Capítulo 13: ¿La reconciliación? Descubriendo un nuevo sentimiento...
Ya
había pasado casi tres años. Desde que dejé malherido a Itachi yo
podía mirarle a los ojos aunque me veía forzosamente a hacerlo en
mi entrenamiento, llevándome una gran sorpresa al ver en su mirada
dulzura y no odio.
Ya podía controlar mis emociones y, por tanto,
a la Diosa que habita dentro de mí. Ya no muestro emoción alguna,
al igual que Itachi. Yami ha crecido, ahora me llega por encima de la
cintura. Ella también ha crecido psicológicamente y también se ha
vuelto muy fuerte, somos invencibles en combate.
Pero, aunque no
lo quiera reconocer, desde que cambiaron a Hidan de compañero… él
no ha vuelto a ser el mismo. Casi no me dirige la palabra, solo
cuando entrenamos. No sé que le ha pasado… y me siento mal, pero
me extraña eso de mí.
Para mi desgracia, he vuelto a tener
visiones este año. Y, como suponía, es del destino de uno de los
miembros… Akatsuna no Sasori. Va a morir a manos de Konoha dentro
de poco, por la misión que le va a encomendar hoy a él y a Deidara.
Lo que más me duele es como reaccionará Deidara al ver morir a su
maestro. Lo peor de todo es que no se lo puedo decir, tengo que
dejarle morir…
Por los pasillos del edificio se encontraban dos buenos amigos hablando de lo que les unía tanto, el arte, hasta que su líder habló en sus mentes.
- Sasori, Deidara – los llamó el líder – Tengo una misión para vosotros.
- Hai – respondieron y se dirigieron a paso lento hacia la sala principal.
- Bien, vuestra misión consistirá en capturar al Kazekage de Suna – les informó el líder – Partiréis inmediatamente.
-Bien – susurró Deidara, emocionado por probar que tan fuerte se había vuelto. Se dio la vuelta y antes de salir por la puerta, acompañado de su maestro, Pein volvió a hablar.
- Se me olvidaba. Si véis a Mitsuko, decidle que venga. Tengo una misión para ella.
Los
dos siguieron su camino con un semblante serio. Nadie quería romper
ese silencio sepulcral ya que ambos estaban sumidos en sus
pensamientos. Ellos sabían perfectamente que misión era y esa
misión era la causante del amargo sabor de boca que tenían ambos en
esos momentos. No querían que Mitsuko cambiara después de volver de
su misión, la querían demasiado. Pero sabían que esa noticia la
alegraría mucho, y fue precisamente eso lo que les daba fuerzas para
comunicarselo.
Por fin llegaron a su habitación, tocaron la
puerta…
- Adelante – les dije y, al ver quién era el primero, sentí un gran peso en mi pecho.
- El líder quiere verte – me comunicó el pelirrojo, quien fue el primero en entrar. Y, con una sonrisa, agregó - Te gustará la misión que tiene para ti.
- Gracias – pasé al lado de ellos, sin mirar fijamente al pelirrojo, cosa que le extraño y más al escuchar lo que dije a continuación – Lo siento…
- ¿A qué vino eso? – le preguntó el pelirrojo a su amigo cuando ya estaba lo suficientemente lejos.
- No lo sé – mintió el rubio. No se lo había dicho pero él lo supuso. Sabía que esa disculpa era para su amigo y que eso significaba que algo malo le iba a pasar – (No lo voy a permitir… Sasori-sama no va a morir…)
En la sala principal…
- ¿Si, líder? – pregunté, mirándolo fijamente, junto con Yami.
- Tengo una misión para ti – empezó – Pero esta misión no será como las otras. No tendrás que enfrentarte a ningún enemigo ni matar a nadie, aunque puede te vas a enfrentar a algo… posiblemente peor que un enemigo. También será diferente porque en esta ocasión no irás sola…
En eso se escucha unos pasos provenientes del exterior de la sala. Se estaba acercando alguien…
- Adelante – le ordenó y éste entró – Mitsuko, él será tu compañero en esta misión…
- Hidan… - murmuré, asombrada – Líder, ¿cuánto va a tardar la misión?
- No lo sé, el tiempo que sea necesario… pero eso sí, será más que dos semanas.
- (Mierda… Siempre me he ido de misión cuando me venía el celo. Pero ahora estoy con alguien… Y en unos días me vendrá, y durará una semana o más…) – miré a Yami, preocupada y ella me la devolvió. Estábamos pensando en lo mismo…
- (Siempre la mandé sola en las misiones cuando le venía el celo para que no se sintiera incómoda y que no pasara ninguna desgracia, demo… Ya casi no se hablan entre ellos, y algo tenía que hacer… Espero no equivocarme.) – pensaba el líder, preocupado – Vuestra misión será ir a la guarida de las Neko y descubrir toda la verdad.
- O.O No… puede ser – dije, sorprendida, aunque lo disimulaba muy bien gracias a mi entrenamiento – Arigato, líder.
- Bien, podéis marcharos ya a la misión – y cuando ya nos habíamos ido lo suficientemente lejos, dijo – suerte, Mitsuko-chan…
- La quieres como a una hija, ¿no? – preguntó una peliazul, saliendo de su escondite.
- ¿Tanto se me nota? – sonrió – Gracias por decirme cuando le viene el celo… supongo que es instinto femenino…
- Más bien instinto maternal – le corrigió Konan.
En el bosque cerca de la guarida caminábamos tranquilamente… Bueno, más bien incómodos ya que había entre nosotros un silencio sepulcral hasta que, harta, decidí romperlo.
- ¿Qué te pasa conmigo? – le pregunté, enojada.
- Eso tendría que preguntártelo yo – me respondió, enfadado.
- ¿Por qué? – me paré delante de él y le miré desafiante.
- ¡¿Por qué?! Porque desde que me cambiaron de compañero no me has vuelto a mirar a los ojos y no me diriges la palabra. Parecía que estabas enfadada conmigo por algo… Tal vez por la última discusión que tuvimos – desvió su mirada a un lado.
- Pensaba que eras tú quien estaba enojado conmigo – me miró sorprendido – Es que no me hablabas… no me dí cuenta que era yo quien había cambiado… perdóname.
- Perdóname tú – se acercó a mí y me abrazo.
Yo apoyé mi cabeza en su hombro y, para mi
sorpresa, no salía ninguna lágrima. Quería llorar, sacar todo lo
que tenía dentro… pero no me salía nada. ¿Tanto había
cambiado?
Nos quedamos así durante un tiempo, hasta que no pude
soportarlo más.
- No me sale nada… - rompí el abrazo y le miré a los ojos – Quiero llorar…
- No lo parece. Tus ojos ya me dicen nada, ahora son tan fríos… No me había dado cuenta antes… - su mirada si me decía mucho, al igual que antes. Era triste… sentía lástima por mí.
- Pensé que lo que quería realmente era volverme más fuerte y poder ocultar definitivamente mis sentimientos y emociones, pero ahora… Quiero que vuelvan, quiero volver a llorar… - miré al suelo con impotencia y rabia.
- Vámonos, mejor no perder tiempo – nos interrumpió Yami, quien había estado alejada todo ese tiempo.
- Si
Seguimos caminando durante largo tiempo sin descanso. Llegó la noche, así que decidimos tomarnos un descanso al lado de un lago. Nos sentamos juntos, muy cerca los unos de los otros para darnos calor en esa fría noche. Miramos el cielo y nos tumbamos para contemplarlo mejor.
- Son preciosas… - murmuré.
- No tanto como tú – dijo Hidan, mirándome a los ojos y, por un instante, pensó en que habían vuelto mis ojos. Pero sólo eran el reflejo de las estrellas lo que provocaba aquella ilusión.
- Gracias – le sonreí y giramos nuestras cabezas para volver a mirar el cielo estrellado hasta quedarnos profundamente dormidos.
Me desperté al poco de
quedarnos dormidos. No podía conciliar el sueño y tampoco quería
tener otra vez la visión o la pesadilla de siempre.
Intenté
levantarme pero los brazos de Hidan me lo impedían. Él estaba
abrazado a mí. Le sonreí y, con cuidado, aparté sus brazos de mi
cintura. Me levanté con cuidado y fui despacio hacia el lago. El
lago se veía hermosamente cristalino gracias a la luz de luna. Puse
un pie en el lago y luego el otro. Se podía escuchar una dulce
melodía de fondo, la melodía del bosque… Me dejé llevar por esa
melodía y, al son de la música, empecé a moverme.
Mis
movimientos eran muy felinos y delicados. La luz de luna iluminaba
mis pasos sobre el hermoso lago. Seguía danzando, sin darme cuenta
de que alguien me miraba.
Esa danza me ayudaba a calmarme y a
olvidarme de todo y de todos. Me alejaba del mundo… me sentía
bien…
- ¡Qué… hermosa! – decía un anonadado Hidan.
Yo le escuché, así que dejé de bailar y le miré a los ojos. No pude evitar que un cierto sonrojo se apoderase del color de mis mejillas y, sin darme cuenta, dejé de canalizar chakra a mis pies y me caí al lago helado. Hidan se metió corriendo y me sacó en brazos. A pesar de lo helada que estaba mis mejillas seguían ardiendo. No nos dirigimos la palabra ya que sobraban. Él me llevó al árbol donde horas antes estábamos durmiendo. Nos tumbamos juntos y él me abrazo para darme calor. Era la primera vez que me sentía tan bien, el calor que antes se había apoderado de mis mejillas se fue expandiendo hasta cubrir mi cuerpo por completo. Antes de rendirme y caer rendida en sus brazos pude escuchar algo que me marcaría de por vida.
- Te amo…
Abrí los ojos
sintiendo un gran deseo de ver lo ojos de Hidan pero me llevé una
gran sorpresa al comprobar que estaba todo oscuro… estaba en mi
pesadilla.
No pude evitarlo y miré a lo lejos, donde se
encontraba mi hermana. Iba a ir hasta ella y, ante mi sorpresa, ésta
vez no había nada que me lo impedía. Fui corriendo hasta ella, me
arrodillé y la cogí entre mis brazos. No me salía ninguna lágrima,
tal y como temí. Entonces me acordé de que al lado tenía que estar
el asesino. No quería levantar la cabeza, no quería saber la verdad
pero algo me dijo que lo hiciera, que era ahora o nunca. Levanté
lentamente la cabeza y me sorprendí mucho de lo que ví. Era nada
más ni nada menos que… Hidan. Todo el cuerpo me temblaba y, de
repente, sentí algo húmedo resbalar por mi mejilla.
Estaba
llorando... al ver que al único a quien quise me traicionaba.
Estaba llorando… al saber lo tonta que era por sentir
aquello.
Estaba llorando… porque lloraba por eso y no por mi
hermana.
Estaba llorando… porque sabía perfectamente desde un
principio que él era el asesino.
Estaba llorando… porque iba a
matarlo por ello el primer día en que le ví y no por lo que dijo de
las mujeres.
Estaba llorando… porque tal vez mi hermana
moriría.
Estaba llorando… porque estaba completamente enamorada
del asesino.
