Capítulo 14: La historia de mi clan... Tres almas en una.

Me desperté agitada y con las mejillas húmedas. Sentía un sudor frío recorrer todo mi cuerpo pero, al sentir los brazos de Hidan sujetándome fuertemente por la cintura, volvió a subirme la temperatura. No pude evitar sonrojarme por ese hecho y me maldecí mil veces por ello. Al recordar la pesadilla me empezó a doler el pecho y me entraron otra vez ganas de derramar lágrimas por aquel amor imposible. Levanté mi mirar hacia el cielo y pude comprobar que ya había amanecido.

- He llorado toda la noche… - murmuré, apenada – No tengo ganas de nada, me siento… impotente…

Hidan pareció haberme escuchado ya que se removía en el sitio. Fue abriendo poco a poco sus hermosos ojos violetas y me miró. Al verme sonrió como solo él sabe hacerlo. Esa sonrisa me provocó tantas hermosas emociones juntas que tardaría una vida entera en recitarlos todas. Como si fuera un acto reflejo al ver su sonrisa, le sonreí de verdad. Al darme cuenta de lo que había hecho abrí desmesuradamente los ojos de la sorpresa, lo que provocó que él ensanchara más su linda sonrisa. No tenía ganas de que terminara ese momento ya que cuando me diera cuenta de lo que estaba haciendo me alejaría de él. Me acomodé en su pecho y nos quedamos largo tiempo abrazados, como si el tiempo fuera algo que nos sobrara y que no terminaría nunca.

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Un día antes…
Sobre las abrasadoras arenas del desierto del país del viento caminaban dos compañeros hacia su próximo objetivo. Nadie abría la boca, ambos estaban sumidos en sus pensamientos, sobretodo el rubio…

- (No puedo permitir que él se enfrente al Kazekage, seguro que él es el culpable) – apretó los puños hasta el punto de sangrar.

- ¿Te pasa algo, Deidara? – preguntó Sasori, quien estaba metido en su marioneta.

- Nada… Bueno, si. Quería pedirte que me dejaras…

- Pelear con ichibi – completó su compañero, sabiendo por donde iban los tiros.

- Hai, hum – sonrió.

- Está bien, si te hace feliz – le contestó al ver su sonrisa pero agregó – No me hagas esperar, sabes que no me gusta.

- Claro, Sasori-sama, hum.

Lo que Sasori desconocía era que la sonrisa de Deidara no tenía nada que ver con su combate. Ahora al rubio le embargaba una gran alegría y felicidad. Se había dado cuenta lo mucho que su compañero le conocía, ahora si que no le dejaría morir por nada del mundo. No sabía que haría si él no estuviera… ¿Quién le comprendería entonces?

Hubo un nuevo silencio que ambos decidieron no romper hasta llegar. Llegaron a la entrada, donde todos los que la custodiaban yacían inertes en el suelo. Delante de ellos estaba el espía de Sasori, quien les acompañó hasta el final de las rocas. Los separaba un gran acantilado de la inmensa ciudad, lo cual no era un problema para el rubio. De las bocas de sus manos salió arcilla y, con ayuda de sus manos, la empezó a moldear hasta darle forma de un ave. Y terminó con un sello… su obra ya estaba acabada. De un salto subió al lomo de su ahora ave gigante y se alejó del lugar, surcando los cielos.

Al poco vio a su objetivo… Su lucha contra el destino daba comienzo…

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Abrí los ojos y vi que Hidan ya no estaba a mi lado. Le busqué con la mirada y allí estaba, preparando lo que tendría que ser el desayuno pero que, por las horas que eran, debía ser el almuerzo. Me levanté y me dirigí hacia él y Yami.

- Buenos días, bella durmiente – me saludó mientras me pasaba mi pescado frito.

- Buenos días… Hidan – le saludé y, mirando a Yami, la saludé – Buenos días, Yami. Espero que hayas dormido bien.

- Si pero no tanto como tú, seguro – me dirigió una mirada picara lo que provocó que me sonrojara de sobremanera.

- ¿Está muy lejos la guarida? ¬//¬ – me preguntó Hidan, eludiendo el tema de Yami, sonrojado.

- No mucho, sólo a unos dos días. Eso si nos damos prisa pero no hay por qué apurarse, ¿no? – le contesté, mirando el mapa que me había dado mi abuela.

- Para nada, tenemos todo el tiempo del mundo (Quiero aprovechar este tiempo con ella al máximo, antes de volver con el pesado de Kakuzu ¬¬) – dijo mientras le daba el último bocado a su almuerzo.

- Entonces perfecto – le contesté, mientras volvía a guardar el mapa y me terminaba de comer mi parte.

- Bueno… La verdad es que tengo curiosidad sobre los secretos de tu clan, ¿tú no? – me preguntó.

- Si… Hay muchas cosas que no entiendo y me las quiero aclarar cuanto antes – le dije, pensativa.

- Entonces vamos – le miré, apenada – No te preocupes, tardaremos en volver ^///^.

- ¿Prometido? – él asintió.

Le sonreí y, junto a Yami, empezamos a caminar hacia nuestra guarida. Al poco nos montamos sobre Yami para ir más rápidos y, al cabo de un día, ya estábamos en frente de la guarida.
Se notaba que se había hecho hace mucho tiempo. Todo estaba en ruinas, más que una guarida era una ciudad entera. Había muchas casas en ruinas y al final un templo. Fuimos pasando por entre las casas, mirándolo todo en nuestro camino del templo, sin perder detalle. Me fijé en que las casas más apartadas tenían algo en común, un símbolo de una luna menguante junto con una estrella.
El templo estaba en mejor estado que la ciudad. En la enorme puerta también estaba aquel símbolo. Intentamos abrirla pero la puerta no nos quería dejar paso. De repente, Hidan se quedó quieto.

- ¿Qué pasa? – le pregunté, un poco asustada.

- Ya han capturado al Kazekage, lo siento pero tengo que presentarme – me contó, decepcionado – Tendremos que esperar 3 días. Pero mientras tanto puedes averiguar como se abre.

- Claro, no pasa nada – él se sentó, hizo un sello con la mano y cerró los ojos – Vamos, Yami. Miremos si en la ciudad hay algo que nos sirva.

Bajamos a la ciudad y empezamos a mirar en las casas. En todas yacían los mismos muebles: una cama, un armario y una mesa. Más que una casa parecía un lugar de paso ya que no había ni cocina ni nada para divertirse. O al menos eso sería lo que pensarían los demás, se notaba que allí vivían las Neko antiguamente. Todo era perfecto…
Entré a la última casa que me tocaba mirar y me llevé una gran sorpresa, era totalmente diferente a las demás. A parte de los muebles, había espejos, fotos y un diario. Lo cogí, me senté en la cama y empecé a ojear por las páginas:

"6 de Junio del año 18:
Hoy fue mi décimo segundo cumpleaños. Me pasó algo inesperado, mis padres me contaron una historia. Era muy extraña, se trataba de una Diosa de los 8 elementos. Me contaron que hacía mucho tiempo, en los tiempos en que los Dioses habitaban la tierra, una Diosa siempre hacía de las suyas. Le encantaba matar y hacer sufrir a la gente pero, a pesar de ello, tenía muchos seguidores. Los Dioses no podían matarla ya que era inmortal. Un día, una familia dividida en dos se estaba pelando para ser las jefas de la familia. Al final, como era de esperar, ganó una parte. Los Dioses, para castigarlas, transformaron a las perdedoras en gatas y unieron sus corazones. Desde entonces, si una de las dos moría, la otra también moriría. Pero ese no fue el único castigo, los Dioses capturaron a la Diosa y la encerraron en el interior de una de ellas. La elegida tenía que controlarla y domesticarla antes de que fuese La Diosa quien lo hiciera y destruyera todo lo que amaba. Desde entonces, cada vez que una de las Neko se deshonraba, su segunda hija era poseída por La Diosa."

- Ahora entiendo por qué la segunda hija de una Neko y un Inuzuka es poseída, eso es una deshonra… - murmuraba, apenada.

- ¿Sigues apenada por lo que pasó en tu segunda misión? – me preguntó Yami, quien acababa de llegar.

- Eso ya es agua pasada, estoy pensando en que por culpa de mi madre tengo que pasar por todo esto – le contesté, secante.

-Un diario… - murmuraba viendo lo que tenía entre mis manos - ¿De quién es?

- De alguien como yo. Cuenta la historia de nuestro clan… - le explicaba y, al darme cuenta de algo, la miré sorprendida – Espera… Acabo de averiguar que tú… que tú eres… una humana…

- O.O ¿Cómo? Eso es algo…

- ¿Imposible? Iie… Aquí dice que hace tiempo nuestra familia estaba peleada para conseguir el liderazgo. Los Dioses, para castigarnos, convirtieron a las perdedoras en gatas y unieron sus corazones. Por eso, si yo muero tú mueres. Y también encerraron dentro de una chica a La Diosa, quien les había causado muchos problemas a los Dioses – le conté.

-Ahora lo entiendo – comprendió y, al mirar al cielo, dijo – Es mejor que durmamos un poco. Mañana seguiremos leyendo.

- Hai.

Nos tumbamos en el suelo y yo me apoyé en su lomo como si de una almohada se tratase. Al poco nos quedamos profundamente dormidas, ambas soñando con lo que acabamos de descubrir.
Cuando los rayos del Sol los daban en la cara, abrimos los ojos y continuamos con la investigación. Cogí el diario y empecé a leer en voz alta por una página cualquiera:

"8 de Junio del año 18:
Hoy me explicaron que yo era la primera poseída de La Diosa. No me sorprendí mucho ya que me lo imaginaba cuando me contaron esa historia de nuestro clan. También me dijeron que yo era la única capaz de entrar al templo sagrado de la familia, sólo las poseídas pueden hacerlo. Yo soy la única que puede saber toda la verdad oculta en nuestra oscura familia. Me contaron que las poseídas tienen La Marca, un símbolo de una luna menguante con una estrella. Para poder abrir la puerta tengo que juntar La Marca con el símbolo de la puerta. Lo malo es que me prohibieron ir ahora, dicen que todavía no estoy preparada. Hasta los 15 no puedo entrar, estoy muy enfadada pero tampoco es para tanto. Son sólo 3 años… no es mucho, ¿no?"

- ¿La Marca? – me dirigí al espejo y empecé a buscar La Marca - ¡Aquí está! Con razón no la había encontrado nunca. ¿Cómo la iba a encontrar al final de la espalda?

- Ya sabemos por fin como entrar, ahora sólo hay que esperar a que terminen…

Me quedé paralizada al recordar lo que pasaba después de la extracción, quería a Sasori como a un hermano…

- Deidara… Sasori… gomen – me odiaba por no poder hacer nada…

- Mitsuko… vamos al templo – me llamó Yami, quien ya estaba saliendo de la casa.

La seguí y me dí cuenta que La Marca en algunas puertas significaba que allí vivían las poseídas. Tras un último vistazo con la mirada, me di la vuelta y seguí a Yami hacia el templo. Hidan seguía en la misma posición en que lo dejamos. Nos sentamos y esperamos a que terminaran con la extracción. Terminaron al día siguiente. Hidan estiraba todos sus músculos y me miró, sonriendo.

- Por fin terminamos, ya era hora… - se quejaba – Bueno, ¿habéis descubierto algo en mi ausencia?

- Encontré un diario donde explicaba un poco la historia de nuestra familia y la forma de entrar. Al parecer sólo yo puedo hacerlo – le resumí, correspondiendo a su sonrisa.

- Perfecto, entonces entremos – dijo.

Me dirigí a la puerta y pegué La Marca con el símbolo de la puerta y, tal y como decía la chica, la puerta se abrió, dejándonos paso. Nada más entrar había unas escaleras que nos conducían al subsuelo. Empezamos a descender mientras mirábamos los dibujos de las paredes. La mayoría eran gatos negros, pero también habían como unas personas adorando a los gatos y a lo que parecía ser un shinigami. Cuando llegamos al final, nos encontrábamos en una sala con más dibujos y, en el centro, un altar con un libro encima. Me acerqué al libro y lo intenté abrir. Al tocarlo, mi mano se vió rodeado de un chakra negro y, al absorberlo, el libro se abrió por una página. Todos nos acercamos y empezamos a leer:

"6 de Junio del año 251:
Hoy fue el día en que las dos partes de la familia nos enfrentamos. Como era de esperar, ganamos nosotras pero algo terrible e inesperado pasó. Los Dioses se enfadaron con nosotras y a las perdedoras, nuestras hermanas, las transformaron en gatas. Ahora nuestros corazones están unidos, si mi hermana muere yo muero. Pero no solo eso a pasado, por culpa de los Dioses dentro de mi hija está La Diosa. Después de eso, decidimos que hoy sería el año 0 ya que, cada 251 años, una Neko y un Inuzuka se juntarán y la segunda hija será poseída. Pero no solo eso a pasado, después de la batalla se nos presentó Shinigami-sama y Nekomata-sama. Él nos prometió que, si lo adorábamos a él y no a nuestros Dioses nos daría lo más parecido a la inmortalidad. Nosotras aceptamos y, desde entonces, todas tenemos a una nekomata en nuestro interior. Ahora no envejeceremos, solo podemos morir en batalla. Hay un inconveniente, si nos enamoramos perderemos nuestra inmortalidad. Pero ya está solucionado, desde ahora en adelante utilizaremos nuestra nueva técnica de línea sucesoria. Con ella convertiremos a nuestras hijas en gatas durante 4 años; a los 5, en gennin; a los 6, en chunnin; a los 7, en jonnin; y a los 8, en ambu. Así no tendremos sentimientos y no nos enamoramos. Lo bueno es que podemos tener hijas gracias al celo, conseguido por los 4 años convertidas en gatas, además de poder ver en la oscuridad… También podemos oler a la muerte, así sabremos quien está cerca de morir. También podemos oler quien es un asesino, ese olor nos atrae. Lo bueno de eso es que nuestras hijas serán muy fuertes ya que serán hijas de unos asesinos. El único inconveniente ahora es La Diosa, si la Neko es poseída por ella, todo el clan morirá. Solo quedará una para continuar con el linaje…"

- Si hoy es el 2008… eso quiere decir que yo soy la última… - me quedé impresionada por todo lo que había descubierto en tan poco tiempo.

- Si tú fallas… dudo mucho que sobreviva una para seguir el linaje… - me respondió Yami, quien estaba igual que yo.

- Si fallas no quedará nadie en todo el planeta – me dijo Hidan.

- Gracias… es bueno saber que todo depende de mí. Me has ayudado mucho – le respondí, sarcástica.

- ¿Has leído eso? Dice que si te enamoras pierdes la inmortalidad… igual que yo – me contó Hidan, ignorando lo que dije. Parecía como si no le importara perder la inmortalidad por enamorarse.

- (Es verdad… Antes de quedarme dormida me dijo que me amaba… entonces, ¿ya no es inmortal? Todo por mi culpa… siempre es culpa mía, tengo que alejarme de él antes de que sea demasiado tarde) Si… ya lo había leido. Pero no pasa nada, no estoy enamorada y no lo voy a estar. Así que no hay de qué preocuparse – le respondí lo más fríamente posible, lo que sorprendió a Yami. Miré el libro y me fijé en algo, se iluminó mi cara con una sonrisa de felicidad contenida – No lo puedo creer… ¡Ya puedo salvar a Yugito! ¡Ya sé como salvarla!

- ¿Cómo? – me preguntó Yami.

- ¿No lo has leído? Pone que para conseguir la inmortalidad una nekomata se metía en nuestro cuerpo. Eso quiere decir que yo también tengo a Nekomata, ¡ya no tienen que coger a mi hermana! ¡Me lo extraen a mí y todo terminó! – le conté, feliz.

- Ya veo… Entonces este es nuestro final – comprendió Yami, triste.

- (No había pensado en Yami… si yo muero ella muere…) Habrá alguna forma de que puedas volver a ser tu misma – le dije, intentado animarla.

- (No me ama como yo la amo a ella… Y encima quiere morir por su hermana… no puedo permitirlo, no permitiré que lo que yo mas amo se muera delante mía) – pensaba Hidan, decidido.

- Eso espero, vamonos – dijo Yami, saliendo del lugar.

Hidan la siguió, ambos estaban igual de tristes. Lo sentía mucho por ellos, sobretodo por Hidan pero era mi deber hacer esto. No podía permitir que por mi culpa él perdiera su inmortalidad y muriera. Antes de salir, cerré el libro y me lo llevé. Tenía que averiguar como romper la maldición de Yami, no podía permitir que ella muriese por mi culpa. Los seguí y fuimos hacia la guarida. Pero por el camino tenía que hacer algo o al menos intentarlo…

Naruto y los demás ya estaban en la cueva, frente a Deidara y Sasori.

- ¿Quién de ellos es el Jinchuruki? – preguntó Sasori a Deidara.

- ¡Soltad a Gaara, cabrones! – les gritó Naruto al ver a Gaara, debajo de Deidara.

- "El primero que dé un paso adelante y empiece a insultarte" Debe ser él, hum – sonrió Deidara – (Es el nueve colas, no puedo permitir que Sasori se enfrente a él y muera…) Sasori-sama, permitame enfrentarme al Kyubi.

- Deidara, tú ya te has enfrentado al Ichibi, me toca a mí – se quejó, enfadado.

Y empezaron a pelearse, primero por eso y después, como siempre, del arte. Cuando Sasori le iba a dar un coletazo, Deidara saltó a su pájaro de arcilla y salió de la cueva, seguido por Naruto y Kakashi. Justo como había planeado Deidara…

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Deidara, después de eludir a todos los de Konoha y encontrarse con su nuevo compañero, se fue a la cueva donde yacía Sasori muerto. Se acercó a él y lo sostuvo entre sus brazos.

- Perdoname… ¿Cómo iba a saber que una cría y una abuela te vencerían? – unos arroyos empezaron a florecer de sus ojos, humedeciendo sus pálidas mejillas – Perdóname…

- Perdóname tú… - estaba en la entrada de la cueva, tenía que intentarlo… Había eludido al grupo en medio del camino para llegar allí… Me acerqué a Sasori y lo cogí entre mis brazos – Esto no estaba escrito… pero supongo que no importa…

Le quité todo lo que tenía clavado en su cuerpo y le limpié un poco. Acerqué mis labios a los suyos y cuando ya estaban a punto de rozarse de mi boca salió una neblina negra. Ésta entró en el cuerpo de Sasori, quien al poco después despertó.

- ¿Qué ha pasado? ¿No estaba muerto? – preguntó un desconcertado Sasori.

- ¡Sasori! – Deidara se lanzó contra el pelirrojo y lo abrazó, ahogándolo.

- ¡Deidara, para, que me ahogo! – Deidara y Sasori se paralizaron por lo que el pelirrojo acababa de decir – No… no puede ser… yo no puedo respirar… no soy humano…

- Lo siento pero al salvarte te transformé en un humano normal. No podía hacer otra cosa… - les expliqué para luego dirigirme a la salida, pero antes de irme, dije – Perdóname, Sasori, no quería que murieses… ahora entiendo que hay cosas que puedes cambiar sin afectar al futuro… ahora entiendo que no todo está escrito…

Y me fui dejando a unos amigos impresionados.