Los personajes conocidos por ustedes, NO ME PERTENECEN.Salvo los que son inventados, los cuales son de mi completa autoria, al igual que la historia.


Libro de Agustín Sweet

Capitulo cuatro

- Valla, creo que me estoy acostumbrando a sostenerte – mencionó Edward dedicándome una amplia sonrisa.

- ¿Qué… haces… aquí? – pregunte entrecortadamente.

- Esperar por ti – respondió en un susurro. Su fresco aliento inundo mis fosas nasales.

- ¿Para qué? – insistí, mirando tontamente sus ojos color verde musgo. Lo que decía no tenía sentido alguno.

- Pues, soy tú vigilante – explico lentamente, articulando cada palabra – es eso lo que hacen, vigilar y esperar.

Debía estar de broma. ¿Por qué tenia que ser él precisamente? Cualquier otro, ¡cualquiera! Pero tuvo que ser él. ¡Dios, si es esto un castigo, perdóname! Y a los segundos me di cuenta que aun seguía en sus brazos.

- ¿¡Qué!? - chille al momento que me separé de él bruscamente – Es un chiste, ¿cierto?

- Si fuera un chiste no estaría acá – masculló sarcástico levantando las cejas. ¡Se veía tan sexy! – Eh… ¿vamos? Creo que estamos un poco atrasados.

- Ok… - mencioné con una voz apenas audible. Aun no asimilaba lo que sucedía.

Forcé a mis piernas moverse, sentía todo el cuerpo rígido. Bajé y di un leve tropiezo. Torpe, torpe, torpe, ¡mil veces torpe!

- ¿Es necesario que te lleve de la mano? – pregunto mordiéndose un labio para aguantar reírse.

- No… - sentía un nudo en la garganta, un calor me invadió mis mejillas, por lo que suponía que estaban rojas. No podía girar la mirada hacia él, realmente no podía. Mis uñas estaban incrustadas en la palma, mis piernas tiritaban a cada paso que daba y un extraño dolor se generaba en mi abdomen, como cosquillas, ¿será esto a lo que llaman tener mariposas en el estomago? Esto iba de mal en peor…

Al caminar como un zombie hasta las escaleras que nos llevarían al primer piso, observé a dos sombras escondidas en un rincón, levante ligeramente la cabeza y pude ver la inconfundible cabellera rubia de Aphrodite y a su lado los sucios cabellos negros ondulados de Bartholomeo, más bien llamado por nosotros como "zarigüeya", Aphro debía de estar encargándose de la "diversión" para el baile. Bartholomeo era nuestro proveedor de productos, ya sea cigarrillos, alcohol, o porros. Dios sabrá de donde los consigue. Impedí que Edward viera a Aphro con él, ya que no te traería buena fama si te vinculaban con él. Nosotros solo lo ocupábamos para asuntos puntuales. El internado nadie le tomaba gran atención, siempre ha sido un rechazado y continuadas veces me he preguntado de cómo un chico como él puede estar en este lugar. Su persona completa era totalmente decadente.

Bajamos por las escaleras, yo al lado de Edward, estando hombro con hombro apegados. Derepente él habló.

- Por cierto… ese chaqueta se te ve… linda – expreso, su voz delató que dudaba en decirlo. Las cosquillas aumentaron provocándome responder con un quejido.

- Gracias…

Entonces le miré, y pude apreciar sus ropas. Vestía elegantemente un terno negro, con camisa y corbata verde, que hacia resaltar sus preciosos ojos. Le quede mirando por un buen rato, desviando cada dos segundos la mirada hacia sus ojos por si me descubría, moría si se llegara a dar cuenta. No faltó mucho para que se pudiese oir los estrépitos del vestíbulo

- ¡Oh, Edward, por fin llegas! – Exclamo el director Charlie al acercarse a nosotros.- Por favor, acompáñame – menciono arrebatándolo de mi lado. Su ausencia dejo un frío en mi hombro.

Me adentré en el salón, estaba todo decorado con globos y cintas, en la tarima estaba escrita con letras gigantescas la palabra "bienvenidos". Todo el mundo se encontraba ahí, rodeando a los invitados de honor que se ubicaban en el centro de la multitud.

- Llegas tarde, Agu – me avispó Chris.

- Me quede dormido – enuncié tocándome la cabeza con una mano, que ya estaba un poco relajada. - Chris, debo decirte algo – confesé con voz nerviosa.

- Oh, querido, dime – menciono tomándome de las manos.

- Alejémonos un poco – le indique. Nos movimos unos metros del gentío para conversar tranquilos. - Edward será mi vigilante – murmure con voz baja, la cara me ardía ferozmente.

- ¡Eso es maravilloso! – expresó en un grito chillón.

- ¡Nada de maravilloso! – repliqué con voz fuerte – acabo de sentir las mariposas…

Chris se llevo las manos a su boca, totalmente sorprendida.

- ¿Y eso es malo? – pregunto indecisa

- ¡Claro que es malo! – emití en un sollozo, los ojos comenzaban a picarme – Chris, soy el príncipe de hielo, no puedo sentir esto, va en contra de mi naturaleza y… ¡creo que no podré con el! Juro que me supera – manifesté, estallando en lágrimas. Me aferré en su hombro para ahogar mis sollozos.

- Ay, cariño, lo que pasa es que te estas enamorando… por primera vez – me consolaba mientras me acariciaba mis cabellos – es normal que te sientas así…

- ¡Pero Chris! No quiero seguir sintiéndome así, ¡si vieras como me comporto cuando estoy con él! Como un completo imbécil – golpeé el hombro de Chris con rabia, espero que no le haya dolido tanto.

- ¡Aquí están! ¿Qué…? – escuche la voz de Aphro a mis espaldas - ¿Sucede algo, corazón? – preguntó preocupada.

- No, nada – tranquilicé – nada que un par de porros no solucione – sonreí, las chicas no merecían verme así, ya había provocado suficientes problemas por hoy.

- Pues eso está todo solucionado – dijo con cara picara – me acabo de encargar de eso. Ando cargada – bromeo.

- Genial

- ¿Todavía no comienza esto? – preguntó Aphro aburrida – Pues lo que es yo, me iré a buscar un vaso de champagne. ¿alguien se me une?

- Yo – respondí con la voz más alentadora que pude. Decidí que por ahora debía tragarme todo lo que sentía y fingir por un par de horas. Ya habría tiempo de desahogarme en mi habitación. Lo que es ahora, el príncipe de hielo debía entrar a escena digno como tal.

- Y yo – respondió Chris.

- Vamos – ordeno Aphro

Caminamos tomados de la mano, hasta que pillamos a un garzón.

- Quiero tres, por favor – ordeno Aphro.

Saqué delicadamente una copa, al igual como lo hizo Chris y Aphro.

- ¿Por qué brindaremos? – pregunto ansiosa Chris

- Brindemos por esta noche, que dará inicio a nuevas experiencias en el internado – manifestó Aphro levantando su copa, con el rostro excitado.

- Salud – dijo Chris levantando igualmente su copa, desviaba su mirada hacia mí insegura de mi reacción.

- Salud… - alcé mi copa y disimule una sonrisa. No me costó tanto como creía.

Juntamos nuestras copas, las hicimos sonar y las bebimos de una vez. Fue placentero sentir el agrio sabor de la ginebra bajar por mi garganta, dejando en ella las ganas de más.

Los tres nos miramos, y a cada uno se le formaba una leve sonrisa divertida en el rostro, cuando ya no aguantamos, los tres preguntamos al mismo tiempo

- ¿Otra?

Reímos, mientras buscábamos con la mirada a otro garzón. Chris levantó la mano para llamar a uno. Cuando se encontraba a tan solo unos metros una voz habló.

- No les sirva aun – ordenó una voz seca, amargada. Los tres nos giramos para ver de quien se trataba y era nada menos que de Jane, la líder Vulturis - ¿No saben que hay que esperar a que se comience el baile para beber del champagne? – se dirigió a nosotros y nos habló tal y como si les estuviese hablando a niñatos – Por favor, traten de comportarse por esta vez. Y tu… - de dirigió al garzón con esa mirada penetrante que tanto la caracterizaba - agradece que no le informaré de esto a mi padre.

Callamos, cada uno pensando en un insulto en que decirle, pero el director Charlie nos facilito todo al oír sus palabras.

- …Y es por eso que damos por comenzado este baile - finalizo y comenzaron los aplausos seguidos por la música.

- Pues como veras, Jane. Creo que esto acaba de comenzar – insinuó Aphro con voz burlona.

- Así que, ¿por qué no mueves ese escaso traserito que tienes y que tapas con esa horrenda falda que llevas puesta? Enserio, si quieres, yo te hubiese prestado mi pijama, es mil veces mejor que andar con eso – se mofo Chris, con voz malvada.

- ¡Ya pues! No oigo esos gastados tacones sonar, un, dos, un, dos. Anda a molestar a otro lado, ¿quieres? – mandé haciendo sonar mis dedos.

Notamos como Jane luchaba por no desmoronarse. Fuimos buenos, y nos volteamos para darle la espalda y caminamos hacia el garzón, que seguía parado como tonto espectando todo.

Sacamos nuevas copas y las bebimos, esta vez, el brindis fue por haber puesto nuevamente en su lugar a Jane, pero mientras bebía, pensé en Alec y en por qué le tuvo que haber tocado una hermana como ella. Si Jane no existiese, las cosas podrían ser tan distintas entre los dos…

- Ya están los borrachines… - emitió Bella en un suspiro

- Bella, si empezamos a hablar de borrachos, discúlpame, pero sales perdiendo – rió Ale quien se encontraba a su lado.

Bella dio un ligero empujo a Ale, luego, se acerco hacia Aphro con gesto serio.

- ¿Cómo te fue con la zarigüeya? – pregunto.

- De maravilla – exclamó – cinco porros y dos frascos de licor del diablo.

- Perfecto - expreso Bella satisfecha.

- Quiero fumarme mi porro ahora, hace días que ansío uno – confesó Ale.

- Tranquila – indico Bella – Esperemos a que la gente de disperse. Por mientras, iré a vaciar un frasco al ponche. Ale y Aphro, acompáñenme – ordeno

Las tres se encaminaron hacia el mesón de los licores. Mientras tanto, Chris y yo nos sentamos para apreciar la música, la cual por unos momentos calló, y la gente comenzó a expandirse hacia los lados, formando un círculo.

Me paré para ver de qué se trataba todo esto. En el centro, se ubicaba Alice con el profesor Carlisle, ambos estaban en posición de baile.

La música volvió a sonar, y los bailarines iniciaron su baile. Era un vals ingles, y Alice puso sus manos en los hombros de su padre y éste sus manos en la cintura de ella. Comenzaron con el típico "un dos tres", ambos eran muy elegantes al moverse. Al estribillo de la canción, el profesor levantó a Alice de la cintura, dejándola en el aire. Alice alzó las manos y ambos comenzaron a dar vueltas. Varios aplaudieron, incluso Chris, inmediatamente le dirigí una mirada amenazadora y bajo los brazos. Luego, el profesor la bajó y el tomo a ella de una mano para que diera un par de giros, el rostro de felicidad de Alice ilumino el salón. Cada paso era tan excesivamente perfecto como ellos.

Afortunadamente, la música cambió, y paso a un fox-trop y varios se unieron a la pista. No lo pensé dos antes de hablarle a Chris.

- Bailemos – dije decidido, no esperé a que me respondiera y le tomé la mano y nos dirigimos a la pista.

Llegamos, y pude sentir las miradas que se regían a nosotros. No me importó, y empezamos a bailar. Dimos varios giros, saltamos, etc. Pero las miradas rápidamente se desviaban hacia Alice. Un leve sentimiento de rabia empezó a expandirse en mi interior. Miré hacia el público y nadie tenia su mirada puesta en nosotros, excepto alguien… Edward se ubicaba a unos cinco metros de mí, estaba al lado de su hermano Emmett y tenía su mirada fija en nosotros; en nosotros no, tenía su mirada fija en mí.

Las mariposas aparecieron nuevamente, desviando toda mi atención de la música, todos mis sentidos se dirigían hacia esa persona que me observaba. Intercambiamos por varios segundos la mirada, hasta que una sonrisa afloro de sus labios.

- ¡Agu, muévete! ¿Qué te pasa? – inquirió Chris moviéndome el hombro.

- ¿Ah? – emití abobado

- ¿Aló? Llamando a Agu, estamos en medio de un baile

Abrí de par en par los ojos, avispado. Me percaté de que estaba inmóvil en medio de la pista de baile, y de que varios me observaban, algunos mofándose. Me desesperé, mis nervios me traicionaron y no pude moverme. Luché para levantar un pie, pero lo tenía adormecido. Pero finalmente lo logré y me lleve a Chris lejos de ahí. La gente se aparto para darnos paso y caminamos hasta donde se ubicaban las demás chicas

- ¡Hey, Agu! ¿Qué onda? – preguntó Aphro - ¿Qué fue todo eso?

- Hiciste el ridículo – menciono Bella levantando el mentón.

- ¿Por qué no bailaste tan fabulosamente como lo haces siempre? – preguntó incrédula Ale

- ¡Ya, déjenlo! – se quejo Chris - ¿No ven que está débil, no ha comido nada en toda la noche.

- Oh, es cierto. Deberías comer algo, Agu – murmuro Aphro arrepentida.

- No. Quiero un vaso de ponche – ordené. La voz sonaba como si estuviese en estado de sonámbulo.

- Pero no tienes nada en el estomago, y le vertimos todo el frasco de licor del diablo – informó Ale, exaltada

- Quiero un vaso de ponche – insistí tozudo.

- Bueno, bueno. Si el chico quiere tomar. Que tome – hablo Bella con voz cansada – Aquí tienes – me ofreció un vaso.

Lo cogí y lo bebí de una vez. Al tragarlo, sentí que mi estomago lo devolvía, pero lo forcejee para que lo mantuviera adentro.

Un pitido llego a mis oídos que me hizo doler la cabeza. Cerré los ojos con fuerza, hasta que Aphro hablo.

- Agu, nosotras vamos al baño, espéranos, ¿vale? – su voz la escuche un tanto distorsionada. Asentí, no estaría nada de mal estar un rato a solas. Abrí los ojos, y todo se movía, todo estaba borroso. Al ver que las chicas se alejaron, decidí en caminar a un lugar estable donde afirmarme.

No pensé que me iba a costar tanto desplazarme, con cada paso, me tambaleaba. ¡Dios, no podía estar haciendo efecto el ponche tan luego! No, esto no podía estar pasando. Una desesperación tremenda de estar ahora en mi cuarto me invadió, me lleve las manos al cabello y me los tire fuerte, quizás de esa forma reaccionaba, sin embargo no sentía nada.

Mi respiración se agitaba, y una presión en el pecho me inquietó. Mi mirada se desviaba a todos lados, buscando algo en que me pudiese sostener.

Una voz masculina me habló, me sobresalté, me giré pero no pude dirigir la mirada hacia él

- Debes comer, ahora – dijo una voz inflexible

Traté de fijar la mirada en él, pero mis ojos no me hacían caso, al final, tuve que entrecerrar los ojos para poder centrar la mirada.

Edward se encontraba al frente mío, su mirada era severa, tenía el rostro rígido, como si estuviese enfadado.

- Lárgate – le indiqué. Ahora mi voz no temblaba, y ya no sentía el cosquilleo, lo único que afloraba mis palabras hacia él era molestia, irritación y una gran rabia. Mi mente generó imágenes que me inundaron de cólera.

- No me iré. Mi obligación es estar pendiente de que comas – menciono, con voz inexorable.

- ¿te propongo un trato? – le propuse exasperado – Comeré cuando te vea a cien metros míos, ¿te parece? – mi lengua comenzaba a dormirse, provocando que me costara pronunciar palabra.

- Eso no me asegura que comerás – se quejó

- Pues me importa un comino que te asegure algo – me reí chusco – pero te quiero lejos, ¿me entiendes? LEJOS, fuera de mi vista – le indiqué con todo el coraje que había dentro de mí, sin embargo ni yo entendía algunas frases que decía.

- Creo que estás un poco ebrio – me encaró fulminándome con la mirada.

- Estoy lo suficientemente sobrio como para decirte que me desagrada totalmente tu compañía, ¿por qué no te vas donde tu perfecta familia? Comprende que me enferma tu presencia. – grité con voz fuerte, mas de una persona debe haber escuchado. Una mezcla de todo había en mi interior, sentía que algo iba a estallar en cualquier momento, pero no quería que él estuviese presente. Por lo que di media vuelta y comencé a caminar.

Sentí una calida mano en mi hombro que me daba vuelta. Reaccione en coger un vaso con algo que se posaba en el mesón para defenderme.

- ¡Suéltame! – chille mientras le lancé el contenido del vaso.

No me di el tiempo de fijarme en cómo había quedado su ropa o su cara y me marché. Corrí hacia la puerta que daba hacia el exterior. Al salir, choqué con alguien, ese alguien era Chris.

- ¡Ay! Fíjate por donde… ¡Agu! ¿Qué sucede? – preguntó exasperada,

- ¡Chris! Necesito un porro, por favor – supliqué.

- Oh, calma. Aquí tengo el mío – indico mientras sacaba un bulto de su bolsillo

- Ten…

- Debes hacérmelo tú… creo que el ponche me hizo un poco mal – le interrumpí con la voz exaltada.

- Ok, Ok, Pero cálmate, me pones nerviosa – se quejo – Venga, vamos más allá.

Nos encaminamos hacia la arboleda que daba a la laguna. Chris me tomo del brazo y me ayudo a andar. Decidimos sentarnos en una banca, y Chris comenzó a armar el porro. Al terminarlo me lo pasó junto con un encendedor.

- Ahora, necesito que me dejes solo – le pedí en un quejido.

- Pero…

- ¡Por favor! Chris…

- Como digas. – finalizó molesta.

Se alejo con paso rápido, mientras yo trataba de prender el encendedor. No pude, mis dedos no obedecían mis órdenes, estaban dormidos. Una rabia me embargo totalmente y tiré lejos el porro con el encendedor, a la vez que emití un estruendoso grito de cólera.

No podía sentir nada que no fuera rabia, rabia por Edward, rabia por mi mismo, rabia con todo el mundo…

Un no muy bonito sonido surgió de mi abdomen, y un dolor insoportable me invadió, me tiré al suele y me retorcí del dolor. Aferraba mis manos a mi estómago para que cediera, pero el dolor aumentaba. Algo dentro de mí quería salir, y debía buscar un lugar donde depositarlo. Me arrastre un par de metros buscando un lugar donde expulsar mis fluidos estomacales. Inicié a introducir mis dedos a mi boca pero me detuve al oír unos ruidos acercándose. Callé. Esperando descifrar de quien se trataba.

Después de unos momentos, reconocí la excitada voz de Aphrodite

- Aquí nadie nos verá – susurró

- No sabes cuanto he esperado este momento – habló la otra persona. Dudé, pero al fin descubrí que esa voz fría pertenecía a Demetri.

- Ahora, mi amor, bésame. Bésame como no me has besado en todo este tiempo – ordenó, Aphrodite.

Lo siguiente que escuche fueron sonidos de choques de labios y de ligeros gemidos, gemidos que me retumbaron en los tímpanos hasta que se perdieron en una absoluta oscuridad.


Sebi te matare. Juro que te asesinare ¬¬ xD

Bueeeno este es el fin del PRIMER libro u_u chananaaaaaaachananaaaaaaa (8) el libro mas cul de la vida pq es de Agus & yo adoro a ese personaje ;D Luego se viene el de Aphrodite, que por lo que se ve, no la pasa nada de mal la cabrita... CHAN!

Este cap. va dedicado con mucho amor a CCC! a ver si le subimos el animo con lo de la zarigüeya dakdsdjsak :B

Lo bueno es que todos estan bien ^^ los quiero mucho!!

Cajita verde ;D (Verde, verde.. que te quiero verde (?) dsads o_o XD)