2. Encuentro
Toda la niebla que cubría el lugar fue absorbida en un instante por Shiro O'okami, y intuí que Kaíl se había quitado la máscara, ya que el constante reiatsu que emanaba de él desapareció. Yo, por mi parte, apenas podía moverme con los ojos de Koe clavados en mí.
- Kae…
Por un segundo me pareció distinguir a la Koe antigua, la Koe de la sociedad de almas. Pero ese momento pasó fugazmente, y su mirada se endureció de nuevo, como la vez que volvió como vizard al Sereitei. Apartó la mirada y se dirigió a Kaíl.
- ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué os estabais peleando, Kaíl?
- Bueno, verás…
Sellé mi bankai y enfundé mi espada, al tiempo que me ponía al lado de Koe con un shunpo…
- No es nada, Koe. Ya me iba… - le dije antes de desaparecer de nuevo.
¿Qué se supone que iba a pasar ahora? Con ella aquí todo era más difícil. Aunque pensándolo bien, después de todo mi plan era absurdo. Mi objetivo era recuperar a Koe, y nada más. Podía recuperar a Koe sin necesidad de unirme a los vizard… ¿no?
Todavía era de noche, aunque ya debía faltar poco para que amaneciera. Sólo me limitaba a correr y a intentar pensar qué iba a hacer ahora. No había imaginado aquel reencuentro de aquella manera. A estas alturas, ya le debían haber dicho el por qué de mi "visita".
Me detuve en seco. Nada tenía sentido. Había venido a recuperarla y no me iba a ir sin ni siquiera intentarlo, aunque tuvieran que meterme un asqueroso hollow en mi interior. Aunque tuviera que convertirme en uno de ellos.
- Habrás obtenido nuevos poderes, pero en cuestión de velocidad te sigo ganando – dije al aire.
- A Kaíl no le ganas – me contestó Meik.
- Bueno, por lo que he visto Kaíl es mejor que tú en ese aspecto – dije esbozando una falsa sonrisa - ¿Por qué me has seguido?
- Supongo que aún me queda algo de cariño hacia ti – me respondió.
- Vaya… Qué cosas… - me senté en un saliente de un edificio – No sé cual va a ser mi siguiente paso, tío.
- Bueno, que Koe haya regresado lo cambia todo – me dijo sentándose a mi lado – Hay una pregunta que quería hacerte… ¿Qué tiene que ver intentar hacer que Koe vuelva a ser "tu" Koe, con convertirte en vizard? Es algo que no entiendo.
- Tienes razón, quizás si es una tontería, pero sabes tan bien como yo que ha cambiado por el hecho de ser un vizard – dije intentando medir mis palabras – Tengo la sensación que si yo también logro controlarlo pueda comprenderla mejor.
- ¿Tú crees? – me preguntó un tanto escéptico.
- Yo que sé – dije riendo – Tú has pasado más tiempo con ella que yo estos últimos años. Dímelo tú.
No me dijo nada, pues en ese mismo momento una garganta se abría a pocos metros de donde nos encontrábamos. Ambos nos pusimos en pie, solo que yo estaba dispuesto a atacar y él no.
- Eh, espera, ¿qué crees que estás haciendo? – me preguntó el vizard.
- Pues voy a acabar con lo que sea que salga de ahí – contesté aturdido por la pregunta.
- Tierra llamando a Kae – dijo – Te has fugado de la sociedad de almas. Ya no eres un shinigami en funciones. ¿Cuánto crees que tardaran en encontrarte si les vas quitando el "trabajo" a otros?
- ¿Qué sugieres que hagamos entonces? – renegué.
- Por el momento irnos de aquí, porque no tardará en aparecer el shinigami encargado de esta zona – me dijo - ¿Qué día es hoy?
- Domingo.
- Otra razón para irnos – dijo riendo – Hoy le toca a Koe patrullar esta zona.
- ¿Patrullar? – pregunté sorprendido.
- Bueno, más bien vigilar – contestó – Sólo actuamos si las cosas se ponen feas en las inmediaciones de las gargantas.
Nos alejamos rápidamente del lugar. Parece ser que mi antiguo compañero de división tenía razón. Sentí como aparecía un reiatsu en las inmediaciones de la garganta. No parece que fuera a tener problemas, así que me limité a esconder bien mi poder espiritual y seguir al vizard que iba delante de mí.
Una vez mi acompañante consideró que ya estábamos los suficientemente lejos, nos detuvimos.
- ¿Cómo van las cosas por la división? – me preguntó Meikram.
La pregunta me sorprendió. Era la primera pregunta que me hacía ese día de todas las que me había hecho que tenía que ver con su vida pasada…
- Si te soy sincero, no lo sé – le respondí – Todo parece ir como siempre. Yuber sigue intentando que la sexta trabaje, Bone se fue, de Gaijin supongo que no necesitarás que te diga nada…
- Menudo oficial estás hecho – se rió – No sabes ni qué pasa en tu propia división.
- Últimamente he estado más con otra gente – dije - ¿A Krunzik si la conocías, no?
- Me suena, sí…
- Qué desastre, espero que no se metan en líos por mi culpa.
Estuvimos un rato sin decir nada. Habíamos pasado mucho tiempo juntos. Conocía a esa persona casi mejor que a mí mismo. Sólo había una parte de él que desconocía en ese momento, y esa parte, apestaba a hollow.
- Bueno, Kae – dijo al fin – Tengo que dejarte, me toca a mí darle explicaciones a tu querida. Irás conociendo al resto de la tropa, tanto si decides unirte a nosotros como si no.
- Sí, nos vemos…
En fin, ahora venía lo peor. Esperé a que Meik se alejara lo suficiente…
- Aunque llevemos tiempo separados, te conozco – dije al aire.
- Te equivocas, ya no me conoces – dijo dejándose ver.
- Entonces ponme las cosas fáciles – me levanté y me giré hacia ella.
- Te lo diré una vez, Kae – su expresión era seria – Vuelve a la sociedad de almas, y olvídate de mí.
- Ya es tarde para eso – contesté – Si vuelvo, posiblemente me ejecuten o vete tú a saber…
- ¡¿Por qué me pones las cosas tan difíciles?! – gritaba, estaba furiosa.
Avancé unos pasos hacia Koe, y me quedé delante de ella a poca distancia, después levanté los brazos…
- Lo tienes fácil – dije – Mátame y todo habrá terminado, no tendrás que preocuparte más. Soy un shinigami y tú una vizard. No estamos en el mismo bando, ¿no?
- No juegues conmigo… - su voz temblaba.
- ¿Quién está jugando con quién? – repliqué – Te fuiste sin decir nada, reapareciste como si nada hubiera pasado, ahora me dices que te deje y ni siquiera eres capaz de matarme… ¿En qué quedamos?
Me estaba costando pronunciar esas palabras, pues no sabía el efecto que tendrían en ella. No sabía si la harían pensar o la alejarían más de mí. Tampoco tuve tiempo de pensar mucho, pues una enorme presión espiritual azotó el lugar…
- ¿Qué ha sido eso? – preguntó Koe.
- Ni idea – contesté – Hoy te tocaba a ti vigilar por aquí, ¿no?
- Si, pero juraría que el shinigami de esta zona se podía encargar sin problemas…
- Eso pensé yo también – dije buscando de donde provenía la fuente – Parece que nos equivocamos…
- Esta energía no es algo que nos podamos tomar a la ligera – dijo mi antigua compañera.
- Doscientos metros en dirección suroeste – apunté – Bueno qué, ¿como en los viejos tiempos?
Desenfundé a Shiro O'okami. Sus ojos se cruzaron con los míos por segunda vez en aquel día…
- No te necesito… - dijo antes de salir disparada hacia el lugar.
Sonreí mientras la veía alejarse. Me quité la sudadera y la dejé caer al suelo, mientras miraba el cielo, donde un cúmulo de nubes empezaban a juntarse.
- Que lástima… - dije en voz alta – Porque yo a ti, sí.
Desaparecí con un shunpo al mismo tiempo que la primera gota de lluvia tocaba el suelo.
