Capítulo 27

Los sueños del anhelo. Segunda parte

No sé cuanto tiempo pasó hasta que volví a conciliar el sueño, lo único que sé, es que fue bastante tiempo. Mi mente no dejaba de jugarme malas pasadas, torturándome con lo acontecido momentos antes. Me odiaba a mi misma por lo que le había dicho. ¿Cómo es posible que alguien sea tan orgullosa? Ni yo misma lo sé. Quería arreglarlo, buscarle y hacer que aquel sueño se haga realidad pero mi orgullo me lo impedía. Se negaba a volver a sufrir. También mi mente divagaba con el miedo de que Hidan y yo no fuéramos los únicos espectadores. Con estos pensamientos, me quedé finalmente dormida, pero mi mente no estaba preparada para lo que acontecería posteriormente...

***

Abrí los ojos con pesadez para después contemplar, sorprendida, como una chica rubia y un chico con la cabeza como una piña se daban el lote delante de mis ojos. Me entraron ganas de abalanzarme contra el chico y darle una paliza que recordaría para toda su vida. Iba a hacerlo cuando mi cuerpo se paró bruscamente, no sabía que ocurría hasta que me dí cuenta de algo. ¿Qué hacían esos dos en casa de Naruto? ¿Por qué mi cuerpo no responde? ¿Por qué siento incontrolables deseos de que aquel chico deje de respirar? Entonces lo supe. No estaba en casa de Naruto, sino en su casa. Mi cuerpo no me responde porque simplemente no es mío. Y lo deseo porque estoy "celosa" . Bueno, mas bien... Deidara estaba celoso. Ahora me encontraba en su sueño. Me maldecía mentalmente.

Sentí como otras esencias espirituales se adentraban y recorrían los recovecos de la mente del rubio. Comprendí que los demás Akatsukis estaban allí. Todos lo comprendieron menos Deidara. Él seguía pendiente de la pareja, creyendo que todo lo que estaba sucediendo era real. Yo estaba en mis propios pensamientos cuando un ruido amenazador me devolvió al sueño. Era Deidara. La pareja, al escuchar semejante ruido, detuvieron su hazaña y sus miradas contemplaron con curiosidad y desconcierto a mi amigo. Deidara empezó a rugir de nuevo a la vez que se acercaba a la pareja, instándole al chico moreno a retroceder.

- ¿Qué le pasa a este gato? - pregunto un enfadado Shikamaru.

- Nada, déjalo. Seguro que solo se ha puesto un poco celoso - repuso Temari, mirando con ternura al rubio.

- ¿Celoso?

- No te pongas así. Es un animal, es normal que protejan lo que creen que les pertenece. Tranquilízate - la chica, al ver que su novio no dejaba de mirar al gato como quien quiere matar a alguien, la chica le espetó, furiosa - ¿Por qué te pones así? Solo es un gato. Y ni se te ocurra hacerle algo.

- ¿Cómo que no se me ocurra hacerle algo? Tú misma lo has dicho antes, solo es un gato, un animal... - le dijo el chico, cabreándose más a medida que pasaba el tiempo.

- Y un ser vivo, es su naturaleza comportarse así, es normal - el chico, al no encontrar apoyo en su novia, se dispuso a irse de la casa, dejando atrás a una estupefacta rubia.

Cuando hubo desaparecido de la vista de Temari, esta se giró y cogió entre sus brazos al Akatsuki, quien al sentir el contacto de la piel de la chica, se relajó al instante.

- ¿Cómo se puede poner celoso de un gato? No lo entien... - no pudo continuar ya que se quedó prendida de los ojos del rubio - (No puede ser... tiene una mirada... inteligente. Pero eso significa, que es... ¿humano?) Tú... tú eres...

- Humano - completó el rubio, para sorpresa de todos. Puede que todo sea un sueño, pero para él no lo es, y si en la realidad se lo confesara todo a Temari... no nos lo queríamos ni imaginar.

Tras decir eso, sus zarpas se juntaron formando una serie de sellos y, donde momentos antes se encontraba un gato, ahora se cernía imponente un joven rubio de unos ojos azul grisáceo. ¿Cómo lo sé? Se podía ver reflejado en los ojos de la joven, quien contemplaba a mi amigo con suma sorpresa. Pero, lo más raro, es que no atacaba, no gritaba, no hacía ningún ademán de huir. Poco a poco, veía la imagen de la chica cada vez más cerca pero no era ella la que se acercaba sino al revés. A medida que pasaba el tiempo, su rostro se iba acercando y, tras mi sorpresa, ella ponía cara de suplica, como rogándole que no hiciera lo que iba a hacer. Momentos después, el rubio la abrazó como si se le fuera la vida en ello. Temari abrió los ojos desmesuradamente por la sorpresa. La comprendía. Tanto ella como yo nos imaginábamos que Deidara la besaría, por lo que ella le suplicó con la mirada que no continuase ya que la pondría en un compromiso.

Después de unos segundos, ella correspondió al abrazo con la misma intensidad. El Akatsuki acercó su rostro a los cabellos de la joven, saboreando su dulce aroma. Entonces sentí como mi hombro... el hombro de Deidara se humedecía. Temari estaba llorando. Mi amigo también lo notó, por lo que se apartó un poco de ella para mirarla a los ojos.

- Por favor... no sigas - suplicaba como si le costara la misma vida. Algo me decía que era demasiado orgullosa - Tú... eres el que mató a mi hermano Gaara...

- ¿Eres la hermana del Jinchuruki? Veo que alguien a leído sobre mí... - decía, apenado, el rubio.

- No puedo decir lo mismo de ti por lo que veo... De todos modos, no te hagas ilusiones, solo he buscado información sobre ti para...

- Matarme - completó a la vez que en su rostro se formaba una sonrisa de autosuficiencia - entonces... ¿por qué no me atacas? Si tanto quieres verme muerto, hazlo ya, porque va ser el único momento en el que baje la guardia....

- Me niego - respondió firmemente - Sería demasiado fácil y humillante.

- ¿Seguro que es solo por eso por lo que no me puedes matar? - preguntó el rubio, sin dejar de sonreír.

Sin dejarle tiempo a responder, se acercó a ella nuevamente y la abrazó, esta vez con más intensidad que antes. La chica se quedó paralizada, no sabía que hacer. Por un lado, sentía un intenso deseo incontrolable de corresponderle pero por otra... estaba Shikamaru. Lo veía en su mirada dubitativa. La comprendía. Algo me pasó con Hidan e Itachi, no sabía quien verdaderamente me gustaba. Pero no solo eso teníamos en común... sino que también ambos chicos habían intentado matar a nuestros hermanos... y uno, lamentablemente, lo había conseguido.

- *Ey, chicos. ¿Seríais tan amables de dejarme soñar en paz?* - nos dijo Deidara, enfadado al darse cuenta al fin que solo era un sueño y que nosotros estábamos metidos también en él. - *¿Hace cuánto que estáis aquí, hmp?*

- *Desde el principio. Estas hecho un don Juan, ¿eh muñequita?* - le contestó Hidan, burlón.

- *Pues al menos yo no soy el único que se lo cree, hmp* - un golpe bajo. Todos podíamos sentir como se sentía en esos momentos Hidan. Me apené por él.

Quise defenderle, pero no tuve tiempo ya que, momentos después, me encontraba de nuevo en la casa de Naruto. No sabía como, pero Deidara ya había dominado su mente. Nos había expulsado de su sueño sin dejar él de soñar. Pero no duré mucho pensando en los progresos del joven rubio ya que me vi envuelta nuevamente en otro sueño.

***

Me encontraba en un cementerio. Delante mío, o mejor dicho, delante de Pein se hallaba una mujer con el pelo ondulado y negro de rodillas frente a una tumba. De repente, comenzó a llover y se empezó a escuchar a la mujer llorar amargamente. El pelinaranja caminó a paso lento hacia ella hasta quedar a pocos centímetros de rozarla pero, aún así, se podía percibir el dulce aroma que desprendía. El hombre, sin poder evitarlo por más tiempo, se agachó y la abrazó por la espalda, susurrándole palabras dulces de consuelo al oído. Ella se giró lentamente hasta que podían mirarse fijamente a los ojos. Me sorprendió ver la tonalidad de sus ojos, de un rojo sangre... un color hipnotizante.

- Kurenai... - pronunció su nombre el poseedor del rinnegan.

- ¿Quién eres? - su voz se notaba áspera de tanto llorar. Entonces, sus cansados ojos recorrieron la vestimenta de su acompañante. - Aka... tsuki... Tú... uno de los vuestros se llevó a mi marido...

- Me llamo Pe... Nagato - se corrigió en el último momento. - Y siento el dolor que te hemos causado... estoy aquí para traer un poco de paz a tu corazón... sé que no es suficiente con decirte lo siento, por eso quiero recompensarte con caricias, con besos, con palabras llenas de anhelo...

- N-Nagato... - pero no puedo continuar ya que la besó de forma lenta y dulce.

Acariciando aquellos labios que tanto le atraían y que tanto quería consolar... Pero, al ver como iba a acabar aquello, todos los Akatsukis decidimos dejarlos a solas, por lo que cada uno se desconectó de la mente del joven pelinaranja.

***

Momentos después, reaparecimos en otro sueño. En esa ocasión, pudimos ver a un joven de no más de 12 años alejándose a paso lento de una chica pelirrosa. Ella estaba echa un mar de lágrimas. Se encontraba estática, viendo como, seguramente, el chico de sus sueños se alejaba de ella sin poder hacer nada. Al Akatsuki culpable de que estuviéramos en ese sueño se le encogió el corazón al ver a la chica en ese estado. Él lo observaba todo desde lo alto de una rama, poco más delante de la chica.

En esa ocasión no necesité ver el rostro del Akatsuki reflejado en los ojos de alguien para saber de quien se trataba. Ahí supe inmediatamente de quien se trataba. Y como no saberlo, si era mi más preciado hermano…

Itachi seguía observando a la chica, sin atreverse a moverse ni un centímetro. Primero quería que se alejara su hermano pequeño. Cuando éste lo hubo hecho, bajó del árbol con un asombroso sigilo digno de verse y caminó a paso lento hacia la joven. Ella no se percató en ningún momento de su presencia, o al menos no lo dio a entender hasta que Itachi llegó finalmente y se posicionó a su espalda. La pelirrosa se quedó rígida y empezó a temblar ligeramente, no sabría decir si de emoción o de puro terror.

- ¿Sasuke-kun…? – pronunció la chica, esperando que el que estaba detrás suya fuera él. Entonces sentí un terrible dolor en el pecho, al parecer Itachi sufría al escuchar ese nombre en los labios de la joven. Poco a poco, se fue girando para verle el rostro al ver que no contestaba y al encontrarse sus ojos, los de la joven se agrandaron desmesuradamente de la sorpresa – Tú… ¿quién eres? Te pareces a…

- Lo sé… vamos. Te llevo a casa. Si sigues aquí pillarás un resfriado. Éste no es lugar para una señorita sola y de noche – le respondió Itachi, cortésmente, a la vez que ponía su mano izquierda en la espalda de la joven para que empezara a caminar.

Ella tan solo asintió e hizo lo que mi hermano le decía. Ambos empezaron a caminar, uno al lado del otro. Ninguno de los dos dijo nada en casi todo el trayecto, hasta que finalmente la pelirrosa rompió el silencio.

- ¿Por qué…? ¿Por qué me dejó… para buscar poder? Yo… yo en verdad le quería… - la joven casi no podía pronunciar palabra. Parecía como si de verdad creía que aquello estaba sucediendo otra vez… o tal vez, simplemente, es que nunca llegó a superarlo del todo…

- Él no merece lo que tú sientes por él. Tan solo es un estúpido… - le dijo, para después susurrar sin que ella le oyera – pero el más estúpido de todos soy yo… (Y pensar que… ella está así por mi culpa… fue culpa mía que Sasuke busque venganza…)

- ¡Él no es estúpido! ¡No hables como si le conocieras! Él siempre ha buscado venganza. La estúpida he sido yo al pensar por un instante que podía hacerle cambiar de opinión… - a medida que hablaba, su voz se iba apagando poco a poco hasta que el punto en el que Itachi le era difícil escucharla.

Mi hermano se quedó callado al escuchar sus palabras y bajó la mirada. Por un momento, todos los Akatsukis queríamos decirle unas cuantas cosas a la pelirrosa por hablarle así a Itachi, sobretodo yo, he de admitir. Pero recordé que ella no sabía quien era y que estaba pasando por malos momentos, así que me contuve y obligué a los demás también. Lo más extraño de todo era que, supuestamente, la chica debería reconocerle ya que anteriormente se encontraron en el campo de batalla, cuando Deidara y Sasori capturaron a Gaara. Entonces encontré una teoría posible. Podría ser que su mente fuera al pasado y lo reviviera de tal manera que incluso ella pensara que eso era el presente, olvidándose del futuro. Pero de una cosa si estaba segura, y era que, cuando ella despertara y se acordara del sueño, sabría entonces que él era Itachi, el culpable de todo.

Finalmente, ambos llegaron al departamento de la joven y entraron sin mediar palabra. Los padres de la chica no se hallaban en casa. El pelinegro la condujo hacia el salón y la obligó a sentarse para después dirigirse a la cocina y preparar un chocolate caliente para los dos. Cuando regresó, le dio la taza y se sentó junto a ella. Nadie dijo nada, y eso empezó a desesperarme.

- Oye, siento mucho lo que ese chico te ha hecho, pero por el mero hecho de hacértelo no merece que sufras por él – le dijo Itachi, tratando de consolarla.

- ¿Y qué puedo hacer? Además, ¿tú que sabrás? ¿Alguna vez has perdido a alguien muy importante para ti? – le espetó la pelirrosa, quien empezaba a enfadarse.

- (Mitsuko, tranquilizate… respira, respira… Ella solo lo dice porque no tiene ni idea y está bastante dolida…) – me decía mentalmente para tranquilizarme.

Y, tal y como pensaba, esas palabras les llegaron hasta el fondo del corazón a mi hermano, atrayéndole recuerdos dolorosos. Realmente, en ese momento sabía poco de Itachi, pero de lo único que sabía y de la forma en que me lo dijo, supe que no era su culpa el haber matado a esas personas, a su familia. Él no era una mala persona, sino al contrario, y estaba segura que había pocas personas en el mundo capaces de hacer lo que él hizo. Y eso me bastaba. Aún sin saber el por qué lo hizo. Eso era lo de menos…

- Si sé – respondió el pelinegro, cabizbajo – Lo entiendo perfectamente. Aunque, al menos tú sabes que él está vivo y que algún día os volveréis a encontrar… Al menos tú tienes esa suerte…

Él se levantó de repente, sobresaltando a la chica, quien no podía creer lo que oía. Le daba la espalda para que así no pudiera ver la expresión de cara. Entonces, al darse cuenta de sus palabras, bajó la mirada, culpándose por su osadía.

- Yo… lo siento, no debí… y-yo no sabía…

- Tranquila, no pasa nada. Ya lo superé – mintió Itachi, siguiendo de espaldas.

- ¿Cómo? ¿Cómo lo superaste? – preguntó esperanzada al saber que podría borrar ese dolor que atenazaba su alma y su corazón.

Mi hermano meditó por unos minutos la respuesta.

- Encontrando a unas nuevas personas importantes. Tan importantes que opaquen a los viejos, a los dolorosos – respondió finalmente, a la vez que se daba la vuelta y la miraba directamente a los ojos, provocando un notable sonrojo en ella, quien desvió la mirada, azorada.

- Ya veo… entonces debo encontrarla cuanto antes… - susurró, incapaz de mirarle. Por lo que cuando se dio cuenta, ésta ya estaba enfrente suya, tendiéndole la mano.

- ¿Quieres bailar conmigo? – susurró en su oído sensualmente, sobresaltándola y provocando que su sonrojo incrementara.

Hasta ese momento, la chica no se dio cuenta de que Itachi había encendido el caset y que ahora, la voz de Moulin Rouge cantando El tango de Roxanne. Ella aceptó gustosa su mano, a lo que Itachi sonrió, complacido. Y ambos caminaron al centro del salón donde había más espacio. El chico posó su mano izquierda al final de la espalda de la chica y con su mano libre le cogió delicadamente la mano para después empujarla contra él, quedando así sus cuerpos pegados. Ambos podían sentir la respiración del otro. Sus miradas se encontraron y como consecuencia se perdieron el uno en el otro. Alternativamente, Itachi miraba sus ojos y sus labios a la vez que sus rostros se iban acercando lentamente. La chica no podía creer lo que estaba sucediendo, su rostro iba enrojeciendo por momentos pero no hacía ningún ademán de apartarse, por lo que supuse que ella quería lo mismo. Cuando sus labios estaban a punto de fundirse, Itachi cambió de dirección y posicionó su rostro sobre el hombro de la chica, para después recostar sobre el aire el cuerpo de la chica. Había empezado a bailar.

- (Itachi, ¿en qué diablos estabas pensando?) – se recriminaba mentalmente el chico – (Ella acaba de perderle y tú qué haces. Intentar besarla… Es demasiado pronto. Ni siquiera la conozco a fondo y ya quiero besarla. No sé nada de su sufrimiento y ya quiero protegerla a costa de mi propia vida… ¿Qué tiene esta chica que me hace sentir así? Lo único que sé es que… no quiero que nadie más la toque…)

Por suerte, sólo yo pude escuchar lo que pensaba, ya que, momentos antes de intentar besarla, los demás se habían ido. Y era normal, si él la besaba, todos sentirían como si la hubieran besado. Sería extraño…

Después, con un rápido movimiento, Itachi la volvió a alzar y sus cuerpos volvieron a pegarse. Nuevamente ambos se miraban. Él, lujurioso. Ella, curiosa por saber qué era lo que sentía hacia aquel extraño que le resultaba tan cercanamente familiar. Su silueta… su aroma, todo se le hacía muy familiar…

Ambos continuaron bailando tango, todo sin dejar de mirarse ni por un instante. Finalmente, la canción terminó y ambos dejaron de bailar, pero no se separaron ni un centímetro.

- ¿Cómo te llamas, joven? – le preguntó Itachi, aún sabiendo la respuesta ya que tenía que salvar las apariencias.

- Como si no lo supieras… - Itachi y yo no cabíamos en si de la sorpresa – Recordé todo mientras bailábamos. Tu olor y tú me resultabais muy familiares… Tú eres Uchiha Itachi, el hermano mayor de Sasuke, el culpable de todo. Y tu olor… hueles igual a mi gato. Eres mi gato, ¿cierto? Kiba tenía razón. No erais gatos normales. Los demás son el resto de Akatsuki, ¿verdad? ¿Qué os pasó?

- ¿Por qué confiesas que te has dado cuenta? ¿No entiendes que ahora mi deber es matarte para que no se lo cuentes a nadie? – le preguntó, igual de inexpresivo que siempre.

- Sé que no lo harías – contestó sin quitarle los ojos de encima – Sé que nunca me harías daño…

- Sakura… - él estaba sorprendido, pero no lo demostró en ningún momento.

En ese momento, me desconecté. No sabía que iba a pasar, pero lo único que si sabía es que nuestro secreto no corría peligro, por lo que preferí dejarles intimidad a ambos.

***

Abrí lentamente los ojos. Al principió pensé en encontrarme con la luz del día, pero fue todo lo contrario. No había más que oscuridad a mi alrededor. Definitivamente no estaba en un sueño del anhelo, pensé. Delante de mis ojos empezaron a aparecer imágenes de mi pasado. Capítulos de mi vida que creía olvidados. La muerte de mi hermana, Kaien, las dolorosas palabras que Hidan me dijo, Itachi, mi primer beso… todo.

Lo único que pude hacer era sentarme y abrazar mis rodillas, impidiendo que mis ojos se torturaran con aquellas visiones, pero no podía hacer nada por mis oídos…

***

Me desperté sobresaltada y sudorosa. Todavía era de noche y ya se me empezaba a hacer eterna, no solo por mi pesadilla. Pero mi sorpresa fue mayúsculas cuando encontré un cuerpo al lado mía. Era Hidan. Él me estaba abrazando, consolándome. Y lo peor, estaba despierto. No sabía que decir. Él tampoco. Tan solo nos quedábamos mirando el uno al otro hasta que al final me armé de valor y le sonreí. Lo menos que quería era estar sola y, tras ver lo que eran capaces mis amigos, mi familia… decidí que yo también podía. Que yo también podía tragarme mi orgullo y decir lo que sentía, de que yo también podía ser feliz si me lo proponía.

- Arigato por existir, Hidan… - le dije, y, tal y como predije, sin necesidad de más palabras, él entendió lo que quería decir.

Por lo que sonrió burlonamente para después realizar un jutsu de transformación y convertirse en humano a lo que yo le seguí. Después, él se posicionó sobre mí y puso sus labios delicadamente sobre los míos. Lo que empezó siendo un beso dulce terminó siendo uno apasionado. Cuando nos quedamos sin aire, nos separamos y nos miramos detenidamente, dedicándonos una sonrisa. Finalmente, él se situó al lado mía, abrazándome. Yo me acurruqué en su pecho y cerré los ojos al sentir las caricias que me propinaba tan dulcemente sobre mi cabeza y mi espalda.

- Te amo – me susurró al oído, por lo que me sonrojé y desvié la mirada, apenada.

El por qué. Simple. Era incapaz de decirle esas dos simples palabras. No podía decirlas. No cuando en mi interior no sabía la respuesta a ciencia cierta. ¿Le amaba todavía? ¿Podría alguna vez perdonarle por todo lo que me hizo? No lo sabía, y no pensaba decirle nada hasta que yo misma aclarase mis sentimientos hacia él… El problema estaba en que no sabía cuanto iba a tardar.

Levanté entonces la mirada y nuestros ojos se encontraron. Yo le transmití con mi mirada mi debate interno y él pareció comprender. Por un momento pensé que me iba a volver a dejar, que se iba a alejar de mi lado nuevamente…

- Tranquila – me susurró sin aparta su mirada en ningún momento para después inclinarse y depositar sus labios suavemente contra los míos – Esperaré…