Continuación de 1º – Palpitar
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Borboteo
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"Entonces…"
Dentro de la Mansión Scarlet, rara vez alumbra el sol.
La gigante Mansión Scarlet, la que era conocida por "la vampiro escarlata", por estar llena de peligros desde el inicio hasta el final, y por ser uno de los lugares más bellos y extraordinarios en toda Gensokyo – más no es lugar abierto para el público.
"Cómo…"
Pero esto no era problema para los que residían en la oscuridad.
"Cómo fue que pudiste entrar?"
Tarde lo descubrió Patchoulí, la maga, una noche de luna menguante, mientras leía en su ducha…
"Oh, eso. Solo entré por la ventana de la cocina cuando ya no entraba más sol, y luego te vine a buscar aquí porque la humana Marisa algo hablaba que te gustaban las duchas o algo así… Oye, eres tú la dueña de todos esos libros?"
… Cuando desde las sombras, Rumia, una youkai corriente de la Oscuridad, pudo entrar sin esfuerzo, confundiéndose con la penumbra.
"Condenada sea esa Hong Meiling", no pudo evitar pensar Patchoulí, mientras buscaba su bata para hablar tranquilamente con ella.
…
" Y bien, ya estás lista?"
"Algo así. Si viniste hasta aquí burlando nuestra – condenadamente estúpida – seguridad, por alguna razón importante debe de ser. Adelante, cuéntame." – habló en su clara – y algo monótona – voz la maga, mientras arreglaba los últimos detalles de su pequeño sombrero con su cabello.
"Oh, si eso. Hace unos días atrás, algo muy, pero MUY extraño me sucedió." – comenzó Rumia, arremangando nerviosamente su falda negra. Mala señal.
"Cuando quise comerme un humano, sentí algo en el pecho. ¡Y no pude alimentarme de él como lo hacía siempre! Hasta ahora aún no puedo comer muy bien…"
"Tienes problemas para comer… y dime, qué fue lo que te hizo aquella persona para dejarte así?"
"No fue exactamente el tipo, sino su acompañante. Ambos lloraban… y ahí fue cuando los dejé solos, o eso creo… Siempre pensé que los youkai no tenían sentimientos… ¿O es que si tienen?"
"¿Ese es el tema, eh? Déjame buscar algo que te ayude. Mientras tanto, puedes tomar asiento allí." – y señaló una de las sillas de algún rincón de la gran biblioteca.
Pasó largo tiempo, y la noche se hizo madrugada antes que Patchoulí encontrara algo. Y Rumia ya estaba por dormirse en donde estaba cuando la otra mujer se le acercó, libro en mano.
"Para ser exactos, en muchos de mis libros dicen que mientras más fuerte y experimentado se haga el youkai, es probable que su corazón se vaya endureciendo, o puede que incluso se enblandezca, para así parecerse cada vez más a un humano. Puedes verlos como ejemplo en distintos youkai que viven ahora con nosotros." – comenzó su discurso la maga, dirigiendo sus ojos a las grandes repisas llenas de libros del lugar – "Sin embargo, en éste pequeño que tengo en mis manos, dice una frase así: 'Es cierto que las emociones pueden ser consideradas un estorbo, e incluso consideradas cosas desechables en el trabajo de un youkai, pero, hay muchas pruebas las que hablan que las emociones son causantes de grandes poderes. E inclusive, del crecimiento de los de nuestro tipo'. Ahora, pequeña, tú puedes tomar la teoría que más te convenza. De ahora en adelante, será cosa tuya."
"Oh, en serio~"
…
Tiempo después, el bicho de la curiosidad picó a Patchoulí.
Y, al averiguar más del incidente de la pareja de humanos, pudo enterarse que el atacado murió de una manera desgraciada.
El remedio que le fue dado no era más que un anticoagulante, uno que Rumia usaba para "entretención".
Siempre he creído que mientras más linda parezca una chica, más mortal puede ser. Y Rumia entra en éste caso.
Miren ustedes, jugar con la comida.
