Título del capítulo: Crecer
Género: Reflexivo, supongo
Clasificación: PG / T
Prompt: #10 "Nuca"
Palabras: 1 146


Peter se sentó sobre el pasto del patio de su casa y luego se tumbó sobre él, boca arriba. Hanatamago no tardó en acercársele y recostarse a su lado, por lo que fue premiada con unas caricias en la nuca.

El jovenzuelo miró al cielo: era azul brillante como sus ojos y apenas había alguna que otra nube. ¡Qué inmenso que era! ¡Así de gigantesco quería ser algún día!

Pero aparentemente, sólo su papá lo consideraba un muchacho grande. Únicamente Berwald, quién le había hecho jurar bajo el código de los vikingos (un juego que el niño se había tomado muy en serio), lo reconocía como tal. Por ejemplo, en esos momentos se encontraba solo en casa y había sido el sueco quien había convencido a Tino para que le permitiera quedarse, mientras ellos salían a una reunión.

Amaba a su papá, ¡mucho, mucho! No sólo porque lo aceptaba como un muchacho grande, sino por todo lo que era y le había dado. También lo admiraba, Peter quería crecer y al hacerlo, parecerse a él. Ser como Berwald, el vikingo poderoso, fuerte, asombroso; pero sobre todo amable, considerado y generoso. Tanto como para estar siempre dispuesto a ayudarlo a reconstruir su base marítima o bien armar muebles para su habitación y juguetes.

Entonces pensó en su madre Tino. Él sabía que, al ser hombre, debía llamarlo "papá" así como a Berwald, no obstante quería ahorrarse confusiones en casa. Además ¡era la culpa del sueco, él lo había estado llamando "esposa" y "madre" desde un principio!

Y Tino también era un ejemplo a seguir. Claro que a Peter preferiría que, como Berwald, el finés lo dejase de ver como a un niño. Sin embargo eso estaba bien: su madre era quien muchas veces le ponía los pies sobre la tierra. Le decía que todavía no estaba listo para ser un adulto (lo que, por supuesto, chocaba con los sentimientos de Peter) y le daba acertadas, muy acertadas razones. ¡Pero eso no significaba que Tino no lo alentase! Siempre, con una sonrisa, le explicaba qué era lo que se suponía que debía hacer para madurar. Le explicaba también que era algo difícil y que le llevaría mucho tiempo, pero que no bajara los brazos ya que crecer no era imposible.

Crecer.

Hablando de crecer, hacía mucho tiempo que no jugaba con Raivis. ¿Habría crecido aunque fuera unos escasos centímetros? ¡Sino tarde o temprano Peter lo superaría! Estaba segurísimo que eso sería un golpe bajo a su orgullo ("yo soy el mayor y debo darte el ejemplo"). No obstante, sabía que eso no sería un problema. El letón era tan dulce y gentil como sus padres. Si Peter llegaba a ser más alto que él algún día, sabía que con una enorme sonrisa le diría que estaba orgulloso de él. También le haría un comentario como "ten cuidado de no volver a darme con ese puño metálico en la cara", sin dejar de sonreír.

Qué dichoso había sido de haberlo tenido como primer amigo. Luego le pediría permiso a su madre para invitarlo a casa.

Tendría que esperar, tanto sus padres como Raivis se encontraban en una reunión con muchos otros países en esos momentos. ¡Oh, lo más probable era que Kiku se encontrase allí también!

Qué extraño era el nipón. No sólo por sus ojos, tan diferentes a los suyos y sus cabellos negros azabache, sino por el aura de paz que solía rodearlo y contagiar a Peter. Lo había notado una vez que había visitado a Kiku a su casa, para probarse un traje en fase beta de Giganman (¡éste traía los puños a auto control!). El mayor había sido gentil como pocos y lo había tratado con tal respeto como nadie, ni siquiera su padre o su madre, lo había tratado nunca.

Además de estar preparándole otro traje para que pudiese jugar, le había regalado todo los DVDs, videojuegos y cómics de la serie. En su hogar, le había dejado investigar, tocar (exceptuando las posesiones delicadas del japonés) y preguntar sobre todo lo que le resultase extraño. ¡Habían sido tantas cosas, casi todo era prácticamente nuevo! Sobre lo único que el oriental no había hablado era sobre unos cómics en particular, que estaban algo apartados de la vista. Le había resultado extraño que Kiku se sonrojara y que le dijese que en unos años comprendería de qué se trataban. Y a pesar de que había insistido, la nación milenaria se había negado a ahondar en el tema, al que había llamado "algo que hacen los adultos cuando se aman mucho".

Arthur era muy amigo de Kiku, quizás su hermano podría explicarle de qué se trataban. ¡O tal vez Francis! ¡Éste le había comentado que, si alguna vez necesitaba preguntarle sobre el amor, él era la persona indicada!

Peter rió al recordarlo, haciendo que Hanatamago despertara de su siesta y lo mirara curiosa. ¡Si había un tipo extraño, tanto o más que Kiku, ése era el francés! Todavía recordaba su primer encuentro con él y lo mucho que había disfrutado molestar a su hermano mayor en compañía. ¡No había tenido precio!

No estaba muy seguro del por qué Arthur insistía en que Francis era un degenerado o algo así. El rubio se había comportado como todo un hermano para él: lo había escuchado, aconsejado, cuidado y hasta prometido ser su aliado cuando Sealand se convirtiera en una nación reconocida.

Por último, no sabía por qué el británico se había enojado cuando Francis había insinuado que el de ojos verdes había arruinado las papilas gustativas de Peter cuando era pequeño. Quizás esa sería una de las cosas que entendería cuando fuese mayor.

Después se quedó pensando en Arthur y sonrió. Le gustaba estar en buenos términos con él. Claro que quizás seguiría habiendo conflictos entre ellos (en un sentido Reino Unido – Sealand, no Arthur – Peter) pero no por esa razón debían perder su vínculo fraternal. Y como después de la reconciliación retornó a un punto de vista que había perdido, descubrió que quería ser como Arthur. Realmente lo admiraba, era otro ejemplo a seguir.

Había descubierto que se podía envidiar a alguien y al mismo tiempo quererlo muchísimo.

Su hilo de pensamientos fue cortado cuando oyó ruido proveniente de la casa. Se levantó del piso, tomó en brazos a una Hanatamago que dormitaba y se dirigió adentro. Allí sus padres lo recibieron con una sonrisa y le preguntaron si todo había estado en orden en su ausencia. "Claro que sí" fue la respuesta de Peter. Berwald le revolvió los cabellos y comentó que exactamente era eso lo que esperaba de su hijo, que cada día estaba más grande.

Una vez se volvió a encontrar solo, sonrió para sí mismo.

No quería convertirse en un país sólo para ser aceptado por todos. También quería devolver el favor a todos aquellos que habían sido tan gentiles y alentadores en su crecimiento.


N/A: Y... aquí se acaba la tabla corporal que había tomado en Musa Hetaliana. Por un lado me alegra poder haberla hecho, por otra parte me entristece, jajaja. Disfruté mucho escribiendo sobre Peter, de hecho llegué a quererlo mucho más.

Pero bueno, no da ponerse sentimental, LOL. Ahora voy a concentrarme en mi tabla FrUK y otra Gertalia que todavía no subí.

¡Muchas gracias por haber leído estos doce capítulos! Espero que por lo menos casi todo haya sido de su agrado :)