Por fin ya he tenido tiempo de subir otro capítulo que en parte esta dedicado también a Pandora Lover por una petición de esta en la comunidad San_Drabbletin de Livejournal, espero que disfrutéis porque a mi este capítulo en particular me gusta mucho.
Un San Valentín Perfecto
Por algún extraño motivo aquella mañana me desperté con los ojos vendados. Desconcertado, intenté quitarme aquella tela que me impedía ver, pero sus manos enseguida me lo impidieron.
- Aún no, Remus – me besó levemente los labios, con la intención de que nadie nos oyera, tal y como hacía cada mañana desde la noche en la que me besó por primera vez.
- Canuto, ¿qué estas tramando? – inquirí impaciente por ver su rostro.
- ¿No sabes qué día es hoy? – muy típico de él responderme con una pregunta.
- Veamos, no es ni tu cumpleaños, ni el mío, ni el aniversario de nuestro primer beso… ni el de la primera vez… Pues no, creo que no sé que día es.
- Hoy es San Valentín, Lunático – susurró –, y debes permanecer dormido y con los ojos cerrados hasta que llegue el momento de tu primera sorpresa – concluyó.
Haciendo caso de lo que Sirius me había dicho y deseando deshacerme de aquella estúpida venda me tumbé y me hice el dormido hasta que el resto de los presentes hubo desaparecido. Desde mi cama pude oír a James antes de marcharse.
- Ey, Canuto, ¿no bajas? – inquirió éste – El festín del Gran Comedor es increíble en San Valentín.
- Lo sé, James, pero Lunático se encuentra algo mal y prefiero quedarme con él – mintió –. No quiero que se quede sólo.
- Os traéis un royo muy raro desde el incidente de Adivinación – dijo James - ¿Acaso debo pensar mal?
- Vamos, Cornamenta, no digas estupideces, ¿Remus y yo liados? Por favor, sería ridículo – dijo entre risas. Aquello fue todo lo que quise oír y hubiera preferido no haberlo hecho.
Cuando por fin James se fue, decidí hacer como que no me había dado cuenta, con el fin de que Sirius me explicara lo que acaba de ocurrir. Era tal mi rabia que ni siquiera me concentré en escuchar lo que acababa de susurrar cuando James salió, pero dadas las circunstancias tampoco quería saberlo.
- Puedes abrir los ojos, Lunático – le oí decir.
Dejándome llevar por mi enfado me quité la venda rápidamente y fue sólo entonces cuando mi enfado pasó a un segundo plano. Ante mis ojos pude ver lo que era el resultado del susurro de Sirius, que resultó ser un hechizo anulador de la ocultación que él había lanzado sobre todos aquellos objetos. Había fotos nuestras; besándonos, riéndonos, charlando o simplemente abrazados mirando a ninguna parte, con una sonrisa en nuestros rostros. Salté de mi cama eufórico como estaba y me sumergí en su abrazo y en un beso tan largo como el primero.
- Esto no es más que el principio, John – susurró, era así como me llamaba cuando estábamos a solas, cuando para los demás era Lunático –, espera y verás.
- No estoy seguro de ser capaz – concluí no dejándole hablar más. El tiempo a su lado era oro para mí y estar a solas no era algo habitual en Hogwarts.
Cuando desperté él ya no estaba a mi lado y ya no quedaba nada de la decoración que hacía tan sólo unos minutos llenaba la habitación. Me levanté cansado, observando la habitación, recordando lo que hacía unos instantes allí había ocurrido, no una, sino varias veces.
En la mesilla junto a mi cama, escondido bajo el libro de encantamientos había una nota.
"Si te ha gustado tu primera sorpresa ven esta noche en La Casa de Los Gritos para que pueda darte las dos restantes. No me busques en Hogwarts ni vengas aquí antes de la puesta de sol, estaré preparándote algo a la altura de lo que te mereces. Te Quiero, Sirius"
No lo podía creer, cuando yo ni siquiera le había preparado nada él tenía nada más y nada menos que tres sorpresas para mí. Todo tenía que ser un sueño, no había manera de describir lo que me estaba pasando…
- Lunático, no estaría de más que te controlaras – rió James –, últimamente te gusta demasiado mostrar tus "intimidades" a los demás.
- ¿A que te refieres? – inquirí sorprendido.
- ¿Por qué no miras justo ahí? – dijo señalando con mis ojos hacia donde se suponía que debería de haber llevado mis pantalones.
- Oh, vaya, qué vergüenza – entendí que aquella extraña sensación de hacía unos segundos había sido una erección ante el pensamiento de volver a ver a Sirius, erección que todo la habitación había visto.
Ante el espectáculo que yo y mi miembro acabábamos de ofrecer en el dormitorio, me apresuré a vestirme (mejor evitar más incidentes desafortunados) y me dirigí al Gran Comedor con la esperanza de encontrar los restos de pudding o de cualquier cosa que me ayudara a reponer algo de fuerzas para aquel día. No hubo suerte. Por el camino tuve que soportar miradas, risas, cuchicheos y murmullos varios que gracias a mi bochornosa experiencia en Adivinación había aprendido a ignorar.
En aquella ocasión me había dedicado a buscar a Sirius en cada esquina para que pareciera que todo había sido un malentendido, en parte para calmar las ansias de cotillear de muchos y en parte porque él no estaba preparado para llevar una relación pública. Pero muchos no eran tontos, entre los que sin duda figuraba James, muy a pesar de los intentos de Sirius por ocultárselo.
Fantaseando con aquella noche y mientras intentaba adivinar qué sería lo que Sirius me habría preparado tuve un desafortunado encuentro con la prima de este; la malévola Bellatrix Black.
- Estúpido licántropo, ¿es que a ti nunca te enseñaron a mirar por dónde andas? – inquirió con aquella voz de loca que se le ponía cuando se enfadaba.
- ¿Y a ti no te han enseñado modales, Black? – atajé.
- Vaya, vaya, veo que le echas agallas desde que mi querido primo te "cubre las espaldas" – dijo enfatizando especialmente aquellas tres últimas palabras. Me quedé sin saber qué contestar, mudo ante una vulgar mortífaga – Pues a lo mejor deberías vigilar tu espalda más a menudo, Lupin, porque puede que un día de estos no sea a Sirius a quien te encuentres en ella.
- ¿Me estás amenazando, loca? – refunfuñé.
- ¡No me llames loca! ¡No estoy loca! – le había dado en su punto débil –. Cuando el Señor Oscuro se haya alzado con el poder serás el primero a por el que vaya, tú y ese traidor a la sangre – concluyó susurrando
"Te estaré esperando" pensé. Era cierto en parte lo que aquella loca me había dicho, pues era cierto que junto a Sirius me sentía más fuerte, no sólo física sino moralmente, era cierto que a su lado me sentía invencible.
La tarde se estaba haciendo eterna. Todos me preguntaban por Sirius y esto no hacía más que traerme a la cabeza las sorpresas que aún me quedaban. Di como mínimo mil vueltas a la Sala Común, eso sin contar las que ya había dado a mi propio cuarto.
Por fin pude ver el sol ponerse y pude correr hacia la Casa de los Gritos, donde Sirius aguardaba por mí. Las últimas dudas me asaltaron por el camino. "¿Qué será? ¿Será un objeto? ¿Será algo mágico?" pensaba. Al fin y al cabo, ¿qué podía haber mejor que lo que me había preparado aquella mañana?
Pero allí estaba él, sentado en una mesa de madera brillante sobre la que había dos platos, cubiertos, 3 velas, 2 copas y una botella de champán sin abrir. Podría decirse que él estaba vestido de gala, teniendo en cuenta que se trataba de Sirius. A su alrededor estaba el mismo decorado que aquella mañana.
- ¿Qué es todo esto, Sirius? – inquirí sorprendido.
- Pues son tu segunda y tercera sorpresa – espetó mientras se levantaba para besarme –, la segunda en realidad no es nueva, se trata tan sólo de un hechizo protector para que solo tú y yo veamos este decorado cada una de las veces que bajemos aquí, así, incluso cuando no estés podrás tenerme sólo para ti. La tercera, por supuesto, es esta cena que me ha costado siglos preparar y si te giras podrás ver la cama en la que pasarás la noche durmiendo a mi lado, como siempre has querido.
Sirius no paraba de sonreír y yo no era capaz de creer lo que estaba pasando. Todo aquello lo hacía por mí, para mí y siendo mi felicidad su único objetivo, sin importarle el esfuerzo, la dedicación o el tiempo que le ocupara.
- Por Merlín, Canuto, no sé qué decir – me sonrojé.
- Pues no digas nada, sólo siéntate.
Así lo hice. La velada transcurrió de forma amena, como siempre que estaba a su lado. Charlamos, nos reímos, cenamos, sonreíamos… yo cogía su mano, él me la acariciaba, yo enrojecía, él se reía y con un te quiero entre susurros me hizo la persona más feliz del mundo.
Se levanto hacia mí y una vez a la altura de mi silla me levantó amarrándome de la mano y haciéndome posarla sobre su hombro mientras me besaba y me abrazaba. Entre caricias y suspiros se quitó la elegante chaqueta y la camiseta que llevaba puestas, dejándome observar su torso perfectamente construido y musculazo, dejándome tocarlo, besarlo…
Me tumbó sobre la cama y comenzó por quitarme la túnica con la que había ido, por el desconocimiento de lo que allí ocurriría. Me quitó poco a poco la ropa, acariciando cada una de las partes de mi cuerpo en el proceso; la camiseta, los pantalones, los boxers… hasta que los dos nos encontramos desnudos, juntos, perfectos, haciendo de nuestros cuerpos uno solo, masturbándonos el uno al otro, con nuestros cuerpos ardientes de pasión y deseo, cómo aquella misma mañana, como siempre que se encontraban solos.
Fue él quien dio el paso final, inclinándome con la fuerza de sus músculos bajo su cuerpo y bajo la erección que su miembro sufría en aquel momento, con suaves embestidas, sin eliminar el romanticismo del momento. Fueron horas las que estuvimos en aquella habitación, donde tantas veces nos dijimos "Te Quiero", donde tantas veces más nos lo diríamos…
- Feliz San Valentín, John – concluyó Sirius antes de quedarse dormido a mi lado, como el angelito que era.
Aix... me encanta esta pareja =)
Pronto tendré más, muy pronto =)
