Hola a todos... ¿qué tal el fin de semana? Espero que bien, yo me quedé dormida, así que he tardado un poco más en publicar, pero la actualización será más o menos por esta hora...

Debo decirles que me siento sinceramente halagada por todos sus comentario y sus palabras, me han hecho sentir como bienvenida de vuelta. Espero que sigan disfrutando la historia:

Advertencia

Los personajes (todos lo sabemos) son de JKR, no gano nada más que entretenerme al escribir sobre ellos. Lo que le pase a los personajes a partir de ahora si va por mi cuenta.

Advertencias: Este fic es slash, significa chico/chico en una relación, si esto no es de tu agrado y caíste de casualidad por aquí, te recomiendo no leer.

Habrá: infidelidad, lemmon, celos, uso de objetos; partes empalagosas, y algo OoC, así que quedan advertidos.



CONTRICIÓN:

II PARTE



Pasó una semana más, en cama, con un fuerte resfriado, seguramente ocasionado por haberse quedado con la ropa mojada y congelándose durante mucho rato más, luego de volver de la casa de Draco. La señora Weasley había aparecido un par de días después, con un enorme cargamento de pociones para el resfriado y sopas calientes, no le mencionó nada de Ginny, pero Harry sabía que todos ya deberían estar al tanto de su ruptura.

A partir del tercer día, la que apareció fue Hermione, acompañada de un muy osco Ron, para ese momento él aún se sentía demasiado enfermo, la cabeza parecía que le estallaría en cualquier momento y la fiebre no bajaba, supuso que sus amigos se apiadaron de su estado y por eso no comentaron ni le increparon nada, simplemente lo acompañaron por un rato durante los siguientes días, haciéndolo tomar grandes cantidades de sopa caliente y las pociones que tenía que beber para mejorar; pero en cuanto los síntomas remitieron un poco, no esperaron más tiempo, y sacaron a relucir el tema.

Entonces Harry, avergonzado, tuvo que repetir casi la misma historia que le había dicho a Ginny, agregando además que al fin y al cabo era su vida y que lo último que necesitaba era que ellos le increpasen algo, que ya se sentía demasiado mal como para sumarle sus reclamos.

Ron había estado muy enojado esa tarde, le había gritado y reclamado que era una persona desleal y que no le perdonaría haber jugado con su hermanita de esa manera, para luego desaparecer; Hermione, sin embargo, había permanecido a su lado en silencio, acompañándolo hasta que se hizo de noche y llegó la hora de dormir.

—Debes ponerte en su lugar —le había dicho ella, luego de hacerle tomar un poco más de sopa y meterlo en la cama.

—Lo sé.

—Y este otro chico…

—No quiero hablar de él —le interrumpió él, con voz apagada —, lo he perdido, ahora tiene un fantástico y guapo novio que no tiene miedo de irse a vivir con él o decirle al mundo que están juntos…

—Tal vez aún haya una posibilidad…

—No, no la hay, me lo ha dejado en claro, Hermione, él y yo hemos estado juntos por varios meses y me dijo que, si no decidía, entonces lo perdería.

—Lo lamento.

—¡Oh, por favor! —bufó Harry.

—¡Es en serio! Mírate cómo estás, solo, durante semanas has estado ausente y… y triste. Todos lo notábamos, pensamos que era demasiado trabajo, que estabas cansado, no sé… te veías más o menos bien con Ginny; ahora todo es tan comprensible.

—Verdaderamente haces que me sienta mejor —respondió sarcásticamente Harry, Hermione le dio un golpe en el brazo y frunció el ceño.

—No seas insolente.

—Lo siento.

—Como sea —suspiró ella —, ha llegado el momento de que pases a otra cosa.

—¿Qué?

—No te quedarás eternamente llorándolo, ¿o sí?

—Yo no estoy llorándolo —protestó Harry, aunque debía reconocer que poco le había faltado para eso, el tiempo en cama solamente había empeorado su estado de ánimo.

—En cuanto te recuperes debes salir y seguir con tu vida, como hizo él, como está haciendo Ginny y como hace todo el mundo.

—Pero…

—Nada. Nadie se muere de amor, y tú no serás el primero en hacerlo.

Harry no quiso discutir más, Hermione tenía una de esas locas miradas que indicaban que estaba decidida a algo, y eso lo hacía temblar, pero aún se sentía demasiado agotado por el resfrío como para siquiera preguntar de qué se trataba.

****

El trabajo en la central de aurores era bastante parsimonioso por ese tiempo, seguramente, luego del final de Voldemort, nadie se atrevía a querer alzarse como un nuevo Lord maligno, básicamente porque el último en intentarlo había muerto a manos de quien ahora formaba parte del equipo de aurores: Harry Potter.

Sus días se resumían a investigar ladrones de poca monta, traficantes de alfombras; de pociones ilegales, y en algunas ocasiones, de criaturas peligrosas. El trabajo le gustaba, lo suyo era investigar, encontrar pistas, resolver casos, y siempre había estado contento con eso, sin embargo, los días que siguieron a su terrible resfriado se volvieron tediosos, lentos y aburridos. No había vuelto a ver a Ron, ni a ninguno de los Weasley por esos días, seguramente todos estaban aún resentidos con él por haber abandonado a Ginny; tampoco lo habían invitado a los almuerzos dominicales que solían compartir. Harry en el fondo no lo resentía, lo menos que le provocaba era estar rodeado de gente en un momento como ese.

Llegó a su departamento a las ocho de la noche, como casi todos los días, cansado y sin muchas ganas de cenar. Aquel había sido su último día de trabajo, había hablado con su jefe: Melvyn Bakker, quien, a diferencia de lo esperado, era bastante estricto con él y no adoraba su condición de "salvador del mundo mágico", y le había explicado que atravesaba un momento algo complicado en su vida personal y que quería cobrarse todas las vacaciones que le debían desde que había empezado a trabajar, lo que sumaba un mes y medio de libertad. Su jefe se había mostrado un poco reacio al inicio, pero finalmente había accedido, previa promesa de que volvería al cabo de ese tiempo y que trabajaría como siempre, no como lo estaba haciendo últimamente. Harry esperó realmente poder cumplir esa promesa, poder volver a ser un poco como antes, como cuando Draco no se había cruzado en su camino y pensaba que, pese a que los chicos le gustaban, Ginny era la mujer de su vida. En el fondo sabía que no sería así, que la ausencia de Draco sería algo que lo marcaría para siempre, que el dolor, por más manejable que se volviera a veces, no desaparecería del todo. Abrió una cerveza y se dejó caer en el sofá, junto a la chimenea caliente, mientras le daba una mirada a las revistas y diarios que seguía comprando religiosamente cada mañana, como si se tratase de una perversa adicción, buscando alguna novedad del cada vez más sonado romance de Draco con aquel extranjero.

—¡Oh, aquí estás! —exclamó en voz alta, mientras levantaba un poco más la revista donde se mostraba, en la página central y a full color y movimiento, una gran cantidad de fotografías tomadas durante el cumpleaños de Blaise Zabinni, una celebración que se había prolongado durante un día entero, empezando con partidos de Quidditch en el jardín de la enorme mansión de los Zabinni, en Escocia, seguida por un gran almuerzo en la terraza con vista al mar y culminando con una fiesta que había tenido entre los animadores a los más grandes representantes de la música de actualidad en el mundo mágico. Y claro, Draco, amigo íntimo de Zabinni, no había podido faltar, acompañado de Lior, que al parecer se llevaba bastante bien con todos sus amigos, riendo y bebiendo, como si fuera uno más de ellos. Se centró en mirar las tres fotografías en las que aparecía la pareja: en una Draco estaba besando a Lior, era la primera vez que lo veía hacerlo, en las fotografías de ellos, que habían salido las últimas semanas, siempre aparecían juntos, con gestos o miradas que demostraban cierta intimidad entre los dos, pero nunca besándose. Seguramente esta vez, al estar rodeado únicamente de amigos, en medio del almuerzo, les dio la libertad de expresarse un poco más. Sintió algo amargo en el pecho mientras veía como Draco se inclinaba hacia los labios de Lior y dejaba un suave beso en ellos, casi un roce inexistente, pero que demostraba cariño, mucho más que un calentón o ansiedad, demostraba comodidad, confianza… ¿tal vez amor?

—Harry —llamó una voz desde la chimenea. Harry, sorprendido y asustado, soltó la revista, haciéndola caer al piso, mientras miraba hacia su amiga, Hermione, cuya cabeza había aparecido en ese momento a través de la red flú.

—Me asustaste —dijo, algo sonrojado, no era la primera vez que ella lo descubría mirando las revistas y diarios, la primera vez le había preguntado qué era lo que tanto miraba allí, Harry apenas había balbuceado una excusa, aunque esperaba que su amiga no hubiera adivinado ya quién era aquel chico misterioso que lo había abandonado.

—Ya lo creo —negó con la cabeza —, estoy yendo para allá.

—No es necesario que lo hagas, yo… —pero Hermione ni lo escuchó, desapareció y un instante después atravesó la chimenea, usando ropa muggle y bastante arreglada.

—Bien, aún es temprano —asintió ella, mirando hacia el grupo de diarios que Harry aún no había abierto y luego hacia la cerveza medio vacía que sostenía en una mano.

—Si vas a salir, no te quiero entretener, no debes preocuparte por mí.

—Claro que voy a salir —resopló ella, acomodando un poco su esponjoso cabello hacia atrás —, y tú vendrás conmigo.

—Noooo —protestó Harry, sonando demasiado infantil, aunque no le importó mucho —, no quiero, ni tengo ganas.

—Me interesa muy poco —Hermione levantó la varita y los diarios y revistas desaparecieron, el que la chimenea empezara a arder con un poco más de fuerza le dio a entender a Harry a dónde habían ido a parar.

—¡Hey! Deja de quemar mis cosas.

—Habíamos quedado en que dejarías de actuar de manera extraña y te tratarías de reponer; volverte fanático de las noticias y chismes no es actuar de manera normal, no para ti por lo menos.

—No quiero salir.

—Pues qué pena, porque igual lo harás, mañana ya no tienes que ir a trabajar ni nada qué hacer, así que puedes quedarte hasta tarde, podemos ir a tomar algo.

—¿Dónde está Ron? —preguntó, cambiando el tema, no había sabido nada de su amigo, ni siquiera por ella.

—Te lo contaré luego, primero a la ducha, te pones unos lindos pantalones, una camisa que haga que te veas más guapo y nos vamos.

Harry bufó, y Hermione arqueó una ceja.

—No me hagas obligarte —amenazó ella, mientras jugaba con la varita que aún sostenía en alto.

—De acuerdo —suspiró finalmente, vencido.

***

Se aparecieron en una zona de bares muggles, Harry la conocía de sobra, habían estado muchas veces antes allí con sus amigos de la escuela, durante las vacaciones y también luego de que ésta terminara.

Entraron en uno de los pequeños locales, abarrotado de gente y a media luz, la música no era tan estridente como en otros sitios y Harry supuso que su amiga deseaba poder conversar con él. A Harry no le gustaba cuando Hermione pretendía conversar con él, porque últimamente sus conversaciones terminaban en largos e interminables discursos de cómo poner su vida a andar nuevamente en lugar de andar lloriqueando por los rincones, cosa que Harry se negaba a admitir, incluso bajo tortura.

—Espérame aquí —pidió Hermione, en cuanto encontraron una meza y un mesero les puso un par de cervezas delante —, debo ir a los servicios.

Harry se encogió de hombros y sin esperar a su amiga tomó el enorme vaso de cerveza helada y le dio un sorbo, mientras se distraía mirando a la gente a su alrededor, a los grupos bulliciosos de chicos y chicas que aplaudían y gritaban mientras hacían a sus amigos terminar de un solo trago sus bebidas.

Alguien se sentó a su lado y Harry resopló fastidiado, no era la primera vez que se quedaba solo en una mesa y alguna chica, o chico, pensaba que estaba buscando ligar y le buscaba la conversación.

La réplica de "no estoy interesado" murió en sus labios antes de que siquiera la primera palabra saliera de su boca, junto a él estaba Ron, algo sonrojado y sosteniendo su propio vaso de cerveza.

—Hola —saludó finalmente el pelirrojo, parecía realmente incómodo.

—Hola —correspondió Harry, cautelosamente.

—¿Cómo has estado?

Harry se encogió de hombros y le dio un sorbo más a su cerveza, para luego dejar el vaso sobre la mesa, Ron lo imitó, ambos mirando hacia el frente, donde un grupo de chicas guapas había entrado, haciendo gran alboroto, al centro una de ellas tenía en la cabeza un velo de novia, mientras sus amigas gritaban algo sobre los últimos tragos en libertad, dirigiéndose al barman.

—Ginny se irá del país —anunció Ron unos minutos después, ambos aún permanecían mirando hacia el grupo de chicas, el barman había servido una enorme copa multicolor y la novia hacía gestos mientras trataba de tomársela toda de un solo trago.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿A dónde? —preguntó Harry, mirando hacia su amigo nuevamente, Ron no le devolvió la mirada, continuó observando a las chicas con una media sonrisa en el rostro.

—A Francia, ha jugar Quidditch; ha conseguido un muy buen contrato por dos años con Los Quiberon Quafflepunchers, partirá en una semana más, mis padres están muy contentos por ella.

—No sabía que había un equipo extranjero interesado en ella.

—No se lo había dicho a nadie, no había pensado siquiera considerarlo, pero dado que su relación contigo ha terminado, dice que ya no hay nada que le impida aceptar.

—Ah…

—Ella está bien —agregó Ron, mirándolo por un instante —, tuvimos una larga conversación el otro día y dice que no deberíamos aislarte sólo porque ya no están juntos. No le ha dicho a mis padres ni a nadie la razón por la cual han terminado realmente.

—Oh… pues… —Harry no sabía que decir al respecto, pero Ron no lo dejó intentar responder y continuó hablando.

—Yo tampoco pienso decírselos —Ron bufó —, ella dijo que eso era problema solo de ustedes y supongo que tiene razón.

—Es cierto —se animó a contestar Harry, esperando que Ron realmente lo creyera así.

—Lamentablemente, aunque no deja de ser mi hermanita —masculló Ron.

—Lo sé... ¿Sigues enfadado? —preguntó Harry, dándole un gran trago a su cerveza, sintiéndose agradecido con ella por actuar así, por lo menos con no querer alejarlo de los Weasley, quienes eran casi como su familia.

Ron se encogió de hombros y se agitó un poco el cabello antes de contestar.

—No lo sé, un poco creo, pero ella dice que necesitas tener a tus amigos cerca.

Harry sonrió un poco y asintió.

—Es cierto.

Ron resopló y negó con la cabeza, antes de darle un manotazo en la cabeza.

—¡Auch!

—Eres un tonto, ¿sabes? —dijo él, lucía mucho más relajado que antes.

—Lo sé, sí que lo soy —admitió Harry, frunciendo el ceño y aún sobándose la cabeza, aunque algo aliviado.

—Y entonces, ahora que han hecho las paces de esa manera tan masculina que tienen ustedes —intervino Hermione, llegando en ese momento, aunque su voz quería parecer un reproche, sonreía ampliamente —, supongo que estará bien que los acompañe.

—Por supuesto —asintió Ron, jalándola de un brazo y sentándola a su lado, se dieron un cariñoso beso de saludo mientras Harry arrastraba un vaso de cerveza a través de la mesa para dejarlo frente a ella.

Harry agradeció que la conversación no se desviara nuevamente hacia el tema de aquel chico que le había roto el corazón, y los tres pasaron un largo rato riendo y hablando de cosas sin importancia. Cuando se terminaron su primera cerveza, un gran alboroto llegó desde la puerta de entrada, Harry dio una mirada desinteresada, pensando en si era correcto pedirse una cerveza más, mientras Ron se ponía en pie y hacía señas; sólo entonces se percató que el gran grupo que había llegado estaba formado por los gemelos Weasley, junto con Dean, Seamus, Neville, Luna y Lee, con los que normalmente se juntaba a tomar una cerveza algunos fines de semana.

—¿Trajiste a todo el regimiento? —preguntó Harry hacia Hermione, con el ceño fruncido.

—Ya te lo dije, necesitas a todos tus amigos cerca —le contestó Ron, mientras se pegaba más a él para dejar sitio a los recién llegados.

—¡Y allí está el chico perdido! —exclamó Seamus, sonriendo burlonamente mientras le daba un apretón de manos.

—Hola —saludó Harry, algo cohibido, llevaba varias semanas, desde que Draco le había dado el ultimátum, sin contactarse con ninguno de ellos.

Pronto todos estaban apretados en torno a la pequeña mesa, hablando y riendo bulliciosamente, mientras bebían y brindaban, si es que todos estaban al tanto de su separación de Ginny, ninguno lo mencionó, y Harry se dio cuenta de que realmente había extrañado salir con ellos. Sólo se puso un poco nervioso cuando Lavender, quien casi nunca aparecía por ningún sitio si es que no estaba olfateando una noticia, llegó y los saludó, uniéndose al grupo; aunque luego de tomarse un par de cervezas se marchó.

Para cuando llegó a su casa ya era de madrugada, se sentía ligeramente achispado por el alcohol y aún reía de una de las bromas que los gemelos Weasley le habían jugado al pobre e inocente de Neville. Mientras se quitaba la ropa y se dejaba caer en la cama no pudo evitar pensar en Draco, y preguntarse si es que en ese momento él también estaría en cama, aunque probablemente no solo, como él, sino en compañía de alguien más.

****

Al día siguiente despertó después del medio día, con la sensación de haber dormido más de la cuenta y un pequeño dolor de cabeza. Permaneció recostado un rato más, recordando que no tendría que ir a trabajar en más de un mes y no sabiendo qué hacer con todo ese tiempo libre.

Luego de darse una ducha y tomar un poco de poción para la resaca, llegó a la cocina en busca de una gran taza de café; los diarios a los que estaba suscrito ya lo esperaban sobre la mesa, les dio una mirada desinteresada mientras ponía a funcionar la cafetera, pero entonces se dio cuenta de que lo que había leído en una de las columnas de la primera plana había sido su nombre.

Frunció el ceño y levantó "El Profeta", tal como había visto, su nombre estaba allí, era un artículo de Lavender, comentando que al parecer Harry Potter y Ginny Weasley habían roto, pues ella partiría a Francia en unos días más para jugar en la primera división de Quidditch, por los Quiberon Quafflepunchers, y que él había sido visto muy animado, bebiendo con sus amigos en un bar muggle de Londres.

—Oh… ya decía yo, para algo tenía que aparecerse por allí —resopló, mientras se dejaba caer en la silla de la cocina.

Un rato después aparecieron Ron y Hermione, luciendo bastante contentos, dispuestos a invitarlo a almorzar.

Harry se negó en primer momento, sintiéndose mal por el artículo que había aparecido en "El Profeta", no había querido ser noticia, detestaba serlo, y peor aún, que involucraran a Ginny en todo eso.

—Oh, vamos, no seas bobo —bufó Hermione, parecía a punto de perder la paciencia.

—Ginny ya le había contado a Lavender que ustedes habían roto —, explicó Ron —, lo hizo cuando se supo de su contrato para el equipo de Francia.

—Pero… de todas maneras no me gusta que…

—¿Qué todos se enteren de que Ginny y tú ya no son novios? Vamos, Harry, tarde o temprano se hubieran dado cuenta —interrumpió Hermione —además ahora todos lo sabrán.

Harry la miró, extrañado, por un largo momento, advirtiendo el tono particular que había empleado al decir "todos"; hasta que entendió, y casi se da un golpe en la cabeza por lo tonto que había sido. "Todos" significaba que Draco seguramente ya sabría que había terminado con Ginny.

—Creo que ya me dio un poco de hambre —dijo al fin, sonriendo hacia ella y corriendo a vestirse para salir.

***

Los primeros días de sus vacaciones se pasaron rápidamente, Hermione y Ron, algunas veces acompañados de sus demás amigos, aparecían por su departamento cada noche y lo obligaban a salir a cenar, al cine, o a tomar algunos tragos, argumentando que ya que estaba de vacaciones debía aprovechar el tiempo libre y no estar en casa, aburriéndose. Harry en el fondo sabía que no lo querían dejar solo, seguramente pensando que aún estaría triste por su separación de Ginny, y que Ron y Hermione, que sabían que eso no era lo que lo deprimía, casi por los mismos motivos. Había estado esperando a que Draco, luego de leer la noticia de la separación, ya no sólo en El Profeta, sino en los otros diarios y revistas, apareciera, pero aquello no había sucedido y él no se animaba a intentar aparecer por su casa de nuevo, sobre todo porque sabía que aquel extranjerito probablemente estaría cerca.

No fue hasta el domingo, en que Harry se animó a aparecerse por la Madriguera, sabía que era la despedida de Ginny, pero él no había querido interrumpir el momento familiar, así que había llegado mucho más temprano. Tanto el señor como la señora Weasley lo recibieron con el mismo cariño y alegría de siempre, mientras él se negaba a quedarse a almorzar y argumentaba que sólo quería hablar con Ginny por un momento.

La chica bajó al cabo de veinte minutos, parecía como si recién se hubiera despertado, usando su holgado pijama.

Se quedaron en la sala, sentados uno junto al otro, mientras los señores Weasley inventaban excusas para dejarlos solos.

—Ayer las chicas del equipo me hicieron una despedida —explicó ella, mientras se acomodaba un poco más el cabello.

—Me alegra que hayas conseguido ese contrato, Ron dice que es algo muy grande —felicitó Harry, sonriendo sinceramente hacia ella.

—Lo es, la liga francesa es bastante competitiva, además seré la primera mujer en los Quiberon Quafflepunchers, después de algo así como cincuenta años.

—Vaya…

—Estoy un poco nerviosa, a decir verdad —suspiró ella, arrugando un poco la nariz.

—Sabes que lo harás muy bien, eres muy buena jugando.

—No tanto como tú, siempre he pensado que debiste dedicarte al Quidditch.

—No podría hacer de eso un trabajo —se encogió de hombros Harry —, dejaría de ser divertido, creo.

Ginny sonrió asintiendo, de manera comprensiva.

—Lamento no haberte dicho que le diría a Lavender que terminamos, supuse que no te importaría.

—Está bien, no me importó mucho, es decir, tarde o temprano se tenía que saber, te agradezco que no le hayas dicho la razón por la cual… ya sabes…

Ginny soltó una carcajada, mientras negaba con la cabeza.

—Hubiera sido un muy buen titular, ¿sabes?, pero no, aunque aún pienso que eres un gran tramposo, sé que no te mereces el escándalo que eso desataría, supongo que cuando estés listo para que eso ocurra, ya lo dirás tú.

—Tal vez nunca lo diga, no me gusta dar conferencias de prensa acerca de mi vida.

—Pero… ese chico, cuando vuelvas con él tendrás que admitirlo, no creo que se quiera esconder, tú mismo lo dijiste.

—Ese chico no va volver conmigo, Ginny —suspiró Harry, lamentando que la conversación haya vuelto hacia Draco nuevamente —, él tiene novio ahora… ya no está más interesado en mí.

—Oh… —Ginny le dio una mirada de pena y Harry apartó la vista hacia las fotografías que estaban sobre la chimenea, donde aparecían todos los hermanos Weasley de pequeños, usando el uniforme de Hogwarts en su primer año, también había una de Ron, Hermione y él, sonriendo a la cámara en la estación King´s Cross.

—Yo sólo quería venir a despedirme, a desearte suerte y… y a pedir perdón una vez más, nunca hubiera querido que las cosas acabaran mal entre nosotros y espero que alguna vez podamos ser amigos de nuevo.

—Aún no estoy preparada para perdonarte realmente o para ser amigos —contestó Ginny, suspiró profundamente y se puso en pie —. Yo también te deseo suerte, si no es con este chico, con cualquier otro, u otra, ¿quién sabe? Tal vez terminas casándote con una bruja, después de todo.

—No quiero pensar en eso por ahora.

—Claro, te comprendo.

—Bueno… entonces yo mejor me voy, tus padres insistieron en que me quede, pero sé que puede ser algo incómodo, así que despídeme de ellos, diles que vendré uno de estos días.

—Gracias, por venir a despedirte —asintió Ginny.

—Suerte —le deseó una vez más, antes de meterse a la chimenea, para llegar a su departamento.

****

Haciéndole caso a Hermione, buscó con qué llenar tanto tiempo libre, se empezó a levantar temprano nuevamente, pese a que no dormía bien durante las noches, y a hacer un poco de ejercicio en un gimnasio que quedaba a sólo dos calles de su casa; además se entretuvo ordenando y limpiando su departamento, le pareció increíble la cantidad de basura y cosas inservibles que podía tener allí, pese a lo pequeño que era el lugar.

Uno de esos días, cuando había decidido sacar todas las cosas inútiles de su armario, encontró la pequeña caja de cartón donde guardaba recuerdos, ni siquiera había pensado en ella durante mucho tiempo; se entretuvo mirando las fotografías de Ron, Hermione y él en la escuela, cuando lucían tan pequeños, había también un par de fotografías con Ginny, durante su época de novios, y al fondo las cuatro notas que Draco le había escrito en el tiempo que habían estado juntos.

La primera de las notas era en la que le indicaba la hora en la que se encontrarían, junto con aquella moneda extraña que había servido de traslador, ni siquiera había sabido en esa época, porqué los había guardado allí; la segunda era una nota en la que le pedía disculpas por no poder ir a tomar un trago con él el fin de semana, pues tenía que hacer un viaje urgente a Francia. La tercera nota era ya de otro tipo, le había llegado unos días después de su primera discusión, al cabo de unos meses de empezar a estar juntos, en ella Draco le explicaba que si bien era cierto que le gustaba mucho, no era la clase de personas que le gustara compartir y que tarde o temprano llegaría el momento en que tendría que elegir. Esa nota le había dado una excusa para volver a verlo, en ese entonces Draco le gustaba, y mucho, y quizá sentía cierto cariño por él, pero no estaba seguro de estar enamorado de él, ni siquiera lo había meditado en realidad; había aparecido en su despacho y le había dado a entender que aún no estaba listo para decidir, y Draco lo había aceptado de vuelta. La cuarta nota era la que había puesto fin a su relación, Harry recordó la noche en que llegó: él había estado cenando con Ginny, ella le había dado una mirada curiosa y le había preguntado si todo estaba bien, mientras él palidecía al leer las palabras. Esa noche, mientras Ginny dormía en la cama, él había estado dando vueltas en la sala, con la nota en la mano, temiendo, sin saber qué hacer o decir.

Potter,

Ya que no quieres escucharme, y piensas que te puedes largar cada vez que te digo algo que no te gusta, te escribo para ver si así me puedes brindar tu completa atención.

Hemos llegado al límite, no estoy dispuesto a esperar mucho más tiempo por ti, cuando te dije que te quería, hace ya tiempo, no mentí, y quise creer que tú tampoco mentías cuando aseguraste corresponder a ese sentimiento, sin embargo, ahora no puedo creerte, porque no actúas como si realmente lo hicieras.

¿Me quieres? ¿Quieres seguir a mi lado? Bien, entonces ya sabes lo que tienes que hacer, y no te atrevas a volver hasta que lo tengas decidido o arreglado. Todo está en tus manos.

Draco.

Y Harry había sido tan estúpido en pensar que esa vez, al igual que las veces anteriores, las cosas se arreglarían solas, que Draco no lo podría dejar nunca, que simplemente necesitaba dejarlo solo un tiempo para que se calmara antes de volver a acercarse a él. Sin embargo, sólo unos cuantos días después, había aparecido Lior, a demostrarle que ya había perdido.

Luego de releer las notas unas cuantas veces más, dejó todo dentro de la caja y la devolvió al armario, a su pequeño escondite, el ánimo y las ganas de aprovechar el tiempo se le habían pasado.

Un par de días después, pese a no tener aún ganas de salir de casa, tuvo que hacerlo, pues sus amigos habían conseguido entradas en uno de los palcos principales para el primer partido de la temporada de Quidditch.

Harry trató de sonreír y verse animado mientras, junto a Ron, Hermione, los gemelos Weasley, Seamus, Dean, Luna, Neville y Hannah Abbott, que había empezado a salir con Neville unas semanas atrás, se acomodaban en una de las tribunas más altas, gritando para hacerse escuchar sobre el alboroto que formaban los fanáticos de los Chudley Cannons y los Falmouth Falcons.

Su palco era bastante grande, y Harry, pese a que le encantaba el Quidditch, apenas y prestó atención al partido, entretenido mirando a la gente y pidiendo que todo acabara rápido para poder volver a casa a dormir un poco, lo único que se le apetecía por esos días.

No fue hasta media hora después de que el partido inició, que notó una cabellera rubia, brillando varias bancas debajo de él. Aprovechó que se estaba desarrollando una jugada arriesgada para ponerse en pie, al igual que muchos de sus compañeros, y entonces lo vio, o mejor dicho, los vio: Draco, junto a su extranjero, además de Zabinni, Goyle, Crabbe y un par de chicas más, que no conocía; ellos reían divertidos, bebiendo champagne mientras conversaban y miraban el partido. Si Draco notó su presencia, algo realmente difícil considerando que estaba mucho más abajo que él, no lo demostró.

Harry entonces se desconectó completamente del partido y se quedó en pie, observando ya sin ningún tipo de recato a Draco y ese novio suyo, a la forma como interactuaban, como parecían tan íntimos y cercanos; los celos lo carcomían y apretaba los puños, tratando de controlarse y no comenzar a lanzar maldiciones a diestra y siniestra, sobre todo contra ese extranjerito guapo, que tenía un brazo alrededor de su Draco, y se inclinaba sobre su oído, murmurándole cosas que lo hacían sonreír de esa manera tan limpia y despreocupada que él había descubierto mucho tiempo atrás.

—¿Estás bien? —preguntó Ron, mirándolo con atención. Harry asintió, sin mirar realmente a su amigo, fijándose más bien en como Draco se ponía de pie, mientras sus amigos hacían más bromas y se alejaba hacia uno de los extremos, hacia los baños.

—Debo ir al baño —respondió, viendo allí su oportunidad.

—Pero…

—Ya vuelvo —gritó, alejándose de su amigo y caminando con prisas, empujando y golpeando a algunos, por el apuro.

Cuando pudo salir de la tribuna, entró a un enorme y circular pasillo blanco, las luces iluminaban todo muy suavemente, corrió para poder llegar a los baños, pero antes de conseguirlo, Draco ya salía, caminando lentamente, y agitando un poco su cabello.

Ambos se quedaron congelados en su sitio por un instante, el primero en reaccionar fue Draco, que hizo un ligero asentimiento e intentó pasar a su lado, pero Harry no dejaría que se escapara tan fácilmente, lo tomó de un brazo y lo empujó contra la pared más cercana, mientras el rubio exclamaba sorprendido.

—¡Potter!

—Harry —corrigió Harry, pegándose un poco más a él, escuchó como afuera las tribunas parecían enloquecer, gritando y aplaudiendo mucho más fuerte —, antes no tenías problemas en llamarme Harry.

—Eso era antes —resopló Draco, tratando de soltarse de él.

—He roto con ella —explicó rápidamente, sabiendo que probablemente no tendría otra oportunidad y acercando su rostro más a él, empapándose de su olor y su imagen. ¡Dios, sí que lo había extrañado tanto!

—¿Y? ¿Qué crees, que no leo los diarios?

—Y si es que lo sabes, porque no me has buscado, porque sigues con… como se llame.

—Lior —corrigió Draco, su voz sonaba ronca. Harry sabía que su cercanía también provocaba cosas en él y eso le dio el impulso para terminar la distancia que los separaba y besarlo en los labios, presionando con más fuerza sus manos contra los brazos de Draco y pegándolo a la pared, evitándole que se pudiera alejar. Probó los labios de Draco, con sabor a chocolate y champagne, y le parecieron tan deliciosos como siempre, mordió con un poco más de fuerza el labio inferior y por fin pudo colar su lengua dentro de esa cálida cavidad, gimiendo por el placer y el contacto. Aunque aquello no duró mucho, en el momento que se relajó tan sólo un poco, al ver la aceptación del beso, fue empujado con fuerza, tropezando con sus propios pies y casi cayendo.

Draco no le dio tregua, antes de poder reaccionar, ya era sujetado con fuerza de la túnica y empujado contra la pared de enfrente, la mirada gris de Draco brillaba con rabia y un estremecimiento recorrió su cuerpo.

—No sé qué pretendes, pero a ver si te enteras de una vez por todas: tú y yo ya no tenemos nada, absolutamente nada, yo tengo a alguien ahora y no estoy interesado.

—Mientes —jadeó Harry —, tú dijiste que debía elegir y lo he hecho, he terminado con ella, le he contado de lo nuestro y ahora quiero…

—Lo que tú quieras me tiene sin cuidado —interrumpió Draco —, además, tú no escogiste, lo nuestro terminó mucho antes de que decidieras dejarla a ella; si es que no fue ella la que te dejó a ti.

—No. Fui yo, porque… te quiero —Harry levantó las manos, sujetando los brazos de Draco y tratando de jalarlo.

—Tarde, Potter —replicó Draco, empujándolo con fuerza y apartándose de él.

—Yo sé que no le quieres —reprochó Harry con rabia —, podrás aparecer muy contento con él, y pasearlo por todos lados, pero sé que no lo quieres, sólo es una tapadera.

—Te crees demasiado, Potter —replicó Draco, con los labios apretados —si es que imaginas que con sólo decir "la he dejado" volveré contigo. No soy plato de segunda mesa, nunca debí rebajarme contigo de esa manera, permitiéndote tenerme mientras aún seguías siendo su novio, pero he aprendido mi lección, y lo nuestro fue un error que no quiero volver a cometer.

—Draco, no digas eso, por favor, no ves que…

—Lo que veo —interrumpió Draco con voz más fuerte —es simplemente a un hombre que ha perdido a sus dos juguetes favoritos y ahora quiere recuperar al menos a uno. Deberías tratar con ella, porque a mí no me vas a conseguir.

—Yo no la quiero a ella, te quiero a ti.

Draco negó con la cabeza y simplemente se giró, comenzando a caminar de vuelta hacia las tribunas, Harry lo quiso seguir, pero la figura de Lior, con el ceño fruncido, acercándose, lo detuvo.

—¿Todo está bien? —preguntó, alcanzando a Draco y mirando hacia Harry de mala manera.

—Sí —asintió Draco —, vamos, quiero ver quién atrapa la Snitch.

—Ya la atraparon, cariño —explicó el chico, pasando nuevamente ese brazo sobre su hombro y guiándolo hacia la salida.

—Entonces podremos volver a casa —respondió Draco.

Harry se quedó allí durante mucho rato más, hasta que Ron y Seamus llegaron, buscándolo, argumentando que todos estaban preocupados por él y que el juego ya había terminado. Se negó a acompañarlos por un trago y regresó a su apartamento, pensando seriamente en quedarse allí tal vez por el resto de su vida, demasiado triste y cansado, sintiéndose completamente vencido.

*****

—¡Harry Potter! —gritó una voz desde el pasillo. Harry abrió los ojos sorprendido y se puso en pie rápidamente, un pequeño mareo, consecuencia de haber estado tanto tiempo en la cama, lo hizo trastabillar un poco, pero finalmente llegó a la puerta del apartamento. El grito de la chica se repitió y Harry tomó una profunda bocanada de aire. Había sido tonto, si realmente hubiera querido escapar debió haberse ido de ese departamento.

—Hola, Hermione —saludó, abriendo la puerta y viendo a su amiga, su mirada era furiosa.

—¿Hola Hermione? ¿Es lo único que vas a decir? —preguntó entrando y empujando un poco a Harry.

—¿Quieres pasar? —preguntó sarcástico, mientras cerraba la puerta.

—Ya han pasado tres días —informó ella —, pensé que habíamos dicho que te repondrías, no que te quedarías aquí escondido.

—Eso dijiste tú, y es fácil para ti decirlo, pero no es fácil hacerlo en realidad.

—Porque no lo intentas. Vamos, es hora de que te muevas, date una ducha, los chicos jugaran Quidditch.

—¿Qué chicos?

—Los de la escuela ¿Ya lo olvidaste? Organizaron un partido para hoy.

—No creo estar en forma para… —empezó a excusarse, dejándose caer en el sofá, pero Hermione lo interrumpió.

—Por supuesto, si se nota que ni has comido —negó Hermione, sentándose a su lado y poniendo una mano sobre su pierna.

—En verdad no quiero salir, no creo que pueda…

—Harry —suspiró Hermione, apoyando su cabeza en el hombro de su amigo —, ya no sé que más hacer —masculló, Harry se puso algo tenso y con una mano temblorosa le acarició el cabello.

—Yo tampoco.

—Me refiero a que no puedo ayudarte, y es frustrante, yo siempre he podido… no es que quiera presumirlo, pero pensé que siempre podría ayudarte, pensé que ese chico volvería contigo luego de ver que habías roto con Ginny, pero no lo hizo, y supuse que lo aceptarías y superarías, y ahora…. Ya no sé qué se supone que pueda hacer para dejar de verte así, es tan…

—Lo siento. Supongo que yo tampoco colaboro mucho —reconoció Harry, sabía que su amiga tenía razón, él no ponía de su parte, dejaba pasar los días tan solo recordándolo, como si eso fuera a arreglar la situación. Pero la situación ya no era reparable. Tenía que reconocerlo y aceptarlo.

—Quisiera verte feliz, que dejarás de estar así. A veces pienso… este chico… tal vez sólo estás obsesionado con él, encaprichado por no poder tenerlo más.

Harry negó con la cabeza, recordando las palabras de Draco días antes, "has perdido a tus dos juguetes favoritos".

—Yo lo quiero.

—Cuando quieres a alguien —contestó Hermione, incorporándose y mirándolo a los ojos —, cuando verdaderamente lo quieres, aceptas sus decisiones, lo quieres ver feliz, tratas de ser mejor persona por él, o lo tratas de recuperar. ¿Él no se ha casado, verdad?

—No —negó rápidamente Harry, no sabiendo qué haría si esa relación, ya tan seria, se volvía así de formal.

—No te veo haciendo ninguna de esas cosas, no tratas de recuperarlo, ni de demostrarle que has cambiado, porque, no te ofendas Harry, pero cualquiera pensaría que sólo tienes ganas de no quedarte solo y que por eso quieres volver, que es un premio de consolación; a nadie le gustaría serlo. Piensa en que quizá él ya está harto de tener que lidiar con esconderse y todo eso, porque bien, has terminado con Ginny, pero eso no garantiza que estés listo para embarcarte en una nueva relación, más aún una así de complicada, menos que estés preparado para decírselo al mundo…

—Yo no tengo que…

—Ya, que decírselo al mundo —interrumpió Hermione —, pero, lamentablemente, a menos que te cambies de país, o te vayas al mundo muggle, es algo que tendrás que admitir. Los paparazis están siempre sobre ti, ¿qué harás? Salir con él y decir que sólo es un buen amigo. ¿Esconderlo?

—No… yo no había pensado en eso.

—Tal vez él sí. O de repente, él realmente es feliz con esa otra persona… quizá de verdad, el tiempo se te pasó.

—Él… —Harry recordó la fotografía que había visto en una revista, semanas antes, Draco sonriente, con sus amigos, con él, besándose, y sí, parecía feliz. Si Draco era feliz, ¿él no debería contentarse con eso? Con saber que no sufría, con saber que sonreía y avanzaban en la vida. —Creo que él está contento… lo vi hace unos días, lo encaré, y me rechazó, dijo que mi tiempo ya había terminado… que quería a ese….

Hermione suspiró, interrumpiéndolo justo a tiempo, antes de que revelara más cosas, de las cuales seguramente luego se arrepentiría.

—Vamos, Harry, hazlo por los que te queremos, por él también, no te ahogues aquí.

Por un momento más se quedaron en silencio, entonces Harry asintió, ella tenía razón, siempre la tenía. No podía seguir más tiempo así.

—Iré a darme una ducha, espérame, por favor.

Ella sonrió y le dio un beso en la mejilla, antes de apartarse y dejar que se pusiera en pie y se dirigiera a la habitación.

Luego de una larga ducha y de vestirse, salió con su Pegasus en una mano, sonrió al ver que su amiga había arreglado un poco el departamento.

—No tenías que hacerlo —le dijo mientras se servía un vaso de jugo, le ofreció uno a ella, pero se negó.

—Por supuesto que sí, no podía permanecer aquí sin ordenar.

—Típico de ti —sonrió Harry, mientras dejaba el vaso ya vacío sobre la mesa de la cocina, su sonrisa se congeló al ver la revista abierta, en la página dónde Draco salía de la mano de ese chico, y rodeado de sus amigos, en un baile de beneficencia al que habían asistido. Sin pensarlo mucho cerró la revista y suspiró. No caería en eso nuevamente.

—¿Harry? —preguntó su amiga, dándole una mirada curiosa.

—Vamos, ya se nos hace tarde —respondió Harry, sonriendo nuevamente y caminando hacia la sala.

****

Sus compañeros de la escuela tenían la costumbre reunirse dos o tres veces al año a jugar Quidditch en un bosque cercano a la casa de Neville, luego todos iban hacia la casa del chico y compartían un tardío almuerzo, que se convertía en copas en el jardín y algunas veces en una salida nocturna.

Ese día, todos parecían bastante animados, y luego de compartir varias copas se enrumbaron hacia una zona muggle, en busca de algo de fiesta. Harry se había obligado a ir, a sonreír y a tratar de divertirse, y realmente lo estaba haciendo, mientras brindaba con sus amigos y reía de sus bromas.

—Me alegra verte mejor —le dijo Ron, sentándose a su lado, mientras Harry reía de Luna y Hannah Abbott, que habían apresado a Neville en la pista de baile, aún con las luces de colores, se podía ver al chico sonrojándose.

—Lo intento —asintió Harry, no molestándose con su amigo por traer el tema a colación, sabía que, pese a que había estado enfadado por lo de Ginny, y que, a diferencia de Hermione, evitaba mencionar a ese otro chico, se preocupaba por él.

Ron permaneció en silencio un momento más, junto a él, antes de preguntar:

—Oye, ¿no será uno de mis hermanos, no?

—No será uno de tus hermanos, ¿qué? —replicó Harry desinteresadamente, mientras le daba un sorbo a su vaso de cerveza.

—Ya sabes… ese chico.

Harry se atoró con su cerveza y escupió una gran parte sobre la mesa, ante las miradas curiosas de Dean y Seamus, que estaban al otro lado, se sonrojó mientras Ron le daba de golpes en la espalda.

—Por supuesto que no —negó en cuanto pudo hablar correctamente.

Ron soltó una carcajada y asintió, aún palmeándole la espalda.

—Tenía que preguntar —se excusó el chico —, no era para que te pusieras así.

—¿Cómo se te ocurre tremendo disparate? —protestó Harry, moviendo disimuladamente la varita bajo la mesa y limpiando el líquido que había caído sobre la mesa y sus ropas.

—Bueno, últimamente eres una cajita de sorpresas.

Harry sonrió tristemente, Draco le había dicho eso la primera vez que habían estado juntos. Se mordió los labios y dio un trago más a su cerveza, tratando de alejar su mente de esos recuerdos, que nada bien le hacían.

Ya era más de media noche, cuando regresó a casa, ligeramente achispado por el alcohol y realmente cansado, luego de un día tan ocupado. Después de darse una rápida ducha, se metió en la cama, y sus pensamientos lo llevaron hasta Draco una vez más, a su primera vez juntos…

Se aparecieron en medio de un salón que le era desconocido, miró alrededor por menos de un minuto, mientras las antorchas iban iluminando todo poco a poco, vio un gran escritorio y un ventanal con las cortinas abiertas y que daba a los jardines, una biblioteca en la pared de enfrente y en el centro un grupo de sofás que parecían bastante cómodos. Las manos de Draco se posaron una vez más sobre su cintura y lo jalaron para pegarlo nuevamente a su cuerpo, Harry sonrió y lo volvió a besar, recuperando la urgencia que los había asaltado en el bar, momentos antes.

Retrocedió sin soltarse de él, guiándolo lentamente y a ciegas, hasta el grupo de sofás, en tanto las manos de Draco habían abandonado su cintura y ahora una de ellas apresaba su espalda con fuerza mientras la otra jugueteaba con el cabello de su nuca.

Harry —susurró Draco, mientras sus labios empezaban a repartir besos por el rostro y el cuello —, Harry —repitió con voz ronca, lo que hizo que su piel se estremeciera.

Harry, sintiéndose demasiado ansioso, lo empujó contra uno de los sofás y se arrodilló delante de él, retomando sus besos nuevamente.

¿No prefieres la habitación? —le preguntó en un susurro Draco, aunque ya iba desabotonándole el abrigo con rapidez, mientras Harry trataba de librarse también de los botones del de Draco.

No puedo esperar tanto —respondió Harry, y aquello era cierto, sentía tanta necesidad de tocarlo, de besarlo, de explorar todo de él, y era tanto que ni siquiera podía pensar ya en detenerse, nunca había sentido ese tipo de ansiedad con nadie. Jamás. El pensamiento lo asustó por un instante, pero se desvaneció en el momento en que las manos de Draco, habiéndose librado ya de los botones de su abrigo, se colaron bajo su sudadera, acariciando su piel con una ternura que distaba mucho de la ansiedad que ambos parecían tener encima.

Yo tampoco —reconoció Draco, dejando caer su cabeza a un lado y ofreciendo esa suave y blanca piel, Harry la recorrió, con los labios primero, sintiendo su tibieza y textura, luego con la lengua, descubriendo su sabor, mientras Draco se estremecía y lo acariciaba con un poco más de rudeza bajo la sudadera; cuando sus dientes se clavaron en él, la mano de Draco pellizcó uno de sus pezones, haciéndolo gemir y morder más fuerte, apreció la marca roja que había dejado allí y la lamió con delicadeza, con cariño.

Draco —suspiró, apartándose lo suficiente para hacer volar su abrigo y su sudadera, quedando con el torso desnudo. Draco sonrió de manera cómplice y se dejó quitar también la parte de arriba de sus ropas, quedando en iguales condiciones.

Harry apreció la piel pálida por un instante, tratando de convencerse de que ese deseo que sentía sólo era una loca obsesión, que el deseo de besarla y adorarla desaparecería pronto. Puso una mano sobre su pecho, sus dedos delinearon uno de los botones rosados que eran sus tetillas y sintió como la piel de Draco se estremecía bajo su toque.

No tienes idea de cuánto, pero cuánto, he querido hacer esto —masculló, antes de inclinarse y comenzar a recorrer su pecho con la lengua, las manos de Draco estaban ahora sobre sus hombros, sus dedos apretándolo con fuerza, mientras él seguía bajando y bajando por esa cálida piel.

Yo también lo he deseado —respondió Draco en cuanto las manos de Harry se encargaron de abrir con rapidez la correa, el botón y la cremallera del pantalón de Draco.

Harry no respondió, hundió su rostro en la entrepierna de Draco, cubierta por la tela de la ropa interior, aspirando su aroma un instante, antes de mordisquear su erección.

Draco gimió mucho más fuerte y se dejó caer hacia atrás, levantando las caderas; Harry aprovechó eso para jalar de los pantalones y la ropa interior y arrastrarlas lo más lejos posible, mientras el rosado y brilloso miembro de Draco quedaba a la vista, completamente erecto y balanceándose un poco por el movimiento.

Dios —suspiró Harry, su garganta se secó y pasó la lengua, de manera nerviosa por sus labios, mientras sus manos luchaban con arrancar los zapatos de los pies de Draco.

¡Oh… rayos! —gruñó Draco, impaciente mientras movía sus pies y finalmente hacía volar los zapatos a ambos lados, Harry terminó de sacar los pantalones y la ropa interior, junto con los calcetines, y lanzó todo hacia el otro extremo de la habitación; las piernas de Draco se separaron un poco más, y Harry lo jaló de las caderas, apretando su suave piel al mismo tiempo que su lengua recorría tentativamente el erecto miembro.

¡Harry!

Harry gruñó de satisfacción, tomó con una mano la erección de Draco y se inclinó hacia delante, con desesperación y deseo, devorándolo completamente. Se deleitó de los sonidos que Draco emitía; durante sus conversaciones, todas las semanas anteriores, Draco siempre había parecido muy controlado, no un santurrón, pero sí alguien más bien frío; y se sintió complacido de poder hacerlo deshacerse de esa manera, de tener su cuerpo agitándose bajo él, de ser el dueño de esos gemidos y gruñidos, de la desesperación con que Draco le acariciaba el cabello o le clavaba las uñas en el hombro, de la necesidad con que Draco levantaba las caderas para darle el encuentro; la satisfacción de sentirse dueño de esas reacciones era maravillosa.

Su propia erección, aún dentro de los pantalones comenzaba a ser dolorosa, y acariciando una de las piernas de Draco, bajó hasta poder abrir sus propios pantalones y bajarlos un poco, apenas para dejar de sentirse tan apretado, mientras su boca continuaba ocupada, subiendo y bajando, apretando y jugueteando con el miembro cada vez más duro de Draco.

Harry… para… ¡Oh, Dios! —gimoteaba Draco, tratando de apartarlo con poca fuerza.

Harry lo torturó por un poco más de tiempo, pero finalmente se apartó.

Te deseo —susurró, su lengua recorrió la piel de los testículos y Draco se arqueó sobre el sofá, sus manos sobre los hombros de Harry se apretaron con fuerza y Harry repitió la caricia, disfrutando de descubrir las reacciones del cuerpo de Draco —Te deseo —repitió con voz más firme, dejó un beso en la unión de la cadera y la pierna de Draco y se apartó sólo un poco.

Sí —asintió Draco, mirándolo apreciativamente —, yo también te deseo.

Harry se puso en pie, observando a Draco mientras se terminaba de desprender del resto de su ropa, Draco le devolvía la mirada, jadeando de manera silenciosa, con las mejillas encendidas y los ojos cargados de deseo. Su propia erección dio un pequeño salto al sentir el aire frío y no pudo evitar llevarse una mano hacia ella, acariciándola con lentitud mientras se arrodillaba nuevamente entre las piernas abiertas de Draco.

No tienes idea de cómo me gustas —le dijo a Draco, con la respiración agitada, mientras se inclinaba a besarlo nuevamente, acariciándole lentamente por la parte interna de las piernas con una mano, hasta llegar a los testículos, los presionó un poco y Draco rompió el beso, gimiendo y dejándose caer hacia atrás nuevamente.

Necesitas… —Draco hablaba lentamente, como si hacerlo le costara un gran esfuerzo —un hechizo de…

Sí —le interrumpió Harry, dando una mordía sobre una de sus tetillas, antes de apartarse y jalar la varita —, lo sé.

Oh —Draco parecía algo sorprendido, y eso a Harry no le extrañó, sus aventuras en el mundo gay habían sido completamente ocultas, y estaba muy orgulloso de haber podido mantener el secreto.

Demasiado ansioso ya, se apresuró a levantar un poco las piernas de Draco, que se dejó hacer, sintió la forma como su piel se estremeció cuando la varita se situó sobre su entrada y su jadeo cuando el hechizo hizo efecto.

Morgana bendita —resopló Draco, encogiendo sus piernas un poco más mientras Harry lo jalaba de las caderas nuevamente —, apresúrate.

Harry lanzó descuidadamente la varita hacia un lado y separó con ambas manos las nalgas de Draco, apretándolas y apreciando por primera vez la sonrojada y pequeña entrada. Había fantaseado con Draco demasiado tiempo, quizá desde el día en que fueron a volar juntos, luego del juego de Quidditch de beneficencia, y no quería arruinar todo el momento por sus ansiedades, pero, ¡Dios, sí que le costaría tanto controlarse!

Introdujo un dedo lentamente en él, tanteando un poco, observando el rostro de Draco, cada vez más sonrojado, y la forma como éste se mordía los labios. El segundo dedo le hizo compañía al primero casi inmediatamente, entrando y saliendo de él con lentitud, mientras Draco levantaba las caderas y se arqueaba de una manera demasiado incitante.

Y entonces Harry no pudo más, se apartó de él y se acarició nuevamente un par de veces, mientras Draco levantaba las piernas y las ponía sobre sus hombros, abriéndose completamente a él, la luz de las antorchas hacían brillar su blanca y sudorosa piel, y Harry no pudo pensar otra cosa más que aquella era la visión más maravillosa que había visto nunca.

Pese a sus ansias, trató de ir despacio, introduciéndose lentamente en él, escuchándolo sisear y sintiéndolo temblar, no se detuvo hasta que estuvo completamente cobijado por ese calor que se le hacía tan perfecto.

¡Oh… Draco! —gimoteó, inclinándose hacia delatante y alcanzando sus labios, donde dejó un beso descuidado, antes de apartarse un poco y girar el rostro para arrastrar la lengua por una de sus pantorrillas, mientras Draco abría los ojos y lo miraba de una manera intensa.

Sí… —siseó Draco, arqueándose nuevamente y moviendo sus caderas en círculos. Harry cerró los ojos, maravillado y extasiado, y lo asió de las caderas, comenzando a moverse, con lentitud al inicio, animado por los "sí" y los "allí" de Draco, hasta que el ritmo se hizo frenético, no tenía control absoluto de su cuerpo, en tanto salía casi por completo de él, para volver a introducirse con fuerza.

Draco… —gimió —tócate… —pidió, su mirada se perdió en la pálida mano de Draco, sosteniendo su miembro y comenzando a masturbarse con rudeza, casi alcanzando el mismo ritmo con que él entraba y salía de su cuerpo.

¡Harry! —gritó Draco, su voz sonaba ronca y necesitada —¡Dios, sí, sigue…!

Eres tan caliente —respondió él, soltándolo de las caderas, una de sus manos se sostuvo del resbaloso sofá y la otra fue hacia la mano de Draco, entrelazando sus dedos con los largos dedos de Draco y apretándolo con fuerza. La sala se llenó del sonido de sus cuerpos chocando, del roce del cuerpo de Draco contra el resbaloso cuero del sofá y de los gemidos de ambos, cada vez más altos y escandalosos, hasta que no pudo más y sintió como su orgasmo le llegaba de manera brutal.

Draco… —Harry sintió la mano de Draco perder fuerza bajo su propia mano y se obligó a seguir acariciándolo mientras su orgasmo trepaba por su columna y sus huevos, explotando a la vez que la semilla caliente de Draco golpeaba su mano, y éste se retorcía, gimoteando y apretándose en torno a él.

Dios —suspiró Draco, dejando resbalar sus piernas por los hombros de Harry, mientras éste se dejaba caer sobre su sudoroso y manchado pecho, resoplando y sonriendo por las cosquillas que el orgasmo le había causado en todo el cuerpo.

Wow —atinó a decir, incapaz de formar alguna oración coherente, sintió más que escuchó, la risa de Draco y se levantó un poco, para encontrarse con su rostro sonriente y aún sonrojado. Levantó una mano y apartó un par de mechones rubios que le cubrían la frente y también sonrió.

Sí que eres una cajita de sorpresas, ¿eh? —le dijo Draco, había nuevamente algo cauteloso en su expresión, Harry le sonrió de vuelta y se irguió un poco, lo suficiente para llegar a sus labios y besarlo nuevamente, ésta vez de manera lenta, disfrutando de su sabor.

¿Y te gustan las sorpresas que has encontrado? —preguntó con voz baja, apartándose sólo unos centímetros de él.

Oh, vaya que sí —respondió Draco, envolviéndolo con sus brazos y pegándolo más a su cuerpo para seguir besándolo.

Despertó tarde, lo cual no era raro tras haber estado de fiesta la noche anterior. Contrario a lo que había estado haciendo durante los últimos días, o semanas, no perdió tiempo en la cama, se puso de pie y se metió a la ducha.

En la cocina lo esperaba ya una edición de los diarios del día, pero no les hizo mucho caso, mientras se movía de un lado al otro, preparando algo de café y tostadas para desayunar, contento de no haber bebido demasiado como para tener una resaca.

Se sentó a desayunar y le dio una mirada más a los diarios, apenas a los titulares, asegurándose de que el mundo seguía tal como siempre, y disfrutando de su café. Le dio vueltas a lo que Hermione le había dicho la mañana anterior, no sólo a que tal vez Draco era realmente feliz ahora y que él no tenía derecho a querer desbaratar eso, sino también a que, si en el remoto caso, Draco pensaba volver con él, no lo haría a escondidas, no como antes. Sabía que había sido egoísta con Draco en ese aspecto, que había escogido lo más cómodo, pero no lo mejor y que el único culpable de que Draco lo abandonara, había sido él. No sabía si el destino le ofrecería la oportunidad de volver a estar con él, o si el tiempo haría que lo olvidase, pero sí sabía que no podía continuar actuando de esa manera, que debía ser valiente y enfrentar al mundo, y esa era su lucha personal, no podía mezclar a Draco ni a ningún otro en eso.

Luego de desayunar se vistió y salió de su departamento, por primera vez en mucho tiempo, sin que ninguno de sus amigos lo obligara.

Fue hacia la universidad de leyes mágicas de Londres, donde Hermione estudiaba ya el último año y luego de preguntar por aquí y por allá, la encontró saliendo de una de las aulas, seguida por un par de chicas que hablaban sin parar. Las tres se quedaron paralizadas en cuanto lo vieron.

—Hola, Hermione —sonrió Harry.

—¡Harry! —exclamó ella, sus amigas soltaron unas risitas tontas que Harry decidió ignorar —¿Y esta sorpresa? ¿Está todo bien?

—De maravilla —asintió él, Hermione hizo un gesto hacia las dos chicas, que parecían haber quedado clavadas en el piso, imposibilitadas de moverse.

—Ellas son Bea y Sue —presentó Hermione, poniendo los ojos en blanco, mientras las dos chicas se sonrojaban un poco más y reían más fuerte aún.

—Un gusto —masculló Harry, tratando de sonar de todas maneras educado —Hermione, ¿podemos hablar? ¿Tienes tiempo, o…?

—Claro, claro que sí, ésa fue mi última clase del día.

—Genial.

—¿Dónde vamos? —preguntó la chica, alejándose por el pasillo con Harry y haciéndole un vago gesto de despedida a sus compañeras.

—Primero a buscar a Ron, los quiero invitar a cenar.

No fue difícil ubicar a Ron, estaba en una de las tiendas de los gemelos Weasley, la cual administraba a medio tiempo, mientras culminaba sus estudios de Transformaciones y Encantamientos, preparándose para formar parte de los creadores de bromas de la cadena de tiendas, que cada día se hacía más popular.

El chico también se mostró sorprendido de la iniciativa de Harry, y con una mirada curiosa, aceptó el ir con ellos; los tres finalmente encontraron, en el lado muggle de Londres, un restaurante pequeño y no muy lleno en el cual poder cenar.

Luego de ordenar la comida y una botella de vino, Hermione no se contuvo más.

—¿Qué es lo que ha pasado?

—No dirás que piensas anunciarnos tu matrimonio o algo así —dijo Ron, aunque quería parecer divertido, Harry podía notar la preocupación en su rostro.

—Claro que no, no digas tonterías.

—Ya… —bufó Ron, levantando la copa de vino para darle un sorbo.

—Quería decirles que he decidido… ¿cómo decirlo de manera correcta?

—Tan sólo dilo —le apuró Hermione.

—¿Salir del closet?

Esta vez fue el turno de Ron de atorarse con su bebida, tosiendo fuerte y sonrojándose cada vez más, Hermione miró hacia Harry durante un largo instante, antes de percatarse de que su novio necesitaba ayuda, mientras Harry se ponía en pie pensando en tratar de auxiliar a su amigo. Hermione deslizó la varita por su manga y susurró un hechizo y pronto las vías respiratorias de Ron se despejaron, el chico tomó una gran bocanada de aire y miró a Harry con rabia.

—¿No podías esperar a que terminara de beber para decir algo así?

Harry soltó una carcajada, que fue seguida por Hermione y un instante después por la de Ron, los tres rieron por un buen rato, Harry casi había olvidado lo maravilloso que se sentía reír de esa manera.

—¿Estás hablando en serio? —le preguntó Hermione, retomando la calma.

—Sí.

—¿Le dirás a todos que eres gay?

—Sí —asintió Harry nuevamente —. No es que vaya mandar un comunicado de prensa, pero dejaré de esconderme, creo que ha llegado la hora de dejar de fingir.

—Pero no te gusta que se metan en tu vida.

—No, lo detesto, pero no puedo hacer nada contra eso, Ron, ellos siempre van a estar al tanto de lo que haga, y no sería justo que cuando quiera tener una relación con alguien más…

—Con ese chico —le interrumpió Ron.

—O con cualquier otro —se encogió de hombros Harry, un poco desalentado por no tener más en su vida a Draco —, le pida que nos escondamos porque no quiero que el mundo se entere, o peor aún, la prensa lo agobie, estipulando que seguramente me volví gay gracias a él.

—Me alegra por ti —declaró Hermione, luego de un largo silencio —, ya sabes que estaremos contigo, apoyándote siempre.

—Si es que estás seguro de esto —asintió Ron —, ni modo, allí estaremos, para lo que sea.

Harry sonrió, no esperaba menos de sus amigos, después de todo.

**********



Gracias a todos por leer.

Gracias a todos los que han dejado sus comentarios... me alegra que les esté gustando la historia, he contestado a todos, (o eso creo), los que no se pueden contestar por web:

Cindy

Hola Cindy,

Qué gusto saber de ti, me alegra que te esté gustando la historia XD y bueno, no te puedo dar muchas luces sobre lo que pasará ahora, pero con el segundo capítulo seguro que ya tienes una mejor idea.

Harry le tiene bronca a Lior sólo porque está con Draco, pero honestamente no sabía de que los ingleses tenían ese problema con el exceso de Holandeses, por lo pronto en el fic nos sobra uno jajaja..

Un beso y espero que sigas leyendo, y sobre todo que tengas lindo día.

dospiesizquierdos

¡Hola!

Cuánto gusto saber de ti, me alegra saber que estás bien, y además me halaga mucho haberte incitado a escribir, no dejes de hacerlo, seguro que te sale algo muy bueno XD

Oh… Harry tiene exactamente lo que buscó, me gustó mucho poner esta Ginny, nada de lagrimitas, de ruegos o planes macabros para reconquistarlo, no señor, simplemente lo abandonó y se fue, su personaje en los libros siempre ha demostrado ser fuerte y creo que es una reacción que se esperaba de ella.

Ya veremos qué pasa con Draco, pero aún no…

Por lo pronto te dejo un beso y que tengas un lindo día.

XD

SARAHI
Hola Sahai,

Ah… el fin de semana largo hice de todo menos descansar, no sé cómo me llené de cosas que hacer y al fin el domingo, el último día, se me hizo cortísimo… necesitamos descanso del descanso jajajaja…

Bueno, Harry tendrá que aprender a apreciar lo que tiene antes de querer jugar nuevamente, una lección que se tiene que aprender a golpes… ni modo.

Un beso para ti y que tengas lindo día.

XD

Sephy Malfoy

Hola Sephy Malfoy

Gracias por tu comentario XD

Sip, me había desaparecido… el año pasado también lo hice, creo que me desaparezco siempre los primeros meses, estaba descansando un poco, aunque no había dejado de escribir, pero como me gusta tener las historias completas antes de subirlas, capaz por eso demoro un poco en volver…

Qué bien que te esté gustando la historia, es algo triste, porque Harry se siente pésimo porque ahora se quedó, como se dice, sin el oro y sin el moro, pero ya veremos cómo es que termina esto.

Un beso para ti y que tengas un lindo día.

XD

leyla
¡Hola¡ Gracias por tu comentario, me alegra que te esté gustando, son sólo cinco capítulos XD un beso...

heva :

Gracias por tus palabras, me alegra que te guste la forma en la que se está desarrollando la historia.

Shadow Lestrange
Hola, ¿qué tal? A mí me alegra mucho leerte por aquí, y que te animes a comentar...

Como dices, Harry tiene lo que se buscó, ya veremos qué más pasa ahora...

Besos y que tengas lindo día...


No me queda más que agradecer de vuelta por todo su apoyo y prometer que nos leemos en una semana, espero que lo hayan disfrutado...

¡Suerte!

Zafy