Puede tomarse como continuación de 2º - Melodía. No es necesario, la verdad.
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Pentagrama
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Sentada en las faldas de un abeto sin hojas, en una cálida tarde de otoño, Rumia decidió escuchar a su amado viento.
Podía escucharlo, pero no verlo.
…
Sentía como deslizaba sus manos sobre una pequeña rama. Sentía como movía sus invisibles manos sobre las ramas más grandes.
Podía sentir que la envolvía, que la oscuridad que tenía a su alrededor ya no era su única compañera.
…
Y decidió cantar. Ser la voz del viento.
Juntando sus manitas, y volando junto a él.
Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si.
Ninguna de estas notas tenía sentido para ella.
Solo...
... tarareaba la canción milenaria de su amigo invisible.
...
Claro.
No podía ser tan buena como las hermanas Prismriver. Ni tampoco componer tan bellas (ni mortales) melodías como las del gorrión cantante Mystia Lorelei.
Y eso...
Y eso a quién le importaba.
…
Pero claro.
No todo podía ser tan bueno.
No para ella.
El único día en donde decidió revelar su canción a Gensokyo – al primero que encuentre, al primero, se la muestro! – tuvo que encontrarse con un humano.
Humanito, chiquito.
...
Tembloroso y muerto de miedo.
"Que disgusto, en serio... "
...
No quiso escuchar.
Ni siquiera quiso saber.
Y se lo zampó de un bocado.
Mejor dejaba hasta aquí su recién nacida carrera de cantante.
Ahá. Por fin puedo publicar esto ;_;
Una nota especial para los chilenos. Fuerza Muchachos! El temblor, que no apague nuestras almas!
Por cierto. No se si los abetos crecen en Japón. Menos en Gensokyo.
