Cuando la abrí una belleza más allá de lo imaginable nubló mi mente, mi corazón, incapacitando mis propios sentidos....

CAPÍTULO VIII

Destino de muerte

Después de aquella mañana e incluso ahora, en todo lo que puedo pensar es en Carmen, lo único que cambió fue el hecho de que no puedo estar con ella, porque no me es permitido hacerlo ahora que sé que la amo. Recuerdo lo que sucedió cuando abrí la puerta aquella mañana, probablemente mi cuerpo estaba preparado para verla por última vez, estaba completamente trastornado por esa despedida, pero yo jamás imaginé que esa despedida sería de la manera en la que fue.

Siendo honestos yo jamás había visto todo el potencial de la belleza que poseía Carmen, creo que me fui enamorando no de lo que su exterior comunicaba, fueron más bien sus actitudes, sus vivencias, su forma de pasar y sobre todo sus sentimientos lo que me fue atrapando en ese embrujo eterno del amor; yo, siendo un hombre que ha vivido por tantos años he visto muchísimas mujeres hermosas pero ninguna se ha comparado con Carmen.

Al abrir la puerta del dormitorio aquella figura me robó el aliento, en el fondo de la habitación las hermanas de Tanya sonreían alrededor de una Carmen bastante relajada, mientras le enseñaban vestidos y telas de aquella época, Carmen en medio de la oscuridad brillaba con sus ropas interiores dejando ver más piel de lo normal, con aquellas vestimentas propias de la época; no pude no dejar de contemplarla, su silueta bañada por la luz de las velas, sus hombros desnudos, su espalda descubierta, sus largas y finas piernas, su pecho alzado y esa cintura estilizada y perfecta propia del corsé… probablemente era la escena más sensual contemplada por los ojos de este vampiro viejo.

Pronto me sentí uno de los desgraciados que le habían hecho daño a la razón de mi existencia por tantos años; y dejé de ver su cuerpo de la manera en la que lo estaba haciendo, puse más atención a las marcas en su espalda –obra de los maltratos de su padre-, su piel clara y delicada, sus pies finos pese a las marcas del trabajo, sus largos cabellos sueltos que yo jamás había visto pues ella siempre lo llevaba prendido de su sujetador, no pude más que admirarla y me sentí de pronto cegado por aquella visión, como si de pronto hubiera sido consciente de que durante toda mi existencia no hubiera tenido la vista y de pronto me fuera concedida.

-Mhm…- sigilosamente Tanya se había situado a espaldas de mí- ¿Te encuentras bien…?

-Discúlpame… no…- de pronto mi lengua se encontraba en un lugar en el que no podía controlarla…

-No es conmigo con la que tendrías que disculparte… y no te preocupes… entiendo…

-¿Qué es lo que entiendes?

-Que estás enamorado de ella, pero ella no te corresponde y probablemente no lo hará… sabes por el momento ella no está interesada en el amor, ella no te ve de esa manera, simplemente eres alguien que admira, probablemente la persona que más quiere en este mundo que es completamente distinto al que conocía, pero no te equivoques… ella no te ama…

De pronto sentí como si me hubieran golpeado el pecho con una fuerza demoledora, fui testigo de cómo mi respiración se paró por unos cuántos segundos y estoy seguro de que fue como sentí la vez que me convertí en lo que soy, una muerte, pero este dolor era poco comparado con el que estaba a punto de experimentar; sin lugar a dudas las palabras de Tanya me habían llegado por que eran reales, sinceras… de alguien que me apreciaba… y también porque yo sabían que eran ciertas, y agradecía que lo fueran, pues si Carmen me amara sufriría y eso es algo que yo no deseaba.

-¿Qué haces por aquí Eleazar?- Me había alejado de Tanya luego de que interrumpiera mi visión y me había ido cerca de mi cuarto simplemente a pensar, pronto Dimitri se había acercado, nuevamente sin darme por enterado de que lo hacía.

-Estoy esperando a que las Tanya y sus hermanas terminen de alistar a Carmen…Esta noche zarpa el barco a América…-También fui consciente de lo poco capaz que fui de fingir entusiasmo con aquella respuesta…

-Estás seguro… ¿sigues creyendo que lo mejor para Carmen es estar lejos de ti…?

-Tan seguro como de que el Sol sale por el este…

Aquella mañana probablemente lo que más deseara era estar con Carmen, pero a la vez era de lo que más huía, no quería tener que darle explicaciones, explicaciones que le asustarían y por las cuáles se alejaría para toda la eternidad, pues pese a todo no deseaba que me despreciara. Pronto la puerta de mi cuarto se abrió y yo corrí hacia ella, Carmen salió con todas las vampiras arregladas para el viaje, ya se habían colocado incluso su sombrero, todas lucían hermosas pero sin duda alguna la que más llamaba la atención era Carmen, con aquél vestido rojo escarlata.

Tímidamente se acercó a mí y…

-Eleazar, es hora de partir…- Tanya había dicho con una sonrisa. No hubo necesidad de más palabras, pronto salimos a toda velocidad de Volterra, correr con Carmen a mi lado fue el éxtasis en medio del dolor.

Al llegar al puerto esperamos a que el barco fuera a anunciar su salida, y al ver a las vampiras subidas en el sentí de nuevo el hueco de un corazón que había nacido por la presencia de Carmen, sin aviso previo se acercó al muelle, cerca de donde yo me encontraba y me abrazó haciendo palpitar mi corazón inexistente, yo no debía hacer nada, debía seguir conservando mi inmutable expresión para que ella siguiera creyendo que yo no la quería a mi lado.

Mis manos me picaban, hice uso de toda mi fuera interna para que mis brazos no hiceran lo que pretendían y rodearan su frágil cuerpo, pronto ella dijo

-Te echaré de menos…

-Me dio gusto conocerte Carmen, me hiciste reír muchas veces…

-Por lo menos fui útil para algo, lamento haber sido una molestia

-No es que seas una molestia, simplemente que yo no sé vivir acompañado, y no deseo que esto cambie… lo siento Carmen, hace tantos años que murieron mis padres y hermanos…

-Entiendo… yo lo que menos deseo es incomodarte Eleazar… siempre te recordaré como el vampiro que me rescató, más que como eso, eres mi héroe…Así que por esta razón te enviaré cartas para tenerte al tanto de lo que ocurre…

-Has lo que consideres… sinceramente no esperaré nada…- Esa fue la primera mentira que le dije a Carmen la primera de muchas que vinieron después,

-Hasta pronto Eleazar… yo… yo te quiero…-Corrió supongo que antes de que yo le contestara groseramente, yo ansiaba poder gritar "Te amo", pero no podía, en ese tiempo había puesto en el bolsillo de su vestido el dije de la cruz que me había acompañado durante todos los años de mi vida humana y los de mi vida hasta ese entonces como vampiro, ella besó mi mejilla dejando un calor que conservo incluso ahora y tomó mi mano llevándosela consigo hasta donde pudo, el tiempo se hizo demasiado corto y el barco se alejaba por el horizonte con la razón de mi existencia a bordo.

Aquél último día, se ha convertido en el recuerdo más valioso de mi vida, aquella vida lejana… esa misma tarde, al ver aquél barco alejarse fui consciente de mi destino, mi destino de muerte, un destino sin Carmen…