Aquí el primer capítulo de mi primer fic que trata de cuando toda esta historia comenzó, con sus giros humorísticos en algunos puntos pero siempre manteniendo la base de la historia de amor trágico, digamos.
Espero que os guste, yo lo he hecho con todo mi cariño y sentimiento con la ayuda de mi editora pandora lover y dedicado a todos nosotros (los pandora) :D
Disfrutadlo
Capitulo 1
Infortunio en una tarde de verano
Los nervios me estaban matando, como cada una de las veces desde hacía varios años, cuando recordaba que me aproximaba lentamente al reencuentro con Sirius. Tan solo 15 minutos me separaban del sueño que había tenido todos y cada uno de los días de mis vacaciones alejado de él; llegar al andén 9 y ¾ para recibir su abrazo que, a pesar de breve, era sin duda el momento más bonito de todo el curso.
Ansiaba tanto sentirle, deseaba tanto oír de nuevo su voz, que a pesar de no ser especialmente bonita, me estremecía con el sólo sonido de las palabras…
…
¡Remus! Amigo mío, cuánto tiempo sin verte.
¡Sirius, ni te imaginas cuánto me alegro de verte! – y era cierto que no tenía ni idea de lo imperiosa que era mi necesidad de estar junto a él - ¿Qué tal ha ido el verano? Hace ya mucho tiempo que no me envías una lechuza aunque sólo sea para informarme de que estás bien– añadí casi de forma recriminatoria, algo que gracias a Dios él no advirtió.
Ha estado "ocupado" – insinuó James con cierto tonito que no logré entender – ¿Qué hay Remus?
¿Ocupado? – inquirí sin ni siquiera reparar en la pregunta que James me había hecho.
Yo también me alegro de verte – replicó James ante mi desplante hacia su pregunta – Sí hijo, sí, ocupado en el estudio anatómico de los cuerpos muggles.
Tu siempre tan gracioso, James – agregó Peter que al parecer llevaba parado junto a James un buen rato, pero era tal mi tristeza por haber descubierto aquel hecho que no había reparado en la presencia de mi apocado amigo – Hola Remus.
Hola Peter. Así que, Te has echado novia, ¿eh Sirius?
Yo prefiero llamarlo un rollete veraniego, intenso, pero rollete – puntualizó éste con su usual arrogancia que a pesar de mi enfado tanto adoraba.
Ah, qué bien – añadí finalmente ocultando mi tristeza tras una sonrisa de lo más natural (o eso fue al menos lo que yo intenté), pero en realidad la imagen de una vulgar muggle besando los labios que yo tanto ansiaba recorrió mi mente, clavándose en mi cerebro como si la imagen fuera un hecho que estuviera presenciando.
Remus, ¿Se puede saber qué te pasa? – me dijo Sirius observando la cara que debería estar poniendo ante aquella imagen.
Nada Sirius, no me apetece hablar ahora.
¿Ahora o conmigo? Es que siempre que llega Septiembre empiezas igual, cabreándote como si yo te hubiera hecho algo y luego cuando mañana te pregunte harás como si nada hubiera pasado, ¿no es cierto?
Venga Sirius, déjame en paz – concluí.
Lo que más triste me parecía era el hecho de que tenía razón. Llevaba años enfadándome cuando él llegaba para contar sus estúpidos ligues veraniegos y, efectivamente, al día siguiente se me habría pasado.
Intentando no pensar en ello y con la mirada extrañada de Sirius clavada en mi espalda, me aventuré hacia el tren para dirigirme al fin al expreso que nos llevaría de vuelta al paraíso.
Una vez dentro tuve todo el trayecto para observar al sujeto que durante todo el verano había aparecido en mis sueños. Tuve tiempo para ver de nuevo aquellos labios que tanto había soñado besar, aquella mirada que me hacia volar y la expresión perfecta de su cara cuando éste sonreía que tanto ansiaba volver a ver.
A pesar de la embriagadora felicidad que emanaba de cada uno de mis poros de tan solo de pensar en un año más junto a Sirius Black, ignoré despechado los comentarios de mis compañeros mientras asumía la dura noticia que había recibido en la estación, pues un año más y por frustrante que resultara admitirlo, había soñado con que Sirius viniera hacia mi para decirme que me quería, que me amaba y que su única razón para volver a Hogwarts era mi sola presencia en aquel lugar…
Lamentablemente, una vez más había visto desvanecerse esta ilusión, viendo así truncada de nuevo mi única alegría en la vida…
…
La de aquel día fue una larga noche, bueno, quizás no tanto. Tras una a veces monótona presentación del nuevo alumnado en el gran comedor me dirigí a mi dormitorio a ahogar mis penas entre sueños, con un resultado estrepitosamente fallido. Conciliar el sueño no fue algo fácil aquella noche, aquel batiburrillo de sentimientos que asaltaba mi mente era demasiado confuso como para poder descansar.
Por un lado me sentía la persona más feliz del mundo, dado que, junto a mí, a tan solo tres pasos de distancia dormía Sirius. Aunque casualmente también ése era el motivo por el que me sentía la persona más desdichada; eran tres pasos que nunca jamás conseguiría caminar para estar junto a él. Para mi propia sorpresa, meditando sobre cómo Sirius podría reaccionar si yo me decidiera a dar esos 3 pasos fue como me dormí aquella noche, pensando en cómo algo tan fácil y que resultaba tan estúpido como contar hasta 3 podría ser tan difícil…
…1…
…2…
…3…
…
Sumergido en mis más profundos sueños, empecé a notar cómo mi cuerpo cada vez pesaba más, aunque mi cabeza no lograba identificar cuál era la causa hasta que estrepitosamente un ensordecedor pero bello sonido me despertó justo encima de mí.
¡Despierta Remus, o llegaremos tarde a Adivinación! ¿O es que vas a llegar tarde a tus clases ya desde el primer día?
¿Era estrictamente necesario que te pusieras sobre mí hasta que me despertara por falta de oxígeno? – inquirí del modo mas sarcástico que el cansancio y la falta de sueño me permitieron a pesar de estar encantado con la idea de sentirle tan cerca, quizás demasiado encantado.
Vamos, no seas aguafiestas, sólo he venido a ver qué tal estabas, ayer estabas especialmente arisco conmigo y no sé porque. ¿Te ocurre algo?
E… en en a… absoluto – tartamudeé nervioso mientras intentaba controlar lo que inevitablemente estaba ocurriendo, pero aún así era incapaz de apartar la mirada de aquel rostro tan deslumbrante.
Oye Remus, ya se que te alegras de verme después de tantos meses, pero, ¿no deberías controlar tus erecciones mañaneras en presencia de los demás? – me dijo con voz queda a fin de que nadie le oyera y así no dejarme en ridículo.
Esto, sí, pero, eh… – balbuceé – a estas horas de la mañana es un efecto colateral que trae sentarse encima de un hombre, Sirius – añadí a modo de broma consiguiendo a duras penas salir del apuro en el que mi a veces incontrolable miembro me había enzarzado - ¿Me dejas salir?
Por supuesto – respondió al tiempo que, por suerte o por desgracia, se quitaba de encima de mí – Y bien, ¿vas a contarme que ocurrió ayer o voy a tener que sacártelo por la fuerza? – dijo tras alzar su varita en alto a modo de duelo.
Nada Canuto, no es ahora el momento más adecuado, ¿no crees? Ya te lo explicaré.
Cuento con ello Lunático – añadió al fin con un pícaro guiño de ojos para después dirigirse a su cama.
Esta vez había escapado por los pelos de otro de los incesantes accidentes que ya desde el año pasado acechaban a mí alrededor. Cada vez era más difícil ocultar lo que yo sentía, mi cuerpo me traicionaba, mi mente desbocada aterrizaba frecuentemente en pensamientos relacionados con él y cuando me veía tantas veces no sabía qué contestar a su constante pregunta "¿En qué piensas con esa cara de tonto?". La situación se volvía insostenible y no era la razón sino el corazón quien me pedía una respuesta de Sirius, por nefasta que pudiera ser.
Fue por eso que decidí que había llegado el momento de "saltar de la cama" y dar al menos el primer paso hacia Sirius. Para eso llegaba el momento más acertado; Adivinación.
…
La llegada a clase de Adivinación fue todo un alivio al comprobar que las bolas de cristal estaban situadas sobre las mesas (lo cual en otra situación me hubiera hecho sentir desdichado). Lo que aquello significaba era simplemente que nos íbamos a pasar toda la hora mirando las esferas de luz que según la teoría deberían mostrar el futuro, pero dado que éste era un ejercicio imposible, podría hablar con Sirius en vez de intentar lograr algo que hasta la fecha nunca había sido capaz de hacer.
Poco a poco, paso a paso, fui acercándome a la mesa en la que me esperaba él, sólo, dispuesto a escuchar lo que tuviera que decirle. Lo único que era capaz de sentir cuando me hallaba a tan escasos metros de mi amor, a tan escasos minutos de declararle mi verdad, era mi pobre corazón latiendo desbocado, tan alto que sentía que en cualquier momento podía estallar por voluntad propia de tanto esconder ese sentimiento que me estaba quemando por dentro desde hacía tanto tiempo.
Me senté a su lado sin miramiento alguno, dispuesto a sincerarme completamente, con tan mala suerte que fuimos la primera pareja a la que el profesor vigiló. Durante un tiempo que me pareció interminable, observé aquella bola cuando, de repente, y no de la forma que yo esperaba, llegó lo que para mi vida sería, el comienzo del fin.
¡Esto es horrible! Nunca jamás nos sale este ejercicio y aún así seguimos haciéndolo como idiotas – refunfuñó Sirius harto de observar aquella bola blanca – Vamos Remus, ¿Por qué no nos vamos tú y yo, solos, a otro lugar?
¿Qué insinúas? – inquirí extrañado.
Vámonos de aquí, llevas años deseando estar a solas conmigo y ahora que te doy la oportunidad ¿la vas a rechazar?
No entendía cómo Sirius podía saber tanto sobre estos últimos años, ¿Acaso era tan evidente?
No sabía cómo responder ante aquella situación y me dejé llevar por mi corazón siguiendo a Sirius allí donde quisiera llevarme. Aterrizamos finalmente (y ante mi perplejidad) en la habitación. Sin decir absolutamente nada, se acercó a escasos centímetros de mi, su mirada era extraña, casi sedienta. Fue entonces cuando sus labios comenzaron a rozar mi cuello como si tratase de devorarme, para después unir sus labios con los míos en lo que parecía ser un beso infinito.
Un beso infinito, miles de caricias… hasta que apretando mis nalgas con sus manos me alzó al aire colocando mis piernas en torno a su cuerpo perfecto para llevarme hasta la cama donde seguir dando rienda suelta a la pasión. Podía notar su erguido miembro rozando cada una de las partes de mi anatomía sedienta de él. Entre besos y caricias me fue desnudando poco a poco, dejándome saborear cada una de las partes de su cuerpo hasta encontrarme por fin con la parte de su cuerpo que yo mas ansiaba en aquel momento. Aquella parte erecta con la tanto podría disfrutar y con la que tanto le haría gozar.
No, deja que primero te demuestre de lo que yo soy capaz – jadeó antes de darme tiempo a comenzar. Fueron las únicas palabras que se escucharon en la habitación.
Desnudo completamente y con mi pene entre sus manos comenzó lo que iba a ser la masturbación de mi vida, por primera vez no sería la imaginación quien trabajara, sino el propio Sirius Black. En lo más profundo del gozo producido por sus manos y más tarde por su boca mis labios actuaron por si mismos declarando lo que yo siempre había sentido.
Aquellas palabras que resonarían en mi cabeza para siempre…
Te quiero Sirius Black.
…
Te quiero Sirius Black.
…
Te quiero Sirius Black.
Fue entonces cuando, de repente, oí una voz que me devolvió a la realidad
Pero, ¿qué estas diciendo Remus? ¡Despierta!
Todo había sido un sueño que, lejos de ser íntimo, toda la clase había oído. Todos a mí alrededor, incluido Sirius, me habían oído gritar entre gemidos que yo quería a Sirius Black.
