Título del capítulo: ¡Yo soy Sealand!
Género: Amistad(?)/Humor
Clasificación: G/K
Prompt: #4 "Rostro"
Advertencias: Aparición de Francis (?). Pero no se preocupen, no hará de las suyas :D
Palabras: 834
—¡Oh, mon dieu! ¡Es una reproducción en miniatura de Arthur! —chilló Francis al entrar a la sala de reuniones, para automáticamente ganarse una mirada desaprobadora.
—¡Yo no soy una reproducción de ese idiota! ¡Yo soy Sealand!
El francés parpadeó una, dos veces antes de analizar esta nueva información. Escudriñó rápidamente la sala, pero no había ni un alma que le explicase qué hacía ese niño ante sus ojos. Asomó la cabeza al pasillo: también se hallaba desierto. ¿Quién lo había mandado a llegar tan temprano?
—Discúlpame, niño. ¿Me repites tu nombre, s'il te plaît?
—¡Yo soy Sealand! ¡No lo olvides, porque algún día seré una gran nación!
El mayor lo examinó de pies a cabeza: llevaba un trajecito de marinero blanco y celeste, con un sombrero haciendo juego, al igual que sus brillantes ojos determinados. El cabello revuelto, la mirada enérgica y casi atrevida. No obstante, lo que más le llamaba la atención eran esas cejas tan parecidas (casi iguales) a su rival.
—¿Qué estás mirando? —preguntó casi insolente y con inocencia, a lo que Francis sacudió la cabeza.
—No es nada, lo siento —hizo una pausa y pensó bien antes de hablar—. ¿Qué relación tienes con Reino Unido?
—Ninguna, ¡ya te dije que soy Sealand!
—Lo sé, lo sé… Pero es que tienen un aire muy parecido —dijo guardándose un "idéntico" para no ofender al niño. Éste se paró sobre la silla más cercana y con aires de superioridad comenzó a exclamar:
—Yo soy el Principado de Sealand, futura gran nación —de sus pequeños ojos cielo comenzaron a salir chipas determinadas y Francis no pudo evitar sonreír ante tanta juvenil energía e inocencia—. Nací de las azules y bravas entrañas del mar ¡y he venido aquí para reclamar mi derecho a que me reconozcan como un estado!
Una vez terminó de recitar lo que seguramente sus superiores le habían grabado en la cabeza una y otra vez, el francés aplaudió. Aunque también nación, era un niño después de todo, e iba a tratarlo como tal.
—Si llegas a ser mi aliado, ¡te aseguro que nunca tendrás mejores relaciones diplomáticas!
—Pues, como primer consejo de aliado, te recomiendo que bajes de esa silla antes de que te caigas —lo bajó de ésta dándole la mano; no porque era peligroso estar parado sobre una silla con ruedas, sino porque le pertenecía a cierto país obsesionado con los girasoles. Sólo Dios sabría qué clase de horripilante maldición podría tener ese mueble encima. A cambio, Francis le dejó sentarse en su lugar.
Siguieron conversando un rato más (aunque en realidad se trataba de Francia oyendo un monólogo animado de Sealand) mientras de a poco comenzaban a llegar los demás países del G8. Primero el siempre responsable de Alemania, seguido por los hermanos Italia (a quienes seguramente el rubio les había recordado que tenían una reunión ese día) y un poco después Canadá, aunque nadie le dio gran importancia a su llegada. Todavía faltaba para el comienzo de la reunión, por lo que de a poco llegaría el resto.
—Dime, Sealand, ¿dónde queda tu territorio? —preguntó cuando la duda se cruzó fugazmente por su cabeza. Al francés le sorprendió que de pronto el menor se pusiera ligeramente nervioso. Titubeando antes de actuar, el pequeño se levantó de su lugar y se dirigió a un enorme mapa que adornaba la sala.
—Mi casa está aquí —dijo casi confesando, avergonzado de encontrarse tan cerca del Reino Unido. Entonces al mayor no le costó comprender que Sealand sí tenía relación con Arthur, como lo había sospechado desde un principio.
—¿Cuál es tu nombre?
—Soy el gran Principado de…
—Tu otro nombre —ladeó la cabeza, invitándolo a dejar de ocultar la verdad mientras lo acorralaba con sus palabras.
—Peter.
—¿Peter qué…?
—Kirkland… —confesó en un susurro y si posible, la vergüenza que ya se leía en su aura se densificó.
—¿Y viniste aquí, a esta reunión del G8, para…?
—Que me reconozcan como un estado independiente.
Francia soltó una suerte de suspiro mezclado con una risa. Instantáneamente la mirada de Sealand le preguntó por qué reía.
—No te gusta ser tan cercano a él, ¿verdad? —el niño sacudió la cabeza—. No te preocupes, a mí tampoco —y señaló su "cuerpo" en el mapa, también cercano al Reino Unido. Sealand se iluminó entonces, con tanto júbilo como al principio. ¡Alguien que sentía lo mismo que él y que se encontraba en su misma situación!
—Entonces, ¿me ayudarás a que Reino Unido y el resto de los países me reconozcan como una nación independiente?
—¡Pero por supuesto! ¿Qué tienes planeado para hoy?
—Pues en realidad nada… —dijo desviando su mirada al piso y tomándose de las manos, dando una imagen de inocencia—. Sólo que esta mañana se me ocurrió jugarle una broma pesada a Arhur: cambiar su té por café.
Inevitable fue una carcajada que llamó la atención de los otros países. Francis había encontrado un nuevo aliado, quien, al igual que él, se conformaba con fastidiar el idiota cejudo.
Muajajaja, ¿creyeron que mis fics seguirían haciéndose más cortos? (?)
Espero que haya sido de su agrado :D.
