Capítulo 12: Mi miedo hace su aparición. Comienza el entrenamiento...

- Te volviste a levantar pero tus ojos cambiaron – se estremeció – Se tornaron fríos como el hielo… como la otra vez…

Flashback (lo cuenta Yami)

Mitsuko se levantaba despacio, sin apartar su mirada gélida de los del jinchuruki. Cuando ya se hubo levantado, desapareció dejándome sorprendida. Apareció detrás de Hikaru y le golpeó en toda su cara, tirándolo a unos cuatro metros de distancia.

- Ha utilizado… el hielo para desplazarse más rápido… - me había quedado impresionada por lo sucedido.

- Te arrepentirás de haberme dañado – le dijo Mitsuko con una voz de ultratumba y le miró a los ojos. Él la miró horrorizado.

- Eres… eres un monstruo… a-aléjate de mi… ¡no te acerques! – no dejaba de mirarla, al mismo tiempo estaba haciendo un enorme esfuerzo por alejarse de ella, paso a paso. Sin poder evitarlo le salieron lágrimas de los ojos.

De un rápido golpe, le atravesó cerca de su corazón con su mano. La herida empezaba a sangrar pero algo raro ocurrió, la sangre empezó a congelarse, siendo seguida por su cuerpo.

- ¡No Mitsuko para! ¡No debemos matarle! ¡Además, tú no eres mala persona, no dejes que te domine! – le gritaba con ojos llorosos. Correría hacia ella, pero sabía no llegaría a tiempo… - (No quiero que se arrepienta por el resto de su vida…)

La pequeña me adelantó y se interpuso entre Mitsuko y su hermano. La miraba con ojos llorosos. Mitsuko la miró con sus ojos gélidos, no tenía expresión en su rostro, no sentía nada, si no hacía nada la iba a matar…

- ¡Niña, huye…!

- Sé que no eres mala persona, por eso, deja a mi hermano – a pesar de estar destrozada y muerta de miedo por Mitsuko, le dirigió una cálida sonrisa – Perdónale, él no ha hecho nada malo, él solo… Solo quiere ser aceptado por los demás…

Mitsuko se quedó en estado de shock, su mirada empezaba a volverse cálida de nuevo, pero no reaccionaba, yo sabía lo que estaba rondando ahora por su mente. Ella también quería y siguen queriendo ser aceptada por la sociedad, pero por su clan y por todo lo que con lleva, es algo imposible…
La mano de Mitsuko empezó a salir del cuerpo de Hikaru y empezó a caer. Corrí hacia ella antes de que llegara al suelo pero alguien llegó antes que yo. Era Hidan…

- ¡Tú! – se dirigió a mí – Llévate al chico, yo la llevaré.

- (¿Quién se ha creído que es para mandarme?) Hai ¬¬ - el chico todavía estaba congelado, así que lo monté encima de mi lomo como pude. Nos dispusimos a partir cuando la pequeña se puso en frente de nosotros.

- ¿Adónde os lleváis a Hikaru-nisan? – antes de que Hidan dijera cualquier cosa absurda que le pudiera sentir mal, dije.

- Tranquila pequeña, no volverá a sufrir más. Todo terminó – ella solo sonrió y nos dejó paso.

- Arigato, señora gata – un gran sentimiento de culpa me inundó cuando nos ibamos alejando de aquel lugar. Lo único que aligeraba la culpa era que sabía que no la había mentido, él ya no iba a sufrir más… para él ya todo acabó…

Fin flasback

- Ahora recuerdo… recuerdo sus ojos llorosos mirándome y suplicándome que entrara en razón… - me quedé shockeada al recordar lo que me dijo, que él quería ser aceptado por todos, al igual que yo – Él solo quería ser aceptado por los demás, él no tenía culpa de tener a ese ser dentro… ¡Él no tenía la culpa! ¿Por qué nadie quiere entender que no somos monstruos?...

- Mitsu-chan… - susurraron, al unísono, Deidara y Tobi.

- No os preocupéis por mi – sonreí – Ya estoy lista para mi próxima misión, líder-sama…

-Iie, tú de ahí no te mueves

- Demo…

- Como has dicho yo soy el líder, y como tal te ordeno que te quedes en la cama – me miró seriamente.

- Hai

- Bien, ahora todos fuera de aquí. Tengo algo importante que comunicaros – y todos se fueron, dejándonos solas.

En la sala de reuniones de Akatsuki…

- Como ya debéis de suponer, es peligroso estar con Mitsuko – todos se sorprendieron ante lo dicho – O tal vez no… Bueno, como sea, he decidido que cuando se recupere ella vaya sola. Por lo tanto, Kakuzu, ya tienes nuevo compañero. Además, hacéis buena combinación ya que Hidan no puede recomponerse solo, tú puedes cocerlo…

- ¡Pero yo soy inmortal, puedo seguir siendo la pareja de Mitsuko! – Itachi sonrió ante lo dicho por el líder.

- (Genial, ese idiota no volverá a estar cerca de Mitsuko, aunque yo tampoco… ya sé) Líder-sama – el líder le miró, expectante ya que rara vez Itachi hablaba – He pensado que, cuando Mitsuko se recupere, podemos entrenarla para que pueda controlar la Diosa que lleva dentro.

- Buena idea, Itachi tú la entrenarás primero – Hidan fulminó con la mirada a Itachi y a éste no le pasó desapercibido el gesto, lo que provocó una sonrisa arrogante – Y ahora os voy a encargar una misión. Como Hidan no hizo nada en la primera misión, os la encomendaré a vosotros. Deberéis encontrar a Gobi e investigar sobre él, no le hagáis nada aunque tengáis oportunidad. Mitsuko se encargará de él, procurad que no os descubra nadie.

- Hai – dijeron al unísono, y se marcharon para cumplir su misión lo antes posible, sobre todo era el deseo del peliblanco.

Estaba en mi cama recostada, intentando dormir, cuando alguien entró. Era Itachi…

- Siento molestarte

- No te preocupes, no podía dormir. ¿Qué quieres? – le pregunté mientras me sentaba en la cama.

- Solo informarte de que ahora Hidan está con Kakuzu como compañero y que, cuando te recuperes, te entrenaré para que puedas controlar a la Diosa – me informó mientras se sentaba a mi lado.

- ¿Me ayudarás? – por fin pude encontrar una esperanza, aunque por una extraña razón me sentía mal al saber que Hidan estaría lejos de mí por un tiempo – (Supongo que será porque me gusta su olor) Arigato…

- No las des, solo lo hago para que no causes problemas al Akatsuki (Si tú supieras por qué lo hago… Se la ve tan inocente, tan bella…) – el mayor de los Uchiha no pudo evitar tener un leve sonrojo en sus mejillas al darse cuenta de lo que estaba pensando.

- Entiendo… - le contesté, apenada.

- Bueno, me tengo que ir. Nos vemos cuando te recuperes – se levantó y se fue. Me sentí vacía… pero era normal, yo era diferente a los demás y eso no lo podía cambiar… ¿Quién puede querer a alguien como yo?

- Mitsuko…

- No te preocupes por mí, Yami. Estoy bien… - me acosté e intenté dormir. Esperaba poder recuperarme lo antes posible, así podría controlarla antes. Así no causaría daño a nadie…

…..Una semana después…

Me encontraba en el bosque, delante de mí yacía el Uchiha. Hoy, por fin, empezaba mi entrenamiento. Me costó recuperarme más de lo que había previsto, pero ya llegó el día.

- He podido averiguar en los templos que la Diosa te controla cuando sientes ira, rabia o cualquier sinónimo. Por lo tanto, te meteré en una de mis ilusiones y sacaré todos esos sentimientos de ti. Tu objetivo es controlarla con tu fuerza de voluntad. Si fallas y la Diosa te controla, te cortaré con mi katana – me informó - ¿Entendido?

- Hai – estaba decidida, era ahora o nunca. Tenía que demostrar lo fuerte que era.

Le miré directamente a los ojos y en menos de una milésima ya estaba en una de sus ilusiones. Abrí los ojos y ví la nada, todo era un blanco inmaculado. Estaba suspendida en el aire y, de repente, una neblina negra salió de mi pecho y terminó por engullirme.
Volví a abrir los ojos, en este caso todo era negro… Delante de mis ojos apareció una gata de tonalidades negras y marrones, y a su lado se hallaba otra, ésta era totalmente negra.

- Ellas… somos Yami y yo cuando teniamos 2 años – murmuré, sorprendida y olvidandome por completo que todo era una simple ilusión – Ese era el primer año que ella y yo estabamos solas ante el mundo. Teníamos que arreglárnoslas solas: robar la comida, encontrar un lugar donde dormir, todo…

Las gatas estaban vigilando su presa… el bocadillo de una niña no más de 5 años. Cuando la niña se despistó contemplando otro lugar las gatas se abalanzaron contra ella y le quitaron su bocadillo. La niña yacía en el suelo con los ojos apunto de derramar unas brillantes perlas. Yo, en mi forma de gata, la contemplé con cierta compasión. La niña me devolvió la mirada y, conteniendo sus lágrimas, me sonrió. Esa acción me pilló desprevenida, ¿por qué me sonreía? ¿Acaso una persona normal sonreiría a un animal salvaje? Después de hacerme esas preguntas me dí la vuelta y me alejé corriendo para alcanzar a Yami.

- ¿Esto es lo que tienes? No me hagas reir, con esto no me pasa nada. Si lo que pretendes es que sienta compasión por esa niña ahora estás muy equivocado – me mofé del intento del Uchiha mayor.

- ¿No recuerdas lo que viene después…? – me preguntó la voz de Itachi en mi mente, lo que me pilló desprevenida.

Me paralisé al recordar lo que venía después… no, no podía hacerme eso. Ya lo había conseguido olvidar, si lo veía otra vez… volvería a atener pesadillas como cuando estaba en mi forma animal.

- No… onegai, no me lo enseñes – le rogué, cayendo de rodillas y con la mirada perdida. No sabía donde estaba el Uchiha, pero pude percibir una sonrisa de satisfacción proveniente de él.

Escuché un ruido de una bicicleta, levanté la cabeza y me iba a levantar pero ví con horror que estaba atada a una cruz. Ahora no podía evitar mirar lo que se avecinaba al frente…
A lo lejos se veía a las gatas comiendo su almuerzo, el bocadillo de la niña… Estaban en una acera y, percibiendo un olor conocido, giraron sus cabezas en dirección a la acera de enfrente. Allí estaba mi hermana Yukiko… Ella también las vieró y, feliz por encontrar a alguien conocido, corrió hacia ellas (nosotras) cruzando la carretera.

Mi cuerpo empezó a templar ligeramente al saber lo que venía ahora, quería cerrar los ojos, quería soltarme y correr hacia ellas antes de que sea demasiado tarde… pero ninguna de esas opciones estaba a mi alcance. Con impotencia vi como mi hermana cruzaba la carretera, todo a cámara lenta… Se escuchó un camión y ésta giró su cabeza para, posteriormente, ser atropellada.
La sangre de mi hermana salpicaron a Yami y a mi forma gatuna, quedándose totalmente paralizadas.

- Basta… basta, onegai… - le seguí rogando, pero para él solo eran palabras… palabras que se las llevaba el viento.

Cerré los ojos con fuerza y volví a abrirlos. Me encontraba en mi propia pesadilla, la pesadilla de mi hermana Yugito. Como en todas mis pesadillas, ella se encontraba a lo lejos, mirándome. Estaba totalmente cubierta de su sangre y a su lado se encontraba su asesino. Al verle sentí un aire de nostalgia pero no sabía por qué, yo nunca he conocido al asesino o al menos eso creía en ese momento.

- ¿Quieres conocer al asesino? – la voz de Itachi regresó a mi mente para, posteriormente, reirse. Él sabía quién era el asesino, lo presentía…

- (Si se está riendo significa que debo conocerle… ¿Pero quién podrá ser?) – pensaba, desconcertada – Si… quiero saber quién es…

- Lo lamento… pero eso lo tendrás que averiguar por ti misma…

- ¿Qué? – miré a mi hermana para después correr o, mejor dicho, intentar correr hacia ella ya que una neblina negra me atrapó los pies.

Miré desesperada al asesino, quería verle, quería salvar a mi hermana… pero una vez más ninguna de las dos opciones estaban a mi alcance. Antes de que la neblina me volviera a engullir, ví con impotencia como el asesino le daba el toque final, dando punto y final a la vida de mi hermana.

Abrí los ojos y, como me esperaba, me encontraba en el bosque de nuevo. Ahora sentía como la impotencia pasaba al odio y del odio a la ira. De nuevo ese chakra negro me cubría todo el cuerpo, sentía como algo dentro de mí se apoderaba de mi alma… Dentro de mi cuerpo se debatían dos almas para conseguir su premio más preciado, el control de mi cuerpo…

- Controla – me ordenaba Itachi, quien me miraba serio y preparado para cualquier imprevisto.

Intenté tener la mente en blanco, así me sería más fácil imponer mi voluntad. Veía como mis ojos eran inundados por un mar de llamas y me quedé horrorizada al comprobar que ese mar de llamas era mi sangre… Empecé a sentir mi cuerpo arder también y, al pensar en el terrible dolor que me producía, me vino a la mente la imagen de mi hermana cubierta de su sangre. Sin poder remediarlo me poseyó la ira y, como la otra vez, el chakra negro desapareció para después caer desmayada al suelo.

Me dolía todo el cuerpo, solo podía mover mis párpados. Abrí los ojos y vi a Yami, quien estaba encima mía mirándome con preocupación.

- ¿Qué ha pasado…? – pregunté, temiendo la respuesta - ¿Dónde está Itachi?

- Ha vuelto a pasar… Itachi está muy malherido… - abrí los ojos desmesuradamente, otra vez lo había vuelto a hacer… nadie está a salvo a mi lado. Y por primera vez, me preguntaba… ¿De verdad podría salvar a su hermana? ¿Y si Kohaku tenía razón y yo misma acabaría con ella? ¿Será a eso lo que se refería Itachi? Tal vez él halla visto que yo soy la asesina… por eso dijo que yo misma tendría que averiguarlo…