Antes de empezar el capi quería deciros que este es mi primer capi con una canción, espero que os guste ^^. Es Lonely day, de System of a down. Os recomiendo que la escucheis cuando empiece la letra, incluso yo lloré mientras la escribía T.T
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Capítulo 20: Lonely day
En lo alto de la más alta torre de la aldea de la lluvia se alzaban dos figuras, mirando con profunda tristeza el caminar de sus compañeros. El pelinaranja fijó su mirada hipnótica en los ojos rojo sangre de su amigo, sin cambiar su expresión carente de sentimientos que contrastaba con su mirada cargada de una abismal tristeza.
- Se lo has dicho al fin, ¿no? – preguntó, a pesar de saber perfectamente la respuesta.
- ¿Era necesario? No soporto verla sufrir…
- Los dos se quieren, lo sé. Pronto los veremos regresar juntos, cogidos de las manos, con una sonrisa en sus rostros. Y todo volverá a ser como antes – le contestó, confiando fielmente a sus palabras.
- Espero que sea así. Como me entere de que ese tipo vuelve a hacerla daño, juro que lo pagará caro. Le haré sufrir tanto que deseará no tener la inmortalidad, para así morir y quitarse el sufrimiento – le dijo, con su tono calmado y lleno de indiferencia pero a la vez cargado de un profundo odio.
- Siento decirte que Hidan perdió la inmortalidad – el chico le miró, sin cambiar de expresión. Pero el líder sabía perfectamente que sentía curiosidad – Verás, la inmortalidad se puede perder. Eso pasa si te enamoras de alguien. El enamorarte significa que ya no te quieres sólo a ti mismo. Por eso, la inmortalidad se va debilitando hasta desvanecerse completamente.
- ¿Se puede recuperar la inmortalidad? – preguntó Itachi, frunciendo el entrecejo, algo inusual en él.
- Es algo muy difícil de hacer, pero se puede. Tienes que dejar de amar a esa persona y también tienes que… matarla o hacerla sufrir, a través de alguien muy querida por esa persona.
El moreno apretó los puños fuertemente, hasta tal punto de hacerlos sangrar. Le dirigió una mirada llena de odio a su superior y se fue corriendo al interior de la torre, dejando a un confundido Pein.
* * *
En los bosques se encontraban dos personas y una felina corriendo a más no poder. En la cabeza iba yo, desesperada por llegar cuanto antes. Sabía que estábamos muy cerca de nuestro objetivo, Konoha, por lo que cada vez corría más rápido, seguida de cerca por mis amigos.
Después de unas horas, se podía distinguir la gran puerta de Konoha entre los árboles. Iba a apresurarme a entrar, pero fui detenida por Deidara, quien me miraba un tanto preocupado.
-
Creo que lo mejor es descansar ésta noche. No hemos parado en todo
el recorrido. Debemos estar preparados para rescatarle, podemos
toparnos con muchos shinobis, y sabes tan bien como yo que no son
para nada débiles – me dijo Deidara, notablemente cansado.
Miré
a Yami, y comprobé que no se encontraba en mejor estado que él. Por
lo que acepté, resignada. A mi pesar, yo también estada muy
cansada, exhausta diría yo, pero el sólo pensamiento de que Hidan
estaba cerca me hacía recuperar fuerzas. Pero no era el mismo caso
para Yami y Deidara. Sabía perfectamente que a nadie de la
organización le caía bien, sobretodo después de que yo me fuera.
Desde ése día se la había pasado insultando a todos los miembros,
incluso al que casi todos creían que era el líder.
También sabía que, sino fuera por mí, ahora mismo no estaría en la organización. Lo habrían matado ellos mismos, ya que ya no poseía el poder de la inmortalidad.
Empecé a recordar los momentos que pasamos juntos, sólo Hidan y yo. Me tumbé junto a un árbol y me encogí, formando un ovillo con mi cuerpo, para proporcionarme calor, pero aún así no pude evitar el temblar de frío. Después sentí el cálido cuerpo de Deidara junto a mí, a mi espalda, abrazándome para calentarme. Me dí la vuelta, le dirigí una sonrisa de agradecimiento y me acurruqué en su pecho. Al rato sentí al cuerpo de Yami a mi espalda y, sin poder evitarlo por más tiempo, me quedé dormida con una única certeza en mente: Pase lo que pase mañana, siempre tendré a mis amigos a mi lado. Me quiera o no… nunca estaré sola.
* * *
A unas horas de donde yo me encontraba, yacía un hombre saltando de árbol en árbol. Por su expresión se podía adivinar que estaba desesperado por llegar a un lugar. Sus profundos ojos negros, que siempre albergaban una frialdad e indiferencia, ahora estaban llenas de preocupación y miedo, miedo porque la persona que ahora más quiere en el mundo sufra, miedo porque esa persona sufra la soledad que él sufrió hace tiempo y que aún lo sigue haciendo.
- Maldita sea… no permitiré que la persona que más me importa ahora sufra por un indeseable la soledad. Aunque no ame a esa persona, a pesar de que no es esa misma persona. No lo permitiré – se prometió a sí mismo el pelinegro - ¿Cómo es que no se dieron cuenta? Si yo lo hubiera sabido antes no la hubiera dejado partir. Espero llegar a tiempo…
* * *
Ya empezaron a salir los primeros rayos del sol cuando uno a uno nos íbamos despertando. Yo fui la última en abrir los ojos y cuando lo hice comprobé que estaba sola. Me levanté, sobresaltada y asustada. Mi cuerpo se puso tenso, preparado para atacar en cualquier momento, pero se relajó al verlos llegar con comida y leña.
- Ya despertaste – comentó el rubio, sonriente, mientras apilaba los trozos de madera – Ayuda a Yami con la comida.
Me acerqué a ella y recogí algunos pescados que amenazaban con caerse en cualquier momento. Escuché el sonido de dos rocas colisionando y volteé a ver de qué se trataba. Deidara intentaba encender un fuego. Al ver su rostro concentrado no pude evitar el echarme a reír. Él me dirigió una mirada, entre ofendido y enfadado. Solté los pescados y me acerqué a él. Me agaché a su lado y acerqué mi rostro al montículo de madera. Exhalé mi aliento, pero en vez de aire salió una pequeña llamarada, prendiendo la leña rápidamente.
- Veo que ya sabes controlar muy bien ese poder – me dijo, fascinado, por lo que sonreí.
- Si, y todo gracias a… - no pude pronunciar su nombre.
Me acordé de la última conversación que tuvimos, hace algunos días, del beso. Me sentía fatal por él, pero él mismo me aclaró que no sentía nada por mí. Era solo que la recordaba a su antigua novia. ¿Entonces por qué me sentía tan mal?
- Itachi – me ayudó Deidara, sacándome de mis pensamientos – Se nota que te quiere mucho.
Le miré, sorprendida. ¿A qué venía eso?
- Él se comporta contigo de diferente manera que con los demás. Es más simpático contigo y más frío con nosotros. Es extraño… - me confesó, perdido en sus recuerdos.
- Eso era antes, ahora se va a comportar conmigo igual que con vosotros. Ya me lo aclaró antes de partir. Solo la recordaba a su antigua novia – bajé la mirada, triste.
- Entiendo – me contestó, simplemente, pero al ver mi expresión llena de tristeza, me preguntó - ¿Qué te pasa? ¿En qué piensas?
- En que todos a los que conozco bien en Akatsuki han tenido un pasado no muy bueno, como yo – él se sorprendió pero pronto en sus labios surcó nuevamente una sonrisa; sin embargo, amarga.
- Es cierto. Todos hemos tenido un pasado no muy bueno.
- ¿Incluso Pein y Konan?
- No sé su historia. Sólo sé que ellos lo han pasado peor que nosotros, aunque puede que el de Itachi lo iguale. No sé que le habrá pasado para que sea así con todos. Pero… que yo sepa yo no te he dicho nada de mi pasado – me contestó, sin apartar esa amarga sonrisa.
- Mi hermana – le dije, simplemente. Hubo un largo silencio, bastante incómodo a mi entender, por lo que dije - ¿A qué esperamos? Que el desayuno no se hace solo.
Deidara me devolvió una sonrisa sincera, llena de felicidad, y, sin poder evitarlo, me la contagió también a mí. Los tres empezamos a hacer el desayuno y comimos sin prisa. Total, había que esperar hasta el crepúsculo para actuar.
* * *
Cuando empezó el crepúsculo, ya nos encontrábamos en el interior de la aldea. No fue muy difícil encontrar el bosque en el que se hallaba él, tenía el mapa en mi cabeza, todo gracias a los sueños. A los minutos de estar caminando por el bosque, sin rumbo aparente, nos encontramos con el hoyo taponado. Con ayuda de Yami, desenterramos los trozos de su cuerpo y los metimos en una bolsa.
- ¿Pero qué coño hacéis? – nos preguntó la cabeza de Hidan, mirándonos con furia.
- Rescatarte, ¿es que no lo ves? – le respondió el rubio, malhumorado, mientras le amordazaba para que no hablara – Y ahora, estate calladito. ¿O es que quieres que nos descubran?
Sin una palabra más, tapamos el agujero lo más deprisa posible y nos fuimos de allí. Cuando ya estuvimos lo suficientemente lejos de allí, nos paramos y le sacamos de la bolsa. Gracias a las enseñanzas de Kakuzu, le cosí todas las partes de su cuerpo y, por último, le quité la cuerda de la boca.
- ¿Qué diablos creéis que estáis haciendo? Iréis al infierno. Yo no necesitaba vuestra ayuda – nos espetó, a la vez que se levantaba de un salto.
- Deidara, Yami, dejadnos solos – les pedí y ellos se fueron, no si antes mandarme una mirada cargada de preocupación y de un "ten cuidado".
- No quiero hablar contigo, me largo – me dijo, enojado, pero yo le agarré por un brazo, obligándole a mirarme - ¿Qué pasa? ¿Es que no te gusta que te dejen? Pues vete acostumbrándote. Eres una Neko después de todo, ¿no? Tu destino es quedarte sola.
Le solté el brazo, como si quemara, y le dirigí una mirada dolorida. Nunca pensé que me diría algo así, pensaba que me diría de todo… menos eso.
- No me mires así. Tú fuiste la primera en dejarme solo, y solo por tu hermana – me contestó, cada vez más enojado.
- ¿Solo por mi hermana? Para tu información estuve mucho tiempo preguntándome a quien debía escoger, si a ti o a mi hermana…
- Y al final la escogiste a ella – concluyó, haciendo ademán de irse.
Yo le iba a detener nuevamente pero entonces me acordé de una cosa. ¿Cómo no me dí cuenta antes? Si me hubiera dado cuenta antes… Un nuevo dolor me azotó en el pecho, más fuerte que nunca. Intenté hablar varias veces, hasta que por fin pude hacerlo.
- Tú… eres inmortal. Eso significa… que ya no… sientes nada por mí – las lágrimas amenazaban con salir y el dolor en el pecho aumentaba considerablemente, haciéndome aún más difícil el sostenerme en pie.
- Pues es verdad – me dijo, sorprendido, sin voltearse – No me había dado cuenta, he recuperado mi inmortalidad… - se volteó a verme, por encima del hombro y, mirándome directamente a los ojos, dijo – Y nunca más la volveré a perder.
Y se fue. Enseguida vinieron Deidara y Yami, lo habían escuchado todo. Me miraron sin saber qué hacer, sin saber qué decir, sin saber cómo consolarme. Les miré directamente a los ojos y, mostrándoles una sonrisa falsa, les dije:
- No me miréis así, estoy bien. Todos sabíamos que pasaría algo así… - no pude continuar porque la voz se me quebró por completo y mi cuerpo empezó a temblar violentamente. Los demás hicieron ademán de acercarse a sostenerme – No os acerquéis… quiero estar sola…
Y corrí de allí lo más lejos posible, todo lo que mis pies me permitieran. Entonces me vino un lugar a donde podría ir, donde alguien me estaría esperando, alguien que comprendería como me sentía ahora. Corrí hacia allí. Un halo de esperanza empezó a salir de mi corazón y me aferré a ella como si me costara la vida el no hacerlo. Esa esperanza me hacia ir más deprisa, esa esperanza evitaba que de un momento a otro mi cuerpo se desmoronara y mis piernas fallaran…
Por fin divisé la casa y, sin tiempo que perder, me adentré en ella.
* * *
Un pelinegro yacía corriendo y saltando de árbol en árbol cuando a lo lejos divisó dos figuras difusas. Frunció el ceño al no ver una tercera figura y su preocupación aumentó. Sacando fuerzas de quien sabe donde, aumentó el ritmo de carrera hasta llegar junto a esas figuras.
- ¿Dónde está Mitsuko? – fue lo primero que preguntó nada más llegar, sobresaltando a los otros dos, quienes no se habían percatado de su presencia. Al ver que no respondían lo preguntó de nuevo - ¿Dónde está Mitsuko?
- Quería estar sola y se fue corriendo. No sé a dónde ha ido – respondió el rubio, alicaído. Y, mirándole directamente a los ojos, le dijo – Ha estado peor de lo que imaginé. No sabía que alguien podría recuperar la inmortalidad y no sé qué significa eso. Pero eso le ha sentado muy mal. Si le hubieras visto la cara…
- Alguien puede recuperar la inmortalidad si deja de amar a esa persona y si la hace sufrir, como por ejemplo, matando a un ser querido suyo – contestó Yami, furiosa consigo misma - ¿Cómo no me había dado cuenta antes?
- Nadie se ha dado cuenta.
- Ni siquiera Hidan – le dijo Deidara a Itachi.
Itachi apretó los puños fuertemente, intentando contener toda la rabia que ahora lo embargaba. Ahora todas las piezas empezaban a encajar, ahora lo comprendía todo. Y si era cierto lo que estaba pensando, su odio hacia Hidan continuaba aumentando. Solo necesitaba aclarar una duda, la última pieza para acabar ese puzzle.
- ¿Puede alguien recuperar la inmortalidad solo haciendo sufrir a la persona que amas?
- Nunca se ha probado, pero creo que es poco probable – respondió Yami, sorprendida por la pregunta.
- Pero, ¿y si esa persona creyera que no ama más a esa persona pero en el fondo de su corazón todavía existiera ese sentimiento? – volvió a preguntar.
- En ese caso… si, es posible.
La pieza que faltaba. Sin decir nada más, corrió hacia un lado del bosque. No sabía como, pero tenía un presentimiento de que me había ido por allí, y empezó a buscarme.
* * *
Al entrar, miré por todos lados y no le ví. Desesperada, me encaminé hacia mi habitación, le esperaría allí. Mi cuerpo se paralizó nada más traspasar el umbral de la puerta. Mis ojos se agrandaron de la sorpresa. Un nudo apareció en mi garganta, impidiéndome hablar por unos segundos. Cuando pude mover todo mi cuerpo, fui corriendo y me senté junto a la cama.
- Kaien… - le llamé, pero no me respondió. Empecé a acariciarle su pálido rostro – Kaien… no, tú no… por favor, no me dejes sola, ahora no… te necesito – se me quebró la voz, impidiéndome hablar.
Entonces recordé la vez que salvé a Sasori de la muerte. Tal y como hice aquella vez, me acerqué a sus labios y le traspasé una neblina oscura. Alcé mi vista a sus ojos y esperé, pero no los habría.
- Kaien… ¿Por qué…? Yo… no te sentí, no sentí ese dolor cuando has muerto… ¿Por qué? Estaba todo el tiempo pensando en él… tan preocupada por él, que no te sentí. Ni siquiera me acordé que cuando uno se enamora pierde su inmortalidad ni que tú ya tenías tus años… Perdóname.
Enterré mi rostro en su pecho, buscando un poco de consolación, tal vez. Tras un rato de espera, busqué en mi interior el lazo que nos unía, busqué su estrella en mi galaxia. Pero por más que buscaba, no la encontraba. Sin darme cuenta, también busqué la estrella de Hidan, sin éxito. El dolor de perder una estrella reapareció en mi pecho, pero estaba vez fue el doble de doloroso. Había perdido dos estrellas al mismo tiempo…
- ¡Kaien! – le llamé, aún con la esperanza de que apareciera ante mis ojos - ¡No me dejes sola! – me acomodé en un rincón de la habitación y me abracé a mis piernas. Quería llorar, pero ya no quedaban lágrimas. Quería gritar, pero no tenía fuerzas. Solo pude decir, susurrando – Por favor… no me dejes sola… no quiero estar sola…
Such a
lonely day....
And it's mine
The most loneliest day of my
life
Such a lonely day....
Should be banned
It's a day
that I can't stand
The most loneliest day of my life
The
most loneliest day of my life
Mi corazón latía desenfrenado, amenazando con salírseme del pecho. Todavía las palabras de Hidan resonaban en mi cabeza y se repetía constantemente, como si de un eco se tratase. "No quiero hablar contigo, me largo" "¿Qué pasa? ¿Es que no te gusta que te dejen? Pues vete acostumbrándote. Eres una Neko después de todo, ¿no? Tu destino es quedarte sola".
La última frase se
quedó en mi cabeza y se fue repitiendo, cada vez más fuerte "Tu
destino es quedarte sola".
Tenía razón, nuestro destino es
quedarnos solos, pero… yo no quiero. Tengo miedo a la soledad…,
pensaba.
Such a lonely day....
Shouldn't
exist
It's a day that ill never miss
Such a lonely day…
And it's mine
The most loneliest day of my life
El dolor empezó a aumentar. Quise gritar, pero no podía. Quería terminar con ese dolor lo antes posible, no quería sufrir, no quería estar sola. Ya nada me ataba a ese mundo. Además, tengo una diosa en mi interior que puede matarnos a todos. Estaría mejor muerta, pensaba con tristeza.
And if you go
I
wanna go with you
And if you die
I wanna die with you
Take
your hand and walk away
Cogí un kunai y lo dirigí hacia mi pecho. Todos mis recuerdos vinieron de golpe a mi mente, como si de una película se tratase. Mi hermana, mi abuela, mis padres, Pein, Konan, Deidara, Sasori, Tobi, Kakuzu, Kisame, Zetsu, Yami, Itachi e incluso… él.
El kunai se enterró con suma facilidad en mi pecho, llegando hasta mi corazón. Lava carmesí empezó a descender por mi cuerpo, encharcando el suelo.
Sentí una nueva presencia en la habitación, una conocida. Alcé la cabeza, no sin esfuerzo, y mis ojos se encontraron con unos negros, llenos de dolor. Se agachó a mi lado y me arrancó el kunai del pecho. Me atrajo hacia él y me abrazó, temiendo que me fuera en cualquier momento.
The
most loneliest day of my life
The most loneliest day of my life
The most loneliest day of my life
Such a lonely day
And
it's mine
It's a day I'm glad I survived
- Por favor, no me dejes solo. No quiero volver a pasar por ello. Te prometo que no te dejaré sola nunca. No volveremos a estarlo, nunca más – me prometió su voz, que ahora me parecía demasiado lejana, casi un susurro.
- Nunca más – pude decir, a la vez que intentaba no cerrar los ojos y sucumbir al sueño.
- Pensé… que te vería llorando por algún rincón… Me alegra ver que no es así, aunque preferiría eso a esto – me confesó, con voz apagada.
- Una vez… prometí que no volvería a llorar por nadie, y mucho menos por él. Nunca más – le dije a la vez que escupía sangre por la boca.
- Nunca más – repitió, ahora con voz quebrada, lo que parecía estar al borde del llanto.
Me separé de él para poder ver su rostro. Estaba manchado por mi sangre, lo que lo hacía parecer un auténtico asesino. Sentí como el sueño se hacía cada vez más pesado, impidiéndome dejar abiertos mis ojos por más tiempo. Mi vista se tornó borrosa pero, a pesar de eso, pude ver como Itachi abría desmesuradamente los ojos y como enormes ríos surcaban sus mejillas.
- Itachi… No llores por mí… nunca más…
- ¡Mitsuko! ¡Lucha, no te rindas! ¡No me dejes solo! – pude escuchar antes de sucumbir al sueño.
