Rurouni Kenshin es propiedad de Nobuhiro Watsuki, Jump Comics (Sueisha) y sus respectivos colaboradores. Esta historia sólo pretende entusiasmar a fans o futuros fans para la dicha serie, sin ningún ánimo de lucro.

Por y para fans

Datos de interés

"…" Lo que dice un personaje

Texto en cursiva Lo que piensa un personaje

-- Cambio de escena

Notas de autora: Sí, ya sé que esta vez he tardado mucho más de lo previsto. En las notas de autora del final de capítulo ya me explico; sólo quería mencionar que os he adjuntado un mini-resumen del fanfic hasta ahora para refrescaros la memoria antes de leer el capítulo. Tampoco iría mal que os releyerais el capítulo 6. ¡Nos vemos más abajo!

RESUMEN: Kaoru Kamiya abandona el dojo dispuesta a no ser más una carga, e inicia un viaje de entrenamiento hasta Kioto, con la esperanza de que Seijuro Hiko pueda entrenarla. Kenshin, desesperado por la súbita partida de la joven, va en su búsqueda junto a Sanosuke, Yahiko y Megumi. Pero cuán grande es su sorpresa al encontrarse a Kaoru bajo la tutela de su antiguo maestro. Y no sólo eso, sino que Kaoru le advierte de que se entrena para luchar contra él, y que dentro de dos lunas llenas tendrá lugar su lucha y, de no pelear en serio, Kaoru se convertirá en la discípula permanente de Seijuro Hiko XIII. Si bien Kenshin no sabe que esto último no es cierto, decide alejarse una temporada de Kaoru. A la vista de su 'enfrentamiento' en dos meses, Kaoru empieza a entrenar duramente. Mientras, Kenshin y compañía se establecen en Aoiya junto a Misao, Aoshi, Okina y los otros. Kenshin y Aoshi hablan acerca de los sentimientos de Kaoru, haciendo que el pelirrojo se quede aún más frustrado ya que, al parecer, toda la situación ha sido fruto de una serie de malentendidos por parte de él mismo y de Kaoru. Y así, los días van pasando, la fecha límite se acerca, y Kenshin está cada vez más entre la espada y la pared…

Entre la flor y el sauce

Capítulo 12 –Una noche en Gion, parte I

Escrito por CiNtUrO-cHaN

Un hombre más bien delgaducho, de mediana estatura y con rasgos marcados se apretó las muñecas que, hasta momentos antes, había tenido enmanilladas. A continuación se giró hacia el segundo hombre, alto y de complexión dura, vestido con ropajes occidentales.

"Habéis tardado mucho."

"Le pido disculpas."

"Llevo aquí encerrado semanas, ¡semanas!"

"Le pido disculpas de nuevo."

"¡¿Cómo puede costar tanto un maldito soborno hoy en día para sacar a alguien de la cárcel?! ¡¿Eh?!"

"Hemos ido lo más rápido…"

"¿Dónde demonios están mi mujer y mi hijo?"

"Como en el pueblo ya no estaban a salvo, su esposa se encuentra en la residencia habitual de Kioto. En cuanto a su hijo…"

"¿Recibió la carta que te mandé que le dieras?"

"Ha actuado en consecuencia. Se reunió con…"

"¡Cállate! Este no es lugar para…"

Los dos hombres siguieron cuchicheando, de manera que un tercer hombre, el oficial al cargo, no pudo oír nada más. A continuación, y con mucha reticencia, el oficial le entregó los pocos objetos personales que le habían confiscado al entrar en prisión al exrecluso. ¿Cómo era posible que el actual gobierno Meiji permitiera que tales hombres entraran y salieran de la prisión a sus anchas, escapando tan cobardemente de la justicia?

"El carruaje le espera afuera, Modoru-san."

"Bien. Pues no le hagamos esperar más."


El joven paseaba tranquilamente por las animadas calles de Kioto. Al principio sólo salía del ryokan donde se hospedaba de noche, sin saber muy bien por qué. Lo cierto es que aún no había recuperado toda la confianza como para pasearse por la Antigua Capital sin preocupaciones a plena luz del día; además, tampoco estaba acostumbrado a la muchedumbre y al ruido. Al fin y al cabo, Soujiro Seta se había pasado el último año de su vida errando. Y ahora, en medio de una de las calles principales de la ciudad, el ex Tenken no podía más que echar de menos la tranquilidad del campo i la sobriedad de su vida errante. Pero, tal y como había decidido noches atrás, se quedaría en Kioto durante una temporada. Le apetecía estar en contacto con la gente (aunque le costara acostumbrarse) y empezar a socializarse, ni que fuese con la dueña del ryokan. Así, tal vez, poco a poco, volvería a abrir su alma a los demás y estaría más cerca de encontrar, tal y como le aconsejó Himura hacía tiempo, su Verdad.

Así pues, con estos pensamientos en la cabeza, Soujiro iba paseando. Le rondaba la idea de ir a ver a su antiguo compañero del Juppon-gatana, Chou, más que nada para saber qué sucedía tanto en Japón como en Kioto. Aunque, eso sí, tendría que visitarlo en privado. Si bien el golpe de estado de Makoto Shishio fue perfectamente borrado de la historia, según la ley, él seguía siendo un criminal buscado.

"…si sucede algo más, Ken-san, sobretodo, hacédmelo saber, ¿ne?"

Soujiro se giró disimuladamente, mostrando un súbito interés por una paradita de okonomiyakis. Se reprendió a sí mismo por no haber estado alerta. Un poco más y hubiera seguido andando tranquilamente delante del hostal Aoiya, y ya de paso saludar a Himura, Sagara y Shinomori como si fuesen antiguos compañeros de toda la vida.

Disimuladamente, el joven miró hacia la zona en cuestión. Parecía que todos habían salido a fuera a despedir a una mujer, ya que ésta llevaba una bolsa de equipaje y la esperaba un coche de caballos.

"No se preocupe, Megumi-dono" dijo Kenshin, sonriendo. "Ya ha hecho mucho por nosotros, y sus pacientes la esperan, de gozaru yo."

Megumi miró al grupo que la despedida, no sin cierta culpabilidad. Había recibido un telegrama urgente de Oguni-sensei pidiéndole que volviera a Tokio a ayudarle con los enfermos (según parecía, la gripe empezaba a hacer de las suyas –no por algo otoño llegaba a su fin –y el pobre hombre no daba al abasto).

"Ya…" murmuró la mujer, no del todo convencida. "Si sucede cualquier cosa…"

"Te lo haremos saber" terminó Sanosuke, aburrido. "No te preocupes, Megitsune, te mantendré informada. Los pacientes son lo primero."

Megumi parpadeó. Le había venido una escena en la mente… Un diálogo parecido con Kaoru, recriminándole que su amor por Kenshin terminaba donde empezaba su deber como maestra, justo después que el rurouni se marchase hacia Kioto para combatir a Shishio. Y otro también, hablando con Sanosuke después de lo de Enishi… Cuando, finalmente, había conseguido esclarecer sus sentimientos respecto a Kenshin, renunciando a él.

¿Sabía Sanosuke el dilema por el que estaba pasando? Una vez más, su deber como médico se anteponía a sus deseos como persona, como mujer, como amiga, y tenía que irse del lugar donde más quería estar. No podía ser que Sanosuke, Sanosuke, hubiera adivinado cómo se sentía y le hubiera dicho eso para animarla, ¿cierto? Sin embargo, al alzar el rostro y ver cómo la mirada, no pudo más que aclarar sus dudas.

Megumi sonrió. "Tori-atama dándome consejos… esto no puede ser bueno, va a subir el pan."

El joven hizo como que se enfadaba. "¡Oi, kitsune!"

"¡Ohohoho…!"

Después de darle las gracias a Okina y a los demás por el alojamiento, Megumi se subió con su característica elegancia, sin mirar atrás ni una sola vez. Finalmente, ya en la ventanilla, añadió:

"Volveré para la segunda luna llena, Ken-san" dijo la mujer, muy seria.

"Eso, eso" dijo Yahiko. "No puedes perderte la lucha de Busu y Kenshin."

Kenshin desvió la mirada y Misao le dio un codazo a Yahiko por su falta de tacto. Megumi sonrió y su carruaje, finalmente, desapareció entre el tráfico de la ciudad. A continuación, Kenshin y los demás entraron de nuevo en Aoiya y, al cabo de unos segundos, Soujiro Seta salió de su 'escondite' de nuevo con la expresión ligeramente asombrada.

No lo había oído mal. Kamiya-san ha retado finalmente a Himura.

El ex Tenken miró hacia al cielo, pensativo. La última vez que había visto a Kaoru había sido cuando esta se desmayó en los aledaños de la cabaña de Seijuro Hiko, y él la llevó en brazos hasta allí. Y desde entonces ya habían pasado unas dos semanas, aproximadamente.

Soujiro sonrió interiormente. Tal vez vaya a hacerle una pequeña visita de cortesía…

Sí, un día de estos iría a hacerle una visita. Sin embargo, antes debía encargarse de algo.


Esas dos semanas habían transcurrido como si no le pasaran a ella. Kaoru prácticamente no había tenido tiempo libre como para pararse a pensar en el encuentro con Kenshin, en la lucha, en el hecho de que si no luchaba en serio ella no volvería… Nada, cero. En las pasadas dos semanas sólo había tenido tiempo para reunir la suficiente fortaleza mental y no salir corriendo del entrenamiento al que Seijuro Hiko la sometía. Si los primeros días le resultaron duros, al cabo de dos semanas los comparaba con un paseo por el riachuelo en comparación con los entrenamientos posteriores. Después de asegurarse que Kaoru cogía suficiente fondo en los brazos y piernas haciendo que realizase el ejercicio de los 'saltitos' alrededor de la montaña, el próximo punto de la semana fue aumentar el ritmo y empezar con las técnicas de kenjutsu puestas en práctica; es decir, luchando contra Hiko-shishou. Como resultado, Kaoru había ganado mucho en masa muscular (lo cual influenciaba en su agilidad y rapidez) y, además, con los últimos entrenamientos, había aprendido a utilizar sus cualidades físicas con el shinai. Sí, no cabía duda que Kaoru había mejorado sustancialmente (pese a que aún le quedaba muchísimo camino por recorrer, tal y como le recordaba Hiko 'sutilmente' día sí, día también), pero al alto precio de su seguridad física y psicológica. Nunca antes en su vida hubiese creído que un humano podía albergar tantos moratones, cortes, rasguños y golpes en un solo cuerpo. El dolor empezaba a ser su compañero de entrenamientos y, lo que era aún peor, ya se había acostumbrado a ello.

"Suficiente."

Kaoru regresó al presente. Una de las consecuencias de los entrenamientos sistemáticos del maestro Hiko era que Kaoru se transportaba a un mundo interior mientras los realizaba, aunque siempre con la concentración al máximo.

"Dos minutos de agua, rápido. Aún queda trabajo que hacer antes de que se ponga el sol."

"¡Hai!"

Kaoru no se hizo de rogar, porque sabía por experiencia que cuando él decía dos minutos, eran dos minutos, ni un segundo más. En una ocasión le hizo subir y bajar la montaña el número de segundos que había llegado tarde, y la experiencia no daba pie a que sintiera deseos de repetirla. Así pues, aunque estaba exhausta, Kaoru se dirigió aprisa hacia el riachuelo próximo y se lavó la cara y el cuerpo de sudor y, finalmente, bebió un poco. Al cabo de un minuto y medio ya estaba de vuelta.

"Bueno, bueno, siéntate y respira hondo. Necesito que bajes de la inopia porque necesito todas tus neuronas funcionando, minikui deshi" dijo el hombre, sonriendo y a la vez que daba un pequeño trago a su jarra de sake.

"Hai", dijo Kaoru, tomándose su tiempo para normalizar el ritmo cardíaco. Al cabo de unos segundos abrió los ojos de nuevo. "Ya estoy recuperada. ¿Qué toca ahora, shishou?"

"Ahora, milady, toca hablar. A ti, concretamente."

"¿Hablar de qué?" preguntó la chica, extrañada.

Seijuro acercó una mano a la pierna de la chica, señalándole sus mellizos. Kaoru parpadeó sin entender.

"Ya me lo había parecido. ¿Qué es esto?" preguntó el hombre, señalándole un punto concreto en cada pierna.

"Esto es culpa o gracias a usted. Mis nuevas piernas fortalecidas" bromeó la chica, sonriendo.

"No hablo de esto, sino…" y acto seguido pulsó los músculos de la chica.

"¡Itai! ¿¿Qué hace??" gritó la chica, apartando las piernas e intentando darle una patada para que se alejara de ella. Evidentemente, Hiko la evitó. "¿¿Se puede saber qué…??"

"Eso querría saber yo. ¿Se puede saber por qué tienes los puntos vitales de ambas piernas alterados?"

"¿Cómo? ¿Qué tengo qué…?"

Hiko se señaló sus propios mellizos, indicando el lugar exacto. "Esto. El ki que todos llevamos dentro, pero por algún motivo tienes los mellizos en tensión. Precisamente la zona… y estos puntos vitales… velocidad divina. ¿Cómo es que…?"

"Ah" Kaoru parpadeó. "Ahora que lo menciona, es posible que… Seta-san me lo hizo, para ayudarme a mantener el ritmo y poder correr más rápido, aunque dijo que los efectos duraban sólo unas horas" murmuró la chica, algo preocupada puesto su maestro podía interpretar que eso había sido como hacer 'trampa' para llegar a tiempo en la carrera que le había impuesto para adoptarla como discípula.

"¿El chico que te trajo, eh?"

"Sí, Seta-san. Dijo que me ayudaría a ir más rápido, mencionó algo como 'técnica Shukuchi' y luego…"

"¿Shukuchi?" repitió Seijuro, mirando de hito a hito a Kaoru.

"¿Qué sucede? ¿Lo conoce?"

Hiko se estuvo un momento en silencio, pensativo. Shukuchi… había oído ese nombre antes. En la batalla de Kioto, después de los altercados en Aoiya y la caída de Shishio, Hiko estuvo investigando por su cuenta. Evidentemente, para manejar el shukuchi no bastaba con punzar determinados puntos de presión anatómica y ya tenías la velocidad divina; pero lo que sí que podías conseguir era insensibilizar los músculos y aguantar mejor los esfuerzos, si bien usar este método con recurrencia podría producir un desgaste muscular nefasto. Tal vez por eso le costó tanto recuperarse después del viaje…, pensó Seijuro, con la mirada perdida. Pero precisamente el shukuchi, no puede ser…

"¿Shishou? ¿Qué pasa? Hace caras raras, como si…"

Seijuro resopló. "Nada, el sake, que me ha sentado mal." Kaoru le miró en silencio, sin creerse una palabra. "En fin, centrémonos de nuevo en tus progresos; creo que ya va siendo hora que nos olvidemos un poco –sólo un poco– del físico y nos centremos más en la técnica. A partir de hoy haremos intensivos con la espada, aunque primero tendrás que mostrarme exactamente qué sabes hacer."

Kaoru miró con perspicacia a Seijuro. Sabía algo de ese misterioso chico o de su técnica, y por alguna razón que no alcanzaba a comprender, no lo quería compartir con ella. Así que, de momento, archivó la información en la cabeza, en espera de sacarla a luz en un mejor momento (quizás cuando el maestro estuviera ebrio, por ejemplo).

"Wakarimashita."

Él asintió con la cabeza y sacó algo de entre la gran capa que le cubría, y se lo tendió a Kaoru, que lo cogió sorprendida.

"¿Una katana?"

"No pretenderás luchar contra la sakabatou de mi baka deshi con un triste bokken, ¿verdad?"

Kaoru se miró a la katana con muchas reservas. "Lo siento. No puedo aceptarla."

"¿Es por algún estúpido y noble motivo?"

La chica sonrió imperceptiblemente. "Soy maestra del Kamiya Kasshin-ryuu, como ya sabrá. Significa algo como "corazón revitalizado" aunque yo prefiero llamarlo "la espada que protege". Mi padre me enseñó la esencia de su técnica con el shinai, no puedo traicionarlo así. Lo siento."

"Pues entonces tenemos un problema" respondió Hiko "Si pretendes que mi baka deshi luche en serio contigo, usará la sakabatou. Y una katana, por muy filo invertido que sea, siempre ganará a la espada de madera. Es más, la cortará por la mitad."

Kaoru bajó la vista, consciente de la verdad de las palabras de Hiko. Dos veces se había enfrentado a enemigos con katana o arma de filo en su vida; la primera vez, hacía ya tiempo, con ese "falso Battousai" que rondaba las calles de Tokio matando a gente en nombre de la escuela Kamiya Kasshin. Se enfrentó a él con el bokken, y se lo partió por la mitad. La segunda vez fue contra Kamatari y, si bien también le rompió el bokken, consiguió derrotarle mediante la técnica tsuka no gedan. Sí, sabía muy bien que no tenía ninguna opción contra una espada de filo.

"¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar para alcanzar tu objetivo?"

Kaoru cerró los ojos y reflexionó. La imagen de Kenshin le pasó por la cabeza. ¿Realmente podía llegar tan lejos? Sabía que era capaz de muchas cosas, pero aún así…

«¡¡Yahiko, tú ocúpate de Kaoru!!»

La kendoka miró a los ojos a Hiko con intensidad. "Hasta el final."

Y le devolvió la katana. "Pero no a este precio."

Seijuro Hiko cogió de nuevo la espada. "¿Entonces me estás diciendo que tu padre no cogió a una katana de verdad en toda su vida? ¿Ni una sola vez? Eso es una tontería."

Kaoru frunció el entrecejo. "No es una tontería… sus ideales…"

"Sí, seguro que eran tan nobles como los tuyos." Kaoru no dijo nada; Seijuro resopló (a Kaoru le pareció un bufido más bien de resignación-satisfacción) y tomó de nuevo la katana. "Eso nos complica más las cosas, minikui deshi. Sakabatou contra shinai, lo que hay que ver…" Kaoru no dijo nada, pero sabía que había tomado la decisión adecuada. "Está bien, ya pensaremos en ello más adelante. Antes que nada necesito saber qué cosas os enseñan en la escuela de la espada esta que protege, nombre que, por cierto, me parece un total disparate con la auténtica idea del kenjutsu."

Kaoru tragó saliva. "Ya sé que el kenjutsu es un arte para matar, shishou, créame que lo sé. Pero aún así, prefiero…" Kaoru sonrió interiormente. "…Prefiero creer en la utopía de que la espada sirve para defender a los más débiles. No hay nada de malo en ello, ¿ne?"

Hiko miró a la chica… no, a la mujer que ahora tenía delante, medio sorprendido, y sonrió. En ese preciso instante, ambos tenían la misma persona en sus respectivos pensamientos.

"No, no hay nada de malo si prefieres autoengañarte" musitó Hiko. "Pero no quería hablar de eso ahora. Te he preguntado por tus técnicas, si no recuerdo mal."

"Hai" respondió Kaoru, volviendo de nuevo al presente. "El Kamiya Kasshin-ryuu dispone de muchas técnicas y variedades, tanto de defensa como de ataque, aunque todas van encaradas a la protección y a la defensa, más que en el ataque de por sí. Uno de los que suelo utilizar es el Hiza Hishigi – Tsuka no gedan. Siempre me ha dado buenos resultados, tanto en la lucha contra Kamatari como con el oficial kendoka del pueblo de la otra vez."

"Rompiéndole o dislocando los huesos al oponente, ¿verdad?"

"¿Cómo lo sabe?"

"Ese chico que te trajo me explicó los motivos por los que llegaste tarde, ¿recuerdas? Y de paso me hizo el resumen del partido."

Seta-san… el viaje… Todo eso quedaba tan lejano ya…

"…y qué, ¿ya está?"

Kaoru parpadeó y volvió a fijar su atención en Hiko. "No. Estan los Ougis o Arcanos. El arcano de la escuela Kamiya Kasshin se basa en dos movimientos, uno de defensa (o Hadome-Ougi no Mamori) y el otro de ataque (o Hawatari-Ougi no Seme)."

"Hadome y Hawatari, ¿eh? Interesante" dijo Hiko, levantándose y agarrando su katana.

"¿Shishou…?"

"Siempre he sido partidario de las lecciones prácticas, minikui deshi, como bien sabrás. Así que levántate y muéstramelo."

Kaoru sonrió y siguió a su maestro. Pero justo antes de incorporarse, notó que algo le caía encima. Gracias a sus ya mejorados reflejos, la chica lo cogió en el aire. Pesa.

"¿Qu…?" dijo Kaoru, tomando la katana.

"Me agrada que un discípulo tenga unos ideales férreos, aunque no sean los adecuados. Pero yo soy el maestro y tú la discípula, y si yo digo que cojas una katana y dejes el shinai, no quiero reproches."

Kaoru no añadió nada, más por la súbita intimidación de la mirada de Seijuro que por haberse quedado sin argumentos con los que rebatir su discurso.

"Venga, minikui deshi, muéstrame los arcanos-ñoñerías que enseñáis en vuestra escuela."


Mientras, en Aoiya el ambiente estaba mucho menos sofocado. Aoshi se encontraba, como de costumbre, retirado en su habitación. Misao estaba allí con él, rodeada de libros de chistes e historias divertidas (no desistía en su empeño de sacarle una carcajada sincera a su Aoshi-sama, ni que fuese sólo un leve movimiento de labios). Yahiko, Kenshin y Sanosuke estaban también en su habitación.

"Eeeeeh, ¿cómo se escribe este kanji?"

"Aaaaahg… no puedo más, me muero de aburrimiento, creo que voy a salir un rato…"

Kenshin sonrió con condescendencia, observando el panorama. Yahiko estaba haciendo ya su tercer intento de carta, sin éxito (el destinatario, seguramente, sería el Akabeko –o más concretamente, Tsubame– con el propósito de mantenerla al día). En esos momentos estaba tirando la tercera carta a la basura y revoloteaba alrededor del tatami, con las manos en la cabeza, auto-recriminándose por no haber prestado atención a sus clases de caligrafía.

Sanosuke, por su lado, estaba tumbado panza arriba, rasgando con monotonía su habitual palo de pescado. Desde que Megumi se había vuelto a Tokio, Sanosuke no podía descargar toda su frustración y mal humor con nadie (ya que Misao a la mínima le amenazaba con cobrarle su estancia, y con Yahiko era demasiado fácil ganar).

"Agh, no me esperéis despiertos" dijo el joven, levantándose de un tumbo. "¿Te vienes, Kenshin?"

"¿Oro?"

"Una escapadita al barrio de Gion no hay que desaprovecharla si estás en Kioto" le explicó Sanosuke.

"¿¿ORO??"

Antes que Yahiko pudiera intentar ayudar al pelirrojo, este ya estaba siendo arrastrado literalmente por el karateka. "Son como niños", murmuró el chico, antes de proseguir con su intento de carta.

Kenshin y Sanosuke hicieron la mitad del camino en silencio. Por algún motivo Sanosuke parecía estar de mal humor y Kenshin sospechaba que esa escapadita nocturna era más para desfogarse con un amigo que para otra cosa.

Al cabo de media hora aproximadamente, ambos llegaron finalmente al distrito de Gion. No era difícil encontrarlo, sólo tenían que seguir el bullicio de la gente, ya que era en la franja nocturna cuando cobraba todo su esplendor. Luces de colores por doquier, gente transitando y charlando animadamente, numerosas casas de té a ambos lados de la calle, repletas de educadas y finísimas geishas, vendedores de takoyaki y okonomiyaki, puestos de feria… Todo esto flanqueado por el gran río, iluminado por la luna creciente. Era un espectáculo bello y, aún así, Kenshin notaba que Sanosuke sólo se fijaba en el suelo por donde pasaba.

"Oye, Sano… ¿seguro que estás b…?"

"¡Uooooh, mira qué geishas! ¡Qué guapas y delicadas! Ahhhh, las chicas de kansai son tan monas…" dijo Sanosuke, evadiendo la pregunta del exrurouni y prestando mucha atención a la calle por la que, tal y como había dicho, paseaban las geishas.

Kenshin sonrió y resopló. "No te preocupes, Megumi-dono dijo que volvería en mes y medio para… cuando 'luche' con Kaoru-dono. Antes de que te des cuenta ya estará aquí de nuevo."

Sanosuke frunció el ceño. "Sí, y antes de que te des cuenta tu también será el momento de esta 'lucha' que dices contra Jou-chan. Además… ¡¡yo no estoy preocupado para nada por esa kitsune arpía!! Que se vaya a tomar viento con los pacientes de Tokio, como si me importara… tseh" El cabeza de polo adoptó su postura de 'no-te-me-acerques-o-no-seré-responsable-de-mis-actos' y empezó a chutar las piedras que se anteponían. Kenshin le siguió con precaución, sonriendo, si bien el comentario previo del joven no le había dejado indiferente. Hacía ya días desde su encuentro con Kaoru. ¿Cómo estaría? Un entrenamiento con Hiko Seijurou no era un caminito de rosas, y sino que le preguntaran a él.

"Oi Sano, tal vez deberíamos ir volviendo ya, de gozaru yo."

"¿¿Estás de guasa?? ¡La noche es joven, amigo!" replicó el aludido, que justo acababa de comprar una botella de sake a una paradita ambulante.

"Oro…"


Kaoru respiró hondo. El ki de Seijuro se había desplegado y ahora lo notaba con mucha fuerza, intimidándola. Y el hecho de que tuviera la certeza de que esa no fuera ni la mitad de la mitad de su fuerza aún la acobardaba más.

Sin hacerse esperar más, Seijuro empezó el ataque. Kaoru lo vio todo a cámara lenta, intentando concentrarse pese a la impresión que le producía su maestro. Vamos, Kaoru, has llegado hasta aquí… ¡¡No te eches atrás ahora!!

"…" Kaoru respiró hondo y empuñó la katana. A continuación dio el primer paso con todo el ímpetu y la fuerza que fue capaz, quedándose a centímetros de Seijuro.

¡Kamiya Kasshin Ryuu! ¡Ougi no mamori–HADOME!

Kaoru colocó los brazos en forma de cruz con rapidez justo en el último momento, parando el impacto del filo de la espada de Seijuro.

"¡¡HIIYAAAAAAAAAAAAAA!!"

Tal y como esperaba, el dolor del corte en sus brazos no tardó en aparecer. Era una de las consecuencias de usar el arcano de defensa Hadome, y aún se complicaba más si el atacante usaba espada. Pero no se dejó llevar por el dolor. Hasta Yahiko había luchado con los arcanos del Kamiya Kasshin contra ese esbirro de Enishi en una ocasión, tal y como le informaron después (N.A.1). Ella era perfectamente capaz de eso y más.

¡Kamiya Kasshin Ryuu! ¡Ougi no seme –HAWATARI!

"¡¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA…!!"

Pero sin explicarse cómo, en un abrir y cerrar de ojos Seijuro había contraatacado con tal potencia que no había podido efectuar el arcano de ataque y se había limitado –o más bien apresurado– a protegerse del arremato lateral de su maestro que, de no haberlo bloqueado con su katana, le hubiera hecho una cicatriz muy fea en el costado.

"Estos arcanos no sirven para nada."

Kaoru miró a Seijuro como si acabara de recibir una bofetada.

"Shishou… c-con todos mis respetos…"

"Minikui deshi, estos movimientos pueden estar bien para tu limitada capacidad de entender la vida y el kenjutsu, pero no valen nada contra el Hiten Mitsrugi, y mucho menos contra mi estúpido discípulo."

No me diga…, pensó ella con sarcasmo.

"Y no es porque tengan una mala base" prosiguió. "La verdad es que tus arcanos me importan bien poco. Sólo quería comprobar una cosa y, tal y como pensaba, tenía razón."

Ahora era el turno de Kaoru de sentirse perdida. Había realizado el Hadome a la perfección, ni ella misma se había creído que podría bloquear UN ataque de Hiko Seijuro. Y hasta casi había conseguido romperle la guardia con el Hawatari. Casi. No obstante, lo había intentado, y tal y como su padre le había enseñado, había puesto todo su corazón y empeño en el ataque.

"¿Comprobar el qué, exactamente?" preguntó la chica, desconfiada, mientras se secaba el sudor.


"¡Huaaaah, mira Kenshin! ¡Tres partidas por el precio de dos!"

Sanosuke empezó a correr desesperadamente hacia una tienda de dados bastante concurrida. Antes de que el pelirrojo tuviera tiempo de decir algo como 'Te van a quitar hasta los zapatos', el joven ya se había perdido en medio de apuestas y más apuestas. Kenshin sonrió, a su pesar; al menos Sanosuke tenía algo con lo que entretenerse para evitar sentirse melancólico por la partida de Megumi. En cambio él, ¿qué? Lo único que había hecho durante las dos últimas semanas había sido prácticamente comer y dormir. No tenía ni ganas para practicar con Yahiko, tal y como el chico le insistía repetidamente. Su mente vagaba muy lejos, intentando buscar soluciones a los problemas que tenía. ¿De verdad Kaoru se iría con el maestro Hiko si él no luchaba en serio? Kenshin apretó los puños. Kaoru-dono jamás haría algo así. La escuela, Yahiko, Sano, Megumi, las niñas, el doctor… Tokio es su hogar, no les abandonará. Regresará. Regresará aunque yo no sea capaz de batirme en duelo con ella, porque, ¿cómo podría? Es imposible, totalmente descabellado, que yo luche en serio con Kaoru-dono es…

Sí, eso tal vez estaba claro. Seguramente eso habría sido un "aliciente" para motivarle a luchar: mentir acerca de convertirse en discípulo permanente de Hiko. Pero aún así, si Kaoru volviera a Tokio, ¿a qué precio lo haría? ¿Se resentiría su relación? ¿Volverían a estar como antes?

Como antes, de gozaru ka…

«Todo esto ha ocurrido porque te has confiado de la estabilidad. Nada es estable en esta vida. Siempre hay cambios, los quieras o no. La chica Kamiya se hartó de la estabilidad; quería avanzar contigo, pero tú no se lo permitiste. Puede que seas hábil con la espada, pero en asuntos del corazón la chica Kamiya te supera de largo.»

Las palabras de Aoshi volvieron a hacer mella en él. Se paró a pensar en ello unos segundos más; era allí donde se ubicaba el problema. Kaoru se había ido precisamente porque quería cambios y, al no obtenerlos, había decidido iniciarlos ella sola.

Aoshi también había mencionado los 'asuntos del corazón', aunque ese terreno aún no estaba del todo definido. Era cierto que Kaoru se había ido, en gran parte, por él. Por su culpa. Pero eso inevitablemente conllevaba que le importaba. ¿Hasta qué punto?

Un escalofrío le recorrió la columna. No quería que sus pensamientos tirasen en esa dirección. Además, él tampoco era digno. ¿Qué mujer, por valiente y fuerte que fuese, se sentiría jamás querida y a salvo estando con alguien como él, si en el momento más inesperado le aparecían nuevos enemigos mortales que combatir, dispuestos a sacrificar todo cuanto él amaba? Exacto, nadie. Y tampoco es que le entristeciera; se había resignado a ello tiempo atrás. Por eso se había ido Kaoru, pero él no podía ofrecerle más que esa 'estabilidad', por su propia seguridad. Esa había sido la decisión que tomó, años atrás, después de la muerte de Tomoe; aún así, hubo un tiempo en que se confió y en que pensó que, realmente, podría llegar a ser feliz con Kaoru. Esos fueron los días más felices de su vida, a pesar del riesgo inminente de la batalla con Enishi. Y el destino le había mostrado una vez más cuán equivocado estaba al respecto, mediante la artimaña de la muerte fingida de Kaoru (N.A.2). Pero aunque fuese fingida, eso le bastó para darse cuenta de que jamás podría aspirar a más. Y lo cierto es que estaba en paz consigo mismo; se conformaba con que ella le sonriera diariamente, sin motivo aparente, que le hablara, que le insultara y/o apalizase cuando se lo merecía.

"¡Ha vuelto!"

"¡Los rumores eran ciertos…!"

"¡Kyah, Modoru-sama, qué gusto volver a verle por aquí!"

Kenshin frunció el ceño. No le gustaba perderse en sus propios pensamientos en medio de la calle precisamente porque nunca sabías cuándo iban a interrumpirlos. De nuevo con los sentidos despiertos, el pelirrojo se dirigió hacia la otra tienda de juegos donde seguramente se encontraría Sanosuke (no lo sabía del cierto ya que llevaba un buen rato en la inopia) y, sin prestar demasiada atención, miró hacia el otro lado de la calle, donde empezaba a armarse un buen jaleo. Mucha gente estaba situándose alrededor de dos hombres, pero prestando atención únicamente al bajito. Parecía que hubiera estado algún tiempo de viaje y ahora volviera. Pero, al fin y al cabo, eso a él no le incumbía demasiado, así que siguió andando sin preocuparse por el barrio de Gion en busca del ludópata de su amigo.


"Mi hipótesis."

"¿Su… hipótesis? ¿Hipótesis de qué?"

"De ti, minikui deshi. Tal y como sospechaba (y también tal y como me acabas de demostrar con tu arcano de broma) tienes un gravísimo problema. Y hasta que no solucionemos este problema, yo no podré ayudarte, ni tú podrás siquiera durar medio minuto contra mi baka deshi."

Kaoru tomó la crítica como buenamente pudo y, con cara de póker, miró a su maestro a los ojos.

"¿Cuál es ese… problema?"

"El problema eres tú misma."

"¿Perdón?"

"Aaaah… haber sido bendecido con el don de la clarividencia y la comprensión divina es duro…" murmuró Seijuro, sentándose y agarrando de nuevo la botella de sake. "Para que lo entiendas, oh lenta discípula: estás desequilibrada."

Kaoru parpadeó. "¡¿Me está llamando mentalmente inestable?! ¡¿Pero se ha mirado usted en el espejo?! ¡¡Si el otro día iba con delantal rosa, por el amor de…!!"

"¡¡EL DELANTAL ROSA NO TIENE NADA QUE VER!! ¡¡Y NO TE ESTOY LLAMANDO DESEQUILIBRADA MENTAL –que también lo estás un rato–, SINO QUE NO TIENES EQUILIBRIO EN TI MISMA!!"

"¿Y eso QUÉ significa exactamente?" preguntó Kaoru, aún ofendida.

Seijuro resopló.

"Cámbiate y sígueme, vamos a dar un paseíto por Kioto."

"¡¿Qué?!"

"¡Que te pongas el kimono y andando!"

"¡No estará hablando en serio…! ¡Kenshin y los demás podrían…!"

"Kioto es una de las ciudades más grandes de Japón, ya sería casualidad que te toparas con mi baka deshi precisamente al lugar donde quiero llevarte. Además, él no es que frecuentara mucho esa zona de joven, jajaja" dijo el hombre, agarrando su túnica y la botella de sake. Kaoru frunció el ceño, sin entender eso último, y obedeció; al cabo de unos minutos ya se había puesto el único kimono azul oscuro medianamente decente que había traído consigo (al fin y al cabo, ese era un viaje de entrenamiento, y todos sus kimonos buenos estaban en Tokio).

Hiko le hizo una buena repasada y murmuró un 'nada mal', y a continuación empezó a descender el monte. Kaoru le siguió, sin dejar de desconfiar.

"¿Y adónde me lleva exactamente?"

Seijuro Hiko paró en seco y se giró, mirándola. A sus espaldas, la impresionante vista nocturna de Kioto prácticamente la deslumbraba.

"¿Alguna vez has oído hablar de "El mundo de la flor y el sauce flotante?"

CONTINUARÁ


Vocabulario japonés:

Ryokan: hostal típico japonés

Wakarimashita: de acuerdo, entendido

Ougi: arcano

Takoyaki, okonomiyaki: típica comida japonesa

Masaka: imposible, no puede ser…

Kanji: carácter de escritura japonés

Ougi no mamori/ Ougi no seme: arcano de defensa / arcano de ataque

De gozaru yo: coletilla de Kenshin, intraducible, vendría a ser como una repetición con énfasis de lo que ya se ha dicho. Si en lugar de "yo" aparece "ka" (de gozaru ka), lo hace en modo de pregunta.

N.A.1: referente a la batalla de Yahiko contra el hombre al que Battousai le arrancó un brazo (tomo 25).

N.A.2: referente a toda la saga de "Revenge Arc" (vol.19-24) donde Kaoru y Kenshin 'más o menos' se declararon (tomo 19, creo). Después Kenshin hace referencia a la fingida muerte de Kaoru, del tomo 24.

Comentarios de la autora

Me parece muy fuerte que no haya actualizado este fanfic durante… tres años. Madre mía. En el último capítulo tenía 16 años y ahora tengo ya 19. Buf… No tengo palabras para vosotros, salvo "perdón por la tardanza", tal vez. De hecho, la tardanza de este capítulo no ha sido por nada en especial; se combinaron una serie de factores: falta de tiempo, pérdida del interés en Rurouni Kenshin, falta de ideas para seguir… Pero, por algún extraño motivo, hará cosa de un par de semanas me empecé a remirar el anime de Kenshin y casi sin darme cuenta, en un fin de semana me volví a leer todo el fanfic, dándome cuenta de su potencial inexplotado. Y alehop, manos a la obra, aquí tenéis un capítulo más.

Sobre el capítulo, ¿qué os ha parecido? ¿Bien, mal, normalillo, del montón? Lo cierto es que este capítulo es sólo la primera parte, pero ya me estaba quedando demasiado largo y he preferido cortarlo aquí ;P . Me justifico alegando que es más bien un capítulo orientado a la introducción de las tramas importantes del fanfic, dos de las cuales ya se han mencionado (¡va, concurso! A ver quién adivina estas 'dos tramas' importantes del fanfic XD).

Bueno, pues eso. De nuevo, siento mucho, mucho, MUCHO la demora. Me he esmerado más de lo normal en este capítulo para, quizás, compensaros un poquito. Así que espero que os haya gustado y, por favor, dejad un review. Ahora es un buen momento para saber si hay alguien que aún sigue recordando este fanfic y si vale la pena seguir subiéndolo.

Gracias por seguir leyendo y apoyándome. Gracias a todos aquellos que me dejasteis review en el último capítulo y que me pedíais que actualizara: Yumi Fujimi, HADA, Arinayed, gabyhyatt, naoko L-K, Miki, Tenshi, Aska Ishida, Kaoru-Neko, herema, Tsuki-ra, Patricia, Tania, skaevan, K+K kawaii, Barbara, DaniHimura-S1r4, Zhizu-chan, michel 888, Faith-Winters, saku-kamiya, sakurita555, ZuKy, kiogo y yessica.

Y ya, por ende, quiero dedicar este capítulo a mi oneechan Sachiko (más conocida por aquí como Koshi Sekisen). Muchas gracias por insistirme en que no dejara el fic de lado y por hacerme de beta (¿se escribe así? XD). Que este capítulo esté hoy publicado aquí en es gracias a ella D ¡Ailofyu!

Próximamente: ¿Quiénes son los personajes del principio del capítulo? ¿Qué pretenden? ¿Superará Sanosuke la 'pérdida temporal' de Megumi, o se dará al juego, incrementando sus ya de por si enormes deudas (que deberá pagar luego Kaoru, por supuesto)? ¿Logrará Kaoru algún día hacerle un rasguño a Hiko-shishou? ¿Parará Kenshin algún día de autonegarse la felicidad que tanto ansía y, a la vez, merece? ¿Y por qué la lleva adonde la lleva? ¿Qué significa "El mundo de la flor y el sauce flotante", y por qué decide llevar allí a Kaoru? ¿Se encontrarán de nuevo los dos tortolitos en medio del tórrido escenario del barrio de Gion? Esto y mucho más… ¡En el siguiente capítulo!

¡Read&Review!

Nos vemos,

CiNtUrO-cHaN

PD: Hoy hace exactamente tres años desde la publicación del capítulo 11… y sí, he escogido precisamente el día de hoy a propósito xD Espero no tardar otros tres años en subir el capítulo 13… Jaja, es broma. Espero. Xanxanxan…

30 de abril del 2008