Título del capítulo: La adopción
Género: Drama/Familia
Clasificación: PG / K+
Prompt: #2 "Piernas"
Advertencias: Finlandia céntrico.
Palabras: 742
Esa mañana, las piernas de Tino perdieron sus fuerzas casi en su totalidad, por lo que tuvo que apoyarse sobre la mesa de la cocina para no caerse.
—Su-san… ¿adoptaste un niño sin consultarme antes? —preguntó incrédulo de sus palabras.
El sueco explicó —con la calma de siempre— que una página de su país había intentado comprar el Principado de Sealand y que, si bien la transacción no se había podido llevar a cabo, él había aceptado hacerse cargo del niño que representaba dicho lugar.
—… ¿Quier's que lo devu'lva? —ofreció inocentonamente al ver la cara de su amante, después de un incómodo silencio.
—Su-san, no puedes simplemente devolver un niño, no es un objeto —le contestó con amargura y revoleando los ojos, ante tal respuesta tan infantil. ¡Era la primera vez que Berwald había logrado hacerlo enojar tanto!
—Entonc's lo mejor será com'nzar con los pr'parativos —con esto se levantó de la mesa, se acercó a besarle la frente (aunque el gesto de enojo del escandinavo menor no desapareció luego de ello) y se fue.
Los días siguientes no mejoraron la situación. Mientras Berwald iba y venía, compraba y armaba muebles, pintaba, instalaba, limpiaba y demás labores para el acondicionamiento de la habitación de Sealand; Tino trataba de conocer al niño a través de sus contactos: "es inocente y algo hiperactivo" le había dicho Raivis, ladeando una sonrisa. Pero como el letón no había sido muy esclarecedor, decidió acudir a quién más lo conocía: Arthur.
—Ese niño es un dolor de cabeza —dijo mientras le servía una taza de su mejor té, la tarde que Finlandia lo había visitado a su casa—. A veces no sabía si quedarme con él o con Francis, lo juro.
—Vamos, Reino Unido, no pudo haber sido para tanto —trató de comportarse con empatía, lentamente queriendo pellizcar a Berwald por no haber consultado el tema de la adopción con él.
—Bueno, quizás sí estoy exagerando, pero de todas formas… —posó sus ojos sobre el té, como si el tema de pronto le provocara cansancio—. Si algún día tú o Suecia necesitan tenerlo lejos un rato, siempre pueden traerlo aquí. De alguna forma u otra, sigo siendo responsable por él…
Más tarde Tino dejó la casa del británico conteniendo enojo.
Una vez volvió a su hogar, Berwald no se acercó a recibirlo, no lo había oído entrar al estar martillando un mueble. Eso le causó un nudo en la garganta y empeoró cuando comenzó a imaginarse cosas: ¿si el sueco comenzaba a ignorarlo porque el niño captaba su atención? ¿Si su tiempo juntos y privado comenzaba a disminuir? ¿Y si a causa de ello se ensañaba con Sealand y terminaba peleándose con el escandinavo mayor?
No obstante, no hizo nada. ¿Qué podía hacer, sino? ¿Comportarse caprichosamente hasta que Suecia decidiese que lo mejor era no adoptar al niño?
Cuando quiso darse cuenta, las semanas habían pasado y el día había llegado. Alegando un dolor provocado por la ansiedad —mentira que no era mentira del todo—, no acompañó a Berwald a buscar a Sealand al aeropuerto. Se quedó en casa, despidiéndose uno por uno a los hábitos que perdería y de las cosas que ya no podría hacer con su amante a falta de privacidad.
Su hilo de pensamientos fue cortado cuando oyó el sonido de la puerta principal abrir y cerrar. Le siguieron voces, la risa suave y grave de Berwald, el apoyar de lo que parecían ser valijas. Entonces una pequeña figura apareció en la cocina y le sonrió con ojos chispeantes y llenos de vida.
—¿Tú eres mi nueva mamá?
—¿¡Mamá!? —balbuceó.
—Así 's —contestó el sueco. Antes de que Finlandia pudiese decir algo, el nuevo integrante de la familia corrió a abrazarlo y hundir su rostro en su estómago.
Ahí, absolutamente todo lo que Tino tenía en la cabeza se deshizo.
Los millones prejuicios, las preocupaciones iniciales, el enfado hacia Suecia, la tristeza de perder la rutina, la ansiedad de no saber qué hacer, las ganas de gritar y llorar, la absurda frustración, los celos caprichosos; todo se desvaneció en el aire. Sus piernas no aguantaron, tuvo que arrodillarse en el piso y arrimarse a Sealand capturándolo entre sus brazos. Éste sólo había necesitado unos segundos para revertir su odio en amor, en volverse la nueva luz de su vida.
—Bienvenido a casa, Peter —pronunció su nombre con cariño para luego besarlo en la frente—. ¿Qué te gustaría cenar hoy?
N/A: Como siempre, los reviews son más que bienvenidos.
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