Capítulo 5: La prueba de los 8 elementos
Estaba cómodamente dormida cuando escuché el p… ruido de la alarma. Miré el reloj y eran las 5 de la mañana, según decía el sacerdote para hacer la prueba había que levantarse temprano y no desayunar, pero no sabía por qué. A regañadientes, me levanté de la cama y me miré en un espejo que había en el escritorio. Era la segunda vez que me miraba en uno, ya que no era de esas que se preocupaba por estar bien. La otra vez fue a los 5 años, los chicos me miraban tanto que pensaba que tenía granos en la cara o algo, pero cuando me miré supe que era por mi belleza (¡afuera la modestia! xD). Ahora tenía el pelo mucho más largo que aquella vez, me llegaba hasta la cadera, y eso que lo tenía rizado. Obviamente, también era más alta y no tenía la cara tan aniñada como aquel entonces. Sin perder más tiempo me puse mi ropa, tampoco me fijé mucho en la ropa pero, tras mucho entrenamiento, estaba muy destrozada. Después cogí mi mochila y nos aprovisionamos de todo lo necesario. Ya estábamos listas para hacer la prueba.
- Ya es la hora… - dije delante de la puerta, mirando a Yami – Seguro que… ¿quieres hacerlo?
- Ya sabes la respuesta – me contestó, enfadada – Sabes perfectamente que si tu mueres, yo muero. Así que no tengo elección, te tendré que proteger.
- Que raro… - le dije, sorprendida - ¿Ya no me hablas en gatuno?
- Ya lo sabes, si no hay nadie hablo en el tuyo – me contestó – No es normal ver a una gata con edad humana ni mucho menos que hable.
- Cierto, bueno ya es la hora. No perdamos más tiempo – la apremié.
Y así, junto a Yami, nos encaminamos hacia la gran puerta que daba a la habitación del sacerdote. La abrí y allí estaba, como siempre, sentado en el cojín con una sonrisa agradable en el rostro.
- Ya habéis llegado – comentó en voz alta – Me alegro de que no os hayáis echado para atrás, ¿habéis hecho lo que os dije? ¿Habéis desayunado?
- No – contesté y miré a Yami.
- Miau (Pues yo si) – dijo con una sonrisa y al escuchar mi estómago, la sonrisa, se le hizo más amplia.
- (¡Será cab…! Que hambre tengo. Menos mal que e traido comida) – pensé y, como si oyera lo que pienso, me dijo.
- Veo que as traido una mochila con comida y herramientas, supongo – me dijo, mirando la mochila y mis ojos, alternativamente.
- Hai
- Pues siento decirte que tampoco podéis comer durante la prueba – me contó, tranquilamente.
- ¡¿Nani?! ¡Pero si es imposible estar un mes sin comer! – grité, perdiendo los estribos.
- Lo siento pero si de verdad eres tú, podrás hacerlo – dijo.
- Miau (Ahora entiendo por qué dijo que podriamos morir. ¡Nos quiere matar de hambre! Menos mal que yo e desayunado…) – si las miradas matasen, Yami ya habría muerto 100 veces.
- Ya es la hora. Entrad por esa puerta grande de allí – nos ordenó.
Y entonces nos encaminamos había aquella gran puerta, hasta un gigante podría entrar en ella. Los bordes eran de oro puro y tenía unos dibujos de gatos por todas partes. Sin perder más tiempo nos adentramos en su interior, y al entrar se cerraron las puertas. Había una enorme piscina y al fondo de la sala había una puerta.
- ¿Y ahora qué? – preguntó Yami.
- Supongo que hay que buscar una llave en la piscina, pero es tan grande… - suspiré – Eso sin contar las innumerables rocas, conchas y arena que hay. ¡Puede estar en cualquier parte! Si al menos tuviéramos una pista…
- En vez de quejarte deberíamos estar buscándolo – me reprochó.
- ¿Y piensas meterte en el agua? Pero si no puedes estar más de 5 minutos. Sólo te metes en el entrenamiento – me burlé.
- ¿Y esto no es entrenamiento? – dijo – Además, quiero comer cuanto antes.
- Tienes razón – acepté – Debemos darnos prisa, ¡vamos!
Y las dos nos metimos en el agua y buceamos hasta el fondo. Había muchas piedras, conchas y arena, por no hablar de que era mucho más grande de lo que creía. Por suerte podemos aguantar 5 minutos, más o menos, eso nos dará un poco de tiempo. Yami, al ser más pequeña, se metía en las conchas y en los agujeros de las rocas. Yo, por mi parte, rebuscaba por la arena, lo cual era más difícil. Para hacerlo más fácil lo dividimos en norte, sur, este y oeste. Al cabo de 5 minutos, subimos a coger aire.
- ¿Y bien? – pregunté.
- Nada en el oeste, ¿y tú? – me preguntó, esperanzada.
- No está en la arena del oeste – respondí, cansada – Ahora vamos al este.
Dicho eso nos volvimos a sumergir y al cabo de otros 5 minutos, volvimos a salir.
- ¿Y? – volví a preguntar y Yami me contestó moviendo la cabeza – Entonces vamos al norte.
Y así nos pasamos todo el día, pero nada. Pasaron hasta 3 días.
- Llevamos un montón de tiempo pero nada – me quejé - ¿Y ahora que hacemos?
- A mi no me mires. Yo, con el estómago vacío, no puedo pensar – en ese preciso instante nos rugió el estómago a la vez - ¡Tengo hambre! ¡No quiero hacer esta prueba!
- No podemos volver atrás…
- Correcto, no podéis. ¿Por qué no pensáis en la pista que os dí? – dijo Kohaku en nuestras mentes.
- ¿Qué pista? ¡Tú no nos distes ninguna pista! – le reproché.
- ¿En serio? Se me habrá olvidado… - se disculpó con su inusual tranquilidad – Pos aquí tenéis: "La llave que abre esa puerta está en el lugar más oscuro de la sala". ¡Suerte!
- Si nos lo hubiera dicho desde un principio no hubieramos tardado tanto – se quejó Yami, una vez que Kohaku se había ido de nuestras mentes.
- Cierto, a ver, un sitio oscuro… - pensé - ¡Ya lo tengo! ¡En la depuradora!
Fuimos corriendo, la abrimos y allí estaba con un trozo de papel en una bolsita de plástico. La cogí y fuimos nadando hasta el otro lado y habrimos la puerta, la cual era igual a la anterior, sólo que arriba ponía "prueba del agua". Al abrir la puerta nos quedamos congeladas (literalmente) al ver la siguiente prueba. Aunque estaba un poco lejos se veía claramente la siguiente puerta donde ponía: "Prueba del hielo".
- ¡Genial! ¡achú! Me he resfriado… - me enfadé. ¿A quién le manda poner 1º la del agua y después la del hielo?
- En vez de quejarte, ¿por qué no lees el papel? Ahú – me aconsejó, y acto seguido lo leí.
- "La prueba pasarás si encuentras la llave dentro del pez y no te congelas" – leí – Creo que lo de no congelarse es un poco difícil, además, ¿dónde está el pez?
- Mira ahí abajo – me dijo, y entonces lo ví. Lo que estaba pisando no era suelo, como pensaba, sino un lago congelado llenos de peces.
- ¡¿No me digas que hay que meterse?! – grité, mientras me abrigaba con los brazos.
- Pues claro, al menos que prefieras quedarte aquí – sonrió – Así que ya sabes, ¡a meterse!
- ¡Tú también te metes! – viendo que me iba a replicar dije - ¡Y no digas que no te gusta el agua que antes te as metido!
- 1º ¡No me gusta el agua! Y 2º ¡antes no estaba congelada! – se quejó.
- ¬¬ Está bien… - me rendí – Pero, ¿cómo voy a romper el hielo? ¿Y cómo salgo sin que se congele antes la superficie?
- Utiliza una técnica Katon y por lo de la superficie no te preocupes – me intentó tranquilizar – haré ruido para avisarte.
- Vale
Dicho eso utilicé una técnica del Katon aunque la primera no me salió bien, ya que sólo sabía los sellos. Me llevó menos tiempo de lo que pensaba, sólo 1 día.
- Por fin… ¡Achú! – Yami se rió y yo le di un capón - ¡No te rías! ¡Achú! Venga vamos…
- Si
Cuando abrimos la puerta y vimos el otro lado maldecimos las dos a la vez a quién hizo ese orden. Como siempre leimos el papel que ponía: "El puzle descifraréis sino antes os quemaréis y así la llave obtendréis". Así, sudando y estornudando, nos encaminamos a empezar la siguiente prueba: La prueba de fuego
