Edito: Intenté, durante todo el día, colgar el capítulo, era muy frustrante, porque lo tenía guardado en "document manager" pero no me mostraba las opciones para agregar a la historia ni nada... ¬¬ Además que, como comento abajo, en el trabajo tenía miles de cosas que hacer, imagínense que he salido más de una hora después de mi salida normal... pero en fin, no vengo a quejarme, sino a aprovechar que la máquina de mi hermanita está prendida y la puedo usar un ratito... pero no le digan a nadie... jajajaja... Bueno, ahora sí, los dejo para que lean, tal como debió salir en la mañana.
Antes... gracias a los que me mandaron sus comentarios preguntando sobre la actualización, en verdad que me dio bronca no poder cumplir con el horario establecido... *Zafy se sonroja*
Hola a todos... ¿Qué tal el fin de semana? Yo tuve dos días para descansar, y claro, hice cualquier cosa excepto descansar jajaja... En fin, empieza la semana y el mes, tengo un montón de cosas que hacer, así que no me entretengo más, les dejo el final de la historia... estos finales, ¿habrá forma de no sentirse nerviosa por ellos? en fin... Disfruténlo (eso espero)
CONTRICCIÓN
QUINTA PARTE
Harry se despertó casi al amanecer, las cortinas de su habitación permanecían abiertas, dejándole ver la nevada que ya comenzaba a caer, estaba en el sexto piso y no podía ver más que los copos de nieve cayendo con lentitud. Definitivamente sí habría una gran nevada esa noche.
Se estiró sobre la cama e inmediatamente una mujer mayor y algo obesa, vestida de verde, apareció por la puerta, agitando la varita y haciendo levitar una charola de metal, Harry sabía que se trataba del desayuno, acompañado de una gran cantidad de pociones.
—Buenos días —saludó la mujer, con animosidad poco apropiada para un hospital —, es una gran alegría saber que al fin se encuentra completamente recuperado, no sabe el susto que nos dio, pero el medimago Itoiz estuvo aquí anoche y ha dicho que está completamente bien, puede desayunar y luego vendrá un enfermero a hacerle las últimas pruebas, para las tres de la tarde podrá firmar el alta.
—Gracias —masculló Harry, sentándose en la cama y recibiendo la charola.
—Las últimas pociones para el dolor, aunque supongo que ya ha desaparecido.
—Sí, casi no hay dolor —admitió Harry, moviendo el cuello de un lado al otro, antes de tomar el primer envase de poción color anaranjada.
—Perfecto, ¿desea que le traiga algo más?
—¿Habrán traído ya los diarios?
—¡Por supuesto! —la mujer agitó la varita y una fila de diarios y revistas aterrizaron sobre la cama de Harry —, tenemos todos los que se han publicado hoy, y si desea alguno de los días anteriores, no será muy difícil para mí conseguirlos. Puede pedir cualquier cosa que desee y se la conseguiré lo más rápido posible.
—Genial —respondió Harry, arrugando un poco la frente.
—Entonces… —la mujer le dio una mirada más y se apartó un par de pasos más, Harry conocía esa mirada y suspiró vencido.
—De acuerdo —asintió, la mujer parpadeó, queriendo parecer confusa —, no le diré a nadie que lo ha pedido.
Ella se quedó quieta un momento más y miró hacia atrás, pero la puerta de la habitación ya estaba cerrada, sonrió aliviada y sacó del interior de su túnica una fotografía de Harry, era de cuando la guerra había terminado.
—¿Puede poner para Sue Hellen, con cariño?
—Claro —Harry ya estaba acostumbrado a eso, y le molestaba, era cierto, pero no le costaba gran esfuerzo hacerlo en ese momento. Firmó: "Para Sue Hellen…" y se detuvo, mirando a la mujer con detenimiento —¿Usted es Sue Hellen?
—Sí, mucho gusto, señor Potter —asintió la mujer, dándole la mano. Harry sonrió apretadamente y completó: "… Gracias por sus cuidados, con cariño, Harry Potter"
—¡Oh, es usted tan amable! Y me alegra mucho que haya encontrado un novio que lo quiera tanto… se merece ser tan feliz.
Harry abrió la boca para preguntar de qué demonios hablaba, pero ella no le dio tiempo a cuestionar nada, guardó a toda prisa la fotografía en el interior de su túnica y salió prácticamente corriendo de la habitación.
Harry negó con la cabeza, seguramente se trataba de los rumores que los diarios habían esparcido durante esos días. Su estomago rugió de hambre, lo que le indicaba que verdaderamente ya estaba curado y se dispuso a desayunar, hojeando los diarios, no habían muchas novedades, pues todos estaban más pendientes de los planes para fin de año como para ocuparse de crímenes, leyes y demandas, el otro tema importante era que las nevadas estaban alcanzando niveles no vistos en décadas e instaban a los pobladores a tener a mano la varita para hacer los hechizos de calentamiento cuando tuvieran que andar por la calle.
Cuando ya terminaba de leer la edición de "El Mundo Mágico Hoy", Harry vio la columna de Alphonse Brenin, el columnista de sociedad de ese diario, relatando los planes para fin de año de lo más alto de la sociedad y la farándula. Río divertido al ver que mencionaban que él probablemente pasaría la noche en el hospital de San Mungo, donde se recuperaba tras un heroico acto, aunque no le hizo gracia que insinuara que lo había hecho para salvar a su posible novio; pero pese a eso, sobre todo para entretenerse, continuó leyendo, cuando el nombre de Draco saltó casi al final de la página.
…Quien definitivamente la pasará muy bien será Draco Malfoy, pues él y su novio, Lior Freuchie Friern, partirán, según nos dicen muy buenas fuentes, mañana hacia Holanda, a reunirse con el resto de la familia Freuchie Friern, a asistir a una de las celebraciones más grandes que se estilan por ese país y luego a pasar unas largas vacaciones por Europa. No sé si soy sólo yo, pero creo que todos escuchamos ya las campanas replicar en cuanto a esta relación que, si bien es cierto lleva poco tiempo, se ve bastante estable.
Por otro lado sabemos que Addison, vocalista de "Acclâmâtiônis", grupo de rock que ha alcanzado los más altos índices de popularidad durante este año, pasará la media noche junto a sus compañeros de banda en una fiesta en su mansión de…
Harry sintió que algo amargo subía por su pecho, mientras sus manos temblaban y comenzaba a sudar, Draco se iba, al día siguiente se iba con ese… extranjero a pasar un año nuevo familiar, a consolidar más su relación y no volvería en quién sabe cuánto tiempo y… y no, no podía permitirlo.
Probablemente la gente de San Mungo pensó que Harry se había vuelto loco por la forma en que se entercó en salir en ese mismo instante de allí; pese a intentar detenerlo, no lo habían conseguido y seguramente que ya habrían dado parte a los aurores, o a sus amigos, pero eso no lo podía tener menos preocupado, mientras se cerraba más el abrigo en torno al cuello, debajo sólo tenía una delgada camiseta y unos vaqueros, ni siquiera había convocado sus guantes o una bufanda, y aunque sabía que podía aparecerse en casa y cambiarse, había algo imperioso que lo obligaba a caminar por ese sendero de piedras y nieve, resbalando un poco por sus botas contra el piso mojado, y tiritando de frío. Estaba contra el tiempo, Draco no se podía ir con ese tipo a Holanda, no podía irse justo ahora que él estaba tan seguro de lo que sentía, no podía irse sin escucharlo.
Cuando por fin pudo llegar a la enorme e intimidante reja que separaba el bosque de la Mansión Malfoy, tenía demasiado frío, sus mejillas le quemaban y sus dientes castañeaban ya sin ningún control. Se quedó de pie allí, observando el interior, todo blanco gracias a la nieve, incluso la fuente que había en uno de los lados del jardín había cambiado sus chorros de agua por un hilo de hielo, y se preguntó cómo demonios podría hacer para entrar. En la ocasión anterior parecían haberlo estado esperando, sin embargo ahora nadie parecía dispuesto a dejarlo pasar.
Le costó un poco de esfuerzo lograr que su voz saliera correcta mientras apuntaba a su garganta con la varita, pero finalmente lo consiguió, gritando el nombre de Draco y esperando que él lo pudiera escuchar en el interior de tan enorme casa.
Pasaron unos minutos más, y ya estaba empezando a evaluar lo factible que sería burlar las protecciones para colarse en el interior, cuando un elfo apareció, su mirada no era tan amable como en el pasado.
—El señor está gritando el nombre de nuestro amo —dijo a modo de saludo el elfo, inclinándose un poco hacia delante, en un amago de reverencia.
—Necesito… —jadeó, preguntándose si es que no habría pescado otro resfriado más —… ver a tu amo, es importante.
—El amo no se encuentra en condiciones de recibirlo, me ha pedido que lo mande de regreso a casa —informó el elfo, su voz sonaba, pese a ser un servicial elfo, mucho más agresiva —, Thirsk debe pedirle que se retire.
Harry bufó y negó con la cabeza, levantó la varita e hizo un hechizo de calentamiento sobre él, antes de contestar con voz más firme.
—No. Dile a tu amo que no me iré, que estaré aquí, en medio de la nieve hasta que me reciba.
—El amo Draco ha dicho…
—Y dile —interrumpió —que me congelaré y que no me importa convertirme en una estatua de hielo, con tal de que me reciba.
El elfo entrecerró los ojos un poco y luego asintió, antes de desaparecer. Harry aprovechó para derretir con su varita la nieve bajo sus pies, tratando de apartarse del frío y de pensar en qué hacer si es que Draco decidía que le importaba poco que se congelara.
El elfo apareció al cabo de unos minutos, parecía más enfadado aún.
—El amo Draco me indica que le diga que se vaya a casa y que no lo moleste.
Harry sonrió.
—Pues dile al amo Draco —dijo con retintín —, que sí quiere que me vaya a casa, salga él y me lo diga a la cara, si es que se atreve, que yo de aquí no me muevo.
Y dicho eso se cruzó de brazos y, cual niño encaprichado, se dejó caer en la porción de suelo que había estado limpiando de la nieve. El pasto estaba helado y húmedo, y estuvo seguro de que definitivamente sí pescaría un resfriado, pero también de que no se iría de allí sin verlo.
El elfo abrió la boca y pareció incapaz de contestar, antes de asentir con desánimo.
—Thirsk informará al amo Draco —masculló antes de desaparecer.
Harry se entretuvo jugando con la varita, apartando los copos de nieve, que cada vez eran más grandes, de su alrededor, aunque no lo hacía con mucha eficacia, pues pronto se vio rodeado de nieve que le mojaba los pantalones y el abrigo, hasta que por fin el elfo volvió:
—El amo dice que no quiere ser responsable de su muerte y que pase, pero que lo espere porque está ocupado y no lo puede atender en este momento.
—¿Está con Lior? —preguntó rápidamente Harry, poniéndose en pie de un salto y viendo como la reja se abría de par en par.
—El amo no me permite hablar de eso —replicó el elfo, guiándolo por el jardín hasta el interior de la Mansión, a una de las habitaciones que Harry no conocía, era bastante agradable, parecía una gran sala de estar, con una chimenea caliente en el fondo y sofás en color claro, que combinaban perfectamente con las paredes, no había ningún cuadro, sólo paredes desnudas y alfombras.
Se desprendió del mojado abrigo y lo secó con un hechizo, miró alrededor, pero el elfo ya había desaparecido. Suspiró vencido, imaginando que Draco seguramente lo dejaría mucho rato esperando, y no queriendo pensar qué es lo que estaría haciendo, seguramente con su novio, se desprendió del resto de la ropa y la secó también con el mismo hechizo, antes de volver a ponérsela y sentarse delante de la chimenea, sobre la alfombra.
Los minutos comenzaron a pasar con extremada lentitud, Harry sabía que aquello seguramente era una guerra psicológica, Draco quería hacerlo desesperar y seguramente cansar, pero no le daría gusto. Los músculos de su espalda comenzaron a dolerle por estar sentado tanto rato y, con cierta frescura, se recostó completamente sobre uno de los sofás, que previamente empujó un poco más cerca de la chimenea, y se dedicó a mirar las llamas, esperando que Draco apareciera pronto.
El calor de la chimenea era bastante agradable y pronto sus ojos se fueron cerrando, hasta que finalmente se quedó dormido.
Las caricias sobre su espalda eran relajantes, le gustaba ese tipo de caricias, le asustaban, era cierto, pero también las disfrutaba. Estaba tendido sobre su abdomen, con la cabeza apoyada entre los brazos cruzados y sobre la almohada, tenía los ojos cerrados, pese a que sabía que si los abría, sería la imagen de Draco la que lo recibiría. Por supuesto que estaba desnudo, no recordaba haber pasado mucho tiempo en otro estado si estaba con Draco, no desde que habían empezado a hacer el amor.
"Hacer el amor"
Harry suspiró lentamente, ¿cuándo había dejado de ser follar y se había convertido en hacer el amor? Probablemente antes de que Draco lo tomara y lo reclamara como suyo, sí, incluso antes de haberse rendido ante él, ya sentía que lo que había entre ellos no podía ser simplemente sexo. No tenía una etiqueta para lo que sea que ellos fueran, y no la quería poner tampoco, porque sabía que debería utilizar "Amantes", y no quería pensar en Draco como un simple amante. Draco merecía más, probablemente alguien que de verdad lo quisiera… que lo quisiera más de lo que Harry creía quererlo.
Los dedos sobre su espalda bajaron un poco más, esta vez rozando la piel de una de sus nalgas, y un escalofrío lo hizo agitar la espalda, a la vez que escuchaba la risa de Draco. Entreabrió los ojos para verlo, Draco sonreía, aún con las mejillas coloradas por la reciente actividad.
—Lo siento —susurró Draco, sin detener las caricias sobre su espalda.
Harry le sonrió un poco y volvió a cerrar los ojos, estaba agotado, casi muerto, y esas caricias estaban relajándolo demasiado. Sabía que la intensión de Draco no era iniciar otra faena amorosa, no por el momento al menos, y tal vez por eso es que le asustaban tanto esas caricias, porque no eran del tipo que se darían dos personas que se encontraban simplemente para follar, hablaba de complicidad, de unión, de intimidad.
—¿Tienes aún tiempo?
Harry volvió a abrir los ojos, Draco había puesto nuevamente esa mirada de cautela que tanto le preocupaba, esa mirada que le gritaba a la cara: "Eres un egoísta y un aprovechado", arrojó esos pensamientos hasta el fondo de su conciencia, a un lugar olvidado y oscuro que siempre prometía revisar aunque nunca lo hacía, y sonrió con tranquilidad.
—Mucho tiempo —afirmó —, nadie sabe aún que he vuelto. Pero si es que quieres seguir explotándome, tendrás que esperar un rato, realmente estoy agotado.
Las caricias sobre su espalda continuaron, durante un momento de silencio, mientras recordaba cómo es que había llegado allí: había terminado con la misión antes de lo que había pensado, y con mucha suerte, pues no habían tenido heridos, lo que había desencadenado en que él pudiera salir con un día de anticipación, extrañamente ese día, en lugar de ir a ver a Ginny, o a casa a descansar, solo había tenido el repentino impulso de buscarlo a él, la necesidad de verlo.
—Mmm… es una proposición muy interesante, ¿sabes? —murmuró Draco, Harry lo sintió acercarse mucho más a él y abrió los ojos para verlo, mientras que las caricias de su espalda bajaban cada vez más seguido hacia sus nalgas.
—¿En serio?
—Pues sí —Draco levantó una ceja y Harry no pudo evitar sonreír —, podría tenerte semanas aquí y nadie te saldría a buscar.
—Oh… —Harry amplió su sonrisa, imaginando realmente estar en la cama de Draco durante semanas enteras, sin ninguna otra preocupación —supongo que al cabo de un mes comenzarían a notar mi ausencia…
—Buen punto —admitió Draco, Harry lo observó durante un momento más, antes de cerrar los ojos nuevamente.
—¿Harry? —susurró Draco.
—Mmm… —Harry suspiró un poco y abrió los ojos.
—¿Quieres que te deje dormir?
—No —Harry se acomodó un poco más sobre la cama y negó con la cabeza —, sigue con lo que estás haciendo, se siente genial.
—Ah… —Draco sonrió y se inclinó para darle un beso en la espalda, Harry sintió su piel estremecerse por el contacto, y seguramente que Draco también lo percibió, pero pese a eso se apartó de él un poco.
—Me gustó que vinieras —dijo Draco al cabo de un rato más, en que sus manos habían estado acariciando ahora sus costados, causándole algo de cosquillas. Harry sentía esas caricias demasiado íntimas, a veces pensaba que, pese a que hacían el amor casi todo el tiempo, la forma en que Draco recorría su cuerpo, luego de hacerlo, centímetro a centímetro y con delicadeza, como si quisiera memorizarlo, era mucho más intensa que cualquier otra relación que había tenido –e incluso tenía, recordando a Ginny-
—Necesitaba verte —admitió Harry —, estos días te estuve extrañando demasiado… no podía esperar a mañana, o a otro día, tenía que ser hoy.
—Eso me quedó claro —río Draco, ocasionando que Harry se sonrojara un poco, por lo que esa declaración implicaba; unas horas antes se había aparecido en el despacho de Draco, y aunque éste se había notado sorprendido, no le dio tiempo de decir mucho al respecto pues había prácticamente saltado sobre él y luego de besarlo con efusividad, lo había llevado a la habitación, explicándole entre besos y caricias, que la misión había terminado antes de tiempo. Durante el tiempo que duró su misión Harry se encontró más de una vez pensando en él, extrañándolo y también, tenía que admitirlo, consumiéndose por saber qué estaba haciendo Draco, pues, aunque no lo habían dicho nunca en voz alta, sabía que no podía exigirle fidelidad a él, que lo que sea que tenían juntos no era una relación de exclusividad, pese a que no soportaba la idea de que alguno otro lo tocara.
—Es lo que me saco por venir de sorpresa —se quejó Harry, escondiendo el rostro entre los brazos.
—Vamos, no seas niño —reprochó Draco, mientras se pegaba más a su cuerpo, la piel de Harry se estremeció nuevamente por el contacto y suspiró lentamente, sintiendo que, pese al cansancio, su deseo renacía.
—Mira quién habla —respondió Harry, sin levantar la cabeza, sintió a Draco moverse a su alrededor y un instante después el peso sobre sus caderas, las manos sobre sus hombros y claramente la erección de Draco despertando también, entre sus nalgas.
—Harry… —susurró Draco, inclinándose sobre él y dándole un beso en la nuca.
—Mmm… espera —protestó Harry, aunque levantando un poco las caderas. Lo cierto era que, después de haber lanzado a Draco sobre la cama y empalarse en él, sin mayor preparación y llevado únicamente por su ansiedad, su cuerpo ahora se mostraba adolorido, aunque gratamente adolorido, tenía que admitir.
—Te lo advertí —consoló Draco, sus manos bajando por sus hombros hasta su columna.
—Lo sé.
—Además, no es lo que planeo en este momento —continuó Draco, dejando unos cuantos besos sobre su espalda.
—¿No?
—No —una de las manos de Draco subió hasta su cabeza y lo acarició con lentitud —, ahora, creo, debes descansar; duerme un poco y luego podremos salir a comer algo, he visto un restaurante muggle de comida hindú que parece muy bueno, ¿qué te parece?
—Genial, pero… —Harry levantó el rostro en el momento que Draco se movía hacia un lado de la cama y con la clara intensión de levantarse —¿tienes que irte?
—¿Qué? —preguntó Draco, parecía realmente extrañado por esa pregunta.
—¿Que si tienes que irte? —repitió Harry —, había pensado que tal vez podrías quedarte en la cama conmigo un rato más, sólo descansando —se sintió completamente estúpido por hacer esa propuesta, pero mucho más por el deseo de tener a Draco a su lado, simplemente acompañándolo.
Draco arqueó una ceja.
—Si tienes cosas que hacer no importa, después de todo llegué de improviso y...
—No, claro que no tengo que irme —interrumpió Draco, sonriendo—, cualquier otra cosa puede esperar —aseguró, mientras se tendía junto a Harry nuevamente.
Automáticamente, como ya tenía costumbre, Harry pasó un brazo sobre su abdomen y lo jaló, hasta tenerlo sujeto de manera posesiva, enterró su cabeza en el cuello de Draco y aspiró profundamente, sintiéndose más relajado y cómodo.
—Te extrañé bastante estos días —susurró Draco, Harry sintió como una de las manos de Draco se colocaba sobre la que él tenía en el abdomen, y sus dedos se entrelazaron rápidamente.
—Y yo —afirmó Harry, dejándose llevar por el cansancio y pensando en lo divertido que sería salir a cenar con él, llevaban semanas sin poder hacerlo y extrañaba también esa parte estar juntos, las largas conversaciones que abarcaban cada vez temas más serios e íntimos, como la manera en que Draco había logrado negociar su libertad con la orden del fénix y abandonar el país luego de encontrar a sus padres muertos, o la forma en que Harry había tenido que luchar durante la guerra, junto a sus amigos, cosas que normalmente no comentaban con nadie.
Una mano sobre su hombro, agitándolo, lo hizo despertar sobresaltado, y sentándose de golpe, empujó en el proceso a Draco, que era quien lo había despertado.
Draco se apartó unos pasos y arqueó una ceja, en clara interrogante.
—Lo siento —se disculpó, desemperezándose por completo.
—Ya lo creo que lo sentirás. No sé quién te has creído, Potter, pero venir a mi casa sin invitación y amenazar con dejarte morir de frío si no te dejo pasar… debí haber llamado a los aurores, seguro que ellos podrían encargarse de ti.
A Harry no se le pasó por alto el tono despectivo que estaba empleando, parecía furioso, sobre todo al pronunciar aurores.
—Yo tenía que verte —se excusó rápidamente.
—Y porque a ti se te da la gana de verme crees que debo hacerte caso —resolvió él, agitando una mano y apartándose un par de pasos más. Harry se puso en pie para alcanzarlo.
—No, pero es que yo…
—Estoy ocupado, tengo muchas cosas que hacer y no estoy de humor para ti en este momento —continuó Draco, ignorándolo.
—¿Haciendo qué? —preguntó Harry, un poco más enfadado, imaginando a Draco preparando sus cosas para irse de viaje con ese, o peor aún, enredado entre las sábanas de su habitación, haciéndole el amor.
—No es tu problema.
—¿Preparando todo para tu gran ingreso en la familia Freuchie Friern como el flamante prometido de Lior?
—Qué poca cara que tienes, Potter —contraatacó Draco, cruzándose de brazos y mirándolo con rabia —, ¿no deberías estar saltando delante de hechizos para proteger a tu noviecito en lugar de preocuparte por lo que yo hago con el mío?
—Él no es…
—¿O tanto te duele que de verdad te haya podido olvidar como para venir a molestar? Porque si crees que puedes tener nuevamente a dos en tu cama, como en el pasado, puedes irte buscando otro, porque yo no estoy dispuesto.
—Yo no he… —Harry se quedó con la boca abierta, procesando las palabras de Draco —¿En verdad tú ya no sientes nada por mí?
Draco bufó y se dio la vuelta, con un pase de varita la puerta oscura y pesada del salón se abrió, golpeando las paredes.
—Lárgate —ordenó fríamente.
Harry lo miró un instante más, de pie, dándole la espalda, su cuerpo totalmente rígido, sin siquiera querer verlo a la cara, y sintió que se partía en miles de pedazos, había sido demasiado iluso al pensar que Draco lo recibiría de vuelta, el tiempo había pasado, y él ya le había advertido que no lo esperaría, pero esa pequeña esperanza que se había encendido desde la tarde en que Hermione le hizo notar su error, se extinguió.
Agachó la cabeza y comenzó a caminar hacia la salida, pasó a su lado y no se animó a mirarlo a la cara, sabía que eso lo destrozaría más aún, su mirada de indiferencia, de desprecio.
Salió del salón sin mirar atrás y llegó hasta el pasillo que llevaba a la salida, las puertas de la Mansión se abrieron con tanta fuerza como las de la sala y vio que ya estaba todo oscuro, había caído la noche, y si bien había dejado de nevar, los centímetros de nieve que se acumulaban sobre el jardín demostraban lo intensa que había sido la tormenta.
Arrastrándose, completamente vencido, avanzó por el jardín, no quería voltear porque sabía que tal vez Lior estaba en el interior de la casa, probablemente mirándolo desde una de las ventanas y regodeándose con su victoria, acogiendo a Draco entre sus brazos, besándolo y susurrándole promesas de amor que él no había tenido el valor de decir en su momento.
Estaba llegando ya a la reja principal cuando se detuvo, recapacitando: Él sí tenía la oportunidad de decirlas, la tenía en ese momento y la estaba desaprovechando. Sabía que Draco era una persona difícil, de mal carácter y que, después de todo lo que había hecho, no lo recibiría con los brazos abiertos, pero había ido hasta allí a decirle lo que sentía, a ser completamente honesto con él, no ha tratar de hacerlo volver, pero sí a dejarle en claro todo lo que sentía, sin malos entendidos ni palabras a medias, y no se iba a marchar sin hacerlo.
Se giró y recorrió el camino de vuelta, las puertas de la Mansión ya estaban cerradas, y miró alrededor, hacia las ventanas, algunas de ellas iluminadas, pero sin nadie a la vista. Sin saber qué más hacer, comenzó a aporrear la puerta con fuerza, sus nudillos le dolieron por eso y estaba seguro que se estaba lastimando, pero aún así no se detuvo, hasta que el mismo elfo que lo había recibido un poco antes apareció delante de él, con mirada cansada.
—El amo Draco dice que…
—Dile al amo Draco que tengo algo que decirle y que no me iré sin hacerlo.
Harry estuvo seguro que si el elfo hubiera podido, hubiera puesto los ojos en blanco.
—El amo Draco no lo quiere recibir, ha dicho que se vaya o que llamará a los aurores.
—Pues dile al amo Draco que aquí los espero, que no me iré por las buenas.
El elfo suspiró y desapareció, Harry sabía que se estaba comportando de manera obsesa, e incluso humillante, pero apartó ese pensamiento de su mente, planeando que, si Draco cumplía con su amenaza y los aurores lo obligaban a salir, lo seguiría hasta Holanda, o hasta el fin del mundo, hasta que lo escuchara. Se había dejado impresionar por la forma en que Draco le había hablado minutos antes y había sido un error, sin embargo ahora que lo tenía claro no se rendiría. Draco era terco, pero él lo era mucho más.
Se mordió el labio inferior y comenzó a tiritar nuevamente, pese a la ansiedad que tenía y a que había dejado de nevar, el frío estaba calando hondo en sus huesos y soltó un suspiro de alivio cuando la puerta se abrió, Draco, ahora luciendo una chaqueta azul, que lo hacía ver maravillosamente bien, lo miró enfadado.
—¿Acaso debo pedir una orden de restricción? —preguntó Draco, sin apartarse de la puerta.
—Déjame pasar, por favor —dijo apretando los dientes para evitar que se notara que estaba temblando de frío.
Draco le dio una mirada fría y negó con la cabeza.
—¡Me estoy helando, maldita sea!
—Estoy seguro de que en tu casa tienes…
—¡Mierda! —gritó Harry, frustrado, empujando a Draco hacia el interior de la casa e interrumpiéndolo.
—¡Potter! —chilló Draco, sorprendido por el impulso de Harry, que lo había empujado hacia el interior y apresado contra una de las paredes.
—Ahora tú me vas a escuchar, Malfoy —siseó Harry, escuchó como la puerta se cerraba y viento helado dejaba de entrar a la casa.
—¿Ahora te voy a escuchar? —se burló Draco, tratando de apartarlo, pero Harry no se lo permitió, presionando sus manos sobre las muñecas de Draco y dejando descansar todo su peso sobre él, aprisionándolo contra la pared.
—Eso he dicho, me escucharás ahora y luego me largaré, como tanto deseas, y tal vez no me vuelvas a ver, pero eso no sucederá hasta que te diga lo que vine a decirte —continuó Harry.
Draco bufó y negó con la cabeza, su mirada era retadora.
—¿Dónde está tu novio?
Draco dio una mirada nerviosa hacia el piso, un signo de debilidad, según pudo identificar Harry, antes de mirarlo nuevamente, su expresión volvía a ser fría.
—¿Por qué? ¿Planeas un trío?
Harry entrecerró los ojos y tomó una gran bocanada de aire.
—No te pases de listo.
—Vaya, ¿alguna otra cosa que me quieras decir antes de largarte de una vez por todas?
Harry, harto ya de la actitud de Draco, hizo lo único que se le ocurrió, lo besó, con fuerza y rabia, la forma como lo tenía contra la pared hacía que le fuera imposible librarse de su agarre. Mordió su labio inferior y se deleitó sintiéndolo temblar un poco bajo su cuerpo, mientras su lengua se adentraba a esa cavidad caliente, rememorando lo bien que sabían los besos de Draco, mucho mejor de lo que había evocado miles de veces en la soledad de su habitación.
Cuando se apartó, la mirada de Draco había cambiado, parecía algo anonadado, Harry no perdió el ritmo y antes de que pudiera protestar, comenzó a hablar:
—Te quiero, y sí, te lo he dicho muchas veces, cuando estábamos juntos, pese a que Ginny estaba en mi vida, y luego, cuando me echaste, te lo repetí, y tú, sin embargo, no me creíste, y no te puedo culpar, pero creo que se debió a que no fui específico —Draco lo miraba de manera cautelosa, Harry sentía que ya no luchaba por soltarse, pero aún así no aflojó su agarre —. Quise creer que me contentaba con verte feliz, con saber que estabas bien, pero no es así, o por lo menos no lo haré hasta que sepas realmente lo que siento por ti. Estoy enamorado de ti, y dispuesto a estar contigo, delante de todos, o escondidos del mundo, según tú elijas; a acompañarte a esas aburridas fiestas a las que tienes que asistir por negocios y las cuales siempre criticas; a esperarte en casa luego del trabajo, o a cambiar turnos para poder verte cuando tengas tiempo libre; a invitarte a cenar y al cine; a pasar navidad y año nuevo contigo, a celebrar todos nuestros cumpleaños juntos; a cuidarte cuando estés enfermo, y a que me regañes cuando no soy muy cuidadoso en mi trabajo; a discutir porque no nos ponemos de acuerdo en alguna tontería, a pasar las vacaciones juntos, a ponerme celoso cuando algún otro se te acerque o a que te enfades conmigo por mi poca atención y falta de modales… a serte completamente fiel porque sé que no quiero compartir mi cama y mi tiempo con nadie más que contigo, a demostrarte que el que haya engañado a Ginny no quiere decir que siempre he sido así, que sólo he sido infiel una vez y fue porque no podía alejarme de ti, porque no había forma de que frenara la atracción hacia ti… estoy dispuesto a cualquier cosa que el destino nos ponga delante. Draco, yo estoy dispuesto a cualquier cosa contigo, a cualquier cosa, porque te quiero, porque estoy enamorado de ti y sí, puedo estar sin ti, lo he hecho todo este tiempo, pero no quiero… en verdad que no quiero. No he venido a rogarte que me dejes volver, simplemente creo que deberías tener toda la información antes de tomar una decisión definitiva: Draco, yo te amo.
Y solo entonces, una vez que le entregó su corazón en bandeja de plata, se apartó de él, con las mejillas rojas por aquel discurso improvisado y esperando un veredicto.
Por un momento más no se escuchó ningún ruido más, y no se animaba a levantar la mirada hacia él, no quería ver sus ojos cuando lo mandara de regreso a su casa, quizá con una burla por lo mucho que había demorado en reaccionar, por lo estúpido que había sido.
—Harry —llamó Draco, luego de lo que le pareció una eternidad, los largos y cálidos dedos sobre su barbilla lo instaron a levantar la vista y ver hacia él, sus ojos grises no parecían burlones, no había tampoco desprecio en ellos, más bien un brillo diferente —, estás helado.
Harry hizo una mueca, no era la respuesta que esperaba, pero aún así dejó que la mano de Draco abandonara su barbilla y tomara su muñeca, que lo jalara hasta el mismo salón donde lo había esperado durante todo el día y lo acomodara en uno de los sofás.
—Thirsk —llamó Draco, soltándolo, Harry sintió mucho más frío por la lejanía de Draco, pero se obligó a quedarse quieto, mirando las llamas de la chimenea nuevamente.
—El amo Draco ha llamado —dijo el elfo, apareciendo a unos metros de Harry.
—Tráenos whisky y una manta.
—Inmediatamente, amo —respondió el elfo.
El silencio se hizo pesado entre ellos, Harry se apretó las manos contra las piernas, luchando con la urgencia de preguntarle a Draco qué era lo que pretendía, cuál era su respuesta.
El elfo volvió un momento después, una mesa de centro apareció delante de Harry y una botella de whisky, media llena, y dos vasos fueron dejados con delicadeza. Draco le tendió la manta a Harry, que la tomó con manos temblorosas y se la pasó por los hombros, sobre el nuevamente húmedo abrigo, mientras el elfo hacía una reverencia y desaparecía.
—Pescarás un resfrío —comentó Draco, mientras se sentaba junto a él; levantó la varita y convocó un hechizo de calentamiento sobre Harry, que suspiró algo aliviado, luego se inclinó hacia la mesa de centro y tomó la botella de whisky, sirviendo con extremada lentitud una gran cantidad de licor en cada vaso.
Recibió la copa que Draco le ofrecía y la mantuvo entre sus manos, mirándolo con ansiedad y curiosidad.
—Bebe, te calentará un poco —pidió Draco, antes de darle un trago a su vaso y dejarlo sobre la mesa, Harry asintió y bebió un poco también. Draco estaba algo rígido, con el cuerpo inclinado hacia delante y los codos sobre las rodillas, mirando hacia la chimenea, Harry no sabía qué esperar ya.
—Draco…
—Dices que… ¿estás seguro de lo que has dicho? —preguntó Draco, sin mirarlo, su voz sonaba pausada y calmada.
—Sí.
Draco se mordió el labio inferior y se giró hacia él.
—¿Completamente seguro? —cuestionó, mirándolo fijamente a los ojos.
—Ajá —asintió Harry, tratando de demostrar con su mirada toda la sinceridad posible.
—Si es que yo aceptara… una relación contigo, sabes que no toleraría una infidelidad, no permitiría que me engañaras como…
—No lo haría —se apresuró a prometer Harry —, en verdad, Draco, yo te amo.
Draco entrecerró los ojos y se aproximó un poco más a él.
—Son palabras muy serias, Harry, no las debes decir a menos que estés seguro.
—¡Por supuesto que estoy seguro! —resopló Harry —¿Qué es lo que debo hacer para que me creas? Para convencerte —preguntó un poco más envalentonado y acercándose a él —, dímelo y lo haré.
Draco pareció meditarlo un instante, su mano empezó a juguetear con la manta que cubría a Harry y éste hizo el mayor esfuerzo posible para no alcanzarla y acariciarla, como tanto ansiaba.
Draco se pasó la lengua sobre el labio inferior y finalmente asintió.
—Yo también te amo, Harry —susurró.
Harry sintió que el cielo le abría sus puertas, mientras acortaba la distancia entre ellos y tiraba por fin de esa mano; sus labios se juntaron rápidamente, con ansiedad y anhelo, besándose con fuerza, uniéndose de una manera diferente a cómo en el pasillo minutos antes, expresando cuánto se habían extrañado y sin ningún miedo de demostrarlo.
Harry levantó la mano que tenía libre y la enredó en el cabello rubio, acariciando su nuca con lentitud, mientras su otra mano seguía presionada contra la mano de Draco, acariciando suavemente el dorso. La mano de Draco subió hasta su rostro y lo acarició con cariño, recorriendo su mejilla y retrocediendo hasta debajo de su oreja, para luego pasar a su cuello, acariciándolo con calma, mientras sus cuerpos se acercaban más aún, hasta que Harry se sintió presionado contra el sofá. Sólo entonces se dio cuenta que Draco lo había empujado un poco, y ahora lo tenía sobre él.
Había necesitado tanto el sentirlo cerca, el acariciarlo, el sentir su calor y su aroma, que pronto los besos se hicieron insuficientes, y al parecer para Draco también, que pronto estaba luchando por deshacerse de los botones de su abrigo. Harry se arqueó un poco cuando esos labios llegaron hasta su cuello y empezaron a mordisquear, los botones de su abrigo finalmente cedieron y las manos de Draco se posaron sobre su pecho, aquellas manos, aún sobre la delgada camiseta, quemaban. Harry no perdió el tiempo y pasó las manos por los hombros de Draco, para hacer que la chaqueta cayera hacia un lugar alejado de su cuerpo. Subió las piernas cuando Draco se presionó más contra él, y ambos gimieron quedamente cuando sus erecciones, aún bajo la ropa, entraron en contacto.
Harry abrió un poco más las piernas, dándole espacio para que sus erecciones se frotaran con más facilidad, mientras sentía los besos de Draco en su cuello y sus manos acariciándole las caderas. Coló una mano bajo la camiseta de Draco, tocando la caliente piel y gruñó de satisfacción por ese simple contacto.
Draco se apartó un poco de él y lo miró a los ojos, con deseo, y luego, sin mediar palabra alguna, se inclinó a besarlo, sus labios fueron mordidos y chupados varias veces, mientras él seguía arqueándose y tratando de conseguir mayor fricción; la lengua de Draco se coló en su interior y lo recorrió por completo, mientras una mano se colaba hacia el frente y hacía saltar el botón de sus pantalones.
Harry gimoteó cuando sintió la mano de Draco abriéndose camino entre sus pantalones y tuvo que girar el rostro para tomar una profunda bocanada de aire, recordando que llevaba demasiado tiempo sin estar con nadie como para tratar de controlarse. Su mano tembló un poco cuando se dirigió hacia el frente y abrió, de un tirón los pantalones de Draco, y antes de que el chico protestara por haber echado a perder lo que seguramente era una fina prenda de vestir, coló su mano en los bóxers, sintiendo la dura y húmeda erección de Draco pulsar entre sus manos.
—¡Harry! —gimoteó Draco, presionando su mano contra la erección de Harry y dejándose caer un poco más hacia el frente.
—Mmm —jadeó Harry, empezando a mover su mano con lentitud, se detuvo y contuvo el aire en el momento en que Draco se apartó nuevamente, lo necesario para tener espacio suficiente, colarse en sus bóxers y bajarlos un poco, gimió de puro placer cuando esa mano entró en contacto con su erección, presionándola con ansiedad.
Se besaron nuevamente, perdiendo cualquier rastro de delicadeza, mordiéndose y gimoteando, arqueándose el uno contra el otro mientras sus manos seguían acariciándose, y chocando a medio camino. Harry sintió como su cabello era tironeado y dejó que Draco jalara de él hasta dejar nuevamente su cuello expuesto, el cual comenzó a mordisquear de manera deliciosa.
Harry no se contuvo y empezó a acariciar con la mano libre la espalda de Draco, bajando hasta las nalgas, pellizcándolas y apretándolas, mientras esa mano aceleraba mucho más sus caricias.
Los labios de Draco volvieron hasta su boca, y ambos se mordieron los labios, tratando de acallar su gemido cuando el orgasmo era inevitable, sintió el cuerpo de Draco arquearse contra el suyo, mientras resoplaba y se corría, Harry lo siguió casi inmediatamente, gimoteando mucho más sonoramente y aún presionando una de sus nalgas, clavándole las uñas.
—Harry —suspiró Draco un instante después, aún agitado, enterrando su cabeza en el cuello de Harry y aspirando profundamente.
Harry se sentía demasiado relajado como para intentar decir algo en ese momento, así que pasó sus brazos hacia la espalda de Draco y lo apretó un poco más contra sí, sintiéndose reconfortado por el peso de su cuerpo y queriendo transmitirle confianza.
—Te he extrañado mucho —masculló Harry un momento después.
—También yo —afirmó Draco, apartándose un poco para poder verlo a la cara y sonreírle —, también yo.
Pese a las ansias por tocarlo, por besarlo y hacerle el amor nuevamente, Harry se obligó a ser un poco responsable y se contactó, desde la Mansión, con Ron y Hermione; Draco lo dejó solo en el salón, dándole la intimidad para relatar, en susurros, a sus amigos lo que había ocurrido y la razón por la cual había salido corriendo de San Mungo esa mañana.
Sus amigos se mostraron aliviados, aunque aseguraron que casi se imaginaban que estaba allí, pues estaban al tanto de aquellas noticias sobre el viaje de Malfoy, pero se alegraron que de todas maneras los hubiera llamado. Ron pareció resignado cuando él les dejó en claro que Draco lo había aceptado de vuelta, que aún no habían hablado mucho pero que todo estaba bien entre ellos nuevamente. Hermione lo felicitó, pero estuvieron de acuerdo en que aún era muy pronto como para invitarlo a la fiesta de año nuevo con sus amigos o a un almuerzo familiar. Harry no quería pensar realmente cuáles serían los pasos a seguir ahora que estaban juntos, tenía ganas de simplemente dejarse llevar.
Lo siguiente que hizo fue contactarse con su jefe: Melvyn Bakker, él sí parecía mucho más enfadado, pues en San Mungo le habían informado de su precipitada partida y no había acudido a reportarse, como se le había ordenado. Adujó problemas personales y le prometió que al día siguiente en la tarde iría a la oficina a firmar el informe y dar explicaciones más claras sobre su, según su jefe, alterado comportamiento. Cuando cortó la transmisión, se dejó caer sobre la alfombra, pensando en que en realidad no tenía en mente qué justificación darle, salvo que había salido corriendo para detener a Draco.
—¿Ya has terminado? —preguntó Draco, abriendo un poco la puerta y mirando hacia el interior con cautela.
—Sí —Harry asintió y se puso en pie, notando recién lo entumecidos que sus músculos se sentían, supuso que ahora que todo había pasado su cuerpo se mostraría algo resentido por haberlo expuesto al intenso frío sin siquiera haberse terminado de recuperar del último accidente.
—Vamos, he ordenado que nos sirvan la cena.
Harry hizo un mohín de descontento.
—¿Cenar?
—Sí, Potter, cenar —bufó Draco, jalándolo de un brazo y pegándolo a su cuerpo —, si no me equivoco no has comido nada durante el día —Harry negó con la cabeza y la mirada de Draco se volvió mucho más traviesa —, te quiero con fuerzas más tarde —y dicho eso, Draco se acercó y le dio una lamida en el cuello, muy suave y tentadora, antes de apartarse de él.
—Oh… sí —sonrió Harry, animado por la perspectiva de pasar la noche con él.
Mientras se sentaban en el gran comedor de la Mansión, Harry dio miradas hacia el techo, casi había estado seguro de que el noviecito estaba en casa y el que Draco ni siquiera lo mencionara se le hacía muy raro.
Era extraño que, pese a todo el tiempo que habían permanecido juntos, aún hubieran lugares de la Mansión que no conociera, como ese comedor, amplio y con grandes ventanales, cerrados y cubiertos por pesadas cortinas, en esa habitación sí habían algunos cuadros, que los veían entre curiosos y enfadados, mientras un par de elfos, cuyos nombres Harry no conocía, hacían aparecer la cena: carne y puré de patatas; Draco abrió una botella de vino y sirvió dos copas, le hizo un gesto de brindis y bebió un sorbo antes de comenzar con la cena. Pese a lo enorme que era la mesa de brillante madera oscura, Draco se acomodó junto a él, en uno de los lados, y, con sus piernas rozándose eventualmente y sonriéndose por momentos, comenzaron a comer con rapidez.
Harry se mordió la lengua por preguntar acerca de Lior, o de qué era lo que pensaba hacer Draco ahora con él, y en lugar de eso le preguntó si normalmente comía allí solo. Draco negó con la cabeza, y dio un sorbo más a su copa antes de contarle que no le gustaba ese comedor, que no lo había usado desde que se había ido de Inglaterra muchos años atrás, porque le parecía inmenso y le daba una sensación muy grande de soledad, ya que normalmente comía allí con sus padres cuando estos estaban vivos; que prefería comer fuera, o en su oficina si es que tenía mucho trabajo. Harry recordó que ellos, además de haber salido a comer algunas veces, no habían comido en otro sitio que en la cama, en los recesos de sus maratónicas escapadas.
—¿Y qué se supone que haremos ahora? —preguntó Harry, tomando la última cucharada de su chess cake de moras y dispuesto a tomar en serio el tema de Lior.
Draco arqueó las cejas un poco y lamió su cuchara de manera insinuante, acercándose a él.
—¿En serio no sabes lo que haremos ahora? —le preguntó con algo de burla.
—Me refiero a que… tú tienes que… —Draco no lo dejó terminar, lo jaló con una mano y lo besó de manera contundente, anulando su capacidad de concentrarse en algo más que en esos labios, esa lengua y esos dientes.
Jadeó conforme y se puso en pie, llevándose a Draco con él y, sin poder dejar de tocarlo, lo hizo moverse a través del salón, empujándolo con sus caderas y demostrándole su ansiedad.
Fue difícil atravesar la Mansión, sobre todo cuando casi caen por las escaleras, lo que provocó que ambos rieran, divertidos por su ansiedad. Para cuando llegaron a la habitación habían perdido ya la parte superior de sus ropas y sus pantalones estaban medio abiertos.
Se dejaron caer en la cama y terminaron de desprenderse de lo que les quedaba de ropa, entre besos y caricias cada vez más ávidas, mientras sus brazos y piernas se enredaban y sus cuerpos se aferraban el uno al otro. Harry recorría con su lengua el cuello de Draco, mordisqueándole el hombro cada vez con más fuerza, mientras lo empujaba hasta tenerlo completamente de espaldas sobre el colchón.
Pese a que la ansiedad estaba nuevamente presente, se obligó a tomarlo con calma, a besar y acariciar cada parte del cuerpo de Draco, que tanto había extrañado, recordando exactamente en qué puntos acariciarlo y en qué puntos mordisquearlo, complacido de lograr hacerlo jadear y retorcerse de esa manera. Se arrodilló entre sus piernas y comenzó a besarlo entre los muslos, mientras con una de sus manos acariciaba con lentitud el miembro de Draco.
—Harry… —gimoteó Draco, empujando sus caderas hacia arriba, demostrándole su urgencia.
Harry no lo hizo rogar más y se inclinó hacia él, lamiendo y dando pequeños besos por toda la extensión de su miembro, sintió los dedos de Draco enredarse en su cabello y jalonearlo con fuerza, instándolo a apresurarse, le dio una mordida más en la unión de la cadera y la pierna, antes de meterse el miembro de Draco a la boca, sujetándolo por las caderas para frenar sus embestidas y se mantuvo allí, simplemente disfrutando del placer de ser el causante de todas esas sensaciones en él, de la forma como se escuchaban sus gemidos, imaginándolo mordiéndose los labios para no hacer tanta bulla. Se apartó cuando supo que Draco estaba a punto de culminar y Draco gruñó descontento.
—Te deseo tanto —aseguró hacia Draco, mientras lo hacía separar más las piernas y llamaba a su varita con un hechizo.
—Y yo —afirmó Draco, jalándolo un poco para besarlo mientras se acomodaba bajo su cuerpo, levantando un poco más las piernas y dándole espacio para que pudiera colar la varita.
Harry susurró un hechizo lubricante y luego volvió a besarlo, mientras sus dedos se encargaban de preparar aquel cálido lugar, al cual ya estaba ansioso por llegar.
—¡Vamos! —le ordenó Draco, alejándolo de él y empujando sus caderas contra sus dedos.
—Siempre tan mandón —se burló Harry, apartándose de él nuevamente y jalando sus piernas hasta sus hombros, guió su miembro contra la fruncida entrada y frotó un par de veces, sintiendo a Draco estremecerse, antes de empujarse, con fuerza, dentro de él, apretando los dientes y conteniendo un gemido.
—¡Oh! —jadeó Draco, apretando sus manos contra los hombros de Harry y cerrando los ojos. Harry, pese a la necesidad de moverse, se inclinó hacia él y lo besó con calma y delicadeza, esperando a que le diera el permiso de moverse.
—¿Estás bien? —preguntó, apartándose de sus labios y mirándolo al rostro, Draco abrió los ojos y asintió.
—Sigue.
Y entonces Harry comenzó a moverse, lentamente al inicio, tratando de encontrar un ritmo cómodo para ambos, mientras Draco agitaba las caderas debajo de él, dándole el encuentro a sus embestidas. Las manos de Harry soltaron las caderas de Draco y empezaron a acariciar su cuerpo, recorriendo sus piernas y sus costados, hasta llegar a su cuello, y levantarlo por la nuca un poco más, para poder besarlo mientras la velocidad y los gemidos de ambos se incrementaban.
—¡Harry! —chilló Draco, apartándose con fuerza de él y pasando una mano hacia el frente, acariciándose con rudeza —Más… más rápido.
—¡Oh, Draco, no sabes lo que te he… —Harry se arrodilló y lo jaló de las piernas, mientras embestía con más fuerza aún —¡Dios! Estás tan apretado y…
—Sí… ¡Ah, Merlín! —gimoteó Draco arqueándose de manera imposible y corriéndose, Harry sintió como su miembro era apresado y embistió un par de veces más, corriéndose en su interior y gritando como un poseso.
—¡Draco!
Ambos se quedaron quietos un instante, antes de que Harry se desplomara sobre él y lo abrazara con fuerza, sintiendo más que nunca la ansiedad de comprobar que aquello era cierto, que realmente Draco lo había aceptado de vuelta, que le había dicho que lo quería, que lo amaba.
Draco suspiró y le dio un par de besos en el hombro, mientras sus manos lo acariciaban con ternura.
—¿En verdad estamos juntos? —preguntó Harry, reuniendo al fin la capacidad de hablar y tratando de sobreponerse a las emociones que sentía.
—Claro que sí, ¿Qué clase de pregunta es esa? —respondió Draco, apartándolo un poco para verlo a la cara.
—Es que… después de todos estos meses y… —pensó que mejor era no mencionar al novio ausente y negó con la cabeza —, es que aún no me lo creo.
Draco soltó una pequeña risita, que se convirtió en un jadeo cuando Harry salió de su interior y se dejó caer a un lado.
—Sí, a mí también se me hace difícil de creer —admitió Draco, suspirando profundamente.
—Y me refería a que si ahora tú y yo… ya sabes, no sólo somos dos chicos que quedan para follar de vez en cuando sino… somos…
—¿Pareja?
—Es lo que quiero —afirmó Harry, buscando la mano de Draco y entrelazando los dedos; Draco lo apretó un poco más fuerte —, sé que debo darte un tiempo para arreglar ciertas cosas, pero es lo que deseo… que estemos juntos de verdad.
—Juntos de verdad —repitió Draco, girándose un poco en la cama, para verlo a la cara —, me fascina la forma que tienes de explicar todo.
—Jo, que cómico —reprochó Harry, sin enfadarse en verdad.
—Además, yo pensé que el que ya no estaba interesado eras tú, después de todo, saltaste para salvar a ese otro chico —continuó Draco, pasando por alto su comentario anterior.
Harry se adelantó y le dio un beso en la mejilla, antes de sentarse e invocar su varita.
—Esas sólo son calumnias, simplemente hacía mi trabajo —aclaró antes de hacer un hechizo de limpieza sobre ambos.
—Sí, eso imaginé —asintió Draco, jalando las sábanas y cubriéndolos a ambos.
—¿En verdad? —preguntó Harry, algo divertido mientras tiraba de Draco y lo acomodaba entre sus brazos, disfrutando del contacto de sus pieles desnudas.
—Bueno, digamos que pensé que, pese a que hubieras saltado delante de aquel chico que iba todos los días a San Mungo a verificar tu estado, y la forma en que los diarios contaban como algunos de tus compañeros aseguraban haberlos visto muy juntos antes de la misión, existía la remota posibilidad de que en verdad no tuvieran nada.
—¿Algunos aseguraron vernos juntos?
—Supe que había un chico, por ejemplo, que comentó que ustedes estaban abrazados ese día y que incluso te retuvo para no pelear...
—Witi Covarrubias —rumió Harry, algo enfadado, lamentando no haber leído los diarios de los días anteriores, y decidiendo que definitivamente sí le lanzaría un hechizo crece orejas cuando nadie lo viera.
—Ajá, ese creo que fue… estaba con ustedes en la misión de Navidad.
—Ese es un imbécil.
—En eso te doy la razón —comentó Draco, parecía poco interesado en el tema, aunque no completamente tranquilo.
—Draco… —Harry le dio un par de besos en el cuello y Draco se estremeció un poco, pegándose más a él.
—Mmm...
—Dijiste que Maurice... —Harry había descubierto algo en el comentario anterior de Draco y entonces se animó a preguntar —: ¿Tú fuiste a verme? A San Mungo, cuando desperté tuve la sensación de que…
—Ah… eso —Draco pareció algo incómodo, y Harry, percibiendo eso, lo giró un poco, hasta tenerlo cara a cara, apreciando, pese a la media luz de la habitación, su sonrojo, y estaba seguro que no tenía nada que ver con sus recientes actividades.
—Cuando desperté pensé que así había sido, pero me dijeron que no habías ido a visitarme… me hubiera gustado mucho que lo hicieras, aunque claro que entendía que no hubiera sido así, no tenías porqué hacerlo, probablemente seguías enfadado conmigo... pero mencionaste que sabías que Maurice fue a verme todos los días, así que...
Draco hizo una mueca de fastidio y suspiró, parecía vencido.
—De acuerdo, sí fui —admitió, aunque no parecía muy contento por ello —. Soborné a una de las enfermeras para que me dejara entrar cuando tus amigos se quedaron dormidos en la sala de espera, necesitaba saber que de verdad estabas bien, los diarios no dijeron mucho, sólo que habías saltado delante de un gran grupo de hechizos para salvar a... —Draco apretó un poco los labios —tu novio.
—Él no es ni ha sido mi novio— interrumpió Harry, Draco sólo se encogió de hombros, antes de continuar.
—Como sea, los diarios decían que ya te estabas recuperando. Obviamente, si saltas delante de un gran grupo de hechizos no te recuperas de la noche a la mañana.
—Oh, ¿te preocupaste por mí? —preguntó Harry, sonriendo un poco y dándole un beso en los labios, intentando sobre todo, aligerar el ambiente, Draco no parecía muy cómodo con aquella conversación.
—No seas engreído, Potter —reprochó Draco —Te he dicho que también te amo, ¿qué crees, que es un sentimiento que nació en mí luego de tu fantástica declaración?
Harry soltó una carcajada y lo abrazó, para luego darle un beso más en los labios.
—Ya no digo nada más —dijo Harry, luego de apartarse de él.
—Sí, es mejor, así calladito luces mejor —suspiró Draco, cerrando los ojos.
—Quiero quedarme esta noche —masculló un instante después, cuando estaba ya medio dormido.
—Créeme que no te dejaría ir a ningún lado —respondió Draco, las antorchas se apagaron completamente, y la oscuridad llenó la habitación, Harry, sonriendo un poco más, cerró los ojos y se dejó vencer por el sueño.
La magia lo despertó, gruñó algo fastidiado y se giró un poco, sintiendo el calor del cuerpo desnudo que dormía a su lado, sonrió recordando que Harry estaba en su cama ahora, desnudo y abrazándolo y quiso volver a dormir, pero la magia vibrando no se lo permitió.
Tratando de no hacer ruido, ni mover a Harry más de lo necesario, se puso en pie y jaló unos pantalones y una bata gruesa y abrigadora, le dio una mirada más al cuerpo del chico, enredado entre las sábanas y abrió la puerta de su habitación, Thirsk estaba de pie en el pasillo, y lucía culpable.
—Lo lamento, amo, pero insiste en verlo y… se apareció en su despacho, tal como usted le tenía permitido.
—Claro —suspiró Draco, había estado tan encantado con la presencia de Harry que casi había olvidado aquel otro asunto. Dio una mirada más a la puerta de su habitación y luego de pensárselo un poco, aplicó un hechizo de sellado, para evitar que Harry saliera de allí.
El elfo desapareció y él se encaminó hacia su despacho.
Las antorchas estaban encendidas y alguien ocupaba su silla tras el escritorio, mirando hacia la ventana abierta.
—Dicen que las nevadas continuarán mañana —comentó una voz, con tono suave.
—Bueno… es mejor abrigarse y no dejar de usar los hechizos de calentamiento —respondió Draco, avanzando hasta el escritorio y sacando una cajetilla de cigarros.
La silla se giró y un muchacho bastante fornido y de cabellos castaños le devolvió la mirada; Draco sonrió y encendió dos cigarros, pasándole uno a él.
—Pero mira nada más, luces como recién follado.
—Bueno, ¿qué quieres que te diga?
—No mucho, te puedes ahorrar los detalles.
—No te los pensaba relatar, de todos modos —contestó Draco, dándole una calada más a su cigarro.
—Qué alivio. —El chico le dio una calada también a su cigarro, mirando nuevamente hacia la ventana —. Te estuve esperando, en el restaurante.
—Lo sé —suspiró Draco —, lo lamento, se me pasó el tiempo, intenté contactarte por red flú, pero seguramente ya habías salido y luego… —se encogió de hombros, dándole a entender que luego no había pensado para nada en su cita ya pactada.
—¿Entonces está aquí?
—Ajá —Draco asintió —, durmiendo arriba, a donde planeo volver muy pronto.
El chico hizo chasquear la lengua y se puso de pie, caminando hacia el otro lado del estudio, y dándole una calada más al cigarro.
—Honestamente —dijo con voz lenta y suave —, cuando me lo contaste, no lo podía creer, y cuando te inventaste todo esto… —negó con la cabeza y soltó una risita —, bueno, debo admitir que, aunque era divertido eso de andar provocándolo y siguiéndolo, ya estaba perdiendo las esperanzas.
—Y yo, cariño —admitió Draco, sentándose sobre su silla tras el escritorio.
—Ha tardado un poco en reaccionar, ¿no crees?
—Pero lo ha hecho —Draco bajó la mirada y acarició con una mano la madera oscura de su escritorio —, después de lo que dijo ese tal Covarrubias yo pensé que ya era caso perdido, incluso esta mañana, cuando se apareció…
—¿Está aquí desde la mañana? —preguntó algo asombrado —, pero mira tú que aguante.
—En realidad hemos hablado recién en la noche, se pasó casi todo el día durmiendo… y yo estaba demasiado ocupado para recibirlo; pensé que se marcharía, pero insistió e insistió en hablar hasta que tuve que escucharlo.
El chico soltó una carcajada.
—O sea que su capacidad oratoria ha mejorado.
Draco se encogió de hombros.
—Sólo digamos que me convenció.
—¿Ha negado su romance con ese otro auror?
—Por supuesto. Ya te había dicho que tenía algunas dudas, pese a la constante presencia de Pirsig en San Mungo y lo que los diarios publicaban, además Harry ha dicho que no tiene absolutamente nada con él.
—Eso espero… ya ves que eso de andar de infieles…
—Eso quedó atrás, no lo hará más, lo ha prometido.
El chico suspiró e hizo desaparecer su cigarro, para luego acercarse hasta él.
—No quiero que te lastime, tú no estás acostumbrado a que te traten así, y no quiero que Potter sea el primero.
—Y no lo será, estoy seguro...
—¿Cómo puedes estarlo?
Draco se encogió de hombros.
—Simplemente lo sé.
—De acuerdo... Supongo que entonces ya no saldremos de viaje.
—No… lo cierto es que tengo que, mañana a primera hora, arreglar el tema de los traslados, al fin y me quedaré aquí definitivamente.
—En el fondo me alegra, aunque aún no sé que le ves, sinceramente… —el chico negó con la cabeza y luego soltó otra risita —de acuerdo, está bastante guapo, y seguramente debe ser muy gratificante para tu ego tener al salvador del mundo mágico a tu lado, pero si le quitamos eso… —se encogió de hombros.
—¡Vamos! —bufó Draco.
—Supongo que si antes no lo pudiste explicar, ahora menos —negó con la cabeza.
—No… ni yo sé cómo es que ocurrió —admitió Draco —, aunque sí estoy seguro de porqué lo quiero a mi lado.
Sentado allí, en el estudio, dando por terminado su plan, se sentía completamente abrumado, incapaz aún de creer que realmente había funcionado. Había visto a Harry más de un año antes de su encuentro en los camarines, cuando había ido a Londres a visitar a sus amigos, lo había hecho de manera muggle, no queriendo que la prensa o nadie se enterara de su llegada, pues en realidad sabía que la comunidad mágica inglesa no lo quería tanto; él era feliz en Francia, tenía sus negocios, sus amigos y su vida, la pasaba bien, casi un plan de vida completo, pero, en cuanto lo vio, todo aquello cambió. Lo había visto por casualidad, en el callejón Diagon, cuando había salido a pasear con sus amigos, luciendo una apariencia diferente y queriendo pasar de ser percibido, no le fue difícil notar los cambios que se habían operado en el chico desde la escuela, la forma como la madurez lo había hecho más alto y guapo, más atractivo. Desde entonces se había empezado a obsesionar un poco con él, aprovechando el tiempo que se quedaría allí, había investigado acerca de él y, aunque no lo admitiría ni bajo tortura, también lo había seguido algunas veces, comprobando que no estaba equivocado al creer que era gay por algunos indicios en su comportamiento. Su obsesión llegó a tal punto que por primera vez en mucho tiempo se planteó seriamente el volver a casa, y así lo hizo, descubriendo que la situación no era tan grave como había esperado y que podía sacar muchos beneficios en metálico para sus empresas. Por otro lado, eso lo dejaba mucho más cerca de Potter... en un inicio la idea era sólo meterlo en su cama, demostrarle que otros tipos de placeres podrían obtener, y disfrutar de ello en el proceso. Durante el tiempo que salieron a beber y cenar, sólo como amigos, se había contenido mucho, esperando que fuera él mismo Harry quien que diera el primer paso. Era la manera como tenía que ocurrir, hacerlo sentir que había sido enteramente su decisión para que luego no lo culpara de nada. No pudo negar que se asombró cuando descubrió que Harry ya tenía experiencia con otros chicos, aunque eso no supuso ningún problema para él, después de todo había conseguido lo que quería: meterlo en su cama. Sin embargo, durante sus constantes citas, las cosas se le habían salido de las manos, ya no sólo era un gusto, o capricho, era mucho más, y aquello lo asustó, y mucho, pero, una vez aceptado que estaba enamorado de él, se planteó tenerlo sólo para él, después de todo, los Malfoy no comparten. Eso sí que había sido mucho más complicado de lo esperado, sobre todo por las evasivas de Harry para dejar a la Weasley, llevándolo incluso al extremo de crear ese tan elaborado plan. Aún recordaba el momento en que había tenido que recurrir a ese ardid para hacer que Harry de una vez por todas se decidiera, cuando había tenido que recurrir a algunos de sus amigos para conseguirlo, y sí, había costado un poco y hasta se había dado por vencido los últimos días, pero lo importante era que había funcionado, y de la manera esperada; él no quería que Harry dejara a la Weasley y se apareciera con él de pronto, le había costado mucho oro y esfuerzo recobrar el honor perdido de su familia como para echarlo a perder apareciendo como la manzana de la discordia entre una relación, supuestamente, tan seria y sonada. Su plan era mucho más ambicioso aún: necesitaba que Harry se diera cuenta de que no era vergonzoso ser gay, que admitiera que lo era y que luego admitiera sus sentimientos hacia él, pero no como una tabla de salvación para no sentirse solo, no quería a un Harry deprimido, tampoco lo quería controversial, sabía que las cosas entre ellos, en muchos aspectos serían difíciles, sobre todo con los amigos que éste se gastaba y la reticencia que aún tenían algunos respecto al bando que los Malfoy habían ocupado durante la guerra, y que un escándalo público sólo empeoraría las cosas. En conclusión, necesitaba que la situación fuera propicia y que Harry madurara, que cuando volviera a él lo hiciera completamente libre, sin sentir presión por parte de la prensa o la comunidad mágica por su orientación sexual y sobre todo, seguro de querer algo realmente serio con él.
—Bueno… entonces me voy —informó el chico —, ya veo que andas aún algo atontado por lo que sea que él te haya hecho.
Draco soltó una pequeña carcajada y negó con la cabeza.
—Lo siento… estaba pensando en todo lo que había pasado.
El chico hizo un asentimiento y su sonrisa se iluminó un poco más.
—Fue complicado… pero ha valido la pena, por lo menos para verte sonreír de esa manera.
—Sí, lo ha valido —admitió Draco.
—Bien, entonces, antes de partir hacia Paris le escribiré a Brown, seguro que el chisme de que te he dejado —dijo con algo de burla —, hará que detenga las prensas y lo ponga en alguno de los diarios.
—Nadie creerá que me has dejado —rió Draco, poniéndose en pie.
—Vamos, vamos —sonrió el chico —, eso hubiera sido mucho más divertido que: Lo hemos dejado por la paz, nos hemos dado cuenta que somos más amigos que pareja, y espero que sea feliz, ¿así es como decía la nota?
—Exactamente —asintió Draco.
—Que aburrida noticia —protestó el chico —. Enviaré una nota también a la familia Freuchie Friern, según lo que me indicaste.
—Dales las gracias y dile a Lior que la deuda está saldada.
—Es una forma muy fácil de pagar tanto oro, simplemente dejar que alguien más use tu imagen —reconoció el chico.
—Ellos no podrían pagar esa deuda, no en metálico al menos, así que les hemos dado una salida simple.
—Tú les has dado una salida simple, yo hubiera esperado el pago en metálico, pero al fin y al cabo es tu oro.
Draco se encogió de hombros, no quería discutir sobre aquello, pues sabía que la familia Freuchie Friern estaba atravesando problemas económicos muy serios, y las deudas que tenía con su propia empresa no podrían ser pagadas en mucho tiempo, y la solución que él les había planteado era bastante razonable, y además un gesto que seguramente le serviría en el futuro, cuando necesitara algún favor o hacer algunos negocios en ese país.
—Me quedaré un instante más, me ha provocado otro cigarro, además me encanta la forma como se ve el jardín desde aquí.
—Por supuesto… ¿Cuándo volverás de París?
—Tres o cuatro semanas —asintió el chico, sentándose nuevamente en la silla de Draco.
Draco se inclinó hacia él y le dio un beso en la frente.
—Gracias, cariño.
—Vamos, Draco, para eso están los amigos, ya sabes, nunca te pude agradecer adecuadamente todo lo que hiciste para sacarme de aquí cuando te dieron el pase libre para abandonar Inglaterra, durante la guerra.
—Nunca he esperado que me pagues por eso —negó Draco, recordando aquella época, con dieciséis años y ya negociando información a cambio de salvo conductos para él y para algunos más que necesitaban salir de allí antes de convertirse en el ejemplo de lo que le sucedería a los hijos de los mortífagos que traicionaran al Lord o que fueran incompetentes.
—Sabes que nunca te lo dejaré de agradecer.
—Como tú dijiste, para eso están los amigos.
El chico sonrió y asintió.
—Sí… es cierto. Debes llevarte las cosas con calma, ¿de acuerdo?, no quiero que el que termine en medio de un escándalo seas tú.
—Tengo eso controlado, estoy seguro que Harry querrá también un tiempo de calma, antes de que nos empiecen a ver como pareja, tiene que hablar con sus amigos y todo eso, además de dejar que el escándalo de su supuesto romance con Pirsig se olvide…
—Sé que te ha hecho perder la cabeza, pero me alegra que te mantengas medianamente cuerdo.
Draco soltó una carcajada más y negó con la cabeza, mientras se acercaba nuevamente al escritorio.
—Te veo en unas semanas entonces —se despidió.
—Sí, vendré a inspeccionar qué tal van las cosas, espero que bien.
—Lo estarán.
Draco le dio un apretón más en el hombro y se dio la vuelta para salir, antes de cerrar la puerta vio como el cambio empezaba a producirse y la figura de Lior desaparecía, para dejar en su lugar la de una chica, con el cabello oscuro y suelto sobre los hombros, que fumaba lentamente, mirando hacia la ventana y con una sonrisa en los labios.
—Descansa, Pansy —susurró, ella giró y le sonrió.
—Te diría lo mismo, pero dudo mucho que lo hagas.
Draco soltó otra carcajada divertida y salió del estudio, cerrando la puerta con delicadeza.
Quien no arriesga, no gana, se dijo en cuanto entró a la habitación, contemplando lo que allí lo esperaba; Harry estaba sentado en medio de la cama, cubierto precariamente con una de las sábanas y mirando alrededor.
—Desperté y no estabas —explicó Harry, mirándolo preocupado.
—Lo siento, tenía que arreglar un asunto importante —se justificó, mientras se desprendía de la bata y el pantalón y se metía en la cama, jalando a Harry para que se recostara junto a él.
—¿Un asunto que tiene que ver con un viaje? —preguntó Harry, algo dudoso, mientras se acomodaba junto a él.
—Así que leíste eso…
—Bueno, sí, esta mañana salió en los diarios…
—En un diario —aclaró Draco —, y bueno, sí, tenía que resolver algunas cosas con respecto a eso.
—¿Entonces lo de...?
—¿Lior?
—Ajá, eso... ¿se ha terminado?
—Así es, se ha terminado, para siempre. Ahora estamos juntos. ¿recuerdas?
Harry sonrió y asintió.
—Y tampoco te irás, ¿cierto?
—Nop —Draco sonrió y le dio un beso en los labios antes de apretarse contra él, pensando en que ya que ambos estaban despiertos, bien podrían usar ese tiempo para algo mejor que conversar —, aquí me quedo, tengo muchas razones para hacerlo.
—Mmm —Harry suspiró y empezó a acariciarle el pecho, entendiendo la insinuación de Draco —¿muchas razones?
—Bueno, solamente una —admitió Draco, empujándolo contra la cama.
—Oh… —Harry se arqueó un poco por aquel sorpresivo movimiento y separó las piernas, dejando que Draco se acomodara sobre él. —¿Sólo una?
—Tú.
Harry no respondió, pues Draco ya lo estaba besando con fuerza y de manera demandante, y eso bastaba para que cualquier problema o duda se alejara de su mente… Ya luego tendrían tiempo de hablar respecto a cómo actuarían de ahora en adelante, y también de explicarle al resto de sus amigos y a los Weasley qué ahora estaban juntos… Sí, tenían mucho tiempo para eso, por lo pronto sólo se le antojaba seguir en esa cama, con Draco a su lado, que continuaba besándolo y provocándolo de esa manera…
FIN
Gracias por leer...
Respondo a los comentarios:
SARAHI
¡Hola! Muchas gracias por tu comentario... pues ya viste que ibas acertada en cuanto a que Draco y Harry se quedan juntos... pese a todo lo "mala" que puedo ser con ellos, no hay forma de que no los deje juntos... Espero que te haya gustado el final, un beso y nos leemos pronto...
dospiesizquierdos
Hola... Muchas gracias por tu comentario... me da pena lo que me cuentas de lo de tu suegro, y bueno, también lo del ex, hay personas que son así... En fin... Ya viste tu respuesta a la pregunta de si es que Draco fue o no fue a ver a Harry, espero que el final te haya dejado contenta... y eso de que Harry es lento, pues héroe de guerra y todo, pero de que es lento... lo es.
Un beso y espero que nos leamos muy prontito...
alejalublack
Hola... Gracias por tu comentario...
Hermione y Ron se tomaron las cosas con bastante tranquilidad, sobre todo porque en este fic Draco no participó en la guerra ni nada, simplemente seguía siendo el chico que los molestaba en la escuela, y tuvieron tiempo para asimilarlo antes de que Harry les diera la razón. Que bien que te haya gustado el regalo de Harry para Draco, y sí, ya viste que Draco en verdad si quiere a Harry, tonto él que tiene que darse cuatro capítulos para entender qué es lo que tiene que hacer para que vuelvan.
Espero que el capítulo y el final te haya gustado... Un beso para ti y nos leemos prontito...
Shadow Lestrange
Hola... ¿Qué tal? Pues ya viste que acertaste, y Draco si fue a verlo, y a escondidas... espero que el final te haya gustado...
Un beso para ti y muchas gracias por tus comentarios, nos leemos prontito...
Cindy
Hola...
Muchas gracias por tu comentario...
Ah... el tren de juguete, ¿no sería genial tener uno así? Yo quiero uno... con nieve y todo...
La escena de cuando Ron le paga a Hermione me da risa, la hice sonriendo y cuando la leo me imagino la cara de WTF de Harry.. jeje, definitivamente sus amigos lo asombraron.
Ahora que ya llegamos al final, espero que te haya gustado, efectivamente ha pasado bien rápido, pero es que fue una historia cortita, la escribí casi de un solo tirón, porque era bastante simple.
Un beso para ti, espero que nos leamos prontito..
heva
Hola... Muchas gracias por tus comentarios. Ya ves que al final sí supimos lo que había en la cabeza de Draco... ¿qué tal les pareció eso? Seguro ya me dirás... por lo pronto espero que el final te haya gustado.
Un beso para ti y nos leemos pronto.
Bueno, una pequeña historia de cinco capítulos que espero les haya gustado, para los que pidieron saber qué pasaba por la mente de Draco, espero haberlos complacido también, ya sabemos que nuestro Slytherin es muy listo y ahora lo ha demostrado.
Como siempre, agradezco a todos los que, semana a semana, se dan el tiempo de leer y más aún a los que se dan el tiempo de comentar. Sus comentarios me hacen sonreír y me entretienen, así que no sean tímidos y déjenme saber qué les ha parecido la historia.
Por mi parte, me despido, pero sólo hasta el otro lunes, en que colgaré algo, pero nada que ver con esta historia. Espero que lo que sigue también les guste.
Y ahora sí, me despido, nos leemos el otro lunes.
Un beso para todos y que tengan una muy buena semana.
Zafy.
