Hasta que la muerte nos separe.

El había asistido. Allí estaba, con su acostumbrado pelo grasiento enmarcándole el cetrino rostro, con esos negros ojos, que en aquella ocasión, irradiaban dolor. Con aquella expresión indefinible, parecida a la desesperación. Observando la boda de su amada, y con un hombre que no era él. Ella estaba tan bella, con ese vestido blanco, el velo cayendo sobre sus verdes cabellos, y esos carmesí, de los que se escabullían lágrimas de emoción. A su lado, se encontraba aquel extraño, con una despreciable mueca de felicidad y cierta superioridad en su semblante.

Pero el llanto de Nelliel Tu Odelschwanck no era, como creía Noitra Jiruga, de emoción. La tristeza albergaba en el corazón de la muchacha, cuando debería estar feliz, en su boda. Pero ella no amaba al hombre que sonreía a su lado. Su amor pertenecía al que clavaba la mirada en su nuca, asientos atrás. Estaba por cometer una gran equivocación, por hacer realidad la ilusión de otros, cuando era todo una falsedad, cuando todo no era más que una gran mentira.

-Nelliel Tu Odelschwanck, ¿Acepta como su legítimo esposo, al señor…?

La peli verde miró al hombre. Era ese el momento en el que cometería el error más grande de todos. Cuando pronunció una palabra por otra, que destruyó por completo su vida. La de él.

-Acepto…-susurró.

-Entonces, los declaro marido y mujer, hasta que la muerte los separe.

Los labios de su nuevo esposo se juntaron con los de ella unos instantes. La música resonó en sus oídos, el ruido que provocaba la gente al ponerse de pie y unirse al festejo, bajo aquel sol de verano. Todos los invitados bailando por doquier, alguien tironeando de su brazo, pidiéndole que le conceda el honor de bailar. Ella negó lentamente con la cabeza, y se quedó allí parada, sola, sollozando entre aquella ensordecedora multitud, mirando al frente, sin ver. Sin darse cuenta siquiera de que unos metros más a sus espaldas, Noitra la observaba, con los ojos anegados en lágrimas.

'Hasta que la muerte los separe…'

¿Por qué? ¿Por qué había aceptado? ¿Por qué el miedo a la desilusión de los demás la llevó al crepúsculo de su felicidad, y luego al fin de estas?

'Hasta que la muerte los separe…'

"Noitra" se le escapo en un suspiro profundo y doloroso, ella lo amaba…pero se había engañado, creyendo al fin que había olvidado a aquel ser que la perturbaba en sus sueños, que nunca le correspondería, que alguna vez la había llamado insoportable mujer con aquellos labios que tanto anhelaba… era increíble como la vida te da un giro drástico, si que te des cuenta. Antes de todo esto eran los mejores amigos, siempre unidos, dependiendo del uno como del otro, no había dos personas que se entendieran en el mundo como Noitra y Nell… pero cuando abrió los ojos hacia la realidad, ya estaba aceptando a casarse con otro. Ya era demasiado tarde para confesar lo que sentía a quién verdaderamente la había cautivado por años, desde que lo conoció.

'Hasta que la muerte los separe…'

Lo sentía, sentía no poder vivir junto a su amor, sentía haberle arruinado la vida a ambos jóvenes. A ella misma. Cuando realmente el la necesitaba, ella por las dudas y el rechazo que le hicieron creer los demás, se aparto de él. Como consecuencia, Noitra se lleno de rencor hacia todos, especialmente hacia ella. Por más que quisiera arreglarlo todo y volver al pasado no podría hacerlo, nada de este mundo podría cambiar. Aunque existía una forma, la única solución a su problema. De ese modo, se aseguraba de que nunca iba a serle infiel a su esposo.

'Hasta que la muerte los separe…'

¿Por qué, Noitra? ¿Por qué este final?

Volteó a ver a todos aquellos individuos, brindando, alegres por un hecho que la llevó a su fin. Levantó una mano temblorosa, con la que sujetaba un revolver, y se apuntó la sien con esta. La melodía que hasta ese momento sonaba cesó. Las risas, las charlas se apagaron con velocidad, tanto que parecía que el mundo había acabado. De entre la masa de personas que la observaba perpleja surgieron dos rostros conocidos; Noitra y su esposo, atónitos, angustiados. '¿Qué haces?' se escuchó en el silencio abrumador, que presionaba sobre los oídos de la joven Nell. Las lágrimas le humedecían los pómulos a la chica, que en ese momento carecía de gracia alguna. Su tristeza se hacía ver, le daba un aspecto deplorable, arruinaba sus delicadas facciones, que solían ser alegres y luminosas.

-Hasta que la muerte nos separe…-murmuró.

-¡Nelli! ¡No!-gritó Noitra.

Pero era tarde. Un estruendo provocado por un disparo inundó la escena. La peliverde se desplomó sobre los brazos del hombre, que se había abalanzado sobre ella, en un intento de salvarle la vida.

- ¡Nelli!¡no me dejes!... Nelli… te necesito

- No…i-tra… yo…- susurraba entrecortado casi sin voz

- ¡Nellie! Tranquila, no te esfuerces – le dijo aun sosteniéndola, sin importarle que todas las miradas estaban puestas en ellos, incluso la de él – aun podemos hacer algo…

- no… ya es tar…de… te que…

- No. Calla por favor – no quitaba su mirada en sus ojos entrecerrados, y no podía parar cesar sus propias lagrimas – estarás bien… ya veras

Nell le ofreció una pequeña sonrisa, una que en otras circunstancias hubiera dado lo que fuera por mantenerla en su bello rostro.

- Nunca… te… considere… -ante estas palabras, Noitra quedo en shock, suponía lo peor y de nuevo seria victima de rechazo, pero – un… animal… yo – no pudo reprimir una fuerte tos con sangre, pero al calmarse con voz mas ronca y formando de nuevo una sonrisa, continuo – tu…para… mi… siempre… se… ras… mi – a las ultimas palabras las fuerzas la abandonaban, los parpados le pesaban y todo se volvió oscuro. Hasta que ningún musculo reacciono y todo el cuerpo se tenso.

- Nell, ¡Nell! ¡NELLI!

Pero el arma había actuado.

Jamás volvería a sonreír, a reír, a pronunciar una palabra más. A buscar con su mirada otra, a acomodar sus cabellos con dulzura. A moverse, al menos. A hacer algo. Porque ya no estaba, ya no tendría tiempo para nada más. Ya no tendría un mañana, otro despertar, un nuevo sol apareciendo en su ventana. Había dejado de existir. Ahora ya no era más que un cuerpo inerte, carecido de vida. Su alma se había ido, y la vivacidad de sus ojos se había extinguido. ¿Lo último que estos habían visto? Fue al ser que siempre amó e iba a amar.

- Nelli… - sollozaba adolorido sobre el cuerpo sin vida – juro… que no te dejare