Capítulo 24: La vida poco lujosa de un gato doméstico

Nunca creí que volvería a este lugar. Ni mucho menos que volvería junto a ellos. Sinceramente, pensé que logré olvidarlos… que logré olvidarle… ¡Qué estúpida fui al engañarme de esa manera! ¡¿Olvidarlos?! Ja. Ese plan iba derecho al fracaso incluso antes de ponerlo a prueba y yo lo sabía. Entonces, ¿por qué lo hice? La verdad, desconozco la respuesta por completo. Tal vez fue para probarme a mi misma que me era imposible, que no podía vivir sin ellos, sin él, sin aquellos a los que verdaderamente consideraba mi familia, que no me daban la espalda. Perfectamente podían haberse negado a que yo volviera, pero no lo hicieron, al contrario, me dieron la bienvenida con los brazos abiertos. Incluso me atrevo a decir que algunos ya sabían de antemano que iba a volver, por sus rostros carentes de sorpresa y cargados de autosuficiencia.

Y ahora me hallaba aquí, en Konoha, donde tuvo lugar nuestro primer encuentro. Pero no en forma humana, sino de gato… doméstico. Siempre me entró curiosidad por saber como se sentía al ser un gato doméstico. Un gato que no tiene que buscarse la vida ni arriesgarla por comida. Un gato que siempre tiene compañía y amor por doquier. Se podría decir que eso es un lujo que nosotras, las Neko, no podemos permitirnos. O al menos eso creía. Porque en ese momento, oficialmente, era una gata doméstica. Pero estaba equivocada en una cosa… no era un lujo.

Frente a nosotros, los Akatsuki Nekos, se cernía majestuosamente una chica morena, la cual tenía como una especie de colmillos rojos dibujados en sus mejillas. Al ver sus ropas pude comprobar que también era una kunoichi, pero esa bata nos decía otra cosa más… también era una veterinaria. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, la igual que mis compañeros. No por el hecho de que era veterinaria, sino por lo que sus manos sostenían firmemente. Una jeringuilla. Nunca había visto una, pero era verdad lo que decían los niños de la Villa de la Nube. Era enorme y por qué no, también daba miedo.

- *Me niego a ser el primero* - escuché que pensaba Tobi, el gran Uchiha Madara, según él.

Me hubiera reído, sino fuera porque todos, incluida yo, pensaban lo mismo. Sentí como unas manos se cernían a mi alrededor y me llevaban junto a la chica. Giré mi pequeña cabeza para ver quien iba a ser el primero al que iba a matar dentro de cuatro años. Se trataba de Naruto, mi nuevo dueño. Como odiaba esa palabra, dueño. Ahora entiendo los sentimientos de todos los gatos domésticos. Todos ellos tenían que pasar por esto, todos tenían que pasar por las manos de un veterinario. Sentí las miradas de todos sobre mí, compasivos.

- Los primeros serán los míos, para que así den ejemplo de su valía y veáis que son los mejores que los vuestros – decía Naruto, muy orgulloso de sí mismo y de nosotros.

Miré a Hidan, quien se había quedado estático por las palabras del rubio. Y no me extrañaba. Después de todo, no era conciliador saber que ibas a ser el siguiente.

- Vaya, ¡qué gata más preciosa, Naruto! ¿Dónde la has encontrado? Es muy raro ver por la calle a un persa – le preguntaba a Naruto, sorprendida, a la vez que depositaba sus frías manos sobre mi cuerpo.

- La verdad es que nos sorprendió bastante encontrar a una familia de gatos en mitad del bosque, es muy raro – le respondió.

Sus manos me acariciaban la nuca con suavidad, por lo que no pude evitar el cerrar los ojos y dejarme llevar por esa agradable sensación. Cuando quise darme cuenta, ya me hallaba junto a mis amigos de nuevo. Hidan fue el siguiente. Contemplé con una sonrisita en los labios como Hidan se revolvía en los brazos del rubio. Cuando estuvo entre las manos de la chica, Hidan cerró los ojos y se dejó acariciar mansamente.

No sé como describir lo que sentí en aquellos momentos. ¿Rabia? ¿Impotencia? Lo único que saqué en claro era que odiaba a aquella chica y que tenía unos incontrolables deseos de acabar con ella en esos momentos. Y lo hubiera hecho, sino fuera porque Deidara, Sasori e Itachi me sujetaron por la cola.

- *Mitsuko, cálmate. Hidan seguro que hubiera hecho lo mismo de haberte tocado un hombre* - me dijo Deidara, por lo que me sorprendí. ¿Cómo era posible que se haya acostumbrado tan rápido a hablar de esta manera sin mostrarnos todos sus pensamientos?

- *Deidara tiene razón, así que cálmate, no te pongas celosa* - me intentó tranquilizar Sasori, pero sin mucho éxito.

- (¿Celosa? ¿Yo? Odio a Hidan por lo que me hizo, ¿cómo voy a estar celosa? ¡Qué esa chica le toque lo que quiera, me da lo mismo!) – pensé, furiosa.

Así que me tumbé y cerré los ojos. Uno por uno fueron pasando por las manos de la veterinaria y yo permanecí todo aquel tiempo con los ojos cerrados, esperando a que este sentimiento se desvaneciera por completo. Pero cada vez fue peor. Mi mente me jugaba una mala pasada, no dejaba de mostrarme aquellas imágenes una y otra vez. Una voz hizo que abriera los ojos.

- ¿Ya has terminado, hermana? – era mi primo Kiba, pero lo que me dejó más sorprendida fue el como la llamó. ¿Esa chica era mi prima?

- No, solo he puesto las vacunas, me falta el chip – le contestó.

- Déjamelo a mí, tú descansa – no sabría decir quien estaba más sorprendida, si ella o yo.

- Está bien, te lo dejo a ti – pudo decir a duras penas. Se acercó a paso lento a un armario de cristal y sacó una nueva jeringuilla, pero esta vez la aguja poseía un mayor grosor – Aquí tienes, nos vemos.

Y salió de la habitación. El Inuzuka se acercó a Kurenai y empezó a hacerle unas preguntas a la vez que escribía las respuestas en el ordenador. Cuando hubo terminado, se acercó a nosotros y cogió al primero que se encontraba más cerca, Pein. Mi primo empezó a hacerle un pequeño masaje en la nuca para después inyectar la aguja con el chip. Después se acercó a Temari y le hizo las mismas preguntas. Yo tan solo esperé sentada a que llegara mi turno.

Al cabo de una hora por lo menos, llegó nuestro turno. En esta ocasión escuché atentamente las respuestas de Naruto y atiné a escuchar nuestros nuevos nombres. Hime y Ooji. Definitivamente este chico no tenía nada de imaginación para los nombres. Por un momento me dieron lástima sus futuros hijos. La suerte que tenía Itachi. Al menos a él le han llamado de la misma forma.

Miré como se acercaba Kiba a nosotros y, para mala fortuna, cogió primero a Hidan. Los primeros serán los últimos, supongo. Cuando por fin llegó mi turno, sentí que Hidan no me quitaba los ojos de encima. Bueno, más bien no le quitaba los ojos de encima a las manos de Kiba, que empezaron a toquetearme a lo largo de mi lomo. Cerré los ojos con el fin de no mirarle y así relajarme antes los masajes de mi primo. Pero de nada sirvió ya que una poderosa sensación de celos me inundó. Era obvio que esos sentimientos no eran míos, sino de Hidan. Al parecer era el único que todavía no sabía comunicarse apropiadamente. Levanté los párpados con pesar y fijé mi mirada en mis amigos, para comprobar que estén preparados en el caso de que se abalance contra el pobre Kiba. Pero ninguno le prestaba atención, todos ellos se encontraban tumbados y con los ojos cerrados.

- (Es imposible que no lo perciban, pero entonces, ¿por qué están tan relajados? La única explicación es que no lo hayan percibido pero eso… ¿Por qué solo yo puedo? Tal vez… no, eso es imposible, yo no le amo, no siento ese tipo de afecto hacia él. Pero es la única explicación que le veo. Esto sola me pasa con Yami y… me pasaba con mi hermana) – no sabía que pensar, lo único que tenía claro es que no volvería con él, por muy celoso que esté.

Cuando hubo terminado, cada ninja cogió a sus "mascotas" y nos fuimos todos juntos al exterior del edificio. Cada uno fue a su casa y después de un largo rato, llegamos a nuestra nueva casa. Naruto nos dejó en el suelo de la entrada y nos explicó como si fuéramos unos niños donde estaba la comida y demás. Yo no le presté atención ya que no podía apartar la vista de su casa. Era… era… una completa bazofia. ¿Cómo podía un ser humano normal vivir aquí? ¿Y éste era el lujo? De seguro que los demás estarán viviendo en una linda casa ordenada.

Con un amargo suspiro, me encaminé hacia lo que iba a ser mi cama y me tumbé cuan larga era. Vi como Hidan se hallaba frente a mí, sin apartar su mirada de mí. Me removí un poco inquieta ante aquella mirada, hasta que finalmente, harta, le espeté:

- *¿Qué quieres? Vete a otro sitio ya que, como puedes comprobar, hay mucho espacio. Así que largo*

- *Soy un gato, no un perro. Y como tal, soy libre de ir a donde me apetezca. Además, el idiota ese solo ha comprado esta cama. Así que hazte a un lado, que estoy cansado y quiero dormir* - escuché como todos los demás Akatsuki se reían de mí. Definitivamente Hidan no sabía para nada hablar.

Tan solo volví a cerrar los párpados, en señal de asentimiento, por lo que al poco sentí el cuerpo de Hidan cerca del mío, demasiado cerca.

- *Hay mucho espacio aquí, así que ya puedes echarte un poco más lejos* - le dije, molesta.

- *Hace frío, además, tienes mucho pelo. Aquí estoy bien, gracias* - nuevas risas se escuchaban.

Me concentré en la mente de alguno, de cualquiera, con tal de olvidarme por un momento mi situación. Al primero que pillé fue a Itachi.

Itachi se encontraba en lo que parecía ser una enorme mansión junto a Sasori.

- (¡Sasori! Me olvidé por completo de él. Ahora que lo pienso, nadie le cogió, supongo que fue cuando me metí en la mente de Naruto. Menos mal que está con Itachi…) – pensé, aliviada.

Contemplé como Sasuke salía de la ducha con solamente una toalla tapándole de cintura para abajo.

- Espero que Sakura esté en su casa… - rezaba el chico, demasiado ensimismado como para darse cuenta de que estaba siendo "espiado".

- *¿Lo has escuchado, Mitsuko-nechan?* - me preguntaba Itachi, repentinamente furioso.

- *Itachi, tranquilízate. No puedes hacer nada* - le decía Sasori.

- *No le hará nada, recuerda que con ella está Yami* - le dije, esperanzada de que eso le aliviase, pero no fue así.

- *¿Y? Ella no puede hacer nada, es una gata* - como esto siguiera así iba a perder la paciencia - *¿Dónde se ha metido?*

Sasuke había desaparecido de nuestra vista. Me metí en la mente de Sasori para comprobar si había o ve algo, pero nada. De todos modos, teóricamente no había desaparecido, ya que los tres sabíamos a donde se dirigía… pero justamente eso lo hacía todavía peor. Es increíble como nos preocupamos por una persona que apenas conocemos, sobretodo como se preocupa Itachi. Por algo dicen que enemigo de mi enemigo es mi amigo, ¿no? Pero esa frase no incluye a Itachi, porque yo tenía entendido que él apreciaba a su hermano más que a nada, pero entonces, ¿por qué? No lo entendía, y algo me dice que nunca le entenderé.

Dejé de lado mis pensamientos para prestar atención a Itachi, quien se había descontrolado por completo. No dejaba de dar vueltas por la habitación del chico, y me nos estaba poniendo de los nervios.

- *¿Qué le pasa a Itachi?* - nos preguntó Pein.

Al parecer Itachi se había descontrolado hasta tal punto de que no controlaba su mente, eso era mala señal. Sentí como todos los Akatsuki estaban comunicados con la mente de Itachi.

- *Es Sasuke, ha desaparecido mientras estábamos discutiendo. Al parecer el hermanito de Itachi no tiene muy buenas intenciones con la pelirrosa esa* - les explicó Sasori.

- *Vamos para su casa* - propuso Deidara, a lo que los demás coincidieron.

- *Iie, no vais a ninguna parte. Yami se hará cargo de todo, le hará la vida imposible si es necesario* - me apresuré a decir.

- *Confiad en mí. Haré lo que esté en mi mano para que no la toque* - nos prometió Yami, quien también se había unido a la conversación.

- *Está bien. Pero estaré ojo avizor por si pasa algo y necesitas ayuda. En tal caso, nadie me podrá detener en ir a la casa de la chica* - contestó Itachi, no muy convencido.

Un escalofrío me atravesó la espina dorsal al pensar en lo que podría hacer Itachi en ese caso. Siempre había sido un hombre frío y calculador y nunca se dejaba llevar por las emociones. Pero algo en su tono de voz me dijo todo lo contrario. Si Sasuke se pasaba, las iba a pasar canutas. Y no solo me quedó claro a mí. Todo el mundo se quedó callado tras escuchar sus palabras y el tono en el que las había pronunciado. Incluso pude percibir el miedo que les recorrió a cada uno de ellos, impidiéndoles hablar.

Tuve que desconectarme al sentir un cuerpo apegándose más al mío. Al girarme pude comprobar que se trataba de Hidan, quien se había acercado a mí más de lo debido. Le miré con cara de pocos amigos, pero él tan solo se encogió de hombros. Incluso se atrevió a acercarse más todavía y me lamió la nuca con infinito cariño. Pero nada de lo que haga me hará cambiar mis sentimientos con respecto a él. Me hizo mucho daño, y él no puede pretender que me olvide de eso de un día para otro.

- *¿Qué crees que estás haciendo?* - le espeté, molesta, pero sin apartarme de él.

- *Has tenido un escalofrío, así que supuse que sentías frío* - dijo, como quien no quiere la cosa.

- *Eso lo entiendo, pero, ¿a qué vino el lametazo?*

- *Simplemente me apeteció, sino no sientes nada por mí supongo que no te importará, ¿no?* - me contestó.

Sabía que estaba jugando conmigo, pero una cosa estaba clara. No iba a caer. Me obligué a mirarle a los ojos, fulminándole con la mirada. Pero rápidamente los aparté y me acurruqué a su lado. No podía mirarle mucho tiempo a los ojos, porque por más que lo negara sabía que si lo hacía, quedaría prendada de ellos nuevamente. Por lo que me quedé a su lado. Por un lado para demostrarle que no sentía nada por él. Y por otro lado… porque tampoco podía negar que no me sentía a gusto…