Capítulo 23: ¿Las vacaciones de Akatsuki? Empieza la guerra interna...

A lo lejos se escuchaban los pasos de los shinobis acercándose a donde nos encontrábamos, por lo que no había tiempo que perder. Le dirigí una mirada significativa a Yami y ella asintió. Al segundo después, Yami ya no era esa enorme gata, sino una gata normal y corriente. Todos la miraron, interrogantes.

- No hay tiempo para explicaciones. Ya se acercan – les dije rápidamente, a la vez que acercaba mi dedo pulgar a la boca y me hacía un pequeño corte.

Me acerqué sin perder tiempo hacia ellos y, uno a uno, les dibujé una media luna junto a una estrella en la frente. Cuando ya terminé, hice lo mismo conmigo. Después hice unos extraños sellos y pronuncié unas palabras en el idioma de mi clan.

A la vez que realizaba el ritual, mis oídos captaban los pasos de los shinobis cada vez más cerca. Tenía que apurarme.

En el momento que mis labios dejaron de articular palabra alguna, todos los miembros del Akatsuki nos fuimos empequeñeciendo y cambiando de forma hasta convertirnos en gatos. Todos me miraron, interrogantes y furiosos al mismo tiempo.

- Era la única forma de salir con vida de aquí – me excusé.

- ¿La única forma? Suponiendo que esa técnica sea la que yo creo, ¡estaremos 4 años con éste aspecto! – me gritó Pein.

- Shh, silencio. Ya se acercan los de Konoha – les dije – Y ni se os ocurra abrir la boca delante de ellos. Si lo hacéis pensaran o bien que somos espías de otras villas o que pertenecemos a mi clan. Aunque, al menos al del clan Inuzuka, le parecerá sospechoso ya que no solemos separarnos. De todos modos, tenéis que anular vuestro chakra, sino se darán cuenta de quienes somos. Y otra cosa, no os preocupéis por el olor, ésta técnica te convierte en un gato, y el olor viene incluido.

Entonces aparecieron. Los lideraba un chico rubio de ojos azules. Era Naruto. Justo al lado suya se encontraba Sakura y detrás de ellos venían todos los demás. La chica nos miró con ternura y se acercó a mí.

- ¡Qué monos! – gritaron todas las chicas y, al segundo después, nos encontrábamos rodeados de todas las kunoichis.

- ¿De qué raza serán? Tienen unos colores muy raros. Raro para los gatos, quiero decir – decía la pelirrosa, extrañada.

Y tenía razón. El líder era completamente naranja. Cada uno era del color de su cabello, aunque algunos sólo tenían mechones de ese color. Era el ejemplo de Deidara, que tenía diferentes tonalidades de rubio y en la punta de sus orejas había mechones de pelo dorado. También tenían diferentes tonalidades de color Sasori, Konan e Hidan. Los más raros eran Pein, Zetsu, Konan y Kisame. Lo más normales eran Yami, Tobi, Kakuzu e Itachi. Mientras que los más bonitos eran Sasori, Deidara e… Hidan. Me quedé unos segundos embobada contemplándole. Su pelo era negro con mechones plateados. Nunca había visto nada igual. Cuando él se giró para mirarme, yo aparté rápidamente la mirada. No quería mirarle. No quería quedarme atrapada nuevamente en esos ojos violetas.

- Me encanta este – dijo, a la vez que cogía a Yami entre sus brazos – Creo que la llamaré… Yami.

- Sakura, no eres muy original. Sólo porque sea totalmente negra no puedes llamarla así – le recriminó una chica rubia y ojos azules.

- Pero me gusta el nombre. Además, es el único que le pega – le respondió, firme en su decisión.

- ¿Para qué le pones nombre? No te los vas a llevar… - le dijo Kiba.

- ¿Cómo que no? No los pienso dejar aquí solos. Son solo unas crías… - le reprochó al Inuzuka, con enfado. Éste nos dirigió una mirada cargada de asco, pero no dijo nada más.

- Entonces, decidido. Yo me llevaré este – comunicó la rubia, cogiendo en brazos a Zetsu – Tiene el mismo color que las plantas, me gusta.

- Entonces, yo cogeré al gato azul, es muy mono – Kisame era recogido por una chica de ojos blancos como las perlas y de un cabello largo y azul.

Un chico con la ropa extravagantemente verde se acercó a nosotros y se puso de cuclillas. Nos estuvo observando durante un minuto. Finalmente se decidió por Kakuzu. Una chica que tenía el pelo recogido en cuatro coletas, se acercó sin vacilar a Deidara y lo cogió cariñosamente entre sus cálidos brazos.

- Todos están ciegos. Tú eres el más mono de todos – le dijo, provocando que un leve rubor recorriera por sus mejillas.

- ¿Tú también quieres un gato? Qué problemático – se quejó un chico moreno, a la vez que se acercaba a la chica y la cogía por la cintura.

- No te quejes tanto. No te preocupes, yo me encargaré de él – le tranquilizó con una sonrisa.

- Me voy a poner celoso – le dijo, dándole una sonrisa de medio lado, burlón.

- Sólo es un gato – se rió.

Me fijé que cada vez había menos y que, entre ellos, se encontraba Hidan. Y lo último que quería era estar en la misma casa que él. Aunque, por suerte, todos estaban cogiendo uno.

- ¿Por qué cogéis uno solo? Yo me llevaré dos – dijo un hombre peliplateado.

Mi corazón empezó acelerarse.

- (Llévatelo a él y a otro más, pero a mí no) – rezaba.

Y entonces el hombre hizo su elección. Se acercó a mí y yo sólo pude cerrar los ojos. Cuando los volví a abrir, comprobé con alivio que el hombre se había llevado a Konan y a Tobi.

- ¿Qué? ¡Eso no vale! Si tú coges a dos, yo también – a penas me di cuenta, ya estaba en los brazos de Naruto y, al ver quien iba a ser mi compañero, mi corazón se paró por unos segundos. Y al poco, volvió a acelerarse alocadamente. Mi compañero iba a ser Hidan. No quería verle, por lo que miré a los que quedaban – Los que estáis ciegos sois vosotros. Estos son los más guapos. ¿Cuándo habéis visto a uno plateado y negro y a otro con tonalidades de marrón?

- Entonces me llevaré a éste – Sasuke se acercó a Itachi y le cogió sin ninguna delicadeza por el pellejo, provocando que a Itachi se le escapara un maullido ahogado – Le llamaré Itachi, no hay mejor nombre para un animal – decidió, mirando con desagrado y odio a mi hermano.

Yo no pude evitarlo por más tiempo. Sin darme cuenta de lo que hacía, le enseñé mis afilados colmillos y de mi garganta salió un sonido amenazador, haciendo que se sobresaltara. Sakura se acercó corriendo a él y le quitó suavemente a Itachi y lo colocó con suavidad entre sus brazos, junto a Yami.

- Parece que no has cambiado en nada. Sigues siendo igual de delicado que siempre – ironizó la chica.

- Y eso te gusta, ¿no es así? – le respondió el chico con una sonrisa de medio lado, pero, para equivocación suya, la chica no se sonrojó, sino que le dirigió una mirada cargada de odio y desprecio – Has cambiado mucho, Sakura…

- Más de lo que piensas, Sasuke.

Había mucha tensión en el ambiente. Todos miraban a esos dos chicos, inquietos al no saber que podrá pasar. Miré a Itachi, quien me sorprendió enormemente su mirada. Él miraba fijamente a su hermano… con desprecio y odio. Nunca le había visto así y algo me dice quien es el culpable, o mejor dicho, la culpable de su cambio de actitud hacia su hermano menor.

Miré a los demás akatsukis. Todos se encontraban igual que mi hermano. Todos ellos miraban con desprecio al chico de ojos nocturnos. Ése chico tenía un don, al igual que la joven pelirrosa. En solo unos segundos se había ganado el desprecio de todos los akatsukis, mientras que la chica, en solo unos segundos, los tenía de su lado.

- *Chicos, cálmense. Recordad que ahora sois gatos. Actuad como tales o nos descubrirán, o mejor dicho, nos descubrirá* - les comuniqué telepáticamente a todos, a la vez que les mandaba una imagen con mi mente de Kiba - *No os preocupéis por no poder hablar, podéis hablaros como lo estoy haciendo yo con vosotros. Aunque ahora no sepáis como. Sólo es cuestión de práctica. Pero eso sí, no lo intentéis ahora ya que podréis equivocaros y descubrir vuestros pensamientos más íntimos. Y dudo que queráis eso.*

Todos se relajaron de repente, por lo que suspiré aliviada. Ahora miré a al chico que me sostenía entre sus brazos y él me devolvió la mirada. Me introduje en su mente y le conté mi petición.

- Ey, Sasuke. Supongo que no te vendrás con nosotros. Así que, ¿por qué no te vas ya y sigues buscando a tu hermano? – le dijo el rubio a petición mía, con mirada seria.

Todos le miraron sorprendidos, incluso el propio Sasuke. Y era normal, seguramente el chico sería incapaz de hablar así a Sasuke, pero en estos momentos Naruto no era conciente de sus actos. En ése momento solo era una marioneta en mis manos.

- Siento desilusionarte, pero me iré con vosotros. Itachi irá a por ti. Así que lo esperaré en Konoha – le contestó tras reponerse de la sorpresa, a la vez que yo salía de la mente de Naruto.

- ¿En serio? – el rubio sonrió ante lo dicho y se mantuvo así por un tiempo, hasta que finalmente continuó, aunque no iba a decir lo que todos pensaban – Te abrazaría ahora mismo pero con los gatos no puedo…

Los ninjas se cayeron al estilo anime, para después romper en carcajadas. Ése es nuestro Naruto, eso era lo que pensaban todos.

- Entonces le llevaré a Kurenai-sensei el gato naranja – dijo Sakura, acercándose a él para después agacharse para estar a su altura – Vamos, sube minino.

Pein obedeció a regañadientes y se acurrucó entre sus brazos, junto a Itachi y Yami. Y entonces todos partimos hacia Konoha. Mientras íbamos de rama en rama, nadie decía nada. Pero todos tenían algo en común esos momentos. Todos ellos miraban fijamente y con desconfianza al nuevo integrante del grupo. Todos excepto Naruto, a quien podía escuchar perfectamente su corazón palpitando de una alegría desbordante. La pelirrosa se dio cuenta que todos miraban a Sasuke, por lo que quiso distraerles un poco.

- Oye, Kiba. ¿De qué razan son? – preguntó, refiriéndose claramente a nosotros.

- No estoy muy seguro. No sé mucho de gatos pero por sus características diría que son gatos comunes, al menos los de negro. Pero los demás… tienen unos colores muy raros. El rubio podría ser un mao egipcio pero con tonalidades de rubio mayores. Pero los demás no sé… - le respondió, dubitativo.

- ¿Y ése? Tiene el pelo más largo que los demás… - volvió a preguntar, señalándome.

- Ése es sin duda un persa, la mejor raza en mi opinión. La verdad es que es el más bonito de todos… Quiero decir, la más bonita.

- ¡Pues claro que es la más bonita! La cogí por eso, al igual que el otro. – contestó el rubio hiperactivo.

- Mmm… Ahora que lo pienso. Las hembras cuando tienen el celo se apegan a los chicos… - comentó la joven jade, pensativa.

- ¿Qué? – Naruto se puso tenso.

- Tienes suerte, Naruto. Ahora tendrás una chica loca por tus huesos, ¿no es eso lo que querías? – le dijo un chico de tez pálida y ojos negros como la noche, al igual que su corta cabellera.

Todos empezaron a reírse de Naruto al ver su expresión asustada. Incluso los akatsukis se reían de él. Bueno… todos menos Hidan, a quien no le agradó nada lo que dijo el chico. Cuando quise darme cuenta, nos encontrábamos a las puertas de Konoha. Algo me decía que nuestra estancia allí no iba a ser muy placentera. Algo me decía que a partir de aquí las cosas iban a cambiar, para mejor o peor, no lo sabía… Pero suceda lo que suceda, aquí comienzan las largas vacaciones de akatsuki. En la villa donde comenzó todo…