Capítulo 8: Akatsuki
- No tenemos tiempo, Kisame – le recordó el del pelo azabache al tiburón ya que este parecía querer luchar.
- Uno no se puede divertir… - se quejó el que parecía ser Kisame.
- De aquí no os vais – miré sorprendida a Yami, nunca había dicho nada así, es más, nunca había hablado con nadie que no sea yo…
- Vaya, pero si la gatita habla… - comentó entre sorprendido y divertido el peliazul.
- ¿De qué tenéis miedo? – pregunté desafiante y con una sonrisa burlona - ¿No queréis que todo el mundo sepa que os derrotó una chica?
- Iie – respondió Kisame, sin dejar de sonreír – tenemos miedo a que todo el mundo sepa que nos ganó un animal.
- ¡Serás…! – ya me estaba hartando de tanta conversación y el tiburón me había hecho rabiar. Así que me lancé contra él, el cuál estaba esperando con ansias a que llegase a su posición.
Cuando llegué a él este interpuso entre nosotros su enorme espada, así que levanté mi mano en dirección a la empuñadura de mi katana que tenía en la espalda y la desenvainé, embistiendo contra él. Estuvimos así un buen rato, embistiendo el uno contra el otro, creando ráfagas de viento, hasta que sentí un fuerte golpe en la nuca. Estaba tan pendiente de Kisame que no me acordé de que también había otro miembro el cuál seguramente había sido el causante del golpe.
- Eso es juego sucio, akatsukis… - pude decir antes de caer al agua junto a Yami, la cual había permanecido en todo el combate en mi hombro derecho.
- Otra que sabe seguramente mucho de nosotros… - pude escuchar decir al del pelo azabache antes de que mi vista se nublara y se volviera negro – nos las llevamos.
Me desperté gracias a los rayos del sol que indicaban un nuevo día. Estaba en una habitación pequeña con casi nada en su interior, sólo la cama en donde yo me encontraba, una mesita de noche que estaba al lado de la cama, un armario y una ventana. Me levanté lentamente y me dirigí a mirar por la ventana, parecía una gran ciudad pero no pude verlo con claridad ya que no paraba de llover y, por lo tanto, no se veía nada. Al poco Yami se puso otra vez en mi hombro y tocaron a la puerta para después abrirse y dejar entrar a un hombre.
- Ya te has despertado – dijo contento un hombre con una máscara naranja tapándole la cara y con voz graciosa – Te he traido el desayuno, el líder te espera.
- (Genial, el líder quiere verme. La he cagado pero a base de bien) – pensé, agobiada.
- Esperaré a que te lo tomes para llevarte ante él porque Tobi es un chico bueno – comentó feliz de sí mismo, a lo que se nos caía una gota – tómatelo, se va a enfriar.
- Hai – contesté, acercándome a la bandeja que había dejado en la mesita, me senté y empecé a comer sin muchas ganas - ¿Cómo te llamas? (Ya sé como se llama pero me apetece hablar)
- Tobi – contestó mientras se sentaba al lado mía - ¿Y tú?
- Neko Mitsuko y ella es Yami – dije señalando a mi compañera – encantada.
- Lo mismo digo, supongo que tendremos que conocernos mejor ya que al parecer nos vamos a ver a menudo – comentó feliz y al ver mi cara de confusión, me aclaró – El líder parece muy interesado en ti, tal vez te pida unirte.
- ¡! – me había sorprendido ante ese comentario así que me atraganté y cuando ya me relajé, exclamé - ¡Jamás me uniré a Akatsuki! ¡Antes muerta que ser parte de vosotros!
- ¿Por qué? – preguntó, por lo que parecía a punto de llorar - ¿No te caemos bien?
- Aunque eres raro me caes bien (Y hueles muy bien… ¡¿Pero qué diablos estoy pensando?!) – me sacudía la cabeza intentando despejar mi mente de tales pensamientos y traté de continuar con lo que estaba diciendo – Pero sólo he venido por venganza, para vengarme de uno de vosotros… Como entenderás no puedo unirme.
- Aunque me cuentes eso sigo sin entenderlo, puedes unirte perfectamente – me dijo - ¡Quiero que entres! Aquí todos me tratan mal y seguro que contigo me lo paso bien.
- Lo siento, sería una deshonra el unirme a vosotros… Debo proteger a mi hermana, entiendelo – le supliqué. No podía creerlo, ¿de verdad me dolía? No sé por qué pero este hombre tiene algo que me hace sentir bien, como en casa…
- Está bien pero, ¿por qué te quieres vengar? – ya habíamos terminado de comer y ahora no me apetecía explicarselo porque seguramente también lo tendría que hacer con el líder.
- Vamos a ver a tu líder – le dije mientras me ponía de pie – allí os lo diré (¿Pero qué me pasa? "os lo diré" ¿Pero de qué voy? ¡No pienso contarles ni una mierda!) Vamos.
En todo el trayecto no hablamos de nada y Yami no me quitaba la vista de encima, estaba preocupada por mí y mi comportamiento y también pude distinguir en su mirada comprensión pero, ¿de verdad me comprendía? Después de pasar por no se cuantos pasillos llegamos a una sala grande y se abrieron las puertas, dejando ver al final y a los laterales hombres con la misma vestimenta y sentados. Tobi me empujó para que siguiese caminando y así lo hice, ahora todos me miraban. Algunos con interés y otros con desprecio y odio. Cuando llegamos al final pude ver 4 asientos grandes pero los 2 del medio lo eran más. En los sitios más grandes estaban un joven de pelo pincho y naranja, lleno de pircings y con unos ojos rojos hipnóticos y una joven con el pelo largo azul y una flor en la cabeza, también tenía un pircing debajo del labio.
- Tú debes de ser la que se enfrentó a Itachi y a Kisame, ¿cierto? ¿Cómo te llamas? – me preguntó el que parecía el líder.
- Neko Mitsuko y ella es Yami – contesté, señalando a mi compañera.
- ¿Eres de algún clan? No me suena tu apellido… - me volvió a preguntar.
- Hai, nuestro clan es de la villa de la nube, es parecido al clan Inuzuka sólo que nosotros tenemos gatas – le comenté de forma reducida e intentado controlarme. Aquella sala olía muy bien, igual que el olor que capté de Tobi.
- Entiendo, ahora que dices creo recordar que existía un clan sólo de chicas jóvenes y guapas – comentó.
- Ese es el mío – dije, orgullosa.
- No finjas esa sonrisa tan falsa, no me gusta – giré mi cabeza en la dirección de la voz y allí estaba, era el mismo que el de ayer, el del pelo azabache y ahora que me fijaba bien era verdad, tal y como dijo el líder era Itachi, el genio Uchiha Itachi.
- No sé de qué me hablas – le respondí malhumorada y entonces todo pasó muy rápido, en un segundo Itachi ya estaba en frente de mi, agarrándome fuertemente mi brazo izquierdo, el cuál lo tenía vendado.
- Lo sabes perfectamente – me miró desafiante – Aquí no hace falta que intentes mostrar expresiones, yo también fui como tú.
Dicho eso con la mano que tenía libre me agarró la venda y me la quitó de un tirón, dejando ver un símbolo rojo.
- Así que tú también fuiste anbu, ¿eh? – se interesó el líder. Yo todavía temblaba ante esa mirada, me había descubierto y al parecer desde que me vió por primera vez lo supo.
- No hables en pasado, todavía lo soy – le corregí, ladeando la cabeza para mirarle, mientras me soltaba del agarre de Itachi con éxito.
- Perdona pero ya no lo eres, ahora eres una…
- ¡No pienso unirme a vosotros! – le corté – He venido por venganza, uno de tus miembros va a matar a mi hermana y no pienso permitírlo. Aunque al parecer todavía no ha entrado a la organización.
- Si entras podrás esperarle y así ver sus habilidades y debilidades sin tener que enfrentarte a él – me dijo. Y cuando terminó de hablar las puertas se volvieron a abrir, giré mi cabeza para ver quién entraba y no me lo podía creer, era él…
- Siento llegar tar… - no pudo terminar la frase ya que se quedó tan asombrado como yo - ¿Tú eres a quién atraparon?
- Deidara… - pude decir. Todos nos miraban asombrados y entonces mi sorpresa se volvió odio - ¿Qué haces aquí? ¿Por esto dejaste a mi hermana? ¿Sabes que uno de tus amiguitos la va a matar?
No podía aguantarme más y salí corriendo en su dirección dispuesta a matarle allí mismo por hacerla sufrir. Saqué mi katana y me dirigí hacia él pero cuando ya estba a escasos metros de él algo o alguien me detuvo, no podía moverme. Pensé que sería como la técnica esa de la sombra, la que utilizó el tío ese vago pero no podía ser, que yo sepa el único de Konoha que está allí es itachi, ¿entonces qué pasa?
- Sasori-sama, no hacía falta esto. Podría haberme encargado yo de ella – dijo Deidara a uno que estaba detrás mía. Traté de calmarme, si le mataba todos se lanzarían contar mí y obviamente perdería. Cuando ya me tranquilicé pude moverme, me giré y ví una gran marioneta con la capa de Akatsuki, entonces entendí por qué no pude moverme, ese tal Sasori me había atrapado con los hilos de chacra, como a una marioneta. Este pensamiento me hizo cabrear más.
- ¿Dónde estás, Sasori? ¡Te voy a dar una patada en el culo como no salgas de donde quiera que estes! – grité.
- ¿Dónde estás mirando? Estoy aquí, delante tuya – dijo la marioneta.
- ¡¿Una marioneta que habla?! – exclamé, aunque a simple vista no mostraba emoción alguna, sorprendida. Y después, recomponiendome de la sorpresa – Oye, ¡no soy una marioneta que puedas controlar con tus hilos de chacra! Así que como lo vuelvas a hacer otra vez…
- ¿Qué? ¿Me patearás el culo? – preguntó en tono burlón. Ya estaba harta pero me contuve aunque lo que más ayudó fue ese olor…
- (¡Kuso! ¡Es como si todos me atrajeran! ¡No entiendo nada! ¡Tengo que ver a mi abuela cuanto antes!) – pensé, presa del pánico y no pude más.
Me dí rápidamente la vuelta y, esquivando a Deidara, me fui corriendo a la habitación, dejando a todos asombrados incluso a Yami, que estaba como siempre encima de mi hombro. Cuando llegué, cerré la puerta, me senté en la cama, me encogí haciendo un ovillo y enterré mi cabeza en las rodillas. Pasé así un rato, intentando tranquilizarme ante la atenta mirada de Yami, que yacía ahora al lado mía. Entonces escuché a alguien golpear la puerta y esta se abrió dejando ver a Deidara.
- ¿Puedo pasar, hmp? – preguntó, preocupado, a lo que yo sólo asentí. Entonces entró y se sentó a mi lado, donde no estaba Yami - ¿Por qué has salido así, de repente? Sasori-sama puede ser así de cabrón pero es un buen tío, ahora se siente mal por…
- No me he ido por él – le corté. Me sentía culpable, no era mi intención que todos pensaran eso – Es que… no sé como explicarlo pero me sentía atraída por todos… ¡Pero no es que me gustéis ni nada parecido! Es sólo que… ese olor…
- ¡Oh, no! ¿Tú también, hmp? – le miré sin comprender – Yugito-chan me dijo que le atraía al principio por mi olor y que después se enamoró al conocerme mejor.
- Mm… - ahora estaba en una mar de confusiones. Tenía mil preguntas y todas sin respuesta - ¿Tú la querías? ¿Por qué la abandonaste?
- ¡Claro que la quería y la sigo queriendo! Es sólo que… - bajó la mirada – Yo estba con mis atentados contra la villa y, ya cansado, me fui para la casa. Allí me los encontré: Itachi-san, Sasori-sama y Kisame estaban esperándome. Al parecer el líder se había interesado por mí, pero me negaba, tenía todo lo que quería allí. Entonces Itachi-san me desafío a un combate, si él ganaba yo me iría con ellos. ¡Yo no sabía que era un Uchiha! Así que…
- Aceptaste y perdiste – terminé la frase, entendiendo ahora cuánto había estado equivocada respecto a él – Lo siento… Pensé que te habías ido con otra o algo así…
- ¡Eso nunca, hmp! – me cortó y cayendo en la cuenta, dijo - ¿También pensó eso Yugito-chan?
- Hai. Llegó destrozada a mi villa – le conté – Cuando la ví supe que algo malo pasaba, ella desde que te conoció siempre me ha estado hablando de ti y te quería tanto que se fue a tu villa y cuando la ví allí… echa un mar de lágrimas… se me encogió el alma de verla así, nadie la había hecho llorar… Así que juré vengarme de la persona que le hizo daño, demo… ¡Tienes que ir a mi casa y decirselo! ¡Ella nunca te ha olvidado!
- Lo siento, no puedo hmp – me contestó, apenado por lo que le conté – Aunque fuera para allá y se lo dijera, seguramente no la volvería a ver. Sólo en su último día…
- ¿Nani? (¡Él también lo sabía y se va a quedar ahí, sin hacer nada!) – fui hacia él y le cogí por el cuello de la capa - ¿Para qué la queréis? ¿Vas a dejarla morir?
- A mi también me duele demo no puedo hacer nada – me aclaró, mirando para otro lado y le solté – Akatsuki quiere a todos los jinchurikis y, como tú sabrás, ella también lo es, hmp.
Me levanté de la cama de golpe y mis piernas me empezaron a fallar, no podía moverme, ahora sólo podía escuchar los latidos de mi corazón, los cuales iban muy acelerados. Ya no podía mantenerme en pie pero antes de que me cayera Deidara me cogió y me abrazó muy fuerte, entonces volví en mí.
- ¡Ella no tiene la culpa de que tenga a ese monstruo en su interior! – grité entre sollozos y enterré mi cara en su pecho, para que no me viera llorar. Mi clan, al igual que los Uchiha, era muy orgulloso.
- Lo sé, hmp – me contestó en un susurro. No me dí cuenta de lo que le dolía su muerte hasta que sentí algo húmedo en mi hombro, él también estaba llorando…
