Capítulo 16: Un encuentro agradable y recuerdos dolorosos.

Nos alejábamos del lugar lo más rápido que podía sin mirar a tras. Sentía como si algo dentro de mí se moría al alejarme de él. Después de todo… él era y será el único a quien voy a amar en mi vida…
Ibamos saltando de rama en rama cuando Yami rompió el silencio.

- Mitsuko, ¿qué vas a hacer? ¿Por qué no te quedaste con él? – me preguntó, mirándome preocupada.

- No puedo escuchar a mi corazón ahora. Lo siento, pero tengo un deber que cumplir…

- ¡Deja de decir siempre lo mismo! – me quedé clavada en el lugar, sorprendida porque nunca la había visto así. A decir verdad, nunca me había reprochado nada. Bajé la mirada, no sabía por qué pero me sentía avergonzada por mis actos y no podía mirarla a los ojos. Se puso en frente de mí y me empezó a decir todo lo que pensaba - ¿¡Es que nunca te cansas de decir siempre lo mismo!? ¡Me tienes harta! ¡Siempre piensas en los demás y en ti no! ¿¡Por qué no lo haces por una vez en tu vida!? ¡Sé feliz! ¡Además, si tienes que cumplir con algún deber ese sería no dejar que La Diosa te controle! ¡Si lo hace todos los ninjas morirán! ¡Todos!

Perlas saladas se deslizaban sobre mi pálida piel. Levanté la mirada, viéndola directamente a los ojos, furiosa y dolorida por sus crueles palabras. ¿Es que no se daba cuenta que todo lo hago por los demás? ¿Cómo voy a ser feliz si la gente a la que quiero no lo está?

- ¡¿No te das cuenta que todo lo hago por vosotros!? ¡Sois mi familia, no puedo permitir que mientras yo esté besando a Hidan, feliz, vosotras estéis sufriendo la muerte de Yugito-neechan! ¡Él es su asesino! – corrí pasando por el lado de Yami, sin girar mi mirar hacia ella. Ella se dio la vuelta y miró mi huida de la verdad, su mirada mostraba compasión y tristeza.

- ¡Si dejas que La Diosa te controle no habrá servido de nada tanto esfuerzo ya que todos perecerán! ¡Morirá Yugito!

Mi correr iba un poco más lento.

- ¡Deidara! ¡Sasori! ¡Pein! ¡Konan! ¡Itachi! ¡Hidan!

Al escuchar el último nombre detuve mi huida, en seco. Tenía la mirada perdida, ni miraba nada en concreto. Mi cuerpo temblaba ligeramente a pesar de que no hacía frío. Cuando mi mente empezó a funcionar de nuevo descubrí lo que había hecho. Me enamoré del asesino de mi hermana. A pesar de todo el tiempo que he estado con él y después de haberle besado no pensé en ello, y ahora vi mi error. Pero ya era demasiado tarde… La única manera de que mi hermana no muriera era matando a Hidan o, al menos, descuartizándolo. He ahí mi problema, no podía hacer nada de eso. Ahora mismo podía decir misa ya que sabía perfectamente que cuando mis ojos se encontraran con los suyos me quedaría embobada contemplándolos. Mi mente no funcionaría, mi corazón palpitaría hasta tal punto que parecería estar apunto de estallar, mi cuerpo estaría a su merced… y me daría igual.

- ¿Lo ves? Le amas – Yami ya me había dado alcance y seguía caminando sin mirar atrás. Yo la seguí – Por cierto, ¿qué tienes pensado hacer ahora?

- Entrenar – su cara denotaba que le aterraba la simple idea de pensar en los antiguos entrenamientos. Le sonreí – No es para tanto, no te quejes. Tenemos que hacernos fuertes para lo que se avecina. Puede parecer pesado, pero tengo que salvar a mi hermana y a todos. Quiero ser feliz con Hidan, pero eso no será posible si no está ella a mi lado.

- No puedes salvar a todos y lo sabes – me miró, desafiante – Alguien tiene que morir, tu hermana… o Hidan.

Bajé la mirada mientras seguíamos nuestro camino. Desde ese momento dejamos de hablar, cada una sumida en sus propios pensamientos. Yo no quería hablar, no podía. Una parte de mí sabía perfectamente que alguien tendría que morir, esa parte sabía quien iba a ser… pero la otra parte no quería escuchar, si esa persona moría después, en "el otro mundo" no podría mirarla a la cara. Eso si es que nos encontrábamos…
El sol se empezó a ocultar, dejando paso a la pálida y brillante luna. Su luz nos iluminaba el camino y nos conducía a un lago. De repente me vino a la mente aquel día donde él y yo nos dormimos abrazados. Aquel día también había una luna como esa y un lago. Sin poder evitarlo me encaminé hacia el lago de aguas cristalinas y empecé a bailar como aquel día pero el baile no transmitía lo mismo.

- Parece que estás muy triste. Una chica tan linda como tú no debería estarlo – era una voz juvenil y muy varonil a la vez. Paré el baile y miré a la orilla, donde estaba Yami junto a otro hombre. Me quedé paralizada al verle, tenía el pelo plateado el cual brillaba bajo la luz de la luna… pero tenía los ojos amarillos. Al acercarme a él sentí como una atracción invisible nos atraía y al verle supe por qué.

- Tú… eres de mi clan, ¿verdad? – él me sonrió. Me quedé embobada mirándolo, era una sonrisa encantadora…
- Así es, mi princesa. Me llamo Neko Kaien, ¿y el vuestro?

- Neko Mitsuko

- Bonito nombre, un placer conocerte – me cogió la mano, arrodillándose, y me la besó con delicadeza como si temiera que me fuera a romper – Si no tienes donde quedarte, sería un gran honor para mí que me hicierais compañía y que os quedarais en mi humilde morada. Hace tiempo que mis ojos no ven a una Neko.

- Te lo agradecería eternamente pero por favor, tutéame – le sonreí y él me devolvió su encantadora sonrisa.

- Perdóname, no sabía que te molestaría tanto mi forma de hablar. Sígueme, está cerca – se giró y empezó a caminar. Yami y yo le seguimos.

No caminamos mucho, la casa estaba casi al lado del lago, oculto en el bosque. Él me abrió la puerta, dejándonos pasar primero. Su casa era más amplia de lo que aparentaba por fuera. Nada más entrar pude ver una chimenea encendida, y junto a ella su enorme compañero, protegiéndose del frío. Había dos sillones a cada lado de la chimenea y una alfombra en el suelo. A mano izquierda estaba la cocina, y en frente había una puerta, la cual seguramente conduciría a las habitaciones y al servicio.

- ¿Te gusta? – me preguntó mientras se dirigía al lado de su amigo – Él es Hoshi, mi compañero.

- Encantada de conocerte – dijo Yami, acercándose a Hoshi y tumbándose junto a él.

- Mejor les dejamos a solas – me susurró al oído Kaien, sorprendiendome – Vamos, te enseñaré el resto de la casa.

Me cogió de la muñeca y tiró de mí hasta la puerta, al otro lado había un largo pasillo y en los laterales incontables puertas. Nos dirigimos a la última puerta, la abrió, y pude ver una enorme habitación. Había una cama de matrimonio, un armario al lado y un escritorio junto a la pared de la derecha. En la izquierda se podía ver la luna a través de la ventana.

- Este es mi cuarto pero ahora será tuyo – me sonrió al ver mi cara descontenta – Tranquila, aunque hayas visto muchas habitaciones, éste es el único cuarto que hay. En los otros hay… bueno, cosas. No te preocupes, yo dormiré en el sofá junto a la chimenea. Si estabas huyendo de alguien aquí estarás a salvo ya que está protegido por un fuerte genjutsu.

- Muchas gracias, pero prefiero dormir yo en el sofá.

- Mira que eres cabezota – su mirada era melancólica y triste. Al parecer estaba recordando algo doloroso.

- Dime – capté su atención y su mirada volvía a ser alegre y traviesa – Por tu forma de hablar parece que has vivido mucho, ¿cuántos años tienes?

- Si no me equivoco, 283 – me senté en la cama y él a mi lado. No dejaba de mirarme, ahora con tristeza – Sé que eres la elegida…

- ¿Cómo es posible? – le corté – Cada 251 años nace la elegida y cuando es poseída, todo el clan es destruido menos uno. Pero ese uno tiene que ser una chica… ¿o no?

- Ese año se salvaron dos personas. Yo y… su hermana – la alegría inundó mi ser. Esa chica lo había conseguido… - Ni lo pienses. Ella, al igual que tú, quizo salvar a su hermana de su muerte pero a un alto precio. No puedo permitir que tú hagas lo mismo. Por favor, quédate aquí. Te ayudaré a controlar a La Diosa lo antes posible y así podrás salvar a tu hermana…

- Ya puedo controlarla – le volví a cortar.

- ¿Pretendes que me lo crea? ¿Después de lo que pasó en tu segunda misión? – sonrió burlonamente.

- ¡¿Cómo sabes todo eso?! – le pregunté, un poco desconfiada y sorprendida a la vez.

- Me lo dijo Deidara, el novio de tu hermana – eso si que no me lo esperaba para nada ni mucho menos lo que me pregunto a continuación – Pero no me contó exactamente lo que pasó, ¿qué pasó ese día?

- Bueno… ese día terminé de dominar a La Diosa, o al menos eso creía…

Flashback

Acabábamos de terminar con el entrenamiento matutino de todos los días. Yo me encontraba tumbada en el suelo con la respiración agitada e Itachi sentado en el suelo, apoyado en un árbol a mi derecha. De repente, Sasori apareció al lado de mí con un mensaje del líder.

- Pein-sama quiere hablar contigo – y volvió a desaparecer después de darme una mirada de preocupación.

En su despacho…

- Me han dicho que querías hablar conmigo – le dije al líder mientras entraba.

- Asi es. Lo primero de todo, felicidades. He visto que ya puedes controlar a La Diosa, más o menos. Por ello te voy a dar una misión de clase Akatsuki. Tu compañero será Deidara – me comunicó.

- ¿Clase Akatsuki? ¿Tengo que capturar otro bijuu?

- Si, Gobi, el perro de cinco colas. Partiréis inmediatamente. Avísale a Deidara – me contestó y, tras una reverencia, me marché.

- ¿Estás seguro que es lo correcto? ¿Podrá hacerlo? – preguntó una preocupada Konan, quien estaba escondida, escuchando toda la conversación.
- Ya sabe controlarla, no habrá problemas. Además, el otro bijuu era más fuerte que éste – le contestó, sin voltearse para verla.

- Sabes que no lo digo por eso… - bajó la mirada.

- Tiene que ser fuerte. Lo hará bien, lo sé – su expresión mostraba que no estaba muy convencido de sus propias palabras. Se volteó para verle el rostro a su compañera. Cuando ambas miradas se cruzaron, ambos bajaron la mirada a la vez. Ambos pensaron a la vez: "No fue buena idea…"

Ya en las puertas de la guarida de Akatsuki nos encontrábamos Deidara y yo, listos para partir. El rubio creó uno de sus pájaros gigantes y ambos nos montamos sobre él, dirigiéndonos hacia una casa en el bosque cerca de Konoha.
A las dos horas llegamos al lugar. Era una pequeña casa de campo al lado de un lago. Nos bajamos y justo en ese momento apareció un chico uno o dos años menor que yo. Tenía el pelo rizado y castaño, como yo, unos ojos amarillos y unos colmillos… un Inuzuka.

- ¿Quiénes sois vosotros? ¿Qué queréis? – nos preguntó, guardando las distancias.

- Venimos a por el jinchuruki de Gobi – dijo Deidara y justo en ese momento apareció por la puerta de la casa una mujer. Tenía el pelo rubio, liso y muy largo. Sus ojos eran amarillos.

- No os lo permitiré – nos advirtió la mujer, seguida por un hombre muy alto y fornido. Era muy parecido al chico.

- ¿Cómo os llamáis? – les pregunté. Tenía una mala corazonada…

- ¿Para qué lo quieres saber? – preguntó el hombre.

- Para ponerlo en vuestras tumbas – mentí, mirándolos con la mirada más fría posible.

- Inuzuka Shinji, el hombre responsable de tu muerte – sonreí con arrogancia.

- (Lo sabía, un Inuzuka, pero… esa mujer, este olor me resulta familiar…) – pensé mientras no le quitaba el ojo de encima a la mujer.

- Neko Hikari – mi cuerpo no me respondía. Quería atacarla, hacerla conocer mi dolor de todos esos años… pero mi cuerpo no respondía. Ella pareció darse cuenta de algo, al igual que el hombre, y ambos me empezaron a mirar de arriba a bajo – N-No puede ser… Mitsuko… Hija…

- Te equivocas, yo no tengo padres – le corté, dolorida. Los dos bajaron la cabeza avergonzados.

- Lo siento tanto… Nosotros queríamos llevaros con nosotros pero mi madre me lo impidió…

- Y se lo agradezco. Nunca querría ser una Inuzuka – les dije pronunciándo el apellido con asco y odio contenido.

- No digas eso. Tú no sabes la maldición que tiene el clan…

- No me importa. ¡Yo adoro a mi clan y me siento orgullosa de pertenecer a él! ¡No como tú, que eres una traidora! ¡Te casaste con un Inuzuka! ¡Por tu culpa la mayoría de mi clan me despreciaba! ¡Sólo nos teniamos Yugito y yo! ¡La única que nos cuidaba era nuestra abuela! – le empecé a gritar, sacándo a la vez todo el odio, la rabia… todos los sentimientos que guardaba para ese momento. Para decirselo todo a ella… la que me había causado tanto sufrimiento desde mi nacimiento.

- Mitsuko…

- Hikari, no vuelvas a pronunciar mi nombre nunca más. No te atrevas a pronunciarlo… - me entraron unas tremendas ganas de correr hacia ella y… y… y abrazarla. Tenía tantas ganas de abrazarla y desahogarme en su regazo… Pero me contuve, ahora la odiaba… me había causado mucho daño - ¿Quién es el jinchuruki? ¿El chico?

- No sé de qué nos hablas… - empezó a decir Shinji, pero de detrás de ellos apareció otro chico, idéntico a su hermano, y se acercó a mí.

- Soy yo – me dijo simplemente, sin apartar la mirada, desafiante – Si quieres capturarme, tendrás que luchar contra mí… her-ma-ni-ta.

- Tú lo has querido – le dije, fulminándolo con la mirada.

Nos alejamos un poco del lugar y nos pusimos frente a frente, sin apartar en ningún momento la mirada. Sentía que no podía matarle, ni a él ni a nadie de mi… de mi familia. Pero el odio, la rabia que sentía en ese momento fue suficiente para que La Diosa empezara a despertar. Empezó a salir un chakra negro a mí alrededor. Pude ver la mirada de Deidara de reojo, estaba aterrorizado. Eso me hizo darme cuenta de lo que estaba apunto de pasar. Inmediatamente me acordé de todo mi entrenamiento y ese chakra desapareció.
Pude ver el rostro aterrado del chico pero se recompuso al momento y corrió hacia mí con kunai en mano, dispuesto a matarme. Iba a esquivarla cuando algo me agarró de la pierna, impidiéndome la movilidad. Era su perro, aunque parecía más un lobo.
Antes de que me clavara el kunai, cubrí todo mi cuerpo de hielo, impidiendo que el afilado metal se clavara en mi pecho. El chico intentó sacar el kunai, sin mucho éxito. El kunai empezó a congelarse, siendo la mano del chico el próximo objetivo… al igual que le pasó al otro jinchuruki. De repente sentí un gran dolor en mi pierna… me había olvidado completamente del perro.
El chico aprovechó ese momento para escapar y alejarse de mí, siendo seguido de su fiel compañero.

- (Yami… ojala estuvieras aquí… pero no podía traerte, no cabías en el pájaro…) – me entristecí. En muchas ocasiones la había visto como un estorbo, una molestia… ahora sabía cuanto la necesitaba a mi lado – (Tengo que utilizar los poderes de La Diosa.)

Alargué la mano en su dirección y alrededor de ésta empezó a rodearla fuego. Con una orden mía mental, el fuego se dirigió como un disparo hacia ellos. El Inuzuka lo esquivó, al igual que su perro, pero para mala fortuna la suya utilicé el viento para controlar el fuego y atraparlos en un torbellino de fuego. Empecé a sentir como La Diosa luchaba contra mis otras almas para hacerse con el control de mi cuerpo.

- (Mierda… Si utilizo sus poderes tendrá más posibilidades para controlarme. Sólo me queda mis ataques de hielo y rayo…) – pensé, angustiada, e hice desaparecer aquel torbellino, dejando a todos confundidos.

De un salto me alejé del chico. Cerré los ojos y levante la mano en dirección al cielo nublado. Empecé a sentir cosquilleos en los dedos… hasta sentirlos por todo el cuerpo. A tras del chico empezó a salir hasta cuatro colas y se abalanzó contra mí para no darme tiempo a acabar con la técnica. Antes de que me diera desaparecí de la vista de todos. El Inuzuka empezó a mirar por todos los lados, desesperado, hasta que me vio encima del lago. Corrió hacia mí y, cuando pisó el lago, le sonreí con malicia.

- (No… la ha controlado La Diosa…) ¡Chico! ¡Aléjate de ella! – gritó el rubio, pero era demasiado tarde.

La electricidad que antes recorría mi cuerpo, pasó a las aguas del lago haciendo que los dos nos electrocutáramos y cayéramos inconscientes en el agua. Deidara corrió hacia mí para evitar que me ahogara pero no hizo falta. Ese fue el plan de La Diosa, me dejó inconsciente a propósito… ahora mi cuerpo estaba a su merced. La Diosa salió del agua y fue a atacar a mi familia, pero antes de que hiciera nada Deidara le lanzó una de sus bombas, dejándola inconsciente. Corrió hacia mí, me cogió, y luego se fue hacia el chico. Mis padres fueron a impedir que nos llevara pero él lanzó otra bomba al suelo, levantado el polvo y permitiendo la huida.

- Así que ella es su madre… por su culpa Yugito-chan sufrió mucho… - le dirigió una mirada llena de odio para después salir volando hacia la guarida.

Fin Flashback

- Eso fue lo que pasó… - bajé la mirada y empecé a llorar, echada en la cama.

- No pasa nada… Vaya, pero si se ha quedado dormida – me miró con ternura. Se levantó y me acomodó en la cama. Empecé a temblar… volví a tener más pesadillas – Parece que tiene frío…

Se puso a mi lado y me abrazó para proporcionarme calor. Se quedó así un buen rato, hasta que no pudo más y cayó en los brazos de Morfeo.