Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Nota de autora: Aquí está el siguiente capítulo de Cuidándote. Gracias a todos aquellos que han leído mis historias. Y en este capítulo hay harto, mmm, pensamientos amargados. Pero bueno, nuestro querido Deidara acaba de descubrir que lo estaban engañando, así que hay que perdonárselo.
Speechless
…You popped my heart seams
All my bubble dream, bubble dreams…
I´ll never talk again
Oh boy you´ve left me speechless
You´ve left me speechless, so speechless
And I´ll never love again…
"Speechless", Lady Gaga
Deidara se encontraba sentado en el único lugar que consideraba un refugio, su estudio, mientras sentía que un frío eterno se abría paso a través de su cuerpo y se apoderaba de su alma. Y es que tenía grabada en sus retinas la imagen de su mujer (¡su mujer, maldita sea!) abierta de piernas para ese hombre, semidesnuda y…
Deidara se llevó ambas manos a la cabeza, pasándoselas con fuerza por el rubio cabello, en una muestra de rabia, frustración y pena. Después de ver esa escena, y tras una mirada al rostro de Ino, lleno de sorpresa y miedo, pero sin ningún rastro de remordimiento, soltó la comida que había llevado para sorprenderla, y sin más dio media vuelta y se marchó, sin escuchar las improvisadas excusas que le gritaba Ino. No tenía ningún sentido quedarse a hacer una escena, ni escuchar lo que tenía que decir. Su esposa lo hacía únicamente por que había sido descubierta. Y es que esto explicaba tantas cosas.
Ino siempre había sido distante, pero últimamente su comportamiento se había acentuado. Y él, como hombre enamorado que era, siempre aceptaba sus respuestas cuando la cuestionaba. No podía pasarse todo el día preocupado de lo que hacía su mujer después de todo.
Quizás cuantas veces se había pasado la noche en su oficina, o en un motel, acostándose con cualquiera, riéndose de él mientras él se encontraba en casa, cuidando de la hija de ambos y preocupándose por ella, por lo tarde que era y preguntándose si había comido o no. ¿Y qué le iba a decir a su niña?, ¿Cómo le iba a explicar esto?. Si Ino no pensó en él cuando estaba actuando como una perra en celo, dudaba que hubiese pensado en Nya. Nunca quiso estar embarazada, después de todo…
Y con estos últimos pensamientos, la insensibilidad que sentía dio paso a la rabia, y una mueca horrible se dibujó en su rostro. Y mientras las lágrimas caían por sus mejillas, con gritos de dolor comenzó a destruir lo que encontraba en su camino. Esculturas, cuadros terminados, pinturas a medio hacer, nada se salvó del dolor que embargaba a un hombre con el corazón roto.
-Acuérdense del taller del viernes. Se hará un quiz antes, así que estúdiense los papers de electrocardiografía que les envíe al correo electrónico de su paralelo- Dijo el profesor al terminar la clase.
Sakura Haruno salió rápidamente de la sala. No tenía ningún interés en quedarse un rato más para hacer plática con sus compañeros. No hacían más que inventar rumores. En vez de eso, se dirigió rápidamente al casino de su Universidad. Del primer piso al noveno…Por lo menos ayudaba a mantener estilos de vida saludable, con todas las escaleras que tenía que subir. El único problema era el tiempo. Su reloj daba las trece y treinta, lo que significaba que aparte de la demora en subir escalones (todo minuto cuenta cuando se estudia), era la hora de colación para los funcionarios, así que iba obligatoriamente a tener que hacer fila. Sumándole a eso el tiempo que iba a utilizar en comer, iba a tener el tiempo justo para llegar a su próxima clase, la cual se ejercería en el quinto piso del edifico de al lado. Y es que su escuela tenía una organización en la designación de salas impresionante. Para colmo ni siquiera podía llegar atrasada. El profesor Philos ya la tenía en la mira por llegar seis minutos tarde la semana pasada. Ya podía imaginar las preguntas de insuficiencia cardiaca que le iba a hacer, llegando a la hora.
Ni que decir que su humor se volvía cada vez más negro cuando comprobó que la fila para el almuerzo comprendía más de veinte personas. Otro día más sin poder probar bocado hasta las siete de la tarde. Sakura podía sentir sus entrañas protestando.
Justo cuando estaba a punto de dar la vuelta e irse a una sala de estudio a repasar, sintió una voz familiar que la llamaba.
-¡Sakura!, ¡aquí!-le llamaba una chica rubia y alta desde la fila, haciéndole señas.
Sakura se abrió paso entre la gente y llego hasta ella.
-Temari, tanto tiempo, ¿Cómo has estado?-le preguntó esta última mientras se abrazaban- Hace tiempo que no te veía. ¿Cómo te ha ido?
-Haciendo lo que se puede.-respondió Temari- Estoy tratando de pasar microeconomía. Una miseria de ramo, en realidad. Mi profesor es lo suficientemente inteligente como para evitar que le droguen el café cuando esta distraído, por tanto, no puedo hacerlo susceptible a ninguna de mis sugerencias, como subirme las notas, por ejemplo.
Sakura sólo rió, nerviosa, pues conociendo a Temari era capaz de hacerlo. Esta última se encontraba cursando su tercer año de ciencias políticas, una verdadera ironía considerando que le desagradaba la política. Cuando Sakura se consideró en suficiente confianza con ella como para preguntarle porque estudiaba algo que le desagradaba, esta le respondió que, si bien su padre era un político corrupto, mentiroso ,infiel y posiblemente involucrado en más de algún acto ilegal, había pasado tiempo suficiente cerca de él como para saber manejarse en ese mundo y ser buena en el. Cabe decir que después de esa respuesta, Sakura no quiso seguir preguntando.
-Hace tiempo que no te veía por aquí- dijo Temari
-He estado muy ocupada. Recién hoy he podido tener tiempo suficiente como para poder venir a comer, pero está lleno-
-Ha! No te preocupes por eso, colócate delante de mí-dijo Temari, ya que se encontraba a pocas personas de la caja. Sakura observó como el hombre que se encontraba detrás de ella abrió la boca para protestar cuando la mirada que Temari le envió le hizo cerrarla rápidamente. Aparentemente, tenía buenos instintos de supervivencia.
-Gracias- dijo Sakura, agradecida. No pudo evitar sonreír ante el recuerdo de cómo se conocieron.
Sakura se encontraba en pleno turno nocturno de urgencia en un consultorio público en un pueblo de las afueras de la ciudad. En otras palabras, trataba de vencer el sueño con dosis tóxicas de café a las tres y media de la madrugada, tras estar toda la tarde atendiendo gente enferma y por tanto malhumorada ( con dos crisis de histeria entre medio). Del inquebrantable silencio de la sala de urgencia, una voz fuerte y enojada la hizo abrir los ojos de golpe, y asegurarle a su bata una cita con la lavadora, al derramar la mitad del café, recién hecho, en ella. El jefe de turno le había lanzado una mirada divertida al pasar por su lado para ir a atender al recién llegado, quién no era más que Temari, la cual traía una mano inflamada a tres veces su tamaño normal, y que requería tratamiento urgente. Cuando ella, el doctor y un hermano que la acompañaba lograron hacerla cooperar (pues en su opinión sólo estaba perdiendo tiempo en esa sala de porquería), se enteraron de que había golpeado a su novio (¡ex novio!) al verlo con otra chica en la fiesta de donde la traían, lo suficientemente fuerte como para romperle la nariz, y dejar su mano en ese estado. Sakura, cansada con su falta de cooperación, sacó el mal carácter que llevaba muy en su interior y fue la que al final la convenció para dejarse tratar, al amenazarla con inmovilizarle el brazo por cinco meses si no cooperaba, y ahí verían si podía seguir golpeando hombres de nuevo. Temari (junto con todos los demás presentes) se quedo mirándola un largo rato, y ya cuando Sakura pensaba que tal vez Temari sacrificaría su otro brazo por atreverse a hablarle de ese modo, esta última le sonrió y la considero con agallas suficiente como para ser su amiga. Y lo habían sido desde entonces.
-Señorita, ¿Qué va a pedir?- la voz de la cajera sacó a Sakura de sus recuerdos. Sintiendo su rostro tornarse del mismo color que su pelo, pidió su comida y esperó a que Temari pidiera la suya.
-Ven vamos- dijo esta última cuando ya tenía su bandeja. Tenemos mesa guardada.
Siguieron hacia el patio exterior, donde otra amiga de Sakura esperaba sentada en una de las mesas circulares.
-Hinata, ¡tanto tiempo!- exclamó alegre Sakura. Ver a dos de sus amigas hacía milagros con su ánimo.
Hinata estudiaba enfermería, y a diferencia de Temari, se habían conocido en el primer año de ambas en la universidad y sin violencia como mediador. Ambas se habían sentado juntas cuando dieron la bienvenida a todos los alumnos de las ciencias de la salud. Sakura veía en ella alguien muy parecida a sí misma. Hinata era muy insegura, y si bien Sakura nunca lo demostraba en público, también tenía poca confianza en sí misma. Sólo que ella no se permitía demostrarlo.
-Hola Sakura-respondió Hinata con una sonrisa tímida.
Sakura se embarcó con ganas en la conversación que siguió, (mirando el reloj de reojo a cada rato, eso sí), cuando el tema que temía apareciera hizo acto de presencia.
-¿Lograste conseguir trabajo?- preguntó suavemente Hinata, como disculpándose por preguntarlo, pero sin poder evitarlo.
-¿Estas buscando trabajo?- preguntó a su vez Temari, sorprendida. Como no la veía tan seguido como a Hinata, no sabía que la habían despedido del anterior.
-Si- respondió Sakura- me despidieron del último, y he estado buscando estas últimas dos semanas, pero no he encontrado nada.- Terminó desanimada. Distraídamente se pregunto si cambios bruscos de ánimo en poco tiempo eran normales.
-¿Te gustan los niños?- preguntó como quién no quiere la cosa Temari, mientras le daba un mordisco a una manzana, su postre de elección.
Hinata le lanzó una mirada inquisitiva, pero Sakura, aún distraída en sus pensamientos, solo atinó a responder que sí, que era bastante buena con los niños, mientras movía la comida en el plato. Cuando al fin se registraron las palabras de su amiga en su cerebro, la miro con curiosidad (y miedo).
-¿Por qué?- preguntó.
-Pues porque te tengo un dato perfecto-
Notas de la autora: Ufff, me duelen mis manos con lo que escribí. Por lo menos estaba inspirada,jaja. Ya se verá que paso con nuestro sufrido Deidara, y las penas recién comienzan para Sakura. Ganarse la confianza de un hombre engañado no es fácil después de todo(suelto risa malévola).
Ojala les haya gustado.
