Los personajes conocidos por ustedes, NO ME PERTENECEN. Salvo los que son inventados, los cuales son de mi completa autoria, al igual que la historia.


Libro de Agustín Sweet

Capitulo uno

Callé, pensando en algún plan para librarme de esta. 'Piensa Agu, piensa'. Tenía algo, pero era demasiado arriesgado, aunque todo era mejor que ir a parar a la oficina del inspector Marco. ¡Ni hablar! Ya había ido dos veces esta semana, y nunca es bueno ir una tercera vez, y lo que tenía pensado… tampoco era tan malo.

- ¿Y bien? – reiteró, con el mismo tono.

- Me mandaron a enfermería – respondí con voz inocente.

- Pues no te veo ahí.

- Pero Demetri- insistí, ocupando la mas suave voz que tenía –, no hay por qué ponerse así.

Caminé hacia él, y me ubique detrás de él, puse mis manos en sus hombros y comencé a masajearlo.

- ¿Qué haces? – inquirió confuso, podía notar el nerviosismo en sus palabras.

- Solo te hago un masaje. ¿No te gusta? – le susurre al oído con voz seductora – es mucho mejor conversar cuando se esta relajado. Niégame que no se siente bien.

- Yo… - dijo en un quejido, cada vez mas se iba entregando más al placer. – No deberías… - calló.

Estaba sorprendido, debo admitir que no estaba cien por ciento seguro de que mi lisonjeo con Demetri funcionaría, pero es otra prueba de que aun no nace el chico que pueda resistir mis encantos.

- ¿Porqué no dejamos de hacer los que deberíamos y comenzamos a hacer lo que nos gusta y hace sentir bien? – le siseé en el otro oído mientras una mano le acariciaba el cuello y otra bajaba por su espalda.

Nuestra sesión finalizo al oír la campana resonar. Me separé rápidamente de Demetri. Debía llegar lo antes posible a mi habitación para retocarme. No me despedí, solo lo dejé, aplicarme un poco de polvo y rubor era mucho más importante que despedirme. Quizás cuanto tiempo se demore en darse cuenta que me había salido con la mía.

Subí rápidamente los escalones, esquivando a la multitud que bajaba a disfrutar de su descanso.

Al llegar al segundo piso, me dirigí hacia la escalera que daba al tercero, piso de los dormitorios. Sin embargo uno de los conserjes, creo que se llamaba Peter, impedía el paso a las escaleras.

- ¿Por qué no se puede subir? – me queje con voz dura.

- El director a dado ordenes de que todos los alumnos y profesores deben bajar al vestíbulo. – me informo.

- ¡Necesito ir a mi dormitorio urgentemente! - insistí en casi un grito. Estaba realmente irritado.

- Lo siento, joven. Ordenes son ordenes.

- ¡Agh! ¡Go to the hell! – le insulte, aun que probablemente este tipo no entienda ni una sola palabra.

- ¡Agu! – dijeron al unísono tres voces, las cuales pude identificar, Ale, Chris y Aphrodite, Bella, se hallaba atrás. Seria estúpido pensar que Bella gritaría mi nombre en forma preocupada. Simplemente, Bella no se preocupa.

- ¡Hey! – les salude extendiendo la mano.

Se acercaron a mí velozmente.

- ¿Cómo estas? – preguntaba Chris.

- ¿Qué te paso? – pregunto Ale

- ¿Te dieron algún medicamento? – pregunto Aphro.

- Tienes un aspecto fatal – menciono Bella.

- Lo sé ¡Lo sé! – masculle – Y ahora no puedo subir al tercero por culpa del inepto de Peter.

- Ten… creo que tengo una base – dijo Chris

- Y yo un encrespador – dijo Ale

- Y yo un labial – dijo Aphro.

- Date prisa y bajemos. – ordeno Bella – Seguramente Charlie nos presentara a los profesores nuevos.

Bella me pasó un espejo de bolsillo, y comencé a maquillarme, decidí que para entretenerlas debía contarles lo que me había sucedido abajo.

- Creo que conocí al hijo del profesor, y creo que estudiara con nosotros – informe.

- ¿Qué? ¿Un hijo? – pregunto Chris con cara sorprendida - ¿Y como se llama?

- No lo sé, no alcanzó a decirlo. Se fue y después llego Demetri.

- ¿Demetri? - preguntó Aphro intrigada.

- Si, él mismo.

- ¿Y no te hizo nada? - preguntó Ale incrédula.

- Jeje, no me creerán lo que hice pero… acabo de coquetearle y de tener una entretenida sesión de masajes.

- ¡¿Qué hiciste qué?! - pregunto exaltada Aphro.

- Lo que oíste, y el muy tonto calló, en este momento de debe estar recién dando cuenta de todo lo que sucedió.

- ¡Guau Agu!, me sorprendes cada día – me adulo Chris.

- ¿Te duele algo Aphro? Deberías ver tu cara – indico Ale

- No, nada… - mintió. A ella le molestaba lo que había hecho con Demetri, pero no lo quería aceptar. Siempre he sospechado que Aphro siente una peculiar atracción por él.

- ¿Y el chico con el que estabas era guapo? – pregunto Chris.

- Guapísimo – al decirlo, se volvieron a tornar coloradas mis mejillas – Una hermosura de chico.

Aphro esbozo una sonrisa gigantesca, emocionada. Al igual que lo hizo Ale y Chris. En cambio Bella, tenía un semblante pensador. Sea lo que sea, quería arruinarle sus planes.

- Pero creo que vino con su novia – enuncie con voz apagada. Sentí una punzada en el pecho al recordar a la chica que me arrebato a mi rescatante - Una chica le hablo con tono autoritario, igual que como lo hace una novia.

- ¡Rayos! Era demasiado bueno para ser cierto – refunfuño Ale.

Las sonrisas se esfumaron, y el rostro de Bella se volvió duro.

- Pues ahora lo averiguaremos – manifestó con voz decidida.

Devolví los cosméticos a las chicas. Ya me veía aceptable. Comenzamos a bajar por los escalones hasta llegar al primer piso. Estaba atestado de gente, todos los estudiantes, profesores, conserjes y el resto del personal se encontraba en el vestíbulo. Nos ubicamos atrás de todo el gentío; levante la mano para saludar a la profesora Anto al verla, se encontraba al lado del profesor Paolo, últimamente han estado muy juntos…

- Ahí viene bajando tu padre, Bella – indico Ale.

El director Charlie bajo por la escalera y subió la tarima que estaba debajo de ella y se ubico en el taburete.-

- Silencio, por favor – pidió por el micrófono, sonando su voz detrás de nosotros. Los murmuros cesaron, dándole la oportunidad de hablar. – Muy buenas tardes, jóvenes estudiantes, profesores, y a todo el personal. Nos reunimos aquí para recibir a nuevos integrantes de esta gran familia. Como algunos saben, el profesor Banner y la profesora Cecilia, hoy dejaran este internado. Sí, lo sé, es una gran perdida para nosotros, pero desde ya les informo que ya hemos conseguido a nuevos profesores que ocuparan su lugar. Estos dos profesores que llegan hoy, agradablemente tengo entendido de que son marido y mujer, y aun mas, llegan con sus 5 hijos que desde mañana podrán verlos en clases como cualquier estudiante. He recibido varias recomendaciones de estos dos docentes, y debo decirles, que me siento muy orgulloso de tenerlos como profesores. Por favor, denle un fuerte aplauso para el profesor de biología Carlisle Cullen y a su esposa la profesora de Lenguaje Esme Cullen.

Los aplausos retumbaron por todo el salón, y a los segundos se pudo escuchar el sonido de pisadas que bajaban por los escalones.

No lo podía creer, ¿Realmente era cierto lo que veían mis ojos?

Alguien como él no podía ser un profesor. ¿Quién es Brad Pitt al lado del profesor Carlisle Cullen? Nada. Brad Pitt no tenía ese rubio platinado perfecto, y ojos de un azul intenso como el zafiro, carecía de una tez perfecta blanquecina y de labios tan bien curvados como los tenía él.

Un silencio inundo el salón, todos estaban atónitos con la bajada del nuevo profesor.

Luego, detrás de él, bajo una mujer, de baja estatura, pelo ondulado color chocolate, cejas arreglada y de unos espléndidos labios pintados rojo carmesí. Se podría decir que los dos hacían una pareja físicamente perfecta.

Bajaron, y se ubicaron inmediatamente en la tarima, juntos y sonrientes. Los murmuros comenzaron a invadir la habitación nuevamente. Aun faltaba lo más importante…

- Puedo ver la ansia que refleja sus rostros… pero tranquilos, ya tendrán tiempo de conocerlos a fondo – habló el director con una sonrisa picara en su semblante. – Ahora, os tengo una grata sorpresa… para algunos y algunas – continuo, fijando su mirada en cada uno de nosotros, pude jurar que esbozo otra sonrisa al verme a mí.

Me estremecí, algo en mi interior sabia lo que pasaría, pero otra parte no quería que ocurriera, no quería ver.

- Ahora viene lo bueno – exclamó Chris emocionada.

- Y Bien…- continuó el director Charlie, ahora serio – No solo recibiremos esta tarde al profesor y profesora Cullen sino más bien hoy también celebraremos la llegada de sus cinco hijos que se integraran a este internado.

Calló, los cuchicheos invadieron el lugar, todos comentaban la información recibían, todos híper ventilaban.

- ¡Cinco! – manifestó Ale en un grito.

- Oh, Dios mío, no puede ser cierto – exclamó Aphro dándose viento con la mano.

- Uno de ellos será mío – habló Bella con gesto determinado, dándolo por hecho.

- Aun no sabemos cuantos de ellos son mujeres y cuantos son hombres – masculle, tratando de bajarle los humos a Bella.

- Ya dijiste que había uno, pues si es el único, será mío – decretó Bella.

- Eso seguro – afirmo Chris, un tanto desanimada.

- ¡Que bajen luego! – gritó Aphro luego de silbar.

Varios la siguieron, hasta que los silbidos eran insoportables.

- Calma, calma – tranquilizo el director – Llegó el momento de presentarlos, pero necesito silencio.

Y silencio fue lo que recibió.

- Muy bien – prosiguió - Primero recibiremos a los mayores, los que estarán en el grado B – anunció, refiriéndose al tipo de clases que tendrían. En el internado Salvatore solo se podía estar cuatro años, cada año uno asiste a diferentes tipos de clases y a diferentes horarios y distintas horas a la semana. Se comienza por el grado D hasta terminar en el grado A. Yo estaba en el grado C, por lo que estos nuevos alumnos, no serian compañeros míos. Mi corazón se reprimía al pensar que mi rescatante no estaría en las mismas clases que yo.- ¡Recibamos con un fuerte aplauso a Rosalie y a Jasper Hale!

Resonaron los aplausos, sin embargo mi nerviosismo me impidió mover los brazos. ¿Jasper? ¿Así se llamaba tal chico que me ayudo esta tarde?

Comenzaron a escucharse los pasos bajando por los escalones y la tensión aumentaba.

Cada músculo de mi cuerpo de relajo al percatarme de que el chico que bajaba no era quien pensaba, sino mas bien este era un poco mas bajo, pero de mayor musculatura, llevaba una polera que hacia notar sus pectorales, eran envidiables. Sus cabellos igualmente eran ondulados pero de un color acaramelado parecido a la miel, sus patillas llegaban hasta su mentón, tenía una mirada severa y desde donde estaba podía notar las comisuras de sus labios. Tenía los ojos oscuros como el carbón, que inundaban tu mirada de oscuridad si te detenías a verlos. Sin mentir, no era nada de feo.

Al lado seguía su hermana, quien era más alto que él, tenia una larga cabellera rubia que cualquiera podría notar sus horas de cuidado diario. Su tez era blanca, pero su rostro llevaba una gruesa capa de base y de rubor. Vestía una chaqueta sin mangas que hacia claramente lucir su busto, el cual acaparo la mayoría de las miradas, y un jeans apretado que hacia resaltar su parte trasera. Perfectamente podría verse a una chica como ella en alguna revista de última moda o de algún concurso de belleza, su figura lo desearía cualquier chica de su edad. Sus altos tacones, daban fuertes estruendos en la madera y cesaron al llegar a la alfombra que los guiaba a la pasarela. Subieron, y se ubicaron al lado de los profesores, tomados de la mano, nos saludaron con una leve reverencia.

Las chicas miraban excitadas a Jasper, en especial Aphro, que cualquiera podría decir que lo desnudaba con su mirada. Todas menos Bella, quien miraba con gesto de insuficiencia al chico y con mirada desafiante a Rosalie.

Pude respirar tranquilo por unos segundos, mi rescatante no se veía como uno de grado D ni de A, por lo que solo quedaba el grado C ¡Estará conmigo!

Por supuesto que no faltaron los silbidos aduladores para los nuevos estudiantes, pero cesaron cuando el director Charlie pidió la palabra.

- Buena bienvenida para Jasper y Rosalie ¿eh? – dijo en una pequeña risita – Pero ahora, es el momento de presentarles a los tres estudiantes restantes. Estos, asistirán a las clases de grado C, los tres son trillizos, por lo cual son muy unidos, y espero que ustedes les den la confianza como para desenvolverse en esta comunidad.

- ¡Démosle la bienvenida a la señorita Alice, y a los jóvenes Emmet y Edward!

Resonaron los aplausos, nuevamente mis brazos y todos mis músculos quedaron gélidos. El momento se acercaba…

Primero bajó Alice, la chica de aspecto rebelde bajaba como en saltitos las escalas, al igual que como si estuviese dando pasos de ballet. ¡Mentira que ella baila! Lo último que faltaba era que apareciese competencia en ballet. Bajó rápidamente, y sacudió sus desflecados cabellos al subir a la tarima, y nos saludo con un delicado movimiento de mano.

Al minuto, se escucho unos fuertes pasos que descendían, como si viniera un gorila bajando. Y un gorila fue lo que bajó, debía ser Emmet, un vocecita me lo decía. Emmet era grande, corpulento, como todo un jugador de rugby, de espalda ancha y de gruesos bíceps. Era de tez blanco y llevaba un corto pelo negro. Sus ropas daban a mostrar que en ese cuerpo no había nada blando. Su mirada era seductora, y a pesar de tener un cuerpo tan fornido, sus movimientos era gráciles. Cuando estaba en la tarima abrazo fuertemente a Alice y levanto la mano para saludar.

Los gritos de Chris retumbaron en mi oído, gritaba como una verdadera loca. Un escalofrío bajo por mi columna al darme cuenta de que el único que faltaba por bajar era él…por fin. Estaba a punto de volver a ver a… Edward.

Comenzó a oírse los pasos bajando, sentía que mi corazón saldría de mi pecho por cada paso que se escuchaba, puesto a que latía con tanta fuerza que me impedía respirar. Gotas de sudor caían por mi frente, estaban frías, mire hacia abajo y el piso me daba vueltas. Volví mi mirada al frente, y ahí estaba, simplemente hermoso, tal y como lo recordaba. Puedo jurar que alrededor de él se propagada un resplandor, un resplandor que hizo cerrar mis ojos lentamente, y entremedio de todos los gritos, silbidos y alaridos, iba cayendo en un silencio que me envolvía completamente. Y me entregue, me entregue a esa tranquilad que sentía, pero antes de eso, el rostro de Bella quedo estampado en mi mente. Esa mirada… esa mirada que dirigía hacia Edward, esa mirada que indicaba que... nada sería fácil después de este momento.


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