Los personajes conocidos por ustedes, NO ME PERTENECEN.
Salvo los que son inventados, los cuales son de mi completa autoria, al igual que la historia.Libro de Agustín Sweet
Capitulo tres
- ¿Está muerto? - pregunto en un sollozo Chris. Siendo las primeras palabras que captó mi sentido de audio.
- ¡No seas tonta! – regaño Aphro – Solo esta inconciente.
- ¿Puede oírnos? – preguntó Ale a la señora Ponfrey.
- Es probable – respondió cansada
Aun todo seguía completamente oscuro, solo podía oír voces. Luche con mis parpados para abrirlos, hasta que un pequeño rayo de luz fue creciendo cada vez más.
- ¡Se despertó! - exclamo Ale en un alarido.
- ¡Oh, Agu! – chillo Chris a la vez que se lanzaba a mí y me abrazaba – Querido, no vuelvas a hacerme esto nunca más, ¡pensé que morías! – seguía chillando, pero estaba vez, en mi oído
- Ok, Chris, suficiente – dije desganado, me incomodaba estar en esta situación – Estoy bien.
Chris me soltó, y permitió incorporarme. Estaba nuevamente en enfermería, con la diferencia que en vez de tener a Edward observándome con cierto grado de preocupación, tenía a Ale, Chris y Aphro sentadas a mis pies. ¡Maravilloso!
- Bella no pudo venir – se dirigió Aphro a mi - Ella… ella se está ocupado de otros asuntos – la excuso
- No sé por qué no me sorprende… - masculle con voz apagada.
- Señora Ponfrey – habló Ale mirando a la mujer que yacía en el escritorio anotando quizás qué cosa - ¿Por qué se desmayó Agu?
- Creo que ustedes saben muy bien cual es la razón, cielo – respondió la señora Ponfrey un tanto molesta, sin haberse dado vuelta de su escritorio, concentrada en lo que hacía.
- Oh… - pronuncio Ale agachando la cabeza.
- El chico no está comiendo. Ese es su problema - se escuchó una voz fuera de la habitación.
- Ya tengo una solución – otra voz le respondía.
- Sabes que hubiese ocupado otros medios…
Me sentía aturdido, lento. Como si todo lo que oyera lo suprimiera a los minutos después. Justo en ese momento me di cuenta de lo que realmente pasaba. Me había desmayado, mientras Edward se presentaba a todos. ¡Yo me había desmayado!, y ahora estaba en la enfermería. La razón de la cual todos hablaban era porque no comía, estaba débil, y ahora venían dos personas a regañarme y tal vez a darme un castigo.
Se abrieron las puertas, y tres personas se acercaban hacia nosotros. ¡Oh, no, Dios mío! Era el trío del mal, El director Charlie, el sub director Aro y mi querido inspector Marco. Nada confortable podía resultar cuando estaban ellos tres juntos.
- ¿Cómo esta el desvalido? – pregunto el director Charlie esbozando una sonrisa.
- Perfectamente - dije lo más rápido posible – esto solo fue una traición de los nervios.
- No sigamos con los engaños, Sweet – hablo el inspector Marco con esa voz fría y tosca que siempre tenia – Tu y yo sabemos perfectamente que no tienen nada que ver los nervios.
- No…
- Sabemos que no estas comiendo, Agustín – pronuncio el sub-director Aro interrumpiendo mi replica - y es nuestro deber preocuparnos por ti y solucionar tu problema. ¿Podrías decirnos por qué no quieres ingerir tus alimentos diarios? No digas que es por gordura.
- Es personal – masculle mirando un vacío.
- No sigámos haciendo el rol de sicólogos, y vallamos al quid del asunto – dijo el director Charlie - Te lo pondré fácil, Agustín. No nos meteremos en tus asuntos, y a cambio, tú comerás. ¿Cómo nos fiaremos de eso? Afortunadamente un estudiante se ofreció voluntario para verificar que comas tus tres comidas diarias, mínimo. De lo contrario, tomaremos medidas drásticas – finalizo fijando su mirada en mis ojos, su voz era tranquila pero a la vez dura.
- ¿Estas de acuerdo? – pregunto el sub-director Aro
- El asunto es que empezaste con unos pequeños dolores y ahora te has desmayado, no permitiremos que pase a mayores – exclamo el inspector Marco.
- De acuerdo – respondí entre dientes, asumiendo mi derrota.
- Sabia decisión – menciono el director Charlie - Ya es hora de irnos. Que estés bien, y cuídate. Con su permiso, señoritas.
Se fueron, caminaron velozmente hasta y la puerta y se perdieron de vista.
Suspiré, pensando en el lío que me había metido. Ahora alguien, estaría vigilándome todos los días y todo el día. Seguramente ese alguien seria un Vulturis. ¡¿Dios, por qué me haces esto?! Quería salir de este lugar, llegar a mi habitación y dormir, olvidar y no pensar ni en rescatantes guapísimos, ni en nuevos compañero, ni en comida, ni en enfermería, ¡en nada! Solo dormir.
- Quiero irme – le indique a Chris para que se saliera y permitiera erguirme.
- No creo que sea lo mejor – murmuro Aphro
- Quiero irme, y punto - dije en un bramido
- ¿Qué opina usted, señora Ponfrey? – pregunto Ale
- ¿Qué importancia tiene mi opinión? Si todo lo que diga, este jovencito lo ignorara – mascullo con voz molesta y triste a la vez.
- Buen punto.
- ¡Uy! Si siempre se hace lo que mi Agu dice – me dijo Chris con rostro malévolo mientas me hacia cosquillas.
- ¡Basta, ya! – me queje entre risas
- Ok, vámonos – me indico
Chris se irguió y ayudo a levantarme. Cualquier cosa que me haya dado la señora Ponfrey había funcionado absolutamente, ahora estada todo a la normalidad.
- ¡Morirás con lo que te contaré! – manifestó Aphro emocionada mientras nos dirigíamos hacia la puerta
- Oh, espera – le indique con la mano mientras me devolvía hacia el escritorio – Señora Ponfrey, muchísimas gracias. Me siento perfectamente, y disculpe por las molestias – manifesté dándole un leve abrazo.
- No te preocupes, cielo. Para eso estoy, y recuerda que tu salud siempre esta por encima de todo – me respondió con una calida sonrisa de abuelita. Era tan fácil hacerla feliz.
- Lo tendré en cuenta – le respondí mientras me alejaba
- En la tarde me dijiste lo mismo, y mira como terminaste – menciono a mis espaldas.
Salí de la habitación y me encontré con las chicas en el vestíbulo.
- Ahora… ¡cuéntamelo todo! - ordene a Aphro
- Chris, por favor, ponte detrás de Agu por si le da otro desmayo - se rió Aphro.
- Ja-ja-já, ¡Dime rápido! - ordene desesperado, su rostro me decía que era algo bueno.
- Pues… cuando te desmayaste… Adivina quien bajo de la tarima y fue corriendo hacia ti para saber que te había sucedido. – finalizó con un susurro. Los ojos de Aphro delataron el nombre
- Oh, Dios mío – dije en un grito ahogado.
- ¡Si! ¡fue él! Hubieses visto el rostro de Edward cuando te recogió del suelo. – Aphro se reía estruendosamente – Juro que no sabía qué hacer, si preocuparme por ti o apreciar tal figura que estaba al frente mío.
Lo que Aphro decía no podía ser cierto, ¡no podía! Las imágenes comenzaron a formarse en mi mente, Edward corriendo a través de la multitud para llegar hasta mí, y luego tomarme en sus brazos… nuevamente. La sola idea de pensar en que nuevamente estuve entre esos fuertes y calidos brazos, hacia latir ferozmente mi corazón.
- ¡Dios, Agu! Estas completamente rojo – se burlo Chris – Parece que a alguien le interesa Edward.
- ¿Otro más para tu colección, Agu? – pregunto Ale riéndose de mi rostro.
- ¡No es gracioso! – dije molesto mientras subía los escalones.
- Ok, perdón, Agu – murmuro Chris – ¿Y tu de que te burlas, Aphro? Vi claramente como se te caía la baba cuando bajaba Jasper – se burlo
- ¿Y tu? Parecías una loca gritándole a Emmett, ¡descarada! – encaro Aphro a Chris
- Es verdad, son unas Hotties, o sea calientes – dijo Ale, anunciando una nueva palabra suya. Ale tiene el afán de inventar palabras en ingles.
- ¡¿Con que cara Alexandra, por favor?! – hablo Aphro en un alarido mientras la apuntaba con el dedo.
- Todos se dieron cuenta de que no le quitaste los ojos encima al profesor Carlisle, ¡debería darte vergüenza! – se burlo Chris.
- Excuse me, hace tiempo que perdí la vergüenza con ustedes.
Ya habíamos llegado al segundo piso, y nos dirigíamos a la próxima escalera.
- ¿Se fijaron a quien miró Bella? – pregunto Aphro intrigada
Esa pregunta produjo un apretón en mi abdomen. Sabia la respuesta, pero mi mente se negaba a aceptarla.
- La verdad, no me fijé – respondió Ale
- Debe de haberlos mirado a todos, como siempre – exclamo Chris.
- Tienes razón – murmuro Aphro.
- Hablando de todos, ¿Dónde esta todo el mundo? – pregunte confuso
Ya estábamos a punto de llegar al tercer piso.
- Adelantaron la hora de recreación - me informo Ale, refiriéndose a la hora que el internado nos imponía para permanecer afuera, al aire libre. Así le darían tiempo a la familia Cullen para que termine de instalarse.
Llegamos al tercer piso y nos dirigimos por el pasillo que daba a la torre sur.
- Hablando de la familia Cullen… miren quienes están ahí – indicó Aphro hacia delante.
Levante la vista, estaban los nuevos estudiantes llevando sus maletas hacia sus respectivos dormitorios. Edward se dirigía al dormitorio uno, que quedaba al frente del dormitorio cinco, que resultaba ser el mío. ¡No, por dios! Lo último que necesitaba era toparme con él.
- Vayamos a su habitación - les manifesté a las chicas – Por favor.
- Está bien – acepto Aphro disimulando una risa.
Doblamos hacia la izquierda, que daba hacia las habitaciones dos, tres y cuatro, las cuales eran las habitaciones de mujeres. Pudimos ver entrar a Rosalie y a Alice entrar a la habitación tres, habitación que el pertenecía a Mel, y al estar a solo unos metros de la habitación cuatro, la cual era de las chicas, una voz sonó detrás de nosotros
-¡Hey! – sonó esa musical voz y comenzaron a oírse pasos que se acercaban a nosotros. ¡Trágame tierra! - ¿Cómo te sientes, Agu? – preguntó, con su voz tan seductora que me provoco soltar un suspiro.
Todo en mi cabeza daba vueltas, sentí nuevamente mareos, las ideas se mezclaban, lo único que tenía claro, era que no podía responderle. Le di un golpe con el codo a Chris, de forma que entendiera que hablara por mi, afortunadamente capto la idea y entre a toda prisa a la habitación. Al entrar, pegué mi oído en la puerta para escuchar la conversación.
- Está mucho mejor – respondió Chris un tanto nerviosa – Pero en estos momentos se encuentra indispuesto a hablar. Se agradece tu atención y bienvenido a este internado.
- Gracias – mencionó, con voz apagada – Nos vemos – se despidió.
Hubo una disputa en mi interior, una parte quería salir corriendo a buscarle y decirle gracias, pero la otra deseaba que Edward desapareciera.
Las chicas entraron, todas mirándome con expresión burlesca. Preferí callar. Subimos las escaleras del dormitorio, y al llegar al piso de las camas, nos encontramos con Bella. Estaba sentada en su cama hablando por teléfono.
- Los quiero en una hora. Sí, a nombre de Charlie Swan – hablaba con voz imperiosa. Nos miro, y una sonrisa se produjo en su rostro – Debo irme, hasta luego – colgó – Con que ya estas bien – me dijo despectiva – Perfecto.
- Así es, y gracias por aparecerte por enfermería – manifesté sarcástico – Pero no te preocupes, no noté tu ausencia.
- ¿Disculpa? Deberías agradecerme
- ¿Agradecerte de qué? – respondí enarcando las cejas
- Alguien debía encargarse de que Charlie pensara en algo mejor que en llenarte de sicólogos y nutricionistas – menciono desdeñosa, sacando en cara lo que había hecho. Pero si creía que se lo agradecería, estaba completamente loca – Y alguien debía encargarse de mandar a pedir nuestros trajes para el baile de esta noche.
- ¿Qué? – pregunte confuso.
- ¡Un baile! – chillaron al unísono Aphro y Chris mientras se tomaban de las manos y saltaban de felicidad.
- ¿A celebración de qué? – pregunto emocionada Ale.
- Un baile de bienvenida, para ustedes saben quienes. En estos momentos deben estar repartiendo las invitaciones - respondió Bella – Y acabo de hablar con la agencia de Alondra para que en una hora mas nuestros ropajes estén aquí – termino, refiriéndose a la agencia de su modista, la cual era extraordinariamente buena.
- Oh, Bella, eres lo máximo – aduló Aphro.
- Lo sé – pronuncio Bella, fijo su vista en mí, su mirada hablaba y decía: "¿Ves todo lo que hago por ti?" Pero a mi a mi no me engañaba, hacia falta muchísimos más para que me hiciera olvidar todo lo que vi aquella noche.
- A todo esto… ¿qué hora es? – pregunté sintiéndome totalmente desconectado.
- Son las cinco y veinte minutos - respondió Bella mirando su lujoso reloj de muñeca – Aun nos quedan dos horas para arreglarnos
- Pues creo que será mejor que me dirija a mi cuarto – emití en un suspiro.
- Ok, ve – se despidió Bella fríamente.
- Nos vemos, Agu – dijo Ale.
- Ponte bien guapo, para tu sabes quien – me indicó Chris entre risitas.
- Dios, esto era justamente lo que necesitábamos – exclamo Aphro.
Baje velozmente las escaleras, y salí del dormitorio. Caminé por el aun vacío pasillo con la mente en blanco, realmente no quería pensar en nada que no fuera tomar una estimulante tina con agua caliente. Sin embargo, al pasar por el correo, que estaba al lado de la confitería, una voz me llamo.
- ¡Agustín! Tienes una carta – me giré para ver quien decía mi nombre, y era Lissa, la chica del correo.
Me acerqué a ella, sorprendido. Hace tiempo que no llegaba carta alguna para mí.
- Es de dirección… ¡uy! – exclamó, matando toda esperanza sobre que fuera de mi madre.
- Oh… que alentador – masculle desganado.
La cogí, y me alejé arrastrando los pies. Mientras caminaba, la curiosidad me ganó y fui abriendo lentamente el sobre, hasta abrirlo completamente, saqué el papel que se hallaba dentro y la ley.
Señorito Sweet:
Cumplo con informarle que a las siete con diez minutos, lo estará esperando en el segundo piso la persona asignada para vigilar sus comidas diarias, empezando por esta noche.
Agradeciendo su atención, le desea una grata tarde
Gianna Coppeni – Secretaria
Fantástico, un Vulturis me estará vigilando todo el baile. Una sensación de aprensión me invadió, pensar en que así me sentiría todos los días hizo dolerme la cabeza fuertemente.
Fui con una completa desgana a buscar una toalla a la habitación de mantención que s ubicaba al lado del correo. Al cogerla, me encamine a toda prisa a mi dormitorio, ya no daba más. Entre, fui a mi guardarropa y saqué una bata. Al llegar a la puerta del baño me detuve a pensar lo tranquilo que era estar en mi dormitorio, con su forma cuadrada, sus paredes pintadas de un blanco hueso, con los cinco roperos juntos, obviamente el mío era el mas grande, y con mi tocador personal, al fijarme en la escalera espiral que se ubicaba al medio de la habitación, me hizo pensar que así se encontraba mi mente en estos momentos, dando vueltas y vueltas sin parar.
Finalmente, entre al baño, y encendí la tina y espere que se llenara; mientras tanto iba desnudándome. Al sacarme la polera, me mire al espejo, realmente el subdirector Aro tenía razón al decir que no podía tener como razón decir que estaba gordo, mi físico no era de un atleta pero estaba todo bien puesto y sujeto. Miré mi curvada cintura, y me hizo recordad a mamá, ella siempre decía que había nacido con cintura de mujer, y a veces pensaba lo mismo, puesto a que una vez estuvimos comparando nuestras cinturas con las chicas, y nos percatamos de yo tenia mas que ellas, excepto por bella, por supuesto.
Eché un vistazo a la tina y ya estaba a un nivel moderado. Termine por quitarme la ropa que me quedaba y me metí.
- ¡Ah! – gemí al primer contacto de mi cuerpo con el agua caliente, lentamente me fui acostumbrando a la temperatura, entregándome a la paz que me entregaba.
Pude ver el vapor que emergía del agua, nublándome la vista y dejándome en un mundo gris donde mi mente vagaba y se perdía con el paso del tiempo.
- ¿Agu? ¿Estas ahí dentro? ¿Te encuentras bien? - alguien hablo detrás de la puerta. Fueron las palabras que me hicieron volver a la realidad, erguí la cabeza, el agua ya estaba tibia, comenzando a enfriarse. Algo me dijo que había estado arto tiempo metido en la tina. Me levante rápidamente y salí. Me sequé con la toalla y me puse la bata. Enseguida, abrí la puerta para ver quien preguntaba mi nombre.
- ¿Si? – dije al abrir la puerta del baño y fijarme en la persona que hablaba. Era Alec, un compañero de habitación. Un Vulturis.
- Oh, lo siento – se disculpo mirando al suelo, permitiéndome ver su cabellera del color de un capuchino – Deduje que estabas tú en el baño, y como no salías, pensé que debía asegurarme de que estabas bien – termino, hablando con voz tiritona.
- Ah, pues estoy bien. – respondí lo mas normal posible.
- Y… creo que llego algo para ti, me tome la molestia de dejarlo en tu cama – menciono aun mirando al suelo. Su nerviosismo hizo avergonzarme un poco. Alec era distinto al resto de los Vulturis. Siempre he creído que él solo esta ahí porque su padre, el sub. director Aro o su hermana Jane, lo obligan. Creo que si me hicieran escoger a alguien para hacerlo mi amigo, lo escogería a él.
- Debe ser mi traje para el baile. Eres un amor - manifesté moviéndole sus cabellos con la mano.
- De nada
- Iras, ¿cierto? – era algo obvio, ya que tenía puesto su traje
- Creo que sí – respondió entrecortadamente.
- Pues ahí te veo. Espero que me invites a bailar una canción ¿eh? – bromeé.
Levanto su rostro, y me miro con sus ojos de azul profundo, que cada vez que los miraba, hacían sumergirme en un mar. Sus mejillas estaban coloradas, y se mordía un labio.
- ¡Hey! No sé que rumores habrán de mí, pero la gente no termina congelada al verme a los ojos – dije entre una risa. Sonrió. – Ahora, si me permites, me iré a cambiar. Algo me dice que estoy un tanto atrasado – Ya no podía hacer más por él.
Me aleje de él y subí velozmente la escalera espiral. Al llegar al segundo piso, observe el paquete que había en mi cama. Fui casi corriendo hasta el y lo abrí.
Era una camisa blanca, una chaqueta sin manga negra, corbata negra, y un pantalón de tela a rayas blanca, terminadas en pitillos. Estaba precioso, decidí vestirlo inmediatamente. Vi el reloj que estaba en mi mesilla, indicaba las siete. ¡Dios! Tenía diez minutos para estar listo y bajar al segundo piso. ¡Era imposible! Decidí que no había tiempo para bajar al baño a cambiarme y debía cambiarme aquí mismo, arriesgándome que alguien subiera.
Afortunadamente, nadie subió, baje a saltos y me dirigí al tocador, me aplique lo mas rápido un poco de base y un poco de mascara, un arreglín a mis cabellos, y perfume. Volé hacia la puerta, y corrí hacia las escaleras, apartando a toda la gente que se cruzaba. Baje a todo prisa por las escalas y unos de mis pies me traiciono, tropecé, trate de estabilizarme pero era inútil, mi mente ya había creado la imagen de mi cara en el suelo. Lancé un leve grito mientras caía y calle cuando sentí un par de brazos fuerte sosteniéndome de los hombros.
- Llegas exactamente doce minutos tarde – masculló esa voz que deseaba no escuchar.
- ¿Perdón? – pregunte totalmente incrédulo. Deseaba con todas mis fuerza que esto solo fuera un sueño, y que aun yo estaba durmiendo en la tina, donde mi única preocupación era respirar.
Con mucho amor para CCC :P
Cajita verde, ¿cierto?
