Luna estaba aburrida, no podía negarlo más, si bien era una experiencia milagrosa y única el tener a su madre de vuelta, no podía evitar sentirse recluida en su propio hogar, y peor aun, en su propio cuerpo.

Se sentía incomoda, impura, o en todo caso, pura, que quizás, es lo que le estaba provocando reacciones adversas a su nuevo estilo de vida.

Era demasiado bizarro el hecho de que tenía más de dos centenas en edad; que su mente trabajaba en una dimensión totalmente distinta a la de su anatomía, disfrutaba los pensamientos y sentimientos morbosos y "adultos" que se creaban en su cuerpo cuando veía a otras chicas, o imaginaba a Harry.

Pero su moral le impedía tan siquiera pensar demasiado en ello, no cuando tenía tan solo un digito en su edad. No cuando aquellos cuerpos que observaba eran incluso tan inmaduros como el suyo propio.

Sin decir que Harry no debía estar en una situación mucho mejor que las compañeras con las cuales se estaba bañando en la laguna. De hecho si mal no recuerda, la anatomía masculina tarda un poco mas que la femenina en comenzar a desarrollar las hormonas necesarias para el disparo de la pubertad y demás periodos de madures.

Y su propio cuerpo, aun no mostraba señales de tan siquiera estar entrando en la pubertad, si sus análisis y reportes diarios le indicaban algo al respecto.

Lo peor del caso, es que su madre había tomado una conducta sobre-protectora que cohibía sus acciones a las de una pequeña de menos de diez años. Desde el accidente y las palabras del moreno, su madre no hacía más que vigilarla desde que despertaba hasta el momento de dormir, (y en algunas oportunidades aun cuando dormía.)

No podía culpar al chico, no cuando quien transmitió la información fueron sus maquinas, no obstante, parte suya deseaba castigarlo por el sufrimiento que le estaba ocasionando sin haberlo deseado.

"¡Niñas ya es suficiente, regresen o se resfriaran!" Gritó Selene desde las orillas de la laguna, como siempre, vigilando que nada malo le ocurriese si ella podía evitarlo.

Amy, una joven de la comunidad frunció el ceño, "Rayos Luna, tu madre siempre hecha a perder la diversión." Dos otras chicas, Natasha y Verónica, jóvenes hermanas de Amy, expresaron su opinión en acuerdo. "SI," dijo una, "Es una molestia" culminó la restante.

Luna simplemente cerró sus ojos ofuscada, debía admitir que las chicas tenían razón, por supuesto la forma en que se expresaron era totalmente errónea, pero aun así hablaban con la verdad, y nada más que la verdad.

"¡Chicas, apresúrense!" volvió a gritar Selene, esta vez una pizca de impaciencia se podía percibir en su tonalidad. El trío de jovenzuelas refunfuño en voz baja y procedieron a emerger del agua con lentitud, Luna un poco más atrás con el único objetivo de disfrutar la vista (a pesar de sentirse culpable.) que sus cuerpos podían ofrecerle.

Suspiró resignada, estas tres jamás fueron sus amigas en su vida original, de hecho en muchas oportunidades llegaron a ser sus torturadoras. Burlándose constantemente de su forma de ser, además del hecho de que no tenía madre.

Aun seguían siendo crueles con ella, de hecho solo se juntaban por la oportunidad que la laguna en la propiedad de sus padres les ofrecía, simple interés es en lo que estaba construida su relación, retira ese lazo, y todo se desmoronaría por su peso.

Ella no le tomó importancia, no; dentro de un tiempo las tres serían enviadas a Francia, donde conocerían a un pez mucho más gordo, Fleur Delacroir, quien no solo las humillaría constantemente, sino que lograría que todas ellas fuesen tan ineptas en la academia que jamás lograron graduarse entre las mejores como tenían planeado.

De hecho, cada una de ellas, fue "vendida" por sus padres, a otras familias en varios matrimonios arreglados, con tal de deshacerse de la vergüenza en la que se convertirían, transformándolas de niñas malcriadas y consentidas, a simples vacas de establo, destinadas a lucir bonitas, comer, y dar crías. (O en este caso, bebes, aunque ella no veía mucha diferencia.)

Sonrió satisfecha por algunos instantes, más aun cuando tal reacción estaba oculta debajo del agua. Disfrutaría mucho el verlas caer poco a poco, no obstante, su madre era un asunto que debía ser lidiado cuanto antes, por lo que comenzó a maquinar una manera de acabar con su problema, sin tener que terminar con ella.

Al menos eso esperaba, porque si llegase a fallar, entonces, tendría que convertirse en huérfana nuevamente, y no deseaba llegar a esos extremos, al menos… no por ahora.

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Molly Weasley estaba aterrada; su pequeña, su princesa, su único tesoro (al ser la única niña en la familia Weasley.) estaba sufriendo por una terrible enfermedad que ningún médico, curandero o sanador pudiese tratar.

Los espasmos eran terribles, sus alaridos de dolor aun le ocasionaban pesadillas, y peor aun, sus incoherencias, producto de la fiebre eran aun mucho peores, al hablar de cosas imposibles e impropias.

Aun recuerda la bochornosa oportunidad en que su hija describió el sagrado acto del coito entre marido y mujer, con tanto detalle, que todos los miembros adultos de la casa, (Y aquellos que comenzaban a comprender las bondades de la vida.) Portaron por semanas un sonrojo perpetuo.

Mientras que los menores, aparentemente estaban horrorizados ante la idea e implicaciones de lo que habían escuchado.

Arthur pensó de inmediato que lo que ocurría con su hija no era más que una posesión demoníaca, por lo que consiguió a todos los shamanes, exorcistas, y brujos especializados en el mas allá, con tal de tratar a su pequeña y deshacer lo que ocurría con ella.

Por días enteros la casa estuvo colmada de cánticos, rezos y oraciones a cualquier deidad que pudiese liberar a la pequeña de cual fuere el demonio que estaba habitando su cuerpo.

No funcionó, y por ende la familia fue mucho mas pobre al pagarle a los sujetos.

Al menos, días después la chica se controló, y su fiebre se calmó, y lo peor había pasado al olvido, aun seguía enferma, la única consecuencia que emergió de esta situación, es que Arthur tuvo que comenzar a buscar una mejor posición entre el ministerio; con tal de conseguir un mejor sueldo con el que sustentar a su familia.

Como todo hombre, simplemente renuncio a su trabajo y a sus sueños, con tal de proteger lo más importante de su vida.

Fue allí, que nació la carrera política de Arthur Weasley.

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Daniel Granger era un hombre sencillo, de ojos chocolate y cabello negro tan salvaje e indomable como el de su pequeño vástago.

Tenía una carrera perfecta, una esposa perfecta, (o al menos una que se acercaba mucho a esa definición,) una vida con sus típicos altibajos, al menos, una hasta que ocurrió la tragedia con Hermione.

Emma estaba devastada ante las noticias de que su pequeño retoño podría estar intentando suicidarse a tan temprana edad.

¿Cómo era posible? ¿Acaso eran tan malos padres? ¿Cómo es que jamás notaron las señales?

Los psicólogos, psiquiatras y otras entidades dialogaban a gusto sobre las posibilidades de su hija, del amplio margen de diferencia que existía entre su edad mental, y la biológica. Lo cual ocasionaba que la niña se sintiese ampliamente inadecuada en un ambiente que no le ofrecía reto alguno, aislada entre los miembros de su edad, maltratada por sus comentarios burlescos e hirientes al interpretarlos de otra forma.

Otros, que si no haber sido por Emma, les hubiese roto el rostro, tuvieron el coraje de sugerir que Hermione podía ser autista, al menos en un grado muy pequeño, pero que quizás, podría explicar el porque una niña de su edad, no lograba congeniar del todo con los demás niños, debido a que su cerebro interpretaba la información de una manera totalmente distinta.

Lo peor del caso, es que la conducta actual de su pequeña estaba corroborando esta teoría a medida que transcurría el tiempo, ya no estudiaba, simplemente ojeaba un libro por una vez, y milagrosamente se lo aprendía al derecho y al revés, incluso podía recitarlo si se lo pedías amablemente.

Su renuencia a juntarse con desconocidos, o niños de su misma edad, aumentaba cada vez mas con el pasar de los días, por lo que él y su esposa se convirtieron en los únicos acompañantes de la pequeña, la cual, parecía muchas veces insistir el que debían experimentar todo tipo de cosas que no eran inusuales en la familia.

Acudir a un parque de ferias, sugerir el viajar a lugares extraños como Japón, Corea, Estados Unidos, Canadá, India, todos ellos y muchos otros eran el tema que de vez en cuando escogía a comentar, eran los países que debían visitar en las siguientes vacaciones.

Rusia, Alemania, China y Latinoamérica fueron los agregados meses después.

Por alguna razón cuando su madre comentó Australia, la niña se enfadó y negó rotundamente el siquiera permitir que se mencionase el continente. Al menos, no en su presencia.

De nuevo, provocó una reacción ambigua en cada uno de sus padres, que ya a estas alturas no sabían que ocurría con su pequeña Hermione. Sus notas eran mejores que nunca, e incluso se discutía la posibilidad de que entrase a un programa especial, uno más adelantado que ofreciese retos para su mente única.

Ellos aceptaron, y dentro de dos semanas, su pequeña participaría en varias pruebas que determinarían en que nivel se encontraba.

Si era honesto consigo mismo. Estaba completamente aterrado de averiguarlo. Y pudiese apostar, apostaría a que su esposa se encontraba en una situación similar.

Su primogénita estaba creciendo con demasiada rapidez, incluso más veloz de lo que cualquier otro padre querría experimentar.

Simplemente pareciera que estaban perdiendo a Hermione con cada día que transcurría, y que no podían hacer nada al respecto.

Continuará…

Lamento si no les agrado que Ginny se añadiera al grupo, pero la necesito para una parte muy importante de la historia, De hecho todas las chicas cumplirán un papel primordial, por lo que no puedo excluirlas.