Justo cómo prometí, he subido cuanto antes un nuevo capítulo, acercándome poco a poco al final. En el capítulo anterior se me olvidó explicar que en esta historia he decidido rebajar la edad tanto de Bellatrix como de Narcissa para que pudieran estar en Hogwarts a la vez que Sirius y porque me parecen dos personajes importanes a incluir en una historia vinculada con Sirius.

Espero que lo disfruteis


Una pareja de enamorados

El sol resultó una manera de despertarse que dejaba mucho que desear frente a los besos de Sirius. Era la primera vez en meses que no despertaba súbitamente al contacto con sus labios. Me levanté bruscamente asustado por si algo pudiera haber pasado y allí estaba él, roncando y con la baba asomando por su boca, pero tan precioso como yo siempre le había deseado.

- Buenos días, Lunático – saludó James desde el otro lado de la habitación – ¿estás vestido o tienes algún otro tipo de intimidad con la que sorprenderme hoy?

- No seas idiota, Cornamenta, por supuesto que estoy vestido – repuse mostrándole el pijama que llevaba puesto.

- Me llamas idiota como si no te hubiera pasado nunca – rió –. Por cierto, ¿dónde estuvisteis Sirius y tú anoche? Os oí llegar muy tarde – inquirió curioso.

- ¿Ayer? – me había pillado en blanco.

- Si, ayer no era luna llena y sin embargo no dormisteis aquí, o no al menos hasta muy tarde – apuntó.

- Estuvimos en Hogsmeade – se apresuró a decir Sirius, quien resultó estar tan sólo haciéndose el dormido –, tenía ganas de salir a dar una vuelta. Discutí con mi prima la loca y necesitaba despejarme un poco, ¿no es cierto, Lunático?

- Resultó algo aburrido, ya sabes lo pesado que se pone cuando esta deprimido – me resigné a mentir.

- Claro, Hogsmeade – dijo para sí, pero aún así fui capaz de oírle.

- ¿Qué dices, James? – inquirió Sirius quien por su parte no lo había oído.

- ¿Quién, yo? Nada, que me voy a desayunar… si, eso decía – concluyó con tono casi molesto.

Estaba claro que James sabía que lo ocurrido en Adivinación no había sido una simple coincidencia. También sabía que nuestras continuas desapariciones, nuestros susurros, nuestra complicidad… no eran fruto de la casualidad. En definitiva, tenía claro que sus amigos, nosotros, éramos algo más que eso, pero era un tema que para Sirius era totalmente tabú. Aprovechando que Peter se había ido con James y con la habitación disponible para nosotros solos, intenté abordar el tema.

- ¿Hasta cuando pensamos estar mintiendo? – inquirí molesto por aquella situación.

- ¿Otra vez con el tema, Remus? Sabes de sobra que no estoy preparado para hacer esto público – pareció incluso ofendido.

- Por favor, Sirius, ¿en serio crees que James es tan imbécil? En serio, todos vieron el espectáculo que di en Adivinación y particularmente él está 24 horas viéndonos escondernos, salir sospechosamente juntos de los baños y desapareciendo noches enteras.

- Aparte de ser pareja también somos amigos, Lunático, no creo que todo eso sea tan extraño – poco a poco habíamos alzado la voz.

- Claro que no, pero no creo que su tono decepcionado de hace unos minutos fuera porque sea precisamente eso lo que cree que pasa entre nosotros. Admite que simplemente te da vergüenza ser lo que eres – espeté.

- ¡Eso no es cierto!

- ¿A no? Pues tal vez deberías empezar por demostrarlo, porque empiezo a cansarme de mentir a mis amigos y de no poder decir al mundo que estoy enamorado de Sirius Black – concluí dejando escapar una lágrima –, y ahora si me disculpas me voy a desayunar, yo sólo – con especial énfasis en las dos últimas palabras salí dejando a Sirius cabizbajo sobre su cama.

Salí como un rayo hacia el Gran Comedor para evitar la remota posibilidad de que Sirius saliera corriendo en mi busca jurándome de nuevo que pronto podría contar lo feliz que era a su lado. Resultaba sorprendente como pocas horas atrás era todo tan perfecto y en aquel instante me resultaba imposible parar de llorar, así que decidí esconderme en la primera sala que vi, con la mala suerte de encontrarme con nueva compañía de la misma familia.

- ¿Quién me iba a decir a mí que los licántropos sabían llorar? – Bellatrix volvía a estar en mi camino, sólo que esta vez acompañada de su fiel hermana menor Narcissa.

- Lástima que las mortífagas no sepan de sentimientos – repliqué furioso.

- ¿¡Como te atreves!? – en menos de un segundo la mayor de las hermanas Black me había estampado contra la pared y me amenazaba con su varita al cuello – Primero loca y ahora mortífaga, creo que has sobrepasado el cupo de infamias para esta vida… Nos veremos en la siguiente.

- En el infierno es en el único sitio en el que algún día te veré – refunfuñé con el hilo de voz que la varita dejaba pasar por mi boca.

- Maldito hijo de…

- Cálmate hermana, a todo lobo le llega su cazador, o quizás sólo debamos hacer desaparecer su poción para amansar fieras y que algún mago estúpido se vea obligado a matarlo.

- Por favor, Cissy, yo quiero matarlo ahora, tú y ese estirado que te has echado por novio nunca me dejáis hacer cosas divertidas aún siendo yo la mayor – replicó con su particular tono de sicótica.

- Recuerda que fue el propio Voldemort el que nos encomendó a Lucius y a mí controlarte, Bella, ya habrá tiempo para diversión cuando el Señor Oscuro se alce, mientras tanto, tendrás que intentar contenerte – respondió ésta severamente.

- Intentar… los intentos, pueden ser fallidos, ¿no es cierto lobito?

- ¡Expelliarmus! – tal día como aquel no creía poder alegrarme tanto de escuchar su voz, Sirius – Vaya, primas, podría decir que es un placer cruzarme con vosotras por estos pasillos, pero evidentemente mentiría. ¿Me podéis explicar qué creéis que estáis haciendo? – gritó enfurecido.

- Cazar, por supuesto – respondió la mayor – ¿Acaso no es más que evidente, primo?

- Pues esta pieza que pretendes añadir a tu colección lleva mi nombre, así que si no te importa, Bellatrix, deja a mi amigo en paz – repuso.

- Pues tendré que encontrar la manera de borrar tu nombre – refunfuñó amenazante.

- Vamos, vamos, chicos. Esta muy mal tratarse así entre familia. No te preocupes Sirius, no íbamos a hacerle nada. A fin de cuentas, no nos conviene llamar la atención… Todavía.

- Largo de aquí, Cissy – dijo despectivamente.

- Volveremos a vernos, Sirius – se despidió Bellatrix con tono de profundo odio hacia su primo.

- ¿Estás bien? – inquirió. Me sentía tan ridículo por lo ocurrido durante aquel corto pero intenso tiempo que había transcurrido durante aquel día que sólo pude hacer un gesto afirmativo con mi cabeza – Vamos, comamos algo.

Nos dirigimos hacia el Gran Comedor. Decidimos tampoco contarles a James y a Peter lo que había ocurrido con las hermanas Black, aunque no entendí porque, estaba demasiado pasmado como para replicar. Tuvimos suerte de no cruzarnos con ellos en el Gran Comedor, pues mi cara era más parecido a un póster tamaño ventana que a un libro abierto, con lo que hubieran descubierto el pastel.

- ¿Seguro que estás bien? – volvió a preguntar Sirius.

- Todo lo bien que puedo, al menos – repuse –. Gracias por ayudarme, Sirius – mis palabras resultaron cortantes aunque no lo pretendiera, lo que hizo que éste se entristeciera.

- Sigues enfadado, ¿verdad? – inquirió.

- Lo siento, Canuto, intento no estarlo, porque es injusto enfadarme después de que me hayas salvado la vida, pero entiende mi punto de vista, para mí no es tan fácil mentir.

- Ni para mí, Remus – apuntó –, aunque creas lo contrario hay algo en mí que desearía contarle al mundo lo que me pasa cada vez que te veo. Ese sentimiento de estar volando sobre las nubes cuando apareces y ni que decir sobre lo que siento cuando me besas… también hay una parte de mí que anhela eso, John.

- Tal vez sí, Sirius, incluso estoy seguro de que esa persona esta gritando por salir, pero no puedo esperarla… sería como esperar que desapareciera mi licantropía. Inútil y doloroso – concluí.

Me levanté de mi sitio sin mirarle, pues era muy probable que acabara de destrozar su corazón en mil pedazos con mis palabras, y aquella era una visión que no podía observar en aquel momento. Mientras avanzaba hacia la salida, aproximadamente cuando atravesaba el centro de la estancia, una mano sujeto la mía y me la robó de un tirón, atrayéndome hacía si bruscamente y besando mis labios con mayor pasión que nunca. Pude sentir el sabor de Sirius entre mis labios y sabía que estaba en el Gran Comedor, ante la mirada atenta de todos y los susurros constantes de los presentes.

- Si hay algo que no jamás podría imaginar ahora es una vida sin ti, John – dijo –, haría lo que fuera por estar a tu lado, incluido esto.

- Gracias por estar siempre a mi lado, Canuto – sonreí. Juntos abandonamos el lugar sin dar una sola explicación, mirándonos el uno al otro como lo que por fin oficialmente éramos, una pareja de enamorados.