Capítulo 26
"Los sueños del anhelo"
Durante todo el tiempo que estuvimos jugando, Itachi se mantenía alejado de nosotros, sumidos en sus pensamientos. Le conocía demasiado bien. Sabía que él era así. Un chico serio, solitario y frío. Pero algo le pasaba. En estos meses ha cambiado un poco hasta tal punto que habla más con sus compañeros y se hizo amigo de Sasori. Pero ahora tiene esa mirada perdida… llena de sufrimiento. No lo soporté más y me dirigí hacia él con paso firme, seguida de todos los demás.
- *Itachi, olvídate de lo que el idiota de tu hermano dijo. No tiene sentido que sigas dándole vueltas.* - le dije de manera que solo él lo escuchara. Él me miró, sorprendido para después agachar la cabeza y sonreír débilmente.
- *Así que te has dado cuenta. Supongo que debí suponérmelo. Eres mi hermana al fin y al cabo. Es normal que me conozcas tanto, aunque me resulta un poco raro… ¿Tan evidente es?* - me preguntó, todavía un poco desconcertado.
- *Parece que no, porque solo yo me he dado cuenta.* - el chico tan solo asintió.
- *Pero no has venido tan solo para hablarme de eso, ¿verdad?* - ahora era yo la que estaba sorprendida. Itachi sonrió ante mi desconcierto, con aire burlón - *Somos hermanos, ¿recuerdas? Yo también te conozco bastante bien*
- *Tienes razón. También he venido para hablarte sobre otro inconveniente de este jutsu* - esperé a que digiriera la información para continuar - *Se trata de lo que nosotras llamamos los sueños del anhelo. Como su nombre indica, son sueños en el que aparecen lo que más anhelas. Es el sueño del corazón. Y todo eso sería perfecto sino fuera porque cuando dormimos nuestras mentes se vuelven inestables, por lo que…*
- *Todo el mundo puede verlo* - completó mi hermano, comprendido a donde quería ir a parar - *Lo tendré en cuenta, gracias pero… si son sueños… ¿cómo puedo no tenerlos? Nadie los puede controlar, a no ser que no duermas*
- *No tienes por qué estar todas estas noches en vela. Yo siempre he dormido y nunca he tenido sueños de ese tipo. Pero eso ahora no es tu caso… creo que ahora no es el caso de nadie. No tuve que haber realizado ese jutsu. Perdóname…* - agaché la cabeza, apenada.
- *No es tu culpa lo que mi corazón anhele. Es culpa mía. De todos modos, ten cuidado tú también.* - me contestó al entender el significado de mis palabras.
- *No lo digo solo por mi… Casi todos ellos están en las mismas circunstancias que nosotros… es penoso…* - le respondí.
- *Será mejor que se lo cuentes también a ellos. No quiero tener pesadillas esta noche por su culpa* - se levantó al ver que los shinobis se estaban preparando para regresar de nuevo a casa. El cielo se estaba empezando a oscurecer, dando paso a una luna sonriente.
- *Ya lo saben. He dejado que escuchasen parte de la conversación* - al ver su expresión de enfado, me apresuré a explicarme - *Solo la parte en la que explicaba lo que eran los sueños del anhelo, nada más.*
Él asintió, agradecido. Todos nos volteamos a la vez en dirección a nuestros "dueños", quienes se estaban acercando a nosotros para llevarnos en brazos. Pero pasó algo que nos dejó anonadados. El Uchiha menor cogió en brazos a Yami y no a Itachi ni a Sasori. La joven pelirrosa le miró, enojada.
- ¿Qué crees que estás haciendo? – le espetó, furiosa.
- Tranquila, también me llevaré a esos dos. Pero pensé que como ella me quiere más a mi que a ti, de seguro querría venirse conmigo – le respondió el chico, impasible pero disfrutan del enojo que le provocaba a la chica.
- En ese caso me llevaré a Itachi y al otro. Ya que de seguro ellos me querrán más a mí que a ti – le respondió, a la vez que recogía entre sus cálidos brazos a mis compañeros.
- Haz lo que quieras – a pesar de su respuesta, se denotaba que el chico se moría de los celos por dentro.
Cuando llegamos a nuestro hogar, fui directamente a mi cama. Tras ese largo día estaba agotada. Mi cuerpo ya no daba más de sí. Pero a pesar de haberme tumbado y de haber cerrado los ojos, Morfeo no venía a mí. Y sabía por qué. Porque, a pesar de que mi mente estaba tan desarrollada como para controlarse incluso en sueños, estaba demasiado agotada para ello. Por lo que, si hoy soñaba algo, todo Akatsuki lo vería. Pero eso era una probabilidad entre un millón. Hacía tiempo que mi mente divagaba por esos arroyos irreales que conducían a la fantasía.
Entonces Hidan me sacó de mis pensamientos, acercándose a mí como la otra vez. Éste se toma demasiadas confianzas, pensé malhumorada por mi propia satisfacción del hecho. Después, el chico pasó una zarpa por mi costado, abrazándome y proporcionándome calor.
- *Esta vez no tengo frío, gracias* - le espeté, haciendo un ademán para que se apartara.
- *Lo sé, solo lo he hecho porque me apetecía* - me respondió, quitándole importancia al asunto, a la vez que se rejuntaba más a mí.
Resignada, volví a cerrar los ojos y a centrarme en la agradable sensación que me recorría todo el cuerpo. Morfeo no tardó en aparecer, llevándonos a los dos al mundo de los sueños del anhelo, aunque todavía no sé de quien fue el responsable…
***
Sentí como los cálidos rayos del sol acariciaban suavemente mi rostro, despertándome poco a poco. Percibí como algo se movía a mi lado y al girarme pudo confirmar lo que me suponía. Hidan había dormido junto a mí otra vez. Me maldije por mi propia debilidad. Aprovechando que Hidan estaba dormido y que el chico rubio no se encontraba en casa, exploré el lugar. Como siempre, terminé acercándome a la ventana, que ofrecía un maravilloso paisaje primaveral.
Entonces sentí como Hidan se acercaba y me lamía el cuello para después acercarse más a mi oreja y susurrarme:
- Por fin estamos solos. Por favor, déjate llevar por lo que sientes…
Me quedé paralizada ante aquellas palabras, mientras que el peliblanco seguía con su labor de acariciarme y lamerme. Mi corazón latía a mil por hora y notaba como mis venas se agrandaban para empequeñecer después de cada pulsación. Mis mejillas se empezaron a sonrojar más de lo que yo deseaba admitir, cosa que captó el chico. Éste se apartó de mí y, de un salto, bajó al suelo. Cuando llegó al suelo, acumuló chakra y realizó un jutsu. Me giré sorprendida pero no pude ver nada. Una pantalla de humo me lo impedía. Cuando se hubo disipado, pude ver a Hidan en su cuerpo humano. Él me miraba con cara de picardía.
Entonces entendí lo que se proponía. Mi cuerpo empezó a moverse solo y saltó desde lo alto de la ventana al suelo, para después realizar el mismo jutsu. Él se acercó a mí a paso lento, saboreando mi cuerpo con su mirada. Cuando llegó, me acarició la mejilla a la vez que yo cerraba los ojos, disfrutando de la caricia. Al tenerlos cerrados, no sentí su acercamiento por lo que me sorprendí al sentir sus labios contra los míos. Al principio me debatí pensando que todo eso estaba llegando demasiado lejos. No quería volver a sufrir. Pero finalmente mis labios se entreabrieron, dejando paso a su lengua. Ambas se entrelazaron, comenzando un baile que no tenía fin. Nos separamos por falta de oxígeno pero Hidan no tardó en volver a atacar, esta vez a mi cuello. Empezó a besarlo posesivamente hasta tal punto de dejarme serias marcas, dando a entender que ya tenía dueño mi corazón. De mi cuello se dirigió al lóbulo de mi oreja, sin despegar sus labios de mi cuerpo. Mientras iba saboreando todo mi cuerpo, me iba guiando a paso lento por toda la habitación hasta llegar a la cama, donde me tumbé quedando debajo de él.
Sentí como la temperatura se elevaba por momentos, por lo que ambos nos quitamos las camisetas. No tardó en saborear la nueva zona descubierta de mi cuerpo con sumo placer. Yo solo podía acariciarle la cabeza, instándole a que continuara con su labor. Nuestros pantalones no tardaron en correr la misma suerte que las camisetas. Él se separó un poco de mí para poder contemplarme con más perspectiva y sonrió satisfecho de lo que su vista le ofrecía. No tardó mucho en volver a su labor, esta vez a mi entrepierna. Empezó primero por darme pequeños besos por la ingle, ascendiendo poco a poco hasta que se topó con un obstáculo, mi ropa interior. Con una facilidad indignante se desprendió de la prenda y continuó con lo que momentos antes tenía pensado hacer. Rápidamente, se quitó la última prenda que le quedaba y me besó nuevamente en los labios, esta vez con una desesperanza y lujuria que no sabía describir bien. Mientras se apoderaba de mis labios, sus manos se deslizaron por mi espalda hasta llegar al cierre del sujetador, el cual fue desabrochado sin problemas. Por mi parte, yo cada vez besaba con más intensidad a Hidan, pero algo me dejó sin aliento y mi cuerpo se quedó paralizado. Sentí un bulto en mi entrepierna y entonces me di cuenta de lo que estaba pasando.
No podía continuar con esto. Asustada, empecé a empujarlo para que se separara de mí, no quería volver a verlo. Pero él no cedía, en vez de eso se apretaba más a mí y entonces acercó sus labios a mi oído.
- Tranquila, no te haré daño. Perdóname, me he dejado llevar. Por Jashin-sama… es que te amo tanto que no puedo controlarme, eres… eres perfecta, tú eres mi verdadera diosa.
Sus palabras me dejaron sin habla, no sabía que decirle. Me quedé quieta por lo que me parecieron minutos, unos minutos eternos. En todo ese tiempo, él no se movió, se quedó pegado a mí como si le fuera la vida en ello. Le empujé suavemente y ésta vez se apartó sin tapujos. Le miré a los ojos y me acerqué a su oído.
- Quiero hacerlo, yo también te amo, Hidan…
Él sonrió. Me besó pero esta vez fue diferente, más dulce. Entonces empezó a penetrarme lentamente a la vez que no dejaba de besarme y tranquilizarme con sus caricias. Poco a poco, fue acrecentando el ritmo. Cuando sus labios se deslizaban por mi cuello, saboreándolo, de mi boca no salían más que gemidos de placer. Finalmente, llegamos al orgasmo y él se posicionó al lado mío, sin dejar de abrazarme en ningún momento.
***
Me desperté entre jadeos y sudorosa. Al recordar lo sucedido miré a mi lado. Ahí se encontraba él… vestido. Suspiré, aliviada. Sólo ha sido un sueño, me dije. Sentí como alguien me observaba. Él ya había despertado y me miraba intensamente. Yo le devolví la mirada y comprendí lo que pasaba, lo que le había pasado.
- Ha sido un sueño del anhelo, ¿verdad? – me preguntó, al parecer enfadado porque no haya sido real.
- Si, sólo ha sido un sueño… - desvié la mirada, no quería que siguiera mirándome de esa manera.
- Ya veo. Sólo un sueño… ¿mío?
- Pues claro, eres el que menos estabilidad tiene con la mente. Si yo hubiera soñado, tú no lo sabrías – le dije, enojada por su pregunta.
Ahora él desvió la mirada, decepcionado. Se levantó sin mediar palabra y se alejó de mí. Se iba a dormir en otro lugar… lejos de mí. Resignada, me volví a recostar y me hice un ovillo para proporcionarme calor. Lo que no le dije fueron mis dudas acerca del sueño. No le dije que ese sueño podía ser mío. No lo sabía con certeza, aunque puede ser que… haya sido de los dos…
