Capítulo 28
Amanecer…
Ya había pasado un año y medio de nuestra transformación, por así decirlo. Desde aquella noche, todos se han estado obsesionando con los sueños del anhelo. Desde que se levantaban, rezaban a Morfeo para que los volviera a abrazar y así, los sumiera en un sueño lleno de falsedad pero ante todo felicidad. ¿Qué por qué digo esto? Os preguntaréis. Es simple. Los sueños del anhelo, tal y como el nombre indica, son sueños que el propio corazón desea, pero que, a pesar de sonar cruel, nunca se harán realidad. O al menos eso pensaba por aquel entonces.
Pensaba eso ya que… Bueno, ya sabes, es algo irracional pensar que unas kunoichis se fueran a enamorar de unos asesinos. Sobretodo de los asesinos que les hicieron la vida imposible. De los asesinos culpables de su sufrimiento. Por ejemplo, Temari. Deidara "mató" a su hermano menor. Kurenai. Uno de los subordinados de Pein mató a su marido y al padre de su futuro hijo. Sakura. Itachi es el hermano mayor de su primer amor. Él fue el causante de que Sasuke se fuera por venganza. Aunque, después de recapacitar me di cuenta de que nada de eso tomaba importancia a lo que el amor se refería.
Yo también me enamoré de un asesino pero eso restaba importancia cuando mi piel recibía sus caricias, sus besos, sus dulces palabras susurradas al oído que terminaban siempre con un "te esperaré". Entonces pensaba que el ser asesino solo era un mero trabajo. Esa palabra no podía etiquetar a las personas. Yo conozco a los Akatsukis y sé perfectamente que son buenas personas. Además, ¿en qué se diferenciaban de los demás ninjas? Ambos matan, la única diferencia radicaba en que los Akatsukis lo reconocían…
- Seguro que ellas lo habrán visto. Lo buenas personas que son… - susurré para mí a la vez que me levantaba dejando a Hidan profundamente dormido en la cama y me encaminaba hacia la ventana sobre mis cuatro patitas para ver el amanecer en el balcón…
Mientras contemplaba sus múltiples tonalidades de rojo y violeta, me asaltaron ideas a la cabeza que jamás me había planteado. Akatsuki, si lo separamos significa "luna roja" pero, así tal cual, significa "amanecer". Hasta ahí siempre lo supe, pero lo que siempre había pensado era que Akatsuki representaba el amanecer de mundo ninja. Un nuevo comienzo. Una revolución. Pero entonces, me planteé otra nueva forma de verlo. ¿Y si quería decir… un nuevo comienzo para ellos? Un nuevo comienzo para sus seres queridos…
Estaba tan sumida en mis pensamientos que no me percaté que Hidan se estaba acercando por mi espalda en su forma humana hasta que sentí como me levantaba en volandas y me acurrucaba entre sus brazos. En verdad se sentía tan bien…
Entonces se sentó entrelazando sus piernas y yo me acurruqué entre ellas para después seguir viendo el inminente amanecer que se cernía ante nosotros. Ésta vez junto a Hidan.
- Hidan, deberías meterte en la casa o transformarte. Alguien podría verte… - le dije sin dejar de contemplar el amanecer.
- Me he asegurado antes de salir de que no haya nadie cerca… Además, ¿quieres de verdad que me vaya y te deje aquí? – me preguntó para después besar mi cabeza.
Yo, por mi parte, cerré los ojos, disfrutando más de la caricia que me proporcionaba. Y, sin poder evitarlo por más tiempo, empecé a restregarme contra su cuerpo. Entonces, él me empezó a arrascar el mentón para después bajar por mi garganta provocando mi ronroneo. Él tan solo sonrió burlonamente y yo aparté la mirada, azorada.
- En verdad eres como una gata…
- Cállate. No es mi culpa… Además, tú también lo serás dentro de poco – le contesté a la vez que le devolvía una mirada burlesca.
Me acerqué a sus labios y los lamí sin apartar mi mirada de la suya. Él me miró sorprendido pero se sobrepuso al instante y continuó mi juego, lamiendo mi pequeña boca gatuna. Entonces, fui yo la sorprendida. Realmente no pensaba que me iba a seguir el juego. Él nunca me besó siendo yo una gata. Él entendió al instante mi sorpresa, por lo que me dijo.
- No me importa que seas una gata o una persona. Tú seguirás siendo tú – y me sonrió como solo él sabía hacerlo.
Por lo que no me pude contener y le besé, transformándome previamente. El peliblando me correspondió enseguida mientras me abrazaba por la cintura, profundizando así la caricia. Yo, sin poder evitarlo por más tiempo, enredé mis piernas en torno a su cintura. El olor que desprendía su cuerpo era tan endemoniadamente atrayente… no podía resistirme más…
Mi peliblando pareció darse cuenta de lo que me pasaba ya que me empujó suavemente para cortar el beso.
- Estás en celo… ¿verdad? Será mejor que paremos. Puede que sea caballeroso, responsable y todo lo que tú quieras, pero ante todo soy un hombre – sonrió burlonamente – Así que comprenderás que contigo encima mía en esa posición se me hace terriblemente difícil controlarme…
Me levanté rápidamente y le di la espalda, totalmente sonrojada.
- A-Arigato, Hidan… por detenerme… - le agradecí.
- No tienes que agradecerme. Si me dejara llevar en tu estado nunca me lo perdonarías… ¿o si? La verdad es que estoy deseando ser más felino… así nos daríamos juntos un buen revolcón estando en celo y…
- ¡Hidan! – sentí como mis mejillas comenzaban a enrojecerse más.
- Mmm… Por tu sonrojo parece que no te es tan indiferente la idea – comentó por lo que me sonrojé más si eso era posible – Tranquila, solo bromeaba. No haré nada que tú no quieras… Te ves tan linda cuando te sonrojas… Así te vuelves más irresistible… Te amo tanto, mi neko…
Y me besó suavemente a la vez que acariciaba mis mejillas como si temiera que me fuera a romper en cualquier momento. Al quedarnos sin oxígeno, nos mantuvimos abrazados, deseando que este momento nunca acabara…
En ese momento no sabía expresar con certeza todo lo que embargaba a mi cuerpo. Cualquier cosa que dijera se quedaría corta a lo que en verdad llegué a sentir. Me sentía segura rodeada entre sus brazos, como si nada pudiera hacerme daño. En ese momento, y tras escuchar sus palabras cargadas de un infinito amor, me di cuenta de que nunca había dejado de amarlo de la misma manera con la que él me amaba a mí. Pero mi orgullo me impedía decírselo. En mi interior se debatía dos poderosos sentimientos y aún hoy seguía haciéndolo. Por una parte, estaba el inmenso amor que sentía por él. Pero por otra parte… aquella parte que no me dejaba expresar mis sentimientos… era la culpabilidad de amar al asesino de mi hermana. ¿Qué pensaría ella de mi si me viera así… con él? Esa misma pregunta me atormentaba día tras día cada vez que me hallaba junto a mi Hidan…
- No te preocupes. No tienes que darme una respuesta ahora. Con que me dejes estar junto a ti de esta manera me conformo por ahora… Puedo esperar hasta que todo esto se cabe… Te esperaré…
Y, mientras escuchaba esas palabras, me iba quedando poco a poco dormida entre sus brazos. El último pensamiento que cruzó por mi mente era la posibilidad de estar para siempre junto a mi amado. Tan solo había una solución para ello. Recibir la bendición de mi hermana para esta relación, pero eso era ya algo imposible… ¿o no?
***
Cuando me desperté, me di cuenta que ambos, Hidan y yo, estábamos en la misma posición. A excepción de que en ese caso era él quien se encontraba dormido, apoyando su cabeza en mi hombro derecho. Podía sentir su acompasada respiración en mi cuello. Para aprovechar aquella oportunidad, me fijé en cada uno de los rasgos de su pálida cara. Aunque, para mi desgracia, no se podía apreciar el más precioso de todos. Sus violáceos ojos…
No sabía si despertarlo, ya que la luna empezaba a hacer acto de presencia. Pero entonces, al ver su cara tan tranquila, me contuve de inmediato. No podía hacerlo. No podía devolverlo a este mundo, no para continuar haciéndolo sufrir. Porque eso es lo que le estaba causando, sufrimiento, ¿no? Aún no sabía… no entendía por qué seguía conmigo a pesar de todo. El por qué seguía queriéndome de esa forma. Debía ser duro para él. El estar cerca de mí sabiendo que aún no lo aceptaba del todo…
- Te equivocas – miré hacia la barandilla del balcón para encontrarme con otros ojos iguales que los míos.
- Yami… ¿Qué haces aquí? – le pregunté, extrañada de ver su presencia a esas horas de la noche. Pero sobretodo de que Sasuke la dejara salir.
- Mitsuko, él no sufre por tu culpa. Es más, él no sufre… - me dijo, ignorando mi pregunta.
- ¿Y tú como lo sabes?
- Porque esta teniendo otro de esos sueños… contigo – me sonrió dulcemente. Algo le había pasado. Ya le preguntaría después.
- Eso no tiene nada que ver. Es porque está cegado por el amor que siente por mí…
- Cegado pero feliz – yo me sonrojé por lo que ella empezó a reírse de mi.
- Mitsuko… - esa vez fue Hidan, quien me llamaba en sueños.
Yo le contemplé entre sorprendida y divertida. Y sonreí sin poderlo evitar por más tiempo. Una sonrisa triste sin embargo. Este baka…
- ¿Lo ves? ¿Por qué no lo aceptas de una vez? Sabes tan bien como yo que estás loquita por él – sin ser capaz de responderle, le envié todo lo que sentía con respecto a ese tema.
- ¡Mitsuko! Sabes perfectamente que eso no va a pasar. Yugito ya no está aquí. Además… - la contemplé, esperando con ansias a que continuara – Ella estaría orgullosa de ti. Ella estará feliz si tú lo estás. Pensando de esa manera da la impresión de que no la conocieras… Si quieres, puedes preguntarle a Deidara. Él también la conocía bastante bien, ¿no?
- Si… Cambiando de tema… ¿Cómo te va con… Sasuke? – le sonreí burlonamente al ver su notable sonrojo.
Pareció dudar si contarme o no pero finalmente saltó de la barandilla a la vez que se transformaba en humana. Se acercó a mí y nos apoyamos con la frente, mirándonos así fijamente a los ojos. Y sabía lo que venía entonces. Sus recuerdos…
***
Delante de mí podía ver una sucesión veloz de árboles, pero no sentía el contacto de la dura madera bajo mis pies. No era yo, o mejor dicho Yami, quien corría. Alguien la llevaba en brazos. En ese momento, Yami giró su rostro para contemplarle, permitiéndome observarlo, a pesar de que no lo necesitaba para poder identificarle. Se trataba de Sasuke. Su olor era inconfundible. Él mantenía su vista fijada en el horizonte, sin contemplar a Yami ni un solo instante. Iba metido en sus pensamientos que no se percató de que cuando habíamos llegado a su casa, sorprendiéndolo.
Tan rápido como había cruzado el inmenso bosque, traspasó el umbral de su hogar para después dirigirse al salón y dejarla en suelo sin ninguna delicadeza. A continuación, se acuclilló para estar a la altura y la miró fijamente a los ojos, como intentando leer su mente de ese modo. Al ver que no sacaba nada con ello, frunció el seño, frustrado, y se levantó bruscamente dando la espalda a mi amiga. Entonces se escuchó su voz cargada de enojo, terminado así con ese incómodo silencio.
- ¿Quién eres? – preguntó todavía sin girarse.
Lo primero que se me pasó por la cabeza fue… ¿Cómo? ¿Cómo se dio cuenta? ¿Cómo se enteró? Recuerdo que lo siguiente que pensé es que estábamos acabados. Nosotros. Los Akatsukis. Nos habían descubierto. Era nuestro fin… Pero la admirable calma que embargaba a Yami me contagió, relajándome a la vez. Debía confiar en ella. Ella sabía como arreglárselas con ése para engañarlo… Así pues, con esos pensamientos en mente, me limité a escuchar atentamente y a observar todo con minuciosa tranquilidad.
Yami tan solo maulló, cabreando aún más al chico, quien se volteó para observarla con notable enojo. Como si supiera qué era. El Uchiha se acercó a ella y la cogió, acercándola más a su rostro. Entonces sentí como aumentaba la temperatura en mi cuerpo, en el cuerpo de Yami.
- No lo niegues… No te hagas la tonta, "gatita" – le dijo, pronunciando la última palabra con sorna – Lo vi en el bosque, cuando todavía estábamos Sakura y yo solos. Vi tus ojos… tú no eres un gato, ¿verdad? Y dado que no apareciste sola, me apuesto algo que los demás tampoco lo son.
Entonces Yami acortó la distancia que quedaba entre ellos y le lamió el labio con suma lentitud, sin apartar su mirada de la suya. Él quedó petrificado ante tal acto, sin saber qué hacer ni como reaccionar. Al ver que no reaccionaba, Yami se transformó en humana, provocando que por su peso Sasuke cayera bajo ella. La chica siguió observándolo para después sonreír burlonamente y depositar un cálido beso en sus labios. El moreno cerró los ojos y correspondió el beso rápidamente a la vez empujaba a Yami a un lado, situándose él sobre mi amiga. El chico cortó para poder coger aire y así continuar por… mi cuello…
No podía soportarlo más, era realmente asqueroso, por lo que corté la conexión que me unía con los recuerdos de ella.
***
- ¿Qué pasa? ¿No querías saber? – me preguntó burlonamente al ver mi rostro.
- Te dije que me lo contaras, no que me lo mostraras – le respondí a la vez que me restregaba el brazo por mis labios y mi cuello frenéticamente, eliminando así aquella desagradable sensación – Además, ¿no decías que no sentías nada por él? Y ahora no me sueltes eso de que es por el tiempo que has estado con él, por que esos recuerdos son justo después de nuestra quedada en el bosque. Yami, me mentiste. Me dijiste que no sentías nada por él.
- Lo siento… - se disculpó, evitando mi mirada amenazante – Pero no te lo dije porque sabía que te pondrías así.
- ¿Y cómo quieres que me ponga? – le grité, sobresaltándola, provocando que se encogiera ante mi mirada intimidante. Al darme cuenta suspiré, intentando relajarme y cuando ya me hube calmado, continué – Lo siento… no quería gritarte, pero es que… Mira, en verdad me da igual con quien quieras salir, ¿vale? Lo que ahora me importa más es que toda nuestra familia esté segura y ese chico… Para mi no es lo mejor que podrías haber encontrado y… bueno, él podría contárselo a los demás. A Naruto. A las personas que todavía no lo saben y que sin duda todas ellas tendrán motivos para no dejarnos salir de aquí con vida…
- Todavía no te lo crees, ¿verdad? Lo de los sueños. Aún piensas que no son de verdad – me dijo, dejándome desconcertada – Piensas que a la vez que ellos tienen esos sueños ellas no sueñan lo mismo, ¿verdad?
- Ellas no son Nekos…
- ¿Y los Akatsukis si? Vamos, Mitsuko, ¿te estás escuchando? ¿Acaso piensas que porque tú no quieras ser feliz los demás tampoco? – se calló de repente al darse cuenta de lo dicho. Se había pasado… y ella lo sabía, aunque… tenía razón – Mitsuko, yo… lo siento…
- No pasa nada. Tienes razón. Puede que ellas también tengan esos sueños y, viendo que no estamos en ningún calabozo ni muertos, supongo que significa que ellos podrán ser felices. Eso espero de todo corazón – y sonreí. Después de tanto tiempo volví a sonreír de corazón y ésta contagió a Yami también – Nee… Sigue contándome tu relación con ése.
- Se llama Sasuke – me reprendió.
- Si, bueno, como sea. Háblame de ése – ella suspiró, resignada. A pesar de ser su novio, si es que en es momento lo eran, no me gustaba ni un pelo.
- Está bien, ¿quieres que te enseñe…?
- No – la corté – Te dije que me lo cuentes, no que me lo muestres. Ya he tenido suficientes imágenes en lo que queda de día.
- Como quieras. En resumidas cuentas, ahora él y yo somos novios, por lo que ya no molestará más a Sakura, tal y como prometí que conseguiría – sonrió, satisfecha consigo misma.
- (Y a que precio…) – pensé, resignada a tenerle como mi futuro cuñado.
- Y tranquila – continuó diciendo – Él no dirá nada a nadie. Mas que nada porque no sabe que los demás son Akatsukis. Ni siquiera sabe que somos Nekos.
- Pero Yami, mentirle de esa manera…
- Lo sé, pero debo hacerlo. Sabes tan bien como yo que si le digo que días antes estaba viviendo bajo el mismo techo que Itachi… No me quiero imaginar que pasaría… - bajó la mirada, apesadumbrada.
- Pero sabes que significa eso, ¿no? – continué – Cuando se entere de la verdad, él y tú…
- También soy consiente de ello. Cuando se entere Sasuke querrá cortar conmigo… aunque eso sería en el mejor de los casos. Conociéndole como le conozco seguro que querrá matarme sin miramientos por haberle ocultado algo así…
- Si al menos él supiera la verdad… entonces ya no odiaría a Itachi y por tanto tampoco tendría motivos para traicionarnos… - pensé en voz alta.
- ¿Verdad? ¿Qué verdad? – me preguntó Yami, bastante interesada de repente.
- Ni siquiera yo sé mucho sobre ello. Sólo sé que él en verdad quiere a Sasuke y que Itachi no fue el único en matar a todo el clan, alguien le ayudó. Pero no sé por qué los mató… Aunque lo que sé es más que suficiente para confiar en él y Sasuke debería hacer lo mismo. ¿Cómo pudo odiarle? ¿Tan poco le conocía? Si yo fuera él no lo habría hecho, antes que nada hubiera buscado la verdad… - le contesté.
- Tal y como hizo Yugito… - comentó, entristecida por su recuerdo – Ella, a pesar de ser abandonada por Deidara y descubrir que él pertenecía a una organización que mataba a gente como ella, seguía amándolo…
- Hai… Es verdad…
- Bueno, creo que debemos alegrarnos, ¿no? – sonrió – Aunque sea a base de mentiras, estamos sobreviviendo como gatos.
Al escuchar eso no pude aguantar mi risa por más tiempo.
- Si, sobretodo ellos – dije entre risas y con lágrimas en los ojos – Es increíble como se han adaptado tan bien…
- ¿Y qué esperabas? – fue Hidan quien habló. Se había despertado – Claro que nos hemos adaptado bien. Al fin y al cabo somos unos asesinos perseguidos. Estamos acostumbrados a sobrevivir como sea – y sonrió, orgulloso de sí mismo.
Ante esa cara de autosatisfacción, rompí en carcajadas nuevamente, uniéndoseme esta vez Yami e Hidan.
Mientras la luna iba descendiendo en el firmamento. Nosotros seguíamos hablando de cosas sin sentido, ignorando así lo que se nos podía avecinar pronto sobre nuestras cabezas si alguna persona errónea llegara a descubrir nuestro secreto. Francamente, lo agradecí. En verdad necesitábamos distraernos de todo ello. Lo sorprendente fue lo que ocurrió después. A medida que pasaban las horas, fueron apareciendo los demás Akatsukis, uniéndose a la conversación.
De lo que más hablamos fue de las relaciones de cada uno, de cómo iban los progresos. Incluso hablamos Hidan y yo, cosa que les sorprendió a todos, Hidan inclusive. Itachi y Yami tan solo se limitaron a sonreír. Lo que más me sorprendió fue lo que nos contó Deidara. Recientemente, Temari había cortado con Shikamaru. Todos nos alegramos por él. Seguro que Yugito nee-chan también…
Definitivamente, esto será el amanecer de todos…
