Capítulo 7: Luz y oscuridad, mi decisión...

No sabía que hacer, me quedé impresionada ante tal pregunta y no sabía qué elección iba a tomar. Por una parte puedo tomar la luz porque no he hecho nada malo pero iba a matar a un hombre y eso no era para nada bueno pero tenía mis motivos y aquel hombre es un asesino. Me estaba empezando a doler la cabeza cuando el rugido de nuestros estómagos me sacaron de mis pensamientos.

- ¡Elijamos ya algo! ¡Tengo hambre! – se quejó Yami – Hagamos lo que hagamos no vamos a tener más hambre.

- ¡Pero qué dices! ¡Deja de pensar al menos por un momento en tu estómago y piensa en los demás! ¡Si me muero no podré ayudar a mi hermana y todo esto habrá sido en vano! – le reproché mientras pensaba en mi decisión – Demo… ¿Qué elegimos?

Estuvimos un buen rato pensando cuando tomamos nuestra decisión y, creyendo estar de acuerdo, dijimos:

- ¡Luz! – gritó Yami, decidida.

- ¡Oscuridad! – grité a la misma vez.

- ¡Pero qué dices! ¿Cómo que oscuridad? – su mirada inspiraba enfado y miedo - ¡Nosotras no hemos hecho nada malo!

- ¡Pero lo vamos a hacer! – la interrumpí – Además… No sé por qué pero hay algo que me atrae y me dice que vaya para la oscuridad.

- ¿Eh? ¿Algo como qué?

- No sé… Es como si alguien me lo dijera. Además el clan Neko es como oscuro ya que adoramos a Shinigami-sama y a Nekomata-sama – dije cada vez más convencida.

- ¡Recuerda lo que pone! ¡No pienses! ¡Haz lo que te diga el corazón! – me recordó.

- Entonces oscuridad.

- Entonces ve tú sola, yo me voy hacia la luz – sentenció ya poniendo rumbo hacia la luz resplandeciente que salia de una de las puertas.

- ¡Detente! – más que una orden era una petición - ¡Es que no piensas! ¡Si cada una va por su camino vamos a morir porque una de las dos elegirá mal el camino!

- ¿Y no has pensado que tal vez, después de todo, nuestros corazones no estén tan unidos como creiamos? – me preguntó con toda la calma que podía – Puede que muramos o puede que no. No digo que si una muere la otra no pero hay una posibilidad de que tú pertenezcas a la oscuridad y yo a la luz. Después de todo yo no pertenezco exactamente a vuestro clan…

Aunque ella no lo creyera me había dolido terriblemente lo que había dicho. Era como veneno, pues me estaba matando por dentro. ¡Cómo podía decir eso! Es verdad que no nos llevamos bien pero de ahí a decir que no pertenece a mi clan…

- Está bien – acepté mirandola friamente y ocultando lo que en realidad siento. Era normal en mí, siempre ocultaba mis sentimientos desde que tenía 8 años… - Si dices que no perteneces a nuestro clan entonces no hay de qué preocuparse.

Ahora era Yami la que estaba dolida, pensaba que seguiría insistiendo en que si era del clan pero al parecer no era así. Ahora veía como me iba hacia la puerta con paso decisivo hasta que me perdió de vista. Ella, por su parte, fue a la de la luz hasta que no se vió ni rastro de ella.

Estaba totalmente oscuro pero gracias a mis ojos lo podía ver todo claramente. Seguía caminando hasta que vi una luz a lo lejos. No podía esperar más así que corrí hacia allí y cuando quise darme cuenta estaba ante un enfadado Kohaku, al poco llegó Yami.

- ¿Nani? – no lo podía creer, ¡Yami tenía razón! Nuestros corazones no estaban tan unidos al fin y al cabo…

- En realidad vuestros corazones si están unidos – me había leido el pensamiento y a continuación nos explicó – Daba igual cuál fuera vuestra elección, no ibais a morir. Sólo era una prueba como otra cualquiera, en ninguna podías morir. Pero si fallabas volverías aquí y, por lo tanto, significaría que no eres la Diosa de los 8 elementos.

- ¿Y si lo soy por qué estás tan enfadado? – le pregunté, intentando salir de mi asombro.

- Por una sencilla razón, has elegido la oscuridad antes que la luz y casi ni dudaste de tu elección – me explicó, enfadado – Puede que todavía quede tiempo para que cambies tu parecer y elijas la luz. Aunque en cierta parte no es tu decisión sino la de la Diosa.

- Explicate

- En tu cuerpo habitan dos almas: la tuya y la de la Diosa. La tuya, más o menos, es pura pero la de la Diosa es oscura. – me contó – Cada vez que un Inuzuka y una Neko se juntan, la segunda hija será la que tenga a la Diosa. Según la leyenda, si este hecho se produce 7 veces significará nuestra destrucción. Pero no te preocupes, tú eres la sexta.

- ¿Sólo por el hecho de tenerla ya será una de esas veces? – pregunté contrariada.

- Sólo si tu alma es sucumbida por la Diosa – me corrigió – Por eso todavía queda tiempo, si tu alma ya estuviera sucumbida hubieras ido directa a la puerta. Todavía queda una semana para el examen y para que te encuentres con Akatsuki.

- ¿Cómo lo sabes?

- Me lo dijeron los Dioses y también sé por qué no quieres ser chunnin – me contestó con una sonrisa – Toma, esto te servirá para defenderte ya que es muy resistente, nada puede romperlo.

Me dio unos brazaletes de oro los cuáles me los puse inmediatamente. Me iban a servir de mucho y seguro que hasta me salvarían la vida más de una ocasión. Ahora sólo quedaba esperar una semana…

- Arigato – le agradecí – Y ahora… ¿Me entrenarás?

- No sé si soy el más indicado para enseñarte además de que no sabría que enseñarte ya que eres muy buena en todo – me contestó.

- Todavía necesito mucho que aprender y conocer… - me había sumido en mis pensamientos, entonces Kohaku me despertó.

- Quieres saber por qué eres una diosa, ¿no? – era más una afirmación que una pregunta.

- Hai

- Bueno… - pensaba en cómo explicarme – Pues verás, antiguamente la Diosa de los 8 elementos provocaba el caos en todo el mundo, entonces mis Dioses la vencieron y encerraron en el cuerpo de una niña de un clan. Era un castigo tanto para el clan como para la Diosa ya que se lo merecían… Ese clan es el tuyo. La Diosa tiene 8 oportunidades para retomar su camino y cambiar, cada vez que haga algo malo volverá a reencarnarse en otra persona del clan y así sucesivamente… Según me han dicho ya llevan 7 oportunidades desperdiciadas, por lo que esta es su última. La verdad es que no sé el error que cometieron tus antepasadas demo eso tienes que averiguarlo tú y lograr que la Diosa no te posea y te destruya. Lo único que te puedo decir es que la Diosa se reencarna en la 2º hija de una Neko y un Inuzuka. Por eso quiero saber, ¿de verdad prefieres la oscuridad a la luz?

Esa pregunta me tomó por sorpresa pero, decidida y segura de mi misma y de mi decisión, respondí:

- Puede que digas que mi corazón y mis intenciones son puras, demo… - le expliqué – el clan Neko adora a Shinigami-sama y a Nekomata-sama por lo tanto mi clan es algo oscuro. Y debo reconocer que me atrae más la oscuridad que la luz, sin contar que puedo ver mejor en la oscuridad. Además, ¿por qué la oscuridad tiene que ir asociada a lo malo y la luz a lo bueno y no al revés? Para mi la oscuridad no es algo malo, sino mi aliado.

- Entiendo… - aceptó, poniéndose por primera vez de pie – Entonces eso quiere decir que ya tomaste tu decisión, pues lo lamento por ti pero hasta que no cambies de parecer no os dejaré salir. Entiendelo, es por el bien de todos.

- ¡¿Es que no lo entiendes?! ¡Aún siendo mi alma tan pura como la nieve me iría a la oscuridad con tal de salvar a mi hermana! – sentía mi sangre hervir de tanta rabia contenida, y mi poder aumentaba.

- ¡Si vas a la oscuridad tu misma serás quien acabe con su vida! – Kohaku tenía el miedo reflejado en su rostro, y yo iba a lanzarme contra él cuando…

- ¡Mitsuko-nechan! – escuché y vi a Yami sucumbida por el miedo pero al ver mi rostro se tranquilizó – otra vez te salieron eso ojos…

Sino hubiera sido por Yami, ahora mismo Kohaku no estaría vivo. Definitivamente tenía que controlar mejor mis emociones, así controlaría ese gran poder y podré ayudar a mi hermana. Giré mi rostro para ver a aquel sacerdote que estaba a punto de matar, me fijé en que estaba aterrorizado y que del miedo se había caido de espaldas. Esta era mi oportunidad…

- Yami-nechan… - murmuré – Nos vamos en san…ni…ichi… ¡Ahora!

Con nuestra velocidad adquirida a lo largo de muchos entrenamientos salimos corriendo hacia el bosque demo no alcancé a escuchar algo que me enteraría mas adelante y que lamentaré no haber escuchado por el resto de mi vida:

- Lamentarás el haber huido, ahora toda esa oscuridad que se cierne sobre ti recaerá sobre tu familia. ¡Tú serás la causa de sus muertes!

Ya estábamos lo suficientemente lejos como para descansar tranquilas. Nos recostamos sobre un tronco y respiramos despacio hasta que nuestras pulsaciones se ralentisasen.

- Ya estamos a salvo – logré decir.

- Hai, demo… Ahora tenemos que entrenar otra vez nosotras ^^ - me dijo, sonriendo.

- ¿Y a qué esperamos? ¡A entrenar!

- ¡Hai!

Dicho eso coloqué otra vez las trampas de kunais y shurikens, esta vez más bajas para que le lleguen a Yami y empezamos. Cuando terminamos no nos lo podriamos creer, ¡lo habíamos echo sin un rasguño!, y todo gracias a mis nuevos brazaletes que me sirvieron como escudo. Estuvimos entrenando en lo de siempre hasta que pasaron los días y llegó el día de los combates finales, mañana aparecerá Akatsuki…

- Hoy son los combates y mañana el gran día – le comenté a Yami mientras nos dirigíamos al lugar donde se realizaban los combates.

- Ya me lo has dicho 3 veces… ¿Estás nerviosa? – me preguntó a lo que yo asentí – No tienes por qué estarlo, les darás una paliza a todos esos niñatos.

- No voy a combatir, lo ví en mi sueño – aclaré – La villa del sonido y Suna se han unido para atacar a Konoha y el Tercer Hokage morirá.

- ¿Nani? ¡Hay que decirselo!

- No podemos – la corté – No podemos cambiar lo que pasará, todo tiene su razón. Por ejemplo, si no muere y no destruyen la villa entonces Naruto no aprenderá el rasengan y no se hará más fuerte y lo más seguro es que Akatsuki no aparezca. ¿Lo captas?

- Entonces, ¿por qué no dejas morir a tu hermana? – le mandé una mirada asesina – Demo si acabas de decir…

- Ese caso es distinto – la volví a cortar y ya no volvimos a hablar más en todo el camino.

Cuando llegamos pudimos ver que era como un estadio, las gradas se estaban llenando, ya casi no cabía más gente y todo por ver al Uchiha ese. Al entrar por la puerta grande que daba al campo miles de miradas se posaron en nosotras y como si nada pasara, caminamos hacia el centro donde se encontraban ya todos, menos Naruto. Me coloqué al lado de Kankuro y, mientras esperaba a Naruto, empecé a observar cada detalle del campo: había césped y gran cantidad de árboles. Al rato, el hiperactivo rubio hizo su gran aparición en escena. El encargado de los combates empezó a decir que no podíamos esperar más al Uchiha, así que nos subimos al balcón y contemplamos los combates.

El 1º fue entre Uzumaki Naruto y el genio Hyuuga Neji. Al principio parecía que el rubio iba a perder pero, como era lógico desde el principio, ganó. El 2º fue entre Nara Shikamaru y Sabaku no Temari, el cuál fue ganado por la rubia. Iban a descalificar al Uchiha hasta que apareció de repente, envuelto en un manto de humo, en el centro del campo junto con su sensei. Por fin empezó el combate que todos estaban esperando pero que se vió alterado por el repentino ataque por parte de los del sonido y los de la arena.

- Es hora de irnos, Yami-neechan – le comuniqué a mi acompañante.

- ¿No nos vamos a quedar para ver el combate de Gaara y Naruto? – me preguntó mientras se subía a mi hombro derecho.

- Iie, hay que irse, recuerda que tenemos que seguir entrenando – le recordé – Todavía no podemos enfrentarnos a Akatsuki. Además, hay que aprender técnicas nuevas juntas, como los Inuzuka.

- Hai – me contestó desilusionada y arrastrando la palabra.

Dicho eso, nos encaminamos hacia el bosque, ocultando nuestro chacra para no ser detectadas por el enemigo de Konoha y así adentrarse en el bosque sin contratiempos. Y cuando ya estuvimos lo suficientemente lejos del ataque empezamos a entrenar casi sin descanso, preparándonos para el gran día de mañana.

….EN LA ACTUALIDAD…
Mi respiración era agitada, ya me faltaba poco… No me arrepentía de lo que había echo a lo largo de mi vida, es más, me sentía muy orgullosa de ser quien soy: la hija de una Neko y un Inuzuka, la Diosa de los 8 elementos y… Bueno, la verdad es que de lo único que me arrepiento es de haber arrastrado conmigo a Yami, para mí es como una hermana, parte de mi familia. Tal vez todo sea parte del caprichoso destino pero, de no ser por aquel sacerdote, todavía seguiría viéndola como una compañera. Aunque, si la hubiera escuchado y hubiera dejado morir a mi hermana, ahora no estaría a punto de morir por él, por una de las personas que más amé en toda mi vida aunque al principio le odiaba por ser quien era. Mi vida cambió drásticamente el día en que los conocí, esos Akatsukis…

…VOLVIENDO AL PASADO…
Era el gran día, ya estábamos en un hotel, a la espera de nuestra presa. Miré por la ventana de mi habitación, la cuál estaba justo encima de la cama, para contemplar como el Sol se ponía en lo más alto. Desde mi ventana se podía contemplar como Naruto estaba en su habitación haciendo su ejercicio y a continuación se levantaba para, seguramente, abrir la puerta.

- Ha llegado la hora… - murmuré para mi misma - ¡Yami! Nos vamos.

- Hai… - dijo mientras intentaba despertarse lo más rápido posible, así que la cogí para no perder tiempo.

Nos escondimos entre dos edificios, quedando de frente con el río, por donde ellos pasarían para escapar. Aguardamos hasta que vimos una pequeña explosión en un edificio, la cual dejó un rastro de algo parecido al fuego pero de color negro. Y allí estaban… Yami y yo nos pusimos delante de ellos cortándoles el paso, haciendo que estos se detuvieran a escasos metros de nosotras.

- ¿Qué quieres? – me peguntó el que parecía un tiburón.

- Mi venganza…