Título del capítulo: Por lo menos despídete
Género: Drama/Familia
Clasificación: G / K
Prompt: #1 "Manos"
Advertencias: -
Palabras: 444


—Ya estoy listo, me voy.

—Vete, entonces. No querrás perderte el vuelo.

Peter observó a su hermano mayor, quien no se dignaba siquiera a mirarlo antes de que el menor se encaminase hacia el aeropuerto, para luego ir hacia su nuevo hogar. Examinó a Arthur de pies a cabeza: estaba posado de costado contra la ventana, una taza de té negro humeante en la mano y sus ojos verdes posados en el exterior de su hogar. Parecía totalmente indiferente ante la partida de Sealand.

En realidad se encontraba cansado de discutir con el niño, por lo que había optado tomar esa actitud ante él. Ya no le importaba, ya no era parte del Reino Unido.

—Adiós —se atrevió finalmente Peter, tomando sus valijas. Se volteó para irse por fin, pero se detuvo en seco.

—Llegarás tarde —se le anticipó el británico.

—Esto no fue mi culpa, ¿sabes? —dijo con la voz un tanto quebrada, hablando sobre su hombro.

—Dejaste que te metieran ideas ridículas en la cabeza y comenzaste a pedir imposibles.

—Eso fue después de que te olvidases de mí y me abandonases —comenzó a lagrimear, esforzándose para no mostrarse débil ante Arthur.

—Vete —lo miró finalmente—. Será mejor para ambos. Tú serás más feliz y yo tendré algo menos por lo que preocuparme.

—Al menos ten el valor de despedirme —lo miró con reproche, de lleno a los ojos—. Adiós, Arthur.

—Adiós, Sealand —no iba a usar el nombre que le había dado. Ya no era su hermano menor. Roughs Tower no era parte del Reino Unido.

Finalmente el menor se largó de la habitación, dando zancadas y luchando contra el peso de su equipaje, al mismo tiempo que se consolaba a sí mismo pensando en el futuro que lo esperaba, ciertamente más brillante y feliz. El mayor, bebió un sorbo de té para aligerar el nudo que se le había formado en la garganta.

Cerrando los ojos, prestó atención al sonido de pequeños pasos bajar por la escalera con dificultad y luego el abrir y cerrar la puerta. Volvió a posar los ojos fuera de la ventana: allí se encontraba el auto que habían contratado para trasladar a Sealand y su equipaje hasta el aeropuerto.

Anticipándose a la posibilidad de que el pequeño se voltease a verlo desde afuera, se apartó del cristal para sentarse a su escritorio. Allí posó sus codos sobre el mueble y ocultado su rostro entre sus manos, oyó al auto arrancar y partir. Se mordió el labio inferior, cerró los ojos con fuerza y trató de contenerse. Pero le fue imposible no llorar.

¿Por qué todos sus seres amados tarde o temprano lo abandonaban?