Capítulo 9: La historia del clan

Nos pasamos así un buen rato hasta que él decidió romperlo.

- El líder quiere saber más sobre ti y tu clan, hmp – me contó, separándose de mí al tiempo que se secaba las lágrimas.

- No tengo muchas ganas, cuentaselo tú – le dije mientras también me las secaba – Tú lo sabes todo acerca de mi clan.

- No todo – me corrigió, sacando una sonrisa sincera – Sólo lo que sabía Yugito-chan, que no era mucho, supongo que lo mismo que tú. Además, el líder quiere que se lo cuentes tú, hmp.

- Está bien… - me rendí – Pero no sé casi nada, sólo lo que ya he vivido. Nunca me contaron ningún secreto en mi estancia allí.

Yami se subió otra vez a mi hombro y nos dirigimos otra vez a la sala. Caminamos en silencio hasta que Deidara decidió romperlo, otra vez.

- Mitsuko-chan, ¿por qué tienes un gato y Yugito-chan no? – me preguntó – Ella me dijo que todos tenían un acompañante pero que a ella no se lo dieron, ¿por qué, hmp?

- Ella también lo tiene, sólo que en su interior – le aclaré – Al menos me dijeron que ese era el motivo.

- Hmp…

- No te preocupes – me miró sin comprender – Yo la salvaré, ese es el motivo del por qué estoy aquí.

- No seas baka, si matas a quien vaya a matarla… - se le quebró la voz – Todo Akatsuki irá a por ti, te matarán y después matarán a tu hermana…

- Lo siento – me disculpé – pero no puedo estar de brazos cruzados como tú.

- ¡Yo tampoco quiero que ella muera! – me reprochó y se contuvo – Por cierto, ¿cómo supiste que yo era Deidara, el novio de tu hermana, si no nos hemos visto nunca?

- Como ya te dije Yugito-nechan siempre me hablaba de ti – le conté – Tus gestos, tu aspecto, tus habilidades pero, sobre todo, de tus sonrisas.

- ¿En serio? – se sonrojó - ¿Le gustaban mis sonrisas?

- Hai – me reí de su sonrojo.

Ya habíamos llegado y las puertas se volvieron a abrir para dejarnos paso. Ahora que me fijaba en los asientos de al lado del líder y de la mujer se sentaban Tobi y un hombre con una planta en la cabeza. Definitivamente esta organización era de lo más rara… pero, desgraciadamente, me sentía a gusto…

- Siento haberme portado así contigo antes – se apreduró a decir Sasori al verme para después burlarse – No sabía que fueras tan sensible.

- Baka, no me fui por eso – le respondí, malhumorada. Después Deidara tomaba asiento al lado de Sasori – Fue por algo del clan…

- ¿A qué te refieres? – me preguntó el líder.

- Desde que estoy aquí he sentido un fuerte olor muy agradable – le expliqué mientras me acercaba más a él – no me pregunte sobre ello porque ni yo misma lo sé. Sólo que es muy agradable y que es este momento me siento atraída por todos vosotros… (Esa última parte podía habermela guardado ¬¬…)

- Entiendo – me contestó con una sonrisa pervertida – Cuentanos más sobre tu clan, según he oído está formado por mujeres y es el clan más fuerte de tu villa, ¿me equivoco?

- Iie, aunque hay algo en que sí te has equivocado – le contesté con una sonrisa arrogante – Mi clan no es el más fuerte de mi villa, prácticamente, es el más fuerte del mundo.

- Ja, seguro que el clan Uchiha o los 7 espadachines de la niebla pueden con vosotras – se burló el cara tiburón y en una milésima de segundo estaba detrás de él con mi katana desenvainada aprisionando su cuello contra el respaldo del asiento. Todos me miraban asombrados, excepto el Uchiha.

- Todas las de mi clan no son anbus desde los 8 por nada – le dije y, acercándome a su oreja, le comenté de la forma más frívola posible provocándole un enorme escalofrío – Dudo mucho que esos espadachines que tú dices tengan alguna posibilidad contra nosotras. Ni siquiera les daría tiempo a desenvainar sus espadas antes de que el filo de nuestras katanas les atraviese. Y con respecto a los Uchiha no sé…

- Te dejaste atrapar por nosotros – me comentó el Uchiha, mirándome con esos ojos rojos sangre.

- Mi objetivo a sido llegar hasta vuestra guarida y matar al asesino de mi hermana demo al parecer el asesino todavía no está – le aclaré – obviamente no me ibais a llevar por las buenas, así que me deje atrapar pero antes de que me dejáis allí dije el nombre de vuestra organización, dando a entender que sabía mucho de todos vosotros. Así que, seguramente, me tendríais que llevar ante vuestro líder. Y tú te diste cuenta desde el principio que era anbu, ¿me equivoco?

- Iie, también fui un anbu así que sabía como actuan – me explicó – Y tú actuabas así, aunque sonrieras o te cabrearas se notaba que lo hacías forzosamente.

- Por favor, suelta a Kisame – me pidió el líder y así lo hice y entonces volví al centro de la estancia - ¿Conoces a Deidara?

- Hai, fue… - Deidara me lanzó una mirada asesina, así que rectifiqué a tiempo – es el novio de mi hermana.

- ¿Deidara tiene de novia a una Neko? – preguntó el líder, sorprendido – Bueno, da igual. También he oído que sólo son jóvenes y guapas, nunca se ha visto a ninguna anciana, ¿no tienes abuela?

- Claro que tengo – dije entre risas – Pero seguro que nadie sabría decirme quién de mi familia es mi abuela, quién mi bisabuela y quién mi tatarabuela. Todos se confunden.

- Hasta un ciego puede darse cuenta – contestó un hombre enmascarado.

- Kakuzu tiene razón – dijo Kisame.

- Me apuesto algo a que me diréis que son mis hermanas mayores – les contesté y luego, al ver sus caras, aclaré – Mi clan tiene un don o un poder, o como queráis llamarlo, que consiste en que a partir de los 18 años no envejecemos más.

- ¿Sois inmortales? – preguntó Sasori.

- Iie, sólo podemos morir en un combate – expliqué – Pero no podemos morir ni de viejos ni de una enfermedad.

- Vaya… - todos se quedaron asombrados, todos excepto el Uchiha.

- ¿Cuántos años tienes? Supongo que te hiciste hace poco ambu – me preguntó el Uchiha, arrogante. No pude aguantar más la risa y me reí en sus narices, lo que provocó un cierto enojo en el pelinegro.

- Iie – le respondí cuando ya me tranquilicé – Nada más al nacer, nosotras somos entrenadas y a los 4 años nos metemos en la academia ninja. A los 5 ya nos graduamos como gennin, a los 6 nos convertimos en chunnin, a los 7 en jonnin y, por último, a los 8 en ambu. Siempre ha sido así, excepto con mi hermana, ella se graduó a los 4 y fue ambu a los 7.

- ¿Desde nacimiento sois entrenadas? – preguntó el Uchiha, cada vez más enojado de que unas chicas le superen.

- Hai. Cuando nacemos somos separadas de nuestras madres y entregadas a las madres de nuestras compañeras – empecé a explicar – Después somos transformadas en gatas por una técnica de línea sucesoria y somos entrenadas por las madres de nuestras compañeras. Ellas nos enseñan a sobrevivir en la calle, nos enseña a robar, a atacar… Así hasta un año, después de ese año vamos por nuestra cuenta, junto con nuestra compañera. Cuando ya han pasado los 4 años nos volvemos otra vez humanas, demo tenemos habilidades de los gatos: podemos ver en la oscuridad, poseemos su agilidad, y también tenemos desarrollado el olfato, demo ahora siento un olor extraño pero atrayente de todos vosotros.

- No creo que te sientas atraída por mi solo por mi olor – me dijo el Uchiha con una sonrisa pervertida.

- No tengo tan mal gusto – le respondí con una sonrisa de superioridad al ver su reacción enfadada. Los demás estaban haciendo hasta lo imposible por no reirse del pelinegro.

- Eso ya lo veremos – me respondió, arrogante y con una sonrisa de superioridad, el Uchiha. De un rápido movimiento se puso detrás de mi, con su rostro pegado al mio. Podía sentir su respiración y su mirada clavada en mis ojos, todos los de esta organización me ponían nerviosa pero este el que más, lo peor de todo es que él se dio cuenta - ¿Te pongo nerviosa?

Dicho eso, me agarró de la cintura y me acercó más a él. Estaba respirando con mucha dificultad y él lo sabía. Sus labios empezaron a acercarse peligrosamente a mi cuello, empezó a rozarme con ellos, lo que provocó un escalofrío por mi parte.

- Ya basta, Itachi – le paró, con voz autoritaria, el líder. El Uchiha se separó de mi despacio y fue a su sitio – Recuerda que la estamos interrogando. ¿Por qué te atraemos?

- Como ya he dicho es por el olor – le respondí, lo más fríamente posible – Pero desconozco por completo la causa. Por eso quiero ir a ver a mi abuela cuanto antes, y no quiero estar aquí por mucho tiempo, sobre todo cuando me venga el celo.

- ¿Celo? – el líder y los demás precentes estaban desconcertados, menos Deidara.

- Hai – respondí – Muy a pesar nuestra hemos conseguido muchas cosas de los felinos, no solo sus habilidades. A nosotras no nos viene la menstruación, somos como los felinos, nos viene el celo. Por eso tenemos hijas, sino fuera porque no somos conscientes durante el celo no nos acercaríamos nunca a ningún hombre.

- Ahora lo entiendo, por eso nunca os casáis pero si tenéis hijas – dijo el líder.

- Ahora entiendo por qué Deidara se pudo acercar a una – contestó el Uchiha, con burla.

- ¡Cabrón, hmp! - Deidara se levantó para pegarle.

- ¡Ya basta! – grité, enfadada – Sois peores que unos niños.

- Y tú peor que mi madre – respondió una voz desconocida. Me giré hacia la puerta principal para encontrarme con un hombre alto, de pelo blanco echado para atrás y con una guadaña de 3 puntas.