Rurouni Kenshin es propiedad de Nobuhiro Watsuki, Jump Comics (Sueisha) y sus respectivos colaboradores. Esta historia sólo pretende entusiasmar a fans o futuros fans para la dicha serie, sin ningún ánimo de lucro.
Por y para fans
REVIEWS: ¡Muchísimas gracias a todos! ¡Soys fantásticos! Kaoru Hino, Serenity, Kari Ishikawa, mer1, Haku, Ghia-Hikari, naoko L-K, Kaoru Himura, Luna Kyouyama, Silver Lady, LBK, Kagura, Dikana, Mikomi Shinomori, aska ishida, HADA, miki, chica, RuShIa. ¡¡MIL GRACIAS A TODOS!! Perdonad que no os responga los reviews, pero es que ando TAN ocupada que no tengo tiempo ni para eso! (sólo hace falta que os fijéis en la fecha de entrega... un poco más tarde que lo esperado T.T gomen nasai! Prefiero poner el cap. ahora cuanto antes).
¡¡¡19 REVIEWS!!! ¿¿Os he comentado nunca que el 19 es mi queridísimo número de la suerte?? Y además hoy somos 19 de Noviembre... ¡parece el Destino! Ahhh... ¡en fin! Aquí está el capítulo! Espero no decepcionar a nadie! R&R!!!!!!!
Datos de interés
"…" Lo que dice un personaje
Texto en cursiva Lo que piensa un personaje
--------- Cambio de escena
Entre la flor y el sauce
Capítulo 9 – Su verdad
Escrito por CiNtUrO-cHaN
"Vamos, vamos, más gargo, que parece que me vaya a dormir. ¡Esos saltos los quiero más altos! No, ¡más, más!"
Maldito dictador murmuró Kaoru por enésima vez en ese segundo día de entrenamiento. Si creía que el trayecto hasta la que sería su nueva residencia había sido duro, comparándolo con el segundo día de entrenamiento parecía que hubiese sido un paseo envuelto de flores y pájaros. Kaoru se encontraba maniatada tanto de brazos como de pies. Los brazos estaban atados atrás, en su espalda, cosa que aún dificultaba más. De las cuerdas que la mantenían atada tanto de brazos como de piernas salían dos cuerdas que, después de un par de metros, se unían hasta atar una enorme caja de madera maciza.
El entrenamiento consistía en ir subiendo ese monte una y otra vez con el peso de la caja, pero no andando ni corriendo, sino dando saltos. Debía saltar lo máximo que pudiera y luego volver hacia abajo, casi como si se sentara, para luego volver a coger impulso y volver a saltar. Y así una y otra vez, hasta llegar a la cima del monte. Por su parte, Hiko andaba felizmente a su lado, bebiendo sake, como si así intentara hacerla rabiar aún más.
"¿Es que estás sorda o no puedes más? ¡Aligera un poco, que se nos hará de noche!"
"Ha-Hai…" eso es lo que dijo, aunque por dentro pensaba ¡MOOOU! ¡Quién me mandó venir en este lugar con ÉSTE hombre y soportar ÉSTOS entrenamientos, que más que entrenamientos parece que me esté instruyendo como si fuese a escalar el Fuji-san! ¡AAAARGH! ¡Tengo hambreeeeee…!
La nueva cabaña donde se encontraban no era muy diferente de la otra; era un poco más grande, aunque más bajita. La parte buena es que el río fluía casi al lado, así que no tenía que preocuparse por el agua. El primer día de entrenamiento le tocó a ella cocinar, como buen discípulo, pero después de probar el sabroso manjar de la kendoka, el maestro Hiko estipuló que no hacía falta, que a él le gustaba cocinar y que se encargaría de todo (algo que a Kaoru le gustó y no le gustó en cierto modo).
La jornada se dividía básicamente en dos partes: durante el amanecer y la mañana, tecnificación de espada; durante la tarde hasta el anochecer, aumento de capacidades físicas. Con todo, Kaoru sólo lograba descansar unas seis horas diarias, algo que empezaba a notársele, si bien sólo llevaban así dos días (aunque cabía contar el trayecto hasta Kyoto).
"¡Bien, todo por hoy!" exclamó jovialmente Hiko, terminándose el sake. Ya habían llegado hasta la cabaña, la cual se encontraba casi a la cima del monte. Kaoru se dejó caer al suelo con alivio, mientras que empezaba a desatarse las cuerdas "Hummm, creo que ayer sobró un poco de arroz, luego si lo hiervo y le pongo un poco de condimentos… O no, espera, me los comí todos esta mañana. Hum, ¿qué podría hacer para cenar…?"
"Eum, Hiko-sensei"
Hiko se giró. Kaoru estaba ya de pies, pero le miraba con los puños apretados "¿Podría enseñarme a cocinar?"
"¿Nani?" respondió él.
"Usted mismo lo comprobó ayer. Es muy curioso, verá… a menudo se burlaban de mí y me decían que parecía una marimacho porque no sabía ni cocinar, y siempre iba vestida con ropajes masculinos propios del kendo. Pero cuando estaba metida en el papel de kendoka, no me dejaban mejorar por mi condición de mujer. Ahora estoy aquí para mejorar con el kendo, pero… también me gustaría que me enseñara a cocinar como mujer"
"Oye, ¿insinúas que soy un hombre afeminado por saber cocinar?" resopló él.
"¡N-NO, NO! ¡Nada de eso! ¡Para mi es igual de admirable que una mujer empuñe una espada como que un hombre cocine! ¡No tiene nada de malo, ni por un lado ni por otro!" se apresuró a responder ella. Lo último que necesitaba era tenerle de mal humor.
Hiko la miró. De hecho, el simple hecho de 'enseñarla a cocinar' por sí solo no representaba mucha importancia, pero él había entendido el mensaje de la chica. Es como si estuviera en medio de un puente, y que a un lado del puente estuviese su gi y hakama, y al otro un kimono. Si iba donde el gi y el hakama, no la aceptarían porque era mujer; si iba hacia el kimono, no la aceptarían por ser una marimacho.
Ciertamente, esta chica ha tenido que sufrir lo insufrible. Tiene una gran crisis de personalidad, y no la culpo pensó el maestro para sus adentros, escrutándola. "Por mí no hay ningún problema. Ya que te honro en ser mi minikui deshi temporal, puedo enseñarte algunos trucos básicos de cocina"
Kaoru sonrió abiertamente "¡Domo arigatou, sensei!" exclamó la joven, dando un salto de alegría.
De hecho, empezaba a tener la sensación de que junto al mandato de Hiko, no sólo podría convertirse en una mejor kendoka, sino recobrar esa personalidad que durante tantos daños había sufrido.
La poca gente que transitaba una de las muchas calles de Kyoto empezaba a apartarse, murmurando con algo de temor. Más de alguna madre cogió a su hijo y le susurró algo como 'no te apartes de mí'. Lo cierto es que ya no estaban acostumbrados a ver hombres con espadas, no en la pacífica era Meiji. Así pues, ese sujeto que cargaba una espada les infundía pánico y respeto a la vez, si bien dedujeron que por sus ropajes no podía formar miembro de ninguna policía ni mucho menos del ejército.
Aunque ninguno de ellos sabían que eso era un inofensivo sakabatou, incapaz de hacerles daño alguno, y tampoco sabían que ese sakabatou se encontraba en manos de una de las personas más pacíficas, al menos en esos últimos tiempos, de Japón. Kenshin Himura.
Bueno, bueno, todo sigue igual que la última vez que vine aqu pensó el pelirrojo, sin poder evitar pensar en la batalla contra Shishio. Un gran parque cubría su mejilla izquierda; si bien ya habían pasado muchos años desde aquello, podría quedar gente que le siguiera buscando. Se dirigía con paso firme hacia Aoiya. Era oscura noche, sin luna, y sin poderlo evitar un sinfín de recuerdos empezaron a pasarle por la cabeza. Su 'período oscuro', ese yang que cada uno tiene en su interior, transformado en viles recuerdos de su época de Battousai bajo el mando de Katsura. Esas calles que ahora transitaba se convertían instantáneamente en campos de batalla bañados en sangre oscura, vertida ya fuera del bando del Ishinshishi o del Shinsengumi. ¿Cuántas veces recorrió esas calles asesinando, luchando? Las incontables, demasiadas como para ser olvidadas.
Sus pensamientos se desvanecieron instantáneamente al tener contacto visual con el albergue en cuestión: Aoiya. Lo más seguro es que estén todos durmiendo, ya es tarde. El rurouni andó un poco más hasta quedarse a las puertas del hostal, dudando en entrar o no. Quizás ya han cerrado, no querría molestarles… Ugh, no me gustaría ver la cara de Aoshi despertado por alguien, de mal humor…
De repente sintió algo. Se giró con agilidad para encararse con una alta figura, que le escrutaba con indiferencia y sorpresa a la vez "¿A-Aoshi?"
"Bienvenido. Adelante, pasa" murmuró él, sin parar de andar y abriendo la puerta corrediza de Aoiya. Acto seguido empezaron a oírse gritos y vociferaciones. Kenshin sonrió divertido, allí no había nadie durmiendo.
"Tadaima" murmuró Aoshi casi imperceptiblemente, o eso pareció, porque la palabra llegó a oídos de la joven Misao, la cual bajó corriendo las escaleras y de un salto se dirigió hacia el recién llegado.
"¡¡AOSHI-SAMA, TE ESPERÁBAMOS!! ¡Pasa, pasa, seguro que a fuera hace…!" sin embargo, lentamente los ojos de Misao se posaron en el pelirrojo que estaba detrás de Aoshi, mirándola con risueño "…frío…"
"Hola, Misao-dono. Espero no importunarte, de gozaru yo" dijo él, con su habitual cara de buen niño.
Misao se dirigió lentamente hacia él, con los ojos agrandados "Himura…"
"¿Huh?"
Los ojos de Misao se llenaron de llamas de fuego, y pegando un salto con la pierna al aire empezó a gritar "¡¡BIENVENIDOOOOOOOOO, HIMURAAAAAAAAAAAAAAAA, YUJUUUUUUUUUUUUU, HIMURA HA VENIDOOOOOO!!" y como era habitual en ella, se dispuso a dar su 'patada de bienvenida' a un muy intimidado rurouni, el cual no paraba de soltar 'ororororororo'.
"¡Misao, que le vas a matar!" gruñó Okina, bajando del primer piso, con cuernos de demonio del enfado "¡Déjale respirar!"
Misao se soltó del 'afectuoso' abrazo-oso y sonrió con nerviosismo "¡Gomen ne, jiiya!"
"Cuánto tiempo, Himura, siempre es un placer" respondió Okina, sonriendo y dirigiéndose al pelirrojo.
Éste sonrió y le devolvió el apretón de manos "Lo mismo para mí. Em, Okina, había quedado aquí con Sano, Megumi-dono y Yahiko, de gozaru yo. ¿Han llegado ya?"
"Sí, Ken-san, hace un par de días" respondió Megumi, bajando también por las escaleras, seguida de Yahiko y Sanosuke "Espero que hayas tenido un buen viaje"
"Megumi-dono" respondió él, mirándola y mirando también a sus otros dos amigos "Hai, arigato"
Iba a seguir hablando, cuando empezó a notar algo extraño en las miradas de sus tres amigos. Kenshin frunció el ceño, preocupado, y lentamente empezó a andar hacia ellos con seriedad "¿Doushita no?" preguntó él. Megumi parecía algo sorprendida ante la pregunta. ¿Tanto se nos nota?
"¿Cómo que 'doushita no'? ¿Es eso lo que le dices a tu amigo del alma después de tantos días?" resopló Sanosuke, de brazos cruzados, fingiendo enfado para de algún modo eludir la pregunta.
"Sano" respondió Kenshin "Habéis averiguado algo de Kaoru-dono, de gozaru ka" dijo, más que a modo de pregunta, a modo de afirmación.
Sanosuke frunció el ceño, incómodo. Fue Yahiko quien se adelantó "Hai" dijo él, con voz firme.
"Ya-Yahiko" dijo Megumi.
"Vamos Megumi, cuanto antes lo sepa, mejor" resopló Yahiko.
Kenshin le miró con sus profundos ojos violeta, brillando intensamente "Yahiko… ¿le ha pasado algo a Kaoru-dono?" preguntó él con el corazón en un puño "¿Habéis averiguado algo?"
"Hai" respondió él "De hecho le hemos seguido la pista bastante cerca. Embarcó en Yokohama y un barco la trajo a Osaka. Lo supimos gracias a la lista de pasajeros que nos enseñaron, cortesía Sanosuke. Además, en esa lista también estaba un pasajero con nombre de…"
"Seijuro Hiko" musitó Kenshin "Kaoru está… está en Kyoto"
Todos se le quedaron mirando asombrados, incluido Aoshi. Sanosuke frunció el ceño "¿Cómo sabías que…?"
"Lo he intuido" resopló él, ofuscado. Ni él mismo sabía por qué, sólo sabía que ese nombre le acababa de venir a la cabeza. Pero… "Así que mi shishou iba en ese barco. Sigue, Yahiko" dijo él, tajante.
Yahiko tragó con dificultad y prosiguió. No le gustaba la mirada de Kenshin "Bueno, el caso es que cuando llegamos a Osaka cogimos un carruaje hacia Kyoto. No pudimos seguirle el rastro a Kaoru. Hasta que, a mitad de camino nos encontramos con un montón de pueblerinos custodiados por la policía. Se ve que hubo un caso de corrupción, y que esos villanos habían sufrido injusticias. Pero –y esta es la parte increíble de la historia, que ni yo mismo puedo aún creerme- apareció una chica de la nada y les salv
Kenshin frunció el ceño "¿Les salvó?"
"Según nos contó un niño pequeño llamado Toshi" respondió Megumi "…esa chica se puso a luchar con la guardia armada privada y personal de la familia corrupta en cuestión. No eran policías de pueblo normales, iban todos armados con espada. La chica los ganó a todos sin excepción, incluso al capitán que, por lo que me contó el pequeño, era tremendamente fuerte"
Kenshin abrió los ojos "¿Esa chica…?"
"El pequeño nos dio su descripción y su nombre. Era ella" murmuró Sanosuke.
¿¿Kaoru luchando contra tantos espadachines a la vez, armados y salvando una aldea?? El rurouni estaba mudo de asombro y, aunque jamás lo hubiera admitido, orgullo.
"Pero esto no termina aquí. Verás, Kaoru-chan no estaba…" Megumi se mordió un labio "Kaoru-chan no estaba sola"
El pelirrojo frunció el ceño "¿Qué quieres decir, Megumi-dono? ¿Iba con mi shishou, entonces?"
Ella negó "Los villanos nos contaron que, después de que Kaoru-chan venciera, el patriarca no pudo aceptarlo y sacó una pistola para matarla" aquí, los ojos del rurouni se abrieron sobremanera, y un leve destello apareció en ellos, un destello que hacía años que no aparecía: un destello dorado "No te preocupes, Ken-san" se apresuró a decir Megumi. Por un momento había sentido… ¿escalofríos? "A Kaoru-chan no le pasó nada. Verás, se ve que justo cuando el patriarca disparó, alguien salió en su ayuda. En un visto y no visto, el salvador apartó a Kaoru-chan de la trayectoria de la bala con un gran salto y luego le parti la pistola en dos. Luego la policía que habían ido a avisar los campesinos se hizo cargo de la situación"
Kenshin no dijo nada. Seguía mirándoles con expectación "Después de curarse las heridas, tanto jou-chan como el tío ese desaparecieron, y aquí le perdimos la vista. Pero es muy factible que ella siguiera su rumbo hacia Kyoto, ya que el lugar donde tuvo lugar la batalla no estaba muy lejos de aquí" dijo Sanosuke, entrecerrando los ojos.
"Wakarimasuka" murmuró el rurouni "Buf, por un momento me habíais asustado, creí que…" Kaoru-dono estaba en peligro. Sin embargo, eso sólo lo pensó "¿Y sabéis algo más? ¿Quién era ese chico?" dijo él, inocentemente.
Misao miró con preocupación hacia Sanosuke, el cual frunció el ceño "Um… Eso no lo sabemos al cien por cien, pero las palabras del pequeño eran bastante… elocuentes"
Flash-back
"¿Y ese rurouni, era pelirrojo y tenía una cicatr…?" dijo Sanosuke, pero Toshi le cortó.
"¡No, no! Ese señor no era pelirrojo. Era castaño, de pelo corto. ¡Parecía muy majo!" dijo él, sonriendo.
Sanosuke frunció el ceño. Castaño, pelo corto… Sanosuke frunció el ceño, debía haber miles de personas en Japón que encajasen con esa descripción.
El pequeño iba siguiendo con la lista de descripciones contándolas con los dedos, hasta que añadió un rasgo que le llamó la atención a Sanosuke "…y, además, no paraba de sonreír…"
"Dime una cosa, pequeño… Este señor, ¿llevaba espada y dices que no paraba de sonreír?" dijo Sanosuke, serio.
Toshi se lo pensó "No lo sé, le vi sólo un momento mientras venían los policías. Estaba junto a Kaoru-neechan, creo que sí que llevaba, pero no me acuerdo… ¡Pero lo que le puedo asegurar, señor, es que no paraba de sonreír!"
Fin del Flash-back
Kenshin abrió los ojos sobremanera y miró a Sanosuke.
Él asintió "Soujirou Seta. No estamos al cien por cien seguros, pero…" Sanosuke hizo silencio, observando la cara de su mejor amigo, la cual parecía todo un poema.
"Tal vez deberíamos seguir hablando mañana. Ken-san ha hecho un largo viaje hasta aquí y ahora…" prosiguió Megumi.
"No te preocupes, Megumi-dono. Es decir" dijo, encarándose a Sanosuke y Aoshi "…hay dos personas que, al parecer, podrían tener información acerca del paradero de Kaoru-dono, ¿cierto? Shishou y Soujirou Seta"
"Sinceramente, no entiendo qué hacía este Seta alrededor de Kyoto. Chou dijo que se había ido a refugiar a las montañas" resopló Yahiko.
Kenshin miró hacia la nada "Tal vez… haya ido a ése lugar" el rurouni bajó levemente la mirada, perdido en sus propias memorias. Acto seguido volvió a subir la cabeza, como si intentara despejar esos ¿dolorosos? recuerdos "Si le encontramos, seguro que nos dirá algo acerca de Kao-"
"¿¿Hola?? ¿¿Alguien en casa??" dijo Misao, irónicamente "¡¿Podéis parar un momento?! ¿Ese Soujirou Seta no era un miembro del Juppon Katana? ¡¿Es que a nadie le importe que Kaoru esté con un tío como ÉSE?!" exclamó ella, eufórica.
"Eh, itachi, respira y no te sulfures" murmuró Sanosuke, suspirando "Ese chico ya no es peligroso, ¿verdad, Kenshin?"
"En efecto" respondió él, intentando aparentar que todo esto no le estaba afectando "Soujirou se fue en busca de 'su verdad' después de un cruel desengaño consigo mismo. No creo que Kaoru-dono esté en malas manos" dijo, aunque eso último le rompió por dentro. ¿Qué hacía SU Kaoru con Soujirou? La sola imagen de un viaje juntos, o un entrenamiento juntos hacía que se le revolvieran las tripas. Pero no tenía ningún derecho a enfadarse ni a sentirse dolido, celoso y aún menos traicionado; al fin y al cabo, su relación con Kaoru había sido y siempre sería la de buenos amigos. ¿No?
"Entonces… ¿qué vais a hacer?" murmuró Okina levemente, notando que había roto un silencio bastante solemne.
"Si encontramos a Soujirou Seta o a Seijuro Hiko seguro que averiguamos algo acerca del paradero de Jou-chan" dijo Sanosuke "¿Nos partimos en dos?"
"No" resopló Kenshin "Tengo la sensación de que sé exactamente a qué lugar ha ido Soujirou. Dado que él no tiene rumbo fijo y que costará más encontrarle a él que a shishou, iré a buscarle a él primero"
"¿AHORA?" preguntaron todos.
Él asintió "Ahora" dijo él "Es posible que vuelva al amanecer. No me esperéis dormidos" dijo él, haciendo ademán de irse.
"¡Oe Kenshin, yo también vengo!" exclamó el cabeza de pollo, siguiéndole. Sin embargo él se giró con brusquedad y le miró a los ojos, haciéndole parar al instante en seco "¿Kenshin?"
"No. Quiero ir yo sólo"
Nadie dijo nada. El pelirrojo se giró sobre sus pasos y sin decir una palabra más salió de Aoiya, dejándoles a todos bastante sorprendidos. ¿Dónde estaba ese afable rurouni con el que solían tratar?
"¿Cómo puede estar tan seguro Himura de que sabe adónde ha ido ese Soujirou Seta?" exclamó Misao, formulando la pregunta al aire.
"Fácil" respondió (para su gran alegría) Aoshi, observando el lugar por donde se había ido el ex samurai "Porque ese es el único vínculo que le ata a esta ciudad. Ése lugar"
Aoshi asintió, y Sanosuke agrandó los ojos, como si acabara de entender algo.
Mientras tanto, la figura del rurouni se perdía entre las nocturnas calles de Kyoto, avanzando con paso firme, imperturbablemente, hacia el que una vez fue el lugar donde se celebró una de las batallas más épicas que Japón hubo vivido y viviría por mucho tiempo: el monte Hiei (NA1).
Seijuro Hiko miró complacido a su alumna, la cual dormía profundamente. Realmente parecía bastante exhausta. ¿Se estaba pasando con ella? Nah, no seas blandengue; convivir con una mujer te está empezando a volver demasiado consentido se auto-recriminó el hombre.
"Hmmm… gñg…"
Hiko observó la cara de tranquilidad y parsimonia que ofrecía su alumna durmiente. Sólo de imaginarse lo que esa chica tendría que haber pasado para llegar donde se encontraba ahora… Y de repente, su 'cara angelical' se transformó en una cara de demonio-durmiente, mientras se incorporaba como un autómata y, aún con los ojos cerrados, parecía que cogía un bokken imaginario y empezaba a cargarlo contra alguien "¡¡NO!! ¡¡LO ESTÁS COGIENDO MAL!! ¡¡Y NO ME LLAMES BUSU, SOY LA BELLEZA KENDOKA, CARCAMAL!!" Hiko se la quedó mirando, aterrorizado. No le gustaría ser el que recibía ese golpe en su sueño "Brrr…gñgñ, Yahiko no BAAAKA… hmmññg…" y tal y como lo hizo, se deshizo. Se volvió a tumbar y soltó ese 'bokken imaginario', para seguir durmiendo a pierna suelta.
¿Siempre vive tan intensamente sus sueños?
De repente le vino una idea. Tal vez un poco cruel, pero, ¡qué demonios! Se acercó a ella y puso su rostro al lado del suyo. Acto seguido, murmuró con voz sensual "Kenshin"
La reacción en la joven fue bastante divertida. Primero frunció el ceño; luego se puso roja y finalmente sonrió "Gñgñ… Kenshin… no… no…"
A saber qué estará soñando…
"…no… deja de llamarme con el… gñgñg… -dono…"
A Hiko se le cayó una gotita. En fin, será mejor que duerma yo también. Se estiró encima de su 'cama', con ambos brazos en su nuca, mirando hacia el techo de la cabaña. Entrecerró sus ojos, pensativo. Mañana empezaría el tercer día de combate; primero tenía que reforzarla psicológica y físicamente, y eso le costaría una o dos semanas, al menos para que consiguiera llegar al nivel mínimo para lo que tenía que decirle.
Eso es. Pronto estarás preparada para tu verdad.
El viento hacía que su cabellera ondulara a sus deseos. Tras un leve recorrido de casi una hora, a ritmo 'sin prisa pero sin pausa', Kenshin finalmente llegó a su destino, en el monte Hiei. La entrada subterránea, parcialmente destrozada, llena de malas hierbas y una espesa niebla. El rurouni suspiró, melancólico; ese lugar le traía malos recuerdos. Una sensación de vacío le llenó el estómago; la misma sensación que sintió cuando vio las puertas de la Muerte, en ese combate contra Shishio que ahora se veía tan lejano; ésa fue la primera vez que se sintió tan cerca de morir. ¿Y qué o quién hizo que eso no sucediera? ¿Qué o quién le dio tantas ganas de vivir? Ella.
Tenía que encontrarla; pedirle perdón, si hacía falta tocando el frente al suelo, decirle que no volvería a menospreciarla e implorar su perdón. Necesitaba tener la al lado, necesitaba que le perdonara; si no lo hacía, no sabía qué sería de él… Tan acostumbrado como estaba a la vida del dojo Kamiya, no se imaginaba tener que volver a errar de nuevo. No sin ella.
El hombre con la cicatriz en forma de cruz siguió avanzando, imperturbable, con sus cinco sentidos alerta, y el sexto, nacido a partir de su entrenamiento, más vivo que nunca. ¿Estaría allí realmente Soijirou? No podía permitirse el lujo de dejarle escapar; si era cierto que realmente había sido compañero de viaje de Kaoru, eso significaría que tendría noticias recientes suyas. Aunque sólo dijera 'ella está bien', él se sentiría totalmente agraciado.
Siguió andando. Tuvo algún que otro problema durante el recorrido, puesto que gran parte del escondite subterráneo había sido totalmente destruido por la explosión final, al final del combate. ¿Estaría aquí Soujirou? Y de ser así… ¿estuvo él con Kaoru?
Finalmente, el rurouni llegó al lugar donde meses atrás se dispuso el combate con el Destino de Japón como galardón (aunque ni el propio país llegó a saberlo nunca; la policía bien que se preocupó de ello NA2). Sus oídos percibieron, no muy lejos, un ruido de crispación. ¿Una hoguera? Pensó él, soprendido Masaka…
Kenshin aceleró el paso, y dando un prominente salto (recordad que el puente de salida quedó literalmente destrozado) llegó hasta el mismísimo campo donde, quién sabe, quizás aún había restos de sangre por parte de él o Shishio. Sin embargo, eso no fue lo que le llamó la atención. Lo que le llamó la atención, o mejor dicho, quien le llamó la atención era una silueta oscura que estaba justo en medio del campo de batalla, de espaldas a él, con un fuego delante. Consecuentemente, él no pudo verle la cara. Sin embargo, la silueta se giró y se levantó.
"¿Quién anda ahí?" murmuró una voz fría. Kenshin sintió un pequeño escalofrío al notar esa mirada tan hostil, entre las tinieblas. No pudo evitar sonreír.
"Soujirou"
Tensen no Soujirou se miró al recién llegado, con los ojos agrandados, no menos sorprendido "¿Himura?"
"Konbanwa" dijo el rurouni, acercándose más a él.
"Konbanwa" respondió Soujirou.
"Sabía que le encontraría aquí, Soujirou" murmuró Kenshin por lo bajo, mientras por un instante sus recuerdos volvían a perderse para volver de nuevo a su cauce.
Soujirou le miró sin entender. Kenshin sonrió; ese Soujirou no es que fuese un libro abierto, ni la persona más entusiasta del mundo en cuanto a emociones, pero pudo notar en un instante que su 'máscara' casi no existía; antes estaba sorprendido, ahora confuso y por el leve fruncimiento de ceja, seguramente sospechaba algo, sabiendo quizás el motivo de su llegada. Sin embargo, todo esto nunca jamás hubiera podido deducirlo en su última batalla.
"¿Y quién le facilitó esa expresión?" respondió él, cortésmente "Siéntese, Himura-san, precisamente ahora acababa de cenar; ¿tiene hambre?" dijo él, ofreciéndole un poco de cena que el rurouni, con un prominente 'domo arigatou, de gozaru yo' agradeció sin chistar.
"¿Qué tal le va todo, Soujirou?" preguntó Kenshin, sonriente.
"Bien. Desde que…" su tez se ensombreció levemente "desde ése día no había vuelto a pisar un pie en kansai. Y aquí me tiene; aproveché que…" Kenshin le miró de reojo, observando como titubeaba levemente "Bueno, una serie de coincidencias hicieron que me decidiera a venir aquí de nuevo. Y aquí me tiene. ¿Puedo preguntarle ahora a qué debo su visita, Himura-san?"
Él asintió. Ambos estaban sentados, uno delante del otro; se encontraban algo extraños, teniendo en cuenta las circunstancias bajo las cuales se encontraban la última vez, totalmente diferentes a las del momento "Sessha y mis amigos hemos venido desde Tokio siguiendo el rastro de Kaoru-dono. Creo que no tuvo el placer de conocerla en Kyoto" dijo él, con un tono inexpresivo.
Soujirou le miró y sonrió "No, no tuve ese placer"
"Verá, ella es una buena amiga y estamos todos preocupados por ella. Seguimos su rastro, pero lo perdimos a las afueras de Kyoto. Sano –estoy seguro que lo recuerda- oyó decir a unos aldeanos que Kaoru-dono les había salvado de un gran problema, en el cual también contribuyó en gran medida cierto rurouni. Según la descripción que los aldeanos nos dieron, tanto Sano como yo pensamos al instante en usted, Soujirou" Kenshin hizo una pausa. Soujirou le miraba a través de la sombra del fuego, con una mirada inexpresiva "Tan sólo he venido a preguntarle acerca de si era usted quien acompañó a Kaoru-dono, y si de ser así, podría facilitarme algún dato acerca de su paradero, de gozaru yo"
Hubo unos instantes de silencio. Kenshin le miraba fijamente, Soujirou también. Finalmente, Soujirou cogió el vaso de te que estaba bebiendo y sorbió un poco, paulatinamente, sin ninguna prisa "Hai"
El corazón de Kenshin se aceleró. Así que sus sospechas eran ciertas. Un cúmulo de emociones le atravesó al instante; la persona que tenía delante había visto a Kaoru, ¡había viajado con ella! De seguro tendría un sinfín de cosas que contarle "¿Sabe adónde se encuentra ahora?"
Soujirou permaneció unos instantes en silencio "¿Me permite una pregunta, Himura-san?" el rurouni asintió "¿Por qué se fue Kamiya-san de su dojo?"
Kenshin le miró sorprendido. No era de su incumbencia, mas no podía responder eso al hombre que estaba a punto de decirle el posible paradero de Kaoru-dono, de su Kaoru-dono "Se fue de viaje de entrenamiento, de gozaru" murmuró él, diciendo lo mínimo.
Soujirou sonrió tristemente "Sou da ne. Kamiya-san me pareció realmente una gran persona, Himura-san" Kenshin le miró, sin entender, y él prosiguió "Su mirada lo decía todo: pude ver que había sufrido, pero veía también que su sufrimiento daba paso al valor. Realmente no dudó en ningún instante en lo que creía, ni en el rumbo en el cual…"
"¿Entonces sabe adónde se dirigió?" preguntó el rurouni.
"Eso depende" respondió Soujirou.
"¿De qué?"
"Depende de para qué quiere la información. ¿Para arrastrarla de nuevo hacia su casa? ¿Para dejarla tranquila? ¿Para hacerle una visita de cortesía? ¿Para que usted y sus amigos vayan a verla? ¿A hacerla enfadar? ¿A desmotivarla? ¿Para qué quiere saberlo, Himura-san?"
Kenshin le miró estupefacto. ¿Cómo era posible que le importara tanto? Eso no entraba en sus expectativas. Sin embargo, no dejó que le pillara en su juego, así que simplemente sonrió como era habitual en él y contestó "Simplemente para saber si se encuentra bien y necesita algo, de gozaru yo. Además, creo que los demás también tienen ganas de verla"
"Sou" dijo él, aún con el rostro levemente serio. Recogió lentamente sus cosas y las introdujo en su pequeña bolsa de lana, que se colgó a la espalda. Finalmente, apagó el fuego. Ambos se quedaron a oscuras; ni la luna les sonreía "Verá, Himura-san. No tenga nada especial a favor o en contra suya ni de Kaoru-san, pero la persistencia y fuerza con las cuales afrontó la prueba de admisión de Hiko-san me resultaron verdaderamente asombrosas. Le diré adónde se fue, aunque eso no significa que siga estando all
Por unos instantes, el hombre de la cicatriz pareció totalmente desorientado "¿Qué prueba de admisión? ¿Y de shishou?"
Soujirou asintió "Hai. Kamiya-san quería ser su discípula"
CRASH.
Algo en el interior de Kenshin se rompió.
"Pero… shishou nunca… jaja, entrenando a una mujer. Shishou antes se ahorcaría…" murmuró él, más para él mismo que para Soujirou. Ni el propio Kenshin sabía por qué había reaccionado así. Simplemente… era lo que su corazón decía, ¿o era lo que decía su cerebro? Ambos dogmas podían ser muy diferentes.
"Pues al parecer Hiko-san es más complejo de lo que usted cree, porque Kamiya-san superó la prueba de admisión. Actualmente está bajo la tutela de Hiko-san. El último lugar donde la vi fue en la cabaña de Hiko-san" murmuró Soujirou, sin inmutarse. Tal vez no tendría que haber dicho esto último, aunque al parecer él no se había dado cuenta que, teóricamente, él dejó a Kaoru antes de saber el veredicto de la chica. El único motivo por el cual Soujirou sabía que Kaoru había sido aceptada era porque, aunque no lo reconocería ante nadie, esa misma mañana, asegurándose de que Hiko no le percibía, les fue a echar una ojeada (o espiar, como prefiráis), y comprobó con alegría como la chica se entrenaba con el maestro, cosa que sin lugar a dudas significaba su admisión.
El rurouni, sin embargo, tenía demasiado peso encima de sus hombros como para darse cuenta de algo tan insignificante.
CRASH-CRASH-CRASH-CRASH.
El ex Tenken miró al ex hitokiri. Jamás imaginó ver a Himura en ese estado, nunca. Sin embargo, ahí le tenía. Totalmente perdido en sus pensamientos.
Kaoru está con Hiko. Está entrenándose. ¿Es que no quiere regresar? ¿Hasta tal punto la herí?
Imágenes de Kaoru llorando, haciendo el viaje totalmente sola y desamparada, intentando resistir los duros entrenamientos a los cuales Hiko seguro le sometía empezaron a pasarle como rayos por su cabeza, uno tras otro, masacrándole por dentro.
Mi culpa.
"Sólo…" Soujirou se giró por última vez. El rurouni seguía sentado, con la mente perdida "Sólo quería decirle una cosa, Himura-san. No sé si soy quién para hacerlo, pero creo que hablo en nombre de Kao- Kamiya-san cuando digo que… 'confíe en ella'. Tengo la extraña sensación de que si ninguno de ustedes hubiera dejado de confiar en ella, nada de esto hubiera ocurrido"
"…" fue la única respuesta del pelirrojo.
"Jya ne, Himura-san"
No le respondió. Realmente, ni le había oído. Lo que sí había oído había sido la última frase: 'confiar en Kaoru'. Tan fácil como eso, tan simple como eso; confiar en ella, tanto como mujer como espadachina, tanto como amiga como maestra del Kamiya Kasshin-ryu. Tan fácil como eso. Y todos seguirían en el dojo, durmiendo apaciblemente.
Culpa mía.
¿Por qué no confié en ella?
Superó la prueba de admisión
Kaoru…
…actualmente, está bajo la tutela de Hiko-san…
Kenshin apretó los puños y se levantó de un sopetón.
El último lugar donde la vi fue en la cabaña de Hiko-san
Tenía un nombre. Tenía un lugar.
No cometeré el mismo error dos veces.
Y así pues, sin esperar nada ni nadie, Kenshin emprendió su viaje con paso firme hacia la cabaña de Hiko. Sabía que no estarían allí, pero también sabía una cosa: Hiko habría supuesto que si él les seguía la pista, el primer lugar donde acudiría sería a su cabaña. Así pues, Kenshin sabía con certeza que no se encontrarían allí, sino en otro lugar. Su segundo lugar de entrenamiento, al que el maestro nunca le llevó; sin embargo, eso no significaba consecuentemente que él no supiera donde estaba…
Sólo espérame, Kaoru. Pronto nos veremos.
CONTINUARA
NA1: Monte Hiei: ¡no, no Hiei de Yuu Yuu Hakusho! El monte Hiei era el monte donde moraba el escondite de Shishio y CÍA, y por consiguiente donde él y Kenshin lucharon su batalla final (con el Destino de Japón en sus manos, blah blah… XP).
NA2: Sucesos ficticios y no ficticios del universo RK: Watsuki juega a menudo con los sucesos históricos y los ficticios en Rurouni Kenshin. De hecho, gran parte de la primera saga de Kyoto, por no decir e 90 estaba basado en hechos reales, aunque modificada un poco (por ejemplo: en la realidad, en la historia de Japón, fueron esos bandidos los que asesinaron a Toshimichi Okubo, si bien que al manga fue Soujirou –invención). Además de esto, para no tocar la historia, Watsuki dijo por boca de Chou (cuando llegó después de finalizar la saga de Kyoto, diciéndoles a todos qué había sucedido con el Juppon Katana) que Houji se había suicidado, precisamente por el motivo que el propio Gobierno quiso esconder los hechos. Así, Watsuki creó con la primera temporada de RK una 'sub-historia histórica' del pasado de Japón, y que quedó totalmente en las sombras al morir todos –menos Chou, Sou y Anji. Así pues… ¿quién nos dice que eso no sucedió? (¿alguien se imagina que realmente existiera Shishio y Kenshin? Kyaaaa…) Chanchanchan…
Juppon Katana: eum, como no me fío mucho de los nombres que pusieron en Canal cuando emitieron 'El guerrero samurai' (grrr) aquí en España, no me fío mucho de que ése sea el nombre correcto. A ver, lectores queridos míos (XD), ¿la banda de Shishio se llamaba Juppon Katana? Por deducción yo diría que sí, ya que si se traduce como 'Los diez espadas', y sabiendo que 'ju-' es diez, y katana espada/s, pues… ¡espero no haberme equivocado! U.U!
Jiiya: en japonés, de forma cariñoso se dice 'abuelo, abuelito' como jii-chan. Como Rurouni Kenshin se sitúa en una época distinta del Japón actual, con variaciones no sólo dialectales por parte de la zona de kansai (recordad que Misao y CÍA son de Kyoto, zona de kansai, y que allí se habla con el Osaka-ben –creo yo-). En la primera aparición al manga de Okina (volumen 9 si no recuerdo mal), Misao le llama por 'jiiya'. Seguramente los de la editorial se equivocaron al escribirlo, y creyeron que Okina se llamaba Jiiya. Así que según estas bases, y teniendo en cuenta que entre Jii-chan y Jiiya no hay tanta diferencia, lo he dejado así :).
Notas de la autora:
Fiu, este capítulo sí que se ha hecho más largo que los demás, casi 10 páginas (la media son 7 u 8), supongo que estaréis contentos (más os vale xD). Primero, muchas gracias a todos los que siguen mi historia, en serio, de no ser por los ánimos… ¡argh! En fin, aquí tenéis el noveno capítulo, espero que no haya decepcionado a nadie.
En respecto al capítulo me quedan por comentar dos cosas: 1) el modo respetuoso-de usted- en que se tratan Kenshin y Soujirou. Me parece un poco exagerado (me resulta raro que alguien le hable de Usted a Sou) pero de hecho, en el manga ya lo pusieron así, y teniendo en cuenta lo respetuosos que son los nipones, y que entre ambos no es que haya mucha relación, pues…
Segundo: en este capítulo ha aparecido, por primera vez, una cosa BASTANTE importante con el fic en si, sobretodo con el título 'Entre la flor y el sauce'. Más de uno se pregunta y más de uno me preguntó a qué aludía este título; bien, pues, la 'verdad' de Kaoru de la que hablaba Hiko no es otra que esta (de aquí también viene el título del capítulo 'Su verdad'). De hecho, la idea en si me parece algo semejante a la 'verdad' que tanto busca Soujirou, pero no en el sentido en el que el 90 de vosotros pensáis. ¿Lo entendéis? Supongo que no; mejor XD. Lo entenderéis a su debido tiempo, ¡y creedme que tengo muchísimas ganas de narrar esa parte! Fue la que me inspiró la idea general del fic. A partir de esa idea nació el fic en si :) Así que… ¡atentos!
En el décimo capítulo (we we, ya hemos llegado al 10!!): 'El reencuentro' no creo que haga falta decir mucho más, ¿ne? … MUAHAHAHAHAHA!!!! Ya sabéis, cuantos más reviews, antes veréis a la parejita de Oro juntos de nuevo!!! :D!!!
Y paro ya, que esto se ha alargado demasié. Salu2 a to2!!!!
CiNtUrO-cHaN
19 de Noviembre del 2004
