller y la muchacha había estado más que feliz de descubrir a su 'amado' organizando la utilería del club e inmediatamente se había ofrecido a ayudarlo. Dado que no tenía nada mejor que hacer, Ryou también había decidido ayudar.
O al menos eso había sido antes de que cierto castaño hiciera su aparición. El peliblanco continuo sonriendo como si estuviera contemplando una aparición celestial mientras Seto descendía por las escaleras, con un muy molesto Jonouchi detrás de él.
-¡Kaiba-kun! ¡Jonouchi-kun!- saludó Mana, entusiasmada como siempre y decidiendo que lo mejor sería que fuera ella quien se encargara de los saludos, pare evitar sospechas (aun cuando Ryou fuera 'así o mas obvio en la vida')- ¡que maravilloso tenerlos por aquí!
Ambos gruñeron y la chica se rio de buena gana. Mahado les sonrió de manera educada y de tal forma que decía 'los compadezco'.
-¿Debo suponer que también estas haciendo tu servicio social, Nakatomi-kun?- pregunto el rubio, ligeramente malhumorado. Después de todo, no era ningún secreto que al chico no le caían muy bien los amigos de su querida novia (en especial porque uno de ellos era su ex novio…)
Ante esto, el mayor solo asintió con la cabeza. Ryou y Mana se habían apartado un poco y ahora conversaban entre ellos, soltando risitas tontas de vez en cuando. Seto decidió acercarse a ellos; después de todo, el menor de los Dieb le parecía bastante agradable, si bien era un poquitín inmaduro…
-¿Y sus amiguitos?- pregunto el joven, al darse cuenta que Yugi y Anzu no estaban con ellos, como solía ocurrir. Ryou se encogió de hombros, al tiempo que un sonrojo se apoderaba de sus mejillas. Mana fue quien contesto.
-Han ido a ver a Atemu. Hemos considerado que mi presencia no sería bien recibida…- la niña se rió y el peliblanco también soltó una escandalosa carcajada, pero de inmediato se sonrojo aun mas y se quedo callado.
Justo entonces la puerta del auditorio se entreabrió y un par de cabezas rubias se asomaron. Una vez que se aseguraron que 'todo estaba en orden', abrieron la puerta por completo y dejaron pasar a su 'líder'. La quijada de Ryou golpeo el suelo.- ¡¿Qué están haciendo ellos aquí?!
En la opinión de Kaiba, esa era una maravillosa pregunta. Ni los Ishtar, ni Bakura le habían dicho que planearan inscribirse en el club de teatro. El peliblanco entró en el recinto, irradiando seguridad mientras bajaba los escalones con gracia y gran porte. Malik y Marik lo seguían de cerca, el primero mirando a su alrededor con actitud nerviosa y el segundo tratando de ahogar una risita sicópata.
-Hola niños- saludo Bakura, con una sonrisa desdeñosa.
-¿Qué hacen aquí?- les pregunto Seto y de reojo alcanzo a ver que Jonouchi los observaba, seguramente preguntándose lo mismo.
-¡Hemos venido a acompañar a Malik-chan!- informó el mayor de los gemelos, con una sonrisa maniática- ¡mi hermanito ha decidido inscribirse en el club de teatro!- y dicho esto, despeino al otro, juguetonamente.
-¡Eso es maravilloso, Malik-kun!- exclamó Ryou, causando (sin saberlo) el sonrojo del menor de los Ishtar.
-Ah si… Hatori-san sugirió que me haría bien para… umm… desarrollar mi habilidad de hablar en público…
Aquello era parcialmente cierto; el año anterior la sicóloga había sugerido eso. Pero, ¿por qué Malik había decidido seguir su concejo? El castaño paseo su mirada de Malik a Marik, de Marik a Bakura y de Bakura a Ryou. Umm… aquí había gato encerrado. ¿Por qué nadie nunca le decía nada?
Durante aquella breve conversación, Yugi y Anzu habían aparecido y ahora ambos estaban de pie junto a sus amigos, observando la escena con curiosidad. Finalmente, la conversación quedo en el olvido y cada grupito de amigos se dedico a conversar entre ellos.
Y así, esperaron la llegada de la profesora Akemi Hatori.
Akemi era joven y un tanto despistada, pero no era tonta. Sabía que la presencia de los gemelos Ishtar y de Bakura no era buena señal y en circunstancias normales, no los hubiera querido en su taller. Sin embargo, corrían tiempos extraños (si alguien le hubiera dicho un año atrás que Jonouchi y Kaiba se unirían al club, se hubiera reído en su cara) y supuso que sería bueno ser tolerante.
Además, era un buen lugar para que los jóvenes sacaran toda esa energía y creatividad que llevaban dentro y la usaran en algo productivo.
-Buenas tardes- saludó, con una sonrisa amable- Un placer y una sorpresa verlos por aquí- agregó, dirigiéndose a los 'nuevos'.
-Créame, no es por gusto- comentó Kaiba con calma. La profesora le sonrió.
-Lo sé- murmuró, luchando contra la risa que amenazaba con soltarse en cualquier minuto- pero me alegra ver que tus amigos son tan solidarios, Seto.
-¡Espera un minuto!- alegó Bakura, sin preocuparse por formalidades, notando por donde iba la conversación- Marik y yo…
-¡Oh, no hay de que preocuparse! Entiendo que dado que es la primera vez que están aquí sientan algo de nerviosismo, pero…
-¡Pero nosotros…!
-¡Ahora!- interrumpió ella, ignorando las protestas- ¡decidamos que obra presentaremos este semestre!- caminó entre los estudiantes, sonriendo aun más- ¡Mana! ¿Sugerencias?
-Umm… bueno…- la castaña se sonrojo levemente- verá… en vacaciones he estado escribiendo…
-Lo supuse- interrumpió la maestra, sonriéndole amablemente- por eso pregunte. Sé que eres muy talentosa, Mana.
La niña se sonrojó aun más y Ryou coloco su brazo alrededor de los hombros de su amiga, tratando de infundirle ánimos. –Le agradezco la confianza, Hatori-sensei. Eh, en realidad, es una historia un tanto enredada…
Y así, la joven empezó su explicación.
Seto paseó la vista por el desierto teatro. Debía ser bastante intimidante estar en el escenario cuando las butacas estaban llenas. Pasó una mano por su cabello y suspiró. Bueno, al menos sería una experiencia totalmente nueva.
De reojo, observó a los hermanos Dieb. El mayor molestaba al pequeño, despeinándolo afectuosamente mientras el otro protestaba con vehemencia. Aunque se parecían mucho, había diferencias sutiles. La forma de los ojos, por ejemplo, que probablemente también hacía que las miradas fueran tan distintas. Una suave y amable, otra fiera y peligrosa. La estatura y la forma del rostro también eran diferencias, aunque menos notorias.
Ryou debió sentir su mirada, porque sus ojos se cruzaron y el peliblanco le sonrió tímidamente. A su pesar, Seto devolvió la sonrisa. Era algo innato en el menor de los Dieb; siempre lograba arrancar sonrisas, aun cuando el que sonreía no sintiera el más mínimo deseo de hacerlo.
-¡Locura!- protestaba Marik, con falsa furia- ¡todo es tu culpa, pequeño hermanito!
El castaño los observó y embozo una sonrisa indulgente. Los gemelos se acercaron a él. – ¿Tú que opinas, Seto? ¿No es esto lo más loco que has hecho?
-Yo no he venido por voluntad propia- alegó, sarcástico- a diferencia de ustedes.
-Culpa de Bakura, en realidad- protestó el mayor de los gemelos- insiste en cuidar a su hermanito como si fuera un bebé- sonrió maquiavélicamente- ¿sabías que muere por ti?
-¿Qué? ¿Quién?- la atención del chico se había desviado hacia cierto rubio, quien ahora intercambiaba unas palabras con Yugi y Anzu, pero ahora los Ishtar habían recuperado su atención con aquella afirmación. Los observó con suspicacia, mientras Malik lanzaba una mirada asesina a su hermano.
-Ryou- informó el otro joven, con calma- en serio Seto, a veces eres tan distraído…
Volvió a observar al peliblanco. Una vez más, éste le sonrió tímidamente aunque esta vez su hermano notó el breve contacto. Se volvió para mirar a su amigo y frunció el ceño. Intercambio una mirada confundida con los Ishtar, haciendo que Marik se despotricara de la risa mientras Malik gruñía. Seto no reaccionó.
Sin duda, un año muy emocionante y plagado de drama se avecinaba.
Seto pasó la noche prácticamente en vela. Era una suerte que Noa hubiera decidido salir a hacer 'vida nocturna' porque no estaba de humor para soportarlo durante la cena. Claro, era martes y no había precisamente mucha 'vida nocturna' en Domino entre semana, así que su hermanastro había vuelto temprano pero aun así…
Continuó contemplando el techo, mientras repasaba los eventos del día. Se preguntaba que era exactamente lo que Marik pretendía diciéndole que le gustaba a Ryou. ¿Trataban de hacer que invitara al menor de los Dieb a salir? Umm… bueno, no era mala idea…
Es decir, era obvio que Jonouchi no se interesaría en él jamás. Y Ryou era… lindo. Lindo como una chica, para ser honestos, pero lindo a fin de cuentas. Además era amable, dulce y educado. Y si Bakura lo aprobaba…
No tenía caso dejar pasar una oportunidad así. Ryou era una buena opción para novio; sin duda no era demandante o sicótico y era agradable conversar con él. En cierta manera, sus gustos eran similares a los de su hermano mayor y por tanto, se llevaría bien con Seto. Quizás…
Suspiró. Había llegado a una decisión: invitaría al chico a salir, el viernes por la tarde y vería como iban las cosas. Si la 'cita' se desarrollaba bien, comenzaría a considerar formalizar la relación.
Claro, una cita no es suficiente para formarse una opinión de alguien, pero eran jóvenes y no estaban buscando una pareja para toda la vida, ¿verdad?
-¡IDIOTA!
-¡Ouch!
-¡ESTÚPIDO!
-¡OUCH! ¡Ayuda!
-¡VOY A…!
-¡AUXILIO!
La menor de las gemelas Ishtar se detuvo en seco en la entrada de la casa, mientras observaba como floreros, portarretratos y reliquias antiguas sobrevolaban la sala, para impactarse en la pared detrás del comedor. Marik y Malik correteaban alrededor de éste, el primero agachándose cada vez que el segundo lanzaba algo en su dirección. La joven soltó una maldición.
-¡¿Qué creen que están haciendo?!- fue Isis la que grito, entrando detrás de su hermana, ambas cansadas tras toda una larga tarde de estudio en la biblioteca.
-¡Ayuda!- grito el mayor de los gemelos, escondiéndose detrás de la mayor. Isis lo miró con las cejas arqueadas, un tanto molesta.
-¡Ven acá, cobarde! ¡Juró que cuando te atrape…!
-¡Basta ya!- exclamó Ishizu, interponiéndose en el camino del más pequeño- ¿puede saberse a que viene tanto odio hacia tu hermano?
-¡El muy idiota le ha dicho a Seto que le gusta a Ryou!
Silencio. Las gemelas no estaban muy seguras de cómo reaccionar ante tal declaración. – ¿Y eso es malo porque…?- pregunto Isis, tan confundida como la otra chica.
-¡Malik esta enamorado de Ryou!- exclamó Marik, con tono triunfal- ¡pero ahora no tendrá ninguna oportunidad con él!
-¡IDIOTA!- con renovados bríos, el menor de los rubios tomó un cuadro y lo arrojo en dirección del otro, arriesgándose a golpear a su hermana y provocar su furia. La muchacha lo esquivó y éste fue a impactarse directo en la frente del mayor.
-¡OUCH!
-¡MALIK, BASTA YA!- Ishizu avanzó hasta él y lo sujeto de los brazos- hablemos de esto tranquilamente, ¿quieren? Como personas civilizadas.
Gruñendo, el más joven se dejo guiar hasta su habitación. Mientras tanto, Isis miró a su otro hermano de reojo y le ofreció una sonrisa desganada, señalando el desorden en el que la sala había quedado sumida. –Limpia aquí- ordenó- Ishizu y yo trataremos de apaciguarlo.
Marik protestó, pero obedeció; su sonrisa complacida no abandonando jamás su rostro. Valía la pena. Por hacer rabiar a su 'hermanito', limpiaría todas las salas que fueran necesarias.
Listo, ¿Qué les pareció? ¡No olviden dejarme su opinión! Comentarios y sugerencias también serán apreciados.
