Aquí os traemos la segunda parte de este magnífico relato, realizado por Gucci, Dolce & Gabana, Prada, Pandora Killer y Pandora Lover. Sabemos que la tardanza ha sido tan amarga como ir de rebajas junto con esas mujeres desesperadas por encontrar la mejor ganga (rebajas, ¡qué ordinariez!), no obstante, creemos que la espera ha merecido la pena, porque después de una noche llena de risas, música y hombreras (sí, hombreras, hemos dicho), las ideas prácticamente resbalan por nuestras caras camisas de Armani.

Esperamos sangrientamente que disfrutéis tanto de este capítulo como nosotras mientras lo escribíamos.

¡Que la fuerza de Prada os acompañe!


UN DÍA CUALQUIERA DE ALICE

Parte 2

Pandora Killer & Pandora Lover

Camina por los pasillos pensando en el tipo de hombreras que mejor le sentarán a Renesmee cuando capta el olor de Emmett y confirma mentalmente que es la decimonovena vez que su hermano termina en el despacho de la directora. Alice, lejos de dirigirse a hacerle compañía al osoadicto, corre hacia Port Angeles a la velocidad de la luz, necesita nueve pares de hombreras como mínimo, ¡y sólo tiene una hora para hacerlo!

- ¿Cómo que no tiene hombreras? – pregunta estupefacta a la dependienta, la cual la observa con infinito pavor.

- Lo siento, señorita… - se disculpa ella, sobrecogida por la furia que irradian los ojos de Alice – Tal vez debería mirar en la tienda de vintage…

- ¿Vintage? ¿¡Vintage dice usted!?

- Sí, señorita… De antigüedades.

- ¿¡Cómo de antigüedades!? – estalla Alice - ¡Si va a ponerse de moda!

- ¿Cómo lo sabe usted?

Alice enmudece y la observa con los ojos entrecerrados, fastidiada. A sus oídos vampíricos llega el susurro de la dependienta:

- Esta mujer está loca, ¿hombreras? Sí, hombre. Las hombreras volverán a ponerse de moda cuando los humanos logremos la inmortalidad y ver el futuro.

- Si yo te contara…

- ¿Disculpe?

- Nada, nada. Es que no tengo equipos de toda la familia… - medita en voz alta - ¿No sabrá por casualidad si hay por aquí alguna tienda de deporte donde poder comprar protecciones de rugby, verdad?

La dependienta la observa con los ojos muy abiertos, mirándola de arriba abajo.

Ahora entiende por qué las hombreras de Alice lucen tan descomunales, ¡son protectores de rugby! Se esfuerza por contener la risa y le señala la dirección de la tienda de deporte.

Sus ojos se desenfocan mientras camina por la calle, la visión de Emmett proporcionando viagra a un anciano en el hospital la inunda por unos momentos. Una vez sale de su trance, se dispone a llamar a Carlisle cuando…

- ¡Oh! – exclama fijándose en el escaparate de la tienda de deporte - ¡Hombreras por $9.99! ¡Qué ordinariez! ¿Tendrá Channel equipo deportivo? ¡Porque no pienso vestir a mi adorada familia con harapos que cuesten menos de $300!

No obstante, el tiempo apremia y Alice no ve más remedio que irrumpir en la estancia y pedirle al encargado ocho pares de protecciones para adultos y uno para niños. Feliz y contenta se dirige de nuevo a Forks, donde su familia la espera en la cafetería y sus ojos se abren desmesuradamente cuando la ven cargada de bolsas de una tienda de deporte.

- ¿Dónde has estado? – pregunta Bella con preocupación, la risa de Edward no ayuda a mejorar la situación.

- ¡De compras! – exclama feliz danzando como una bailarina – ¡He comprado hombreras para todos!

Los Cullen permanecen en silencio mientras Alice los recorre con la mirada, esperando algún voluntario para probar su recién descubierto accesorio. Mira a ambos lados y advierte la falta del más fornido y bromista de los hermanos.

- ¿Dónde está mi maniquí andante Emmett? – pregunta. Dios, cuando no lo quiere cerca lo ve hasta en la sopa (basta con recordar su entrada en la cocina con aquellos cutres calzoncillos cubriendo escasamente su musculoso cuerpo) y ahora que lo necesita fervientemente para sus experimentos, no está. Qué injusto es el mundo -. ¿Nadie se ofrece voluntario?

Todos agachan la cabeza, rezando para no ser los conejillos de indias de Alice, sin embargo, los ojos dorados de la más inquieta de la familia se posan en un rubio con aspecto de un drogadicto con síndrome de abstinencia. "Uy, creo que la sangre tiene un poco nervioso a mi Jazzy, ¡yo sé cómo hacerle olvidar su problemilla!"

- Jazzy…

- ¿Sí, cariño?

- ¿Me quieres? – pregunta con su mejor puchero reservado.

- Claro, mi dulce gotita de sangre.

De pronto la cafetería parece silenciarse y Jasper, de haber podido, se hubiera sonrojado hasta alcanzar el rojo tomate que Bella siempre portaba en su época humana. Edward carraspea y la cafetería vuelve a la vida de nuevo, a excepción de los ojos del resto de los Cullen, los cuales observan a su hermano con un toque de preocupación y repelús, deben hablar con Carlisle urgentemente.

- ¿Seguro?

- Más que a la sangre, mi yugularcita.

- Entonces, ¿no te importará probarte las hombreras, no?

- Preferiría…

- ¿No me quieres? – pregunta con voz ahogada Alice.

- Por supuesto, mi…

- No más motes sangrientos, Jasper – interrumpe Edward molesto.

- ¿Por qué? – refunfuña la pequeña bailarina - A mí me gustan. ¿Ves, Jazzy? Sólo yo te entiendo. ¿Decías de… las hombreras?

- Alice, en serio que no…

Pero la mirada de Alice es capaz de detener un exaltado grupo de mujeres locas por las rebajas (¡qué vulgar, rebajas!), de modo que Jasper asiente derrotado y acepta extendiendo las manos para que su esposa le coloque las protecciones de rubgy.

Sin embargo, antes de que Alice logre colocar sus amadas hombreras en manos de su Ken personal, el timbra que anuncia el final del receso suena y Jasper huye despavorido mientras grita:

- ¡Lo siento, mi dulce gotita, tengo clase de biología!

- ¡No huyas, Jasper Hale! – grita enfurecida - ¡Recuérdalo bien, sé dónde vives!

Guarda otra vez sus adoradas hombreras cuando el apocalipsis está al caer: el estúpido y torpe de Mike Newton, sobresaltado por el timbre tropieza con su silla y lanza por los aires su bandeja de comida intacta, con tan mala suerte de que va a parar al hermoso y carísimo traje de Armani que Alice usa, provocando que el fin del mundo sea inminente.

- Newton… - gruñe con los ojos inyectados en sangre (Dios, pasa demasiado tiempo con su Jazzy…) - ¿Acabas de hacer lo que creo que acabas de hacer?

Antes de que el aludido pueda disculparse o siquiera balbucear cualquier vaga excusa que justifique su torpeza, Bella impacta contra Alice deteniendo su ataque de ira.

- Sólo mi manicura vale más que tu vida Newton! – grita enfurecida - ¡Suéltame Bella, que lo mato! ¡Lo mato!

- Corre por tu vida, Newton – advierte Rosalie con indiferencia – Porque si se suelta de Bella no lo cuentas, mocoso.

Mike huye despavorido mientras Alice trata de controlar su creciente furia. Menos mal que es precavida y siempre lleva cuatro recambios de ropa en su magnífico bolso de Prada. En realidad incluso le ha venido bien la torpeza de Newton, por poco olvida que no puede lucir sólo un modelo en el instituto.


Esperamos que este capítulo haya sido tan placentero como unas glamurosas compras por la quinta avenida.

Mmmm, si os ha sacado, por lo menos, una simple sonrisilla, creo que nuestra noche de obsesión con las hombreras merece, como mínimo, un pequeño review. Channel, Manolo Blahnick, Gucci y Jimy Choo os lo agradecerán. Ah, y nosotras también ;)