Título del capítulo: Miedo y valor
Género: amistad
Clasificación: G / K
Prompt: #6 "Labios"
Advertencias: NO es shota, si eso es lo que estaban pensando.
Palabras: 606
Letonia creía que, al ser el mayor de los dos, debía saber comportarse y mostrarse fuerte ante Sealand, para poder darle el ejemplo. Él había nacido antes, y, por lo tanto, había vivido muchas más situaciones: supo que era la desesperación, el miedo absoluto, las alegrías y las tristezas.
No obstante, en esos momentos apenas podía mantenerse en pie.
—Tengo miedo, Sea —dijo temblando, abrazándose las rodillas y ocultando su cabeza.
—¡No debes tenerlo, debes ser fuerte! —intentó animarlo.
Se encontraban en el patio de la casa de Suecia y Finlandia, bañados por la luz del atardecer, el mayor en aquella posición sobre el pasto y el menor sentado sobre un columpio que su padre le había regalado, pero apenas balanceándose.
Era por demás natural que Raivis estuviese en esas condiciones. Estaba a punto de declarar su independencia por segunda vez en su vida, ahora que la Unión Soviética —y con ella, Rusia— estaba tambaleándose, sin embargo y a pesar de estar decidido, estaba aterrado.
—Lamento haber venido sin avisar, es que Lituania y Estonia están…
—Eres mi mejor amigo —lo interrumpió y le sonrió desde su columpio, volviendo cariñosa su mirada. Raivis levantó la cabeza—. No tienes por qué disculparte, Letonia. Me alegra que hayas venido a verme.
—Gracias… —susurró. Se pasó la mano por los cabellos, tratando de tranquilizarse. Volvió a achicarse. Pasaron unos segundos y su cuerpo volvió a temblar.
Peter lo notó un poco después y automáticamente supo que los pensamientos negativos habían vuelto a inundar la mente de su querido amigo. Se bajó del columpio de un salto y se sentó a su lado para abrazarlo. Ni bien el mayor sintió el contacto, abrió sus brazos entorpecidamente para imitar el gesto. El otro niño le dio palmaditas en la espalda, haciendo lo posible para hacerlo sentir mejor.
De pronto Peter recordó algo que su padre hacía cuando su mamá se intranquilizaba. Lo reflexionó un poco, sabía que su relación con Raivis era distinta a la que sus padres tenían entre sí. No obstante se decidió rápidamente, dada la situación del que en ese instante tenía en sus brazos.
Entonces se separó del letón y le plantó un beso en la frente.
Raivis, por su parte, no supo cómo reaccionar. Se quedó helado, incluso su temblequeo cesó. A los pocos instantes, sintió calor en las orejas y supuso (acertando) que su cara debía estar del mismo color que el uniforme que solía usar.
—¿Peter? —alcanzó a balbucear un poco después.
—¿Te sientes mejor? —preguntó como si nada.
—Sí…
—¡Excelente! —se regocijó en su logro—. Me alegro mucho. ¡Pero escúchame bien!
—¿Dime? —volvió a tartamudear, ante el repentino cambio de tono en la voz de Peter, quien lo miró de lleno a los ojos.
—¡Tienes que ser fuerte, no importa qué pase! ¡Debes actuar como los héroes de la tele y no tener miedo, sino nunca lograrás lo que quieres! ¿¡Entendido!?
—¡Sí! —respondió sin pensar, sintiendo algo de inusual valor en su pecho.
—¡Así me gusta! Porque, sabes… no podré estar ahí cuando te independices.
—¡Sí…! —repitió reaccionado, de nuevo. Luego añadió, pensando por primera vez en un rato—: Gracias por tu apoyo, Peter.
—Cuando quieras —le sonrió.
Se quedaron sentados lado a lado hasta que se hizo de noche. Sealand se la pasó preguntándole qué haría cuando fuese una nación independiente, todo para alejarlo del miedo y darle esperanzas. Letonia, por su parte, se preguntaba si su amigo sabría medir algún día las consecuencias de sus actos.
Pero no era el momento para preocuparse por ello, debía seguir positivo y no desperdiciar los esfuerzos de Peter para darle valor.
Gracias por leer 8D
