Capítulo 17: El comienzo del fin.

A la mañana siguiente me desperté abrazada a Kaien. Le miré con ternura y sonreí. Parecía mentira que tuviera tantos años ya que, cuando se hallaba plácidamente dormido junto a mí, aparentaba ser un niño mimoso abrazado a su madre. Muy a mi pesar, sus párpados empezaron a abrirse al compás de los acelerados latidos de mi corazón. Al mirarnos a los ojos, sonrió y estuvimos así largo rato. Él fue el primero en cortar el momento mágico.

- Buenos días, mi linda bailarina – me dijo, sin retirar su sonrisa del rostro - ¿Cómo te sientes?

- ¿Después de estar durmiendo incontables noches a la intemperie? De maravilla – le contesté, devolviéndole la sonrisa.

- Supongo que estarás muerta de hambre. No es por alardear pero soy un excelente cocinero – se levantó de un salto y me tendió la mano con una reverencia - ¿Vamos?

Le sonreí por respuesta y le dí la mano. Fuimos muy juntos hacia la cocina, cogidos de la mano. Ambos nos quedamos viendo la enternecedora escena que se estaba dando al lado de la chimenea. Los dos felinos se encontraban muy juntos el uno del otro, mimándose mutuamente. Kaien y yo nos miramos y, sin mediar palabra, les dejamos intimidad y nos fuimos a desayunar.

Me preparó huevos fritos con unas tostadas y un vaso de leche. Después de estar tanto tiempo comiendo de lo que nos daba el bosque, no era de extrañar que eso me subiera a gloria.

- ¿Qué tal está? ¿A qué soy un excelente cocinero? – me preguntó, entusiasmado con la respuesta.

- Ahora mismo todo me sabría a gloria – él me miró burlonamente para después desaparecer y aparecer detrás de mí, abrazándome.

- Perdóname. Si no te hubiera borrado la memoria, ahora seguro que no serías tan amable conmigo. No me lo merezco, por favor, perdóname… - me susurró al oído, haciéndome estremecer – Recuerda… ¿A qué has venido?

- No… No me acuerdo… - estaba confundida. Sentía que había dejado atrás algo importante y que debía hacer algo de suma importancia también. Pero no me acordaba…

- Entonces… ¿te quedarás conmigo? – se había puesto al lado mío y me cogió suavemente la barbilla, obligándome a mirarle a los ojos.

- Yo… - tragué saliva – Creo… que no puedo. Tengo que hacer algo… lo siento.

- Entiendo – cerró los ojos y sonrió. Al abrirlos, me miró intensamente, provocándome un leve pero notorio sonrojo en mis mejillas – Perdóname. Creí que si te borraba un poco la memoria te quedarías conmigo. Debí suponer que alguien como tú estaría con otro. Lo siento.

Se acercó a mi lentamente y me besó en la comisura de los labios. De repente, todo me vino a la cabeza: mi objetivo, todas mis aventuras desde que salí de mi villa hasta aquí,… Hidan. Me separé un poco de él y le miré. En mis ojos se podía apreciar que una profunda tristeza emanaba de ellos.

- Ahora me acuerdo. Le dejé… y todo por salvar a mi hermana – mis hombros se convulsionaron ligeramente y mis ojos amenazaban lluvia.
Kaien me abrazó, consolándome.

- Así que la historia se vuelve a repetir – su voz entremezclaba la amargura y la melancolía.

- ¿Se vuelve a repetir? – repetí, estupefacta, sin apartar sus brazos que se cernían a mi alrededor.

- Todas tus antecesoras hicieron exactamente lo mismo que tú – suspiró – Todas ellas intentaron desesperadamente salvar a sus hermanas de una muerte segura. Todas ellas se enamoraron de personas quienes también se iban a morir. Todas ellas tuvieron que elegir entre sus novios y sus hermanas. Y todas ellas intentaron salvar a ambos pero La Diosa las controló antes, matando a todos menos una…

- Todas ellas menos la anterior – él rompió el abrazo y, separándose un poco, asintió.

- Exacto. Ella intentó, al igual que las demás, salvar a ambos. Pero no lo consiguió… - bajó la cabeza.

- Sólo salvó a su novio… a ti – me levanté de un salto, sobresaltándolo – Entonces, ¡se puede cambiar el destino! ¡Los puedo salvar! ¡A los dos!

Me dispuse a salir al exterior pero algo me detuvo. Volteé la cabeza y vi a Kaien sujetándome el brazo, mirándome con una profunda tristeza.

- ¿Adónde vas?

- A entrenar. Los salvaré aunque sea lo último que haga – me quité de su agarre y me dispuse a seguir, siendo detenida nuevamente.

- ¿Y quién te ha dicho que él quiera ser salvado? – le miré, confundida – Si es verdad que le has dejado. Ahora estará enfadado contigo y no sentirá nada por ti, solo odio.

- ¿Qué…? Eso no es posible, él me ama al igual que yo a él. Lo sé – él me miró entre burlonamente y preocupado por mí.

Entonces lo vi claro. Fue eso lo que él sintió cuando mi antecesora le dejó. Y, seguramente, es lo que sentirá Hidan en este momento.
Caí al suelo de rodillas, apesadumbrada. ¿Qué había hecho? ¿Por qué lo hacía todo mal? Sentía tanto dolor, me odiaba tanto a mí misma… que no podía expresarlo, no podía llorar, no podía hacer nada. Kaien se agachó para estar a mi altura y me abrazó. Yo enterré mi cabeza en su pecho, evitando así que me mirara a los ojos y pudiera ver lo que siento.

* * *

En la guarida de Akatsuki, todos los miembros menos Hidan y Kakuzu se encontraban en una "reunión de vida o muerte".

- Tenemos que buscarla. Esto no puede acabar así – dijo el rubio, entristecido.

- Le debo mi vida. Y le pienso devolver el favor salvando a su hermana – volteó el pelirrojo su cara hacia Pein y éste a su vez, hacia Tobi. Tobi le devolvió la mirada, desafiante y autoritario. Después Pein se dirigió a los demás.

- Lo siento. Es la única que tiene el bijuu entrenado y fuerte – todos le dirigieron miradas de reproche, todos menos Tobi.

- Pues yo no pienso ir a por ese bijuu – todos miraron al Uchiha, quien estaba sentado, sorprendidos.

- Ni yo – dijeron al unísono Deidara, Sasori, Kisame y Konan, mientras se sentaban al lado del Uchiha.

- Konan, levántate – ordenó Tobi. En su voz se podía apreciar un tono de irritación. Ella le miró, divertida.

- (No se atreverá…) – pensó Tobi, adivinado las intenciones de su compañera, pero fue Pein quien habló.

- Vaya Tobi, que autoritario y serio te has vuelto de repente – caminó hacia los demás y se sentó al lado de una divertida Konan.

- Tobi es el verdadero líder – explicó Itachi al ver las miradas confundidas de sus compañeros.

- No puede ser. ¿Quién nos da las órdenes… - dijo Kisame.

- … Es el tarado, quien no sabe atarse los cordones,… - continuó Sasori.

- … De Tobi? – acabó Deidara.

Se quedaron los tres unos largos minutos, sorprendidos. A los segundos después se encontraban estrangulándolo y torturándolo.

- ¡Eres un maldito hijo de puta! – le gritó Deidara, quien estaba ahorcándole.

- ¿Cómo le puedes hacer eso a Mitsuko? – le gritó Sasori, al tiempo que le hacía pequeños pero dolorosos cortes por todo el cuerpo.

- ¡No tienes corazón! – Le reprochó Kisame, quien estaba desgarrando su piel con la espada.

De repente, una puerta se abrió, dejando ver a Hidan y Kakuzu, quienes lo habían escuchado todo. Todos se detuvieron y depositaron sus miradas en los recién llegados. Tobi aprovechó esa oportunidad para sacárselos de encima de un empujón y ponerse de pie, mirando al peliblanco. Todos se giraron a ver la reacción de Tobi, sonriendo triunfales. Pero todos se quedaron petrificados ante las palabras de Hidan, las que provocaron cierta satisfacción en el verdadero líder.

- Yo iré a por Nekomata.

* * *

Me desperté agitada en la cama de Kaien. Otra vez una pesadilla. Pero ésta era diferente. En ella se veía a Hidan luchando contra el vago de Konoha y poco después enterrado a dos metros bajo tierra, despedazado.

La puerta se abrió, dejando ver a Kaien. Éste parecía muy preocupado y triste, lo podía ver en sus ojos, a pesar de que esa sonrisa deslumbrante surcaba sus labios. Engañaría a cualquiera, pero a mi no. Se acercó con gesto vacilante, hasta que se decidió sentarse al lado mio. Permaneció en silencio, contemplándome. La sonrisa desapareció de rostro.

- He tenido una pesadilla…

- Lo sé – me cortó – Ya has visto como va a morir tu chico – pronunció la última palabra con un dolor abismal.

- Bueno… No es precisamente su muerte lo que he visto – él me miró desconcertado y confuso – Él es inmortal.

- ¿Te has enamorado de un enviado de los dioses? – me reprochó, enojado.

- ¿U-Un enviado de los dioses…? – no entendía el por qué de su enojo hasta momentos después. Por lo que respondí – No es lo que piensas. No de esos dioses. Es un enviado de Jashin.

- ¿Jashin? – ahora parecía más relajado, sólo un poco – Vaya… Esto nunca había pasado. Siempre os habíais enamorado de un…

- Mortal o alguien de nuestro clan – le corté, sonriente – Lo sé. Tal vez yo pueda acabar con la maldición de nuestro clan. Nuestros hijos no tendrían por qué sufrir la soledad que nosotros hemos sufrido. Eso es lo que quiero…

- Supongo que es mucho pedir que te quedes… - bajó la mirada, avergonzado por sus palabras.

- Me quedaré – alzó la vista, sorprendido. Iba a explicarle que mis motivos no eran los que en su mente rondaban pero al ver su rostro ilusionado y feliz no pude hacerlo. En vez de eso, le pregunté, temerosa de la respuesta – Ahora… ¿Sigues amándola?

- Claro que sí, pero – su rostro se volvió frió y serio – no volvería con ella. Me hizo mucho daño, aunque sé el por qué de sus acciones. A pesar de ello, no puedo perdonarla.

Mi mundo pareció congelarse al escuchar tales palabras. Si él sentía eso quería decir una sola cosa: Hidan me estará odiando para toda la eternidad. Nunca más podré verle, acariciarle, besarle…

Kaien pareció darse cuenta de lo que rondaba por mi mente y me abrazó sin más. Se lo agradecería eternamente, si es que viviera tanto tiempo. Me sentí mal porque él esperaba otra cosa de mi y que, a pesar de mi rechazo, no se iba a separar de mi ni tampoco me iba a dejar de abrazar ni a tratarme como hasta entonces a hecho. Pensé en mi antecesora, quien estará viéndonos en alguna parte. Me aterró la idea, no quería afrontar su ira por estar allí, junto a su amado. Pero entonces comprendí, no sin cierta tristeza, que estaría feliz de que él haya encontrado a otra que alegrase su corazón. ¿Qué cómo lo sé? Porque yo hubiera sentido lo mismo…

Una parte de mi trataba de convencerme de que me olvidara de Hidan, de todos… y que hiciera una nueva vida con Kaien. Y la otra parte, que nunca podría olvidarme de él. Que mi vida sería un auténtico infierno sin él. Que los segundos serian horas; que los minutos, años; que las horas, siglos.

Kaien se separó de mí, dejando a escasos centímetros nuestros rostros. Pude sentir su respiración entrecortada, al igual que la mía. Él empezó a mirar mis labios y mis ojos, alternativamente. Se fue acercando lentamente a mí hasta que nuestros labios se rozaron y, al final, se terminaron juntando. Sentí algo húmedo rozar mi mejilla, pero no eran mis lágrimas. Kaien estaba llorando. Lloraba porque, en una parte de él, no me amaba y sentía como la traicionaba al besarme. Yo lloré con él. Ambos sentíamos lo mismo. Amábamos a otras personas pero a la vez nos sentíamos atraídos el uno al otro sin poder evitarlo. Ambos necesitábamos el uno al otro para poder existir…

Esto sería el comienzo del fin… ¿o no?