Capítulo 30

El significado de familia…

"Los hermanos a veces serán tus amigos,

pero tus amigos siempre serán tus hermanos"

Oscuridad. Fue quien me dio la bienvenida nada más despertar. La más absoluta y fría oscuridad. Ni siquiera yo, que poseía la mejor vista de todos podía ver algo. Intenté llamar a Yami pero parecía que la propia oscuridad se tragaba mis palabras de auxilio. No sabía hacia donde dirigir mis pasos pues no había camino por el que ir. Estaba perdida.

- ¿Será esto el infierno? - me pregunté pero, para sorpresa mía, ningún sonido salió de mis resecos labios.

Entonces en medio de todo ese silencio sepulcral, se escuchó como una gota chocaba contra el agua. Instintivamente toqué mi mejilla, temiendo encontrarla húmeda pero no fue así. De repente lo comprendí. No era yo quien lloraba, sino mi alma.

* * *

Hidan corría entre los árboles tan rápido como podía, volviendo tras sus pasos. Minutos atrás había sentido como alguien muy importante para él corría peligro y él sabía perfectamente de quien se trataba. Maldiciéndose mentalmente, aceleró el paso, deseoso de llegar cuanto antes al lugar donde había dejado sola a la persona más importante para él.

- Mitsuko... ¿por qué? Si sabías que no podías con él... ¿por qué me obligaste a dejarte...?

* * *

En otro lugar, no muy lejos de donde se encontraba actualmente el joven peliblanco, dos hermanos luchaban con todas sus fuerzas. Ambos luchaban por sus vidas, ya que ahora no se sentían solos. Ahora tenían a alguien en sus vidas aunque su estúpido orgullo les impidiera reconocerlo. Sobretodo el joven Sasuke, quien todavía recordaba el reciente engaño de Yami, pero, a pesar de ello, él seguía amándola. Aunque el menor de los Uchiha no lo reconociera…

- Por fin llegó el momento… Tu muerte se acerca, Itachi… - le dijo Sasuke, quien rebosaba odio por todos sus poros.

- Yo también lo esperaba con ansias… pero debo enfrentarme al destino que yo mismo me impuse… Lo siento, Sasuke… - esto último lo susurró por lo que su hermano no lo escuchó.

Nada más terminar de hablar, Itachi se acercó a su hermano velozmente con un kunai en mano. El chico lo interceptó en el último momento con otra arma idéntica y, con su mano izquierda, empezó a hacer un chidori. El mayor de ambos, al percatarse de sus intenciones giró sobre sí mismo y le dio una patada en el lateral, derribándolo. Cuando sus pies tocaron tierra, sus manos se juntaron para comenzar con una serie de sellos irreconocibles debido a la velocidad con la que los hacía.

- Katon: Gokakyo no jutsu – posicionó su mano derecha delante de sus labios y de ellos salió una gran bola de fuego que iba directa al joven que estaba todavía en el suelo.

Con un rápido movimiento, el Uchiha esquivó el ataque pero su enemigo no le dejó tregua. Al segundo después ya estaba delante suya y le propinó un fuerte puñetazo en el estómago, provocando que escupiera sangre y que su cuerpo se elevara unos metros del suelo. Pero el genio de los Uchiha no había terminado. Sin darle tiempo a que llegara al suelo, se posicionó detrás suya esta vez, golpeándolo con su codo en la espalda y estampándolo contra el suelo.

- (Como esto siga así… en nuestras anteriores luchas nunca se había mostrado así de fuerte… Es que acaso… ¿estaba jugando conmigo en los demás combates?) – se preguntaba Sasuke, perplejo de la rapidez y fuerza de su hermano mayor.

Iba a ser una larga y dura batalla, eso fue lo que pensaron ambos Uchihas, quienes se miraban desafiantes. Ninguno de ellos iba a dar su brazo a torcer. Ambos iban a luchar en serio. Hasta que uno de ellos dejase de respirar…

* * *

La oscuridad que antes se cernía sobre mí iba desapareciendo poco a poco, dejando ver a una multitud de personas conocidas a mi alrededor. Y como no podían ser conocidas, si eran mi familia… ¿Acaso ya me encontraba en el cielo? Entonces la ví, delante de mí, contemplándome con una mezcla extraña, entre alegría y reproche.

- Mitsuko-chan… ¿qué haces aquí? – me preguntó mi hermana, un poco angustiada pero sin dejar de sonreír.

- ¿Cómo que qué hago? ¿Acaso no es obvio? Me llegó la hora, y ahora estoy aquí, con vosotros, descansando…

- No lo entiendes – ahora fue mi abuela quien habló – No deberías estar aquí. Éste no es tu sitio.

- ¿Qué? – no podía creer lo que escuchaba, sobretodo viniendo de mi propia familia. De aquella que supuestamente me quiere de verdad… - ¿Por qué dices…?

- No malinterpretes a nuestra abuela. Nos alegramos de verte, pero es que… no queremos que estés en un lugar así, no lo mereces… - las palabras de Yugito me atravesaban el pecho con violencia. No se podían imaginar cuanto daño me estaban haciendo… - No conoces toda la historia de nuestro clan…

Aquella revelación me descolocó, e incluso me hicieron olvidarme por un momento de las palabras dolorosas de mi familia.

- No entiendo… - abuela sonrió, irónica.

- ¿De verdad pensabas que los dioses nos darían un poder así sin más? ¿Que nos darían la inmortalidad así por las buenas? – me preguntó. – Eso es que no conoces a Shinigami-sama…

- Sigo sin entender… ¿Qué me quieres decir con eso, abuela? – estaba desconcertada. Nadie me había hablado jamás de que deberíamos dar algo a cambio de la inmortalidad, algo a cambio de un Nekomata…

- Es simple. Disfrutaríamos de la inmortalidad hasta que nos durase, eso dijeron. Pero cuando toda esa felicidad y poder terminase, deberíamos devolvérselo. El favor me refiero. – me explicó para después mirar a mi hermana, quien continuó con el relato.

- A cambio de ese poder… debemos trabajar para Él durante toda la eternidad, en este lugar lleno de oscuridad…

No sabía que decir ante aquel descubrimiento. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Por eso no querían que me quedara, comprendí entonces. Eran tan egoístas… Sonreí para mí. Ahora otro deber se juntaba al anterior. Además de liberar a Yami de la maldición, también debía liberarlos a ellos. Mi otra familia.

- Debes irte. Antes de que sea demasiado tarde… Por cierto, Mitsuko-chan… Desde aquí he visto lo que te pasa con Hidan… no te preocupes por mí. Tienes mi bendición… - interrumpió Yugito mis pensamientos, sonriéndome al ver mi cara perpleja cargada de felicidad. Y, adivinando mis intenciones, dijo – Nos veremos en otra vida, nechan.

- ¡Espera! – la voz de nuestra abuela nos sobresaltó a ambos – Antes de irte, debo decirte algo… Los Inuzuka… ellos no son…

De repente, el suelo bajo mis pies cedió y me precipité contra el piso, que al final resultó ser agua. Mientras me hundía poco a poco en las frías aguas, pude ver como mi abuela me gritaba algo. Seguramente terminando de decir lo que quería aclararme, supuse. Pero su voz no llegaba hasta mí…

* * *

Bajo la insistente lluvia podía verse a un joven sacando lentamente el kunai que anteriormente me había clavado en la garganta, acabando así con mi vida. Yo lo observaba todo desde lo alto del cielo, pero sin poder bajar. Quería regresar a mi cuerpo… debía regresar… Al principio insistía en bajar, moviendo mis brazos como si intentara nadar en el aire, pero todo era inútil. Al percatarme de ello, dejé de insistir y me dediqué a observar. Primero, la batalla de los Uchiha, después a Hidan, quien corría desesperadamente al lugar donde se hallaba mi cuerpo, y finalmente a mi primo, Kiba.

Ahora me quitaba la vara de metal del estómago, y me sujetó rápidamente impidiendo que mi cuerpo chocara contra el frío suelo. Aunque ya eso restaba importancia, después de todo, no sentiría nada… Ya estaba muerta… Entonces ví algo que me descolocó. Kiba estaba llorando, contemplando mi cadáver. ¿Por qué? Él me había matado. ¿Por qué lo sentía? Para sorpresa mía, pude acercarme más, colocándome al lado de mi primo. Conmovida, le toqué la mejilla suavemente.

Ahora le pasaría como a mí. Durante meses no podrá dormir tranquilo, a causa de las incontables pesadillas repetidas. Todas ellas de mi muerte. ¿Qué por qué lo sé, os preguntaréis? Porque… a mi me pasó lo mismo… la vez que maté a mi hermano. Mi atención volvió a fijarse en Kiba, quien ahora miraba mi cuerpo con un leve sonrojo en sus mejillas, aún sin dejar de llorar. Poco a poco, se fue acercando a mi rostro pálido hasta depositar un cálido beso en mis labios. Incluso yo sentí la calidez de aquel roce.

- Kiba… no me digas que tú… ¿por eso lloras? – el corazón se me encogió al observarle. Se veía tan frágil… - Pero eso no es posible… ¿cómo te puedes enamorar de tu prima? – no pude evitar sonrojarme al imaginar nuestra vida juntos, el cómo sería.

- Gomen, Mitsuko-chan… Yo… no debí haberlo hecho. Por favor, perdóname… - la voz se le quebró y nuevamente se echó a llorar. Yo no pude aguantarme por más tiempo y lloré con él. Entonces, para sorpresa de ambos, mi cuerpo también estaba llorando. Finas lágrimas se desplazaban por sus mejillas, por las mejillas de mi cuerpo. Era extraño. Verte a ti misma llorar.

- Mitsuko… - me sobresalté al escuchar esa voz. Me giré lentamente y, tal y como pensaba, allí estaba. Es Yami, quien me miraba con ternura. Me sorprendí de verla en aquella forma, en su forma humana. Eso confirma que después de todo ella es humana.

- Yami… - nuevas lágrimas afloraban de mis ojos – Lo siento… por mi culpa tú también estás…

- Te equivocas – me cortó, sin dejar de sonreír – Si ya estuviéramos muertas, estaríamos con las de nuestro clan, ¿cierto?

Recordé entonces las palabras de mi abuela y mi hermana. Dijeron que yo no debería de estar allí, que no era mi momento. Podré regresar a mi cuerpo, supuse. Y eso me hizo sentirme más fuerte. Rápidamente limpié mis lágrimas y le devolví la sonrisa a Yami.

- Oye… ¿por qué no te vi en tu forma humana antes? Sólo lo vi cuando me mostraste tus recuerdos…

- Lo hubieras visto más a menudo si no se te hubiera metido en la cabeza eso de empezar de cero y tener una nueva vida – me recordó, provocando que me sonrojara de vergüenza. – pero no te preocupes. No te culpo. Te habían pasado muchas cosas. Cuando sientes tu propia muerte… normalmente las personas no se recuperan de la experiencia. Pero tú lo hiciste, y volviste a nosotros. Más que enfadada estoy orgullosa de ti.

Me quedé sin palabras. Me esforcé por no volver a llorar, esta vez de alegría. Y, cuando iba a decirle lo mucho que lo sentía, alguien me interrumpió.

- ¡Mitsuko! – gritaba alguien, muy conocido para mí, a todo pulmón – ¡Tú! ¡¿Qué diablos le has hecho a Mitsuko?! ¡Maldita bastardo! ¡Desearás no haber nacido! ¡Serás mi próximo sacrificio a Jashin-sama!

- Hidan… - murmuró Kiba, fulminándolo con la mirada. – Es tu culpa que ella esté en este estado. Si ella no te hubiera buscado para vengarse, ahora mismo estaría de nuestro lado y entonces no estaría muerta. ¡No hubiera tenido que matarla! ¡Todo esto es culpa tuya, maldito! ¡Ella debería de haber sido mía! ¡Si no soy yo quien la tenga nadie más la tendrá!

- ¿Y quién te ha dicho que no la haya hecho mía ya? – le preguntó en un leve murmullo a la vez que le miraba, divertido. Yo le fulminé con la mirada.

- Oye, ¿cómo puedes mentir así? ¡Eso sólo fue un sueño! – le grité, a sabiendas de que no me iba a escuchar pero entonces todo su cuerpo se puso tenso y empezó a mirar por todos lados - ¿Me habrá escuchado?

- ¿Mitsuko? – me llamó, asombrado – Juraría que sentí un aura maligna… ¿me habrá escuchado? – empezó a temblar levemente, asustado – Espero que no…

- Mitsuko está muerta. – le recordó mi primo, mirándolo furioso.

- Oh, ¿y cómo lo sabes? Ah, es verdad, fuiste tú quien la mató – le contestó, sarcástico pero su expresión cambió de un segundo a otro, volviéndose furiosa y fría – Ahora poniéndonos serios. Debo decirte algo. Vas a morir.

- ¡Oye, Hidan! ¡Alto! ¡No le mates, él no quería hacerlo! ¡Por favor! – le grité, pero el peliblanco no podía escucharme. Si al menos volviera a mi cuerpo… podría detenerles. – Debo darme prisa. Kiba está herido. No podrá esquivar por mucho tiempo a Hidan…

Empecé a elevarme nuevamente hacia el cielo lentamente. Volví a nadar en el aire, intentando en vano volver junto a mi cuerpo y junto a Yami. Ella tan sólo me miraba y me sonreía. Parecía que ella sabía a donde iba, o, en todo caso, sabía que iba a volver pronto y a arreglar todo aquel lío.

Cuando estuve ya en lo alto del cielo, pude ver como se llevaban a cabo las batallas de mi familia. Podía ver a Sasori luchar contra Neji y Tenten. Bueno, Tenten parecía más una espectadora y no me extrañaba en lo absoluto. Después de todo, ellos dos están enamorados o, como mínimo, se tienen cierto aprecio. A ambos les gustan las armas, son tal para cual. Sonreí amargamente. Solo espero que todo salga bien… Neji, por el contrario, no hacía más que atacar, furioso. Él era un enemigo a temer, sobretodo para Sasori. Como le de y bloquee sus puntos de chakra… tiene todas las de perder.

En otro lugar no muy lejos de donde se hallaba Sasori, se encontraba Deidara acompañado de Shikamaru y Temari. No hacía falta observar para saber que estaría pasando. Tal y como supuse, Temari estaba más al margen y Shikamaru atacaba sin piedad al pobre Deidara. Más que una guerra, todo esto parecía una batalla de enamorados… Ninguno de ellos luchaba por sus vidas, sino por su orgullo y por las personas que más amaban en este mundo.

Pero éstas batallas, y las de Itachi y Sasuke, eran las únicas batallas de amor. Los demás eran normales, o al menos en parte. Kakuzu se enfrentaba, no sin cierta dificultad, a Shino y a Chooji. Por suerte para él, ambos ninjas de Konoha no se compenetraban demasiado bien e incluso se llegaban a entorpecer el uno al otro, lo que le daba una cierta ventaja. Después estaban Kisame y la pareja extravagante, Lee y Gai. En este combate ya sabía quien ganaría, aunque a veces no lo pareciera, Kisame es muy fuerte, de los más fuertes de Akatsuki me atrevería a añadir. Pero no solo eso, también es muy inteligente, por lo que sabrá aprovechar cualquier oportunidad que se le proponga. Un poco más lejos se hallaban el trío invencible, Konan, Tobi y Zetsu. Ellos se enfrentaban a Hinata, Kakashi, Sai e Ino, respectivamente. Siendo Zetsu el que más adversarios posee. Pero eso no era problema, ya que los tres se ayudaban mutuamente en el caso de necesitarlo. Sobretodo Konan y Tobi, que a mi parecer se gustan, aunque ellos se esfuercen en negarlo. Y por último estaba nuestro gran líder, Pein, quien luchaba contra Naruto. Todo esto siendo observado de muy cerca por Kurenai. Esta es la batalla más temida, desde mi punto de vista, parecía una lucha de titanes, nada que ver con las anteriores. No quería ni imaginarme que pasará cuando en verdad se pongan serios…

¿Y dónde está Sakura? Os preguntaréis. Pues supongo que es bastante obvio que cerca de la batalla disputada entre los dos hermanos Uchiha, y no me equivocaba. En la rama más cerca y oculta del claro se encontraba ella, sintiéndose impotente. Me compadecí. Tener a la persona más amada tan cerca y en peligro… y no poder hacer nada. Esa batalla era entre ellos dos y ella lo sabía. El orgullo Uchiha estaba en juego y que la joven pelirrosa se interponga solo haría empeorar las cosas.

Sin darme a penas cuenta, mi alma se ha ido elevando poco a poco hasta conseguir una considerable altura. Luego empezó a nublarse mi visión hasta que todo quedó completamente a oscuras. Mi último pensamiento en ese mundo nuevamente fue para mi familia, pero en esta ocasión… consistían en ánimos para ellos, para que ganaran esta batalla, para que ganaran un lugar en esta ciudad, para que fueran felices al fin…

* * *

Pensé que volvería a ver a mi familia, pero cuan fue mi desilusión de solo encontrarme a hombre grande, quien en algunas partes de su cuerpo carecía ya de protección externa, viéndose solo los huesos. A sus espaldas residía una hoz que casi doblaba su cuerpo. Su arma me supuse que era. Sus inquietantes ojos rojos no dejaban de evaluarme ni un instante, los cuales hacían contraste con su pelo ondulado castaño. Y sus notables músculos no hacían más que intimidarme, mi cuerpo… no, mi alma no me respondía, estaba totalmente paralizada. Nuestras miradas no podían encontrarse por mucho tiempo, pues siempre era él quien ganaba, obligándome a desviar la mía. No sabía que era lo que pasaba. Nadie me había intimidado así antes. Algo extraño ocurría.

Sonrió, arrogante y complacida. Me recordó… a alguien. No sabría decir a ciencia cierta a quien. Sólo… que me recordaba a alguien muy conocido… y muy querido. ¿Su sonrisa sádica quizás? ¡Claro! Se parece a…

- Hidan… - susurré sin darme cuenta. Entonces mi cuerpo empezó a poder moverse - ¿Por qué… puedo moverme ahora? Tú… - ahora podía sostenerle la mirada - ¿Quién eres?

- ¿Quién crees que soy? – odio que me respondan con otra pregunta, esto va para largo…

- Bueno… supongo que alguien con mucho poder, puesto que por unos momentos has podido doblegarme – le respondí, segura de mis aciertos – Así que… ¿Un Dios, tal vez?

Sonrió, en esta ocasión sin un ápice de sarcasmo ni sadismo en su rostro.

- Correcto. Pero hay algo que se te escapa… ¿Qué Dios soy y qué vinculo tengo contigo?

- Mmm… supongo que eres… ¿Shinigami-sama? – lo último lo dije en un tono más parecido a una pregunta que a una respuesta. No estaba muy segura de haber acertado.

- Casi, pero no – se acercó a mí y, pasando por un lado, me puso una mano sobre mi hombro – Piensa… somos muy parecidos pero a la vez muy diferentes…

Entonces la última pieza apareció y todo pareció encajar. Su parecido con Hidan… no era casual…

- Jashin-sama… - murmuré, sorprendida - ¿Cómo…? No entiendo qué vinculo tenemos…

- Y no me extraña… Verás – regresó a su sitio inicial, no me había dado cuenta que era parecido a un trono – Shinigami y yo somos hermanos gemelos, pero… como ya te dije somos muy diferentes a la vez. Él es alguien necesario, es el encargado de recibir a todas las almas tras sus muertes, junto a su… mascota, Nekomata, que se encarga de ir a por ellas. Por el contrario, yo… soy totalmente innecesario y… estoy incompleto. Cuando le veas lo comprenderás – continuó con un deje de amargura – Puede sonar cruel, pero es necesario que mis seguidores me ofrezcan tantos sacrificios…

- Aún así no entiendo el vínculo que nos une… - le contesté, cortante, ya que no quería entrar en ese tema. Él solo sonrió, enigmático. Esto me empezaba a cansar… - Oye, si no vas a contarme nada, déjame ir de vuelta a mi cuerpo. Hay gente esperándome…

- Soy… tu padre – mi corazón se paralizó y mi mente se bloqueó.

O al menos eso pasaría si tuviera cuerpo… Pero la sensación era la misma. Empezó a faltarme el aire y mi visión, a nublarse. Necesitaba tranquilizarme…

- No deberías habérselo dicho así, de sopetón, querido otouto – me giré sorprendida. ¿Veía doble?

Delante de mí yacían lo que parecían ser mi padre y mi tío. Eran tan… idénticos, era extraño.

- Bueno, ¿y qué quieres que le haga? Ya sabes que no soy bueno metiendo intriga. Soy más directo – le respondió Jashin. Entonces me di cuenta de algo… en algo se diferenciaban. Shinigami era completamente un esqueleto, como Hidan cuando se transformaba, mientras que Jashin solo en parte.

- En fin, ya te lo explicaré yo – me dijo mi tío, mientras me contemplaba con comprensión – Por favor, relájate, sé que es muy duro, pero aún no lo sabes todo – Tomó aire – Escucha. Aunque parezca extraño, tenemos mucho aprecio a tu familia, por lo que sentimos mucho las pérdidas que tenéis cada vez que una de las encarnaciones fallaba en su cometido de controlar a La Diosa. Entonces conocimos a tu madre, que se había enamorado de un Inuzuka, era vuestra última oportunidad de sobrevivir. No sabes la alegría que sentimos al ver que sólo había tenido una hija con él. Era nuestra oportunidad de aportar algo bueno, así que… Mi hermano se ofreció voluntario para ser el padre de la pobre criatura contenedora de la Inmortal. Creímos que… bueno, que una semidiosa tendría más posibilidades.

- Entonces… queréis decir que Yugito y yo no somos…

- ¿Hermanas? No, pero si hermanastras. Mitsuko… quiero que te des cuenta de que la sangre no es lo más importante, sino lo que sientes. Yugito seguirá siendo tu hermana, pase lo que pase, con sangre o sin ella. Siempre y cuando vosotras así lo queráis. Tú más que nadie sabe que es más fuerte un vínculo del alma que de la sangre, ¿no? – Shinigami se acercó a mi y me abrazó, seguido de mi padre.

- No te preocupes…

- ¿Qué no me preocupes, dices? Ellos… mi familia está condenada eternamente y yo no por ser una maldita semidiosa y me dices que no me preocupe – me deshice del abrazo y los miré, desafiantes – Shinigami… Libéralos de su condena… ahora.

- Sabes que no puedo – se puso serio de repente – La única manera es que tú controles a La Diosa y rompas la maldición de Yami. Sólo tú sabes cómo. Y ahora que ya sabes toda la verdad… es el momento de que regreses. La hora ya ha llegado. Será interesante ver si has mejorado lo suficiente para controlarla…

- Espera, aún tengo que hablar con vosotros… - mi tío no me escuchó. Tan solo se acercó a mí y, mirándome directamente a los ojos a la vez que sonreía y se ponía a mi altura, me golpeó ligeramente con su dedo índice en la frente, obligándome a caer de espaldas y arrojarme al mundo de los vivos…

- Buena suerte… - pude escuchar de ambos dioses antes de precipitarme hacia el vacío.

* * *

Era una sensación rara. El caerse. Sientes como el aire choca contra su cuerpo, relajante, pero a la vez por la fuerza de la gravedad tu estómago se contrae, transmitiéndote una sensación nauseabunda y desasosiega. Y entonces… nada. Y al poco después una fuerza que no era la mía empezó a cobrar vida. Había llegado por fin a mi cuerpo… y no era la única. La Diosa había despertado. Feliz décimo octavo cumpleaños Mitsuko, me dije alegremente. Ya es hora de que la diosa esa se entere de quien manda. Con renovadas energías, me levanté rápidamente y miré a mi alrededor.

Kiba yacía en el suelo, a los pies de Hidan, quien iba a asestarle el golpe de gracia. Rápidamente me dirigí hacia Hidan para detenerle, antes de que sea demasiado tarde, pero muy a mi pesar, parecía que todo se desarrollara a cámara lenta. Mi desesperación iba en aumento con cada paso que daba… la respiración se me entrecortaba… mi corazón bombeaba con mucha fuerza… a la vez que sentía como el poder de La Diosa iba engulléndome. Tenía que llegar antes… y lo conseguí.

Con un kunai, intercepté el ataque final de Hidan y ambos nos quedamos mirando. Yo desesperada. Él atónito ante lo que sus ojos le mostraban. No parecía creer que yo aún estuviera viva. Pero la alegría no duró mucho. El poder se estaba haciendo demasiado grande… pareciera que… fuera a explotar… No… no… ¡No! ¡He entrenado mucho para esto! ¡No puedo acabar así!

- Hidan… Kiba… alejaos… rápido… - apenas podía hablar. El dolor era insufrible. Era como un terrible dolor de cabeza, pero en todo el cuerpo y mil veces peor – La Diosa…

- No. Mitsuko, aguanta. Tú eres más fuerte que esa, por favor… quédate conmigo – me rogaba, a la vez que me abrazaba con fuerza.

Las lágrimas volvían a traicionarme… ¿Cuándo dejaría de llorar? Ahora que lo pienso… empecé a llorar con más frecuencia desde que conocí a mi nueva familia. Tanto de felicidad como de tristeza. Pero tras llorar siempre me las he secado y he mirado hacia delante, con fuerza. Las lágrimas me hacían más fuertes… ¿Significa eso que llorar no es malo? Supongo que depende de cómo reacciones después… Tengo que superar esto… por el bien de todos, no puedo fallar… Me he esforzado mucho por esto, definitivamente no voy a acabar así. ¡De ninguna manera!

El dolor pareció remitir hasta el punto de hacerlo llevadero. Entonces escuché a Kiba… estaba furioso.

- Tú… ¡Apártate de Mitsuko! – se acercó amenazante a Hidan, arrastrando su pierna rota consigo, pero a una velocidad considerable. Yo apenas me podía mover y todo mi peso residía encima de mi peliblanco, por lo que ninguno podía esquivarlo.

Ví una mancha borrosa moverse, posicionándose entre Kiba y nosotros. Era Yami. Observé como el kunai iba directo a ella. De repente, sentí como el poder volvía a mí, pero en esta ocasión yo era quien lo controlaba. Mi cuerpo se empezó a mover y en menos de un segundo ya me encontraba protegiendo a Yami. Ella era como mi hermana, y como tal la defendería aún a costa de la mía propia. Sinceramente, al principio la veía como una compañera, como una herramienta… pero desde que fui conociendo la verdad y a mi nueva familia, la he estado viendo como parte también de mi familia. Pero de sangre. Ahora… la siento como más cercana a mí. Ahora siento el vínculo del alma que nos une, cada día con más fuerza que el anterior.

Y entonces abracé a mi primo. Él tan solo dejó caer el kunai, anonadado, al igual que Hidan, podía percibirlo.

- Sé que no somos primos… - le susurré, amable – Y también lo que sientes por mí, pero siento mucho no poder corresponderte como es debido. Sólo te tengo cariño, como familiar, como amigo. Tal y como siempre ha sido y será, aunque no sea de sangre… Lo siento…

Alguien me abrazó por detrás, con cariño y agradecimiento. Demasiados finos para ser Hidan… Entonces, ¿quién…? ¿Yami? No puede ser… Lentamente me giré y la vi. Morena con el pelo liso y sonriente. Nunca la había visto así.

- ¿He… roto la maldición? – no podía creerlo, pero era cierto… al fin… - Yami… yo… - lloré de felicidad, no podía aguantarme por más tiempo – Lo he conseguido. Todos mis propósitos al final… los he logrado. ¡Yami!

Dejé de abrazar a Kiba para reemplazarlo por Yami. Ambas llorábamos de felicidad. Mi familia al fin estaba libre. Ya no habría condenada tras nuestras muertes. Por fin podrían descansar en paz… De repente sentimos como nuestra familia lloraba con nosotras en forma de lluvia. Me sentí ligera. Me había quitado al fin una gran carga para mí, se sentía tan bien…

- Mitsuko… - era Hidan quien me llamaba, casi me olvidé de él. Casi.

Me dirigí hacia él y lo besé con pasión. Lo amaba tanto. Ahora estaríamos siempre juntos, por toda la eternidad. Y es que, ahora que lo pesaba, poseía no dos, sino tres almas inmortales. Cierto, tengo que contarle a Hidan lo de mi padre…

Se escuchó una explosión no muy lejos de mi posición, lo que nos sobresaltó a todos. Volteé a ver a Kiba y a Yami, y vi como ella le ayudaba a sostenerse en pie. A pesar de todo el alboroto no pasé desapercibido el notable sonrojo de Kiba. Así que mi primito es todo un enamoradizo después de todo…

- Bueno, tenemos que ir a ver que ha pasado. Debemos parar esta guerra – dije, mirando fijamente a Kiba, quien asintió – Genial, pues vamos.

Primero íbamos Hidan y yo, seguidos de ellos, quienes iban más rezagados por el pie del chico. No tardamos mucho en llegar al lugar de origen de la explosión y nos sorprendió mucho lo que vimos. Por un lado estaban todos los Akatsuki y por el otro los de Konoha. Pero eso no era lo extraño, sino que Sakura yacía en los brazos de Itachi, totalmente inerte.

- ¿Qué… ha pasado? – por unos momentos temí lo peor… Todos se voltearon a vernos, algunos apenados y otros sorprendidos al ver a Kiba tan amistoso con nosotros. Sobretodo Sasuke, aunque el los veía más bien enojado… ¿o debería decir celoso? Sin más tiempo que perder me acerqué a Sakura y la examiné.

- Mi hermano y yo estábamos peleando y por fin iba a darle el golpe final cuando ella… - Itachi no podía seguir hablando, se le veía muy afectado.

Comencé a examinarla, confirmando así todas mis sospechas. Ella… había muerto por culpa de esta maldita guerra.

- Mirad lo que habéis hecho… - estaba enojada con todos ellos. No podía evitarlo, por lo que me levanté y planté cara a los de Konoha - ¡Mirad! ¡Por vuestra culpa ella ha muerto! ¿Estáis contentos? ¡Justo lo que vosotros queríais! ¡Nosotros no os hemos hecho nada en estos 4 años y podríamos haberlo hecho! ¡Hemos cambiado aunque no queráis verlo!

A continuación, me acerqué a los labios de la pelirrosa. Era la única solución. No podía dejar a mi hermanito en ese estado… por lo que, con el poder que tengo como semidiosa, le traspasé parte de mi esencia, tal y como hice con Sasori. Nada más entrar en el cuerpo de la joven, reaccionó abriendo los ojos y respirando como si hubiera tragado agua. Itachi no lo dudó y la abrazó con todas sus fuerzas, a lo que ella respondió como pudo.

- Itachi, trátala con más cuidado. Recuerda que acaba de llegar de la muerte y no es algo muy agradable, deja que respire y se tranquilice – le aconsejó Sasori, experto ya en el tema de la resurrección.

Poco a poco, los de Konoha fueron llegando para ver a Sakura, aún incrédulos respecto a lo acontecido momentos antes. Y es que no se todos los días a alguien regresar de la muerte. Yo me fui alejando de la multitud y me acerqué a Hidan.

- ¿Estás bien? – le pregunté, mientras me acurrucaba en su pecho.

- Si… aunque aún no me acostumbre a ver como mi chica resucita a los muertos – ambos nos reímos – Ya todo ha terminado, ¿no?

- Si. Aunque aún queda una sorpresa más por decirte sobre mí. Lo descubrí mientras estaba muerta – le comenté a la vez que me alejaba para contemplarle el rostro.

- Dudo que algo me vaya a sorprender más que esto, pero bueno, adelante.

- Seguro que te sorprenderá – le sonreí, divertida – Verás… el motivo por el que puedo resucitar a los muertos no es por mi clan, ya que en ese caso todas podrían hacerlo. El caso es… que soy una semidiosa – él me miró, paralizado y confuso – Mi padre no es un Inuzuka, es un Dios y… le conoces más que yo.

- No me digas que…

- Si. Mi padre es Jashin y mi tío… - me besó, ahora era yo la sorprendida, pero al poco le correspondí y ambos nos fundimos en un abrazo. Cuando cortamos el beso, pude continuar – Como te decía, mi padre es Jashin y mi tío es Shinigami-sama. Ambos son gemelos.

- La verdad no me extraña. Y tampoco me extraña que me haya fijado en ti, tú que estás rodeada de muerte… - se rió – Ah, mi diosa… y yo siempre pensando que eras un regalo caído del cielo, nunca mejor dicho…

- Baka – le seguí con las risas – tú si que eres un regalo para mí. Y encima no tengo que presentarte a mi padre para que nos de su bendición, ya te lo habías ganado mucho antes de conocerme incluso – entonces rompimos en carcajadas – Pero una cosa… no sé lo digas a nadie de Konoha, solo a Akatsuki, ¿vale?

- Claro… oh, mira – los dos miramos en dirección a la multitud y contemplamos como Deidara y Temari se besaban y se acariciaban, acaramelados. Pero no eran los únicos. Itachi y Sakura también, al igual que Pein y Kurenai, Konan y Tobi, y Yami y Sasuke. Parece que al final la ha perdonado… me alegro tanto por ella…

- Vaya… ya está saliendo el sol… - comenté, pasmada ante tan hermoso paisaje.

- Si… es como…

- Nuestro amanecer, un nuevo comienzo – dijimos los dos a la vez. Nos miramos, sorprendidos, para después volver a reír.

Era increíble como cambiaban las personas. Yo, por ejemplo, no me había reído más en toda mi vida que en aquel momento. Cuando todo lo malo terminó. Todos nos quedamos contemplando el amanecer, cada uno al lado de su pareja, hasta que nos dimos cuenta que Kiba estaba padeciendo fiebre, por lo que fuimos inmediatamente al hospital. Por suerte solo necesitó reposar una semana para recuperarse de su lesión causada por mí. Los de Konoha nos aceptaron tras haber salvado a Sakura, por lo que nos quedamos a vivir allí. Bueno, les va bien a todos menos a Deidara, quien aún tiene que ganarse la confianza de Gaara y Kankuro, pero al menos tiene la ayuda y el apoyo de Naruto y Temari.

Aunque no todo es tan bueno como parece. Muchos habitantes aún no nos ven con buenos ojos, por lo que vamos a hacer un castigo. Tenemos que realizar misiones para la ciudad durante medio año. Si lo miramos con buenos ojos tampoco es tanto, sobretodo comparando con el daño que hemos causado. Así que estamos agradecidos. Después de todo, es más de lo que podíamos llegar a haber imaginado siquiera…