Severus estaba allí y cada vez, aquellos sueños, le acosaban de forma inclemente. ¿Quién era esa pequeña bebé? Ladeó la cabeza, Narcisa seguía sentada allí. Intentaba mantenerse despierta, pero ya era muy tarde para eso. La noche oscura, golpeaba la ventana. Severus inspiró y lentamente, estiró su mano para toca el hombro de Narcisa. Lo zarandeó con lentitud y le contempló.

- Deberías irte a casa, yo ya me siento mejor- dijo, pero mentía. Seguía sintiendo ese vacío en su interior. Ese vacío, que sus sueños estaban provocando y se hacía incómodo. Narcisa negó con la cabeza y le contempló vagamente.

- Necesitas dormir, descansar de todo lo que sucedió. ¿Es que no lo recuerdas?

- Todo lo que sucedió- repitió Snape, se sentía tonto y confundido.

No recordaba casi nada, unas pocas cosas, someramente. Intentó forzarse a pensar, pero una terrible jaqueca, extinguió sus deseos de seguir más allá de lo logrado. Narcisa inspiró y se acomodó en la silla. Su largo y platinado cabello, cayó en sus hombros, de forma desigual. ¿Qué era eso, que debía contarle?

- Sucedió en una noche como esta. Severus...Tú tienes, una hija.

Snape se mantuvo perplejo, no podía creerlo. Estaba confundido, con las ideas revoloteándole en la cabeza, como abejorros. Narcisa volvió a inspirar y le contempló con mucho detalle. ¿Cómo hacerle revivir, ese amargo momento?

- ¿Tengo una qué?

- Una hija. Una pequeña bebita. Al menos, eso era. Ella era muy hermosa. Una niña muy simpática.

- ¿De quién...? ¿Quién es la madre?

- No Severus, no hay madre en todo esto. Hay un padre.

Severus se preguntó de qué estaba hablando, no debía ser eso que estaba pensando. Quizá la había adoptado y el padre, había llegado a reclarmarle. La verdad era, que Narcisa le estaba diciendo algo, que era muy perturbador.

- Tú y Remus, son los padres de esa pequeña.

- ¿Quién?- dijo, su nombre hasta le sonaba desconocido. ¿Dos padres, sin una madre? ¿Qué sucedía en su mundo, mientras dormía?

Narcisa no dijo nada más y se levantó para mirar por la ventana. La noche oscura, pronto indicaría que llegaría la luna llena. Tal como llegó y ocurrió una catástrofe. Iba a llegar, para traer un poco de paz. Severus seguía esperando por respuestas, pero no había nada claro, en su mente ni en la explicación de la mujer.

Estando en sus pensamientos, recordó algo. Había un objeto giratorio que tocaba una delicada música. Tenía estrellas de colores, tenía lazos y luces. Abajo había una bebé que se revolvía en su cuna y miraba con atención. Le gustaban los colores y las figuras que tenía. Había un hombre a su lado, con una sonrisa, la miraba. ¿Quién era? Luego de eso, no supo nada. Solo entró en la habitación o eso le pareció. Luego, todo se acabó.

- ¿Quién era ese hombre?- dijo a la nada y Narcisa se dio la vuelta para mirarle.

- ¿Qué hombre, Severus?

- El que estaba con la pequeña. ¿Quién era?

- ¿De qué estás hablándome?- preguntó la mujer, regresando a su lugar- ¿De quién estás hablándome y qué situación describes?

Severus meditó con impaciencia. ¿Qué demonios significaban, esos sueños que estaba sintiendo? ¿Acaso estaba en una especie de relación con Remus Lupin...? Eso tenía que ser ilógico. Él no podía...¿O sí?

- El padre de esa pequeña, eres tú.

- ¿Y la madre?

- Te dije que no tiene madre.

- Pero, es imposible que Remus y yo. De hecho...- comenzó, pero no sabía cómo continuar. Iba a quejarse, a decir que le odiaba, pero realmente no sentía eso. Miró a la mujer, que se mantuvo en silencio, respetando su vida íntima. Fuera íntima o no. Severus apenas respiraba e intentaba mantenerse cuerdo. Tenía que encontrarlo, exigirle una explicación.

- Llévame con él.

- Me temo que no puedo, Severus. Hace tanto que no se sabe de ellos. Desde que tú estás en este hospital. Quién sabe, cómo estará tu hija.

Severus quiso hablar, pero el tópico de tener hija y pareja, del sexo contrario, ya era demasiado. No podía recordar nada.

- A ella le encantaba verte. Corría por todos lados, a donde ibas. No dejaba de seguirte.