Capítulo 15: La despedida...Un amor imposible... Un pecado.
Hidan y Yami me estaban esperando en el claro del bosque.
- ¿Dónde te habías metido? – preguntó un preocupado Hidan.
- Tenía un asunto pendiente, pero ya está solucionado – les comenté mostrando mi mejor sonrisa.
- ¿Qué asunto? – preguntó una desconfiada Yami, que no dejaba de mirarme.
- Se podría decir que ahora ya sé que no todo está escrito y que se pueden cambiar cosas sin repercutir en el futuro – tras mi explicación empecé a caminar dejando a Hidan y a Yami no muy convencidos con mi explicación.
Caminamos hacia el País de la Lluvia, donde residía la guarida de Akatsuki. No teníamos prisa asi que ibamos un poco lentos. Cuando cayó la noche nos dispusimos a dormir. Me fui junto a Hidan para que me diera calor y disfrutar los últimos días que estuviéramos juntos al máximo. Pero algo lo estropeó. Empecé a abrazarme más a él y a restregarme, provocando que despertara.
- Mitsuko, ¿qué haces? – me preguntó, extrañado por mi comportamiento.
- Lo siento – bajé la mirada, avergonzada – Creo que será mejor que lleguemos cuanto antes a la guarida… no, mejor ve tú primero y a la semana te alcanzo.
-¿Por qué dices eso?
- Tenemos el celo, será mejor que te vayas – contestó Yami, preocupada – No vaya ser que pase algo que nos arrepintamos luego.
- Si es solo por eso no pasa nada. Sé controlarme – me intentó convencer, dirigiéndome una mirada de suplica que difícilmente podría resistirme.
- Hidan, no me mires así – pero él no me hizo caso, es más, al ver que era mi debilidad siguió haciéndolo pero con más intensidad – Está bien… pero a la mínima te descuartizo.
-Hai – sonrió, complacido – Y ahora a dormir.
Yami y yo nos miramos no muy
confiadas con la decisión tomada, pero ya resignadas nos fuimos a
dormir. Yo junto a Hidan y ella un poco más alejada. Sin poder
evitarlo yo seguía acariciando a Hidan. Cualquiera que me viera
diría que le estaba provocando o poniendo a prueba. En ese momento
sentía miedo, miedo de que en cualquier momento Hidan no pudiera
resistirse más, como siempre pasa cuando una Neko en celo se junta
con un hombre…
A la hora Hidan consiguió dormirse y me quedé
contemplándolo. Quien diría que ese hombre que parecía un ángel
durmiendo fuera un asesino y un sádico en realidad. De repente sentí
que algo en mi interior se movía… era La Diosa que quería
controlarme. Para mala fortuna mía, estaba en celo, el momento más
vulnerable de una Neko. Sentía como cada momento que pasaba, me iba
controlando poco a poco. Volví mi mirada a Hidan, sentí unas
tremendas ganas de besarlo… de hacerlo mío… Abrí
desmesuradamente mis ojos al darme cuenta de mis pensamientos, o
mejor dicho, los pensamientos de La Diosa. No podía permitirlo… no
podía dejar que me controlase y me quitase a mi Hidan…
- O.O Espera… ¿dije a mi Hidan? (No puedo permitirme enamorarme de él… si lo hago tal vez no pueda cumplir mi cometido…) – me decía, cada vez más agobiada.
Empecé a cansarme, tratando
de que La Diosa no me poseyera, hasta que por fin el cansancio me
venció y me quedé profundamente dormida en los brazos de Hidan, los
cuales automáticamente me abrazaron al sentirme cerca.
Los
primeros rayos del sol me despertaron. Abrí poco a poco los ojos y
fue tan grata mi visión que se me escapó una verdadera sonrisa. Vi
el rostro angélico de Hidan durmiendo plácidamente. Él también
sonreía, seguro que estaría teniendo un buen sueño…
- Mitsuko… - murmuraba entre sueños – No permitiré que mueras… no dejaré que des tu vida por Yugito…
- Hidan – me mordí el labio inferior, evitando que una nueva lágrima se derramase por mis mejillas.
- No Mitsuko… no lo hagas… - parecía que ahora se estaba convirtiendo en una pesadilla. Hidan empezó a derramar ríos dulces interminables. Me dolía verle así, así que, sin poder evitarlo, lloré con él - ¡No Mitsuko!
Se levantó de golpe y me miró sorprendido. Hacía ya tiempo que no me veía llorar, exactamente desde la primera misión juntos donde él fue el causante de mis lágrimas. Se tocó las mejillas sorprendido porque él también estaba llorando.
- Solo fue una pesadilla – le dije, intentando dejar de llorar, en vano.
- Parecía tan real… ¿Por qué lloras? ¿He sido yo el causante? Perdóname… - me dijo mientras secaba mis lágrimas y me dirigía una mirada triste.
- No es tu culpa… es la mía por haberme cruzado en tu camino. Es mi culpa por lo que estás sufriendo ahora – bajé la mirada, apenada. De pronto sentí como unos cálidos brazos se extendían por mi cuerpo, proporcionándome calor.
- Pero es por mi culpa que estés llorando… mi sufrimiento se vuelve tu sufrimiento… perdóname por ello – me abrazó con más fuerza, como si temiera que en algún momento me fuera a ir para siempre – Por favor… prométeme que no darás tu vida…
- No puedo prometerlo… lo siento… - me aferré a su cuerpo. No quería verle los ojos porque sabía que una mirada suya bastaría para hacerme olvidar todo, y eso era lo que menos quería ahora…
- ¿Por qué tiene que pasar esto…? Tú eres la única persona que ha logrado hacerme llorar… Tú me haces sentir vivo… no puedo permitir que te vayas sin hacer nada… - sentí algo húmedo resbalar por mi espalda, lo que me hizo llorar con más intensidad.
Permanecimos así durante mucho tiempo. Los dos abrazados y llorando. No se sabía quien consolaba a quien… tal vez nos consolábamos mutuamente… Ambos sabíamos que lo nuestro no podía ser, era algo imposible… un amor imposible… un pecado. Lo que no nos habíamos dado cuenta durante todo ese tiempo era que Yami lo había estado viendo todo. Ella lloraba también, sentía lo mismo que yo… gracias a ello no me llegué a desmayar ya que ambas compartíamos el sufrimiento…
Pasó la semana y ya llegamos a la guarida. Desde ese acontecimiento no habíamos vuelto a hablar, solo nos dirigíamos miradas llenas de sufrimiento y dolor. Por las noches, dormíamos juntos, consolándonos mutuamente. Cuando llegamos a la guarida, lo primero que hice fue a ir a hablar con el líder.
- Líder. He averiguado muchas cosas, una de ellas es que mi clan está maldito y que Yami es, en realidad, una humana. Nos maldijeron los Dioses, haciendo que la parte perdedora se convirtiera en gatas y una de las ganadoras fuese poseída por La Diosa. También he descubierto que, para poseer la inmortalidad, nos metieron a todas a Nekomata – le informé – Por eso quiero… quiero que me extraigáis a mi bijuu en el lugar de mi hermana.
- Líder, ¿puedo darle mi informe? – miré a Hidan, extrañada ya que se lo dí yo.
- Claro, Mitsuko. Por favor, retírate y gracias por tu informe – hice una reverencia y me fui.
- Dime
- No debes aceptar la propuesta de Mitsuko, no puedes… - bajó la mirada.
- ¿Crees que la iba a aceptar? – Hidan se sorprendió – Claro que no. Además, ella no sabía nada de que tenía un biju, por tanto no ha trabajado con él. Necesitamos bijus fuertes, por eso necesitamos a su hermana.
- Entiendo…
Yo lo escuché todo y no podía dar crédito. Me sentía traicionada por todos pero lo que más me dolía era que Hidan la traicionase. No quería seguir allí, asi que salí corriendo a mi habitación, cogí mis cosas y me fui junto a Yami. Corrí por los lujosos y laberínticos pasillos hasta encontrarme a Deidara, pero eso no hizo detener mi paso.
- Mitsuko… ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? – pasé por su lado dejándolo desconcertado – Iré a hablar con Pein…
En la conversación de Pein e Hidan después de salir corriendo…
- Entiendo… ¿Pero no puedes coger a otra persona que no sea su hermana? Le dolerá mucho… - se entristeció Hidan.
- Lo siento… a mi también me duele pero es la única que tiene el biju fuerte – se disculpó el líder y después preguntó - ¿La amas, no es así?
- Si… - confesó – Me siento tan impotente por no poder hacer nada…
- Oye, ¿qué le habéis dicho a Mitsuko? – preguntó un Deidara enojado.
- Nada, ¿por qué? – Pein se extrañó y después cayó en la cuenta – Oh, no… Nos ha escuchado…
- Mierda… - maldijo Hidan. (Aquí empieza a decir palabrotas… xd).
- ¿Qué habéis dicho?
- Ella quería morir en lugar de su hermana ya que ella también tiene el biju pero yo le dije a Hidan que no iba a aceptar su propuesta y que mataríamos a su hermana… - Deidara quería golpearlos y matarlos allí mismo pero se contuvo. La verdad es que él no sabía que habría hecho en su lugar, tal vez lo mismo…
De repente entraron Sasori e Itachi, ambos enojados. Itachi se acercó a Hidan y le pegó un puñetazo en toda la cara, tirándolo al suelo, para después cogerlo del cuello.
- ¿Qué le has hecho a Mitsuko? Por tu culpa se ha ido de la guarida – le culpó el Uchiha, quien tenía activado su sharingan.
- Itachi, tranquilízate. Él no tiene la culpa, fue mía. Ella nos escuchó hablando. Le dije que no aceptaría su propuesta y que mataríamos a su hermana – Itachi se tranquilizó y miró a Pein, fulminándolo con la mirada para después mirar a Hidan.
- ¿Y por qué no la has seguido y hacerla regresar? – le preguntó.
- Porque no soy como tú – Itachi se quedó shockeado – Yo no soy tan posesivo como tú. Yo la amo y por eso dejo que se vaya si eso es lo que quiere…
-(Si él supiera como soy en realidad… En realidad no somos tan diferentes… ambos queremos lo mismo…) Me das lástima – se giró para irse pero antes de eso dijo, resignado - ¿De verdad piensas que eso es lo que quería? Eres un estúpido por solo pensarlo… Si hubieras ido tras ella, seguro que ahora estaría aquí…
Y se fue dejándolos a todos sorprendidos por las palabras del Uchiha. Hidan se levantó del suelo y salió corriendo tras de mí.
Yo me encontraba apoyada en un árbol, descansando un poco.
-¿De verdad piensas que esto es lo que quieres? – preguntó Yami, mirándome con preocupación.
- Si… (O no. Estoy confundida… una parte de mí quiere estar con Hidan, otra quiere besarlo y otra quiere salvar a Yugito…) ¿A cuál debería escuchar? – pensé esto último en voz alta.
- ¿Qué?
- No, nada. Solo pensaba en voz alta – contesté, separándome del árbol – Vamonos.
Cuando me dispuse a seguir, Hidan apareció ante mí y me acorraló en el árbol. Yami se fue, dejándonos intimidad, con la esperanza de que yo recapacitase.
- Mitsuko, por favor, vuelve conmigo – me suplicó con esa mirada.
- Lo siento… no puedo, mi deber es… - contesté, eludiendo su mirada pero él me cogió de la barbilla y me obligó a mirarle a los ojos.
- Tu deber no es salvar a tu hermana.
- Por favor, suéltame – me sonrojé al ver sus ojos tan cerca.
- Mitsuko, escúchame.
- Suéltame, déjame marchar. Si me quieres de verdad, deberías hacer lo que te pido – intenté zafarme pero fue en vano. Él me cogió más fuerte de la barbilla y acercó su cuerpo más al mío.
- Escúchame, joder – repitió, perdiendo la paciencia. Así que decidí escucharlo – Imagínate que no existe nada ni nadie. Que no tienes ninguna hermana ni ninguna misión ni deber. ¿Qué harías ahora?
- No lo sé… - mentí.
- Imagínatelo.
Pasé mis brazos alrededor de su cuello y acerqué mis labios a los suyos. Todo empezó con un simple roce, pero no pude resistirme por mucho tiempo y los besé. Al principio fue dulce y lento pero terminó siendo apasionado. No queríamos que terminase… no quería que terminase. Nos separamos por falta de aire y él me regaló una de sus sinceras y lindas sonrisas que tanto me vuelven loca. Por primera vez sentía que aquel deseo hacia él no era producto de La Diosa, sino mía. Nos volvimos a besar, tomando ahora él la iniciativa. Nos separamos nuevamente y le miré a los ojos. Ya sabía que tenía que hacer, así que le devolví el beso.
- (¿Qué pasa? Me sabe a despedida, es un beso amargo… ¿No irá a…?) – le dí un fuerte golpe en la nuca y se desmayó, cayendo en mis brazos.
- Lo siento, pero ya tomé una decisión… - y le besé de nuevo para después alejarme junto a Yami.
