Vizard

Caminábamos a un paso lento, pero sin parar. Todavía era de noche y no había nadie por la calle a aquellas horas, lo cual hacía más fácil pasearse y no tener que estar preocupados de nada más.

- ¿Cuánto falta? – pregunté al cabo de un rato.

- No seas impaciente – me dijo mi acompañante – Para empezar, todavía llevas el traje de shinigami puesto y además, si nos presentáramos allí de golpe, me parece que Koe me muele a palos, y a ti, te mata. Los demás se están encargando de eso, y hasta no estar seguros que no está, no apareceremos.

Permanecí callado un buen rato. Tampoco sabía qué decir, y al parecer estábamos buscando un lugar alejado, fuera de curiosos y apartado de los posibles problemas. Ya que estaba allí con él, no perdía nada por probar:

- ¿Y tú no piensas decirme nada? – pregunté de repente.

El chico que iba conmigo se detuvo en seco y se dio la vuelta para mirarme a los ojos:

- ¿Qué quieres que te diga, Kae? – me devolvió la pregunta.

- No lo sé, Meik – pronuncié despacio su nombre – Llevo… no, llevamos mucho tiempo sin saber nada de vosotros. No sabemos que os pasó, no sabemos por qué os fuísteis. ¿De qué va todo esto?

- Lo que nos pasó es otra historia, y no tardarás en averiguarlo, pero el por qué nos fuimos sí te lo puedo decir.

- ¿Y bien? – estaba esperando la respuesta.

- Fue precisamente para evitar esto que estás apunto de hacer tú – respondió secamente.

Al principio me quedé un poco parado, pero luego le devolví la mirada y le sonreí.

- Meik, compartimos muchos años juntos – empecé - ¿De veras pensabas que no lo haría?

- Te conozco, y sabía que sí – me dijo – Por eso no te he partido el cráneo para intentar disuadirte. Pero Koe…

- ¿Koe qué?

- No le va a hacer ninguna gracia, Kae. Puede que parezcamos más poderosos, y de hecho es verdad, pero pasar lo que hemos pasado nosotros no es algo que le deseemos a nadie, y mucho menos a nuestros amigos. Y en el caso de Koe, no creo que sea algo que quiera desearle a la persona con la que lo ha compartido todo. Ella es la que más sacrificios ha hecho, tenlo claro.

No le pregunté nada más. Me había dejado sin palabras, y lo único que había hecho era sembrarme la cabeza de dudas. Dudas que no tardaria en despejar, pero al fin y al cabo, dudas de las que no estaba seguro conocer lo que contenían de verdad. Ahora tenía miedo, miedo al rechazo por parte de ella y miedo de no poder conseguir aquello por lo que había renunciado a todo.

- Hemos llegado.

La voz de Meikram me sacó de mis pensamientos. Nos encontrábamos delante de la entrada de un almacén enorme.

- Dame un segundo – me dijo mi antiguo compañero de división – Voy a buscarte algo de ropa y a comprobar que ella no está aquí. No creo que sea prudente que entres aquí con el traje de shinigami.

En el tiempo que Meik se tomó para ir a conseguirme algo más "humano" que ponerme me volvieron a asaltar las dudas. Me consolé pensando que ya estaba allí y no había vuelta atrás. Después de todo, ¿qué importaba? Si no conseguía que Koe volviera, todo se habría acabado para él. ¿Qué importaba si ya no podía volver a la sociedad de almas, si no lo hacía con la persona a la que había ido a buscar?

El vizard trajo consigo ropa de calle. Me la puse sin decir nada, tampoco importaba demasiado. No eran pocas las veces que había tenido que usar un gigai para venir al mundo humano y ya estaba acostumbrado a esas ropas. De todas formas el atuendo era simple: unas deportivas, unos pantalones vaqueros de color oscuro y una sudadera negra.

- Bueno, ahora vas a reunirte con los demás – me dijo – Koe no está, obviamente.

- No tengo nada que decir – dije notando que me miraba como esperando algo.

- Ais… - suspiró – No tienes remedio.

Cinco minutos más tarde estaba delante de nueve sujetos que me analizaban con la mirada, como si realmente pudieran descubrir algo sobre mi solo mirándome.

- Así que tú eres Kaede – dijo el que parecía ser el líder.

- No es la primera vez que nos vemos, de todas maneras – contesté un poco seco.

El vizard torció el gesto y me miró con aires de superioridad.

- Te crees que esto va a ser un camino de rosas… - dijo – y vas a salir decepcionado.

- Eso ya me lo dijisteis en su día – corté.

- No te conviene ser así de desagradable. Recuerda que está en nuestra mano seguir con esto, o matarte.

- Inténtalo.

Meikram debió darse cuenta antes que yo que el vizard había colocado la mano en la empuñadura de su espada, porque no tardó nada en ponerse delante de mí y cortar aquella discusión.

- Vamos, vamos – se excusó – Estamos todos muy nerviosos. ¿Por qué no seguimos con lo acordado?

- Antes de eso, demuéstranos lo que vales – dijo otro de los vizard.

A éste no lo había visto hasta ahora. Tenía el aspecto de un niño de apenas unos quince años, y costaba creer que fuera uno de ellos. Pero debía tener cuidado, pues si estaba allí, debía ser fuerte.

Por mi parte asentí.

- ¿Quién será? – pregunté.

Uno de los presentes saltó abajo, donde nos encontrábamos Meik y yo. Era más o menos de mi misma estatura, tenía la piel oscura y el pelo corto y de un color oscuro azulado. Vestía unos pantalones piratas negros y una camiseta sin mangas blanca, pero lo que sin duda más me llamó la atención, fue el color de sus ojos, unos ojos de color azul celeste que se posaron en los míos intentando intimidarme.

- Me llamo Kaíl – se presentó – Seré tu rival.

- Te advierto que el combate será duro – me dijo el líder.

Al tiempo que decía esto, Kaíl puso su mano a la altura de su rostro y empezó a liberar un potente reiatsu. No me sorprendí, ya que no era el primer vizard que veía ponerse la máscara, pero no dejaba de ser sobrecogedora la cantidad de energía que desprendía. Tanta, y de tal magnitud, que aún poseyendo un bankai, la posibilidad de vencer era ínfima.

Cuando se colocó la máscara, una vez más, lo que más destacaba en él eran sus ojos. Ahora parecía que estuvieran irradiando algún tipo de llamas azuladas… De cualquier forma, había que ponerse serios, así que no me anduve con demasiados rodeos.

- Bankai…

- Oh – dejó escapar el enmascarado, mientras esperaba.

La habitación se empezó a llenar de niebla al instante, hasta el punto, que en unos pocos segundos todo el recinto estaba cubierto de una densa capa de aquella niebla. Shiro O'okami cambió a su forma liberada, mientras yo solo tenía ojos para el rival que tenía enfrente. No era un combate a muerte, pero debía darlo todo.

- Iki Shinjou Shiro O'okami (Cuerpo etéreo del lobo blanco).

A pesar de que no le quité los ojos de encima, desapareció de mi vista por un instante, y de no haber sido porque yo estaba muy familiarizado con mi bankai, el golpe que descargó desde una posición que no sabría decir exactamente me habría partido en dos. Estaba totalmente equivocado, aquel sí que era un combate a muerte.

Volví a hacerme corpóreo para intentar atraerlo y contraatacar, pero era demasiado rápido. Apenas podía seguirle y los golpes que no conseguía esquivar fundiéndome con la niebla, los conseguía parar a duras penas con mi zampakutoh. Si la cosa seguía así no aguantaría mucho tiempo más hasta que uno de sus ataques me alcanzase, y posiblemente acabaría conmigo de un solo impacto debido a la potencia que traían sus golpes.

Así que, si tal era su velocidad, lo que tenía que hacer era igualarla. No podría hacerlo por mí mismo, pero mi bankai no consistía solo en que Shiro O'okami creciera y cambiara de forma. Me fundí de nuevo con la niebla. Si formaba parte de ella podría ir mucho más rápido, debido a que ésta ocupaba todo el lugar. Me podría desplazar a cualquier punto de la niebla con solo desearlo.

Cuando aparecí a su lado se mostró un poco sorprendido, pero eso no le impidió bloquear mi ataque apoyando su mano en el suelo e impulsándose al tiempo que detenía mi espada con su bota, dejándome así a su merced para atacar con el otro brazo, apuntando directamente a mi pecho. Cuando su espada se detuvo a escasos centímetros de mí, otra vez agradecí que Kaíl desconociera las habilidades de mi liberación.

- ¿Qué significa esto? – preguntó retirando la espada.

- Con mi bankai activo controlo esta densa niebla en su totalidad – contesté – Pero además, puedo hacer que ésta adquiera características que antes no tenía, como este sólido "escudo" que ha detenido tu ataque. Pero no es todo…

En realidad era un luchador excelente, pues se dio cuenta enseguida de donde estaba y dio un potente salto para salir de la niebla…

Lo miré desde abajo…

- Así es, toda la niebla es mi espada. Si hubieras permanecido un segundo más rodeado habrías muerto. Puedo "afilar" la niebla con solo pensarlo, y pasa de ser inofensiva a ser la más poderosa y mortífera de las armas de filo.

- No te pongas presuntuoso, chico – me dijo desde el aire – Antes de vizard, fui shinigami, y como tal, también poseo una liberación.

Supuse que debía ser poderoso, porque de repente todos los demás vizard allí presentes abandonaron sus posturas tranquilas y desinteresadas, y se pusieron en guardia, expectantes y ansiosos ante lo que al parecer, estaba apunto de suceder.

- Arde…

En ese momento la persiana del almacén se abrió, sorprendiendo a todos los que nos encontrábamos en el interior…

- Nessa, te dije que me avisaras si alguien intentaba entrar – dijo el líder a una vizard que estaba cerca de él.

- Me dijiste que te avisara si suponía un peligro – contestó desinteresadamente – Ella es uno de los nuestros.

Todo se quedó en silencio…

- ¿Qué está pasando aquí? – preguntó la recién llegada.

No supe si se lo preguntaba a los vizards o a mí, porque sus ojos dorados estaban clavados en los míos.